Definitivamente, me gusta el jazz

Segundo capítulo:
Beso inesperado

De: Aliandy

Al momento de estrechar mi mano con la de él creí que no podría soltarla, fue como si una moribunda pero creciente corriente eléctrica neutralizara cada nervio de mi brazo. Juro que fue un gran esfuerzo haberme separado de él. En su rostro apareció de nueva cuenta otra de sus sonrisas ladinas.

No sabía si lo hacía a propósito pero cada vez que aparecía una de esas sonrisas me provocaba un sonrojo, y odiaba eso. Me hacía sentir tan vulnerable y eso era lo menos por lo que quería pasar; una joven que está entre las más altas calificaciones y con cuadros honoríficos no puede sonrojarse así solamente, era absurdo y además infantil, sin embargo a la vez no podía evitarlo. Sentía que me perdía de un chiste privado o que el caso de que me encontrara descalza y con un tacón roto colgando entre mis dedos fuera algo del que reírse.

Sasuke comenzaba a volverse una pintura bella y abstracta para mí: podía verlo cientos de veces y hasta memorizar cada rasgo de él —yo gozaba de una estupenda memoria fotográfica— pero seguía sin poder interpretarlo. Sentía que a pesar de ser un chico rebelde, arrogante y frío, podía ser buena persona, inteligente y caballeroso; tal vez lo imaginaba, pero el que se ofreciera a llevarme a mi casa podía significar que tenía interés en mí, que al final el hecho de que fuera mayor que él no importaba. No sabía qué pasaría después, pero presentía que algo saldría de todo esto, y vaya que estaba ansiosa por averiguarlo.

Sasuke se dirigió de nueva cuenta hacia su motocicleta y se subió en él en un ágil salto improvisado. Desde que lo había visto aparecer por esas puertas no me había detenido a ver que en una de sus manos cargaba un negro y brillante casco color negro como de los que suelen lucir los campeones de motocross extremo directo de sus patrocinadores. Sasuke comenzaba a sonarme más a una especie de supermodelo internacional que a un chico normal que atiende de mesero en un restaurante que toca jazz toda la noche y poco reconocido. Aunque tal vez estaba exagerando las cosas.

Sakura, sólo deja de pensar tanto, me recomendó mi inner.

De acuerdo, tenía que admitir que analizaba mucho las cosas, pero ya tendría tiempo cuando pudiera primeramente asimilar que toda esta aventura callejera no fuera más que una mentira y yo aún esté cómodamente dormida en mi cama.

Sasuke me ofreció su casco sin decir nada y yo lo acepté vacilando. No tuve que pedir su permiso de yo montarme después de que me dijera:

—Sujétate con fuerza —más que para dar seguridad, aquello sonó como que me iba a asustar y fuera alguna clase de niñita miedosa.

Fruncí los labios y, de una manera un poco más tosca que él, me subí a la moto en un salto. Él rió entre dientes, casi como si se lo esperara, y arrancó feroz de un solo impulso. Aquello provocó que me agarrara instintivamente de él por la cintura; podía sentir cómo los músculos de él se tensaban igual que cómo había sucedido en el restaurante cuando me entregó mi pedido.

Pasamos volando por los suburbios. Las luces de las casas, los faroles de las calles y los anuncios de las tiendas resplandeciendo, se convertían en charcos difusos y marcas brillantes e irregulares a medida que Sasuke aumentaba la velocidad, como rayones de colores hechos por un niño sobre una hoja de color negro. Los chirridos, pitidos y siseos de la ciudad a lo lejos comenzaban a pasar a segundo plano, el febril ronroneo de la motocicleta era lo único que ocupaba mis oídos en ese momento, además del rápido repiqueteo de mi corazón estallándome en los tímpanos.

Podía jurar que jamás me había subido a una moto en esa situación desde la primera vez que monté una con mi papá a mis cinco años. Estaba tan nerviosa que sentía el corazón en la boca, pero mi padre siempre había estado ahí a mi lado para decirme que todo estaba bien y que mientras estuviera a su lado nada saldría mal. Yo era pequeña e ingenua así que creía ciegamente en él y en sus palabras, y aún las sigo creyendo aunque sé que no volveré a montar una moto en donde él también vaya conmigo. Solo que, de alguna manera, Sasuke me hacía sentir aquella misma seguridad que sentía con mi padre, fue por esa sensación que me había animado a ir con él, porque de alguna manera, él me recordaba a mi padre.

