Suiza está sentado en el sillón, abrazándose a sí mismo, y mirando atentamente a Germania, con el ceño fruncido. De hecho, no está hecho bolita en el suelo porque es demasiado ridículo. Mientras Germania está sentado al otro lado del sillón, en silencio, tratando de darle espacio.

Austria le ve y levanta las cejas... vuelve a frotarse la cara sintiendo que necesita tiempo para digerir lo que está pasando.

—Me alegra ver que ustedes dos siguen llevándose bien a pesar de los años —comenta Germania a Suiza en relación a Austria cuando vuelven a la sala.

—No nos llevamos bien. Le odio —el tsundere. Germania mira a Austria con una ceja levantada.

—Necesito pensar —sentencia sin reaccionar a lo que dice Suiza. Así que... por supuesto, se va al piano.

—Finalmente veo que sobreviviste gracias a eso... tenía mis dudas —murmura Germania mientras Alemania se le acerca, sentándose al otro lado del sillón con muchos carraspeos.

Austria se sienta, abre la tapa y organiza las partituras con ganas de responderle que hizo mucho más que sobrevivir, se hizo cargo de toda la maldita familia mientras él desapareció. Empieza a tocar claro de luna.

—¿Qué ha pasado con Österreich? —pregunta Germania hacia el suizo mientras Austria arregla las partituras. Suiza se sonroja y desvía la mirada, cruzándose de brazos con más fuerza y mirando hacia el austriaco.

Germania levanta la vista hacia Austria en cuanto empieza a tocar, levantando las cejas absolutamente sorprendido. Italia mira a Alemania, preguntándose si realmente estará bien.

—Escúchale y mírale... hizo mucho más que sobrevivir, un imperio del que podrías estar orgulloso. No sé qué dudas podías tener de él... —murmura Suiza mirando de reojo a Germania, quien frunce el ceño con esto.

—No te dejes impresionar, vati, eso es nuestro —suelta Prusia entrando de nuevo, con la húngara.

—Ah... Preussen —Germania se gira a mirarle y levanta las cejas al ver a Hungría porque no la esperaba.

—Mira... ella es Ungarn —sonríe y se sonroja un poco, apartándose para que la vea.

Alemania mira a Germania y luego a Prusia y suspira, pensando que, bueno... querría verle y hablar con él cinco minutos al menos. Hungría se ríe un poco, nerviosita, extendiéndole la mano para saludarle. Prusia la mira nervioso también y mira a su padre esperando también su aprobación, mientras Austria sigue tocando.

—¿Ella... es... tu mujer? —pregunta no muy convencido, mirando a Prusia, que vacila abriendo y cerrando la boca unas cuantas veces, sonrojándose más.

—Eh... ella... yo... algo... así —acaba en un susurro.

—Fue también la mujer de Österreich —indica Suiza.

Prusia fulmina a Suiza. Germania frunce el ceño y mira a Hungría, luego a Austria al piano y al final a Prusia.

—También Spanien fue marido de Österreich —replica el albino.

—Eh... —Germania parpadea con esto, decididamente sorprendido.

—Bien, bravo por Österreich —replica Suiza fulminando a Prusia.

—Veo que hay varias cosas que tienen que contarme. ¿Es Österreich el que está haciendo toda esa música?

Austria no contesta, apretando los ojos y temblando un poco.

—Dejen a Ausztria en paz —ordena Hungría, yendo a sentarse al otro sillón.

No estoy segura de que Germania le entienda un pimiento. Alemania carraspea otra vez. Prusia aprieta los dientes frustrado y celoso, porque estaba tratando de impresionar a su padre y al final todo acaba girando en torno a Austria, como siempre.

—¿Cuales son tus planes... —Alemania hace una pausa y mira al germano—, vater?

Germania levanta las cejas, porque ese "vater" es uno que nunca había oído. Suiza se revuelve en su lugar y Germania no tiene idea de cuáles pueden ser sus planes en lo absoluto... él tiene aún que ir a casa y arreglar una rencilla familiar... hasta ahí llegan sus planes.

Prusia se va al piano, le da un golpetazo a las partituras de Austria esparciéndolas por todo el suelo y luego se larga de ahí corriendo. Austria contiene el aliento y deja de tocar, mira a Prusia de reojo con las manos en alto sobre las teclas.

