Sabrán que éste fic estaba dedicado a alguien en particular, sin embargo, hubieron algunos eventos en los que estaba a punto de dejar en un sólo capítulo la historia. Empero, se me hizo injusto que la gente que lo leyó se quedara con la duda de la continuación, así que opté por terminar el fic.
Ahora dedico la historia a todos aquellos que se tomaron la molestia de venir a dar lectura a ésta historia. Gracias por su tiempo y comentarios n_n
Un mes. Un mes había pasado desde la escena que hizo frente a Sai, Sakura y… Karin. Un mes en el que procuraba salir lo menos posible, porque los malditos rumores se expandían peor que epidemia y odiaba todas esas miradas sobre él. También evitaba toparse con la pelirroja porque él no estaba dispuesto a hablar. Es decir ¿qué le diría cuando ni él mismo se atrevía a contestarse la pregunta del porque lo hizo? Vamos, él no era tonto, y si hasta Naruto lo sabía, era obvio que él también, pero una cosa era saber las razones, otra era admitirlas, y más importante aún, otra era dar un paso al frente.
Con motivo de evitar a Naruto, quien no parecía cansarse de decirle y pedirle que hablara con Karin, Sasuke convirtió el armario de intendencia en su nueva habitación, donde se la pasaba la mayor parte del tiempo encerrado. Eso sí, Uchiha agradecía que de últimas semanas, la insistencia del rubio había disminuido considerablemente, pues resultó que terminó de novio con Hyuuga. Sin embargo, ese día en especial, la heredera del clan de los ojos perla, se encontraba de misión, y por ende, el idiota de Uzumaki no dejaba de llamar a la puerta.
—¡Sal de ahí! —Insistía el rubio— Debes comprarle algo a Karin-chan —golpeaba con más ímpetu la tabla de madera— ¡Hoy es el Día Blanco!
—¡Lárgate!
—¡¿No piensas devolverle el regalo a Karin-chan?! ¡Es lo menos que le debes! —Insistía el rubio— No sé porqué tanta negación si ya todos sabemos lo que sientes por ella.
La puerta de ahora habitación de Sasuke se abrió repentinamente con brusquedad, dejando ver a un chico bastante molesto. Tal era la expresión de su rostro que asustó a Uzumaki, quien no pudo evitar dar un paso hacia atrás.
—¡Un estúpido dulce no dice nada! ¡Sólo es mercadotecnia! —Exclamó el azabache ya harto de que lo molestara— Si crees en esas tonterías ¡Lárgate y ve por el regalo de Hyuuga!
Con el doble de fuerza en que se había abierto la puerta fue cerrada, y es que Sasuke se había sacado de quicio. ¿Por qué Naruto no podía simplemente meterse en sus propios asuntos? Además, sí él quisiera darle un obsequio a Karin, lo haría sin la compañía del rubio. Lo último que necesitaba, era que Naruto le ayudara en ese tipo de compras.
Gracias al reclamo de Uchiha, Uzumaki recordó que no tenía nada preparado para su novia, y lo peor de todo aquello, era que su bolsillo estaba bastante delgado. Alarmado por la situación en la que se encontraba, Naruto salió corriendo en busca de un buen obsequio, dejando a su amigo solo en la casa.
Sasuke oyó a su amigo salir corriendo gritando quien sabe qué cosas, lo que produjo en Uchiha un involuntario suspiro de alivio al saberse solo. No estaba seguro de cuánto tiempo Uzumaki estaría ausente, y podría jurar que a su regreso volvería a hacerle los mismo reclamos, por lo que Uchiha optó por salir de la casa y esconderse por lo menos hasta el otro día; sabía que ello podría traerle consecuencias con Konoha sí creían que había huido, pero prefería asumir las consecuencias de ello, antes que seguir oyendo estupideces.
Dando saltos por los techos, ya sabía hacia dónde dirigirse, de modo que en muy poco tiempo ya se encontraba en el Barrio Uchiha. Por suerte para él, su antiguo hogar no estaba ni cerca de los lugares concurridos en esas fechas, por lo que asumía que difícilmente alguien lo había visto, y prácticamente estaba seguro de que nadie o había seguido.
Admitía que el estar en aquellos lugares no le era grato, pues pese al tiempo transcurrido, seguía siendo dolorosa la situación en que todas aquellas personas a las que consideraba familia habían muerto. Sin embargo, de una u otra forma el lugar lo encontraba similar a un refugio, después de todo, alguna vez había sido su hogar, y para matar el tiempo, decidió dar un paseo por aquellas calles.
Transitó lentamente por el lugar, deteniéndose de vez en cuando frente alguna de las casas recordando vivencias de su infancia, y en algunos edificios, llegaba sólo a pensar en las causas de la tragedia, como por ejemplo, se quedó largo rato frente a la casa de Shisui; incluso le llevó más tiempo reflexionar frente a la casa de la novia de Itachi, donde no pudo evitar imaginar lo que pudo haber sucedido de cambiarse un solo suceso.
Finalmente sus pasos lo llevaron hasta la que fue su hogar en la infancia. La había estado evitando, pero no se puede escapar del pasado, y mucho menos estando en el lugar que estaba repleto de ello. Dispuesto a enfrentar ese pasado, entró al lugar.
No había cambio alguno desde la última vez que había entrado ahí. Los muebles, las fotos, los jarrones, todo seguía en su lugar; era como entrar en un lugar donde el tiempo no había pasado, o al menos podría pensarse así, de no ser por la gruesa capa de polvo que cubría el sitio.
