Juegos de Riesgo

Segunda Parte

Marcas sin Títulos

Arnold se secó el cabello, dejando que la toalla lo desordenara. Un alargado bostezo escapó de sus labios mientras limpiaba el espejo. Su reflejo le devolvió la mirada, ligeramente agotado pero con una pequeña sonrisa de complacencia ¿Cuántos años habían pasado? No reconocía al adolescente que una vez fue, ligeramente incómodo con su cuerpo en crecimiento y el rostro increíblemente inocente ¿O aun lo era? Arnold enmarcó una ceja, peinándose con los dedos para que el cabello cayera hacia atrás. Ya tenía veintitrés años, había crecido y gracias al club de básquet en la universidad su cuerpo se había fortalecido. Nunca había sido excesivamente musculoso, pero era atlético, su espalda se había ensanchado y sus brazos se definían cuando los tensaba ligeramente en alguna tarea mundana. Tanto tiempo en exteriores le había dado un ligero bronceado, en especial en el rostro y cuello, que eran las partes más expuestas.

- Oh, genial… -otra vez tendría que usar bufanda a pesar de estar en primavera.

Pero la enorme marca sobre su cuello no iba a desaparecer y hacía juego con las otras que tenía por todo el camino de sus abdominales y sabía que debía tener otras donde la toalla le cubría. Ya iba siendo hora de que hablara seriamente con Will sobre sus fijaciones orales o tendría que castigarlo seriamente. Esa tarde tenía entrenamiento y no quería recurrir a Lila para que lo maquillara otra vez con esos productos caros a prueba de agua, para que el equipo no lo molestaran.

Más de lo que ya hacían…

Aun así estaba sonriendo. Lo notaba, el reflejo en el espejo parecía divertirse de él, burlándose ligeramente, diciéndole en silencio que ambos sabían que esos pensamientos ya habían pasado por su cabeza más de una vez y nada había cambiado. No importaba la cantidad de castigos que implantase ni las veces que discutiera al respecto. A la hora de la verdad, el territorial pelirrojo dejaría sus marcas otra vez. Arnold rodó los ojos y salió del baño. El pequeño departamento era perfecto para dos universitarios. Lo bueno es que ninguno de los dos era desordenado y podían llegar visitas constantemente sin tener que correr a ocultar sus cosas.

Bien…

Casi siempre eran ordenados.

Arnold notó como la pequeña mesa del comedor se había vuelto, una vez más, el sueño de cualquier científico loco. Ni siquiera sabía que eran todos esos cables ni máquinas que hacían ruido. Will había iniciado una especialización en robótica y estaba trabajando en un gran proyecto. La última vez que le había explicado, parecía querer crear una Inteligencia Artificial que pudiese controlar pequeños cuerpos, como figuras de colección y las usara como extensiones propias para diferentes tareas. Algo sobre compañía y aprendizaje. Lo único que sabía era que una vez más tendría que desayunar parado porque no había un solo lugar para poner una taza de café. El rubio encendió la cafetera y abrió el refrigerador. Una pequeña sonrisa se formó en sus labios, había una torta de fresas y naranja con un pequeño letrero que decía "Arnold" ahí ¿Esa era la forma en que Will se disculpaba por el pequeño desastre? No iba a quejarse, ayer le había mencionado por mensaje de texto que tenía ganas de algo dulce pero había tenido mucha pereza para ir a comprar algo. Solo recordaba que el pelirrojo no había llegado cuando se había ido a dormir y al parecer simplemente había traído el trabajo a casa. Arnold sacó el pedazo de pastel, dejándolo en el mesón para que se enfriara y fue a su habitación para ponerse un bóxer y terminar de peinarse. Por un momento vio su armario y negó. En lugar de eso se encaminó al otro lado del corredor y abrió la puerta.

Mientras que su cuarto tenía un aire impersonal, lleno de libros, mapas y demás cosas, la habitación de Will estaba llena cada póster imaginable sobre videojuegos y ciencia ficción. El pelirrojo dormía enredado en unas mantas azules con pequeñas TARDIS por todos lados. En un sentido seguía siendo un niño. A los pies de la cama estaba su laptop y los headsets de Star Wars que él le había regalado la navidad pasada.

- Trabajando… -masculló con sarcasmo.