Quince minutos pasaron volando. Tenía el casco puesto con el visor arriba, lo que me daba una estupenda vista de cómo el liso y oscuro cabello de Sasuke se ondeaba con el viento. El aire fresco entraba directamente sacándome uno que otro ojo lloroso, aunque podía apostar que para Sasuke era algo más normal y lo aguantaba mejor que yo.

Quise sacar algún tema a relucir ya que el camino comenzó a volverse cada vez más largo. No se me ocurrió nada más que hacer un comentario ocasional.

—Así que a Sasuke le gusta la velocidad —quise sonar lo más relajada que se pudiera, aunque mi nerviosismo seguía igual de intacto que en el callejón.

Él rió por lo bajo; sonó casi inaudible bajo el gran ronroneo de la Ducati.

—Veo que te has dado cuenta, «chica salvaje» —podía apostar que hablaba en la manera en la que me había montado en la motocicleta.

Me encogí de hombros.

—Bueno, es fácil de ver luego de que te has pasado altos durante todo el viaje y sin un solo rasguño. Eso dice que o eres lo bastante seguro de que no te pasará nada o lo bastante tonto para no haberte dado cuenta antes —comenté y él soltó un bufido—. Tal vez el «chica salvaje» me quede corto en comparación contigo, maniático de la motocicleta.

Eso lo hizo reír por lo bajo; su risa fue como música para mis oídos: tan varonil y terciopelada que podría escucharla toda la noche.

—Creo que en lo primero estoy más de acuerdo —repuso, su voz sonó un poco más seria, pero luego cambió una risa sarcástica—.Veo que en lo que se trata de crear sobrenombres soy mejor que tú, Sakura —observó. Dio vuelta en la esquina donde entraba directo a mi calle.

Ahora fui yo la que bufé.

—Pero te apuesto a que soy mejor manejando una motocicleta que tú, Sasuke —me reí, era sólo una broma, aunque Sasuke lo tomó muy enserio.

—¿Oh, quieres apostar? Ya veremos luego, ya que nos veamos en otras circunstancias —estaba a punto de replicar que no era cierto lo que había dicho cuando me di cuenta de que estábamos frente a mi casa.

Me bajé un poco tosca de la moto; traía falda, pero en ese momento supongo que no me importó. El frío del suelo me recibió fatal bajo mis pies completamente descalzos; sospeché que al día siguiente llegaría a clases con tos o por lo menos escurrimiento nasal. El casco me estaba empezando a dejar sin aire por lo que me lo quité de inmediato y se lo entregué al chico en la mano quien lo aceptó gustoso y con la misma sonrisa ladina impresa en sus labios.

—¿Cómo supiste que esta era mi casa? No tuve tiempo de decírtelo —pregunté, estaba sorprendida.

—Admito que adiviné; aunque también eres algo predecible —noté que él estaba, de una nueva y muy efectiva forma, coqueteándome.

Fruncí el ceño. No me gustaba ser predecible, eso me hacía sentir aburrida. Sasuke seguro que buscaba a una chica más emocionante o incluso más atrevida que alguien con la que es tan fácil saber hasta dónde vive.

Sakura, recuerda que nuestro tiempo es contado, me recordó mi inner y salí de mis pensamientos rápidamente.

Me pregunté qué decir y sólo pude soltar:

—Supongo que es un adiós —estiré mi mano.

La mano de él salió en busca de la mía pero no esperé que al tomarla halara de ella llevando mis labios justamente hasta los suyos. No pude evitar sorprenderme de sobremanera. Sasuke, el chico mesero del restaurante y el mismo que me trajo a casa en motocicleta, me estaba besando. Sólo así de repente, yo no le había dado permiso y él se acercó sólo así de improviso. Mis ojos estaban totalmente desorbitados y mi corazón… bueno, podría decirse que él ya estaba perdido desde el principio.