—Eh... ¡Ehh! ¿Qué pasa? —pregunta Germania, frunciendo el ceño y levantándose así como más o menos en automático, modo papá que tiene como 5 hijos y que está completamente habituado a reñirles todo el tiempo —. Preussen!

Prusia no hace ni caso y Austria vuelve a suspirar apretando los ojos. Suiza niega con la cabeza, mirando a Germania y haciendo los ojos en blanco antes de levantarse e ir hacia el piano.

Italia se va con Hungría y le sonríe, pidiéndole que vaya con Prusia en un susurro. Hungría está bastante sorprendida para estos momentos, pero le asiente a Italia y se levanta, yendo a buscarle.

Alemania mira a Austria de reojo, porque estas cosas no pasan habitualmente. Tenso. Italia mira a Germania y luego a Alemania mientras Suiza le recoge todas las partituras a Austria en un movimiento que a Germania, ahora sí, le parece bastante normal.

—¿Por qué no le enseñamos a tu padre todos los tipos de cerveza? —propone Italia para Alemania, para dejarles más espacio a Suiza y a Austria, benditos sean los latinos.

Ja, ja... —asiente medio abstraído, algo preocupado por Austria, levantándose del asiento y mirando a Germania, nerviosito con él, acercándose a Italia para que no vaya a irse. Italia le sonríe.

Germania no toca a Alemania, asintiendo un poco, pasándose una mano por el pelo y mirando a Italia con cierto agobio... él... siempre estaba en control de sus niños, y ahora parecía que todo estaba de cabeza por completo sin ningún tipo de control, cual si Roma estuviera ahí. Italia se los lleva a los dos a la cocina, a Alemania, de la mano.

—¿Estás... bien? —pregunta Suiza a Austria, poniendo las partituras sobre el piano.

Austria niega con la cabeza y se le empañan los ojos... cuando lo nota los abre y parpadea para impedirse llorar. Suiza levanta las cejas, y se le acerca, pasándole una mano por los hombros y abrazándole un poco.

Y Austria le abraza esta vez (esto se llama el punto débil de Suiza) porque tampoco está seguro de qué pasa con Prusia y toda esta situación es... demasiado rara. Está poniéndolo todo de cabeza. Suiza hace su mejor esfuerzo por darle un buen abrazo, e incluso le da un beso en la cabeza, ya que él está de pie y el austriaco sentado.

—¿Tú estás bien? —pregunta en un susurro. El rubio suspira sin contestar, pensando que claro que no está bien, es su PADRE el que está aquí—. Hoy sí puedes irte a casa a encerrarte unos días —bromea un poquito Austria, soltándole.

Suiza sorprendentemente... no le suelta, menos aún con ese comentario, abrazándole más fuerte.

—Creo que lo haré hasta yo... —añade el moreno.

Nein, tú estás aquí... tú no le necesitas.

—¿Tú sí?

—Le odio —susurra y lo que ocurre es que ya descubrimos lo que pasa con Suiza... que es que cuando uno vive en la montaña por años en perfecta soledad, empiezas a pensar en gente conocida... como Germania. Y a echar de menos especialmente a la poca gente que quieres.

—Y yo...

—¿Tú? —se separa y le mira de nuevo sin esperárselo como todos los germanos en esta historia. Austria asiente—. Pero... ¿por? —le mira porque es realmente extraño que Austria declare algo así.

El austriaco toma aire y respira profundamente, sin contestar. Suiza le sigue mirando, separándose de él y frunciendo el ceño. Austria le mira un instante y baja la cabeza, derrotado.

—Se fue... y te dejó todo. A Deutschland, a Preussen, a los Italias —cae en la cuenta.

Austria sonríe y el helvético levanta las cejas. El moreno toma aire, respirando profundamente y le mira.

—¿Tú qué opinas?

—Que es... vater, y está muy bien, pero... mein gott... ¿qué va a venir a reñirnos ahora?

—No lo sé... No lo sé. Querría... impresionarle, por una parte y por la otra me pregunto por qué querría impresionar a alguien que igualmente no va a comprender.

Suiza sonríe levemente, de lado.

—Creo que ya le has impresionado bastante, entre el piano y estar vivo... es un idiota si creyó que no lo lograrías —sí, eso es un cumplido. Austria niega con la cabeza—. Was? —pregunta frunciendo el ceño.

—Todas las peleas con Preussen... por la tierra, por Deutschland, por Ungarn, por Italien...

