=The Runaway=

Mis pulmones ardían… miraba hacia atrás casi al compás de los desbocados latidos de mi corazón…

Esta cerca, están detrás de mí… intentaba correr más, me obligaba a seguir moviéndome a pesar de que cada paso que daba eran como cientos de agujas pinchando mis piernas, estaba muy cansada ¿Cuándo tiempo llevaba corriendo? No lo sabía, pero ya no podía más, debía escapar, mi vida dependía de ello.

-Bella, ven aquí querida, queremos presentarte a alguien…- la voz de mi madre resonó en mi cabeza y una lágrima recorrió mi mejilla…- él es Joseph…- caí al suelo al recordarlo, tan claro en mi mente…

-un placer Isabella…- sonreí en cuanto él besó gentilmente mi mano, él sería mi prometido, yo sería su esposa, Joseph Agron…

Me levanté del suelo y seguí andando a traspiés, ¿De qué servía huir si de todas formas ellos me encontrarían en cualquier momento?

-Joseph… ¿Joseph? ¿Estás aquí? ¿Cariño?- recorrí la habitación con la mirada y di un paso hacia delante después de haber levantado un poco mi vestido…- ¿Joseph?

Solté un sollozo en cuanto mi cuerpo se recargó en aquel enorme árbol, me era muy difícil tomar aire, no podía más, entonces los escuché…

-¡SABEMOS QUE ESTAS AQUÍ!- gritó uno de ellos, me pegué al tronco y me deslicé por éste hasta caer al suelo, me arrastré lo más silenciosa posible, pero no era suficiente para que ellos no me escucharan.- puedo olerte Isabella, creo que olvidaste ese pequeño detalle, tu sangre…- me tapé la boca con una mano puesto que mi sollozos serían audibles si no lo hacía, y fue ahí cuando me atacó otro recuerdo.

Esta vez era yo, gritando por ayuda al ver a mis padres y a Joseph, a mí amado Joseph completamente pálido, frío… estaba arrodillada frente a él y lloraba como si fuera la última vez que lo hiciera. ¿Por qué habían hecho esto? Había escuchado de ellos, sabía que es lo que querían, mi familia también lo sabía pero no quisieron complacerlos, no quisieron entregarme a ellos y ahora este era el castigo. Aro Vulturi, él me quería a su lado… mi familia los había retado y el vampiro actuó de la forma más sencilla y simple para él. La corte me encontró en mi propia casa, después de descubrir los cuerpos no quise moverme de allí, ya nada me importaba.

-Isabella…- susurró como suele susurrar un amante antes de tomar a su bella dama, yo estaba temblando mientras le sostenía la mirada…- sabes que esta era la única forma de estar juntos, la única forma de que tú vinieras conmigo y pudieras ser…- se acercó y deslizó su nariz por mi hombro…- una inmortal…

Yo no contesté nada, no podía hacerlo, yo era una simple humana. Aun así, no fui capaz de resignarme y quedarme en ese enorme palacio, mis padres me habían contado la historia, no solo ellos, todos los habitantes del pueblo le temían a la familia Vulturi y a su corte, temían terminar dentro de estas paredes y ser utilizados como alimento de los demonios de la noche… mi caso era distinto, yo no sería su presa, Aro Vulturi y sus hermanos habían escogido a las más bellas mujeres para convertirlas y mantenerlas a su lado, ese era mi destino, el cual me había hecho escapar, me había hecho pensar que sería lo suficientemente rápida y escurridiza… un gran error…

-tienes diez segundos para salir de tu escondite Isabella, si no lo haces, entonces te haremos volver a nuestro modo.- mi pecho subía y bajaba constantemente, miré hacia el cielo, había luna llena… un poco de esperanza llegó a mí, si seguía corriendo podría correr con suerte de encontrarme con alguno de ellos, algún hombre lobo y él me ayudaría… en ese momento se escuchó un aullido bastante cerca, ¿Cuán lejos estarían? No pensé y simplemente me levanté del suelo y comencé a correr, un par de ramas me arañaron la piel descubierta pero ignoré el dolor…

-¡NO!- grité en cuanto uno de ellos me cogió de la cintura…- ¡NO! ¡SUELTENME!- gritaba como nunca antes lo había hecho, sentía como si mi garganta fuera desgarrada pero no me importaba, un hombre lobo debía escucharme…- ¡AYUDENME!

