Título: Love can wait

Summary: Scorpius y Albus son dos adolescentes necios que no quieren que sus padres estén juntos y que harán todo por evitarlo. ¿Lo lograrán o el tiro les saldrá al revés? Ante esto, ¿Seguirán odiándose o aprenderán a verse de otra forma?

Disclaimer: Los personajes de Harry Potter no me pertenecen.

Advertencia: Slash o relación hombre/hombre.


Capitulo 2

-¿Harry estás bien?

El auror despertó de su letargo y miró a su mejor amigo, quien le veía curioso. Se encontraban en un pequeño bar muggle que frecuentaban desde hace algunos meses, esto debido a la tranquilidad que podían respirar allí ya que a diferencia del Caldero Chorreante allí nadie los acribillaba con preguntas y fotos. Un pequeño altibajo de la fama que se habían acuñado hace tantos años.

Ronald seguía siendo una de las pocas personas a las que Harry le confiaba absolutamente todo, a pesar de que hubo una etapa tensa entre ellos (mientras Harry y Ginny decidían divorciarse) su amistad se mantuvo intacta y en general su relación con los Weasley se mantuvo. No sólo era el que Harry se sintiera unido a ellos, sino también que la extensa familia de pelirrojos realmente lo consideraba como uno más de ellos. Incluso seguía siendo excelente amigo de Ginny.

-Sí lo estoy. –respondió el hombre moreno. –Sólo me quedé pensando.

-Pensé que estarías emocionado. Los chicos vuelven de Hogwarts en unos días y se quedarán contigo, ¿No es así?

-Sí. –confirmó Potter. –Es sólo que creo que voy a tener que tener una charla con ellos.

-¿Charla de qué? –indagó Ron.

-Y al parecer también contigo. –Harry suspiró. Había estado evitando el momento de tener que hablar por tantos meses, tratando de que nadie se diera cuenta de lo que pasaba. Incluso había logrado despistar a Hermione, lo que requería de una habilidad que nunca había sabido que tenía pero que seguro había ido perfeccionando tras tantos años.

-Entonces empieza a hablar compañero. –soltó Ron dando un trago a su cerveza. –Porque no tenemos toda la noche.

-Estoy viendo a alguien, Ron.

El pelirrojo se atragantó con su bebida, lo que provocó que Harry se sintiera más avergonzado de lo que ya estaba si es que eso era posible. Por su cabeza pasaron todas las maneras posibles de poder huir de ahí y evitarle tanto a su mejor amigo, como a sí mismo, aquella incómoda conversación.

-Ron. –le reclamó. –Por Merlín, ¿Qué fue eso?

-Me tomaste por sorpresa, compañero, ¿Qué esperabas? –el pelirrojo se limpió con la manga los labios. –Entonces, ¿E-Estás viendo a alguien?

-Así es, bueno, digamos que después de una serie de acontecimientos me di cuenta que quería ampliar mis horizontes un poco. –Harry dijo, sin tener una mínima idea de cómo iba a explicarle eso a su mejor amigo, mucho menos a sus hijos.

-No te entiendo.

-Bueno que la persona que he estado viendo no es una mujer, Ron. –confesó el auror de pronto. El pelirrojo abrió los ojos con sorpresa.

-¿Qué?

-Pues eso.

-¿Quieres decir que estás saliendo con un hombre, Harry?

Potter rodó los ojos.

-No Ronald, estoy saliendo con un hipogrifo. ¡Pues claro que con un hombre! –exclamó exasperado. –Sé que puede ser extraño, pero…

-No es extraño. –se apresuró a aclarar Ron, esperando que Harry no hubiera tomado su sorpresa como asco o rechazo. –Sólo inesperado. Siempre creí que sólo te gustaban las chicas, aunque tiene un poco de sentido. Me parecía que le mirabas mucho el culo a Oliver Wood en los partidos de Quidditch.

Harry se sonrojó.

-No seas idiota, es algo que acabo de descubrir hace poco, es por eso que es inesperado. Yo sé después de tantos años la sexualidad es concebida más como un espectro, pero…

-Pero sí puede ser un poco mal visto. –admitió Ron. –Pero no te preocupes, recuerda cuando Dean y Seamus dijeron que eran pareja. Nadie los juzgo.

Harry se puso pensativo.

