Bien aquí está la segunda parte. Espero que la disfruten tan como yo al escribirla. Les pido disculpas de ante mano por posibles horrores de ortografía :D Bueno, como les decía, esta pelea me gustó mucho, espero que a ustedes también. Gracias por leer.


In The End: León vs Perro.


La figura del poderoso rey de las bestias, una formidable criatura cuya musculatura era notablemente más formidable quela anterior. Sabo pasó de ser un muchacho flacucho, con un cuerpo bien formado a un típico guerrero de leyenda, seguramente la imagen de Rob Lucci no se compararía con la del poseedor de la fruta del León.

—¿El león negro? – Akainu lo miró de arriba hacían abajo y no pudo dudar que tenían razón. —¿Eres un revolucionario? – entrecerró los ojos, ahora parecía tener más motivos para detenerlo.

—¿Te incomoda? – sonrió. A pesar de tener feroces colmillos la falta de un diente le hacía ver hasta cierto punto cómico.

—Para nada, sólo le agregas motivos a tu condena. – se preparó para el siguiente encuentro. —¿Eres allegado a Dragón, el revolucionario?

—Por supuesto. – no temió presumir. —Él es el padre de mi hermano… y mi maestro.

—Veo que los tres hermanos son bastante horripilantes. Sus conexiones con el crimen son aterradoras. –reflexionó.

—¿Estás asustado?

—Claro que no. Estoy emocionado. No sólo llevaré a la tumba al hijo del Rey de los Piratas, sino que también me llevaré al hijo de Dragón y a su pupilo.

—Ya te lo había dicho. – perfiló su cuerpo, como si fuera a saltarle encima en cualquier momento. —Tus trucos no serán afectivos… yo no soy Ace. – después gruñó. —Pero apuesto a que en estos momentos debes estar deseando pelear contra él… Ace era una persona muy temeraria, pero su hábito le costó la vida. Yo en cambio… tengo el hábito de no dejar sanos a mis oponentes y no me molesta que se burlen de mí, después de todo no tiene caso recordar las palabras de los perdedores.

—Eres muy desvergonzado. – era oficial, ese muchacho lo sacaba de quicio. —Tendré que enseñarte modales.

—Y yo tendré que enseñarte tus límites. – la conversación comenzaba a ponerse muy peligrosa.

—¿Mis límites? – Akainu se río divertido. —Más bien yo te mostraré los tuyos. – de su cuerpo salió en cantidades colosales magma. Era más de lo que comúnmente mostraba. Los marineros que estaban parados sintieron temblar sus piernas, otros simplemente retrocedieron realmente sorprendidos. Esa era una habilidad única que, según los altos mandos, Akainu tenía y no solía mostrar a menos que hubiera perdido el juicio o su oponente fuera muy poderoso.

Se trataba de un hombre gigante de magma pura. Un guerrero creado del elemento que había sido apto de quemar el mismo fuego. El arma secreta de Akainu, una criatura de lava que podía equipararse con la erupción de un auténtico volcán.

Sabo observó tranquilamente la evolución de aquella técnica. Poco a poco estuvo a la sombra del monstruo. Masculló molesto, no era la primera vez que se enfrentaba a un gigante. Había tenido la oportunidad de pelear con ellos tiempo atrás, resultando ganador en la mayoría de los encuentros. Sin embargo, este no era de carne y huesos, era magma y sabía de sobra que si se exponía demasiado tiempo se quemaría y podría ocasionarse una herida fatal. Pero… ¿Cuál era el precio real? ¿Se arrepentiría de sacrificar un brazo o una pierna? Claro que no, Sabo estaba dispuesto, desde hacía más de dos años, a sacrificar todo con tal de matar a marine que asesinó a su hermano a sangre fría. Tal como Akainu lo hacía, el no mostraría piedad. Desde joven, nunca le gustó matar, aunque fuera obligación. Él solía dejar a sus oponentes vivos, aunque inválidos. Pero ahora… al ver ese hombre de fuego y piedra derretida, un solo pensamiento se creaba en su cabeza: Matarlo.

Quiso echarle la culpa a su Zoan carnívora, desear la sangre de sus enemigos era un sentimiento con el que aprendió a vivir y reprimir. Sin embargo ya no quería controlarla. Deseaba con todo su ser matar a Akainu. No sólo por lo que le hizo a Ace o porque hubiera amenazado a Luffy, lo hacía como una cuota con su propio espíritu. El león que habitaba en él se lo demandaba. Necesitaba vengar ese sentimiento tan poderoso, necesitaba vengar a Ace.

Cuando la formación de aquella técnica se completó se escuchó la voz de Akainu desde dentro.

—Esta es mi forma más poderosa, mocoso. Si puedes derrotarme entonces me tragaré mis palabras. ¿Crees tener la fuerza?