-¿Creíste que podías escapar?- murmuró el vampiro que me había atrapado…

-por favor, te lo suplico, déjame ir…- rogué con lágrimas y dejé de forcejear…

-el amo no será muy complaciente contigo, lo haz molestado bastante…- se escucharon pisadas…- vámonos, esos malditos perros andan cerca…

El vampiro me cogió en brazos para que pudiéramos volver al palacio a toda velocidad, llegamos en cuestión de minutos.

En cuanto pies volvieron a tocar el suelo, yo me hice hacia atrás, ahí estaba él, en uno de los tres asientos del enorme salón… Marco y Cayo estaban a su lado.

-dime Isabella ¿Qué te hizo creer que podías escapar?- habló con voz monocorde y mirando su anillo, yo no contesté y él se puso de pie y caminó lento hacia mí…- no debiste haberlo hecho mi bella dama…- solté un jadeo en cuanto sentí el golpe de su mano sobre mi mejilla, la cual comenzó a punzar… sentí como cogía mi brazo y me obligaba a caminar a su lado.

-por favor… déjeme ir… por favor…

-cállate…- me ordenó y siguió subiendo la escalera conmigo a cuestas…- quería que todo sucediera a su tiempo pero veo que tú no quieres esperar más…

-no… de ¿de qué habla?

-de convertirte Isabella… vas a ser mía y después te convertiré…

-no…- comencé a forcejear en cuanto entramos en su enorme habitación…- no… Aro, no quiero ser una inmortal, por favor… ¡NO QUIERO!- caí a la cama en cuanto él me empujó a ella…

-no importa cuánto supliques Isabella, vas a ser mía, mi bella esposa.

-n…no…- musité con voz temblorosa…- por favor.

-¿para qué quieres seguir siendo una frágil humana? Estas sola Isabella, tus padres, Joseph, están muertos… yo te ofrezco todo, te ofrezco vivir eternamente… conmigo…- comencé a negar y fue entonces cuando él se subió a la cama y se acomodó sobre mí, sabía lo que planeaba hacer, quería tomarme y yo no podía ser más presa del pánico y la impotencia…

-no… no, por favor… no…- me retorcía bajo su cuerpo a más no poder pero no era suficiente, sus labios hicieron presión sobre los míos y me besó como una maldita bestia, sentía sus manos deslizarse por mi cuerpo, intentaba levantar mi vestido…- ¡NO! ¡BASTA! ¡BASTA!- nadie vendría a ayudarme, porque a nadie le importaba lo que fuera a pasarme…- ¡aaahh!- grité sin contenerme.

-quédate quieta…- jadeó y lo sentí acomodarse entre mis piernas, terminó de levantar mi vestido y apretó mis muslos con sus manos…

-no… NO… ¡ARO BASTA! ¡NO ME TOQUES!... no… n…- solté un grito de dolor en cuanto me penetró, me dolía, mucho…

-me perteneces Isabella, ¿No es así? Solo a mí…- ya no me retorcía, pero seguía soltando jadeos y gemidos de dolor, quería que esto parara pero Aro no planeaba detenerse… sentirlo de esta forma me provocaba asco, no lo soportaba, quería que terminara ya…

-b…basta…- jadeé y lo miré, tenía el rostro desfigurado por el placer que estaba sintiendo, algo que yo no sentía…- para…- supliqué entre sollozos y sentí como aumentaba la velocidad de las embestidas hasta que llegó el momento en que terminó; salió de mí con lentitud y colocó una de sus manos en mi mejilla, yo veía borroso gracias al montón de lágrimas…

-es tiempo…

-n…no…- musité con un hilo de voz y con mucha dificultad, no sabía porque aún me dolía, y mucho; Aro volvió a besarme, pero se separó solo un instante para morderse el labio y hacerse una herida, sentí su sangre en cuanto volvió a juntar sus labios con los míos y no se separó hasta que yo hube tomado la suficiente, no podía haber ningún error…

-dulces sueños Isabella… y bienvenida a la inmortalidad…- me quedé quieta sobre la cama, Aro deslizo sus manos por mis mejillas y después, de un solo movimiento, escuché un crujido y todo se tornó negro…

