Scorpius Malfoy no pudo evitar echar una discreta mirada en dirección a la izquierda. Primer año en Hogwarts; había una mezcla de expectación y regocijo que maldijo en su estómago; se le había enseñado que no podía dejar que ninguna clase de emoción le provocase nada.
A Azkarahi eso siempre le había salido, ella nunca parecía inmutarse ni parecer afectada por nada, a pesar de tener solo un año más que él; en cambio, a Scorpius, siempre se le habían aflorado las emociones como si llevara lo que sentía escrito en la frente. Volvió a maldecir.
A la izquierda, se encontraba Harry Potter, y, como su padre los llamaba en casa, el 'Trío de Maricas' con sus hijos. Eran un montón de críos. Azkarahi ya había entrado a los vagones, pero le había dicho en cual estaría, así que no se preocupaba. Volvió la mirada al frente y se encontró con la mirada reprobatoria de su padre.
-No los mires, Scorpius-Fue lo que dijo, de todas maneras.
No sabiendo qué hacer y después de al menos unos treinta abrazos por parte de su madre, se despidió con la mano y entró al tren. Dirigió los pasos por el lugar en donde, hace 20 minutos, Azkarahi le había dicho que estaría.
Como era un año mayor que él, ella había entrado al colegio el año anterior. Estaba en Slytherin, como todos esperaban que estuviera. Azkarahi era condenadamente perfecta, y no podía mentir diciendo que eso no le provocaba envidia.
Al menos, todo el mundo la consideraba perfecta. En casa, siempre aprendía todo lo que se le imponía, y era mucho mejor bruja que la mayoría de las personas adultas que trabajaban en el Ministerio de la Magia. Había recibido la marca ese verano por eso.
En el colegio, también todos creían que era perfecta. Era inteligente, bonita, atenta, persuasiva, y… Bueno, no sabía cómo describirlo de otra manera, pero era encantadora. Conocía la manera de hacer que las personas se le adhirieran por su encanto. Era una cualidad antinatural, que Scorpius creía firmemente que se había asegurado con magia.
'Es una buena mortífaga', se dijo Scorpius a sí mismo, maldiciendo. Él no lo era; se le había dicho siempre que era blanducho. En cambio ella, con toda su 'perfección', su capacidad de aprendizaje y su capacidad de atraer a las personas y hacer que ellas la siguieran tal como si estuviesen bajo el maleficio Imperio, era lo que su padre, y el Señor Oscuro en general quería obtener con ambos.
Llegó al compartimiento y abrió la puerta sin mucho ánimo, y se encontró a una cómoda Azkarahi con la cabeza apoyada contra la ventana, las piernas estiradas a lo largo de dos asientos, y con una picazón bíblica sobre el brazo izquierdo. Se sentó en la hilera de asientos en frente de ella.
-¿Qué diablos te pasa con el brazo?-Preguntó Scorpius en mal tono, aún molesto con ella por ser perfecta.
-No es como si me hubiesen grabado algo a fuego en el brazo y ahora tenga que usar unas estúpidas pulseras enormes para disimularlo-Masculló Azkarahi, aún encerrada de cabeza en rascarse el antebrazo izquierdo.
-Eso es porque eres zurda-Se limitó a contestar Scorpius.
Ella no le contestó. Le devolvió la mirada de aquellos inescrutables ojos oscuros, esos que le habían quedado oscuros desde que se había marcado. A pesar de las pullas por la marca, sabía lo orgullosa que ella estaba de estar marcada; orgullosa de en lo que se había convertido. Estaba igual de orgullosa que lo que estaría si a él también lo hubiesen considerado apto para la marca.
Desde luego, no era así. Pero se dijo que eso no era culpa de Azkarahi, así que no tenía que estar molesto con ella.
-¿Crees que…-Comenzó Scorpius; desgraciadamente, Azkarahi jamás llegó a saber qué creía o no, porque una cabeza de desgarbados cabellos pelirrojos se asomó por la puerta.
