holaaa :D

recibí muchos reviews, estoy sorprendida y extasiada!

muchas gracias a todas/os por los reviews, los follows y los favorite. me puse a dar saltitos cada vez que veia uno^^

y bueno aqui estamos! no me os murais! que continuaré con la historia, a ver q sale :P

Re-edito también este capítulo :)

los reviews los respondo mas abajo^^

Let it go!


¿Mal? Sí, Hermione se sentía mal. Pero mal era quedarse corto, porque ahora se encontraba peor que mal. Porque no podía evitar que las lágrimas resbalaran por sus mejillas hasta llegar a la barbilla y, posteriormente, al cuello. Porque Hermione no podía evitar que sus manos temblaran, que sus piernas temblaran, que toda ella temblara. Por primera vez, desde hacía mucho tiempo Hermione Granger se sentía como debe sentirse un flan. Tembloroso.

Aunque quisiera —cosa que quería—, no podía dejar de pensar en los labios del rubio, besándola, en su cuerpo, amoldándose al de ella, en sus manos, acariciándola. Resultaba irónico, retorcido e ilógico —todo junto y a la vez— que su peor enemigo fuese el único capaz de hacerle sentir tan viva y muerta al mismo tiempo. Viva, porque al lado de Malfoy, con sus insultos y sus retos, Hermione Granger se convertía en Hermione Granger. Pasaba de ser una rata de biblioteca a un león enfurecido y enardecido. El rubio era el único con el que podía mantener discusiones atrayentes, ninguno de los dos quería perder y eso era… Para Hermione esas eran las mejores discusiones. Sin saberlo, la castaña cayó en la cuenta de que, inconscientemente, siempre había buscado enfrentarse al joven Slytherin. Si no, ¿por qué narices le había desafiado de esa manera? Más aún, ¿por qué el rubio había actuado como si le hubiese dado una bofetada? ¿Muerta? Muerta, porque al lado de Malfoy, con sus insultos y sus retos, una parte de Hermione Granger moría. Hermione se sentía muerta por dentro cada vez que veía a Draco, no sabía por qué, no sabía cómo. Pero así era, cada vez que veía a su hurón oxigenado particular una parte de ella moría por dentro. ¿Tendría que replantearse el hecho de no volver a verlo? Pero entonces, ¿cómo conseguiría sentirse bien con cada vez que discutían? Más aún, ¿cómo conseguiría aprobar ese curso?

No podía mas, la chica se dejó caer en uno de los interminables pasillos de esa nueva torre que ahora compartiría con su peor enemigo. Sólo alcanzaba a pensar incoherencias, no conseguía hilar un pensamiento con otro, ¡era desquiciante! Ese hurón malnacido le había callado la boca, no con el beso, que también. Sino con sus últimas palabras, porque a Hermione le habían dolido, ¿cierto? Porque esa opresión que sentía en el pecho, tan cerca del corazón, significaba que la había herido, ¿verdad? Genial ¡Más incoherencias! ¡¿Cómo podía ser eso posible?! ¿Cómo podía no saber si la maldita serpiente la hería o no con sus palabras?

Por primera vez en su vida, Hermione decidió que no podía pensar en eso de una forma racional, simplemente sería un mal sueño, una terrible pesadilla. Asique no pensaría más en eso, porque en las pesadillas no se piensa una y otra y otra vez, porque eso sería masoquista. Pensar en algo que te hace daño no es bueno, ¿verdad? Nada bueno, desde luego. Pero entonces… por qué sólo podía pensar en lo que había sucedido en esa habitación "Tranquila, Granger. Seré bueno". ¿Qué quería decir con eso? Esas dos malditas frases entraron en un pequeño bucle en el cerebro de Hermione y no dejaban que esta se escapara ni se escondiera. Su propia mente la atacaba, ¡genial! Podía haber huido del rubio real, pero su voz seguía resonando en sus oídos, ensordeciendo los demás pensamientos. Se encogió como pudo en medio del pasillo, llorando y tapándose los oídos. ¿Mal? Sí, Hermione estaba mal, peor que mal.