—¿Te... avergüenza con él?

Nein... eran por su rol. Preussen y yo peleábamos por su rol cuando él desapareció.

El suizo levanta las cejas, sorprendido.

—Querrías poder decirle que tú lo hiciste mejor... su rol.

—Es un equilibrio muy frágil y una pelea que sigo manteniendo con Preussen que no necesito que sea más compleja incluyéndole a él.

—Sigues peleando por ello —susurra sintiéndose de repente, completamente ajeno a su propia familia y gente.

—No de una manera activa...

—Germania no tiene un espacio en estos tiempos —y ojo que le llama Germania, desligándose voluntariamente de él, frunciendo el ceño y apretando los ojos.

—Me preocupa que lo busque... o que se vaya y tenga que repetirse lo que pasó la última vez... en cualquier caso desmorona el equilibrio con su presencia. Preussen compite conmigo otra vez...

—Y hay una familia de nuevo a la que yo no pertenezco —murmura él, sentándose a su lado en el banco del piano. Austria le mira, levantando las cejas porque no considera que no pertenezca... lo que no tiene es un rol activo—. Lo quise de vuelta tantas veces —agrega levantando una mano y haciendo un gesto para tomar la mano del moreno.

—Y yo... —admite, tomándosela.

—Y ahora mismo lo único que quiero es lo que quería cuando estaba aquí aun, que era salir corriendo.

Austria le aprieta la mano con fuerza y como están haciendo de esto un drama, va a sonar el timbre. Suiza sonríe, sintiéndose mejor de cualquier manera, por una vez, valorando su relación con Austria. Y ahí viene la plagaaaaaa.

—YO ABROOOOOOOO —grita Italia, corriendo por el pasillo hasta la puerta como un desesperado, dejando a Germania con Alemania en la cocina.

Cuando el italiano lo hace, se encuentra fuera a un sonriente España que no se ha callado en TOOOOODO el rato... y a la plaga... que se ha acabado por poner unos pantalones y una camisa de España, que ha dejado elegir a Francia, porque ha insistido "En Roma, haz como los romanos" y ahora está inspeccionando el timbre para tratar de ver cómo funciona cual si fuera Arthur Weasley. Está ENCANTADO con los coches, de hecho casi no han hablado nada más en todo el camino que sobre cómo funcionan, cosa que creo le han explicado a duras penas.

Pues si alguien le ha explicado un poco de coches ha sido Romanito, entonces sí ha aprendido mucho sobre el asunto. Medio de mala gana, eso sí... porque le ha caído más o menos… fatal. Casi tan mal como España.

Imaginen muchos ojos en blanco y empujones en los abrazos y hasta algún desagradable sonrojo. Es que joder, se parece mucho a España.

Bueno, el caso es que al ver a su nieto... bueno, creo que sobra decir de gritos, mocos, abrazos y lloros de nuevo. Francia al fin deja de abrazar a su padre cuando llegan a la puerta e Italia abre. España entra primero dejando que Roma abrace a Italia todo lo que quiera y ya le saludará después, buscando a Prusia.

Germania siente una perturbación en la fuerza. No, querida, Germania debe estar oyendo CLARAMENTE las voces de los verduleros adriáticos montando un ESCÁNDALO en el vestíbulo.

Meon gott in himmel, ¿qué pasa aquí? —Alemania, con Germania detrás, se topa a España.

—¡Anda! —España levanta las cejas al verlos a los dos juntos.

Alemania bufa porque tenso que está de por sí y España que le desquicia... Y España se va directo a abrazar a Germania, que se queda tieso como una tabla, extrañado con el abrazo.

R-Rom?

—¿Me conoceeees? —España tan feliz, se le separa después de más rato del que Germania querría.

Germania parpadea sin entenderle. El español carraspea y lo repite en latín.

—Te ves... —se sonroja.

—¿Sí? —presiona el moreno.

Quiero decir que Alemania y Germania se han entendido un 50% de lo que han dicho, y Alemania mira a España sin entenderle. Le mira a los ojos frunciendo el ceño.

—Extraño. Te has afeitado y, la ropa... ¿Estás bien?

—¿Afeitado? —España vacila porque aun no ha pillado el asunto de que le ha confundido, pasándose la mano por la barbilla. El germano carraspea, pensando que le gusta más con barba. Si sólo llevo barba en vacaciones cuando me da pereza afeitarme —vacila—. ¿Pero cómo sabes eso? ¡Te pareces un montón a Alemania! —más risas.

