Nada más que decir que lamento mucho la tardanza u.u pero aquí esta el segundo capítulo de Inexplicable =) gracias a los reviewers y espero seguir recibiendo sus comentarios.

Inexplicable

Cap 2: Entre amigos.

Tomoyo estaba impaciente en el pórtico de su casa, su pie subiendo y bajando rítmicamente a una música que solo ella podía escuchar en su cabeza. Se sentía muy estúpida esperando algo que tal vez no llegaría pero que ella quería creer que en algún momento estaría ahí. Cerró los ojos y apretó sus manos contra el corazón tratando de recuperar la calma con un hondo suspiro.

"Él sabe que lo espero."

Hagamos una recapitulación de los hechos.

Después de la tan larga jornada de clases en la que había recibido la carta enfadosamente misteriosa de su amigo por correspondencia por fin se encontraba camino a su casa. Toda la bendita mañana había estado sola con sus pensamientos y durante el almuerzo Sakura y Syaoran no mejoraron su humor con sus tiernas miradas y abrazos de película cliché para niñas soñadoras con un enamorado.

"Es mejor mantenerse enfocada" Se dijo a sí misma mientras abría su almuerzo "La vida ha de ser complicada con un enamorado…"

Que irónica situación. Ella no estaba enamorada de NADIE y de cualquier forma siempre su corazón estaba inquieto.

Llegó a la entrada de su casa y un aroma suave e increíblemente delicioso llenó sus sentidos, no pudo evitar sonreír, definitivamente estar en su hogar le ayudaría a sentirse mejor. Cerró su mirada amatista para poder sentir más el calor de hogar en su cuerpo…

"¡Daidouji-chan!" Tomoyo abrió los ojos lentamente, esa voz aguda no era ninguna sorpresa para ella "¡Qué bueno que llegaste a casa!"

"Arigatou Suzuran-chan" le contestó con una cálida sonrisa que jugaba perfectamente con su melodiosa voz "Noto que hoy estás más feliz de lo normal"

La pequeña y alegra chica rio muy fuerte mientras sus mejillas se sonrojaban poniéndose del color de su cabello que la hacía ver todavía más blanca, Suzuran era la hija de una de las mucamas de la casa Daidouji, la chica al ver que su madre se esforzaba tanto para que a ella no le faltara nada, decidió tomar un puesto junto a ella para aminorar su carga. Era joven, a lo mucho uno o dos años mayor que Tomoyo, pero aún así era más pequeña que la nívea en estatura y en apariencia mucho más inmadura.

La chica se puso las manos en la cintura y ladeo la cadera, su cara tomando un tinte de picardía "Es sólo que descubrí que Daidouji-chan tiene un…pretendiente."

La amatista abrió mucho los ojos y parpadeó un par de veces ¿Un…qué? Suzuran al ver su expresión de sorpresa soltó una risita y le señaló el comedor "Velo tú misma."

Más apresurada y ansiosa de lo que pretendía, Tomoyo camino hacia el comedor preguntándose a que se debían los comentarios de la joven pelirroja, con cada paso que daba, el aroma dulce se intensificaba sin perder su tinte terso, algo que intrigaba de sobremanera a nuestra protagonista. Cruzó sin preámbulos el vestíbulo principal doblando a la derecha para entrar al comedor, lo que vio la dejo perpleja.

Rosas azules. Algo contrastante, inusual, único e increíblemente llamativo entre las rosas. Escuchó algunos murmullos de Suzuran diciendo lo raro que le parecía que no las enviaran por docenas causando que Tomoyo las contara. Había tan solo 8 de ellas, pero cada una de ellas eran botones magníficos que crecerían para convertiré en preciosas joyas azules.

Se acercó con algo de recelo al bouquet, notando una nota blanca con su nombre. La tomo con las yemas de sus finos dedos y la abrió con cuidado.

No sé cómo empezar, pero espero que lo encuentres agradable de principio a fin.

Con todo mi cariño

Eriol.

Una sonrisita jugueteaba en los labios de Tomoyo por su regalo, pero un brillo de confusión no dejaba su mirada amatista pues la nota no parecía tener ningún sentido.

"Daidouji-chan enamorada…¿Quién lo diría?"