Y como respuesta Sabo rugió como un trueno.

—Bien dicho. – Y atacó. La lava se abalanzó sobre él en una embestida desproporcionada. Sabo saltó muy alto, quitándose del medio, al hacerlo la lava se esparció por todo el terreno, lastimando a los que estaban cerca. Desde lejos la batalla se podía apreciar. Por un instante los otros marines, almirantes y los propios Mugiwaras se detuvieron al ver a la criatura resplandeciente en acción.

—¿Qué demonios es eso? – balbuceó Luffy, preocupado por Jinbe, ignorante que con el que peleaba con el almirante de la flota no era más que su hermano mayor Sabo.

Pero Jinbe estaba bien, se había alejado del terreno de batalla. Era Sabo del que tenían que preocuparse, ¿O no?

Sabo atacó en picada, una vez en el aire. Con su puño cerrado le dio de lleno en la cabeza a la criatura de magma. La mole se tambaleó, pues el golpe ocasionó efecto debido al Haki, el muchacho aprovechó la fuerza del golpe para alejarse de él. Una vez en el suelo corrió hasta enfocar un punto específico y atacar. Con su puño cerrado atacó tan fuerte que la criatura se deshizo unos segundos y volvió a componerse. El hombre león se mordió un labio intrigado, aunque atacara puntos específicos y pudiera escapar de su lava no causaría el efecto deseado a menos que llegara al usuario, pero por desgracia para ello tendría que penetrar en la criatura y dejarse rodear del magma no era una opción muy inteligente.

Golpeó la tierra y sacó un enorme trozo de roca. La usó como escudo y saltó. Una vez en el aire se la lanzó a Akainu. La piedra se hundió lentamente en su cuerpo, pero antes de que se destruyera por completo Sabo se concentró en ese punto, con ambos pies empujó, clavándole la roca todavía sólida al monstruo. Éste simplemente retrocedió, dejando fosas de lava a su paso. Sabo no tuvo opción más que regresar a un terreno seguro. Se percató que por más que intentara descomponerlo desde afuera sería inútil. Tendría que despedazar esa cosa por dentro, tarea realmente difícil.

—¿Qué sucede, León Negro? – escuchó la voz de Akainu. —¿No puedes acertarme ningún golpe?

No contestó, tenía que pensar. Entrecerró los ojos, lo estaba ideando pero sabía que no serviría de nada. Si se adentraba en el cuerpo de la criatura y lo atacaba directamente podría causar efecto, pero de no hacerlo bien a la primera moriría incinerado. Tuvo que moverse de nuevo cuando la formación de lava se le vino encima. Se movió tan precisamente y rápido que logró aprovechar el aire a su alrededor y saltar por este, como un usuario del Genpo.

Akainu lo miró sorprendido.

—¿Puedes usar Rokushiki?

—Mis técnicas tienen el mismo principio pero yo no los denominaría como tal. – argumento Sabo, mientras se alejaba de él. Ciertamente, Sabo podía usar técnicas similares a las del CP9. A diferencia de ellos no se había entrenado en el arte como tal, sino que todas sus capacidades eran de su propia inventiva. Sabo podía usar el aire para crear ondas expansivas y hacer daño, además de que podía surcar las corrientes de viento tal como Sanji. Esto, sumándole a su haki era la perfecta combinación para pelear contra los usuarios de las frutas.

—Estás lleno de sorpresa muchacho. – atacó con más lava, pero Sabo las esquivó otra vez.

Sabía que si no planeaba algo a la brevedad el campo de batalla se derretiría por completo. Tampoco podía correr por el aire por mucho, pues era cansado. Su armadura de Haki lo protegía por 12 segundos cuando entraba en contacto con el cuerpo de la logia, razón por la cual se enfocaba en atacar con rapidez y precisión. Si duraba más tiempo en contacto con el almirante sería herido seriamente.

Tenía otro problema además de la duración y la efectividad de sus ataques. Akainu no estaba usando exclusivamente su lava. Había creado más al destruir el suelo y lo había mezclado con la propia para hacer al gigante. Eso significaba que, aunque le atacara despiadadamente desde afuera el daño no sería importante, porque sólo había una parte pequeña de su composición que estaba unida a lava natural. Quería entonces enfocarse en el interior. La mayoría del magma de Akainu se encontraba en su centro. Pero cómo…

El usuario de tipo logia lo bombardeó con puños de lava. Sabo se transformó por completo en un león, así corría más efectivamente. Luego, por segundos se transformaba en híbrido y le lanzaba árboles y piedras con haki, para lentificarlo.

—No puedo seguir atacándolo así. – se lamentó en silencio. —Necesito atacarlo desde adentro. – una nueva lluvia de lava lo amenazó. Esquivó todo y en algunas ocasiones utilizó sus puños para sacarlas de su camino.

