hola! mucho tiempo que no continuaba este fic (mas de un año xD) pero ya saben las ocupaciones quitan tiempo y vida pero tarde o temprano continuare todos mis fics, asi como hoy continuo este. De verdad muchas gracias por la paciencia y espero disfruten este pequeño capi. Voy preparando el camino para lo que viene :P
Sin mas que decir, muchas gracias por leer estimadas lectoras y lectores ^^
Atracción Animal, Capítulo II: Discípula
La hora más sagrada del día para un saiya había llegado: el almuerzo. Por ello, el príncipe de aquella raza hizo una pausa en su entrenamiento para deleitarse con más proteínas deliciosas que pudieran recuperar la inmensa cantidad de energía que gastaba.
Dio el comando de voz para abrir la puerta de su amada cámara de gravedad, la cual por supuesto obedeció de inmediato. Cumplido el trabajo, el saiya vislumbró a su mujer más allá, en la puerta del hogar, con cara de muy pocos amigos. Seguramente, fiel a su costumbre, la entrometida científica tendría que hacerle algún comentario o reclamo. Caminó hacia ella con su habitual mirada indiferente. Una vez a su lado, al quedar frente a frente, su mujer le ofreció una toalla con la cual limpiar la sangre y el sudor propio de los duros entrenamientos que siempre llevaba a cabo.
— Vegeta, ¿qué le hiciste a esa pobre niña?. Estaba toda ensangrentada — comentó la genia con voz que sonaba preocupada, a pesar de que antes comprobó por sí misma que Pan se encontraba bien —. Ella me dijo que era normal después de un entrenamiento, pero tú jamás sales con tanta sangre... ¿qué le hiciste? — volvió a inquirir fruciendo duramente su ceño en forma recriminatoria.
— Le di una buena golpiza — dijo como si fuera lo más normal del mundo. Acto seguido, con toda naturalidad, comenzó a secar esa mezcla de sudor y sangre que aún corría por su rostro.
De súbito, las pupilas de ella parecieron engrandecerse como si fueran las de un gato en la noche.
— ¿Qué? —reaccionó su boca conectándose apenas con el cerebro. La sorpresa le impidió más elocuencia en su expresar.
— Es más, estuve a punto de matarla — puntualizó agregando más saña. Tras sus flemáticas palabras, se introdujo dentro del hogar a paso muy tranquilo.
La científica quedó tan perpleja que no hizo esbozo de reacción alguna sino hasta unos cuantos segundos más tarde. De hecho, cuando volvió a posar su mirada en Vegeta él ya estaba alejado, así que tuvo que trotar un poco para poder alcanzarlo.
— ¡Pero Vegeta, es sólo una niña! ¡No puedes ser tan duro con ella! — espetó encarnado en su carne a la preocupación. La nieta de su gran amigo de toda la vida no merecía un trato así por nada del mundo.
— Tonterías — rechazó su alegato saboreando el desprecio —, ella se piensa una guerrera y por lo mismo la trataré como tal. Si la ves como una niña se comportará de esa manera, así que no quiero que repitas que es una infante delante mío. Por lo demás, esa mocosa tiene sangre saiyajin así que tu alegato no tiene sentido.
La bella científica parpadeó inevitablemente. Sus ojos se iluminaron gritando la sorpresa que los poseyeron.
— Entonces... — su voz se cortó, pues el asombro no la dejaba recuperarse — ... ¿las vas entrenar? ¿realmente serás su maestro? — finalizado el cuestionamiento abrió sus ojos a la máxima capacidad biológica posible. La incredulidad fue quien la conminó a hacer tal cosa.
— Sí — fue la escueta y fría respuesta. Sin perder un segundo siguió su camino a la ducha. Deseaba caer lo antes posible bajo el chorro de agua para así poder comer lo antes posible. Su estómago rugiendo cual volcán era la explícita muestra de su hambre.
Bulma apartó unos mechones de cabello que caían por delante de su frente y enfocó su mirada en él, como si quisiera desvelar un misterio. Nunca pensó que aceptaría entrenar a la nieta de su némesis, pero si algo había aprendido después de tantos años de convivencia es que su príncipe nunca dejaría de sorprenderla.
— ¿Por qué la vas a entrenar? — preguntó antes de que el saiya girara en la esquina del pasillo que llevaba a uno de los baños.
Él detuvo su andar, pero no se volteó a mirarla. Alzó su cabeza al entretecho como si pudiera ver el azulado cielo a través de él. Guardó un silencio que a Bulma, por un breve momento, incluso le pareció dramático. Parecía estar buscando palabras en su mente. Las palabras precisas que explicarían su sentir a la perfección.
— Mientras la golpeaba hay algo que no pude entender — comentó con evidente voz de extrañeza.