Era sólo un beso pausado, sin chiste y aburrido, pero para mí era algo…, más; no sabía qué, pero sentía que tenía algo incluido pero que no podía averiguar qué era eso. Tal vez él esperaba sacar algo más que esto de ese beso, no obstante no debía darme el lujo de corresponder todavía; no podía hacer nada al respecto salvo darle una bofetada de lleno en la mejilla, sin embargo mi mano se rehusaba a reaccionar.

Qué traición, y más cuando era con alguien a quien a penas conocía hace media hora.

Después de un momento, Sasuke se separó lentamente y sostuvo su hermosa mirada sobre la mía; yo no había cerrado los ojos en ningún momento. Sonrió arrogante pero yo no le correspondí más que con mi cara que presentía que estaba hecha un tomate.

—Mejor un hasta luego —finalizó arrancando de nueva cuenta y dejándome sola y atónita en medio de la calle.

No recuerdo cuánto estuve estancada en ese mismo lugar, pero fue gracias al frío que me animé a moverme antes de que algo no previsto sucediera.

Busqué las llaves dentro de mi bolso un momento lo que fue mucho más fácil sin tener que cargar con mis molestos zapatos inservibles; los había tirado a un bote de basura ya que no me volverían a servir y el tacón roto seguro se cayó durante el viaje en la motocicleta. Lo peor era que me los había comprado hace poco, entonces aquello sólo me había servido para un buen desperdicio de dinero.

—Tsk, qué lástima —susurré con pesar.

Ya una vez encontradas las llaves me dediqué a entrar. La lúgubre imagen de mi sala me recibió en silencio, seguido de un escurridizo olor a café y a pan fresco. No estaba de menos esperar a que mi madre se encontrara postrada y muy molesta esperándome en la cocina, ella odiaba que yo llegara tarde. Desde que mi padre había muerto había dado un giro tremendo a las reglas de la casa después de terminado sus días de luto, yo no pude objetar ya que no serviría de nada; una vez que ella tomara una decisión era totalmente definitiva.

No me esforcé por no hacer ruido ya que era obvio que el sonido estridente de la motocicleta la había despertado, aunque sí me moría de los nervios ya que recibiría un fuerte regaño. Dejé caer las llaves sobre la mesa y me dediqué a colgar mi bolso sobre el perchero a un lado de la puerta sin quitar la vista de la cocina: las luces estaban encendidas.

—Es hora de acabar con esto —mascullé con el estómago revuelto.

Y avancé hacia la cocina.

—¡Haruno Sakura! ¡Tienes mucho que explicarme ahora mismo! —estalló la voz chillona de Ino.

Me dejé caer sobre el escritorio procurando taparme bien con los brazos, aunque sabía que aquello no era barrera para mi amiga gritona. La escuché avanzar a grandes zancadas hacia mí, como si quisiera hacer el mayor ruido posible para llamar mi atención; lo único que quería era que me dejaran en paz, pero al parecer ese día sería todo lo contrario, además del hecho de mis compañeros estaban iniciando a cuchichear entre ellos.

¡¿Por qué no podía ser menos ruidosa?

Ino golpeó la superficie del escritorio con poca sutileza, no hacía falta alzar la cabeza para saber que me miraba furiosa, la conocía perfectamente.

No sabía por qué me gritaba esta vez, pero la verdad era algo que no tenía ganas de averiguar. Después de la espantosa reprimenda de mi madre la noche anterior no había tenido la oportunidad de dormir con tranquilidad, al menos no de inmediato. Los oídos me zumbaron toda la noche después de tanto gritar, además que luego del repentino beso de Sasuke me resultaba casi imposible no tener la imagen de su rostro bien aderido en mi subconsciente.

Por supuesto que como bien había predicho, ella había escuchado con claridad el ruidoso ronroneo de la Ducati; por alguna razón esperaba que con replicarme el llegar tarde sería suficiente, pero al parecer había empezado a tomar cualquier escusa para estar enojada. Recuerdo que hasta mencionó cuando me compró mi primer pez dorado y que no pasó más de una semana cuando me tuve que encargar de hacerle un buen funeral en el baño; aquella vez se había molestado pero como era sólo una niña lo dejó pasar. No lo había encontrado oportuno el rememorarlo sin embargo ella se encontraba más que furiosa como para detenerse a pensar en ello.