La mencionada salió de su ensueño al escuchar la frase y rápidamente se giro a Suzuran con una mirada asesina, la muchacha sintió un escalofrío, pero en menos de un segundo la mirada desapareció y se torno en otra de las tiernas sonrisas de Tomoyo ¿Qué fue eso?

"No seas tonta Suzuran-chan" dijo entrecerrando los ojos y riendo alegremente "Es solo la emoción de tener noticias de un viejo conocido"

En menos de lo que pudo notar, la morocha había desaparecido con sus rosas y su bizarro comportamiento.

"¿Por qué azules?"

Era la pregunta que realmente rondaba la cabeza de la ojiazul mientras mordía el borrador de su lapicero, ignorando completamente las cuestiones algebraicas continuando la contemplación de sus hermosas rosas azules.

Frunció el entrecejo y apartó las cosas correspondientes a la tarea y caminó de nuevo hacia el ramo y la misteriosa nota, dándole vueltas por todas partes para ver si no había algún código o lago que estuviera pasando por alto.

"Ese Hiraguizawa" pensó entre divertida y molesta "Él no es del que hace las cosas sin razón o sin tener un plan… ¿Qué es todo esto?"

Mil teorías cruzaron su cabeza durante ese día, desde que el azul era el color de los ojos de ambos, hasta que era el color favorito de él, pero ninguna la había convencido del todo. Miró de reojo su ordenador y una idea surgió en su cabeza.

Se lanzó desesperada por respuestas a la computadora y abrió su dispositivo mensajero. Eriol no se encontraba conectado a la internet. Hizo un puchero, ese hombre era detestable.

"¡Ya sé!"

La muchacha temblorosa y apresurada abrió una página en blanco y tecleo una dirección para después introducir "Significado de las rosas azules".

Oprimió el botón de búsqueda y después de unos segundos apareció una lista.

Buscó en una y otra página leyendo y leyendo significados que le hacían dar vuelcos al corazón mientras una sonrisa emocionada y adrenalina corría por todo su organismo.

En resumen: confianza, armonía y afecto… ¡Eriol la quería!

Un sonido salió de las bocinas de su computadora, desvió la mirada a la esquina inferior derecha infiriendo que era una nueva conversación. Su emoción se fue por un tubo al ver quién era su emisor.

Kaho M.: ¡Hola!

Abrió la ventana y consideró sus opciones por unos minutos… En verdad con la última persona con la que quería hablar era con ella que por alguna razón nada más no era de su agrado. Ahora que todo estaba tan bien porque había recibido…Buen punto. Ahora sí que tenía algo que platicarle a Kaho Mizuki.

Tomoyo D.: Mizuki-sensei, ¿cómo está?

Kaho M.: Muy bien Tomoyo-chan (te he dcho que me puedes hablar de tú.)

Tomoyo D.: Gracias Mizuki-sensei, es solo que me parece un poco incómodo hablar de tú con alguien de su edad.

La amatista se sorprendió por el veneno con el que había escrita esa última frase.

Kaho M.: Bueno, esperemos algún día me tengas la confianza suficiente… ¿Qué tal las cosas por allá?

Este era su momento.

Tomoyo D.: Todo muy bien, de hecho hoy fue un día increíble.

Kaho M.: ¡Me alegra leer eso! ¿Alguna razón en especial?

Tomoyo D.: Oh… pues hoy regresó Li-kun de Hong Kong y se quedará con nosotros a terminar sus estudios, además recibí un hermoso regalo de un amigo.

Esta vez la respuesta no fue tan inmediata, Tomoyo no podía explicar porque la situación le causaba tanto placer.

Kaho M.: Eso es increíble Tomoyo-chan, ¿Sería indiscreción preguntar quien fue?

La muchacha caviló su respuesta, ¿Le causaría problemas a Eriol? ¿Por qué? Eran rosas de amistad, además, Eriol nunca había confirmado que hubiera una relación…

Tomoyo D.: Preferiría mantenerlo como un secreto entre él y yo, sólo puedo decir que no vive en Japón.

Esta vez la respuesta tardó todavía más en llegar alimentando las ansias y el cínico sentimiento de felicidad de Tomoyo.

Kaho M.: ¡Vaya Tomoyo si que eres misteriosa! Pero entiendo perfectamente tu posición.