— ¿Qué cosa? — preguntó enseguida, con aún más curiosidad por el tono de voz usado.
— No entendí cómo alguien tan débil como ella podía seguir resistiendo la tortura que le propinaba. No comprendía como alguien con un poder de pelea tan bajo podía tener una voluntad tan grande ante alguien infinitamente superior.
Bulma sólo veía la espalda de su esposo y la inclinación de su cabeza hacia el techo. Pero conociéndolo tan bien, imaginó perfectamente en su mente la faz que tenía en ese momento. Una por la que hubiera apostado con toda seguridad que reflejaba la más solemne seriedad.
— Aunque me duela la lengua decirlo — continuó él — y me asqueé admitirlo, la nieta de Kakarotto tiene la férrea voluntad de un verdadero saiyajin.
Los labios de Bulma no sonrieron, pero sus ojos si lo hicieron.
— Pan tiene que haberte dejado una muy buena impresión para que digas algo así.
Él chistó antes de responder.
— No me agrada, pero la entrenaré... porque tiene el potencial de ser una verdadera guerrera. La sangre saiyajin corre con brío a través de sus venas — terminó su argumento con la solidez y seguridad que siempre emanaba a través de toda su piel. Luego se dirigió al cuarto de ducha sin mediar más palabras.
La científica lo miró alejarse. Sus azules ojos gritaban asombro. Pero al entenderlo al cabo de un minuto, una sonrisa se forjó en su rostro. Pan lo había logrado.
Terminada la ducha de rigor tanto Bulma como Vegeta compartían la mesa. Sus hijos llegarían pronto, pero cierto príncipe con hambre no se limitó a esperarlos. Ya había acabado las numerosas presas de dinosaurio servidas e iría por más.
— Nunca pensé que la aceptarías como tu discípula. Tienes corazón después de todo — comentó ella dándole ahora un tono mucho más relajado a su voz.
— Debo reconocer que la mocosa tiene muchas agallas — habló con toda sinceridad. Aquello era algo que jamás admitiría delante de alguien que no fuera su mujer. Sólo con ella tenía tal nivel de confianza.
Bulma sonrió.
— Por supuesto, es la nieta de Goku — reafirmó pronunciando aún más su sonrisa recordando a su ingenuo amigo de toda la vida.
— Ni me recuerdes ese detalle. Me molesta en demasía que sea una pariente de ese insecto quien ame más pelear que uno de mis hijos. Me produce bastante fastidio.
¡Y que gran verdad estaba diciendo! Trunks había preferido vivir una vida humana llena de compromisos comerciales inútiles y Bra si se quebraba una uña ya estaba protestando contra la cruel vida. Pero aunque le disgustara, había aceptado las opciones que sus hijos habían tomado para sus destinos, muy a pesar suyo. Precisamente por esa molesta humanización de los semisaiyas, es que le llamó la atención en un par de ocasiones que la nieta de Kakarotto entrenase con ahínco desde pequeña. Ni Gohan ni Goten, ni Trunks ni Bra tenían esa predilección por la lucha que ella si demostraba.
Era una verdadera lástima que sus hijos no sintieran la misma pasión que la mocosa si profesaba.
— Bueno Vegeta — llamó su atención la científica para defender a sus hijos — no seas duro con ellos. No todos tienen esas locas ganas de pelear como Goku y tú.
— Bah — desdeñó mirando hacia otro lado —. Por cierto — dijo tras un par de segundos, enfocando sus ojos nuevamente hacia ella —, necesito que aumentes la capacidad gravitacional de mi cámara.
— ¿¡Qué?! — surgió la inmediata protesta — ¿de nuevo? Si hace tan solo unos meses que la aumenté. ¿Crees que es tan fácil?
— Tú hacelo y te pagaré muy bien — en sus ojos brilló la malicia sexual que sólo el príncipe saiyajin podía dar.
Bulma supo al instante a qué se refería, así que sonrió con total picardía antes de responder.
—Eso me parece excelente.
— Bien, esperaré el aumento de gravedad entonces. Ahora proseguiré mi entrenamiento — anunció mientras retrocedía la silla para incorporarse. Efectivamente, un segundo después así lo hizo.
— Deberías reposar siquiera — se quejó ella pues el almuerzo era la única ocasión, junto al desayuno y la cena, en que intercambiaba palabras con su marido durante el día.
— Bah — esa respuesta era la solución a muchas de las protestas de su mujer. Acto seguido, comenzó a caminar para abandonar el comedor.
— Ah, Vegeta — lo detuvo con su voz — por cierto, le voy a agregar inteligencia artificial a tu cámara de gravedad, tal como la del androide dieciséis pero en versión femenina. Después de todo aún recuerdo lo intrincado de sus circuitos cuando le retiré la bomba, así que me basaré en él.
