CAPITULO 2
Un Nuevo Inicio, La Familia Lucio

El niño fue tele transportado a una ciudad de México, muy al norte, la ciudad de matamoros, en el estado de Tamaulipas, en casa de la Familia Lucio, que solo tenían una hija llama Citlalli Cuyo significado es Estrella, esta familia que tenía solo una hija le había pedido mucho a la luna que les permitiera terne una hijo más ya que la señora ya no podida embarazarse y deseaban con gran fervor otro hijo.

La hija de los señores Lucio era, una niña de cabello castaño claro, casi rubio, unos ojos marrones obscuros casi negros, y era bastante más alta para su edad, la niña tenía 1 año cuando él bebe apareció en la entrada de su casa.

La noche que él bebe fue enviado a esa familia, estaban en casa viendo televisión, y terminando de cenar cuando el padre escucho llorar un bebe de la casa y se asomó por una ventana pero no pudo ver a nadie y él bebe lloro de nuevo y lo escucho mucho más cerca y abrió la puerta y ahí estaba un bebe en su puerta con una nota en la canasta donde estaba recostado.

Buenas noches:

La luna ha escuchado tus suplicas y te ha enviado este niño, cuídalo como si fuera tuyo, cuídalo y protégelo por siempre.

El Sr. Lucio grito-

- Amor, ven pronto a la puerta, corre –

La señora Lucio, corrió inmediatamente a la puerta y vio a su esposo con un bebe en manos y pregunto

- ¿Y eso? ¿De dónde has sacado ese bebe?

- Lo han dejado en la puerta, mira la nota – Dijo

- Oh, es hermoso, sin duda es hijo de la luna – Dijo, la Sra. Lucio

Entraron a la casa y se lo llevaron a su cuarto, y se lo mostraron a Citlalli, mira hija este será tu nuevo hermano.

- ¿Pero cómo se llamara? – Pregunto la Sra. Lucio

- Mmmm…. Es una buena pregunta, amor –

Los dos se quedaron viendo al bebe y estaban pensando cuando Citlalli, dijo sus primeras palabras

- EDDY, EDDY, EDDY – gritaba con júbilo la pequeña niña

- ¿EDDY? – Se miraron sumamente sorprendidos los papas, y afirmaron los dos al mismo tiempo con su cabeza, y lo cargaron en alto y dijeron

- Te llamaras Eduardo, pero te diremos EDDY de cariño, Bienvenido a la familia. –

Los días empezaron a transcurrir, lo días se hicieron meses y los meses se hicieron años, la infancia de aquellos dos pequeños transcurría sin ningún tipo de dificultad, no había nada raro ni nada que llamara la atención de los padres pero cierta noche cuando Citlalli tenía 8 años….

- Papa, quiero helado – dijo la niña

- No – Respondió rotundamente el Sr. Lucio

- Ya es muy tarde – Añadió

- Pero papa yo quiero helado - suplico la niña

- He dicho que No, porque si te doy a ti tu hermano también va a querer y ya es muy noche para que coman helado – Dijo

En ese preciso instante venia bajando las escalera Eddy,

- ¿Qué? ¿Qué es lo que yo también voy a querer? – Preguntaba el niño

- Ves, te dije – se carcajeo el sr lucio

- ¡Hay, Eddy! – Grito la niña

- ¿Qué? ¿Ahora que hice? – Pregunto Eddy

- Eres un tonto – le dijo la niña y salió corriendo de la sala rumbo a su habitación.

Él se fue corriendo atrás de ella, y la alcanzo en su cuarto, se acercó y toco la puerta,

- Toc, toc, ¿puedo pasar? – pregunto

- Largo – Grito desde adentro la niña

- Pues como quieras yo te iba a dar de mi helado – dijo Eddy

La puerta se abrió y la niña salió corriendo

- Dame, Dame – dijo

- Jjajajajaja, te engañe – Sonrió Eddy y hecho a correr

- Pequeño demonio – le grito Citlalli, - detente ahí – grito

- No, estoy loco, si me detengo me pegaras – Y seguía corriendo

- Te voy a atrapar, a mí nadie me engaña – Corría detrás de el

Llegaron corriendo al patio y Citlalli tumbo a Eddy en el césped, y empezó a darle una tremenda tunda al niño.