Miles de imágenes vinieron a mí, era yo, con mi familia, eran los momentos más hermosos de mi humanidad, Joseph apareció varias veces en ellos, él había sido mi primer amor, y me hubiera entregado a él si las cosas hubieran seguido su curso, pero no fue así…

-te amo Bella…- murmuró y yo sonreí…- es hora, amor… debo irme…

-no…Joseph, quédate conmigo…

-no puedo…- respondió y me besó en la coronilla…- no podemos seguir juntos, no mientras tú seas uno de ellos…

-Joseph, no me dejes, ven conmigo… podemos…

-no Bella… no podemos…- dejó de tocarme, ya no estaba cerca, comencé a jadear, intenté alcanzarlo pero no me era posible, lo llamé muchas veces pero él ya no volvió, todo comenzó a nublarse y la desesperación me dominó, mi garganta comenzó a arder, no lo soportaba… abrí los ojos de golpe y me llevé mis manos a esa zona donde ahora había fuego, comencé a jadear, pero no sentía el palpitar de mi corazón…

-no…- musité desesperada, me miré las manos, más pálidas de lo que eran en realidad…- no…- repetí y entonces me erguí sobre la cama, allí frente a mí, Aro Vulturi sonreía extasiado observando su creación, observando a la neófita que tenía frente a él.

-¿sedienta?- inquirió.

-¿Por qué? ¿Por qué me hiciste esto?- espeté y en una fracción de segundo estuve para frente a él con mi mano afianzada a su cuello, él solo sonrió de lado y tomó mi brazo sin ninguna dificultad…

-no intentes hacer ninguna estupidez creyendo que puedes conmigo…- sofoqué un jadeo en cuanto me hizo separarme de él…- soy más fuerte que tú Isabella, siempre lo seré…- caí al suelo en mi intentó se zafarme.- vas a salir conmigo para alimentarte.

-no pienso matar a nadie…- apunté sin pensar y lo miré con odio…- prefiero morir sedienta antes de convertirme en una asesina como tú.

-¿asesino? Quiero que me digas asesino cuando tu cuerpo comience a paralizarse, cuando no seas capaz de tomar ni una bocanada de aire y tu demencia sea mayor que tu sensatez… eso Isabella, en tu caso, va a pasar dentro de una semana… una maldita semana…- murmuró bastante cerca de mi rostro.

Jaló mi brazo para levantarme al mismo tiempo que él lo hacía y sin previo aviso chocó sus labios con los míos, mi cuerpo quedó pegado a la pared y esta vez si me pude separar.

-no quiero que me toques…- chillé y pasé el dorso de mi mano por mis labios…- me das asco.

-me importa muy poco lo que pienses Isabella, tu cuerpo es mío, tu humanidad es mía y hago lo que quiera con ello…- terminó diciendo y se dio media vuelta para salir dando un portazo de la habitación.

Me quedé sola, pero eso era lo único que necesitaba, era una inmortal ahora, era rápida y no podía lastimarme fácilmente…

-debo escapar…- susurré hablándome a mí, convenciéndome de hacer lo que tenía en mente, abrí la puerta de la habitación y camine lento por el largo pasillo, no había nadie cerca; no planeaba ser parte de los Vulturi, no quería convertirme en un ser temido y tampoco quería ser cómplice del montón de asesinatos que aquí se llevarían a cabo.

Llegué al balcón, era más bajo de lo que había pensado así que no me detuve a recapacitar y salté, comencé a correr sin mirar atrás pero juro que escuché como alguien daba aviso que yo me había escapado; esta vez, corrí sin ninguna dificultad y solo miraba atrás un par de veces, debía escapar, llegar lo más lejos posible, alejarme de ellos y seguir con esta vida, sola… prefería que fuera así a ser uno más de la guardia Vulturi… pasaron varios minutos, tal vez horas, y yo seguía corriendo… hasta que llegué al primer pueblo, me detuve en cuanto llegué al borde del bosque y miré hacia atrás, nadie me seguía. Tenía miedo, no tengo porque negarlo, pero algo dentro de mí me decía que podía seguir y salir librada de esto.

-ey… ¿Qué haces ahí?- giré mi rostro más rápido de lo que debía, una mujer estaba frente a mí y sostenía una canasta con comida…- mira como estas de sucia ¿de qué familia eres? No te había visto antes.

-no soy de aquí, necesito irme.