Se dejó ir hacia el gigante. Atacó nuevamente con sus puños, le dio de lleno en uno de los pilares que sostenía la criatura. El monstruo de lava se tambaleó, después subió por el aire y le propinó otro golpe en la cara, la lava se desparramó por el impacto. Aprovechó para alejarse mientras.

Sin embargo se asustó al darse cuenta que ya casi no quedaba terreno plano para desplazarse. Se tuvo que conformar con una piedra que poco a poco perdía su composición en el mar de llamas.

—Parece que ya no tienes a donde huir. – el almirante se había dado cuenta. Sabo simplemente masculló molesto, pues tenía razón.

Le atacó con un puño de magma y al verse acorralado le respondió de frente. Detuvo con sus manos el embate, pero no se dio cuenta que de su derecha Akainu lo interceptó con otro ataque y lo mandó a volar contra el terreno de lava. Sabo cayó entre el líquido ardiente y en cuestión de segundos emergió de ahí desesperadamente. Se sacudió la lava y huyó hasta una formación de rocas que todavía estaban intactas. Jadeó preocupado, había sido cubierto por cinco segundos de magma. Revisó rápidamente su cuerpo, no tenía un daño tan serio, pero aun así tenía que tener más cuidado.

—¡Eres mío! – Akainu no le dio tregua. Aprovechó para atacarle mientras se recuperaba. Se preparó para el impacto y saltó, las piedras donde estaba se derritieron. Saltó temerario y se dejó ir en picada contra él, propinándole una doble patada en el cuerpo, tumbando a la estructura de lava y con el mismo impulso retrocedió, deseoso de escapar.

Dio más saltos de lo normal entre un suelo fundido. Se cansó y sintió que sus pies se le quemaban. Desesperado alcanzó a llegar a una piedra grande que sobresalía entre un par de árboles quemándose. Comenzó a respirar apresuradamente, de la nada el marine comenzaba a tener ventaja sobre él.

—Maldición, ya no queda tierra firme. – musitó con lamento.

—¡Exacto! – como si fuera un aro gigante, la lava le cerró el paso. Sabo maldijo, lo había tomado por sorpresa. Pero antes de que se cerniera por completo sobre él una fuerza amiga lo ayudó. El cuerpo del Logia fue empujado por una onda de aire y agua, Sabo se dio cuenta que Jinbe estaba detrás de todo esto. El poderoso gyojin había atacado al Almirante de la Flota y lo alejó, dándole tiempo para escapar. Sabo se reunió con Jinbe, no sin antes agradecerle su ayuda.

—¿Estás bien?

—Sí, gracias. – obviamente sus heridas decían lo contrario.

—Te ha quemado bastante. – recriminó el tiburón-ballena.

—Es muy pronto para lamentarse por las heridas. La batalla está a medias. – respiró forzadamente, el aire caliente le lastimaba los pulmones.

—Sabo-san, ¿Tienes alguna idea de cómo derrotarlo?

—Sí. - le contó sus puntos.

—¡¿Quieres atacarlo desde adentro?! – se sintió escandalizado. —Eso es muy peligroso, si el magma te rodea entonces tú…

—Es lo único que lo dañará realmente. – suspiró para calmar a su desbocado corazón. —Jinbe-san… tengo un plan y necesitaré de su ayuda.

El tritón se resignó. Después de todo había prometido detener a Akainu.

—Te escucho.

Mientras hablaban el Almirante de la Flota se levantó furioso. El golpe de Jinbe lo había tomado por sorpresa y por su culpa su técnica se había desbalanceado. Se reincorporó y volvió a formarse, pero en esta ocasión la figura de un perro sanguinario se proyectó en el campo de batalla. Los mercenarios y marines que estaban peleando alrededor y que habían estado observando de cerca la batalla cayeron en conclusión de que el Almirante Akainu no era más que un combatiente poderoso que sin duda nadie podía vencer. El perro rojo de lava era tan amenazador que retrocedieron asustados, lo prioritario eran sus vidas.

—¡Jinbe! – caminó sobre la tierra y las fosas de lava, buscando al tritón.

—¡Aquí estoy, Akainu! – gritó el gyojin azul, mientras se ponía en posición de defensa.

—Maldito. – se acercó amenazadoramente hacia él. —¿Así que quieres morir primero?

—¡¿Acaso no lo entiendes, monstruo?! ¡Yo escogí morir desde que pisé esta tierra!

—Es fascinante lo poco que aprecias tu vida.

—¿Estás seguro? – lanzó un golpe al aire con su mano y las ondas producidas por su Karate hicieron vibrar a la bestia de magma.

—¿Eso es lo mejor que puedes hacer?