-Weasley-Escuchó decir a Azkarahi entre dientes, en un tono evidentemente venenoso.
-¿Y esta quién es?-Intervino otra vez Scorpius, con las cejas fruncidas; no le parecía conocerla de ningún lado.
-Rose Weasley-Le respondió Azkarahi, en tono despectivo- Me temo que se equivocó de compartimiento, porque me…-Vio cómo su tía, adquiría una mueca de asco- repugna pensar que me confundió con su sucia familia.
-Y a mí sucia familia le repugna pensar que algún día yo pudiera confundirte con ellos, sanguijuela- La cabeza pelirroja se asomó con el cuerpo entero, y le devolvió una mueca indignada a la cara de asco de la 'sanguijuela'.
Azkarahi ni siquiera hizo ademán de moverse de su asiento. Simplemente, esbozó una ligerilla sonrisa burlona, pero sus ojos siguieron reflejando todo el desprecio que sentía por la chica que estaba de pie en la puerta. Definitivamente, algo en la macabra calma de su tía hizo que Rose Weasley comenzase a adquirir lentamente un color rosáceo propio de alguien demasiado molesto.
Scorpius sonrió. Notó que ser amigo, o en este caso sobrino, de Azkarahi le había llevado el paraíso. Le encantaba chinchar chiquillos estúpidos; los Weasley eran, indudablemente, carne sagrada para molestar.
Decidió que era momento de intervenir.
-Pero qué color de cabello más mono, Weasley, por Merlín- Clavó la mirada con la niñita pelirroja con aspecto de gruñona de la puerta- ¿Te prendiste fuego estas vacaciones, o algo por el estilo?-Le guiñó un ojo descuidadamente a la pequeña pelirroja bien plantada en el umbral.
-Las puntas se llevaron la peor parte –Intervino Azkarahi, que aún gozaba de su cómoda posición entre dos asientos- Mírala, es como si hubiese intentado quemárselo, y hubiese salido mal.
Rose Weasley ya tenía un color peligrosamente rojo, pero Azkarahi no parecía asustada, así que Scorpius no vio tampoco ningún motivo para estarlo. Una sonrisa astuta tiró de sus comisuras, lista para enviarle mal ánimo a la pequeña Weasley ahí parada.
-Seguramente, no sabes quién es mi madr…-La pequeña pelirroja, que era el nombre que había adoptado esa chica para Scorpius, hizo el amago de intento de comenzar a sermonear, pero Azkarahi levantó una mano y le enseñó la palma abierta a la chiquilla, en señal de inminente 'Cállate'. La niñita no tardó en dejar de hablar.
-Sé quién es tu madre-Azkarahi profirió un leve resoplido de aburrimiento, y bajó la mano que había usado para detener el pregonamiento de la Weasley- Hermione Granger, o Weasley, no sé qué carajos sea ahora; una sangresucia asquerosa-Scorpius no pudo evitar sonreír ante el énfasis malicioso agregado a las palabras 'Sangresucia asquerosa'- No le tengo ningún miedo, ni ningún respeto a ti por eso-Concluyó Azkarahi, y volvió a reclinar la cabeza contra la ventana.
-Lárgate-Scorpius se sintió en la obligación de agregar algo.
Vio como la Weasley salía y como cerraba el compartimiento tras de sí de un portazo. Seguramente, se había equivocado. Seguro sería un buen día, si había tenido la coincidencia de toparse con esa imbécil incluso sin ni siquiera haber llegado al colegio.
"Todo va a estar bien, Albus", le había asegurado su padre antes de subirse al expreso de Hogwarts. En ese preciso momento, sí que le había creído, pero ahora, en los botes de camino al colegio, sentía como si las tripas rogaran escapar de su estómago.
James y Dominique iban a entrar a segundo, igual que Lucy; Fred a sexto, Victoire a quinto y Molly a tercero; Teddy ya había salido el año anterior. Ahora era su turno de entrar; Lily se había quedado en casa con Hugo y Louis aunque había lloriqueado como nadie.
