Abro los ojos y parpadeo varias veces. Estaba en mi triste habitación, con la cama completamente deshecha. Por un momento creí que estaba en el loft de Castle. Esa noche había dormido fatal. No podía evitar seguir recordando a Rick. Hoy hacia dos años que nos había dejado, despidiéndose con una simple carta. Unas lágrimas se escaparon de mis ojos. Suspiré y levante la mirada. Me encontré con dos pares de ojos grandes, unos azules e intensos y otros verdes y claros.
-Mami, ¿estas bien? ¿Porque lloras?
-Estoy bien cielo, solo es el cansancio que me dan mis dos pequeños terremotos.
Los niños empezaron a reir.
-Venga chicos, hay que desayunar, vestirse e ir al cole.
Como todos los días desde hace dos años, empecé con la rutina. Hacia el desayuno, los niños se vestían y recogía el salón, aunque no servia de nada porque en cuanto bajaban los niños la volvían a deshacer.

Al llegar a la comisaría, todo el mundo me miraba raro. Me sentí incomoda, aunque de alguna forma, hacia dos años que ya no me importaba lo que pensaran los demás, no tenia tiempo para preocuparme de eso. Las puertas del ascensor se abrieron y yo entré en el, pensando en que hoy me esperaba un largo día de mucho papeleo, últimamente no había muchos casos. Todavía en el ascensor, saco de mi mochila la carpeta de informes que me lleve anoche a casa para adelantar trabajo, aunque los niños no me dejaban hacer casi nada. Las puertas del ascensor se abrieron y todavía mirando mis informes salgo del ascensor. Levanto la vista y veo un grupo de gente alrededor de la mesa de Ryan. Estaban Lanie, Gates, Esposito, Ryan y otro hombre que no lograba reconocer, aunque me sonaba mucho, era… era Castle. No, no podía ser el. ¿Después de dos años vuelve ahora? No, no puede ser el. Mi subconsciente me esta jugando una mala pasada. Doy un paso hacia delante y todos me miran. Castle gira la cabeza y su mirada choca con la mía. Sin duda alguna, es el. Es Castle.
Miro a Gates, después a mis dos compañeros, las manos me tiemblan, dejo caer los informes al suelo. No me encuentro bien. Cierro los ojos y siento un vértigo, el mismo que cuando leí la nota que me dejo en la encimera de la cocina hace dos años. No podía con esta situación. Veo que se levanta y viene corriendo hacia mí. Todo me dio vueltas y se volvía borroso y oscuro, las piernas me fallaban y finalmente caí al suelo desplomada.

Dos años. Dos años habían pasado desde que Tyson me dijo que si no me alejaba de ella la mataría. Al principio no le hice caso. Pero unos días después fue cuando Kate tuvo el accidente de coche. Cuando otro coche chocó con el suyo. Kate no resulto herida, nada grave. Tyson me envió una carta diciendo que eso solo seria el principio de lo que pasaría si no me alejaba de ella. En ese momento comprendí que lo mejor era alejarme de ella. Realmente Tyson sabía como hacerme sufrir. Se que ella es fuerte, y seguirá adelante sin mi. Y encontrará a alguien que le cuide y no le pueda hacer daño. Aunque nadie la amará nunca tanto como yo. Quizás seria buena idea hacer una visita a la comisaría. Ahora Tyson está muerto, no tengo que temerle ya a nada. Seria duro, pero necesitaba ir a Nueva York, ver a mis amigos y familia. Aunque no se como se lo tomará Kate… Decido levantarme de la cama. Son las doce del mediodía, ya es hora. Pero estaba tan ensimismado en mis pensamientos y recuerdos que no me había dado cuenta de la hora que era. Me hago el desayuno. Odio el desayuno. Me recuerda demasiado a Kate. Ya está, decidido. Voy a coger el primer vuelvo hacia Nueva York. Necesito ver a mi gente.
Acabo de bajarme del avión. Me dirijo a mi casa. No creo que halla nadie en casa, Alexis estará comiendo con sus amigos y mi madre… quien sabe donde estará. Cojo el ascensor y me dirijo a la puerta. Meto la llave y abro la puerta. De repente, veo como las dos pelirrojas se me quedan mirando sentadas en el sofá. Se levantan corriendo y me abrazan. Hasta tal punto que me falta la respiración.
-Ya basta chicas, ya veo que me habéis echado de menos…
-Papá, no te vayas nunca más, por favor…
-Nunca, cielo, nunca mas.