—¡Todavía no te muestro lo mejor que puedo hacer! – entrecerró los ojos. —¡Ven, resolveremos nuestras diferencias de una vez!

—Las diferencias son claras. – saltó, controlando la lava y moviéndose como un verdadero animal. El gyojin retrocedió, quizá podría hacerle frente pero no había terreno disponible para maniobrar.

—¡Gyojin Karate: Buraikan! – con la mano rociada de agua, el ataque fue preciso y poderoso. El cuerpo del magma del perro gigante se partió por unos segundos. La vibración de la piedra líquida originó que Akainu no pudiera controlarlo con precisión. Jinbe exclamó adolorido, pues al ejecutar el ataque se había quemado la mano.

—¡Sólo complicas lo inevitable, Jinbe! – de los trozos de lava que se despegaron del perro mayor, una jauría completa de sabuesos de magma rodearon a guerrero submarino. El tritón gruñó. Los perros atacaron al maestro del gyojin karate, y él tuvo que defenderse al día, golpeando con sus puños llenos de agua para reducir el daño. Los destruía con la fuerza bruta de sus músculos y sus técnicas acuáticas.

Pero por cada perro que destruía dos más ocupaban su lugar. Akainu, quien estaba dentro del gigantesco canino se relajó unos segundos, podría controlar a Jinbe a su antojo mientras lo tuviera ocupado.

— Karakusa Gawara Sei Ken. – suspiró mientras una onda expansiva guiada por el agua que estaba alrededor deshacía a los perros de lava. Pero de nuevo, estos volvían a tomar forma.

—Es inútil, Jinbe. – Akainu se le acercó. —¡No puedes contra todos! – saltó sobre él y el veterano se preparó para contratacar.

—¡Nana Sen Mai Gawara Mawashi Geri! – evidentemente su sandalia se quemó, pero sin duda la patada fue efectiva, cuando la estructura de Akainu se alejó de él lo suficiente.

Los perros menores atacaron otra vez, el gyojin respiró forzadamente, hacía mucho calor y se encontraba recluido en un espacio de tierra muy pequeño. De nuevo, con puños de agua, destrozó a las criaturas del logia, pero por más que se esforzaba se dio cuenta que Akainu sólo se burlaba de él.

—¡¿Qué sucede Akainu?! – retó. —¡¿Tienes miedo de pelear cara a cara conmigo?!

—Tus discursos no me vienen. – sonrió y el perro también lo hizo.

—¿Crees que no puedo darte una paliza? – mostró sus dientes.

—Sé que no podrías hacerlo. Podrás controlar el agua, pero aquí no hay.

—¿Ah, eso crees? – posicionó sus manos y se concentró.

—Intentes lo que intentes, es inútil. —ordenó a sus perros atacar y esta vez lograron tocarlo. Jinbe estaba concentrado intentando hacer una técnica, pero tendría que hacerlo aguantando el dolor de los colmillos de fuego de aquellas alimañas. Cinco de los sabuesos de lava de Akainu lo atacaron, mordieron su espalda, sus piernas y brazos.

—¡Cobarde! – gritó presa del escozor.

—Es tu fin, Jinbe. – se acercó la enorme figura y alzó una garra, para aplastarlo.

—¡No, es el tuyo! – y entonces, de una forma fantástica desde atrás de Jinbe se formó una corriente de agua que se dirigía desde un bosque cercano directamente hasta el almirante.

—¿Agua? – se sorprendió. La corriente iba con gran fuerza hasta donde estaban ellos.

— Gyojin Juujutsu: Mizugokoro. – exclamó casi sin aliento. El agua atacó al Almirante de la Flota en el acto. Y por si se pregunta cómo fue que lo hizo, Jinbe había logrado controlar el agua a distancia, extrayéndola directamente desde los arboles del bosque. El perro retrocedió debido al choque de los elementos. Y entonces…

—¡Akainu! – de la nada, la voz de Sabo lo alteró. El muchacho apareció detrás de la corriente de agua. Se escandalizó entonces. Se había olvidado totalmente del chico por enfocarse en el gyojin. Con el puño cerrado y gracias al impulso del agua, Sabo logró penetrar en la defensa de magma.

Doce, Once, Diez, Nueve…

Su puño dispersó la lava cuando el agua se evaporó.

Ocho, Siete, Seis, Cinco…

Su armadura de haki resplandeció por unos segundos y resistió el ardor que le causaba la cantidad de lava. Akainu estaba a la vista y se apresuró para llegar donde él. La cara del Almirante no tenía precio, estaba muy sorprendido.

Cuatro… Tres… Dos…

—¡UNO! – rugió el león e hizo lo impensable. Su puño se impactó directamente contra el rostro del almirante, quien estaba dentro de la bestia. Le dio de lleno con una fuerza tremenda e inconcebible. La coalición fue tan poderosa que Akainu salió de la formación de lava, con Sabo detrás de él.