Tomoyo D.: ¡Gracias! Ya que le tengo confianza, Mizuki-sensei, le diré que fue un lindo ramo de rosas azules.

Kaho M.: ¡Qué lindo!... A mí me encantaría recibir un regalo así… Pero Tomoyo-chan, debo salir, solo quería saludarte y saber cómo estaba todo, espero saber de ustedes pronto y que a mí también me escribas cartas, ¡sayonara!

Se fue pensó Tomoyo aún disfrutando su "maldad" leyó la conversación un par de veces y otra oleada de satisfacción la arrasó al leer el último párrafo "que a mí también me escribas cartas."

"Significa que ella sabe que nosotros nos enviamos cartas."

La morocha se sentía satisfecha, casi como si hubiera marcado su territorio ante esa mujer.

Los días pasaron y la alegría de Tomoyo y las burlas de Suzuran aumentaban, cada día iban llegando nuevas rosas de nuevos colores; El segundo día fueron siete rosas amarillas que significaban amistad, confianza con un posible doble sentido (cosa que le pareció coqueto e interesante a la vez a Tomoyo); El tercer día fueron seis rosas naranjas que para sorpresa de Tomoyo significaban deseo pasional, pero fueron contradichas totalmente por las rosas del cuarto día que fueron cinco color violeta que implicaban autocontrol; Quinto día, cuatro rosas rosadas que implicaban amistad y cariño seguidas del sexto día con tres rosas verdes que significan a la esperanza. Para el séptimo día Tomoyo ya no preguntaba, no esperaba, simplemente corría al comedor a encontrar sus (por alguna razón muy molesta e intrigante) decrecientes rosas de color y significado nuevo, ese día fueron blancas, significado: para siempre.

Todo había sido muy confuso, elegante y hermoso a la vez, pensaba Tomoyo mientras se despedia de sus amigas en la escuela, cabe mencionar que ninguna de ellas conocía las razones que tenía Tomoyo para despedirse y alejarse a tal velocidad, pero nadie la cuestionaba pues la morocha solía ser muy discreta con sus asuntos, ella no pensaba contarle a nadie que corría todos los días por sus flores y que hoy esperaba encontrar una rosa o tal vez mil, pero quería ya verla para buscar su significado y divagar un rato en lo que Eriol quería decirle. Lamentablemente, ese día cuando llegó a su casa, no hubo Suzuran molestando ni su rosa esperando.

Y así llegamos al principio de la historia, con la amatista esperando impaciente al repartidor que seguramente había tenido algún accidente o el día de hoy tenía una sobre carga de trabajo… Y con esa idea pasaron los minutos, agotando la paciencia de Tomoyo que apenas podía aguantar las largas horas que se le venían encima con mil ideas entre confusas, molestas y dolidas.

"Eriol Hiraguizawa… ¿Por qué eres así conmigo…?"

Ella sabía que en realidad no era una obligación que llegara esa rosa, pero dado al patrón era lo más lógico y por tanto le molestaba demasiado que ese hombre petulante (que probablemente sabía que ella estaba esperando) no haya mandado ni siquiera una nota diciendo que las rosas del día anterior serían las últimas.

La amatista mira lánguidamente las treinta y cinco rosas de colores en su habitación, algunas aún eran botones, otras ya eran rosas maduras, pero ninguna de ellas había marchitado, a decir verdad las rosas azules estaban en todo su esplendor.

"Nunca había sido tan cercana a un hombre, pero estoy convencida de que son muy extraños…"

Pero era agradable. Más aún que la compañía de Li que le parecía de alguna forma muy impersonal, todo esto era diferente. Hiraguizawa era un amigo especial.

"¿Eriol…?"

"Dime, Kaho"

"Últimamente te noto distraído"

Eriol levantó la mirada de su libro sobre botánica para encontrarse con los ojos apagados de su interlocutora, trató de indagar en ellos pero ninguna respuesta salió a su encuentro.

"No es nada" le dijo restándole importancia con una sonrisa y regresando su mirada al libro.

"No sabía que te gustaran tanto las rosas"

"Es algo como un hobby temporal" le respondió vagamente, sintiendo que la mujer trataba de insinuarle algo.

