Capítulo 2

-¿Y dices que Gray ha salido con Rika entonces?-Rou preguntó aquello con la típica curiosidad que Hanon le pondría a un cotilleo o primicia de gran importancia. Nerumi rió mientras iba y venía con ella poniendo la mesa.

-Un par de veces sí cielo. Pero en plan amistad. Según le ha contado a tu padre nada de acercamientos. Ni tan siquiera un beso impropio. Tu hermano es igual que tu padre con las mujeres. Las respeta por encima de todas las cosas.

-Por supuesto que sí,-en aquel instante Ace entró en la cocina.-para ganarte los favores de una mujer es imprescindible mantener las manos en su lugar.-bromeó. Rouge rió y Nerumi lo observó con los brazos cruzados y el ceño fruncido.

-¿Algo más?-Ace asintió.

-Claro, no irse de la lengua con groserías o palabras impropias. Decirle a una mujer por ejemplo lo enorme que tiene el…-antes de continuar paró y observó con quién hablaba. Luego simplemente carraspeó y continuó.-no está bien hacer de tus piropos, groserías. Ya me entendéis las dos.-ambas asintieron.

-Y es imprescindible Rou, ir despacio. Que veas que él va despacio contigo y que quiere algo más que robarte un beso, una caricia o una noche.-continuó su madre.-tienes que hacerte respetar para que no jueguen contigo, para que no pasen sobre ti. Tú no eres menos que ellos porque no tengas la misma fuerza física por ejemplo. Eres igual porque si ellos te superan en eso, tú les superas en esto-se señaló la frente. Rouge bebió del vaso de agua que tenía en la mano y asintió.-Los hombres suelen pensar más con otro tipo de aparato…-rió y la hija la siguió.

-La mayoría de los hombres pero no todos.-siguió Ace para quitarle hierro al asunto.-si el hombre que te conquiste es inteligente, le dará más importancia a esto…-se señaló la frente como Nerumi.-…de ti, que a eso…-por un instante señaló el pecho de su mujer.-así que mira bien en lo que se fija un hombre cuando te esté conquistando. Aun así, primero lo miraré yo con lupa cielo. En cuanto alguno te haga ojitos no dudes en decírmelo.-aquello último lo dijo con un deje de orgullo. Nerumi suspiró y Rouge volvió a reír.

-Pero la situación de Gray es diferente. Ni siquiera yo he podido sacarle si tiene la intención de conquistar a Rika o no. Para conquistar a una mujer de verdad no basta con que te guste, hay que quererla, tienes que enamorarte…

….

-Sé que quizás es tarde para hablar de todo esto pero tengo que hacerlo…-le temblaba la voz a cada palabra, a cada sílaba. Roger la miró de reojo. Estaba preciosa, como siempre. Perfecta para él. Guapa y elegante. El pelo rubio le ondeaba con gracia y el beige de su vestido contrastaba con su dorada piel haciendo una bonita simetría de colores. Y luego estaban sus ojos. Dos joyas de color miel. Unos ojos que ahora miraban deprimidos la arena de la playa.

-¿Qué tienes que decirme?-Gray la miró con una tierna sonrisa, ella levantó el rostro y se sonrojó quedándose totalmente sin palabras -Rika…te marchas en un par de días, ¿piensas qué es necesario castigarte de esa forma? Además en poco me tocará a mí abandonar la isla también. Así que no sigas por favor…esto es inevitable…no quiero que sufras por mí…-en cuanto pronunció aquello último, la rubia puso los ojos en blanco.

-Lo haré de todos modos…incluso ya te has dado cuenta…-susurró agachando de nuevo la cabeza afligida.-y si me dices eso…será que tu no…

-¿Qué sientes Rika?-Roger pronunció aquello sin pensar. Pero era necesario, por nada en el mundo quería que se torturara más con una historia imposible.