-Lo sé, pero no es eso lo que me preocupa. –confesó el moreno. –Es a la persona a la que estoy viendo.

Ronald alzó las cejas.

-Deja de andarte con rodeos, Harry. Ya no somos niños. Eres un adulto y tú sabes lo que haces, así que con hayas decidido estar estoy seguro que es alguien bueno para ti.

-Es Draco Malfoy.

-¿Qué? –Ron gritó. -¿Malfoy? ¡Estás loco!

Harry agradeció que en ese pequeño bar muggle nadie les conociera porque de no ser así, ya tendría a toda la prensa sobre él para mañana por la mañana gracias a los gritos de su amigo. El rostro de Ron estaba totalmente deformado por la sorpresa y Harry ya se lo veía venir.

Draco había estado alrededor de ellos por largos meses pues tenía asuntos pendientes en el Ministerio, lo cual lo llevó a encontrarse con Harry más seguido de lo que quisiera. Además de que en ciertos eventos, el auror y sus amigos seguían viéndolo aparecer.

El apellido Malffoy continuaba siendo considerado como un apellido oscuro, aun así nadie sería tan estúpido para no mostrar cierto respeto infundado en el temor hacia él, era por eso que todos mantenían su distancia del rubio aristocrático, excepto Harry, quien no le temía para nada y de ahí había crecido una historia demasiado complicada y larga de contar.

-No lo entiendo. –dijo Ron después de largos minutos de silencio.

-No esperaba que lo entendieras. En realidad nadie lo entenderá, de eso estoy seguro. –murmuró Potter.

-¿Y porque vas a decírselo a tus hijos ahora? –quiso saber Weasley.

-Porque planeo seguir viendo a Draco, Ron. Y quiero que lo sepan por mí antes de saberlo por algún periódico o revista estúpida. –explicó el hombre de anteojo y ojos verdes esmeralda.

-Estás loco, Harry. Es una locura. –musitó el pelirrojo.

-Oh vamos, sabes que no sería yo mismo si no estuviera metido en alguna locura. –el moreno sonrió pero Ronald estaba terriblemente serio.

-Espero que sepas lo que haces.

Dicho esto el pelirrojo se marchó de allí con un rostro totalmente anonadado y dejando a su amigo solo, cuestionándose si en verdad valía la pena que todos los que conocía le fueran a dar la espalda por algo que no sabía si iba a funcionar.

-Supongo que tendré que averiguarlo. –murmuró en voz baja para sí mismo.

-Scorpius, he hablado con mi papá. –le dijo la voz de su novia. –Y he logrado sacarle algo de información.

-Elena, te dije que lo dejaras. –se quejó el rubio. Odiaba la insistencia de Zabini.

-Bueno, el punto es que creo que no te gustará, así que no te diré nada. –la morena musitó distraídamente.

-¿Qué?

-Pues eso.

-¿No va a gustarme?

-Noup. –respondió.

-¿Es algo malo?

-Quizá para ti lo sea.

Scorpius rodó los ojos.

-Suéltalo, Elena. ¿Qué te dijo tu padre?

El Slytherin se sentó en su cama y ella se acomodó en su regazo con una enorme sonrisa, al parecer feliz de haber podido manipular a Scorpius lo suficiente para que la escuchara sin siquiera tener que pedírselo.

-Papá dice que es probable que Draco esté viendo a alguien. Que está actuando como cuando salía a escondidas con esa mujer italiana que tanto te desagradaba.

-Me hacía llamarla mamá Carla. Eso ya era bastante de mal gusto. –repuso el rubio. –Entonces… ¿Cree que mi padre tiene una novia?

-Él no ha dicho eso, sólo ha insinuado que Draco podría estar conociendo a alguien que le guste y eso es lo que va a contarte.

-Suena horrible.

-Sabía que no te gustaría la idea.

-Odio cuando papá hace esto.

-Él tiene derecho a…

-Lo sé. –le cortó Scorpius. –Pero no puedes pedirme que me agrade.

Scorpius se puso de pie y le dio la espalda a su novia antes de salir de la habitación bastante irritado dejándola allí sin siquiera despedirse. Caminó por los pasillos en busca de su amigo Sebastian para ir a practicar Quidditch un rato con el fin de distraerse y dejar de pensar en la estúpida manía de su padre de salir con gente que realmente era deplorable... cuando encontró una mejor distracción.