Obviamente alguien se había dado tiempo no solo para trasnocharse trabajando, sino para jugar quien sabe cuántas partidas de videojuegos hasta caer rendido. Arnold cubrió su rostro con frustración. Solo esperaba que no fuese un nuevo videojuego que hiciera que el pelirrojo se olvidara de comer y dormir, balanceando su trabajo con su adicción hasta desplomarlo. No sería la primera vez que había tenido que arrastrarlo a la cama para que durmiera. Así que se dijo que debía estar atento y buscar las señales necesarias para evitar otra crisis de descuido gracias a los videojuegos por parte de Will.

El pelirrojo pareció notar que estaba pensando cosas negativas de él, porque se giró hasta quedar boca arriba y estiró uno de sus brazos hasta tocar la cabecera. Arnold notó el pecho descubierto y pudo ver claramente en la cintura algunos moretones en forma de dedos. Bien… eso debía ser su culpa. Una ligera punzada de pena le estremeció al ver que las marcas también estaban en los hombros pecosos y un par de arañazos a su costado. Pero la punzada desapareció cuando notó un bulto levantándose por debajo de las sábanas y un ligero gemido escapó de Will. El rubio notó que seguía dormido y lo conocía lo suficientemente bien para saber que era otra de sus madrugadoras reacciones que siempre tenía. En más de una ocasión se había encontrado con ese mismo bulto clavándosele en la espalda baja mientras su dueño seguía gratamente dormido.

Una pequeña sonrisa se formó en sus labios y avanzó con cuidado por la alfombra. Muy despacio le retiró la sábana, hasta descubrir el cuerpo completamente desnudo, como sabía que así sería. Will no usaba pijama, parecía desconocer cualquier ropa de cama. Pero para términos prácticos, era increíblemente útil que fuese así. Arnold se subió despacio, separándole ligeramente las piernas pecosas. No iba a negarlo, había algo increíblemente atractivo en la forma en que el pelirrojo tenía pecas sobre el rostro, brazos, en sus hombros y espalda pero de ahí su cuerpo lucía completamente bronceado, natural, hasta que las pecas volvían a aparecer justo entre sus muslos, muy cerca de sus caderas. Solo eran unas pocas, pero siempre que las veía se le antojaba deslizar su lengua por ellas.

En realidad…

Arnold lanzó una rápidamente mirada, para confirmar que seguía dormido y aprovechando el espacio que había creado, deslizó lentamente su lengua por el muslo derecho del pelirrojo, subiendo peligrosamente. Lo miró con curiosidad pero Will solo respiró hondo y sus labios se separaron.

Bien, seguía dormido.

Una de sus manos acarició la otra pierna, haciendo pequeños círculos con sus dedos, subiendo hasta aferrarlo por el costado de su cadera. Otra mirada le confirmó que ahora respiraba por la boca, pero seguía dormido. Eso era lo bueno de que tuviese un sueño tan profundo. La sonrisa en su boca se incrementó y se entretuvo en pequeñas lamidas, siguiendo cada peca, recorriendo el camino que estas hacían. Muy despacio, hizo círculos, sintiendo como las caderas de Will se levantaban sutilmente. Oh, él sabía lo que estaba ocurriendo ahí, pero ya llegaría a esa parte. Por el momento le dio una pequeña mordida justo donde su pierna se unía a su cadera y el pelirrojo soltó un jadeo fuerte.

Pero seguía dormido.

El rubio hizo el mismo camino en el otro muslo, pequeñas lamidas, reconociendo cada peca, aun hasta las más recientes y dejó otra mordida húmeda que solo hizo que Will jadeara y buscara alzar sus caderas, pero no lo dejó. No aun. Sus ojos se centraron en las caderas del pelirrojo, en el miembro endurecido que reaccionaba tan bien para él. Desde que Will había entrado al equipo de natación de la universidad, había tenido que depilarse no toda la piel visible, sino la que se ocultaba en el ajustado bañador. El vello rojizo oscuro que una vez había dominado ese pecaminoso sector había desaparecido. Y aun ahora que ya no seguía en el equipo por su trabajo y especialización, Will había mantenido la costumbre de rasurarse por completo, diciendo que se sentía mucho más limpio de esa manera. A Arnold no le importaba la razón, la verdad es que tenía cierto encanto el miembro levantado, la piel increíblemente suave de sus caderas y la forma en que este parecía moverse, buscándolo, sin nada que lo ocultara. Una vez más confirmó que el chico seguía dormido y mantuvo sus ojos sobre el rostro pecoso cuando cerró una de sus manos en la besa del miembro.