Según le parecía, también había avistado a Lorcan y Lysander Scamander, los hijos de una amiga de su padre y que, si no se equivocaba, iban a hacer tercero.
Casi toda su familia era de Gryffindor. James había sido seleccionado para Gryffindor el año anterior también. Se le revolvían las tripas de una manera increíble al pensar lo que podía suceder si es que él no salía seleccionado en Gryffindor.
O si acabase en Slytherin. Aunque estuviese con Dominique, eso, sin lugar a dudas, sería un gran castigo para el pobre Albus Severus Potter. Pero se dijo a sí mismo que no sería así, que pertenecía, como todos sus parientes, a Gryffindor.
Los minutos eran un borrón extraño de tiempo, y también podía ver como Rose, su prima, se ponía nerviosa. Como todos los chicos en los botes se ponía nerviosos, en realidad.
De todos modos, no importaba donde estuviera, porque estaría en Hogwarts. Aunque deseaba fervorosamente ser de Gryffindor, Hogwarts era Hogwarts, y la casa que fuese valía el precio.
También soñaba con jugar Quiddich, aunque ese año, desgraciadamente, no podía. Pero al menos, tenían lecciones de vuelo, aunque él ya sabía volar en escoba. Su padre y su madre jugaban Quiddich desde pequeños, así que él era, prácticamente, un jugador más.
Apenas bajar de los botes, Rose y Albus se dirigieron con pasos asustados hacia el Gran Comedor. Había 4 mesas largas, una por cada casa, y la mesa de los profesores. Sobre un taburete puesto específicamente en el centro entre la mesa de los profesores y las 4 mesas de las casas, estaba un sombrero con aspecto viejo y andrajoso. "El Sombrero Seleccionador", se dijo Albus a sí mismo.
Así que eso era lo que determinaría a que casa pertenecía. 'Que me deje en Gryffindor, que me deje en Gryffindor', rogaba Albus internamente. Rose ni siquiera parecía asustada, y hablaba tranquilamente con una chica de cabellos rubio platino y ojos verde azulado.
Intentó hablar con alguien él también. A su derecha, había un chico con el cabello tan rubio que daba el aspecto de ser ligeramente blanco, la tez pálida casi propia de un muerto y fríos y calculadores ojos grises. El chico se volteó hacia él, y lo analizó con un ademán totalmente despectivo. Hizo una ligera mueca, y volvió a voltear hacia el frente sin dirigirle una palabra.
Una chica con una melena negro azabache poco más abajo de los hombros le susurraba al chico rubio su nombre, "Albus Potter". Casi todo el mundo sabía quién era él, porque su padre era famoso, igual que su madre, y su tío, y su tía, y… Básicamente, casi toda su familia. Hasta él mismo era particularmente conocido por ser hijo del que apodaron 'El Elegido'. Para él, de cualquier manera, su padre era su padre, y nada más.
La ceremonia de selección estaba por iniciar. Las tripas estaban deseando escapar de su estómago, y la idea de que el chico rubio y su compañerita morena estuviesen calándolo con miradas despectivas un poco más allá no le hacía ninguna gracia. Ambos sonreían burlonamente. Bueno, era una mueca parecida a una sonrisa. Albus tenía la sensación de que su sonrisa se debía en gran parte a él y a sus nervios.
-Eh, Weasley-Le susurró el rubio con una ligera sonrisita, apuntando esta vez su mirada hacia Rose- Nos vemos de nuevo.
Rose se volvió hacia el par. Frunció las cejas de una forma muy parecida a la Tía Hermione cuando había encontrado a Albus y a Hugo haciendo magia con la varita del Tío Ron a escondidas a los 8 años. Esa fruncida de cejas era cosa de serio cuidado. Además, era espeluznante.
El niño ni se inmutó. La chica de cabellos negros se le adelantó para contestar.