Mal. Peor que mal. Todo le había salido peor que mal. ¿Por qué narices la puñetera sangre sucia no le había dicho nada? Se había alejado, sí. Él quería que se alejara, sí. Pero, joder… no quería que se fuera así. Quería verla furiosa, quería que se enfadara, que sus mejillas se sonrosaran por la vergüenza y le insultara. Quería que le dejara con la palabra en la boca, quería que lo desafiara, ¡incluso habría aceptado que le pegara! Pero no eso. Draco podría haber imaginado cualquier cosa, cualquiera. Menos lo que había ocurrido.

Verla cabizbaja, aunque fuera por culpa de él, pero vamos como casi siempre, ¿no? El cabrón malnacido de Draco Malfoy, al que todos conocían, del que todos sabían y ¡maldita sea! Ella lo sabía mejor que nadie. No podía evitar insultarla, ni desquiciarla, ni enfadarla. ¿Por qué? Simple, de alguna forma se sentía realizado al verla fuera de sus casillas, se sentía extasiado siempre que hinchaba las mejillas y se ponían rojas de la furia, o le regalaba una perfecta réplica digna de cualquier Slytherin y una sonrisa aún más Slytherin, o simplemente cuando fingía que él no existía y sólo había soplado el viento.

Pero maldita sea. Ahora Granger no lo había insultado, no lo había dejado con la palabra en la boca, y mucho menos lo había ignorado. No, la muy estúpida se había desinflado, parecía como muerta. Se había vestido y se había largado. Nada más, ni una mirada de superioridad, como si fuera mejor que él, ni una sonrisa ladeada, imitando la de Draco. Nada… No, solo la puta cabeza gacha y ya está. Se había ido, sin decir nada. Draco incluso podría jurar que había visto una lágrima traviesa por su rostro. Y eso no le hacía gracia, no le hacía sentirse satisfecho, mucho menos realizado. Mal. Peor que mal, Draco estaba peor que mal. La jugada le había salido peor que mal.

Sin saberlo, sin ser siquiera conscientes de ello, ambos chicos. Hermione y Draco. Granger y Malfoy. Gryffindor y Slytherin. Leona y serpiente. Los dos, juntos por sus pensamientos, separados también por ellos. Una y otro comenzaron a recordar qué les había llevado a esa situación que estaba mal. Peor que mal.

Era el primer día de Hogwarts ¿o debería decir noche? Todos los alumnos se encontraban en el Gran Comedor, recibiendo a los nuevos alumnos y, también, nuevas noticias. Albus Dumbledore, o tal vez no, ¿tal vez sólo era el retrato de Albus Dumbledore? flotaba en medio del Gran Comedor dispuesto a dar una noticia, a la vez que pedido, a sus alumnos. Pero ¿quiénes serían los alumnos elegidos? Los alumnos del antiguo 6º y 7º, que ahora eran los alumnos del nuevo 6º y 7º. Debido a la cruenta guerra, había pocos alumnos que el año pasado intentaran estudiar en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, muchos menos los que lo consiguieron, el estudiar. ¡Por lo que se decidió que todos los cursos se repetirían un año!

Después de la cena, el retrato del antiguo director se aclaró la garganta llamando la atención de todos los presentes, pero también buscando la mejor manera de decir lo que quería decir. Porque sí, Albus Dumbledore quería decir algo, quería pedir algo, y bien sabía ese hombre tan sabio que su idea no iba a gustar.

¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos a un nuevo curso en Hogwarts! —se hizo el silencio en el Gran Comedor—. Como siempre, debo decir y recordar a nuevos y antiguos estudiantes que el Bosque Prohibido está, como su nombre indica, prohibido. Ruego que ningún alumno se acerque a la linde de ese bosque, por favor, por vuestra propia seguridad —volvió a aclararse la garganta, ¿nervioso? Algo inaudito, pensaron la mayoría de los estudiantes—. Como bien sabéis todos, este curso será un nuevo curso dirigido hacia la relación entre las distintas casas de Slytherin, Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff.

¿De qué estaba hablando el director? Era imposible que nadie pensara en hacer algún lazo con un Slytherin. ¡Inaudito! ¡Inadmisible! ¡Imposible! ¿Se había vuelto loco por fin el profesor? Tal vez.