Germania sigue sin entender todo ese mejunje variado entre latín, italiano, español, francés… esperanto románico, vamos.

—¿Entiendes lo que pasa? —pregunta sin entender demasiado bien lo que dice.

—¿Lo qué pasa? Ah, ¿te refieres a esto de estar aquí y eso? ¡No! ¡Pero da igual! ¡Es muy divertido teneros de vuelta!

Rom... Los niños y... Nosotros —carraspea.

—Está ahí fuera con Veneciano —explica, pensando que le pregunta por él.

—¿Eh? Ja, ya vi a Veneciano.

—Es muy mono, a que sí —risa idiota (cielos, no me extraña que les confunda.)

El sajón se sonroja con la risa, mirándole a los ojos. Le pone una mano en el brazo y le jala hacia él. España parpadea levantando las cejas y sin entender qué hace.

—¿Qué vamos a hacer? —pregunta en un susurro, con los dientes entrecerrados.

—¿Hacer de qué? —inclina la cabeza, separándose un poco, porque Romano anda por ahí.

Germania le jala hacia él más aún, con cierta fuerza, dando un paso para alejarse de Alemania.

—Esto no está bien, los niños no están bien... Debe ser tu culpa.

—¿M-Mi culpa? ¿Qué les pasa? —parpadea y vuelve a separarse, pero el rubio le aprieta el brazo.

—Están incontrolables —susurra—. Y eso siempre es tu culpa.

—Nah, nah, lo que pasa es que se alegran de verte —pensando que les ha pasado lo mismo que a ellos.

Nein... No es que se alegren, ni siquiera se alegran... No siquiera me creen.

—¿Por qué iban a no creerte? —se vuelve a Alemania—. ¿No le creéis?

Ja, es que Österreich y Preussen...

—¿Qué pasa? Prusia estaba muy contento por teléfono —le habla en español a Alemania.

Nein, no les metas a ellos. ¿Qué les hiciste? ¿Cómo les arreglo? —presiona Germania, zarandeándole un poco.

—Espera, espera —pide España y se vuelve a Alemania—. ¿Qué pasa con Prusia y Austria?

Rom! —le empuja—. ¡Habla conmigo!

—¿Eh? —vacila y parpadea—. ¡Noooo! —se ríe.

—¿Puedes dejar de perder el tiempo?

—¡Yo soy España! —más risas.

—¿Eh?

—¡España! ¡Hispania! —repite.

—¡Ahhh! —cara de desagrado y le empuja con fuerza.

—¡Eh! ¡Pero no me empujes, que has sido tú quien me ha confundido con tu amante! —protesta.

Alemania mira un poco impresionado con el carácter de su padre. España se le acerca.

—¿Todo bien con Prusia y Austria? —pregunta de nuevo.

Nein, no demasiado. Preussen salió corriendo después de tirarles las hojas al suelo.

—¿Por? ¿Dónde está?

Ungarn fue por él, Österreich tampoco estaba bien.

—Oh... Germania tampoco parecía estar bien —le mira desconsoladito.

Spanien, ¿de verdad está Rom aquí también?

—¡Sí, es genial! Le recordaba más grande pero... bueno, es que yo era más pequeño —risas.

Österreich está con Schweiz. Vamos a la puerta a ver a los demás.

El español asiente.

Germania ha llegado a la puerta buscando a Roma, preguntándose si Hispania había querido decir algo como "amante", aprieta los ojos. Alguien, favor de prestarle a Roma el pañuelo numero doscientos veintisiete consumido hoy mientras llena a Veneciano de besos, pero ya soltándole más, para limpiarse la cara.

Francia saca los pañuelos desechables. Gracias.

—Oh... —susurra y sonríe inevitablemente al notar a Germania.

Rom! —se alegra (no lo sabe) Germania también.

—Tú debes ser... Schuitza? O... no, espera, el bebé, Doitslan... non, ¿cómo le llamáis? Alemanosequé ¡Cómo has crecido! —sonríe abriendo los brazos para que se le acerque—. ¡Eres la viva imagen de tu padre!

Recibe a cambio un golpe en la cabeza con la mano abierta, que le hace partirse de risa. Germania le mira de arriba a abajo, por cierto, y frunce el ceño.

—¿Tú también vestido así? —le jalonea de la camisa.