El total fue: no más salidas nocturnas con Ino y cero llamadas telefónicas a menos que realmente sea necesario.

Claro que no mencioné nada sobre Sasuke, sino hubiera sido algo todavía peor. Ella insistió mucho en saber quién me había traído en motocicleta sin embargo lo único que dije fue que Naruto había conseguido una motocicleta y se había ofrecido a dejarme a casa. Por supuesto que ella no me creyó del todo ya que muy a esas horas era seguro que ese tarado ya se encontraba completamente dormido, sin embargo no volvió a preguntar al yo repetir siempre la misma respuesta.

Si supiera que ese completo extraño me había besado podía apostar que no volvería a ver la luz del día más que por la ventana de mi habitación.

Ino estuvo llamándome un buen rato pero yo no me iba animar a levantar la cabeza: los ojos me pesaban horrores. Naruto llegó al rescate después de cinco minutos, sin embargo justo cuando creía que la cacatúa de Ino se había marchado, sentí un horrible y sordo golpe sobre mi nuca con fuerza provocando que mi frente y la punta de mi nariz se impactara de lleno contra el escritorio.

Inmediatamente me llevé la mano a mi nariz y la otra a mi nuca; Ino y Naruto me esperaban parados frente a mi escritorio, la primera me miraba satisfecha y el segundo entre sorprendido y angustiado.

Fruncí el ceño mientras me frotaba la nariz para calmar el dolor.

—Bien hecho, cerda: por poco y me rompes la nariz —miré furiosa a los dos, aunque sabía que Naruto no tenía culpa alguna.

Ino sólo bufó y se cruzó de brazos; ahora se veía molesta.

—De todos modos tu nariz ya parecía estar rota —dijo rodando los ojos; tomó una silla y la arrastró hasta quedar justo enfrente de mí. Naruto hizo lo mismo aunque al parecer él era tan ignorante como yo de en lo que se traía Ino—. De acuerdo, suéltalo —ordenó autoritaria.

Me sorprendí.

—¿De qué hablas, Ino?

—¡Vamos, Sakura! ¡Dime la verdad! —exigió saber, estaba decidida a sacarme la información, aunque no sabía de qué se trataba todo eso.

La imagen de Sasuke me apareció de repente y me apresuré a negar; Ino no sabía nada de él, de hecho ni siquiera sabía qué había pasado después de salir de clases.

Naruto estaba igual de sorprendido que yo.

—¿Qué hiso ella, Ino? —preguntó curioso. Recargó el brazo sobre el escritorio y la miró fijamente.

—Hablo de lo que pasó anoche con Sakura.

No pude evitar sonrojarme. ¡¿Cómo es que ella lo sabía?

Ino quizás te estaba espiando, supuso mi voz subconsciente.

No, eso no podía ser posible. Yo estaba segura que la calle se encontraba completamente sola. Sino, ¿cómo no pudo haberla visto?

—¿Lo que pasó anoche? —repitió Naruto estupefacto.

Ella sólo asintió. Naruto se sonrojó un poco, seguramente algo se le había venido a la cabeza, y no algo precisamente saludable.

Los dos volvieron a fijarse en mí, pero yo bajé mi rostro hasta mis manos.

—Tienes que decirlo ahora o yo comenzaré a suponer cosas —amenazó, y lo decía muy enserio.

—Eh…, y-yo…

Todo era muy vergonzoso.

—Sakura-chan, qué pasó anoche —inquirió Naruto un poco más suave que mi escandalosa amiga.

Me mordí los labios.

—Fui a cenar a un restaurant que toca Jazz a unas calles de aquí —comencé, Ino me animó a continuar con la cabeza—. Había perdido el autobús, y tenía bastante hambre así que no me quedó mas que parar ahí hasta esperar a que pasara el siguiente o poder llamar un taxi —recogí todo el aire que mis pulmones me permitieron y lo exhalé con lentitud. Sabía que ellos estaban impacientes pero decir que me fui en motocicleta con un completo extraño y que después me había besado de improviso no era nada sencillo. No supe de dónde saqué fuerzas para proseguir—. Me atendió un joven mesero, la verdad fue muy amable —¡MENTIROSA! Replicó mi inner. La ignoré—; cuando salí me di cuenta de que había estado lloviendo, no le di importancia así que seguí y…

—Frentona, quiero saberlo ahora, no mañana —replicó.