Pasamos unas horas hablando sobre la universidad de Alexis y todo lo que hemos hecho durante este tiempo.
-Me gustaría ir a la comisaría a saludar a los chicos.
Las miro a los ojos. Me miran preocupadas. Mi madre trata de decirme algo, pero no le salen las palabras.
-Papá, veras…
-¿Es Kate? ¿Ella está bien? ¿Le ha pasado algo malo?
-No, veras… bueno si, ella está bien pero… en este tiempo han cambiado cosas. O mejor dicho, te has perdido muchas cosas. Puede que Kate reaccione mal al verte de nuevo.
-¿Crees que me odia?
-No papá, ella no te odia.
-Está bien, voy a verlos.
-Y papá…
-¿Si calabaza?
-Cuidado con lo que le dices a Kate.
-Si, claro cielo…
Me extrañó muchísimo que me dijera eso. En fin, supongo que será el haberme ausentado estos dos años.
Voy andando de camino a la comisaría. Me quedo mirando al Starbucks donde siempre le compraba el café a Beckett. Giro la esquina y entro en la comisaría. Saludo a unos cuantos agentes y me meto en el ascensor. Las puertas del ascensor se abren y me acerco a sala de espera. No hay nadie. Me giro y veo a Lanie, a Gates, a Ryan y a Esposito alrededor de la mesa de Ryan. Me acerco y no se que decirles.
-Ho...hola chicos.
-¡Hey Bro! ¿Como estas?
-Hola Castle!
-Señor Castle, que sorpresa verle de nuevo por aquí después de dos años.
-Richard Castle, ¿como nos abandonaste? Lo que nos hiciste estuvo fatal.
-Lo se Lanie, os debo una explicación…
-A nosotros no, a Beckett.
En ese momento, me quedo sin respiración. La busco con la mirada, pero no la encuentro.
Ahí está. Las puertas del ascensor se abrieron y por fin la vi. Esta mucho más delgada, pálida y ojerosa. Parece incluso débil. Todavía no me ha visto. No se como reaccionara. Y ahí llega el momento. Nuestras miradas se cruzan. Me levanto y trato de acercarme a ella. Pero antes de llegar veo como va perdiendo el equilibrio. Corro hacia ella para cogerla.
-¡Kate!
Le grito cuando veo que cae desplomada al suelo. Trato de cogerla antes de que se de un golpe en la cabeza al caer, pero es inútil, ya se ha dado el golpe. La miro, tiene los ojos cerrados. ¿Qué ha pasado? Demasiada presión para ella. He estado dos años desaparecido y ni siquiera he llamado. No se como va a reaccionar.
-¡Kate, Kate, despierta! Kate, ¿estás bien? ¿Qué te pasa? Por favor, ¡despierta! Abre lo ojos cariño, por favor.
Veo como todos vienen hacia nosotros. Lanie era la primera. Se tiro al suelo a mi lado y la examinó.
-Vamos, tenemos que llevárnosla de aquí. Se ha dado un buen golpe en la cabeza Castle, puede ser grave. Cógela y vamos al coche.
Sin pensarlo dos veces, paso mi brazo por sus rodillas y la tumbo en el asiento trasero del coche junto a Lanie. Conduzco a toda prisa. Casi nos matamos. Creo que me salté todas las normas de tráfico posibles. Pero por fin, llegamos al hospital.
Una vez más en esa sala de espera. La última vez que estuve allí fue cuando le dispararon. Trago saliva e intento tranquilizarme. Aunque hayan pasado dos años, la sigo queriendo igual que el primer día en aquella firma de libros. Veo que Lanie esta inquieta y que mira su reloj.
-Chicos, son las cuatro. Tengo que ir a por Alexander y a por Nikki al colegio. Volveré en cuanto pueda.
-Vale Lanie, nosotros nos quedamos aquí esperando a que Beckett despierte.
Un momento, ¿había dicho Alexander y Nikki? ¿Colegio? Aquí hay algo que no encaja.
-¿Qué? ¿Quiénes son Alexander y Nikki, Lanie?
-Richard Castle, hace dos años los dejaste.
Lanie solo se da la vuelta y me mira con cierta ira y desprecio. Me siento mal, algo pasa y no se que es. Entiendo que Lanie este enfadada. No tengo perdón.
Al fin medico aparece.
-¿Familiares de Katherine Beckett?
-Si. –Contestamos al unísono.
-La paciente acaba de despertar, aunque solo ha sido un mareo, al caer se dio un buen golpe en la cabeza. Le haremos unas pruebas y podrá irse a casa.
-¿Cuándo podremos verla?
-En cuanto la instalen las enfermeras.
-De acuerdo.
Busco el número de habitación. Por fin la encuentro, habitación 312.
Toco a la puerta antes de entrar y no obtengo respuesta alguna, solo se sienten risas de niños, de Lanie y de Kate, así que decido pasar. Lanie me mira con preocupación.
-Niños, vamos a dejar a mami descansar y os venís con tía Lanie y tío Javi a tomar un helado, ¿vale?
-Vale, ¡yo lo quiero de chocolate!
-¡Y yo de fresa!
Un momento, ¿mami? ¿Son hijos de Beckett? Los niños se despiden de Kate dándole un fuerte beso y un fuerte abrazo.
Cierran la puerta. La miro. Ella evita mi mirada. Está molesta, lo entiendo. Entiendo que no quiera saber nada más de mí.
-Hola Kate, ¿como te encuentras?
-Bien, gracias. ¿Y tú?
-Bien.
-Me alegro.
-Y yo Kate, y yo.
-¿Por qué? ¿Por qué nos hiciste esto?
-Kate yo…
-No Castle, estoy cansada. Mejor hablamos de esto otro día.
-Como quieras Beckett.
Había un gran silencio en la habitación, y decido romper el hielo.
-Son preciosos... Tus hijos son preciosos.
-Si, se parecen mucho a su padre. Sobretodo Alexander.
-¿Alexander? Bonito nombre.
-Si, como el padre.
-¿Qué?
-Si.
-¿Por qué no me dijiste nada Kate?
-¡Ni siquiera me diste la oportunidad Castle! Sabes, la mañana que me dejaste con una simple nota te iba a decir que estaba embarazada. Te llamé mil veces y no contestabas.
-Kate yo…
-Castle vete.
-Kate…
-VETE.
Me gritó enfadada, no me iba a perdonar, ella me odiaba, y lo entiendo. Yo también me odiaba a mi mismo. Me giré y salí de aquella triste habitación, con miedo de volverla a perder.