—En Roma haz como los romanos —se le acerca y le susurra, entrecerrando los ojos y sonriendo de lado.

Germania se sonroja, ahora sí seguro de quien es Roma, apretando los ojos y Alemania aparece tras él, buscando a Roma con cierta ilusión. Roma le levanta la barbilla a Germania y le da un besito en los labios, sonriéndole a los recién llegados... y levanta las cejas con Alemania.

—¡Por Júpiter!

El mayor de los sajones se sonroja hasta las orejas con el besito, aceptándolo, mirando al suelo. Alemania vacila al ver que le mira.

—¡Mira esto Germaniae! ¡Es una versión más joven, más guapa y más fuerte de ti! —exclama acercándosele y le cierra un ojo coqueteándole (lo siento, lo siento.)

Veneciano se acerca a Alemania CORRIENDO. Germania abre la boca y Alemania se sonroja hasta los pies. Da un pasito hacia atrás y el romano se lleva un arreo FUERTE en la nuca.

—¡Oh! —protesta Roma y se lleva las manos a la nuca, riéndose igual. Francia se muere de la risa, confirmando que ha sido excelente idea el no haber traído a Inglaterra.

—¡Deja de hacer eso con mein sohn! —le riñe Germania.

Veneciano toma de la mano a Alemania, nerviosito y le sonríe a su abuelo. Alemania sigue mirando a Roma completamente impresionado. Boca abierta y todo.

—Tranquilo, tranquilo, no te pongas celoso —Roma le sonríe a Germania con cinismo y se acerca a Alemania igual—. Me han dicho que estás en la cresta de la ola —mano sobre el hombro.

Alemania no acaba por estar seguro de lo que dijo, realmente, pero vacila mirándole a la cara.

—No son celos, idiota—protesta Germania.

—Mi nieto tiene buen gusto —guiño a Veneciano mientras sonríe y le acaricia la mejilla sutilmente a Alemania.

Alemania NO se quita, idiotizado. Veneciano sonríe orgulloso por la aceptación recibida. Roma le da unas palmaditas sobre el hombro y a la tercera le da una palmada en la espalda trayéndole hacia sí y abrazándole. El alemán le deja abrazarle, bastante tieso y tenso, pero sin quitarse.

—Pues sigo pensando que tú también tienes buen gusto —sentencia Francia, acercándose a Germania, que está fulminándole.

—Mira qué mono, es como tú, se queda igual de tieso que un palo —se ríe Roma sin soltarle y se acerca al oído de Alemania—. Me han dicho que eres trabajador y serio, me gustas hasta ahora, pero más te vale ser digno de Veneciano y tratarle como se merece —le susurra... ese deje mafioso.

Alemania, que estaba en el idilio, carraspea mirándole de reojo. Roma le suelta volviendo a reírse enseguida, pero aun tomándole de los hombros.

—Es verdad, no os lo hemos dicho, Franciae y yo hemos decidido organizar una bacanal para esta noche.

Oui! —suelta Francia contento, abrazando a Germania.

—¿U-Una was? —pregunta Alemania, medio atemorizado con Roma.

—Una bacanal, muchacho, ahora que ya todos sois mayores y ya sabéis lo que es un abrazo especial... ¡para celebrar la vuelta!

Francia se muere de la risa.

—¡Nonno! Nonno! —le llama Veneciano y él le mira sonriendo—. ¡Tienes que probar la pasta!

—Abrazo... Was?

—Sexo, chico... no me digas que aun no... —mira a Veneciano incrédulo, quien frunce el ceño hacia Alemania.

—Eh... Oh... Que... —le empuja un poco para quitárselo de encima, empezando a estar rebasado.

Germania jala a Roma del cuello, alejándole de Alemania y Francia sonríe, planteándose si debería traer a Inglaterra. Así que Roma acaba por soltarle, claro, mirando a Francia cómplice.

—Voy a tener que invitar a Angleterre entonces...

—Sí sabe lo que es el sexo, abuelo, créeme —suelta Veneciano aun fulminando a Alemania porque no lo ha dicho él.

—Ya te lo he dicho antes que me da mucha curiosidad tu chico —le comenta Roma a Francia y luego le sonríe a Veneciano, calmándose un poco.

Italien? —Alemania se sorprende con su existencia.

Italia le mira y el alemán le pone una mano en el cuello y lo acerca un poco a él. El latino sonríe, acercándosele.