- Ah… -las caderas se alzaron y cayeron ligeramente, la acción hizo que su mano subiera y bajara naturalmente sobre el duro pene- Ah… -Will se removió, ligeramente y una de sus manos se cerró sobre las sábanas.

Arnold contuvo las ganas de reír y subió su mano, deslizando el pulgar en la punta, sintiendo como esta se humedecía. No se contuvo y olvidándose de sutilezas, sustituyó su mano con su boca, alojando la cabeza del miembro en su interior y bajando sin clemencia hasta que lo sintió golpear su garganta.

- ¡Arnold! –el pelirrojo jadeó, con fuerza.

Y cuando levantó sus ojos esmeraldas notó que Will lo observaba con sorpresa, muy despierto y gemía otra vez cuando levantó su cabeza hasta sacarlo de su interior. Pero volvió a tocarlo con su mano, dejando que su saliva sirviera para facilitar la manera en que subía y bajaba con su agarre.

- La mesa del comedor está llena de cables y cosas extrañas. –le regañó y lamió la punta, en pequeños círculos, sintiendo el sabor fuerte que emanaba, haciéndole estremecer en lo más profundo, sabiendo que se estaba excitando con solo sentirlo en su boca.

- Te… oh Dios… -Will cerró sus manos con más fuerza en las sábanas y levantó sus caderas, entrando en la boca del rubio, alojándose ahí, dejando que el placer lo llenara hasta dejarlo sin aire- Te dejé un pastel para disculparme… -jadeó, bajando las caderas, buscando volver a levantarlas.

- Ya… -Arnold se separó y volvió solo a masturbarlo a pesar de las quejas del pelirrojo- Y otra vez me marcaste. –le regañó, exponiendo su cuello, dejando que lo viera.

- Por eso no me voy a disculpar… -Will negó y quiso sentarse pero el chico volvió a atacarlo con su boca, obligándolo a recostarse- ¿Y este… es mi castigo…? –consultó, gimiendo alto.

Arnold sonrió desde su posición y asintió, bajando su boca, rodeando la tersa piel con su lengua, dejando que la punta golpeara hasta su garganta. Will se retorció, levantando su cadera, bajándola. Arnold le dejó hacerlo, sintiendo como el duro pene se tensaba contra sus labios apretados y luchaba por salir para volver con más fuerza. Ya conocía ese ritmo desesperado, esa necesidad por clavarse hasta el fondo sin pensar realmente. Arnold deslizó sus dedos por la cadera del pelirrojo, fue bajando hasta tocar sus piernas que separó más y tomó la base del miembro, húmeda, para deslizar ahí sus dedos, masajeando la base a otro ritmo que su boca, uno mucho más lento, pero apretado.

- Arnold… -sintió la mano pecosa contra su mejilla- Oh… Dios…

El chico levantó la mirada, notando la desesperación palpitante en la mirada plateada, lo observó fijamente y retiró sus dedos de la base, bajando entre sus nalgas y antes de que se diera cuenta dio unos ligeros golpes contra su entrada fruncida. Will se arqueó con anticipación y lo sintió más duro contra su boca, más insistente en sus movimientos de cadera. Así que lo sostuvo por la cadera con su mano libre, para que se quedara quieto.

- No… -se quejó, frustrado.

E introdujo lentamente el primero dedo en su ano, despacio. Arnold gimió al sentir el calor, la forma en que lo apretó con fuerza pero le dejaba entrar fácilmente. No esperó y metió el segundo dedo, despacio hasta tenerlos clavados hasta los nudillos.

