Legolas mantuvo sus silencio por algunos momentos, Vercingetorix no podía ver su rostro, pero se daba cuenta que el Elfo estaba preocupado por algo "Puedo sentir la hostilidad de algunas de estas personas" dijo simplemente el Elfo.
Vercingetorix observo que Leonidas se acercaba seguido por un hombre de avanzada edad "He conseguido tres cuartos en los que podremos pasar aquí la noche. Mi amigo David dice que tuvimos suerte de encontrar habitaciones disponibles". David se acerco y dijo "Shalom" después, en un latín no muy bueno, les dijo "Sean bienvenidos a mi humilde establecimiento." Dirigió una mirada primero a Vercingetorix y después a los dos encapuchados y continuo con un tono de voz que denotaba algo de desconfianza "Salvo los soldados Romanos, nunca hemos tenido visitantes extranjeros en nuestro pueblo"
Vercingetorix comprendió a que se refería el hombre y dijo "No somos romanos, ni trabajamos para el imperio"
El hostelero relajo un poco sus facciones y continuo "Deben entender que nuestro pueblo has sufrido mucho las vejaciones de los romanos y muchos de mis compatriotas sienten una profunda desconfianza por los extranjeros" después sonrío y dijo "Mi esposa les esta preparando algo de comer. Leonidas me ha dicho que han viajado por cinco horas en la noche desde Cesarea. Muy pocas personas se atreven a salir por los caminos de noche".
En aquel momento un ruido provino de afuera de la hostería, parecía como si mucha gente exclamara un nombre
"Que esta ocurriendo?" pregunto con curiosidad Vercingetorix.
Leonidas y el hostelero intercambiaron miradas preocupadas y finalmente Leonidas simplemente dijo un nombre "Barrabas"
Luego de unos breves momentos, Unos diez hombres entraron en la hosteria. Todos llevaban al cinto unas largas dagas que refulgían al calor de las antorchas, algunos llevaban cortos arcos y hondas. Por sus armas, su ropaje y su actitud se podía notar que estos hombre eran guerreros acostumbrados al combate.
Quien parecía ser el jefe, un hombre de una mediana estatura, con una cabellera de un negro muy oscuro, unos ojos oscuros y brillantes que refulgían con ferocidad, se acerco a donde se encontraba la mujer de David y después de dar el correspondiente saludo pidió algo de comer para el y sus hombres.
"Quien es ese hombre?" pregunto Vercingetorix. Leonidas, con algo de preocupación respondió "Su nombre es Barrabas. El es el líder de un grupo de patriotas Judíos que han luchado contra los romanos desde hace ya varios años" David continuo "Su meta es instaurar nuevamente el reino de Israel, sin embargo muchos no estamos de acuerdo con sus métodos"
En ese momento, Barrabas noto la presencia de los extranjeros y después de dar una corta orden a sus hombres, estos se pusieron tensos, algunos sacando sus dagas.
Barrabas se acerco a la mesa y después de mirar a David por algunos segundos dijo "Shalom" después se dirigió a Leonidas en latín "Había escuchado que eres guía de unos extranjeros" dijo con tono serio "Acaso el oro romano ha comprado tu colaboración...Griego" dijo "O la tuya?" se dirigió a David.
David se defendió "No son soldados romanos estos extranjeros; Leonidas me ha contado que vienen de una lejanas tierras al norte. Y aunque fueran romanos; debemos ser hospitalarios con cualquier viajero que solicite posada.
Barrabas no dijo nada, simplemente dirigió su mirada, primero a Vercingetorix, y después a los dos encapuchados "Es obvio que aquel que tiene el cabello del color del sol no es romano, pero que hay de los otros dos? Por que se esconden detrás de sus prendas" paro un momento y continúo con tono amenazante "Estos tres podrían ser mercenarios al servicio de Roma"
A la mención de esto, Vercingetorix se incorporo y desenvaino una larga espada que llevaba oculta, sus ojos brillaban con indignación "Mi abuelo Vercingetorix, líder de los auvernos, lucho contra los romanos. Fue el quien unifico a toda la Galia para combatir al invasor. Yo jamás me uniré a aquellos que conquistaron nuestras tierras y mataron a mi abuelo de manera deshonorable"
La atmósfera se había vuelto tensa, Barrabas había sacado su larga daga, mientras Vercingetorix sostenia su espada, una espada mucho mas grande que las cortas espadas romanas a las que estaban acostumbrados enfrentar. Murmullos se podían escuchar en todo el establecimiento y muchos curiosos se habían agolpado a la entrada de la hosteria.
Hasta el momento, los dos encapuchados no habían hecho ningún movimiento, pero cuando los hombres de barrabas se acercaron en actitud amenazadora, estos dejaron caer sus largas capas grises que les cubrían todo el cuerpo y se irguieron, cada uno portando un arma.
Un profundo silencio reino en aquel momento, incluso Barrabas y sus hombres retrocedieron
Hasta aquel momento, los Judios habian mostrado una discreta curiosidad por aquel extraño hombre de cabellos claros y elevada estatura. Sin embargo ahora observaban estupefactos a estos dos "Barbaros del norte".
Todo era extraño y a la vez maravilloso; No solo su sobrehumana belleza y la luz que parecía envolverlos, también los magníficos ropajes y las armas.
El primero ere un joven que parecía no tener más de 25 años. Una larga cabellera rubia, más larga aun que la de Vercingetorix, y peinado en un estilo aun más extraño. Apuntaba un arco largo de magnifica belleza y con extraños decorados. El pomo de dos espadas cortas podía verse a su espalda. Su traje parecía hecho para mimetizarse en los sombríos bosques del norte de Europa, ya que sobresalían las tonalidades verdes y castañas.
Su compañero, era una doncella de sobrecogedora belleza, Una larga cabellera castaña oscura caía libremente sobre su espalda. Llevaba colgado al cuello una joya que refulgía con gran intensidad. Sus largos vestidos eran de plateado claro que parecía estar hecho con luz lunar. Tenía en su mano derecha una espada larga y curva que tenia unas extrañas inscripciones en una lengua que nadie podía leer.
El hecho de que tuvieran unas orejas tan extrañas, no hizo más que aumentar su aire misterioso, casi mágico.
No cabía duda de que estos debían ser príncipes de lejanas tierras.
Por fin, después de un largo silencio, Barrabas bajo su daga e hizo una señal a sus hombres para que hicieran lo mismo.