—¿Tienes curiosidad de mi chico, entonces? —pregunta Francia a Roma y le cierra un ojo y saca el teléfono—. ¡Pero si lo conoces bien!

—Le conocí cuando era un mocoso salvaje que te llenaba de barro treinta veces al día —responde sonriendo—. Al final aprendiste a soportar el barro bastante bien.

Tais-toi... Ahora es un mocoso salvaje que tiene sexo ardiente conmigo —se ríe mientras Germania como quien no quiere la cosa medio abraza a Roma. Sólo le falta orinarle encima para establecer territorio.

—Digno hijo mío —le sonríe orgulloso, abrazando a Germania de vuelta casi sin mirarle—. ¿Has visto qué grandes se han hecho los niños? —momento sentimental numero 16482649 hoy.

Germania, que ha notado a Francia hace rato y se ha sonrojado ya bastante con él, misma pesadilla de siempre.

Ja. Es preocupante. No se llevan bien... En lo absoluto, ni siquiera Schweiz con Österreich —pobrecito.

—¡Vamos! ¿Dónde están los demás? Casi echo en falta una espada de madera machacándome las piernas en esta casa... —mira alrededor—. Esa sí que no me la creo —le replica a Germania.

—Sí que es así... Preussen se ha peleado con Österreich y... —le cuenta agobiado. El moreno le escucha sin dejar de abrazarle por los hombros, mirándole —. Rom. Algo no va bien, ni siquiera me reconocen.

—¿Cómo van a no reconocerte, has visto a ese muchacho? ¿Al de Veneciano?

Deutschland. No se acuerda de mí.

—Era muy bebé, ¿verdad? Pero yo creería que a mí sí me ha reconocido, debería pasar lo mismo contigo...

—No me ha reconocido, ni él, ni Österreich ni Schweiz.

—Vamos a ver qué ha pasado —sonríe y le aprieta un poco, dándole ánimos—. ¿Dónde están Suissa y Austria?

—En la sala, me parece, Österreich hace algo de música que va a gustarte —se le quita lo tsundere un poco cuando hay factores extraños y sus hijos están mal.

—¡Ah! Eso lo dices porque no has visto lo que hace Hispaniae (que por cierto se ha ido con Prusia porque me he olvidado de su existencia malditoroma) con una lira pegada a una caja así —hace las formas de la guitarra—. Parece el cuerpo de una mujer desnuda.

Was? —se sonroja.

—Pues esa es su forma, ¿cuánto hace que no estás con una que te sonrojas?

Preussen tiene una mujer —murmura haciendo un sobre esfuerzo por ignorar el comentario (sonrojándose el triple.)

—¡Oh! ¿Y es bonita? ¡No la conozco! —exclama, mirando alrededor.

—Es bonita, ja, y habla una lengua bárbara que no conozco —murmura cuando Francia les pide que vayan a la sala, empujándoles un poco.

—¡Quiero conocerla! Quiero verles a todos —Roma toma a Francia por los hombros también con el otro brazo, dejando que les guie.

—Voy a hablarle a Angleterre —sonríe Francia y le da un beso a su padre en la mejilla.

—Deberías ves eso, parecen tontos, hablan con unas cosas así pequeñas... —indica Roma a Germania soltando a Francia y entrando a la sala.

Así que la bola de locos histéricos invasores entran a la sala cuando Austria y Suiza están monamente sentados al piano, tomándose de la mano.

—¿Unas cosas pequeñas? —pregunta Germania sin entender, mirando a Roma y sintiéndose, por UNA vez, un poco más tranquilo con su presencia.

—Son unas cosas negras así y es como si hablaran solos, pero les oyen de el... —Roma se calla al ver a Austria y Suiza.

Austria levanta la cara y les mira. Suiza se tensa pero no suelta a Austria, mirándoles también.

—Esos dos son Österreich y Schweiz —informa Germania cual si requiriera hacerlo.

—Oh... —suelta un poco a Germania, acercándoseles y mirándoles.

Suiza mira a Roma con desagrado, apretando suavemente la mano de Austria, que se la aprieta de vuelta y Roma les sonríe. Alemania entra abrazado por Italia #hedicho, mirándoles a todos bastante emocionado.

—Dioses, estáis tan mayores y tan guapos... Germania, mírales y dime que si no fueran tus hijos…

—¡Por Odín, qué clase de comentario es ese Rom! —protesta Germania.