Asentí aunque decir todo eso era como tener ácido en mi boca.

—Se rompió mi tacón y mi celular se descargó y entonces me topé con el mismo mesero… así que se ofreció a llevarme y yo dije… pues que sí.

Naruto se paró de un tirón, rodeó el escritorio y me abrazó de lado atrapando mi cabeza entre sus fuertes brazos musculosos.

—¡NO! ¡Mi Sakura-chan fue violada por un maniático psicópata! —chillaba con pena.

Aquello atrajo todas las miradas del salón y unas sonoras carcajadas le siguieron después.

Me enojé.

—¡Naruto, suéltame! ¡Lo que dices son puras babosadas! —me zafé como pude.

Ino ignoró a nuestro amigo ruidoso y siguió mirándome.

—¿Y qué pasó después? ¡Dilo! —susurró, evitando que alguien más escuchara ahora que teníamos toda la atención sobre nosotras.

Seguí contando, le dije cómo era Sasuke, que él tenía una moto y también hasta le conté que me recordaba a mi padre; no tenía caso parar ya que si no decía nada continuaría molestándome hasta desfallecer y yo no tenía ganas de soportar su incesante voz chillona todo el día, prefería limpiar la casa de Naruto antes.

Todo estuvo bien hasta que llegar a la parte del beso.

—¡Yo lo sabía! ¡Lo besaste! —me acusó apuntándome con el dedo.

No quería mirar a Naruto, tenía claro que él estaba totalmente estupefacto. Me di cuenta de algo y me paré de golpe.

—Ey, ¿y cómo tú lo sabes? —inquirí levantando la voz.

—Anoche fui a tu casa a pedirte prestada la tarea de historia. Tu mamá me dijo que te esperara y como tardaste tanto y no llevaba el celular te llamé desde tu casa y nunca me contestaste —recordé la llamada desde mi casa de la noche anterior antes de que se muriera la batería—. Luego cuando iba de salida te vi llegar con ese muchacho montada en una motocicleta y después observé cómo lo besabas —apuntó. No hacía falta decir que nuevamente estábamos llamando la atención.

Me sonrojé violentamente y antes de que pudiera seguir la tomé del brazo y literalmente la arrastré fuera del salón con Naruto justo detrás pisándome los talones. Me aseguré de que nadie más nos observara y cerré la puerta luego de que Naruto saliera, entonces así la solté y la miré amenazante.

—Yo no lo besé, no hice nada —repuse con una nota de advertencia en la voz.

Ella bufó.

—¿Y piensas que me creeré ese cuento? Yo misma lo vi con mis propios ojos.

—Sakura-chan ¿por qué dejaste que te besara? Dijiste que él es más joven que tú.

Se veía algo decepcionado. Bajé la cabeza; él me había besado pero fui yo la que no hice nada al respecto. No podía replicar ya que Ino lo había visto y bien ha de suponer que tengo algo desde antes con Sasuke. Y cuando algo se le metía bien en la cabeza era bastante difícil sacárselo de nuevo.

—E-es sólo q-que… —apreté tanto como pude los puños—, no quise —mascullé casi soplando las palabras.

No me animé a mirarlo. Sólo pude escuchar por último cuando pasaba por mi lado hasta traspasar la puerta del salón seguido de un portazo.

Entonces me sentí horrible de que aquella noche pasara.


Ok, me tardé unos días más de lo esperado, pero tenía que planear bien el siguiente capítulo; la verdad quedé satisfecha con el trabajo, ¿ustedes?

Espero que les guste, me pasé con la narración pero siento que me quedó bonita. Tendré la siguiente parte lista cuando pueda y les juro que trataré de ser más rápida.

Pobre Narutito, se puso triste al saber lo de Sakura y Sasuke, les juro que todo irá bien ya que Ali piensa bien en todo.

Gracias por los comentarios y por ser tan lindos con sus palabras. Me inspira que se animen a leer y además de todavía dejar un lindo comentario

Los quiero mucho.

Chao~