- Si… -Will lo tomó del cabello, no demasiado fuerte y le hizo bajar otra vez la boca hasta sentir sus labios en la base- Oh Dios…

Arnold comenzó a moverse, succionando justo antes de volver a bajar y sus dedos se curvaron, encontrando su punto más sensible y cuando los gemidos del pelirrojo se volvieron intensos jadeos y súplicas, él incrementó su velocidad. La cama se sacudió bajo ellos, Will parecía estar a punto de romperse y él lo sabía, su interior le apretaba los dedos hasta casi dejarle sin circulación y sus ondeantes caderas no dejaban de moverse, buscando darse placer en todo sentido. Arnold bajó la boca, hasta la base y comenzó a tragar, dejando que la punta del miembro del pelirrojo sintiera los músculos contraerse, succionarlo.

- Joder…

Y dobló sus dedos en su interior húmedo, lo hizo sin clemencia, moviéndolos contra el hinchado interior que se tensó, con fuerza. Will gritó con fuerza y se corrió en su boca. Lo tragó, sintiendo el espeso sabor inundarlo pero no le dio clemencia con sus dedos. Lo conocía, y mientras el pelirrojo comenzó a gruñir, metió un tercer dedo, fácilmente y sin piedad movió sus dedos, estirando su entrada, sintiéndolo completamente húmedo, le gustaba alargarle el orgasmo, notar como se desesperaba ante tanto goce. Will levantó sus caderas, hasta arriba y luego las dejó caer, casi vibrando, terminando su largo orgasmo con pequeños quejidos de placer. Arnold sacó el miembro de su boca, ligeramente duro aun y lamió el espeso líquido blanquecino que adornaba la punta hasta dejarla limpia. Sus dedos salieron fácilmente del interior del pelirrojo y observó al chico.

Will estaba cubierto de sudor, parecía completamente abandonado de todo, con sus ojos cerrados y su pecho agitado. Esa era una de sus imágenes favoritas. Desde aquella ocasión en que habían dejado que su amistad se profundizara en un torrente de bocas, manos e intimidad, no se habían detenido. Años después y seguían sin hacerlo. Arnold no sabía qué eran exactamente y era extraño pensarlo. Ambos eran amigos, se habían enamorado de las chicas equivocadas, se habían vuelto mejores amigos de ambas y de repente habían iniciado una amistad profunda que en un parpadeo se había vuelto en mucho más. Cuando Will se fue a la universidad, este lo invitó a pasar algunos fines de semana juntos, en ese mismo departamento y cuando fue hora de escoger una carrera había decidido ir a la misma universidad que el pelirrojo. Él le había propuesto compartir el departamento. Y seguían siendo amigos, hacían las cosas que siempre habían hecho pero sabían, en silencio, que era algo más que sexo y amistad. Lo que fuese que tuviesen era exclusivo y a veces tenían ataques de celos, pequeñas peleas y grandes reconciliaciones. En realidad, las marcas en su cuello eran una de tantas muestras de propiedad que Will demostraba. Por su lado, Arnold sabía que ese imperioso deseo de dejarlo agotado, de mostrarle que solo él podía llevarlo a grandes placeres, era su forma de marcarlo. Pero no había títulos entre los dos.

El pelirrojo abrió los ojos, con pereza al inicio, hasta que se fijó en el bulto que Arnold tenía bajo su bóxer.

- Voy a poner una regla. –gruñó, enderezándose y tumbando al rubio contra la cama, quedando sobre él- Cero ropa cuando entres aquí. Cero. –le jaló el bóxer, con fuerza, quitándoselo y acarició con la punta de sus dedos el duro miembro del chico- Te he dejado algo abandonado. Disculpa. –buscó su mirada, mientras acariciaba la base de sus testículos y los acunaba con la palma de su mano.

- Algo me dice que tú eras el abandonado. Casi me rompes los dedos. –bromeó Arnold, conteniendo un largo suspiro, mientras levantaba las caderas cuando sintió una oleada de placer.