—No les temerías —acaba girándose y guiñándole un ojo—. Poneos de pie, dejad que os vea —les pide.

Francia, si estuviera ahí, se reiría porque le encanta que evoquen a Júpiter y Odín. En su lugar, es Romano el que se ríe, también le hace gracia, de hecho, de manera aún más sarcástica.

Suiza mira a Austria de reojo, sintiéndose ridículo y pequeño otra vez, como niño al que la tía le pellizca los cachetes. Austria toma aire y se pone de pie, levantando la barbilla y plantándole cara... porque sólo Austria es tan orgulloso o insensato de hacer eso con Roma.

—Ehh... —vacila un poco sin levantarse y otra vez sin poderse creer que este sea Roma, además de que su padre esté aquí y todas esas cosas. No le suelta la mano a Austria y se levanta —. Ave.

Roma levanta las cejas a Austria y sonríe a Suiza, mirándoles a los dos, levanta las manos y les pone una en la mejilla a cada uno. Suiza se quita un poco (no del todo.)

—Mira, no hay nada —le muestra la mano Roma antes de acercársela de nuevo más suavemente.

—No es que te tenga miedo, es que no me gustas —responde Suiza en latín, mirando a Roma a los ojos. Germania sonríe de lado al escuchar a Suiza.

—Tú a mí sí —le guiña un ojo y los atrae abrazándoles a los dos.

Austria se tensa con eso, sin esperárselo. Suiza le pone una mano en el pecho y le empuja un poquito, sonrojándose porque no es la primera vez que escucha eso.

—No os haría ningún daño ser un poco cariñosos con vuestro padre que se siente desorientado, sois su familia —susurra para los dos antes de soltarles.

Suiza hace los ojos en blanco, sintiéndose regañado. Austria parpadea porque definitivamente eso no era lo que se esperaba.

—Jum! —protesta el suizo mirando a Germania de reojo, extrañado de que alguien pida que sean cariñosos con él. Mira a Austria también.

Austria mira a Germania de reojo, quien les está mirando de arriba a abajo a él y a Suiza, con sumo interés de cada reacción que tengan, envidiando un poco que Austria sí se haya dejado abrazar por Roma.

—Parecen grandes hombres y no dudo que deben serlo, eres dichoso, Germaniae —sonríe finalmente volviendo a ponerles la mano en la cara.

—Lo soy —responde Germania escuetamente, más orgulloso de lo que aparenta, mirando a Austria, a Suiza y por último a Alemania —. Me alegraría saber que ellos también lo son.

Y a Austria se le empañan los ojos al oír decir eso a Germania. Y Suiza le aprieta un poquito más la mano, que le suda además, mirando a Germania. Alemania carraspea, tragando saliva con dificultad, con un nudo en la garganta.

—Finalmente, nadie quiere a sus hijos por ser grandes, los quiere por ser suyos —agrega Germania con su voz serena y seria, aunque se le corta un poco la voz cuando lo dice.

Austria mira a Germania fijamente de una manera mucho menos dura y Roma sonríe de lado. Y es a Suiza a quien se le humedecen los ojos esta vez también, teniendo que parpadear rápidamente para evitar las lágrimas. Alemania, el peque, se sorbe los mocos.

Germania les mira otra vez uno a uno, echando de menos a Prusia, que entra por fin acompañado de España. El mayor de los sajones se gira a mirar a Prusia en cuanto entra. Le mira a los ojos.

Prusia mira a Austria con odio, quien no le hace ni caso, apretando la mano de Suiza sintiéndose de nuevo un niño pequeño, hasta que nota la mirada de su padre. España les mira a ambos tratando de saber si realmente ha pasado algo.

—Espero que todos ustedes arreglen sus diferencias como los hombres que son —murmura el germano para Prusia.

—Yo creo que si todos han sobrevivido por tanto tiempo es porque saben cómo resolver sus diferencias —se ríe Roma, quitando hierro a las palabras de Germania, mirando a Prusia—. Furia blanca —le sonríe.

Prusia vacila a punto de contestar alguna cosa y parpadea, quedándose petrificado mirando al romano. Alemania vuelve a sorberse un poco los mocos porque aunque no parezca, siempre había querido la aceptación de su padre. Aún así, mira a Austria de reojo.

—Ven aquí —pide Roma abriendo los brazos hacia Prusia para que se acerque a abrazarle.