-Siento que me muero…-susurró. Y aquella vez, fue Gray el que la miró preocupado y sorprendido. Con un vuelco en el corazón.-siento que te necesito para respirar, siento que quiero gritar tu nombre cada noche que paso sin ti…-pronunciaba aquellas palabras entrecortadamente, con las manos sobre su pecho y mordiéndose el labio de vez en cuando. Miedosa y valiente a la vez, como solo ella podía hacerlo.-te veo, en cada calle, en cada parque, en cada playa…siento que has dejado una huella demasiado grande en mí como para obviarla. Siento que será imposible olvidarte…-suspiró y tragó saliva, evitando por todos los medios echarse a llorar como una niña.

-¿Sabes? Yo me siento igual…-respondió el pecoso con una sonrisa en los labios, mientras su mirada se dirigía al mar infinito. Rika alzó el rostro acongojado y lo miró sorprendida.-siempre has estado ahí cuando te necesitaba. Para lo bueno y para lo malo, siempre…Has creído en mí desde el principio, nunca te importó mi sangre, pensabas que sería el más grande de los piratas, de los hombres…

-Y es así Gray…-intentó hablar sin embargo, él la cortó.

-Pero ya no hay tiempo. Y es ahora cuando nos preguntamos, ¿qué debemos hacer? ¿Seguir nuestros sueños o seguir a eso que sentimos? Jamás he querido frenarte en nada. Al contrario. Siempre me ha gustado tu independencia y tu libertad, y quiero que siga siendo así…-Rika suspiró. Y entonces pareció entenderlo todo.

-Debemos seguir nuestros sueños…-habló.-eso es lo que debemos hacer…

Por un instante ambos se miraron a los ojos. Y fue el momento en el que Gray sintió un terrible deseo de tenerla, de besarla, de acariciar su piel, de perderse en su pelo. Pero sabía que entonces todo sería más doloroso. Nuca hubo nada. Ningún recuerdo agradable se apoderaría de sus mentes para aumentar el dolor de la partida, de la distancia…

Y así era mejor. Lo mejor era dejarlo así y pensar, que quizás algún día el destino los volviera a unir y entonces, ya se vería. Pero por ahora, lo mejor era marcharse a casa con las cosas dichas y el deseo guardado. El mundo es más pequeño de lo que uno piensa…

-Pues entonces, si lo has decido…-el pecoso se levantó de la arena y se sacudió el pantalón. Luego le tendió mano a la muchacha, sin embargo esta ni la miró. Sus ojos seguían fijados en sus manos nerviosas. Roger suspiró.-Vamos Rika…sé que lo conseguirás. Y aunque vayas a estar en la Marina no voy a hacerte daño nunca.-rió.-La vida sigue. Encontrarás a alguien que te haga feliz de verdad.-Era mentira. Cuando pensaba en ella en brazos de otro, solo se le ocurrían distintas formas de acabar con la vida del tipo. Pero ahora no podía pensar así. Tenía que dejarla marchar. Tenía que dejarla ser feliz. Ella había elegido, y él también.

Tras unos minutos de reflexión, la muchacha pareció tranquilizarse y en aquel instante, alzó la vista hacia él. Gray volvió a tenderle la mano y esta vez, la rubia la agarró y la utilizó de apoyo e impulso para levantarse.

-Gracias por todo Gray…Nos…nos veremos algún día entonces…-susurró sin mirarle a la cara. La voz le temblaba con más fuerza y tiritaba sin siquiera darse cuenta.-Que tengas suerte…-el pecoso la miró preocupado y dolido. Lo último que quería en aquel momento era dejarla ir…

-¿Quieres...quieres que te acompañe a casa?-preguntó llevándose una mano a la nuca para masajearse el pelo.

-No.-contestó tajante.- ¿Nos vemos vale?-y simplemente, sin siquiera mirarlo, con la voz rota y el corazón en un puño, la joven caminó hacia el pueblo. Gray la siguió con la mirada hasta que incluso la dejó de ver cuando se introdujo entre las calles.