Will había frotado su miembro contra el suyo, tomándolo por sorpresa. El pelirrojo apoyó una de sus manos al costado de su rostro y se puso sobre él, con su otra mano mantuvo el contacto íntimo, frotándose entre sí. Arnold cerró los ojos y arqueó la espalda, sintiendo cada centímetro de su miembro siendo estimulado, humedeciéndose por la saliva que había dejado en Will. Un jadeo escapó de sus labios y antes de darse cuenta atrajo al pelirrojo hacia él, besándolo profundamente. Will soltó un alargado gemido, dejándolo entrar, recorriéndolo avariciosamente. Los movimientos entre ambos se hicieron más insistentes, más continuos y el placer se incrementó, había algo demasiado excitante en sentir el pene de Will frotarse contra el suyo, regalándole placer a sabiendas que el pelirrojo también estaba obteniendo un goce en cada caricia mutua. El beso continuó el mismo camino, desesperado, intenso, casi rasposo cuando uno quería separarse y el otro se lo negaba. Arnold le clavó los dedos en la espalda, lo mantuvo inmóvil para él y así pudo degustarlo hasta sentirse agotado. Will aprovechó ese respiro para inclinar su cuerpo y comenzar esas malditas mordidas que lo hacían estremecer. Muy pequeñas, muy lentas. Justo sobre su cuello, en su pecho y cerrándose en una de sus tetillas hasta hacerlo jadear. El pelirrojo succionó y el movimiento de su miembro se incrementó, la sensación mutua, frotándose entre ambos, mientras la mano pecosa mantenía ambos penes juntos, apretados, hizo que Arnold deslizara sus dedos por toda la espalda de Will hasta cerrarlos en el trasero del chico, apretándolo a él.

- Separa más las piernas. –pidió el pelirrojo, mientras buscaba un condón en el cajón de su mesa y sacaba un frasco alargado.

- ¿No me pongo boca abajo? –consultó Arnold, a sabiendas que a su compañero le gustaba darle un par de nalgadas que debía admitir solo lo volvían más adicto a sus manos.

- Tentador. –admitió, poniéndose lubricante sobre los dedos- Pero necesito besarte. No te he visto en días. –se posicionó entre sus piernas y dirigió una de sus manos hacia abajo, acariciando la entrada del rubio- Necesito verte.

Arnold cerró los ojos y asintió, separando del todo sus piernas. Los dedos de Will acariciaron su ano despacio. El lubricante estaba ligeramente frío y lo estremeció pero rápidamente se calentó, justo cuando sintió como lo invadía, despacio, muy despacio, usando solo la punta de su dedo para abrirlo, haciéndolo sentir casi vacío.

- Más… -cerró sus dedos sobre los hombros del pelirrojo, mirándolo- No juegues…

- Si me ruegas… -el pelirrojo sonrió- ¿Cómo negarme?

Y metió el dedo del todo. Arnold se relajó, abrazando la sensación conocida, sintiendo como el aire le faltaba pero se recordó respirar, relajarse hasta que una punzada placentera se instaló dentro de su cuerpo cuando lo sintió del todo, ensanchando su entrada. Will no esperó y metió el segundo, fluyendo rápidamente y comenzó a moverlos. Cuando había sido adolescente nunca creyó que fuese posible tanto placer. Pero una tarde cualquiera, en el departamento de Will, había descubierto que había algo en su interior, un punto a fuego vivo que a cada caricia lo hacía perder el aliento. Desde entonces, su cuerpo se había hecho adicto a eso. No, no exactamente. Will besó su cuello y mordió su hombro cuando metió un tercer dedo y lo sintió estremecerse. Arnold era adicto a él, a sus dedos, a la manera en que parecía contenerse y al mismo tiempo daba todo.

- Esto es el cielo… -susurró el pelirrojo, atrapando otra vez con su mano libre el miembro del chico y el suyo, estimulándolos al mismo tiempo- Oh… esto lo es…

Arnold asintió, sintiendo el cuerpo inquieto. Él mismo impulsó sus caderas hacia los dedos del pelirrojo, se guio en la búsqueda de placer. Pero sabía que necesitaba más, mucho más. No lo había tenido en días y en ese momento necesitaba escucharlo decir su nombre.

- Mételo… -abrió los ojos- Mételo o te tumbaré y entraré yo en ti. –gimió, cuando sintió los dedos tensarse en su interior- Y no te dejaré pagarme de regreso… seguiré… y seguiré… hasta no poder más.

- Deja de tentarme. Todos estos días solo he pensado en ti, en todo lo que podríamos estar haciendo.–lo tomó del rostro y suavemente sacó sus dedos- Tal vez más tarde te deje cumplir tu amenaza. No recuerdo cuando fue la última vez que te pusiste de esa manera pero fue la primera vez que disfruté no poder mover ni un solo músculo por horas. –Will se inclinó y lo besó, mientras separaba sus caderas y apoyaba su miembro en la entrada masculina- Pero ahora necesitamos esto.