-Deberías tener cuidado con el Sombrero- Le espetó, sin quitar esa sonrisa burlona que le dio a Albus ganas de partirle los dientes a esa niña- Dicen que a los que no dan talla ni para Hufflepuff los engulle.
-Adara Nott- Fue lo único que Rose contestó, antes de voltearse muy dignamente, y volver la atención a la Ceremonia de Selección justo cuando el sombrero gritaba "¡Ravenclaw!" a la niña rubia con la que había estado hablando Rose hace un rato.
Se habían perdido la canción del Sombrero Seleccionador de la que tanto había alardeado James en las vacaciones. Se había jactado de que la canción del año en que él había llegado sería a todas luces mejor que la de ese, porque 'El Rey James', inspiraría hasta al Sombrero, en cambio Albus lo haría vomitar.
-Jason Cleveland-Un chico pequeño con el cabello de un color extraño, moreno y de ojos castaños comenzó a avanzar a trompicones. Una carcajada general recorrió el Gran Comedor cuando el chiquillo se dio de cara contra el suelo al avanzar- ¡Hufflepuff!
La mesa de Hufflepuff estalló en aplausos, mientras que un chico grandote que parecía ser de Séptimo iba a buscarlo para darle la bienvenida a la casa. Un destello amarillo estalló en su uniforme.
-Con la caída, qué más le quedaba-Oyó murmurar al amigo rubio de Adara Nott desde algún punto a su derecha.
Sinceramente, pasaron una infinidad de niños. Albus comenzó a sentir que, definitivamente, se habían olvidado de él en la lista o algo así. Rose también parecía más nerviosa que al comienzo, en realidad.
-Rose Weasley-Rose comenzó a avanzar con la cabeza en alto hacia la banqueta y, por suerte, llegó sin caídas. Se desplomó en el asiento, y se instaló el sombrero en la cabeza. Estuvo aproximadamente unos 12 segundos con el Sombrero, que al final gritó-¡Gryffindor!
La mesa de Gryffindor prorrumpió en aplausos. Vio en algún lugar del centro de la mesa a James aplaudir estrepitosamente a Rose.
Adara Nott pasó poco después de él, a lo que el Sombrero ni siquiera se tomó un segundo para gritar '¡Slytherin!'. Albus resopló para sus adentros; había oído ya de Slytherin sin que le hiciese ninguna gracia lo que oía, y que la molesta Adara quedara allí no era más que una confirmación de que prefería ser engullido por el Sombrero Seleccionador a quedar metido en ese horrible lugar.
Volvió a cavilar, y sintió sus palmas sudorosas. Se las limpió discretamente en la túnica, y cuando regresó a prestar atención el rubio de ojos grises se aproximaba con zancadas arrogantes hacia el banco con el sombrero. Se había perdido el nombre del rubio. El Sombrero no vaciló, al igual que con Adara, ni un segundo antes de dejarlo en Slytherin. El rubio se aproximó a la mesa de Slytherin, que aún aplaudía estrepitosamente. Vio cómo se sentaba junto a una chica de liso cabello castaño que le hacía espacio, y se quedó mirándola con pinta de estúpido. Era, sin ninguna duda, la chica más guapa que hubiese visto jamás. Debía ir en cuarto, o quinto, y, al menos desde esa distancia, sus ojos parecían dos fondos negros, inescrutables y fríos aún desde lejos. Sus labios, que eran rojos y perfectos en la justa medida, insinuaban una sonrisa burlona, jugando con ese estúpido rubio. Lucía morena, aunque no podía asegurarlo desde aquella distancia, y tenía el cabello castaño. Aunque los incisivos parecían ligeramente más grandes del promedio, su dentadura inferior hacía que aquello se compensara de una manera inverosímil y perfecta.
'¡Por Merlín!' Se dijo Albus, abrumado, cuando pudo dejar de mirar a aquella Slytherin que parecía aún más terrible y fría que el rubio a su lado y Adara Nott juntos. Era hermosa hasta lo inverosímil, sí, pero la oscuridad emanaba también de ella como si, si es que pudieses acercarte lo bastante, una luz negruzca fuese a reflejarte la piel.
