El encuentro:
Nah, debería ser una broma de mal gusto. ¿Acaso era verdad lo que estaba haciendo y no era un estúpido sueño decidido a torturarme por unas cuantas horas? Moví mi cabeza de un lado a otro, asintiendo. Ya. Era hora de tomar todo con más seriedad si en verdad quería llevar a cabo el plan.
Miré a mi alrededor, con mi mano sobre mi estómago, sintiendo como este rugía. Estaba algo nerviosa, pero sabía que si lo intentaba, lo lograría. Solo debía buscar un lugar donde quedarme porque tampoco planeaba dormir en la calle. Miré de un lado a otro, buscando algún auto que estuviera por cruzar.
. ¿Qué mi madre no me había enseñado como cruzar una estúpida avenida? ¿Cómo era que ahora era de sobre carril? Raawr. Ahora parecía demasiado tarde para pensar en eso. Abrí los ojos. Parpadeando rápidamente y pasando mis manos por mis ojos, para poder abrir estos. Bostecé y mire a mi alrededor. Estaba dentro de una habitación blanca, con bastante luz. Las ventanas estaban abiertas, y las paredes tapizadas por unos cuantos cuadros. Ay… estaba en un hospital. Eso era…
Escuche unos pasos y miré atenta hacia la puerta. Había un chico. Joven. Casi de mi edad, aunque un poco mas grande. Ojiclaro y de cabello dorado. Sonreí sin pensarlo. El chico no dejaba de verme asustado. Pasaron uns segundos, hasta que una chica entro en la habitación, alta pelirroja y de ojos castaños. Era una chica hermosa y un joven guapísimo. Sobresaltada y triste lo primero que pensé era que eran novios, hasta que llego el médico, y con voz seca pregunto si me sentía bien.
-¿Cómo se encuentra señorita?
Ay fuck.
-¿Qué me paso? –pregunte ansiosa.
El doctor miro a ambos chicos de reojo, preocupándome un poco, aunque sin llegar a extremos. El chico me miró, algo apenado, mientras el doctor proseguía.
-Estos chicos iban a una velocidad prohibida.
Alcé una ceja, y sonreí.
-O más bien me atropellaron…
Ambos me miraron asintiendo, tanto el chico como el doctor.
-Mi hermana y yo estamos muy arrepentidos, lo lamentamos. –Dijo entre dientes.
Oh, ¡eran hermanos! ¡Qué felicidad!, pero fuera de eso recordé algo importante.
-No le han llamado a mi madre cierto?
-Podemos hacerlo si tu lo deseas…
-¡No! Digo… no. así está bien. No importa.
No quería que sospecharan nada.
La chica parecía callada y molesta. Parecería que había ido de mal modo. El chico se veía serio algo frio. –Si mas frio que mi madre-
La chica salió hablando entre dientes de la sala, algo enojada. El chico le lanzo una mirada de muerte y sonrió en mi dirección, sentándose en el sofá que estaba a un lado de mi cama. Sonreí, y solté una risita, aquello se veía algo gracioso. El chico, miro la ventana, lo que me dio a entender que no podríamos entablar charla. Me acomodé tristemente en sobre mi almohada cerrando los ojos, y pensando que pasaría después.