Su cuerpo se disparó por los aires y atravesó el campo de batalla, dejando a Jinbe y a sus sabuesos, los cuales perdían su forma al no estar el amo cerca.

Tanto Sabo como el almirante cayeron en los territorios cercanos a una playa. Era como si un meteorito se hubiese impactado. Los dos guerreros se enterraron en la arena fría, Akainu inconsciente, a Sabo le faltaba poco.

Se quedaron ahí un momento, totalmente quietos. El joven usuario reaccionó entonces. Se apartó del marino y no tardó en tirarse a la arena fría, para quitarse la lava que todavía estaba en su cuerpo. Una vez que lo hizo se tiró al suelo, incapaz de seguirse moviendo. Apenas podía respirar, sentía que sus órganos internos estaban quemándose, que el aire que entraba le cocinaba las vísceras.

Exhaló muchas veces, sin poder calmarse. Con parsimonia lo logró y cuando finalmente se estabilizó sonrió tontamente. Miró de soslayo el cuerpo del almirante, quien no se levantaba. No tardó en escuchar los pasos de algunos espectadores. Posiblemente se acercaban a verificar quien seguía vivo y quien muerto. Sabo sabía que si no se levantaba lo atraparían, pero simplemente no podía hacerlo, estaba muy cansado.

—Lo hice… - jadeó dolorosamente. —Finalmente lo hice. – había vengado a Ace, derrotó a Akainu.

—¡Sabo-san! – Jinbe llegó, lanzando a los marinos que pretendían arrestarle. Llegó donde el muchacho y lo encontró tirado. —¡Sabo-san, estás…!

—Jinbe-san. – tosió sangre. —¿Estás bien?

—Sí, estoy bien. – pero contrariamente a ello su cuerpo estaba igual al de Sabo, con quemaduras de tercer grado.

—Qué bueno. – murmuró cansado.

—Necesitamos llevarte con un médico, estás muy herido.

—Sí… creo que sí. – intentó levantarse. Su transformación de león ya había desaparecido. Se recargó contra el gyojin. —Estoy muy ansioso por ver a Luffy y decirle lo que pasó. – sonrió risueño.

—Ya tendrás la oportunidad. – Jinbe sonrió junto a él. —Pero por ahora, será mejor que descanses.

—Tú también… estás muy herido, Jinbe-san. Discúlpame… por involucrarte en esto.

—¿Pero qué dices? Esto no es nada. Había prometido detener a Akainu también. – lo reconfortó.

—Me alegra escuchar eso. – suspiró Sabo. Pero en seguida sus sentidos se agudizaron, totalmente pálido y sin tiempo que perder empujó a Jinbe para alejarlo de él. Se volteó mientras se transformaba en el proceso. No estuvo seguro de cómo y porqué, pero el brazo de Akainu le atravesó el abdomen, perforó su flanco derecho, quemándole los intestinos y epiplones en el proceso. El dolor hizo acto de presencia y Sabo salió de su ensimismamiento gracias a eso. Se apresuró a darle de lleno en la cara con su puño, alejándolo antes de que pudiera atravesarlo por completo.

El Almirante de la Flota cayó en la orilla de la playa. Sabo retrocedió conmocionado, apreciando su herida. Debido a la sorpresa su haki no se había fortalecido lo suficiente como para protegerlo. Se arrodilló en el acto y una cantidad de sangre salió súbitamente de su boca. El golpe en el abdomen le había cauterizado la mayor parte de la herida, pero aun así sangraba. Se sostuvo conmocionado, manchando la arena con su sangre.

—¡Sabo-san! – Jinbe se acercó conmocionado pero él lo detuvo.

—¡No te acerques, ahí viene! – masculló lastimeramente. El brazo de Akainu relució de nuevo y Sabo, casi inmóvil, se obligó a saltar y esquivar el ataque. Esta vez la explosión de la arena fría con lo caliente de la lava lo mandó a volar. Cayó al suelo bocabajo, imposibilitado de levantarse debido a la lesión.

Los pasos tenebrosos de Akainu se escucharon en la playa y los gritos de los marines que estaban cerca corearon a su almirante en son de victoria. Sabo entrecerró los ojos, no dejaba de sangrar y el dolor así como el calor eran insoportables.

—Jamás creí que me pasaría algo así. – murmuró Akainu, mientras se limpiaba la sangre que estaba en su boca. Sabo le había partido los dientes.

—Cobarde… me atacaste por la espalda. – musitó el León Negro.

—Esas formalidades sólo son para los hombres de honor. No para imberbes como tú. – se acercaba lentamente, como si caminar le doliera.