—Para que estas nuevas amistades y relaciones entre las cuatro casas se den, Minerva y yo —miró a la profesora que negó contundentemente con la cabeza, desentendiéndose del asunto—, bueno, yo, en realidad —continuó el director algo abatido, causando risitas en algunos alumnos— he decidido hacer algo especial para los alumnos de 6º y 7º este año. Así que, por favor asistir mañana al atardecer aquí, al Gran Comedor, para que se os comuniquen vuestras tareas para este nuevo año. ¡Eso es todo!

Antes siquiera de que alguien pudiera replicar, o si quiera pensar en lo que el antiguo director había dicho, Dumbledore ya había desaparecido y estaba en la seguridad del nuevo despacho de McGonagall. Una ola de murmullos, cada vez más fuerte, se extendió por los alumnos de 6º y 7º de las cuatro casas, que susurraban entre sí buscando información sobre lo que el profesor había dicho. Para su desgracia, nadie encontró ni una minúscula pista.

¿De qué crees que irá la charla sobre lo de hacer relaciones con los Slytherin? —preguntaba Ronald Weasley al día siguiente y en la hora acordada mientras el trío dorado se dirigía al Gran Comedor.

No lo sé, Ron. Pero pronto saldremos de dudas —respondió Harry Potter, el niño que sobrevivió, el Elegido, el favorito de Dumbledore, aquel que había vuelto de la muerte para ¡ironías de la vida, o de la muerte! acabar con el Señor Oscuro.

Traspasaron las grandes puertas que los adentraban al Gran Comedor. Vieron que todo seguía igual que siempre, sin ningún cambio. Las cuatro mesas alargadas que abarcaban a los alumnos de las distintas casas seguían allí, sin moverse ni cambiarse. Pero sí había algo diferente. Mientras los distintos alumnos iban hacia sus respectivas mesas observaron que la mesa de los profesores ya no estaba. En su lugar, había un enorme recipiente vacío y una larga pizarra sobre la que se podía leer "Grupo 1", "Grupo 2", "Grupo 3", "Grupo 4". ¿Qué era eso?

Harry, Ron y Hermione llegaron a la mesa de Gryffindor y se sentaron especulando — ¿y quién no? — sobre el recipiente y la pizarra.

¿Qué demonios es esa cosa tan grande?

—Es un recipiente, Ron —respondió Hermione, con ese tono de intelectual— Parece una pecera enorme.

¿Un pe- qué?

Una pecera, Ron —intervino el de orbes esmeralda—. Los muggles las llenan de agua y meten a peces allí, como si fueran mascotas.

¿Y para qué necesita Dumbledore una petaca? —Hermione rodó los ojos, haciendo lo posible por no golpear a su pelirrojo amigo. Al hacerlo, su vista cayó en los finos papeles blancos y las largas plumas negras que había por toda la mesa. Se volvió, observando las otras mesas. Sí, esos papelitos estaban repartidos por todo el Gran Comedor. La pregunta era para qué servirían.

En la misma habitación, pero en la mesa de las serpientes había una conversación muy similar entre los pocos estudiantes que ese año estaban en Hogwarts. Pues muchos compañeros de Slytherin habían muerto, huían de la ley, o simplemente habían decidido no ir a Hogwarts. Sea como fuere, los Slytherin ahora se veían tremendamente mermados ante la furia y el dolor del resto de sus compañeros.

¿Qué querrá hacer ahora ese loco? —se quejaba Blaise Zabini, completamente aburrido.

Quien sabe, pero eso de la unión de las casas… —Theodore Nott estaba muy preocupado por el asunto, pero era completamente lógico y normal, ¿cierto? Pues los alumnos de Slytherin ahora debían pagar por los errores que cometieron sus padres y encontrarse en un grupo sólo frente a varios posible enemigos... no era buena idea. En absoluto.

