Disclaimer: Esta vez, nada me pertenece en absoluto. Primero, Twilight y todos sus personajes pertenecen a S. Meyer y esta historia pertenece a Daddy's Little cannibal, yo solo me adjudico la traducción. El título original del fic es "'Till death do us apart".
"El matrimonio es una institución maravillosa… pero, quien quiere vivir en una institución"
Groucho Marx.
Hasta que la muerte nos separe:
¿Cómo que no crees en el divorcio?... ¡eso es como no creer en la biblioteca!
Nunca tengo resacas, pero jamás había bebido lo suficiente para merecer una. No recordaba cómo había llegado a casa la noche pasada solo sabía que la cama en la que yacía, era realmente la cama más cómoda de todas las que me había cruzado en la vida.
Me acurruqué aun más contra la almohada de plumas y envolví la frazada con más fuerza alrededor de mí. Recordé partes y pedazos de lo que había ocurrido la noche anterior. Recordé a Jessica bebiendo su Bud Light , yo bebiendo whisky mientras gimoteaba acerca de ser la última soltera de mis amigas, recordé conocer al hombre de extraño cabello color cobrizo y…
- ¡Maldición! – chillé, ignorando el extremo dolor de cabeza y alejándome con violencia de la almohada.
- por favor no grites… - rogó alguien al otro lado de la habitación – …pasé casi toda la noche tratando que no vomitaras tu cabello. –
Mi boca se abrió con poca elegancia y volví mis ojos hacia el otro lado de la habitación. El tipo que estaba en el bar la noche pasada, estaba sentado en una silla al lado de un escritorio con la cabeza hundida entre sus manos. Solo usaba bóxers. Comencé a hiperventilar cuando me di cuenta que tal vez ya no era virgen.
- tú… yo… nosotros no… por favor dime que no… pero yo estaba… ¡te aprovechaste de mí, ¿cierto?! - gemí.
Agarré el cobertor con fuerza y lo apreté contra donde estaba segura se encontraba mi pecho expuesto. Miré hacia abajo para certificar que me había cubierto correctamente y me ruboricé cuando noté que aun usaba la misma ropa que llevaba la noche anterior en el bar.
Andrew, o cual fuera su nombre (aunque estaba segura que comenzaba con vocal) negó con la cabeza.
- No… - gruñó finalmente, quitando la cabeza de sus manos y echándola hacia atrás, por lo que ahora miraba hacia el techo – nos casamos… entonces decidiste vomitar todo lo que habías bebido y comido la noche pasada. –
Reprimí el asco cuando él menciono la palabra vomitar. Mi estómago aún no estaba preparado para eso.
- por favor, no menciones vomitar – le rogué cerrando los ojos para volver a calmar mi abdomen.
- ¿quieres algo de agua? – preguntó Orlando.
Alcé el rostro hacia él y asentí. Él se levantó del asiento y abrió el pequeño refrigerador que estaba al lado del escritorio y me alcanzó una botella con agua. La botella tenía una etiqueta a un costado diciendo que bebiendo eso estaba ayudando a salvar el mundo; paradójico que el agua estaba en una botella de plástico.
- gracias… - de verdad le agradecí a Urban (¿ese nombre existía?) cuando abrí la tapa de la botella y bebí. Era agradable tener algo en mi estómago. Mi cabeza todavía reventaba de dolor y mi abdomen todavía estaba acalambrado, pero definitivamente el agua había aliviado algo del dolor.
- ¿nosotros… hicimos…?- fruncí el ceño cuando se sentó nuevamente al lado del escritorio.
Anthony negó con la cabeza.
- No. Solo nos casamos –
Tal vez era la segunda o tercera vez que él me decía que estábamos casados, pero solo entonces lo registré. Me tomó un segundo para que sus palabras recién ingresaran a mi cabeza. La primera reacción fue no creerle, pero había una gran laguna mental en mi memoria que podía ser fácilmente llenada con un matrimonio. También había una botella de champaña en el escritorio con una tarjeta que leía en letras negras "felicitaciones, Señor y Señora Cullen".
Intuí que él era el Señor Cullen, y yo era la Señora Cullen.