- No, ya déjame, PAPA – Gritaba con desesperación Eddy

- Jajajaja... Claro que no pagaras el engaño que me has hecho – Decía Citlalli

- No, Ya no – gritaba con desesperación Eddy, cuando sus ojos resplandecieron y una gran correine de aire aventó a Citlalli.

- ¿Cómo hiciste eso? – pregunto Citlalli

- No lo sé – Dijo Eddy un tanto espantado

- Que crees yo también puedo hacer algo similar – Chasqueo los dedos y salió un flamita color azul de la punta del dedo índice de Citlalli.

Eddy se quedó petrificado, y pregunto - ¿Hace cuánto sabes que puedas hace cosas sobrenaturales? –

- Hace un par de años, mi querido hermano, ¿no me digas que te creías único?

- Pues déjame decirte que no es así, y déjame enseñarte de lo que soy capaz y vas a temblar de miedo - grito Citlalli y dirigió su dedo directamente a Eddy.

- Awwww Fire Ball! – Grito Citlalli. Y en su dedo empezó a formarse una bola de fuego de gran tamaño, a Citlalli le volaba su abúndate melena, a causa de la energía que irradiaba su cuerpo y al mismo tiempo su cara era de una risa algo sádica.

- Jjajajajaja…. ¿No esperabas esto verdad Eddy? – Y dejo soltar la bola de fuego.

Eddy instantáneamente se acurruco y se hizo lo más pequeño que podía, la bola de fuego estaba a punto de devorar a Eddy cuando de la nada salió un hombre que neutralizo la bola de fuego de Citlalli convirtiéndola en Arena, fina y blanca, los dos niños quedaron asombradísimos, ya que la magia de ellos la habían descubierto por accidente y la magia que presenciaron en ese momento era sumamente avanzada ya que no se escuchó absolutamente nada hasta que se neutralizo.

De la oscuridad salió un hombre de edad ya mayor unos 55 años aproximadamente, él era un hombre bastante alto de unos 1.99 metros aproximadamente, delgado de piel blanca, ojos color azul cielo, con cabello, bigote y barbas bastante largas casi le llegaba al pecho, el hombre vestía una túnica larga, color gris Oxford, y con un sombrero de punta del mismo color, unos zapatos de punta color negro, y una varita larga algo retorcida.

- Hola – Dijo el hombre, - Me llamo Seigfried Radegonda, soy un hechicero viajante, voy recorriendo el mundo buscando nuevos talentos, así como ustedes.

- Dime niña, ¿Acaso no sabes que lo que estabas haciendo es muy peligroso? Pudiste haber lastimado a tu hermano menor y dejarlo muy mal herido, la magia es algo con lo que no se juega y más ustedes que por lo que eh visto en mis largos viajes aquí en Latinoamérica, tienen el don de hacer magia sin necesidad de una varita algo muy raro entre los magos, pero muy común de este lado del mundo. –

Los niños estaban anonadados, no dejaban de observar a aquel hombre tan raro y que vestía de forma sumamente extraña. No entendían mucho de lo que se les decía pero aun así estaban atento a sus movimientos.

- ¿No les gustaría, perfeccionar sus técnicas y habilidades? – Pregunto Seigfried

- Claro, nos encantaría - Respondieron los niños a única voz

- Pues, para empezar les falta edad, pero bueno, hay un colegio en Europa que especial para gente como ustedes, magos y hechiceras de todo el mundo se reúnen ahí para aprender y pulir sus habilidades como magos – Seguía hablando el mago gris.