-no, para nada…- respondió la mujer, debía tener unos 40 años…- vamos a festejar año nuevo, anda ven, te prestaré algún vestido bonito para que uses.

-no… no es necesario…- espeté y tragué en seco, olía tan bien…- yo…

-ven conmigo chiquilla, no siempre festejamos el año 1897…- levanté una ceja, era obvio que nunca se festejaba el mismo año dos veces, fingí una sonrisa. Caminé a un lado de ella y me ofreció un plato con comida cuando estuve en su casa.

-¿Cómo te llamas, querida?

-Katherine…- dije con firmeza, no diría mi nombre real, no era seguro.

-qué bonito nombre…- me sonrió…- te ves muy joven, debes tener…

-19 años…- apunté interrumpiéndola…- no tengo hambre, muchas gracias.

-¿segura? Te ves muy pálida…

-no…- iba a tocarme así que me hice hacia atrás, volví a tragar en seco…- dijo que me iba a prestar un vestido…- fingí timidez y ella se echó una risita.

-sí, de mi hija, ella tiene muchos.

-oh, una hija, ¿Dónde está ahora?

-ella falleció…- sentenció bajito…- hace unos cuantos meses desapareció en el bosque.

-cuanto lo siento…

-se que fue uno de ellos, esos demonios bebedores de sangre.

-¿usted conoce de los vampiros?

-por supuesto que si Katherine, aquí todos los conocen, es un pueblo pequeño que sigue creyendo en seres de la noche y esas cosas, aun no hay algo que nos pruebe que no existen.

-¿usted ha visto uno?- ella asintió…- ¿Qué pasó entonces?

-los cazadores lo mataron, yo era muy joven, tal vez tenía 15 o 16 años, el pueblo fue atacado por dos vampiros pero los cazadores se encargaron de ellos.

-¿cazadores? ¿Hay personas capaces de matar a los vampiros?

-por supuesto, desde hace siglos, los hombres lobo los protegen de vez en cuando pero también es difícil lidiar con esos peludos cuando es luna llena, en ocasiones son muy agresivos.

-ya veo… - la señora fue hacia una habitación y volvió pasados unos minutos…

-mira, este te quedará hermoso…- le sonreí y cogí el vestido, cuando me desvestí, mientras la mujer me daba privacidad no pude evitar observar mi cuerpo desnudo frente al espejo, recordé lo que Aro me había hecho y me mordí el labio con fuerza en cuanto sentí el nudo en mi garganta, pero fue sorprendente ver la lágrima recorrer mi mejilla, creía que yo no podía llorar; me vestí lo más rápido que pude y volví a la sala.- te ves divina Katherine.

-gracias…- dije con una sonrisa…- dígame, esos… cazadores, ¿Cómo reconocen a los vampiros?

-es sencillo querida, los vampiros beben sangre humana, donde haya algún humano vacio, ahí es donde empiezan a buscar.

-osea que los localizan por sus ataques.

-si… son unos buenos investigadores, pero… ¿Por qué tanto interés?

-por nada, simple curiosidad…- me esforcé por sonreír pero esta vez la mujer pareció dudar, yo bajé la mirada y caminé hacia la puerta, dispuesta a irme.

-eres una de ellos ¿cierto?- me detuve cuando toqué la perilla de la puerta…- eres nueva, además… ¿Katherine?

-eso no le incumbe.- dije en voz baja.

-hay cazadores en este pueblo muchacha, así que no es bueno que…

-no planeo matar a nadie…- me giré para verla…- planeo salir de esta casa, hurtar algún carruaje y alejarme lo más posible de aquí.

-¿de que estas huyendo?

-los Vulturi…- la mujer abrió los ojos como platos y comenzó a retroceder.

-¿Qué haz hecho? ¿Cómo haz escapado?

-no quiero ser una de ellos, no quiero asesinar gente inocente.

-terminaras haciéndolo…

-no, yo soy diferente…

-eres un vampiro y ellos te van a encontrar y mataran a todos los que te ayuden, deberías saberlo.

-si tiene miedo de que sea usted una de esas personas puede estar tranquila, estoy por irme y además no sabe mi verdadero nombre…- abrí la puerta…- gracias por el vestido, por responder mis preguntas y por ayudarme…

-vete de aquí, lejos, a un lugar donde ellos nunca puedan buscarte…- reí sarcásticamente, eso era imposible.