- ¡oh, Dios mío! – gemí, cayendo nuevamente a la cama. Mi cabeza golpeó nuevamente la almohada e hice una nota mental: encontrar una manera de llevarme esas almohadas a casa conmigo. Eran cómodas.
- ¡La primera vez que bebo licor y termino casada! – gruñí lo suficientemente fuerte para que él me oyera. Quería que él supiera que esta no era una situación común en mí.
- …y estas cosas me pasan a mí todo el tiempo – gruñó Ian, sarcásticamente.
- no quise decir eso – espeté molesta, lo que solo provocó que el dolor de cabeza aumentara - ¡oh, Dios! – gemí. No sabía si el gemido se debía al dolor de cabeza o al hecho de que estaba casada. Tal vez era por los dos.
Tomé la botella de agua, bebí otra vez y cerré los ojos. Solo quería que el dolor desapareciera.
- ¿quieres una aspirina? – preguntó Adrian (¡era asombroso cuantos nombres comenzaban con vocal!)
- si tienes alguna… - asentí.
Albert se levantó del asiento y tomó un frasco de aspirinas que yacía en una mesa. Cerré mis ojos y apreté la botella de agua que estaba en mis manos. No sabía ninguna cura para las resacas, nunca había bebido tanto para necesitar una, aunque viendo lo que sucedía cuando tenías una, planeaba no volver a beber mas.
- toma - Alex me pasó una banana y dos tabletas blancas.
- ¿para qué es la banana? – fruncí el ceño.
- para las nauseas… - explicó Elmo.
Fruncí el ceño, escéptica, pero de todas formas la tomé.
- ¿no me sentiré aun peor? – pregunté, llevando las píldoras a mi boca y tomando un gran sorbo de agua.
- no – Ethan negó con la cabeza – tu cuerpo está deshidratado y necesita potasio, de lo que las bananas son una fuente principal –
- como siempre dicen: una banana al día y te mantendrá lejos de todo doctor – murmuré mientras comenzaba a pelar la fruta.
- nunca escuché eso – rió Eugene.
Me incorporé un poco y me alejé de la almohada para sentarme en la cama nuevamente. Le devolví la sonrisa y comencé a comer.
- entonces… ¿Qué haremos con todo ese asunto del matrimonio? - pregunté – quiero terminar esto antes que todo se vuelva demasiado complicado, no sé si firmamos un contrato prenupcial o algo así, pero te prometo que no quiero nada tuyo y si termino teniendo algo, prometo que te lo devolveré tan pronto como sea posible –
- me temo que no puedo hacer eso – suspiró Aden.
Fruncí el ceño.
- ¿Qué quieres decir?... ¡oh Dios! – grité, los dos nos sobresaltamos - ¡todo era una trampa, cierto!... ¡aparentaste cuidar de mi toda la noche solo para drogarme y cuando me preguntaras si quería casarme contigo estaría tan drogada que no podría decir que no, entonces me harías acostarme contigo y no sería considerado violación por que ya estamos casados! –
Anthony alzó una ceja. – Tú me pediste matrimonio – aclaró.
- oh… – fruncí el ceño – ¡entonces ignora lo que dije y explícame porque no podemos divorciarnos! –
- porque no creo en el divorcio –
Esperó mi reacción.
Abrí mi boca, y la cerré. Eso no me lo esperaba. No sabía cómo reaccionar. Entonces quedé en shock. Nunca había visto una película de la que pudiera saber cuál era la reacción que se debía tener en esta situación. No podíamos divorciarnos porque él no creía en el divorcio. ¡Eso no tenía sentido!. Sexo antes del matrimonio podía entenderlo, pero… ¿divorcio? , ¿es posible que alguien no crea en el divorcio?
- ¡No pudiste decirme eso antes de casarnos! – gruñí. Me sentía demasiado enferma para estar enojada.
- estaba tan borracho como tú – admitió Angelo – no lo pensé hasta después de que estuve sobrio –
- ni siquiera sé tu nombre – me quejé.
- ¿no sabes mi nombre? – Eric sonaba herido.
Negué con la cabeza. – sé que comienza con vocal – le sonreí con timidez.
- es Edward – Edward (al menos estaba en lo correcto, comenzaba con vocal) me ofreció su mano a modo de saludo.