Fue imposible no notarlo cuando estaba justo frente a él, una chica se encontraba agachada recogiendo un par de libros que se le habían caído y Scorpius tenía la mejor vista de su trasero. Un culo increíble a decir verdad. Sea quien fuera si no había pasado por su cama eso iba a cambiar ahora mismo.

O eso creyó hasta que ella se levantó y fue capaz de ver algo que no había notado. Un espeso cabello pelirrojo. Una Weasley. No, peor aún. Una Potter. Lily Potter.

¿Cómo es que una insignificante mocosa de quince años podía ser tan increíblemente bella? Joder, ¿Y cómo es que él no lo había notado antes? Maldita Lily Potter con su maldito culo de revista porno.

Y malditas fueran sus propias hormonas que no le dejaban controlarse.

-Hola, ¿Necesitas ayuda? –preguntó el rubio.

La pelirroja le miró sonriente y le tendió sus libros sin siquiera pensárselo. Al parecer el hecho de recibir atención masculina no era raro para ella. Tampoco era una molestia. A Scorpius esto no le sorprendió en lo más mínimo, Lily no sólo era la hija de un famoso héroe, sino que también poseía una belleza realmente capaz de cautivar hasta a los chicos mayores, como el mismo Scorpius.

-Gracias, que amable eres, Scorpius. –soltó la quinceañera. –Voy a mi cuarto, ¿Me ayudas a llevarlos hasta la Sala Común? –preguntó.

-Claro. –cedió el Slytherin, un poco molesto ante la idea de que le vieran cargando los libros de una Potter. –Si quieres puedo llevarlos hasta a tu cuarto. –agregó con cautela.

Por un segundo creyó que Lily le soltaría una bofetada o un tragababosas y se iría airadamente de allí, pero por el contrario sólo se rio con gracia y le miró con curiosidad abriendo sus bonitos ojos color marrón. Scorpius pudo sentir la brisa del verano inundando el castillo y por un segundo el perfume de la pelirroja llegó hasta su nariz, una combinación frutal de fresa y mandarina le deleito el olfato.

Quizá Lily si fuera sólo una chica de quince de esas que no resisten palabras dulces y a un rostro bonito…

-Tal vez después, ahora estoy muy ocupada. –replicó guiñándole el ojo.

…O quizá no lo fuera.

-¿Qué sabemos de Lily Potter?

Sebastian gruñó. Ser el mejor amigo de Scorpius Malfoy no era tarea fácil, tenía no sólo que aguantar sus drásticos cambios de humor, sino que también tenía que atenerse a sus arranques de locuras injustificadas, a tener que dar la cara frente a Elena Zabini por él y eso no era todo sino que cuando Scorpius quería algo no importaba que tan ocupado Sebastian estuviese, siempre tenía que prestarle atención o se atendría a un berrinche de aquellos.

Así que puso el libro que leía de lado y se enfocó en él.

-Que no nos acercamos a ella. Es una Potter. –le respondió a su amigo.

-Una Potter muy guapa. –añadió el Slytherin con malicia. –Vamos, Sebastian. ¿Qué tan divertido sería? Además imagina la reacción de James Potter si se enterara que tuve algo que ver con su hermanita.

Scorpius no detestaba a James, sin embargo era el capitán del equipo de Quidditch y después de haber ganado tres años seguidos se había vuelto arrogante y confiado y no había nada que Scorpius detestara más que alguien que compitiese con él en esos dos aspectos.

El castaño suspiró.

-Ha tenido varios novios, según sé. –afirmó. –No estoy enterado de casi nada, Scorpius. Creo que es bastante coqueta si me preguntas, pero no sé nada más.

-En terreno sexual, mi querido Sebastián.

-Apuesto 1000 galeones a que no es virgen. –finalizó.

-Lo mismo pienso yo. –opinó Malfoy. –Ya lo veremos.

Scorpius sonrió.

Sebastian se puso de pie y lo encaró, un poco cansado de su cinismo y su desfachatez. No sólo tenía una novia bonita, inteligente y amable, sino que Elena era su amiga de la infancia, era alguien que había estado para él por años. Sebastian no entendía cómo es que Scorpius no se tocaba el corazón y dejaba de jugar con ella. Así se lo hizo saber.