—Maldito seas. – escupió cuando sentía que ya no podía más. Los pasos de Akainu se escuchaban cada vez más cerca, pero para desgracia de Sabo no podía levantarse.

—¡Aléjate Akainu! – Jinbe intentó detenerlo, pero estaba muy quemado como para moverse con soltura. El Almirante se enfrascó en una serie de puñetazos, los cuales lograron quitarse a Jinbe de encima. Le dio de lleno en el estómago con el magma de su brazo y aunque Jinbe usó sus manos para protegerse no pudo impedir que lo mandara a volar.

—Es una pena. – jadeó el oficial de la Marina. Sabo respiraba despacio, resistiendo el dolor, se encontraba muy herido para reaccionar. El Almirante de la Flota sonrió con su ego crecido. Comenzó a caminar hacia él. —Es una pena que tuvieras que tragarte tus amenazas. – se sentía cansado pero tenía que terminar el trabajo. —Eres igual de patético… tan patético como Hiken.

—No t-te atre-vas a hablar de mi hermano. – tartamudeó Sabo.

—Portgas D. Ace… tan sólo desperdició su vida. El hijo del Rey de los Piratas murió bajo mi brazo y no falta mucho para que Mugiwara corra con la misma suerte.

—Silencio… - gruñó la sangre se abultaba en su boca.

—Creo que sería bueno que supieras esto. – se burló levemente. —Antes de morir, Puño de Fuego saltó sobre mí porque insulte al hombre que le había salvado la vida. – entonces se burló con más ganas. —El muy tonto terminó muriendo, desperdiciando la oportunidad que Shirohige le había dado… Se sacrificó en vano.

—Miserable… - poco a poco comenzó a perder la noción de lo que pasaba. Dejó de escuchar y ver. Sólo sentía mucho calor y un dolor indescriptible. Lo más seguro era que Akainu se acercara sin retrasos.

—Maldición… - musitó casi sin fuerzas. —Esto… no puede terminar así. – se dijo a sí mismo, poco a poco perdía el conocimiento. Sus ojos se pusieron blancos.

Hola, mi nombre es Sabo, ¿Cómo te llamas?

Ace.

Ace, creo que tú y yo seremos grandes amigos.

¿Por qué estaba recodando eso en estos momentos?

¡Eres muy divertido Luffy, muero de ganas por ver que te depara el futuro!

¡Sabo, eres muy blando con él!

Ace y Luffy. ¿Podrían perdonarlo por volver a fallar?

¡A partir de ahora somos hermanos!

¡SI!

¿Qué demonios estaba haciendo? Ese malnacido había insultado a sus hermanos y él se quedaba postrado sin hacer nada.

Sabo. – le dijo Ace una noche, cuando Luffy dormía plácidamente en la casa del árbol. Ambos estaban despiertos. —Si me llegara a pasar algo… ¿Podrías cuidar de Luffy?

¿Por qué dices eso, Ace? – dijo contrariado.

Mmm, sólo lo decía. – admitió levemente sonrojado.

Tú sabes que cuidaré de Luffy… siempre. Después de todo es nuestro hermano menor, ¿no? – sonrió inmediatamente.

Cierto, él le había prometido aquello.

Ace. – lloró frente a la tumba. —Prometo… - tocó la lápida mientras dejaba derramar lágrimas. —Prometo que cuidaré de Luffy. – escondió su rostro tras su mano. —Lo juro. Tu sacrificio no será en vano.

Entonces las palabras de Akainu resonaban en su cabeza. Todas aquellas tonterías que se atrevía a decir de Ace. Él… el responsable de su muerte. El maldito que le arrebató a su hermano. Aquel que juró hacer pagar. Aquel que lo había atacado a traición.

—Parece ser que estás inconsciente. – comentó mientras alzaba su puño de magma. —Mejor así, no sentirás nada. – su brazo aumentó de tamaño, lo haría cenizas. —Muere… León Negro.

—¡Sabo-san! – Jinbe corrió pero sabía que no lo lograría. El puño se impactó contra el suelo y una explosión de magma y tierra causó un sorprendente estruendo. Los ojos del gyojin se desencajaron al igual que su mandíbula. Akainu también, no por que estuviera riendo, sino que estaba totalmente pálido, enfrente de un fantasma.

Sabo, contra todo pronóstico, sostenía el puño de Akainu, resistiendo el embate. Sus ojos estaban en blanco, pero su cuerpo se revestía de la poderosa armadura negra. Poco a poco recobró fuerzas y se quitó de encima la lava. Akainu simplemente no podía hablar, estaba anonadado. El hombre león rugió y atacó. Su puño se impactó contra el abdomen del Logia, después en la cara, otro en el abdomen y otro más en la cara. El cuerpo del almirante cayó a la fría arena. Abrió los ojos asustado.