- Pero ahora solo tenemos dos pequeños problemas, el primero es sus padres, no deben de enterarse que ustedes tienen dones diferentes, los Muggle (criaturas sin magia) son un tanto especiales hacia los magos, como todos los humanos le temen a lo que no conocen y aunque sean sus hijos pudieran tener problemas. –

- Y por otro lado, el dinero muggle no sirve en el mundo mágico, tendremos que ver cómo convertir el dinero en oro, o plata. – Añadió

- Pero esos detalles déjenmelos a mí, yo seré su padrino, yo regresare en 3 años ya que tengan la edad suficiente para entrar en esta escuela, ¿ok?, mientras tanto tienen que prometerme que nunca, nunca, de los nunca usaran magia fuera de la escuela, de lo contrario no los dejaran entrar o peor aún si ya están adentro podrían expulsarlos, ¿están de acuerdo? –

- Si – Contestaron los dos niños sumamente contentos – lo prometemos – añadieron

- Bueno, niños fue un placer conocerlos, en tres años regresare por ustedes y espero que estén listos y cumplan su promesa – Y Desapareció así como había aparecido.

Segundos después apareció el Sr. Lucio quien al ver el tiradero de arena reprendió a los niños.

Y así siguieron pasando los años, cuando Eddy cumplió 10 años, ya habían pasado los tres años que el mago les había dicho aquella noche, lo niños estaban un tanto inquietos, no sabían si en realidad el mago cumpliría su palabra y regresaría por ellos, no sabían si lo habían soñado o imaginado, lo único que sabían era que se morían de ganas por ir a esa escuela de la cual aún no les habían dicho el nombre pero aun así están emocionadísimos.

- Ya han pasado tres años hermana, y ese mago no ha aparecido, nos han tomado el pelo, y simplemente ya me arte de la espera, me largo a buscar esa escuela por mi propia cuenta – dijo Eddy un tanto alterado.

- Relájate – dijo la niña – es solo cuestión de tiempo, además aun eres un niño, primero, ¿Cómo pretendes salir de la casa? Si aún eres un niño, ¿Tú crees que mis padres te dejara simplemente irte y ya?, estas zafado si piensas que nuestros padres no aran nada si es que tú te vas de la casa. –

-Ya lo sé pero, yo siento que no pertenezco aquí, dime hermanita ¿Tú no has sentido esa sensación hermana? Que haya afuera ay algo más grande, que es solo para nosotros – dijo Eddy mirando firmemente la luna.

- Si – Asintió Citlalli, - pero debemos ser pacientes, tenemos que esperar que Seigfried, regrese y nos lleve con él, aunque aún me pregunto cómo rayos le va a hacer para que nuestros padres nos dejen ir –

Estaban en eso cuando el Sr, Lucio grito. – Niños, vengan les tengo una sorpresa – y los niños al escucharlo bajaron corriendo empujándose y jalándose el uno al otro.

- Que pasa padre – dijeron los niños llegando corriendo a la sala

- Quiero presentarles a un primo de ustedes que tenía mucho tiempo que no veía, y que quiere llevárselos a estudiar a Europa – dijo emocionado el sr. Lucio

Los niños se quedaron fríos al ver al primo no era nadie más que Seigfried, quien al verlos le guiño el ojo para que no dijeran nada.

- Hijos, quiero presentarles a su primo, Charlie, él es hijo de un tío que pensé que había muerto, pero miren tenía un hijo, Charlie se ha comprometido a llevárselos a estudiar y traerlos en vacaciones de navidad y en cambio de año escolar, ustedes como ven hijos, es EUROPA – Decía el Sr. Lucio, emocionado porque sus hijos estudiarían en una escuela extranjera.

- Vamos amor, prepara la maleta de los niños – Dijo El Sr. Lucio

- No, primo, viajaremos ligeros, yo me encargo de cubrir los gastos de los niños cuando lleguemos haya, no te preocupes. – Dijo Seigfried.