"Ya veo" contestó en una voz casi inaudible "Nunca me has regalado una…"

"Están en el jardín, Kaho. Sabes que son casi tan tuyas como lo son mías."

"Casi…"

Eriol de nuevo levantó la mirada del libro, esta vez arqueando una ceja con algo de incertidumbre. Su acompañante lucía afligida y no lo veía directamente a los ojos, en su lugar, su vista estaba perdida en el pequeño jardín de rosas.

"¿Hay algo que quieras decirme?"

Kaho no contestó, simplemente tomó asiento delante de él en la pequeña salita, una mesa de caoba pequeña con una tetera y dos tazas los separaban y de fondo se podía observar el jardín colorido e irónicamente sombrío, como todas las tardes en Inglaterra.

"Sencillamente me intriga que le pongas tanto interés a esas flores" respondió lentamente "Le dedicas tanto tiempo y hasta usas un poco de magia… Todo para cortar las más hermosas y llevarlas a no sé donde…"

El ojiazul no respondió, simplemente cerró su libro y lo puso sobre la mesa, empezó a preparar una taza de té.

"Sabes, a pesar de mi confesión, nunca me diste una respuesta concreta…"

El silencio perduró entre ellos. Kaho se sintió exasperada. Pasaron así unos minutos, la muchacha había empezado a lamentar sus palabras…

"No siento que sea mi momento para empezar una relación amorosa contigo, Kaho" La ex-maestra de la escuela Tomoeda apretó los puños sobre su falda y sus labios se convirtieron en una fina línea recta "Tal vez en algún futuro, pero no ahora"

El inglés dio un sorbo a su té y después clavo su mirada en el rostro de la pelirroja tratando de hacer contacto visual "Eres una mujer increíble, Kaho, siempre te he dicho el alta estima que te tengo, pero por ahora no es amor lo que siento por ti"

Eso definitivamente le duele a una mujer enamorada, y a pesar de su ecuanimidad Kaho Mizuki no fue la excepción. Por fin levantó la mirada clavando sus ojos cristalinos en los comprensivos y avergonzados ojos del inglés.

"Entiendo, Eriol" dijo conteniendo sus sollozos, causando un efecto de suavidad entrecortada a su voz "Pero que te quede claro, que yo voy a luchar por tu amor"

El pelinegro no supo responder.

Ese día, la esbelta maestra vio a su amor cortar dos flores verdes partiendo a un destino incierto para después regresar en la tarde lluviosa para, con una despedida breve e incómoda, partir con una pequeña maleta a un lugar no tan inesperado.

La mujer no lo pensó un segundo más, la decisión había sido tomada. Ella también haría un viaje.

"Demo, Tomoyo-chan, no sé cuál es la floristería que entregaba las flores"

"Suzuran-chan… tú fuiste la que encontró las flores, deberías de haber visto al repartidor o algún vehículo…"

"Ehm, lo siento Tomoyo-chan, pero las flores siempre llegaban a la entrada de la casa sin que nadie se diera cuenta, solo las pasaba a recoger ¡Era como arte de magia!"

La morocha hizo un puchero de reproche y con una disculpa pasó a su habitación ¿Él hacía aparecer las flores en su casa?¿Entonces él había decidido en verdad que la flor no llegara?

Esto era el colmo, desgraciado hombre igual a todos los demás bastardos que osaban jugar con el corazón de una mujer "Menos mal que no me gusta, si no, no puedo imaginar la desgracia que esto me causaría…"

Y así era la cosa, Tomoyo se negaba a aceptar que efectivamente estaba en desgracia porque ese día no había recibido una rosa de parte de su amigo inglés.

Se sentía estúpida por la impresión equivocada que les había dado a los habitantes de su casa, incluida su madre.

"Hija, no te preocupes, nada garantiza que el primer amor será el último"

Todavía el sentimiento de frustración la invade por la mirada comprensiva y casi de lástima que le dedicaba su madre mientras ella le explicaba que no era amor, que solo era un amigo cualquiera que le iluminaba el día con sus detalles abstractos.