Draco Malfoy ignoraba la conversación de sus amigos pasando toda su atención a cierta castaña que se sentaba en la mesa de Gryffindor. Había decidido que ese año cambiaría, sólo un poco, ella le había dado un buen motivo para cambiar pues lo había defendido en la vista del Ministerio. De cierto modo, el rubio se sentía en deuda con la joven leona a la que había hecho la vida imposible, y que esta hubiera dicho que sería capaz de perdonarlo... Draco sonrió, cada vez estaba más cerca de hacerla completamente suya. Sólo tenía que controlarse un poco, sólo eso.

Cuando todos los alumnos de 6º y 7º estuvieron en sus respectivas mesas el retrato de Dumbledore volvió a aparecer, junto a él iba la ahora directora McGonagall.

— ¡Buenas noches a todos! Os preguntareis para qué es esto que hay aquí —comenzó el anciano ex director señalando el recipiente y la pizarra—. Esto nos ayudará a formar grupos de manera aleatoria. En vuestras mesas tenéis pergamino y pluma. Escribid vuestros respectivos nombres para que podamos removerlos aquí.

—Perdone, profesor Dumbledore, pero, ¿para qué son los grupos? —preguntó Hermione, curiosa.

—Ah, sí. Gracias por su observación señorita Granger. Veréis… —sonrió a todos los presentes intentando mostrarse tranquilizador. Falló, los músculos de su cara estaban demasiado tensos y le salió una mueca forzada— ¡Haremos un trabajo de convivencia! Se asignarán cuatro grupos, de manera totalmente aleatoria, y estos grupos vivirán en pequeños espacios del bosque prohibido. Que se han adaptado para que podáis vivir con comodidad y sin ningún tipo de peligro —aclaró antes de verse interrumpido nuevamente.

En los grupos habrá diferentes roles y cada alumno deberá cumplir con el rol que se le asigne. Los roles se asignarán ahora mismo, a la vez que se hagan los grupos —Dumbledore volvió a adelantarse a la mano siempre alzada de Hermione Granger—. Vuestro grupo se convertirá en vuestro nuevo hogar, vuestra nueva casa, vuestros nuevos amigos y… vuestro nuevo equipo. Los partidos de quidditch como los conocíais anteriormente dejaran de existir durante este año.

No se hicieron esperar las quejas por parte de todos los alumnos, sin importar la insignia que llevasen.

¿Pero qué…?

¡No puede hacer eso!

— ¡Ni lo piense!

¡Imposible!

Dumbledore, ¿o más bien su retrato? alzó la mano parando la avalancha de quejas, casi, casi, instantáneamente.

Tranquilos. He dicho que no será como vosotros lo concebís. Como también he dicho que vuestro grupo se convertirá en vuestro nuevo equipo, los grupos constarán de siete personas para que no haya inconvenientes con el juego. No obstante —se puso serio de repente, mirando a todos a través de sus gafas de media luna, rostro a rostro—, si sucede algún desafortunado infortunio, me veré en la obligación de cancelar toda la temporada de quidditch y nadie jugará.

Un silencio sobrecogedor se impuso sobre el Gran Comedor, nadie se atrevía si quiera a respirar. ¿Desafortunado infortunio? ¿Cancelar la temporada de quidditch? ¡Ese hombre se había vuelto loco! ¡¿Que pretendía hacerles para que ocurriera algún "desafortunado infortunio"?! ¿¡Cómo demonios podía tener la sangre fría como para cancelar el quidditch!? Todos y cada uno de los rostros de los alumnos reflejaban terror, temor y curiosidad a partes iguales. Unos por el peligro, otros por el quidditch, muchos por ambos.

— ¡Pero bueno! No creo que algo así suceda —comentó quitándole importancia al asunto con una de esas sonrisas de tahúr, de esas que sólo puede poner alguien que sabe sus cartas y las tuyas, y sabe lo que tu harás y tiene diez movimientos para contrarrestar los dos únicos que se te puedan pasar por la mente—. Mientras escribís vuestros nombres y los ponéis en este maravilloso recipiente os explicaré los roles de los grupos.

Se hizo un pequeño revuelo silencioso en el que los alumnos, atentos a las palabras de su antiguo director, escribían sus nombres y se levantaban para meterlos en esa pecera gigante.