Exacto. Necesitaban. Arnold se sentía en el precipicio, a punto del orgasmo pero era mil veces mejor si lo alcanzaba con él. Will entró lentamente, usando sus manos para separarle las nalgas y abrir más su entrada. El rubio soltó un gemido entrecortado, mientras su cuerpo hervía. Esa sensación era indescriptible, sentir cada milímetro y no saber cuándo terminará. Sí, eso era el paraíso. Todo el cuerpo estirado, a punto de romperse y abriéndose aún más. Mucho más. Arnold gimió otra vez y sus dedos se cerraron con más fuerza en los brazos del pelirrojo hasta que este entró del todo.

- En verdad necesitaba esto… -Will lo tomó por la cintura, atrayéndolo hasta besar la comisura de su labio- Estas tan apretado… -gruñó, moviéndose, saliendo lentamente y golpeándolo con fuerza- ¿Te due…?

Pero Arnold comenzó a mover su cuerpo, insistente. No le dio tiempo a mucho, al paso del orgasmo al que estaba, sus propias caderas comenzaron a marcar ritmo, a meterlo hasta el fondo y frotarse contra la base de su miembro hasta que fue el pelirrojo quien jadeó y comenzó a gruñir, con su cuerpo temblando.

- Arnold…

El rubio lo tumbó, quedando sobre su cuerpo. Un gemido alargado escapó de su boca cuando sintió que entraba del todo, mucho más profundo. Will lo observó perdido en un mar de goce y le sonrió, comenzando a levantar sus caderas y dejándose caer rápidamente. El pelirrojo lo tomó de las caderas con una mano y la otra la cerró entorno a su miembro duro. Arnold gimió, asintiendo. Sí, eso necesitaba. Will ni siquiera tuvo que mover su mano, a cada embestida, el rubio se elevaba y caía rápidamente, sintiendo el doble placer atravesarlo. Todo su interior era un mar de lava y su miembro se volvía cada vez más duro bajo el agarre firme. Cada vez más fuerte, cada vez más intenso, el placer parecía querer nublarlo. Arnold se inclinó y lo besó profundamente, dejando que sus caderas se movieran en pequeños saltos, haciendo que ambos jadearan. Will se tensó con fuerza y lo masturbó más rápido, con desesperación casi dolorosa. El rubio sintió todo su cuerpo agudizarse y en su interior pudo constatar que se ensanchaba más acorde el miembro de Will se endurecía, casi podía jurar que podía sentirlo por completo, cada detalle que lo hacía hervir y golpeaba su punto más sensible. Sus labios perdieron suavidad y se movieron voraces, casi lastimando al pelirrojo pero ninguno de los dos lo notó realmente. Solo continuaron y Arnold se separó para arquearse, del todo, sintiendo el placer sacudirlo, doblemente fuerte. Todo su cuerpo se estremeció y un relámpago estalló en su interior hasta dejarlo sin voz a la par que su miembro eyaculaba, con fuerza, tanto sobre su vientre como el de Will. Este se movió más, por su propia cuenta, dejándolo en un vilo de goce hasta que el pelirrojo alcanzó el orgasmo también y se detuvo de golpe. El rubio cayó sobre su pecho, sintiéndose relajado, completamente sudoroso pero lleno de una sensación cálida.

- Tengo clases en una hora. –se quejó, al ver el reloj en forma del Enterprise de Star Trek sobre la mesita.

- Oh no… -Will negó, girándose, sin salir de él- Juega al enfermo y no vayas. –lo estrechó, mientras hundía su boca en el cuello del chico.

- Solo son dos horas y vuelvo. –soltó un suave suspiro al sentir la avariciosa lengua del pelirrojo seguir el camino de su clavícula- Y tal vez debas dormir, no has dormido en días.

- No te importó eso cuando me despertaste. –apretó más las caderas, haciéndole ver que estaba dispuesto a seguir.

- El condón… -Arnold se rio cuando lo escuchó maldecir pero su voz se cortó cuando este salió de su interior- Ah… Avisa… Siempre te digo que avises…

- Por aguafiestas. –el pelirrojo lanzó el condón a la basura y lo regresó a ver, con una peligrosa sonrisa- Juega al enfermo.