El muchacho jadeaba, sangraba de la boca y la nariz, su herida, sorprendentemente había dejado de sangrar. Sus ojos lentamente recuperaron tinte. Con violencia un rugido adornó en campo de batalla.

—Imposible. – musitó el marine.

—¡Ven, Akainu! – amenazó mientras se ponía en guardia. —¡Veamos si un perro como tú, puede vencer a un león como yo! – rugió de nuevo.

Si la situación no pasaba a ser increíble muchos se hubieran suicidado. ¿Qué tan profundo podía ser el amor y el odio? Akainu se quedó en una sola pieza al ver la imagen del muchacho que casi mataba. Sabo, el León Negro, tenía el apodo bien ganado. Estaba de pie, moribundo y muy furioso. El almirante se levantó lentamente, ya se sentía muy lastimado pero aun así su orgullo le pedía continuar.

—Parece que nos divertiremos por más tiempo. – comentó el marino.

—Te arrepentirás… -balbuceó Sabo, sumamente airado. —Por burlarte de mis hermanos. – sus ojos de felino era aterradores. —¡Te mostrare el poder de nuestra promesa! – se dejó hacia él en un ataque desbocado de ira. El almirante pensó que si el muchacho estaba bajo el efecto de la adrenalina sería fácil de manipular, pero se equivocó. Cuando intentó acertarle un golpe el muchacho reaccionó a tiempo, esquivando todos sus ataques.

Se le acercó peligrosamente y de nuevo el puño envuelto en Haki arremetió contra su rostro. Intentó atraparlo con su magma pero Sabo reaccionaba más rápido que él. Se agachaba y esquivaba todo ataque, además de eso podía acertarle más de lo que se lo había permitido antes.

Molesto por el cambio de ventajas, el almirante de la flota intentó dispersarse pero eso lo hizo peor. Sabo le pisó un brazo hecho magma. Le impidió escapar por lo que cuando el hombre estuvo a su merced le dio de patadas y puñetazos. El cuerpo del Almirante cayó a la arena.

—¡Mocoso! – creó una ola de magma y se la lanzó. Por un momento ideó un plan para atrapar a Sabo en pleno escape, pero a comparación de las veces anteriores el joven arremetió directamente contra él. Alcanzó el cuerpo de Akainu y le acertó un golpe certero en el estómago. El oficial de elite escupió mucha sangre, le había roto con facilidad unas cuantas costillas.

Escuchó el ronroneo del león y se dio cuenta que aparecía enfrente de él en su forma bestial. El felino saltó contra su cuerpo y se apresuró a capturarlo en una masa de lava. Lo logró, el cuerpo de Sabo quedó atrapado en el fuego y piedra líquida. Comenzó a reír porque sabía que aunque lo intentara el usuario Zoan se quedaría ahí y moriría.

Pero no fue así. Sabo emergió en su forma híbrida, estaba más quemado de lo normal, pero avanzar por el mar de lava sin detenerse, sus ojos estaban en blanco, Akainu supo que lo único que lo guiaba era el instinto y la sed de sangre.

—¡Aléjate de mí! – se preparó para acertarle un puñetazo definitivo. Ya estaba muy cerca. Lanzó el golpe pero antes de poder ajustar la dirección… sus ojos se abrieron estrepitosamente al sentir el indiscutible dolor de ser apuñalado. Sabo le había encajado la zarpa en el estómago y lo había perforado completamente. Akainu en cambio, sólo alcanzó a quemarle la oreja. Todo se quedó en silencio, todos estaban muy impresionados por lo ocurrido. El almirante miró su abdomen y lo comprobó, la herida era tan profunda que había llegado a sus órganos internos y quizá un poco más allá.

—Tú… - balbuceó sin aliento. Pero más que una expresión humana la cara de Sabo mostraba ira animal. —Esto es…

—Justicia. – dijo entonces el muchacho y sonrió. La lava del Logia comenzó a desvanecerse. Sabo sacó su mano y después le propinó un cabezazo que dejó al almirante totalmente inconsciente y en el suelo.

Dio dos pasos lejos del cuerpo del marine e intentó respirar, sus heridas se abrieron y que decir de sus quemaduras. Pero no le importó, juntó aire y dejó escapar un rugido de victoria. Le había ganado, definitivamente lo había hecho. Derrotó al Almirante de la Flota, al marine más poderoso.

—¡Ace! – gritó presa de la euforia. —¡Esta hecho! Yo… ¡He protegido a nuestro hermano menor, tal como lo prometí! – y a la par de su grito los piratas y mercenarios que estaban ahí gritaron totalmente conmocionados y llenos de felicidad. Al caer Akainu, los marines no sabrían qué hacer.

