Diario del asombroso yo

En Prusia

Mes Pajarito, Día pio:

Ese día sin duda, era un día importante: El día en que las cruzadas de la orden teutónica ya no serían solo manifestaciones religiosas, no, ese día acababan de nombrarlo orden militar, y cómo era de esperarse; su ego incremento un poco más.

Ahora él y los demás caballeros teutónicos podían castigar a los paganos. Cómo siempre no había mejor sabor que el de la victoria, y esque (según el) no conocía otro.

La bandera blanca con la cruz negra en su centro, que ondeaba conforme al viento sobre sus manos lo hacia sentirse orgulloso, más awesome que de costumbre, pues claro, ya que el era la Orden Teutónica.

Después de aquella reunión se fue junto con su grupo a desayunar sobre la larga mesa de madera del monasterio, y por supuesto, antes de comenzar con la comida que habían preparado 'las hermanas' estaba rezar y agradecer por la comida, también por haberlo hecho tan genial.

Cuando hubieron finalizado sus rezos todos emprendían una nueva guerra que involucraba el sistema digestivo con el suculento manjar que tenían delante.

El albino les llevaba la delantera en la velocidad al comer (¡Esque siempre tenía que ganar en todo, joder que era awesome!) Mientras terminaba de relamer su plato dirigió su mirada roja a su equipo: todos comían cómo bestias.

Aunque claro, eso para él era lo más normal del mundo, y en lo que a el respecta, esos eran los modales de la gente awesome, no necesitaban de las tontas reglas que habían creado otros solo para poder manipularlos también a la hora de comer.

-Kesese, los modales son para niñas- Murmuró y rió por lo bajo, observando que el también había dejado un tiradero.

Uno de los miembros habló cuando termino su comida.

-Estableceremos nuestro cuartel general en Montfort.

El chico gruñó inconforme; Israel no era exactamente el país en el que quería quedarse.

-Yo voto por algo mas awesome, cómo Prusia –Hizo una sonrisa superior.

Sus hombres lo miraron con cierto desconcierto, se negaban a reconocer que 'cierto mocosillo' fuera quien se suponía que era su verdadero líder. Aún así tenían que guardarle el respeto que se merecía, después de todo nació predestinado a ser una futura nación, solo que había comenzado diferente, cómo una religión. Para ellos Montfort era un buen lugar, no iban a cambiar de opinión por los caprichos de un niño.

Pero Ore-sama nunca se equivoca…

Solo pasaron algunos años en la base militar de Montfort, hasta que los árabes, estando hartos, los echaron prácticamente a patadas, fue entonces que su líder adulto (seguían sin tomar en cuenta al pequeño cómo líder) decidió establecerse en otro lugar ¡Enhorabuena!

-Nos iremos a San Juan de Arce.

Los demás caballeros compartían palabras en aprobación a la idea, menos La Orden Teutónica, y esque otra vez sería en Israel, comenzaba a pensar que todos eran adictos a ese lugar.

-¿Porqué seguiremos en Israel? –Chilló inconforme.

Todos suspiraron cansinos, pero una vez más pasaron olímpicamente de sus awesome opiniones.

El pequeño albino sentía que tenía que ser en Prusia, y lo que el quería se hacía, eso tendrían que aprenderlo sus caballeros aunque fuera por las malas. El nació en Prusia, destinado a la grandeza, tenía que ser en Prusia, punto final.

Aunque igual siguieron con la idea de San Juan de Arce.

Tuvieron que pasar más años para que las cosas cambiaran más a su favor. Tal y cómo había sucedido antes, también los corrieron de allí.

-Se los dije –Gruño el niño.

-Iremos a Transilvania.

Olvídenlo, las cosas no cambiaron a su favor, estos hombres seguían tercos y necios ante la genial idea de su awesome persona. Lo que provoco que el menor se llevara las manos estresado a sus plateados cabellos ¿Esque nunca le iban a hacer caso?

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Necesitaba descansar, las cruzadas podían ser awesomes y todo eso, pero por hoy estaba agotado, no de caminar, claro que no, si no de… err… que siguieran en Transilvania, sí, eso.

Se dirigió a la base militar con pasos cansinos, pero cuando hubo llegado se detuvo observando con los ojos muy abiertos.

Los caballeros teutones estaban frente a otros hombres, en lo que parecía una discusión acalorada.

-Tú eres la Orden Teutónica ¿Cierto?

Se sobresaltó al escuchar la repentina voz a sus espaldas, así que se giro para encarar a quien quiera que fuese con su sonrisa fanfarrona.

-Kesese, ja ¿Quieres un autógrafo o algo?

La persona que le había preguntado era un chico de más o menos su edad, cabellos castaños recogidos en una coleta y grandes ojos color oliva. Lo miraba con los brazos cruzados.

-Tsk, menudo imbécil, lo que quiero es que te vayas de aquí.

¡Vaya! ¡Pero este que se traía! Es más ¿Quién se creía para hablarle así a Ore-sama! Ahora si que estaba indignado, frunció el ceño molesto.

-¿Quién te crees que eres?

-Me llamo Hungría, grábatelo.

Al escuchar que tenía un nombre de país, el ojirubí lo miro más atentamente y con la curiosidad pintada en el rostro, nunca había estado cerca de alguien más que fuera cómo el.

Noto que le estaba dando mucha importancia con la mirada al niño grosero así que volvió a hacer otra de sus sonrisas, satisfecho.

-La verdad es que ya me quería ir de aquí.

El húngaro levantó una ceja, no entendía por que se alegraba de que lo corrieran de Transilvania junto con sus hombres, en fin, locos eran locos.

-Bien- Habló con firmeza- Entonces tú y tus hombrecitos se pueden ir yendo.

Era un buscapleitos (cómo el) eso se le hacia interesante ¿Todas las personas destinadas a representar a sus países serían rudos?, Y aunque se sorprendiera cada vez más con sus increíbles descubrimientos entrecerró los ojos molesto, no recibía ordenes de nadie, y menos de un niñato cómo aquel.

-Eso no lo dudes- Se acercó un paso más a Hungría- Pero que quede claro que no lo hago por que tú me lo pidas, sino por mero gusto.

-Sí, lo que digas.- Dándole el avión.

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Al final los caballeros de la orden teutónica no tuvieron más elección que emprender un nuevo viaje, crear una nueva base militar, y esta vez le darían el gusto al pequeño germano, se quedarían en Prusia, para siempre.

-¡Yo les dije que aquí era el lugar!- El awesome tenía una sonrisa de satisfacción en la cara.

Todos asintieron, parece que el albino sabía lo que hacia y decía, desde ese entonces lo obedecerían (o por lo menos tomarían en cuenta su comentario).

Después de todo, Ore-sama siempre tenía la razón.

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*Notitas: Asdasdasdasd espero que haya quedado bueno ;u; nose... no me convence mucho, xD pero les aseguro que el siguiente sera mejor, lol, ya conoció a Hungría jijiji~ y seguira conociendola más :3, espero no haberme saltado nada de historia y eso u3u o modificado... en fin, lol se supone que aqui las personas nacen así (en los paises que son) y nacen como err... destinados a ser paises(?) solo que aca mis ojos Prusianos comenzo siendo la orden teutonica, que en sí no es un país... pero pff a ver si me entenideron y lo puse bien. Nos vermos ;D

Hetalia no me pertenece si no a Hidekaz Himaruya-sama!*