- Tengo que entregar un trabajo. –le advirtió, creando cierta distancia frente a la tentación roja- No puedo no entregarlo.

- Tú provocaste esto. –señaló su erección- Esto es completamente tu responsabilidad.

- Ya la tenías cuando entré. –se defendió, riéndose cuando notó que gateaba hacia él y tuvo que esquivarlo.

- Pero estaba soñando contigo. –lo atrapó- Un buen 69 y un juguete metido en ti. En mi sueño ronroneabas de placer. –se puso sobre su cuerpo- Así que sigue siendo tu culpa.

- Tu mente pervertida es tu problema. –pero su voz sonó como un jadeo, tentado por la idea- Pero el trabajo…

- Uno rápido, en la ducha y cuando vuelvas te pagaré con creses, te haré correrte en mi boca como te gusta, antes de volver a mi trabajo. –ofreció el pelirrojo, sonriendo de lado.

Arnold enmarcó una ceja.

Oh…

Las manos del chico fueron hacia la espalda de Will y fue bajándolas hasta cerrarlas en su trasero, separándoselo.

- Mejor me correré aquí… -susurró, notando como el pelirrojo se estremecía bajo su agarre, mirándolo anhelante.

Arnold lo entendía, él sufría de lo mismo. Cuando lo veía alcanzar un orgasmo tan fuerte, siendo llenado por él, también deseaba el mismo trato, el mismo placer. Y tenía que admitir que su reciente cabalgata la había hecho desesperadamente, sumergiéndose en todo ese placer que por días no había tenido. Todo ese espectáculo de goce, todo frente a Will, hacía inevitable que el pelirrojo también quisiera ese anhelante orgasmo interno, mucho más intenso y fuerte que correrse. Mejor aún, pensó Arnold, le daría un orgasmo múltiple, no desatendería nada y se correría con gusto en el interior apretado del pelirrojo como premio por darle placer. Realmente había añorado su apretada entrada, su cálido interior apretando su miembro, la suavidad de su trasero cuando lo embestía; y le alegraba que fuese algo mutuo ese deseo. Will se había puesto tan duro en su interior, lo había tratado con tanta morbosa entrega, que le debía, y con gusto, algo similar o mejor.

Así que… para ser justos, Will tenía razón, había que aprovechar. Ya le diría a Phoebe que le diera un permiso médico.

Por lo que se estiró para besarlo, mientras encontraba el lubricante y lo abría. El pelirrojo seguía sobre él, casi apuñalándolo con su erección dura, pero no había nada más placentero que sentir sus caderas inquietas mientras mojaba sus dedos para entrar en él. Lo iba a disfrutar y sabía que más marcas llegarían, no solo en su propio cuerpo, porque estaba ansioso por hacérselas también.

No importaban los títulos, pensó, profundizando el beso, sintiéndolo gemir contra su boca al punto que él se unió de solo oírlo. Las marcas eran el lenguaje de ambos y planeaba dejarle más.

¡Saludos Manada! Y aquí la continuación de "Juegos de Riesgo", el "What if?". Así que espero que lo disfrutaran, porque fue una popular demanda. Y…. fue mi primer yaoi (chico con chico) así que deben tener clemencia conmigo. Y si, aquí los dos se turnan, no existen roles de dar y recibir ¡Placer por partes iguales! Y para ser justos, eso es bueno, porque no sería bueno que solo Arnold sintiera tanto gusto ¿No?

Atención: Voy a tardar de una a dos semanas en publicar el siguiente capítulo porque estoy viajando a Argentina, voy a realizar una maestría allá (así que me voy a vivir allá por, mínimo, dos años). Me voy la siguiente semana, pero debo encontrar vivienda e instalarme, lo que me tomará mi tiempo para conseguir Internet y poder publicar. Muchas gracias por su comprensión.

Reglas de la Manada: Un lobo nunca se dedica solo a tomar de parte de sus amigos, aliados y miembros de la manada lo que pueda necesitar. Un lobo es recíproco. Y aun en las peores circunstancias personales siempre estará ahí para apoyar a los suyos. Un lobo no traiciona la confianza de su manada. Un lobo es leal.

¡Nos leemos!

Nocturna4