Y en aquel momento se cayó sobre la arena de rodillas y se llevó las manos a la cara. El dolor se apoderaba de su mente fría. El nudo del estómago se hacía más grande y sentía que se ahogaba a cada minuto que pasaba. Por un instante el tiempo se paró en seco.

Se sentó sobre la arena y se refugió en sus rodillas. Se mordió el labio intentando calmarse, pero la angustia le ganaba. Así que se incorporó lentamente y lanzó un grito al viento. Luego simplemente suspiró. No tenía ganas, era cierto, pero tenía que regresar a casa. Tenía que hacerlo. Permanecer allí unos días, y olvidarse de ella, quizás no sanar la herida pero sí, intentarlo…

El camino a casa fue lento, duro y doloroso. Cada esquina, cada lugar le recordaban a ella. A un momento, a un encontronazo. Sonrió nostálgico al pasar por la cafetería donde hacia una semana se habían tomado un helado, juntos. Se habían encontrado por casualidad al doblar una esquina y él no tuvo ningún inconveniente en invitarla a un fresco manjar.

Suspiró abatido con las manos en los bolsillos. El nudo de su estómago le sobrepasaba. Sin querer, sentía unas terribles ganas de gritar y soltar toda aquella angustia de una vez… Y mientras caminaba, no dejaba de pensar en ella. En sus ojos miel vidriosos, en su pelo rubio ondeando con el viento marino, en su suave piel…Suspiró de nuevo y se rió de sí mismo. Había encontrado a su debilidad demasiado pronto. Al parecer su madre no se había equivocado en absoluto cuando vaticinó un amor adolescente…

"Flash Back"

Se había sentado en el sofá aquella mañana con la preocupación en el rostro. Últimamente estaba raro. Ausente. Se evadía y pensaba en porque se sentía así de turbado. Recordaba a la perfección como su madre lo miró de reojo mientras cosía una especie de mantita. Supuso, que para entretenerse.

-Hijo, ¿qué te inquieta?-preguntó al fin, desenado saber el porqué de aquella mirada perdida. Al escucharla, el pecoso salió de su ensimismamiento.

-Nada mamá…-suspiró. Ni siquiera él mismo sabía lo que le pasaba, ¿cómo diantres se lo iba a contar?

-Eres un mentiroso…-por un instante su madre lanzó una risita y bajó la vista a la aguja. Los hoyuelos se le marcaban a la perfección en aquella maravillosa sonrisa. Estaba preciosa.

-Lo digo enserio mamá. No me pasa nada.-al ver que no lo creía se intentó excusar. Pero esta vez Nerumi dejó a un lado sus quehaceres y lo miró curiosa.

-¿Por qué insistes?

-¿En qué?

-En mentir.

-No lo hago mamá.

-¿Ves?-esta vez el moreno resopló y no tuvo más remedio que darle la razón con una sonrisa nerviosa. Se incorporó un poco sobre el sofá y suspiró. No tenía ni idea de por dónde empezar a explicarse.

-Estoy agobiado.-soltó.-Últimamente me siento extraño y no tengo ni idea de por qué.

-¿Estás enfermo acaso?-su madre arqueó las cejas tratando de entenderlo.

-Ojala fuera eso…No mamá es algo más…y creo…-tragó saliva antes de soltar aquello.-que es por alguien…-al pronunciar aquello su madre amplió su sonrisa traviesa y volvió a la costura.

-Una chica supongo…-y él sonrió. Su madre. Siempre tan previsiva, intuitiva, lista y perspicaz. La mejor para consejos, la mejor para escuchar.

-Puede ser.-soltó divertido. Porque no sería tan fácil. No lo admitiría a la primera delante de su madre por nada del mundo.

-Te sientes raro porque has encontrado a una chica que hace que te un vuelco al corazón en cuanto la ves. Porque piensas en ella más de lo necesario. Porque cuando la tienes delante deseas algo más que su sonrisa…-por un instante alzó un poco la vista hacia su hijo y sonrió con picardía.