-¿A dónde? ¿Qué lugar para ellos es en donde yo no podría estar?

-Inglaterra…- se apresuró a contestar, fruncí el ceño…- hay más hombres lobo y cazadores que humanos, ningún vampiro con un poco de cordura iría allí, sería como entregarse en bandeja de plata…- yo no le contesté, simplemente salí de allí y caminé rápido por esas calles llenas de personas arreglando mesas, ventanas, para festejar el año nuevo… Inglaterra, Europa… ese sería mi destino ahora…

1898, 1899, 1900… los años pasaban con mucha rapidez… al principio fue raro adoptarme a mi dieta "vegetariana" pero era lo mejor para pasar desapercibida aquí en Inglaterra, lo que odiaba era que no podía quedarme en una sola ciudad por no más de 20 años, puesto que la gente notaba claramente que yo no envejecía; nunca me encontré con otro vampiro, no se si me encontraba con cazadores o con hombres lobo, todas las noches de luna llena yo me quedaba en casa, fingiendo ser humana…

El siglo estaba a punto de terminar y yo ya me mudaba a mi séptima ciudad, Londres… la capital de hombres lobo y cazadores, sabía que era una decisión muy loca y estúpida pero aquí podía pasar años y años y nadie se daría cuenta de que yo era vampira, era una ciudad enorme y nadie notaba en absoluto mi estadía…

Un siglo había pasado ya, un siglo y tantos años, me gustaba mucho la época en la que ahora vivía, sobre todo el estar dentro de un auto, o el andar de aquí a allá sin tener miedo de ser descubierta, así como pasó el tiempo, también pasaron las leyendas, ya nadie creía en hombres lobo o vampiros, para todas las personas esos solo eran seres mitológicos que fueron creados para causar miedo y nada más…

-hola…- me saludó alguien cuando salía de mi auto, cerré la puerta mientras la veía… era una chica, de cabello negro, una rubia la acompañó después, fruncí el ceño, yo no las conocía.

-hola.- contesté seria…- ¿se les ofrece algo?- la pequeña de cabello negro comenzó a reír…- ¿dije algo gracioso?

-tu cara lo es, ¿Qué no reconoces a un vampiro cuando lo ves?- ladeé mi rostro, ¿vampiro? La otra tipa no cambiaba de gesto, estaba seria mirándome a los ojos…

-¿de que hablas?

-llevamos unos cuantos años vigilándote, desde que llegamos a Londres.

-lo siento yo no…

-¿Qué me vas a decir? ¿Qué estoy loca? ¿Me vas a negar que eres un vampiro?

-no pero…

-terminemos con esto de una vez, ven con nosotras por favor…- espetó la rubia por fin, yo la miré como si estuviera loca y negué.

-por supuesto que no…- musité, aun no olvidaba que yo estaba "ocultándome" de ellos, de los Vulturi, no había sabido nada de la corte en muchos años…

-o lo haces por las buenas o lo haces por las malas, queremos hacer un trato contigo.

-un vampiro no puede estar solo, menos aquí en esta ciudad, mujer, hay más perros y cazadores que en ninguna otra…- espetó la morena.

-lo se y me las he arreglado así que no me digan de tratos, yo no se que…- alguien me cubrió la boca y me cogió de la cintura con el otro brazo, intenté soltarme pero aun con mi fuerza me fue imposible.

-¿Cuánto años tienes eh? ¿100? Yo tengo 220, soy más fuerte así que deja de moverte y síguenos…- habló el hombre sobre mi oreja.

-ella te lo advirtió…- apuntó la pequeña señalando a la rubia…- andando, al auto…- caminé a cuestas del imbécil que iba sosteniéndome y me obligó a subir a la enorme camioneta.

-¿pero que mierda les pasa?- chillé e intenté salir.

-así que la dama dice palabrotas…- se burló.

-¿Qué hacen? Déjenme salir…- un tipo que no había visto encendió la camioneta y comenzó a manejar…- no, no por favor.

-¿Por qué tienes miedo? Solo queremos hablar contigo, papá quiere hacerlo.

-¿tienen un padre?- inquirí incrédula.

-no biológico, pero nos comportamos como una familia…- fruncí el ceño…- no te haremos daño ¿ok? Por cierto, no nos hemos presentado, me llamo Alice, ella es Rosalie, Emmet y el guapo conductor es Jasper…- los miré a cada uno y bajé la mirada.

