El Juicio Final

Capítulo 1: La Traición del primer Caballero

Barcelona.

(El día de la Gran Final: Japón V/S España)

¡Y finalmente ha llegado el gran día! El equipo Japonés ha alcanzado un avance histórico gracias a su capitán, Tsubasa Ozora y su inseparable compañero, Taro Misaki. Hay que recordar que para el Capitán Ozora es un momento mágico tanto en lo profesional como en lo personal, pues su esposa está embarazada de mellizos y hace un buen par de meses ha estado llevando puesta la camiseta del Barcelona.

Lamentablemente, Taro Misaki no ha tenido la misma suerte, pues su carrera se ha visto estancada por un grave accidente automovilístico, el cual ha dañado considerablemente a su pierna izquierda. Sin embargo, está dispuesto a jugar para llevarse a Japón la copa que tanto deseamos todos.

(Cinco horas antes del partido…)

Tsubasa estaba en la cancha, a pesar de que el entrenador lo había citado para una reunión de último minuto. Necesitaba un poco de aire fresco para relajarse. Necesitaba sentir cerca la presencia del balón de fútbol, su inseparable amigo, adaptándose al campo de juego, el cual sería testigo de su gran victoria.

-Buenos días, Tsubasa- Una voz conocida para él lo sacó de sus pensamientos e inmediatamente sonrió.

-¡Hola Taro! ¡Hoy es el gran día! ¿Lo puedes creer?- Preguntó entusiasmado- ¿Estás listo para alcanzar tus sueños, amigo? ¡ESTOY SEGURO QUE CONTIGO A MI LADO, GANAREMOS LA COPA! ¡Ya verás que sí! Y prometo que cuando eso pase, te ayudaré para que puedas jugar a mi lado en el Cataluña….

Estaba eufórico, quería ganar a como de lugar. Necesitaba brindarle ese triunfo a la selección de Japón. Mucha gente estaría viendo el partido en sus casas, era la oportunidad perfecta para demostrarle al mundo entero que Japón podía batirse a duelo con los mejores y salir victorioso. Sin embargo, había algo extraño en el ambiente, algo que Tsubasa no podía explicar. Tal vez eran las nubes que amenazadoramente estaban invadiendo el cielo azul, tal vez era porque la temperatura en el estadio estaba bajando, tal vez era porque no tenía hambre y eso no era normal en él… ¡Demonios! ¿Qué era ese extraño presentimiento? Estaba seguro de que algo no andaba bien. Incluso Taro estaba distante, no era su compañero de siempre. Desde que había tenido el accidente, el número 11 había cambiado mucho su actitud, y la verdad es que Tsubasa se sentía algo responsable de ello, pues habían hecho una promesa: Ambos lograrían llegar a las grandes ligas juntos. Lamentablente, esa promesa no pudo cumplirse gracias a los malos ratos que Taro tuvo que pasar a causa de su lesión. Sin embargo, él siempre quiso estar cerca de Misaki para apoyarlo y recordarle que aún era un gran jugador y que podía llegar lejos si él se lo proponía

-Tsubasa… - Taro se acercó a él y lo enfrentó- No soy digno de tu confianza amigo… Me pones en un pedestal demasiado alto

-¿Qué dices? – Tsubasa lo miraba extrañado- Si es por tu pierna, estoy seguro de que puedes…

-Tsubasa- Lo interrumpió- Tengo que decirte algo. No tiene nada que ver con mi pierna. No es mi pierna, es una sombra que nos separa y no quiero que hoy exista.

-¿Taro…? ¿De qué hablas, amigo?-Preguntó el capitán de la selección japonesa.

El número 11 lo miró a los ojos, y después de tomar una bocanada de aire habló:

-Estoy enamorado de Sanae, Tsubasa

Y fue ahí donde el cielo entero se nubló y un peso enorme se posó sobre ambos amigos.

Tsubasa miraba al que durante 11 años había sido su gran amigo. No entendía lo que estaba hablando ¿Era una broma? ¡Sanae era su esposa! ¡Tendrían hijos y habían formado un hogar! ¡Tenía a una mujer maravillosa, atenta y buena! ¿Qué mierda se había fumado Misaki?

-Fue cuando estuviste en Brasil- Explicó Taro- Sanae y yo éramos compañeros de escuela y también era nuestra Manager en el equipo, pasábamos mucho tiempo juntos ¡Te juro que no lo busqué! ¡Fue un hechizo! Y sin darme cuenta me enamoré de ella. Por mucho tiempo lo negué, sabía que la admiración que sentía hacia ella era absurda, pero un día no pude más y…

-No hables más. Lo resolveremos pronto. Ahora hay un partido que ganar

Ojos fríos, entrecejo fruncido y la ira recorriendo cada parte de su cuerpo. Así estaba Tsubasa Ozora, el eterno capitán de la selección Japonesa.

Taro agachó la mirada y asintió. Sin embargo, esperaba cualquier cosa, menos esa reacción. Quería ser golpeado o insultado, pero no quería volver a ver en su vida la expresión de desilusión que Tsubasa le brindaba.

-¡ENTRENEMOS MISAKI!- Gritó el capitán lanzándole el balón- QUIERO QUE ENTRENES HASTA HARTARTE ¿ENTENDISTE?

Tsubasa jamás le había gritado en los entrenamientos como en ese instante. La combinación dorada había quedado atrás, pareciera que nada podía coordinar los movimientos de ambos hombres

-EL PASE FUE DEMASIADO LARGO, MISAKI! NO QUIERO QUE DESCANSES HASTA QUE PUEDAS HACER UN PASE DECENTE. SI SIGUES ASÍ NO PODEMOS GANAR

-¿Qué pasa acá?- Preguntó sorprendido Ishizaki, llegando al campo de juego, seguido por Genzo, quién miraba la escena con el entrecejo fruncido y sin entender.