— ¿Que tú qué? — se giró a mirarla con cierta inquina — No te conformas con darle voz a mi cámara sino que ahora también quieres que me converse de la forma tan molesta en que tu lo haces. Asumo que deseas que mi cámara se convierta en una copia parlanchina tuya— protestó frunciendo su ceño aún más que de costumbre.
— Vegeta, pasas demasiado tiempo solo en esa cámara. A veces me da miedo que te vuelvas loco — lo dijo medio en broma, medio en serio.
— No quiero cambios en mi cámara, está bien como está. Ya con el comando de voz tuve suficiente, no quiero una cámara de gravedad que hable como un maldito loro.
— Está bien, pero habría sido divertido — risueña, sacó la lengua —. Lo bueno es que ahora Pan te hará compañía, así que te dejaré el comando de voz tal como está. Sabes que no lo hice para incomodarte, sino porque a veces te esforzabas tanto que ni siquiera podías levantarte para pulsar los botones que disminuyen la gravedad.
Dicho esto, Bulma trajo a su memoria aquella vez en que increparía a su marido ya ni siquiera recordaba por qué, pero al abrir el telecomunicador casi le dio un infarto al ver como Vegeta intentaba con todas sus fuerzas pulsar el botón para disminuir la gravedad con una expresión de dolor que nunca en su vida olvidaría... una cara digna de una horrible pesadilla. Parecía que sus huesos estaban rompiéndose como si fueran de cristal. Por esa cruenta vivencia tomó la decisión de que la cámara obedeciera comandos de voz para que su esposo no terminara muriendo con uno de sus bestiales entrenamientos. Vegeta, por supuesto, rechazó la idea, pero si él ganaba el premio a la testarudez, Bulma también se lo llevaba.
Y aunque el príncipe lo negara, finalmente le había gustado la idea de dar órdenes verbales para así escuchar ese premio musical que la cámara decía con el máximo dulzor que una voz robótica podía brindar:
"A su orden señor príncipe de todos los saiyajins".
Sí, finalmente había logrado gustarle el cambio.
Pan atravesaba el incólume cielo llena de felicidad. Todavía le costaba creer que hubiera podido convencer al orgulloso y testarudo príncipe de los saiyas de que era alguien digna de ser entrenada. Gracias a eso, había dado el primer gran paso para aumentar su poder.
De improviso, una idea nació en su mente para comprobar la efectividad de la paliza que Vegeta le había propinado. Comenzó a volar a la máxima velocidad que podía alcanzar y comprobó la ligereza de la cual ahora disponía.
Después de tamaña golpiza, parecía haber superado el frustrante límite que la condicionó durante tanto tiempo. Lo que ella no había logrado en un año, Vegeta, increíblemente, lo había conseguido en menos de media hora.
Su cuerpo le avisaba esa nueva fuerza disponible a través del murmullo celular que se desplazaba como una corriente eléctrica a través de todo su ser. Todavía no podía creer la inteligencia del eterno rival de su abuelo. No sólo la había vuelto más fuerte sino que además la había provocado al punto de sacarla de sus casillas para así verificar su auténtico potencial. Goku nunca hubiera podido hacerlo. No, porque él era demasiado gentil.
Vegeta, en cambio, además de ser un hábil canalla, también era muy astuto. Eso sin duda alguna. Con sólo recibir esa paliza supo que al regio saiya no le temblaría la mano para hacerla más fuerte al costo que fuera... y por lo tanto, también sería un mejor maestro que Goku en todo sentido.
Gracias a ello, estaba completamente segura que junto a él por fin podría alcanzar el tan ansiado nivel de Super Saiyajin. Esa meta que había perseguido desde siempre lograría atravesarla.
Encerrada en sus pensamientos, sin siquiera darse cuenta, llegó en poco tiempo a su hogar en el monte Paoz. Tan sumergida en su mente iba, que si un avión se hubiera atravesado en su camino la colisión habría sido casi segura.
Parpadeó repetidas veces al contemplar que efectivamente ya estaba en su hogar, casi sin poder creer que hubiera llegado tan rápido a su destino. Una nueva sonrisa iluminó su faz con radiante felicidad al comprobar una vez más su nueva velocidad. Descendió a tierra firme con la casa Son firme en sus azabaches ojos. Una sonrisa nació imaginando a su familia escuchando la buena nueva. Quería contarles lo antes posible que sería entrenada por quien menos se lo esperaban.
¿Qué dirían cuando les contara que Vegeta sería su maestro?
Muy pronto lo sabría. Aunque no se detuvo a pensar que la noticia no sería bien recibida por todos...
Continuará.