Todos lo miraban. Sacudió la cabeza, y vio sus miradas de expectación. El chico a su lado, que era uno de los pocos que quedaban, le dio un empujoncito hasta el lugar donde se encontraba el Sombrero ¡Con que habían dicho su nombre! A lo lejos, vio a la chica bonita reírse a carcajadas tan maliciosas como ella misma junto a Adara Nott y su compañero rubio. Avanzó con los hombros alzados en una postura más o menos arrogante para recuperar la dignidad que le costó no atender al Sombrero por mirar a aquella maligna Slytherin.
Se sentó en el taburete y se caló el sombrero en la cabeza, expectante. Ese era, sin duda, el momento de la verdad. 'Gryffindor, Gryffindor, Gryffindor', pensó, pero sonó como un ruego aunque no había previsto que sonara así aunque fuese un pensamiento.
-Albus Severus Potter-Una voz hablaba en su cabeza; tardó un poco en comprender que era el sombrero- Otro Potter. Pasé por tu padre, y tu hermano el año pasado, y comprendo porque quieres Gryffindor, pero eres muy listo y Sly…
-¡Slytherin no!-Volvió a rogar Albus en pensamientos- ¡Slytherin sí que no!
-Serías un gran Slytherin, al igual que tus parientes, chico- Dictaminó el Sombrero, resignado- Pero, bien, tus deseos son órdenes ¡GRYFFINDOR! –Aulló el sombrero, y supo que eso lo habían oído todos. Había conseguido quedar en Gryffindor, lo había conseguido…
Se quitó el Sombrero como flotando en una nube, y la mesa de Gryffindor volaba en aplausos. Vio a Rose y, por mucho que le sorprendiera a 'El Rey James' aplaudir desde la mesa. Pero la chica bonita de Slytherin le clavaba la mirada, con una sonrisa burlona y oscura y aquellos dos ojos, similares a diamantes negros, calándolo con la mirada.
Estuvo a punto de volver a embobarse cuando miró otra vez directamente a la chica, pero esta vez supo frenar a tiempo. Ya había un espacio entre Rose y James, dispuesto para él, con una conveniencia única de que podría seguir mirando a la chica con pinta de mala persona. Ni sabía porque lo hacía. En la mejor de sus suertes, ella sería una asesina en potencia con tendencias mortífagas que lo desencantaría a pesar de su extraordinaria belleza. Además, perfectamente podía ser tres o cuatro años mayor que él, sino más.
Se sentó al lado de Rose, y James no tardó en ver a donde miraba con tanto ahínco.
-¿Qué miras?-Le preguntó a Albus, sin su habitual tono de broma.
-Ehm… ¿Quiénes son esos?-Preguntó, señalando al rubio, Adara Nott y otro par de chicos que rodeaban a la atractiva Slytherin cual culto. En ese momento, ella lucía una sonrisa arrogante y todos reían mientras la miraban.
-El rubio, es Scorpius Malfoy –Le susurró James, señalando al pequeño que había llamado antes a Rose- La morena pequeña, es Adara Nott –Siguió James, aunque él ya conocía quién era ella- Los de la izquierda son los hermanos Goyle, y el de la derecha es un bobalicón que se adhirió al grupillo ese, y el resto suma y sigue; los Zabini, el hermano mayor de la Nott… –James hizo una mueca de asco.
Apodó inmediatamente al grupo como 'La Banda de Slytherin'. Parecía un culto de niñitos malvados.
-¿Cuántos años crees que tiene la del centro?- Le preguntó James, esta vez sí con actitud burlona.
-¿Quince?-Apostilló Albus, no demasiado seguro- ¿Catorce?
-Doce-Le respondió James, burlándose abiertamente ahora sí- El año pasado era más menuda y lucía como niña, pero te concedo que este año parece tener 16. Ella es Azkarahi Lestrange.
