El colectivo estaba casi vacío.
Dos amigas cuchicheaban mirando una revista de chimentos. Tres personas alejadas las unas a las otras dormían. Uno andaba en su mundo, escuchando música y mirando por la ventana con aire ausente, pensando en andá saber qué. A Martín le interesaba tanto como le podía interesar estudiar las reglas del fútbol o las ecuaciones de factoreo con polinomios.
Sentado atrás de todo, en lo único que quería pensar era en como disimular las ganas que tenía de comerle la boca al chileno. Porque éste lo miraba provocativo. Casi literalmente, Manuel se lo estaba comiendo a él con los ojos. El argentino lo tenía en cuenta por su mirada, esa forma especial en que lo veía cuando se vestía para su clase de tango.
Reprimió una sonrisa. Chileno pelotudo, pajero de mierda...
Se saco el sombrero, poniéndolo delante de sus cabezas mientras le besaba la comisura de los labios. Manuel pegó un respingo, sorprendido. Por reflejo, se alejo pero Martín lo agarro de la remera firmemente. Porque no podía esperar a que llegaran hasta su casa para poder besarlo, no.
-¿Vos viste a alguien viéndonos?- Preguntó en un murmullo, todavía detrás del sombrero.
El chileno no respondió, relajándose con nerviosismo.
El rubio sonrió ampliamente y lo volvió a besar. Una y otra vez, besos cortos y apasionados. A veces, cuando se alejaba entre beso y beso, un hilo de saliva seguía uniendo los labios finos y rojos de Manuel con los labios suaves y carnosos de Martín.
-Mmph- Manuel se separó empujándolo a distancia cuando sintió que se quedaba sin aire, sin espacio, sin poder pensante.
El argentino miró a la calle y volviendo a poner el sombrero entre los pasajeros y ellos, lo besó por última vez, lento y profundo, pero corto. Se puso de pie, agarrándose del coso ese que sirve para agarrarse y no caerse, cuyo nombre Martín nunca tuvo interés en saber. Ni lo tenía ahora.
Lo único que le importaba desde que lo conoció, era el chileno.
-Dale que bajamos- Le dijo de lo más normal y cuando Manuel se paró (todavía un poco aturdido), Martín se inclino en su oído para susurrarle:- Tomalo como adelanto de lo que te va a pasar cuando lleguemos a casa.