-Pero en serio, Scorpius, no quieres dejar de engañar a Elena. Ella es una chica hermosa, ¿Qué te hace falta con ella?

-Nada. Es por eso que no quiero cagarla. No quiero que nos acostemos y que después de eso la odie, así como me pasa con todas.

-No has pensado que quizá el que es malo en la cama eres tú. –aportó su amigo distraídamente.

-No puedo saberlo…

-Me parece lo más lógico.

Scorpius bufó.

-Cierra el pico.

…...

-Elena estuvo preguntándome cosas.

Draco dejó de leer El Profeta para alzar la vista hacia su amigo.

-¿Qué clase de cosas, Blaise?

-Sobre ti.

El hombre rubio bajó su ejemplar del periódico y fijó totalmente su atención en Zabini, quien tomaba un sorbo de zumo de naranja del otro lado de la mesa. Se había aparecido allí para desayunar así sin más, sin avisar o llamar antes. Tan típico en Blaise, tan molesto para Draco. Menos mal que había llegado en un momento oportuno, porque no quería imaginarse la cara que hubiera puesto su amigo de haber ido y encontrado una situación difícil de explicar con cierto auror que últimamente amanecía en su cama.

Y no es que Malfoy se quejara.

-¿Qué quiere saber tu hija sobre mí? –interrogó Draco confundido, lo único que la hija de Blaise y él tenían en común era Scorpius.

-Si habías estado actuando raro, al parecer Scorpius dice que tienes que contarle algo.

-¿Qué le respondiste?

-La verdad. No iba a mentirle a mi hija. –soltó el moreno con indiferencia. Draco rodó los ojos, sabía que Blaise lo estaba probando para saber si estaba ocultando algo. –Le dije lo que pienso.

-¿Y eso es…?

-Que estás acostándote con alguien. –Draco bufó. Ya lo veía venir. –Aunque no con esas palabras. Le dije que creía que estabas saliendo con una persona por cómo estás actuando. Raro, no nos dices a nosotros, tus amigos, lo que has estado haciendo o donde te encontrabas, te pasas más tiempo en tu casa y tienes una cara de satisfacción que da miedo. Es un poco obvio.

-Blaise, no…

-Ahora sólo dime si es una mujer o un hombre, Draco. –acotó Zabini, por fin dignándose a poner verdadera atención en su amigo.

Draco suspiró.

-No voy a hablar contigo de mi vida privada si no quiero. –espetó seriamente.

-Lo cual quiere decir que no va a gustarme. –dedujo Blaise. – ¿Es una sangre sucia? ¿O es una de mis ex? En todo caso mientras no sea mi esposa…

-Cállate. No es nacida de muggles, no has salido con ella y créeme que no es Pansy. –exigió el rubio. –Primero voy a hablar con Scorpius sobre el tema y luego podrás enterarte.

- Ahora estoy más convencido que con quien te estás acostando tiene que ser un hombre.

-Piensa lo que quieras.

-Draco, yo no voy a juzgarte. Puedes contármelo.

-¿Bromeas? Claro que vas a juzgarme.

-Bien, quizá si lo haga, pero…

-Se acabó, Blaise. –puntuó Malfoy. –No quiero seguir hablando del tema.

Y dicho eso volvió a alzar El Profeta entre ellos y a fingir que lo leía. Zabini se quedó callado sin agregar nada más. Draco estaba seguro que miles de ideas pasaban por su cabeza, pero que ninguna se acercaba siquiera a la realidad. Nadie iba a imaginarse que con quien él estaba viéndose a escondidas de todos, era nada más y nada menos que Potter. Harry Potter.

Ni siquiera él mismo hubiera sido capaz de imaginárselo. Y es que era una locura pero así era. Potter le había empezado a dirigir la palabra con cordialidad y manteniendo una diplomacia admirable por lo que Draco le respondía de igual manera. Quizá todo se hubiera quedado en eso, en cordialidad y nada más, si no hubiera sido por aquella noche que le había encontrado en cierta fiesta del Ministerio con unas copas de más y dejando que un secretario bastante bien parecido le besara en los baños de hombres. Ambos le habían mirado apenados. Después de eso Potter salió huyendo y Draco se quedó mudo y bastante extrañado.