-Algo que espero no sacrifique los ánimos del equipo- Respondió Wakabayashi, preocupado.

Taro estaba cansado, no podía más. Tsubasa lo había reventado con el entrenamiento sorpresa. Poco a poco todos los miembros del equipo se unieron a Wakabayashi e Ishizaki, y miraban sorprendidos como la combinación dorada estaba fallando una y otra vez. Nadie entendía nada ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué esa actitud tan rara del capitán hacia el número 11 de la selección japonesa? ¿Qué estaba ocurriendo con la sincronía de los dos eternos amigos dentro del campo de juego?

-Tsubasa ¿A dónde vas?- Preguntó Hikaru, observando al capitán abandonando el campo de juego ofuscado. Definitivamente el ambiente podía cortarse con una tijera.

-Voy a hacer una llamada. Ve a la ducha, Misaki. Tenemos un partido que jugar dentro de un rato.

Tsubasa se fue aparentemente tranquilo hacia los vestidores, pero por dentro, sentía que todo era una pesadilla ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Es que acaso Sanae también respondía los sentimientos de Misaki? ¿Habría estado con él en la cama?

"Cálmate. Debe haber una explicación" Se dijo, mientras tomaba su teléfono y marcaba el número de la casa de sus suegros, donde estaba su mujer.

Esperó cinco segundos (Los cuales se le hicieron eternos) y finalmente, la voz de Sanae le había contestado

-¿POR QUÉ NO ME DIJISTE NADA SOBRE MISAKI?

Directo al grano. No podía ser de otra manera. Sabía que estaba poniendo a la mujer en un buen aprieto, pero necesitaba saber la verdad.

-¿POR QUÉ NO ME DIJISTE QUE ESTABA ENAMORADO DE TI, SANAE?

-No te dije nada Tsubasa- La voz de su esposa sonaba natural, como si nada de lo que estaba ocurriendo le afectara- porque cuando todo eso pasó fui a buscarte a Brasil. Porque cuando el confesó sus sentimientos, yo estaba más que segura que quería vivir el resto de mis días contigo Ozora ¿Puedes entender el punto? No es relevante para mí. Puede que para él si lo sea, pero yo estoy contigo y a menos que quieras echarme al viento, yo no renunciaré a ti por nada ni por nadie.

Tsubasa suspiró hondamente. Ella tenía razón. Estaba actuando como un loco. Tal vez Misaki sentía algo por ella, pero ella estaba casada con él

-Tienes razón. No puedo culparte de nada, Sanae. Perdóname… Te llevaré la medalla de oro como presente y pronto estaré allá para estar contigo y los niños. Lo prometo

Colgó inmediatamente y cerró los ojos fuertemente.

-Esto es una locura...- Suspiró

Empezó a caminar por los pasillos del estadio antes de que se llenara. Sentía las voces de los reporteros que poco a poco empezaban a llegar. Bajó inmediatamente las escaleras donde el equipo se encontraba. Necesitaba tomar una buena ducha antes de empezar a jugar para relajarse.

Antes de toparse con el último escalón se topó con Misaki, éste estaba con el cabello húmedo (Lo que probaba que le había hecho caso y se había duchado después del micro entrenamiento pre partido). El número 11 estaba solo, lo miraba suplicante, como si quisiera pedirle perdón con todas sus fuerzas.

-Por favor, no te enojes con Sanae. Es mi culpa todo

Tsubasa sentía que todo dentro de su ser estaba ardiendo a causa de la ira que estaba experimentando ¡YA BASTA! Era suficiente. Primero, ese idiota lo ponía en aprietos con Sanae; Segundo, lo ponía histérico antes del partido; y tercero, jamás nadie lo había hecho sentir tan inseguro. Por un instante sintió que toda razón se había esfumado y no pudo controlar su puño, el cual en menos de un segundo se encontraba en plena cara de Taro.

-NO QUIERO QUE VUELVAS A MENCIONAR EL NOMBRE DE MI MUJER, MALDITO IDIOTA- Bramó Tsubasa con todas sus fuerzas

-¡Ozora!- Misugi, quién pasaba por allí, miró la escena horrorizado y corrió hacia donde estaban los dos hombres y trató de alejarlo de Misaki antes de que eso se pusiera peor- Sea lo que sea que haya pasado hoy, debes dejarlo atrás. No puedes dejar que tus celos nublen tus sentidos

-¿Celos…?- Preguntó irónicamente el capitán de la selección japonesa, para después apuntar con rabia a Misaki- Dime Misugi ¿Podrías confiar en un compañero que juega escondido entre las sombras? ¡Esto se acabó, Taro! ¿Lo entiendes? ¡SE ACABO!

Taro miró a Tsubasa, su amigo de más de 11 años dándole la espalda y caminando lejos de él. Sabía que se había equivocado, sabía que nada volvería a ser como era antes, pero no había vuelta atrás. Una mujer había nublado sus sentidos, ella lo había hecho sentir el amor más grande, pero a la vez más ingrato.

-¿Estás bien, Misaki?- Le preguntó Jun, posando una mano sobre sus hombros

-Él nunca me perdonará, Misugi

-¿Qué ocurre acá?- Matsuyama se acercó a ellos con extrañeza- Me acabo de topar a Tsubasa, estaba bastante enojado

-Creo que deberías saberlo, Hikaru- Habló Misugi- La combinación dorada se ha acabado.