- Ok, esto es grandioso – Reía el Sr. Lucio

- Bien chicos, despídanse de sus papas, nos veremos en vacaciones navideñas primo y descuida tus hijos están en buena manos – Seigfried, se acercó estrecho la manos del sr lucio y se dirigió a la salida.

- Adiós Mama, Adiós Papa – Dijeron los niños y corrieron a darle un beso de despedida a sus progenitores, después de eso los tres personajes salieron por la puerta rumbo a la escuela aún desconocida para ellos.

Los niños no podían evitar pensar cómo es que llegarían a Europa, está del otro lado del mundo se decían para ellos mismos, volaremos, o nos tele transportaremos, o cómo será el viaje pensaban en sus pequeñas mentes, lo único que ellos sabían es que una nueva y gran aventura empezaría ese día,

Eddy no hacia otra cosa que pensar en hacerse más hábil, aprender hechizos, aprender a defenderse y tal vez porque no a hacer pociones y esas cosas que son de magos. Sin embargo Citlalli, que era más reservada, o debería decir mucho más reservada que Eddy, solo pensaba en qué tipo de gente conocería, y en cuidar a su hermano, ya que después de aquel incidente con la bola de fuego, las palabras que le había dicho esa noche aquel mago se le habían quedado en la mente.

"La magia no es un juego, es algo muy, pero muy peligroso incluso letal si no se hace con cuidado, tú tienes un gran don y no debes desperdiciarlo en hacer el mal sino más bien en cuidar a tu hermano que es más chico que tú, ese debe ser siempre tu compromiso como hermana mayor…."

Iban caminando los tres magos por calles de México, cuando se detuvieron en una parada de camiones, un tanto alejada de la ciudad donde los niños habían crecido, era ya tarde pasaba de las nueve de la noche, cuando llegaron a esa parada del bus, entonces Eddy dijo.

- Ya es muy tarde, no creo que alcancemos camión a donde quiera que nos queramos dirigir, pero dime Seigfried, ¿Cómo es que vamos a llegar hasta Europa? ¿Y cómo es que se llama la escuela? – dijo muy intrigado el joven mago.

- Paciencia, pequeño recuerda que no todo es como lo conoces, la magia está en todas partes y más en las cosas que menos te lo imaginas –

Estaba hablando el mago cuando de la nada apareció un camión grande, como de pasajeros y se paró exactamente frente a los tres magos.

- Suban – Dijo Seigfried

Los dos niños y el mago subieron a ese extraño camión y se acomodaron, sin duda el camión era mucho más espacioso por dentro de lo que se podía ver por fuera, ya que el camión contaba con tres salas de estar grandes una de color miel, otra amarillo opaco y una más negra, del techo colgaban grandes candelabros con mil lucecitas para darle un toque más hogareño, un mini bar con cantidades de toda clase de vinos y comidas, dulces y golosinas, y en el segundo piso varias camas para los viajeros que quisieran ir dormidos.

- A donde - pregunto el boletero

- Al Ponny Hechizado – Contesto Seigfried – Siéntenles rápido y agárrense fuerte – le dijo a los niños Seigfried

Y casi al instante el camión arranco, este iba sumamente rápido, extremadamente rápido, tan rápido que para los ojos humanos era invisible, ahí iba viajando el camión a toda velocidad por las calles de México, esquivando carros, personas hasta perros. Seigfried iba bien agarrado y los niños iban dando tumbos por todo el camión, cuando aceleraba o arrancaba tan precipitadamente los niños salían volando de aquí para allá, en cada vuelta, en cada salto, Seigfried solo los veía y se reía.

- Les dije que se agarraran fuerte – reía Seigfried

Pasados aproximadamente 20 minutos llegaron a su destino, el camión se paró tan repentinamente y los niños quedaron estrellados en el parabrisas.