"Soy muy joven para estar enamorada"

"Tomoyo-chan, en verdad creo que estoy enamorada de Syarona-kun" le dijo Sakura al día siguiente durante el almuerzo, mientras el mencionado jugaba fut bol con algunos amigos del instituto, la flor de cerezo tenía un tierno sonrojo en las mejillas "Lo quiero tanto…"

La morocha le sonrió con dulzura "Sakura- chan ¡Me alegro tanto por ti!" No, la verdad no, pensó para sí misma Tomoyo con una amargura irracional. Sentir algo tan especial por alguien seguro podía lastimar, ¿Qué tal si él se iba con otra mujer a Hong Kong? ¿Qué tal si él le mandaba mensajes difusos y jugaba con su mente? ¿Y si le da miles de detalles y de repente nada? Qué horror.

"Es increíble Tomoyo-chan" dijo Sakura juntando sus rodillas a su pecho, cerrando sus esmeraldas ojos y posando sus manos sobre su corazón "Todos los días pienso en él y espero estar con él o simplemente recibir un mensaje… ¡Sueño con el día que me regale flores! Ha de ser hermoso que la persona que amas te regale flores… ¿Ne, Tomoyo-chan?"

La morocha dio unos aplausos cerrando los ojos con una sonrisa tan falsa como su risa, no le gustaba esta conversación "Algún día Sakura-chan… ¿Qué traes de almuerzo?"

"Tal vez la magia también se retrasa" Pensaba Tomyo viendo hacia la ventana de la escuela "Tres días…"

"Chicos tenemos noticias"

La morocha arqueó una ceja esto le recordaba tanto al incidente de hace una semana tres días en las que ese patán de Eriol le había jugado una broma cruel.

"Hoy tenemos un nuevo miembro en nuestra comunidad estudiantil"

"De cualquier parte del mundo menos…"

"Viene de Inglaterra"

La morocha dio un salto golpeando sus piernas contra el escritorio llamando la atención de todo el salón "…Gomen, pensé haber visto un insecto…" La maestra la miró con recelo pero después la ignoró, llamando de nuevo la atención de los estudiantes.

"Denle la bienvenida a la nueva ma estra, Kaho Mizuki, del departamento de matemáticas."

Tomoyo sintió como el estómago se le encogía aun más y podía jurar que sentía sus jugos gástricos destruyendo por completo su sistema digestivo.

"¡QUE GRATA SORPRESA!"

Terminando clases, Sakura insistió en acompañar a la maestra Mizuki a algún café para ponerse al tanto sobre sus vidas, Syaoran accedió a la primera pero no fue el caso de Tomoyo, que aún sentía la sangre hirviendo.

"Hoy no puedo, Sakura-chan" Dijo despidiéndose rápidamente para no darle tiempo de preguntar razones "Pero me dio mucho gusto verla de nuevo Mizuki-sensei"

"A mí también, Tomoyo-chan…" contestó con una sutil sonrisa la mujer pelirroja sacudiendo levemente su mano, girando la mirada en todas direcciones como si buscara a alguien.

Después de dedicarle una sonrisa chueca a la mujer, la morocha le sonrío a la dulce pareja de castaños "Tengan MUCHO cuidado"

Los tres la miraron contrariados mientras ella comenzaba a partir alejándose de todos.

"No vaya a ser que ELLA note que Li-kun es joven y también quiera proponerle una relación amorosa"

Maldito sea el día en el que conoció a esos ingleses.

Se sentó en el parque pingüino con esa sola idea en la cabeza, apoyó su cabeza entre sus manos y al sentir su sedoso cabello entre los finos dedos lo apretó con fuerza y lo jaló en desesperación. Al tratar de apoyar sus codos sobre sus rodillas sintió un ligero ardor que la hizo soltar un pequeño grito. Observó la parte dolida y notó que se había cortado, probablemente cuando saltó en el salón se había lastimado con su mesa.

"Esto… También es TU culpa estúpido…"

"Deberías limpiarte, Daidouji-san, podrías infectarte"

Tomoyo se giró abruptamente y se encontró con algo que a pesar de estarlo esperando tanto, en verdad en ese momento no se lo imaginaba.

Piel blanca, cabello oscuro, ojos como el mar nocturno y unos lentes que enmarcaban su rostro misteriosamente.

Nada más y nada menos que el enfadoso Eriol Hiraguizawa.