-Es posible.-contestó. Era duro. Como su padre. Totalmente opuesto a aceptar la realidad y la debilidad por una mujer de una forma tan fácil y predispuesto a no abandonar su libertad por nada del mundo. Su madre suspiró divertida.

-Solo te diré que tengas tiento y no te precipites. Una mujer no es diversión Gray.

-Lo sé mamá…-el pecoso sonrió.

-Tranquilo, te darás cuenta en el momento preciso.-ella volvió a la costura y Roger la miró sin comprender y con curiosidad.

-¿De qué?

-De que te has enamorado.-soltó sin más.-Te darás cuenta cuando sientas que te falta a cada minuto que pasa. Cuando vives sus alegrías de forma intensa y sientes su tristeza la tuya. Te darás cuenta de que te has enamorado cuando el respeto gane al deseo. Cuando ese vuelco sea insoportable, cuando todo lo demás no importe tanto como verla a ella sonreír. Sabrás que estás enamorado cuando…-esta vez lo miró con una sonrisa.-quieras convertir sus sueños en los tuyos…

"Fin del Flash Back"

Entró en su casa, cabizbajo y perdido en sus recuerdos, cuando su padre lo saludó con una enorme sonrisa mientras pasaba de la cocina al salón con cuatro vasos en las manos.

-Gray, te esperábamos.-le dijo antes de entrar al salón.

-Claro…-susurró él entristecido. Gracias a Dios su padre ni lo oyó ni se percató de su estado de ánimo. Fue hacia las escaleras y subió dos peldaños.

-¡Mamá!-la llamó.- ¡No voy a almorzar!-al oírlo, Nerumi salió de la cocina y Gray continuó subiendo escalones lentamente.

-¿Cómo es que no vas a comer?

-No tengo hambre, simplemente no me apetece almorzar.

-Pero hijo, tu hermana…-antes de terminar la frase el pecoso suspiró y la interrumpió.

-Sí, perdona. Sé que es un almuerzo en familia después de dos años, pero no tengo hambre.-esta vez su tono se volvió arisco.-no insistas no voy a comer.

-Gray, ¿se puede saber qué te pasa?

-Mamá déjame.-se giró y la miró enfadado.-he dicho que no tengo ganas y punto. No seas pesada, no soy ningún crío. Déjame tranquilo.

-¡Gray! No le hables así a tu madre…-esta vez, Ace, que había salido del salón al oír la discusión, intervino.-Baja a almorzar, no es una petición.-lo miró con el ceño fruncido y serio.

-¡¿Queréis dejarme tranquilo?!-esta vez, gritó. Tenía los nervios de punta y se estaba crispando. Lo único que quería era encerrarse en su habitación una buena temporada y no pensar. ¿Por qué diantres no lo entendían?-¡Deja de tratarme como si tuviera diez años papá!

-No me alces la voz.-la mirada fría, cruel y calculadora de su padre al decir aquello lo abrumaron, y no pudo más que suspirar y agachar el rostro. En aquel instante Nerumi se percató de que le había pasado algo fuera, una pelea, una discusión, algo. Se acercó a Ace y le tocó el hombro, iba a mediar.

-Está bien. Si no quieres comer, no lo hagas, pero dinos porqué.-suavizó el tono serio un instante.-Hijo, ¿qué te ha pasado?

-Quiero estar solo por favor…-bajó la voz unas cuartas y escondió su mirada debajo de su flequillo oscuro como el carbón. Esta vez, incluso Ace pareció entenderlo.

-Está bien…-soltó su padre quitándole tensión a la situación.-Neru, vamos a comer.

-Pero Ace...

-Vamos, no te preocupes.-Ace le sonrió y Nerumi pasó al salón. Gray se giró de nuevo en dirección a su cuarto cuando su padre lo volvió a llamar.

-Roger.-el nombrado se giró cabizbajo.- ¿es ella?-preguntó simplemente. En aquel momento Gray alzó la vista y miró a su padre sorprendido. Aun así, asintió. Ace imitó a su hijo y sin decir nada más, entró al salón.