Bien —se frotó las manos satisfecho—: Los grupos, como ya he dicho, constarán de no menos de siete personas. Serán cuatro los grupos que haremos y se elegirá a sus participantes de manera aleatoria. Cada grupo vivirá en una pequeña región del bosque prohibido que ha sido adecuada a vuestras necesidades. En este trabajo de convivencia, que debéis aprobar para pasar curso... —sonrió malicioso, cada vez les daba menos motivos para protestar.

—Profesor Dumbledore, ¿cómo aprobaremos el trabajo? —intervino nuevamente Hermione.

A eso voy señorita Granger… Se realizarán varias pruebas, no sabréis de qué tratan, cuántos participantes deberán realizarlas, dónde se realizarán o de qué tratarán hasta el día anterior a que dichas pruebas se realicen… Deberéis superar todas las pruebas o, como mínimo más de la mitad, para aprobar el trabajo de convivencia. Las pruebas se realizarán, como la elección de los grupos, de manera aleatoria. Cada grupo tendrá dos líderes, un príncipe y una princesa —los alumnos alucinaban por momentos—. Este trabajo es muy especial. Porque tiene dos partes, una es la convivencia dentro de los roles que deberán mantener, y la otra es la realización correcta de las pruebas.

—La convivencia se realizará en los espacios del bosque prohibido que se os haya asignado, y no podréis salir de estos bajo ningún concepto. Se os retiraran la magia y las varitas —nuevamente revuelo de protestas, parecía que fueran a rebanarle la cabeza —que no tenía— a ese maldito retrato que se burlaba de ellos— ¡Silencio!... Como decía, se os retirarán las varitas y la magia. Una vez a la semana, un jefe de cada casa irá a vuestras torres asignadas y os darán un resumen de las clases. Será entonces, y frente al profesor, cuando podréis realizar magia para vuestras tareas y trabajos del colegio.

—Mientras tanto, aprenderéis a convivir unos con otros, ayudándoos mutuamente para sobrevivir. Porque ningún elfo doméstico limpiará, cocinará o ayudará a los grupos de alguna forma a menos que sea una emergencia. Ninguno. —miró severamente a todos, retándolos a que le llevaran la contraria.

Ahora, ¡Pasemos a explicar el funcionamiento de los equipos! —continuó más contento ante la falta forzada de replicas—: La base de los grupos se fundamentará en la Edad Media muggle. El príncipe y la princesa tendrán un escudero y una doncella, respectivamente. Ambos, príncipe y escudero, y princesa y doncella convivirán en la misma habitación, como antiguamente se hacía. Los sirvientes deberán realizar todo lo que su amo les ordene, pida o sugiera —nuevo intento de queja, Dumbledore levantando la mano para pararlos, de nuevo—. De esta manera, aprenderéis la importancia del respeto. Los amos no deberán propasarse con sus sirvientes, pudiendo estos denunciarlo a los profesores. Pero, mucho me temo, que si algo así sucediera todo el grupo quedaría suspendido. Además de estos cuatro roles, también habrá una ama de llaves y dos caballeros.

A pesar de basarse en las relaciones y vestimentas propias de la Edad Media —continuó McGonagall en su lugar—, poseeréis utensilios muggles de última generación que os permitirán realizar las tareas del hogar sin grandes problemas... Los que no sepáis utilizarlos aprenderéis a hacerlo y espero que todos contribuyáis a que vuestra convivencia se vea mutuamente facilitada y mejorada.

Creo que eso es todo, asique… ¡Pasaremos a realizar los grupos! ¡Cuando os nombre juntaros para que un elfo os traslade a vuestros nuevos aposentos! —Dumbledore sonrió entusiasmado. Fue el único.

—Draco —dijo Pansy sensualmente, rezumando inocencia y buena intención por cada poro de su piel. El nombrado se volvió a mirarla, hosco. No le hacía ninguna gracia la locura de ese viejo chiflado—, si tú me ayudas con mi nueva conquista, yo te ayudo con tu amor platónico.

A Draco se le cayó el alma a los pies, literalmente, y la boca también, mentalmente. Puesto que en menos de una fracción de segundo se había puesto su acostumbrada máscara de hierro que impedía a cualquier emoción salir a su rostro.