- Vamos chicos – grito Seigfried

Bajaron del camión y lo único que vieron fue una casa, bueno si se le puede llamar casa, más bien unas ruinas de casa, una casa tan pero tan vieja y fea que los niños se preguntaban, '¿Qué rayos, pasaremos la noche en esta pocilga?, la casa a simple vista era pequeña por lo que se veía era de una sola habitación tenia los cristales de las ventanas rotos, las tejas se caían, se podía notar un hueco en la parte del techo una pared casi cayéndose a pedazos, la entrada está peor, el pequeño jardín frente a la casa esta horrible seco, los arboles sin regar y marchitos, y en la puerta de la casa un letrero colgado.

Bienvenidos a la posada del Ponny Hechizado

- Vamos niños, aquí pasaremos la noche y mañana nos iremos a Europa por sus útiles y utensilios que ocuparan – dijo el mago

- Seigfried, ¿estas completamente seguro que aquí pasaremos la noche? – pregunto Eddy

- Si – Dijo Seigfried – Recuerda que la magia no es solo aventar bolitas de fuego ni rayos es mucho, pero mucho más, vamos entremos a descansar antes de que se haga más tarde – añadió.

Los niños se quedaron viéndose unos a otros, aunque acababan de bajar de un camión que se movía casi a la velocidad de la luz se le hacía muy difícil creer que en esa pequeña casa casi destruida pasarían la noche cómodamente, pero aun con sus dudas y todo siguieron al mago hasta la puerta.

Al entrar a la pequeña casa, quedaron boquiabierto, pues la casa por dentro era un gran y lujoso hotel, ciento de gentes paseaban en los pasillos, miraron hacia arriba y vieron que el hotel tenia al menos 10 pisos de alto y era mucho más largo y ancho de lo que aparentaba, el hotel era de un color amarillo pastel y en el vestíbulo había tres magas muy bellas, tomando nota y entregando llaves y llevando todo el papeleo, reservaciones y todo ese tipo de cosas que llevan en los hoteles, voltearon a la sala de estar y vieron unos grades sofás con magos de todos colores, tamaños, y estaturas, gordos, altos, flacos, chaparros, de todo, era un mundo dentro de una pequeña casita que no se veía la gran cosa.

Seigfried, se acercó a la recepción, y dijo

- Tengo reservación –

- A nombre de quien – dijo la señorita detrás del mostrador

- Seigfried Radegonda – dijo

- Sr Radegonda, lo estábamos esperando desde la tarde – dijo la señorita con una sonrisa y levantando la mirada – aquí tiene sus llaves, sr, su habitación es la 201 – y le entrego las llaves en su mano.

Los niños seguían emocionadísimos pues nunca pensaron que la magia pudiera hacer cosas tan agradables como estas. – Síganme – Dijo el mago, y emprendieron marcha hacia el segundo piso en donde estaba su habitación lista para que descansaran.

Al llegar a la habitación entraron, y esta eran enorme, era casi tan grande como su casa, en la habitación había tres camas, una pequeña sala, un baño con una gran tina, distinto jabones y suampos, el piso era de madera café oscuro, en el centro de la habitación había una alfombra grande color verde bosque al pie de una gran chimenea que tenía fuego, para calentar la habitación, había también unas ventanas sumamente grandes con cortinas del mismo color que la alfombra colgaban de los ventanales, con unos pequeños lazos color oro, las camas estaban una a lado de la otra tres camas grandes, con marcos de madera y cortinas que cubrían las camas una a una de forma individual.

- Duerman – Dijo Seigfried, - Mañana iremos de compras así que deben de tener mucha energía ya que haremos muchas paradas – dijo.

Los niños agarraron cada uno una cama y se acostaron estaban felices, emocionados y asombrados de todo lo que habían visto ese día, y quedaron finalmente dormidos con una gran sonrisa en su cara.