-¿ustedes no están al servicio de los Vulturi, cierto?- la tal Rosalie sonrió con sarcasmo, Alice carraspeó y Emmet frunció el ceño.- no es bueno que estén conmigo.

-así que eres una fugitiva…- musitó Rosalie…- bien, nosotros también…

-¿Qué?

-sip… esos malditos nos odian porque somos algo así como una familia y no bebemos sangre humana, somos algo así como traidores a la especie y eso…- explicó Alice.

-ya veo…- fue lo único que dije; no dije nada más en todo el camino y tampoco ellos, vi como tomaban una desviación y nos adentrábamos a un camino rodeado de árboles, al final, se levantaba una enorme mansión color perla, con enromes ventanales y el jardín más hermosos que haya visto antes…

-bienvenida a nuestra humilde casa…- dijo Emmet al ver mi asombro.

-esto es todo menos humilde.- Alice rió y todos bajamos de la camioneta.

-no tengo la necesidad de asegurarme que huyas ¿cierto?- preguntó Emmet, yo me mordí el labio y negué; cuando entré a la casa me sentí ¿Segura?...

-Carlisle, Esme… estamos aquí…- avisó el tal Jasper que iba cogido de la mano de Alice, debían estar juntos… dos vampiros aparecieron por el pasillo, una mujer de cabello castaño y un hombre de cabello rubio, ambos parecían ser la personificación perfecta de la bondad y la paz.

-Isabella… un placer tenerte aquí.

-¿Cómo sabe mi nombre?- pregunté en defensa.

-lo siento, hemos investigado cuando llegamos, queríamos saber si había algún otro vampiro en esta ciudad y bueno… eras tú.

-humm… y bien… ¿para qué me querían?- todos me sonrieron, menos Rosalie, ella solo sonrió de lado, con sarcasmo otra vez.

-queremos ofrecerte una familia, aquí, con nosotros.

-¿familia?- inquirí desconcertada…- yo… ¿unirme a ustedes?

-si… ¿no te gustaría?- inquirió la mujer que parecía una ángel- no deberías andar sola por ahí… hay muchos peligros…

-se cuidarme y no es necesario que hagan caridad…yo…

-aquí estarás segura, los Vulturi nunca te buscaran si estas con nosotros…- el tal Carlisle sabía cómo convencerme, utilizando mi único temor en mi contra…- ¿Qué dices?

-no puedo aceptar así como así… yo no los conozco.

-en esta vida… importa un bledo a quien conoces, solo debes sobrevivir…- espetó Rosalie con desdén hacia mí…- te estamos ofreciendo una oportunidad única Isabella…

-no es tan simple.

-anda, quiero una hermana así como tú… no una estresada y amargada como Rosalie…- la rubia la fulminó con la mirada… miré a Carlisle.

-¿hace cuanto que estas sola?- me preguntó.

-mucho, desde que me convertí en esto…

-pues entonces me tienes sorprendido, se que tú no bebes sangre humana, debió costarte mu…

-no soy una asesina…- espeté viéndolo con firmeza…

-no dije que lo fueras, así que… ¿Cuál es tu respuesta?

-yo no tengo nada y ustedes…- miré alrededor y Carlisle rió…

-eso no importa, solo queremos que estés aquí, por favor acepta… miré hacia el suelo y después a esos seis vampiros frente a mí, tal vez ellos harían que ese espacio de mi cuerpo quedara ocupado, en mis 133 años siempre me sentí vacía, sin ningún motivo se ser, tal vez esto era lo que necesitaba para ser feliz…- ¿Qué dices?

-no quiero causar problemas…- Carlisle comprendió que yo prácticamente ya había aceptado y dio unos pasos hacia mí y me abrazó.

-no lo harás… serás como una hija para mí desde ahora…- respondí a su abrazo, hacía mucho tiempo que no sentía afecto por alguien, había olvidado lo que era sentirse querida, solo rogaba en mi interior que todo saliera bien…


Primer capitulo! así comiienzaa la historiia chicas, decidí que los días de actualizacion serán los domingos, bueno, no tengo mucho que decir, solo espero que esta historia sea de su agrado... espero comentarios, besos !

CLICK EN EL LINK! REVIEWWWSS! (;