Y eso lo había cambiado todo. Desde aquella noche Draco no había podido sacarse esa mórbida escena de la cabeza y la idea de Potter besándose con otro hombre le había estado torturando por noches enteras. La única parte extraña era que cada vez que pensaba en ello, empezaba a querer ser él quien besara al auror en lugar de un idiota de veintitantos que se aprovechaba de sus borracheras. Draco jamás había negado su bisexualidad, pero de ahí a imaginarse con Potter…

Y allí había sido cuando Harry se acercó a hablar con él.

-Draco, ¿Podemos hablar? –le había preguntado cierta tarde que el rubio había ido al Ministerio.

-Potter, ¿Cómo supiste que estaba aquí? –cuestionó intrigado, ciertamente estaba muy lejos del departamento de aurores.

-Escuché a alguien mencionarlo y en serio quería poder hablar contigo.

Draco asintió.

-¿Crees que aquí sea el lugar indicado?

-Claro que no. –musitó el moreno. –Pero podemos ir a tomar algo, si no te molesta, claro. Sólo serán unos minutos.

El rubio lo pensó detenidamente. De verdad no consideraba correcto o incluso agradable, pasar unos minutos con Potter tomando algo. Parecía un mal chiste. Pero por otro lado era imposible negar que imaginárselo besándole como había visto a otro hacer, estaba torturándole y dándole vueltas en la cabeza. Estaba intrigado ciertamente por lo que el-niño-que-vivió tenía para decirle.

-Está bien, vamos.

…...

Albus cerró su baúl, ya estaba listo para volver a casa el día siguiente para las vacaciones. Suspiró, se puso la bufanda y salió del cuarto para ir a cenar.

Rose lo estaba esperando en la Sala Común junto a dos chicas. Una de ellas era su amiga Marissa, y la otra una chica llamada Penny. Al bufó al verlas, ¿Qué acaso Rose no podía dejarle claro a sus amigas que no pensaba hacerle caso a ninguna de ellas jamás?

-¿Vamos a cenar, Al? –Rose le sonrió. Su primo asintió sin decir gran cosa. Caminaron varios minutos en silencio hasta que la pelirroja habló una vez más. -¿Ya no te ha molestado James con el asunto de tío Harry?

Albus negó.

-Estaba muy ocupado con el estrés de sus EXTASIS así que me ha dejado en paz. –respondió el moreno.

Una de las chicas dijo algo pero Al no le prestó atención. Llegaron al comedor y el chico se fue a sentar junto a Lorcan en la mesa de Ravenclaw. Ya no era extraño que los alumnos se sentaran en otras mesas distintas a las de sus casas, en realidad era bastante normal. No es que Albus no tuviera amigos en Gryffindor, en realidad era bastante popular pero el moreno no consideraba a ninguno de ellos, a excepción de Rose, como verdadero amigo. No al menos como Lorcan.

El rubio Scamander en sí tenía también pocos amigos en su casa. Desde que su hermano gemelo Lysander había sido sorteado para Slytherin el otro se quedó un poco solo. Era por eso que él y Albus se habían vuelto tan unidos.

Al se sentó junto al rubio. Unos lugares más a la derecha, se encontró con los ojos grises de Scorpius Malfoy, que estaba junto a su novia, una chica de unas facciones perfectas y unos ojos negros profundos.

Terminando la cena Albus se paró con Lorcan. Ya no quedaba casi nadie en el comedor, todos se habían marchado ya a dormir o a preparar sus cosas para volver a sus casas al día siguiente. Rose los siguió de cerca cuando salieron.

-¡Oh me he olvidado de algo! –exclamó Rose. -¿Me acompañarían?

Albus alzó las cejas.

-¿Qué se te ha olvidado, Rosie?

-El brazalete de mi madre, Al. –dijo la pelirroja. –En el baño de prefectos, no tardaré mucho, ¿Me acompañan?

Lorcan se encogió de hombros y Albus asintió siguiéndola. Él y Rose eran los prefectos de Gryffindor por lo que tenían acceso al baño especial que se encontraba en el tercer piso.

-No tardaré. –dijo la pelirroja. –Aún tenemos unos minutos antes de que tengamos que volver a nuestras salas comunes.