Entró en la habitación. El sol otoñal se colaba a través de la ventana. Poco a poco y con el alma destrozada se acercó a la cama para tumbarse y esperar a que las horas pasasen lo más rápido posible. Además, mientras más deprisa pasasen menos tiempo tendría para pensar.

No obstante, y casi media hora después mirando continuamente el reloj, se incorporó sobre el colchón y resopló dolido. Se llevó las manos a la cara y de nuevo volvió atrás. Hacía dos años, todo era distinto…

"Flash Back"

-Felicidades.-el pecoso le tendió una cajita a una rubia totalmente adormilada. Fuera la luna llena acompañaba a un cielo oscuro lleno de estrellas.

-¿Te has vuelto loco? Es tardísimo…-suspiró. La joven, con unas enormes ojeras, se había arreglado el pelo a toda prisa. Además, Gray notó a la perfección como se había pellizcado las mejillas para perder palidez.

-Sí y siento haberte despertado, pero es que mañana tenemos entrenamiento intensivo.-le sonrió como solo su padre sabía hacerlo.-No sé si iba a verte, por eso te he traído esto. Al fin y al cabo, por la hora, ya es tu cumpleaños.-volvió a sonreír con chulería.- ¿no lo quieres?

-Sí. Sí que lo quiero…-Rika cogió la cajita, cerró la puerta y ambos se sentaron en el porche de la casa en aquella fría noche de invierno.-Aunque no deberías de haberte molestado.

-No es molestia…-el pecoso miró divertido de reojo como las mejillas de la chica se habían sonrosado sin necesidad de ser pellizcadas. Estaba preciosa. Única. Indefinible.

Rika abrió con cuidado la cajita y nada más hacerlo, sus ojos se abrieron como platos de la impresión.

-¡Gray! ¡Te has pasado!-miraba al chico y al regalo alternativamente con la sorpresa aun en el cuerpo.-no has debido…es…demasiado…-Roger amplió su sonrisa y antes de que ella saliera de su asombro, cogió el regalo de la caja.

-Dame la mano izquierda.-le pidió. Ella se la tendió con una enorme sonrisa y con nerviosismo. A pesar del frío, cuando Roger agarró su mano, estaba totalmente caliente y suave. Poco a poco le colocó en el dedo anular un precioso anillo de plata con un zafiro en forma ovalada, azul como la profundidad del océano. Y mientras lo hacía, Rika rió.

-Parece que me estás pidiendo matrimonio, jajaja.-él siguió aquella carcajada cuando terminó de colocarle la joya en el dedo.

-Ni hablar. Solo es para compensarte los malos tragos que te he hecho pasar para que me echaras una mano con los libros en estos 5 años…

-Aun así…-alzó la mano izquierda delante de sus ojos. El anillo deslumbraba en la oscuridad de la noche.-te has pasado…

-Sí se trata de ti, nunca…-Quizás el anillo fuese caro, pero verla sonreír, no tenía precio…

"Fin del Flash Back"

De pronto salió totalmente de aquel recuerdo. Alguien llamaba a la puerta de su habitación de forma insistente. Con poquísimas ganas de escuchar discursos sobre su decisión, directamente se hizo el dormido sobre las sábanas. Seguro era su hermana que venía con el chisme. Y a ella era a la que menos quería ver en aquel momento. Rika y ella siempre se llevaron demasiado bien, y el que le hubiese hecho daño…sería totalmente la excusa perfecta para regañarle…

Sin embargo, el propietario de aquel sonido sobre la madera, no se cansaba en ningún momento. Gray resopló tras cinco minutos de porracitos insistentes, hasta que por fin dijo:

-Paaaasaaa…-la pesadez y el cansancio de aquella contestación hacían ver el poco entusiasmo que tenía por hablar. Pero cuando se abrió la puerta, y vio como su padre entraba y la cerraba, una enorme sonrisa se le dibujó en el rostro. Allí estaba, como diría su madre, su mentor de conquistas femeninas…