¿Perdona? Pansy, querida, no sé a qué te refieres.

La astuta joven sonrió, había conseguido lo que quería, captar la atención del rubio. Susurró conspiradora:

—Conozco a Dumbledore lo suficiente para decir que te pondrá con Granger, por mucha aleatoriedad que él diga que hay… —parecía la profesora Trelawney relatando un suceso apocalíptico que seguro sucedería—, así que, digamos que, si tú me ayudas con cierta conquista que tengo en mente… yo te ayudaré con Granger.

— ¿Qué te hace pensar que necesito ayuda con esa sangresucia? Suponiendo que quiera tirármela, claro —preguntó Malfoy con claras notas de sarcasmo en la voz.

—Qué es Granger —respondió ella con simpleza, una seguridad notoria en su voz—. Jamás caerá rendida a tus encantos. Tienes que ser un buen chico, tratarla gentilmente… Draco, tú no sabes hacer nada de eso, no con Granger.

— ¿Insinúas que no sé portarme bien con Granger?

—No, querido, afirmo que no puedes ser un buen chico frente a Granger. — ¡herida abierta, tocada y aplastada! Draco sabía muy bien lo mucho que le costaba mantenerse sereno frente a la castaña, más aún que no siempre lo conseguía, pero jamás lo admitiría. Optó por cambiar de estrategia.

— ¿Quién es tu nueva conquista?

—Eso es algo que me reservo. Digamos que tú te portas bien con Granger y yo obtendré un pequeño beneficio. Además, eres mi mejor amigo Draco… —Pansy sonrió pícara— ¿Hacemos el trato o no? —el rubio se lo pensó un momento, ¿qué podía perder? Ya tenía el odio de la Gryffindor y, sinceramente, se lo había ganado a pulso. No podría hacer nada que empeorara su relación con ella, ¿verdad? Además, también estaba el hecho de que era poco probable que les tocara juntos… Asintió. Asintió justo en el momento que escuchó su nombre de los labios del retrato del antiguo director.

—Del 2º Grupo: Príncipe, Draco Malfoy… Princesa, Pansy Parkinson… Escudero, Hermione Grangerimposible. Hermione se encontró con la fría mirada de Malfoy y su sonrisa ladeada. ¡Estaba perdida! —. Doncella, Astoria Greengrass… Caballeros, Vicent Crabbe y Neville Longbotom —Neville miró con horror a Hermione, estarían rodeados de serpientes todo el curso— … y, por último, Ama de llaves, Cormac McLaggen.

Hermione quería morirse allí mismo. Sería la sirvienta personal de Malfoy y tendría que convivir en un nido de serpientes con el baboso de McLaggen. Sí, quería morirse allí mismo. Pero no podía dejar solo a Neville, él era lo único bueno que tendría en ese grupo de locos. Se ayudarían entre sí. ¡Tendrían que ser fuertes y ayudarse mutuamente!

Hermione dirigió una mirada de soslayo a sus amigos y se dirigió con Neville al encuentro de los Slytherin. Cuando estuvieron frente al elfo, Hermione reconoció, no sin asombro, al elfo que les llevaría hasta su nueva casa. Era Dobby.

¡Dobby les entregará seguros en su nueva casa! ¡Dobby debe darles estos papeles! —el pequeño elfo entregó a cada uno un mapa de la torre en la que vivirían para no perderse— ¡Dense la mano y toquen a Dobby! ¡Dobby les llevará a su nuevo hogar!

El variopinto grupo se miró unos momentos en tensión, dudando. Hasta que Pansy le dio una mano a Hermione y la otra se la pasó a Draco. Eso generó asombro por parte de todos en un principio, pero en seguida se pusieron en marcha. Querían largarse cuanto antes de allí. Así, el grupo Crabbe-Malfoy-Parkinson-Granger-Longbottom-McLaggen-Greengrass desapareció con un fuerte ¡CRACK!

Cuando las fuertes ganas de vomitar y el mareo pasaron, los alumnos pudieron ver, por primera vez, donde estarían viviendo por lo que quedaba de año. Se encontraban en un pequeño claro, rodeado por arboles y una pequeña cascada que terminaba en un río. En medio del claro se alzaba una sola torre.