Y Sabo cayó de rodillas, aferrándose a su herida.

—¡Sabo-san! – Jinbe se acercó totalmente incrédulo. Lo sostuvo para que no se desmayara. —Lo… Lo hiciste. – no podía creerlo, era una visión demasiado lejana a lo que él pensaba.

—Jinbe-san. – musitó y poco a poco se dejó caer.

—Sabo-san, necesitamos atenderte… - el gyojin miró a su alrededor, los marinos se acercaban y los apuntaban con sus rifles. —Maldición.

—Jinbe-san… - volvió a llamarlo. —Luffy, él… - se atragantó unos segundos. —Promete que protegerás a mi hermano.

—¡No digas eso! – regañó, sabía por qué le decía aquello, era la misma sensación de aquel entonces, cuando Ace se había resignado a morir en aquella celda de Impel Down. —¡Te recuperarás! – gruñó al darse cuenta que los marines ya los tenían situados.

—¡Hijo del mar, Jinbe y Sabo, León Negro, están bajo arresto definitivo! – gritó un sargento. —¡No opongan resistencia o serán fusilados en el acto!

—Malditos marines. – masculló Jinbe.

—Es tarde para mí. – musitó Sabo. —Me voy… a desangrar antes de que un médico pueda verme. – respiró forzadamente. El tritón no pudo evitar sentir un escozor en sus ojos.

—¡No! – intentó despertarlo para que no cerrara los ojos. —¡Te pondrás bien y verás a Luffy-kun! ¿No es lo que quieres? ¿Acaso no peleaste contra Akainu para protegerlo?

—Luffy. – balbuceó con un poco de dolor. —Estoy tan contento… - y comenzó a llorar entonces. —De haber defendido su sueño. – reprimió los mocos y las lágrimas. Jinbe no pudo evitar llorar junto a él.

—Sabo-san… - apretó los ojos, no quería que muriera, no después de luchar tan arduamente.

—Le diré a Ace. – dijo entonces. —Se pondrá muy contento.

—¡Sabo-san!

—¡Muchachos, arresten a esos hombres! – ordenó el marine al mando y los soldados comenzaron a acercárseles.

—¡Aléjense, malditos! – gruñó Jinbe y los hombres retrocedieron un poco.

—¡¿Qué creen que hacen?! ¡Arréstenlos!- ordenó molesto el sargento, aunque tenía que admitir que él también tenía miedo.

—No. – escuchó entonces una voz seria y rasposa detrás de él. Se topó entonces con un hombre encapuchado. Cuando distinguió su rostro tembló de pies a cabeza.

—Dragón, el revolucionario. – masculló asustado.

—A un lado. – una poderosa corriente de aire se llevó a los marines y protegió a Sabo y Jinbe. En el acto, la playa se llenó de revolucionarios y comandantes de la armada. El gyojin tragó saliva, no esperaba esto.

Dragón se acercó lentamente hasta Sabo y lo miró con cuidado, luego a Akainu, el cual parecía totalmente acabado. Miró a Jinbe y se agachó hasta el cuerpo de Sabo, sin dejar de verlo.

—Usted es… el padre de Luffy-kun, ¿verdad?

—Así es. – le extendió una mano. —Soy Monkey D. Dragón, es un placer. – le respondió al saludo. —Le agradezco mucho el que haya protegido a mi hijo en Marineford, Jinbe-san. Además de proteger a mi comandante. – miró al muchacho que todavía no perdía la conciencia del todo.

—Dragón-san. – musitó a punto de entrar en síncope.

—Sabo. Lo has hecho muy bien. – lo felicitó entonces. —Gracias. – el muchacho sonrió un poco.

—Era una promesa, señor. – Dragón asintió y le sonrió de manera paternal.

—Sí. – sonrió el revolucionario. Sabo también sonrió, pero entonces… todo lo que lo conectaba a la realidad se desvaneció.

—Dragon-sama. – uno de los médicos de la armada se acercó. —Sabo está…

—Cuiden de él. – dijo el líder. —Jinbe-san, creo que usted también necesita atención médica.

—Gracias. – dijo apenado.

—Es un placer ayudar a los amigos de mi hijo. –dirigió su mirada hasta el terreno de batalla. —La batalla final ha comenzado. – dicho esto, entrecerró los ojos.

Podía verse a lo lejos una enorme nube oscura. Luffy y Kurohige se habían encontrado en medio del caos.

Continuará…

¿Y bien? ¿Que les pareció? Espero de todo corazón que les haya gustado. Me gusta escribir peleas, pero para ellos se tiene que tener mucha paciencia y ganas xD sin mencionar que escuchar música ayuda. Gracias por leer.

Próximo capitulo será: In The End: Leltad, Orgullo y Honor.

¿Merece un comentario?

Yume no Kaze.