Ella entró al baño a buscar su brazalete cuando Albus escuchó una voz en el pasillo de la derecha. Le indicó a Lorcan que guardara silencio para poder escuchar con atención. No es que Albus Potter fuese un entrometido, sin embargo aquella voz le había resultado extrañamente conocida de algún lado y la curiosidad de saber quién se encontraba cuchicheando en los pasillos vacíos y oscuros había sido demasiado para aguantar.

-Gracias por acompañarme.

-De nada, ¿Para qué vinimos aquí?

-Un compañero me dio la contraseña del baño de prefectos, pensé que estaría bien para conversar a solas. En mi cuarto están todos mis compañeros y no sería cómodo.

-Uh…

-Vamos, sólo vamos a divertirnos un rato. ¿O te da miedo, Lily?

Lorcan abrió los ojos al doble y miró a Albus quien estaba boquiabierto. El moreno sintió de pronto un arranque de furia incontrolable y caminó dando pasos firmes hasta el pasillo oscuro de dónde venían las voces. Sintió una oleada de coraje cuando vio a Scorpius Malfoy con los brazos alrededor de la cintura de su hermana menor y con las manos posadas sobre el trasero de la misma. Lily lo vio y palideció considerablemente mientras el Gryffindor se acercaba a ellos.

Y antes de que Scorpius Malfoy pudiera reaccionar Albus ya le había dado un puñetazo en la cara con todas sus fuerzas y provocado que éste cayera al suelo. Lily chilló.

-¡Albus! –gritó asustada.

-Cierra la boca. –le ordenó a su hermanita. –Y tú miserable serpiente… -se dirigió al Slytherin. –No vuelvas a poner una mano sobre ella, ¿Oíste? ¡Ni siquiera vuelvas a mirarla!

Scorpius se limpió la boca, de donde le corría un hilo de sangre delgado y miró al joven de ojos verdes con profundo odio desde el suelo.

-¿O qué, Potter?

-O te mato. –afirmó el Gryffindor antes de soltarle una patada en el estómago que le sacó todo el aire. Lily volvió a chillar y Rose llegó corriendo. Ella y Lorcan se quedaron pasmados observando.

Scorpius tosió pero hizo un esfuerzo para levantarse y sacar su varita en un intento de defenderse justo antes de que Albus le soltara un nuevo golpe que provocó que su nariz sangrara abundantemente, Albus estaba plenamente consciente que si le dejaba usar su varita aquello se pondría todavía más feo, así que por pura conveniencia se limitó a pegarle a lo muggle tratando de darle al maldito arrogante lo que se merecía.

Rose lo sostuvo del brazo.

-¡Ya Albus, déjalo! –pero parecía que el joven no entendía razones. Parecía poseído por una fuerza mayor.

-No seas imbécil y para. –rugió Lorcan ayudando a Rose a detenerlo.

Lily se encontró entonces con los ojos verdes y oscuros de su hermano mayor y decidió que lo mejor que podía hacer era echarse a correr.

-Ya me escuchaste, la próxima vez que quiera llevarte a alguien a la cama que sea a tu novia, no a mi hermana. –exclamó indignado. Scorpius finalmente se levantó y lo miró fijamente.

-No hables de mi novia. –espetó el rubio. –Y te juro que esta vas a pagármela.

-¡Tú vas a pagármela a mí! –rugió Potter. –Mi hermana no es otra de tus rameras.

-¿Seguro?

-¡Malfoy basta! –pidió Rose al notar como Albus se disponía a atacarlo de nuevo. -¡Ya cállense los dos o tendré que ir a buscar a un profesor!

-No será necesario, Weasley. –dijo el rubio antes de irse de allí caminando pausadamente y con la cara aún manchada de sangre.

Scorpius no era imbécil. Sabía que en esa situación jamás tendría las de ganar, por lo que irse era la mejor opción, sin duda.

Albus por su parte estaba aún furioso. No podía creer lo que acababa de presenciar y menos que Lily y Malfoy hubieran huido como si nada. Pero su hermana iba a escucharlo. Se negaba a creer que Lily fuera capaz de irse a la cama con un idiota como Malfoy que además, tenía una novia. Joder, que su hermana sí tenía una buena educación y valores. No podía hacer eso.


Nota final:
Muchas gracias por sus comentarios, les dejo un capítulo más que espero les agrade.

un beso.