Austria sigue mirando a su padre y suelta un poco la mano de Suiza, dando un paso hacia él. Germania suspira, pasándose una mano por el pelo, mirando a Roma con Prusia de reojo. Baja un poco la cabeza.

Suiza mira a Austria de reojo, que se acerca otro paso a su padre con el corazón en un puño otra vez, traga saliva mirándole fijamente a los ojos. Germania levanta la vista un poco, notando el movimiento.

Austria se le planta delante, vacilando de manera MUY rara en él y se humedece los labios. Prusia mira a Roma y de repente, sin motivo aparente, se sonroja cosa mala, riendo de nervios. España le mira de reojo y levanta las cejas.

Germania levanta la cara, sosteniéndole la mirada al austriaco y tragando saliva.

—No me... hagas daño —pide en un susurro Austria, casi sólo moviendo los labios. Germania levanta un poco la mano y vacila un poco. Traga saliva.

—¿Por qué habría de lastimarte? —pregunta el germano suavemente.

Austria aprieta los ojos, tomando aire para respirar profundamente mientras Germania levanta una mano y se la pone suavemente en el hombro. El moreno abre los ojos y muy suavemente se acerca un pasito hacia él.

Germania suelta el aire, poniéndose un poquito nervioso y con el corazón acelerado, jala suavemente a Austria hacia él, dando un pasito también. Le acaricia un poco la espalda y sube la otra mano, abrazándole.

Y Austria le abraza también escondiendo la cara en su cuello. Roma les mira de reojo y sonríe. Germania le abraza con firmeza, pero con bastante suavidad, sabiendo bien cómo abrazar a Austria, acariciándole la espalda.

—Siempre has sido el más listo de todos —susurra Germania para Austria.

Y Suiza se limpia los ojos un poco, mucho más conmovido de lo que quisiera. Austria intenta esconder un sollozo en una respiración profunda y falla bastante el empeño.

Germania sigue abrazándole y acariciándole la espalda, con bastante más corazón del que pareciera que es capaz.

—Quiero escuchar de ti cómo ha sido todo hasta ahora —asegura el germano.

—Te lo contaré... —susurra el austriaco.

—¿De verdad ya no te hablas con Schweiz? —pregunta el germano y todos hacemos los ojos en blanco, preguntándole si no les vio agarrarse de las manos.

Austria sonríe un poco sin poder evitarlo. Germania le da palmaditas en la espalda al austriaco, mirando a Suiza que sigue haciendo un gran esfuerzo por no llorar así con sollozos, mientras Alemania ya está abrazando a Italia con fuerza y la nariz hundida en su cuello.

—Sin él no podría hacer música —confiesa Austria sólo para su padre, en un susurro.

—¿Y él lo sabe? —pregunta.

Austria se separa sin responder. El mayor le pone una mano en la barbilla obligándole a que le mire. El austriaco sonríe de lado.

—¿La chica y el hispanien? —pregunta, mirándole con mirada cargada de sentido.

—Ha sido una vida larga, difícil y hermosa. Me han querido y he querido a muchas personas de muchas maneras... y por suerte para mí, algunas de ellas aun lo hacen —responde suavemente.

Germania toma aire con eso, pensando que él, hablar de amor, sería incapaz. Menos aun de pensar en personas que le quieran. Valora a Austria de otra manera desde este momento. Le suelta la barbilla.

—Consuela a Schweiz por mí... ¿Él está bien? —se gira hacia el mencionado. Austria mira a Suiza de reojo —. ¿Ha sido feliz? —pregunta preocupado porque Suiza mira al suelo concentrado, aún sorbiéndose los mocos. Además de que Suiza siempre es difícil de leer.

—Creo que merece que seas tú quién se lo pregunte... —le mira de reojo.

Germania asiente con eso mirando a Suiza y entendiendo que tendrá que buscarse un "momento de ordeñar a las cabras" para hablar con él. Le da dos palmadas a Austria en la espalda para mandarle con Suiza.

Dankeschon —susurra.

Bitte —responde altivamente acercándose a Suiza, con mucha más confianza ahora.

Germania se sienta en el sillón, mirándoles, sintiéndose cansado repentinamente. España y Roma, los DOS se suenan los mocos coordinadamente, llorando lo más silenciosamente que pueden (que es casi nada) como magdalenas.


¡No olvides agradecer a Josita la edición!