- soy Bella – tomé su mano.
- es una placer conocerte, Bella – me saludó Edward.
- también es un placer conocerte, Edward – mi sonrisa tímida se amplió - ¿podemos divorciarnos ahora? –
..
Estaba totalmente segura de tres cosas. El tipo que había conocido en el bar se llamaba Edward Cullen, y según él yo permanecería siendo la Señora Cullen hasta que muriera, porque solo yo era la única persona en el mundo que se emborrachaba lo suficiente para casarse con un hombre que no creía en el divorcio. Ahora sabía el verdadero significado de: hasta que la muerte nos separe.
Estaba tendida en la cama con un paño húmedo sobre la frente. La cabeza me dolía demasiado y estaba segura que no se debía al alcohol.
- ¿Cuál es tu color favorito? – preguntó Edward.
- café – respondí sin mirarle - ¿Cuál es tu animal favorito? –
- me gustan los leones… - admitió.
Estábamos tratando de conocernos haciéndonos preguntas al azar el uno al otro. Obviamente, algo había funcionado de manera especial entre nosotros la noche anterior, de lo contrario, no habríamos contraído matrimonio; pero me estaba dando cuenta que no teníamos nada en común. Él era doctor. Yo era la persona que les servía helados a los niños en una heladería.
- ¿leones? – pregunté, quitando el trapo de mi frente y volteándome para observarle - ¿te gustan los leones? – alcé una ceja.
Edward me sonrió y asintió. Estaba sentado en un sofá que lucía tan cómodo como la cama. Se echó hacia atrás, acomodándose.
- ¿Cuál es el problema con los leones? – preguntó.
Me encogí de hombros – creo que pasas por una persona a la que le gustan los gatos – sonreí levemente.
- ¿no te gustan los gatos? – alzó una ceja.
Negué con la cabeza – no realmente – admití – prefiero los perros –
- ¿tienes un perro? –preguntó Edward.
Negué con la cabeza de nuevo. – tengo una tendencia para estropear todo lo que tocan mis manos –
La sonrisa de Edward no vaciló. – tendré que recordar eso más tarde –
- realmente tengo una habilidad especial para matar cosas… especialmente emociones - asentí con la cabeza –¡como anoche!… cuando vomité mientras tratábamos de llevar la relación a otro nivel. –
Edward se rió.
Esa era una de mis lagunas mentales. De acuerdo a Edward, la habitación había comenzado a moverse muy rápido para mi y comencé a marearme, quité a Edward de encima mío y partí al baño a vomitar todo. Instantáneamente maté toda la pasión y Edward sostuvo mi cabello mientras comenzaba a recobrar la consciencia.
- nunca vi a alguien tan enferma – Edward negó con la cabeza y lo que decía debía ser realmente impactante, porque él era doctor.
- soy la peor borracha del mundo – me ruboricé – tengo tanta mala suerte cuando estoy sobria como cuando estoy borracha – negué con la cabeza avergonzada.
- ahora veo porque acepté casarme contigo la noche pasada - reflexionó.
Gemí. Me había olvidado del hecho de que estábamos casados. Hice una mueca.
Edward sonrió. – eres mucho más interesante de lo que creí – admitió – y estoy sorprendido que aun no hayas tratado de salir corriendo – se rió levemente.
- estoy planeando huir por la mañana – bromeé. Traté de sentirme mejor. Era mejor persuadiendo a la gente cuando estaba de buen humor – de momento solo quiero aliviar el dolor de cabeza y que mi estómago deje de digerirse a sí mismo –
Edward me dio una sonrisa torcida.
- ¿Por qué no crees en el divorcio? – pregunté confundida. No veía la razón para seguir esperando por preguntar, al fin y al cabo, yo era su… – no pude ni siquiera pensar la palabra- merecía saber porque no podía divorciarme de aquel completo extraño.
- es simple – Edward se encogió de hombros – yo solo… -
Alguien golpeó la puerta y detuvo a Edward en la mitad de la oración.
..
Hola de nuevo. Segundo capitulo traducido. Espero que lo hayan disfrutado tanto como yo. Cariños para todos.
Annie.