¡Éste será su nuevo hogar! ¡Dobby es el elfo encargado de facilitarles la información que necesiten y ayudarles en todo lo que Dobby pueda hacer! Allí —señaló la cascada—, ¡podrán nadar cuando gusten! ¡Y bañarse también! ¡El agua está muy buena! ¡Dobby ya la probó! Y allí —señaló un pequeño agujero en una pared cercana a la cascada— hay una gruta por la que pueden salir al bosque prohibido. ¡Pero está prohibido salir de este claro! ¡Dobby lo sabe y a Dobby le dijeron que debía decirlo muchas veces! Si algo sucede, podrían salir por la gruta. ¡Pero está prohibido salir al bosque prohibido! ¡Así qué no deben salir! Si tienen cualquier problema, ¡Dobby ayudará gustoso! ¡Pero Dobby no puede limpiar, ni cocinar, ni hacer ninguna tarea de elfo doméstico!

En la torre —continuó la pequeña criatura sin dar descanso a los pobres jóvenes a procesar toda la información que estaban recibiendo— tienen agua corriente ¡y también es potable! ¡Así qué pueden beber del grifo sin problemas! Hay una cocina, un comedor, una sala común, una sala de estudio, una pequeña biblioteca y ¡habitaciones para todos! ¡A Dobby le han dicho que debe decir que el príncipe y el escudero, y la princesa y la doncella, y los caballeros deberán compartir habitación! —lentamente, poco a poco, Hermione y Neville se iban hundiendo en su sitio, intentando que la tierra los tragase o, al menos, que las serpientes no los notaran.

El elfo los dirigió hacia la torre y les fue mostrando las diferentes habitaciones… La cocina y el comedor estaban en la primera planta, contiguos, y eran lo suficientemente espaciosos como para que cocinaran a la vez diez personas sin ningún problema, y como para que comieran veinte personas ¡sin sentirse como en una lata de sardinas!… En el segundo piso estaban la biblioteca y la sala de estudio, abarcando toda la planta, y con el material suficiente para que pudieran realizar todos los trabajos y tareas que recibieran de sus profesores, y para conseguir información para las pruebas que deberían pasar… En el siguiente piso se encontraron con una sala común enorme y cálida, había tres chimeneas para que pudieran posicionarse donde más gustaran. La sala tenía también cómodos sofás y sillones y algunas mesas y sillas para trabajar. En una esquina se podía ver un pequeño espacio en el que, según Dobby, podrían pensar y discutir sobre todo lo referente a la convivencia y las pruebas… En las dos plantas superiores se encontraban las habitaciones y los baños privados.

Cormac desapareció en su propia habitación, que no debería compartir, investigando todo lo que allí había. Más tarde, lo siguieron Neville, que miró con cara de disculpa a Hermione, y Vincent en su propia habitación compartida. Pansy y Astoria desaparecieron poco después tras la puerta que daba a los aposentos de la princesa. Y, para desgracia de Draco, y para desgracia de Hermione, ambos chicos se encontraron solos. En la habitación que ahora pertenecería al rubio, pero que usaría también la castaña por ser su escudera.

¿Qué coño es eso? —preguntó el nuevo príncipe señalando un pedazo de tela que había tirada en el suelo, en una de las esquinas de la habitación.

—Es un futón, Malfoy. Se supone que antes los sirvientes eran esclavos. Y los esclavos no dormían en camas, dormían en el suelo. Habrán puesto el futón para que los sirvientes duerman, simbólicamente, en el suelo.

—Ah —atinó a decir él. Esta era su oportunidad. Él era el príncipe, asique tenía una enorme cama adoselada para él solo. Si quería mejorar su relación con la castaña tendrían que ser amable—. Puedes dormir en la cama también si quieres —dijo Draco sin mirarla, ¡ni haber pensado en lo que decía!

Hermione lo miro alucinada, como si le hubieran salido dos cabezas. Quizás era así, pensó ella.

—Malfoy, ¿acabas de ofrecerme tu cama para dormir? —un asentimiento— ¿Estás loco? —otro asentimiento. Desde luego, debía estar loco por habérsele escapado algo así, ¿por qué no había inventado otra cosa para hacer que durmiera en la cama, con él? —. No intentes jugar conmigo Malfoy, ¡no pienso dormir en tu cama! ¡Seguro que intentas propasarte conmigo o algo peor!

—Tranquila, Granger. Seré bueno —no supo porqué lo dijo, pero el ¿daño? ya estaba hecho. Había dicho que sería bueno, así que ahora tendría que morderse la lengua y envenenarse a sí mismo. Porque… no le quedaba otra, ¿verdad?

Hermione no era capaz de creer lo que oía, Draco Malfoy le estaba ofreciendo su cama para que no durmiera en el suelo. No la había insultado, no se había reído de ella, ni se estaba burlando. Eso era extraño. Muy extraño. No podía caer en la trampa del rubio, porque seguro que era una trampa, ¿no?

¿Bueno, Malfoy? —Hermione sonrió, una de esas sonrisas que tantas veces le había visto hacer al joven frente a ella. No podía dejar que la viera débil, no debía dejar que viera alguna grieta en su comportamiento. Porque, como buena serpiente que era, se metería por esa pequeña grieta y le clavaría los colmillos—. Tú no sabes ser bueno.

Ahhh, simples palabras que desencadenaron todo de manera apoteósica. Simples palabras, las de Dumbledore trabajo de convivencia, aprenderéis a respetaros. Las que habían desencadenado toda esa desastrosa situación. Simples palabras, las que Hermione había dicho, ¿Bueno, Malfoy? Tú no sabes ser bueno. Las que habían desencadenado un fogoso encuentro del que ahora casi — ¡y eso era lo que más le molestaba a la castaña!—, casi, se arrepentía. Hermione siguió llorando, agazapada en el suelo, hecha un ovillo. Intentando inútilmente que las lágrimas dejaran de salir de sus ojos y sin lograrlo.

¿Granger…?

Definitivamente, Hermione estaba mal. Estaba peor que mal.


Finite!

tachaaaaan!

ya esta :P

a ver quien adivina el nombre de la persona que encuentra a nuestra pobre Hermione en medio de los pasillos!

sin más, a lo que nos incumbe! muchiiiisimas gracias por los reviews, en serio!

cin-akane-bella: muchisimas gracias! espero no haberte defraudado :P

aRiElLa95: graciaaaas, espero que te haya gustado! ^^

AnaNeruda: no te mueras! ya esta hecha, y estoy tambien con el 3 y el 4 (mas o menos :P ) asiq no te me mueras!

Geovana Pena: muchas gracias! espero aver aclarado como terminaron^^ ... lo que pasara, bno tendras que seguir leyendo para saberlo xq ni yo misma lo se xD

anonimo: muchas gracias! (toy hiper feliz, no se si se me nota, no verdad¿? xD) lo continuare, tranqui^^

Salesia: jejejjejejje, bno, ya sabes q hizo Dumbledore! xD y si, le da muuuuuuxa ventaja la situacion a Draco (sonrisa malvada) Tranquila que Hermione se enamorara, xo dara caña antes de hacerlo xD y los sueños de Draco mmm... aver que haremos con sus sueños jejejej con lo de que no llegaron al final, tienes toda la razon! mientras lo escribia yo estaba pensando "q van a llegar al final, no qero no qero no qero!" y pensando aver coo pararlo. y entonces me vino la musa de Draco! y vi la luz! jejejejjeje

Ara: me alegro q te guste! lo de suya... Draco piensa que Hermione le pertenece, más no te puedo decir. pero tranquila que pronto lo dira el propio Draco^^ Con lo de Dumbledore si te puedo ayudar! como Dumbledore ha dicho que Hermione es la escudera de Draco, posss como que le da la razon en algun sentido... me explico ¿?

Potterthisworld: siiiiiiiiiiiiiiii, sigo la historia, tranqui^^ muchas gracias por el review.

Bueno lo dicho, muchisimas gracias a todos/as y espero que os haya gustado. ya me direis...

Un beso,

Nasu