Uchiha no pudo evitar mirar fotografías de viejos portarretratos empolvados a los que sacudió hasta descubrir las imágenes. Miró en las cuadros a su pequeña pero feliz familia en cuadros formales, así como otros tantos —que Mikoto insistía en tener— donde habían escenas más espontáneas y naturales; en la mayoría de ellas, la familia sonreía, incluso Fugaku, pese a su característica seriedad, llegaba a presentar una sincera sonrisa.
Sin siquiera planearlo, el azabache tomó uno de los tantos retratos y al quitar la capa grisácea, de topó con una foto bastante peculiar: la foto de bodas de sus padres. A él jamás le quedó la menor duda del amor que sus progenitores se tenían, y recordó haberse preguntado sí él algún día viviría con alguien de la misma forma. El pensamiento lo llevó a rememorar una ocasión en que su madre les platicaba a él e Itachi, el cómo comenzó a salir con su padre. La historia no era exactamente una novela romántica, pero así nació el amor:
Había sido un Día Blanco en que Fugaku se acercó con una rosa a Mikoto —a pesar de que ella no le había dado nada el mes anterior—. Su madre les explicó que su padre ya llamaba su atención desde antes, pero no se había atrevido a darle nada el catorce de febrero al ver el montón de chocolate que había recibido. No era que ella se sintiera menos que las demás, era sólo que se le hizo absurdo llenarlo de más dulce, y que pensó ofrecer algo en otro momento. Cuando Fugaku había llegado con la rosa, ella había quedado sorprendida, y sólo sonrió dando el "si" a la caminata que él le proponía.
Aún en ese momento, la historia le parecía muy simple, pero tenía su encanto, y comparó la anécdota con lo que había ocurrido con Karin… No era que alguna vez hubiese tenido una cita con ella. ¡Sólo se refería a lo ocurrido el me pasado. ¡No era que pensara en algo amoroso con ella!
Dio un suspiro dejando la foto en su lugar.
¿A quién quería engañar? Él no era de palo, y aunque había ignorado esa atracción desde hacía mucho a causa de sus antiguos objetivos, no pudo evitar que la convivencia en la guarida de Orochimaru, y posteriormente en Hebi o Taka, esa atracción se fuera transformando. Tampoco pudo evitar que el tiempo que llevaba en Konoha, lo había llevado a pensar en los temas a los que había que no había estado tomando en cuenta.
Echó otro vistazo a la casa, y viendo toda aquella vida truncada, decidió que era momento de pensar en el futuro, un futuro con su propia familia, donde n permitiría que absolutamente nadie les quitara la felicidad a los futuros miembros. Y si iba a tener hijos, necesitaba de una esposa, y si bien no pretendía precipitarse, la cosa podía empezar con Karin. Sí, haría lo mismo que su padre hizo con su madre, pero no lo haría ese día, no quería que tuviera que ver con un día festivo. Esperaría un día o dos.
Salió de la casa bastante decidido, y al ver que atardecía, decidió volver al apartamento. No era que tuviera ganas de oír a Naruto, jamás las tendría, pero era mejor volver antes de que mandaran a Karin a buscarlo. No quería verla hasta que fuera a poner su plan en marcha.
De la misma forma en que llegó al Barrio Uchiha, saltó por los techos para volver al departamento, pero a medio camino, notó a Hinata en compañía de Naruto, quien llevaba un oso de peluche exageradamente grande. ¿De dónde había sacado dinero para comprarle un…? Por supuesto, Naruto seguía administrando su dinero.
—¡Teme! ¡Baja! —Llamó Uzumaki— Tengo un mensaje de la vieja Tsunade.
Trabajo le costó contenerse para no decapitar al estúpido animal de felpa convenciéndose de que tenía que degollar a otro, y el muy dobe, termina llamándole como si pidiera a gritos —nada raro en el rubio— su propia muerte.
Conteniendo su enfado, bajó quedando frente a la pareja, y no porque estuviera alegre de obedecer, pero era mejor hacerlo si era recado de la Kage, porque entre mejor se comportara, más rápido podría volver a hacerse cargo de su propio dinero.
—Buenas noches Uchiha-san —saludó Hyuuga recibiendo un monosílabo de respuesta.
—La vieja Tsunade quiere que vayas por Karin-chan y se presenten con ella.
—¿No puedes decirle a ella que nos vemos en la Torre Hokage? —preguntó enfadoso.
—Ya… ya fuimos, pero no estaba —intervino Hinata con timidez.
—Nosotros estamos de cita, así que espérala tú y díselo —dijo Naruto con una sonrisa pícara— Y de camino a su casa, cómprale algo.
Uzumaki le arrojó algunas monedas al azabache, para finalmente salir corriendo llevándose halando a la pobre de Hinata que no se esperaba la acción.
Sasuke maldijo por lo bajo, por supuesto que había entendido la burla; y no sabía qué era lo que más le enfadaba, sí lo que el rubio había hecho con su dinero, o que precisamente ese día tenía que ver a Karin en contra de sus recientes planes.
Ya muy malhumorado, Uchiha se arrastró por las calles hasta casa de Haruno, donde Karin se alojaba. En el camino pensó seriamente en caer por completo en el plan de su padre: comprar una rosa y aprovechar el Día Blanco para invitarla a caminar a algún lado, pero al llegar a la florería, se pasó de largo al ver a Ino, quien al percatarse de su presencia, volvió a reclamarle por décima vez en el mes sobre el chocolate de Sai, para después ofrecerse a ayudarle con su regalo para Karin.
Para su fortuna, Yamanaka no lo siguió gran trecho, pues era un día bastante ocupado para una florería, muy a pesar de la hora, y sin más retrasos, Sasuke llegó a la casa de los Haruno. Antes de llamar a la puerta, soltó un pesado bufido, aunque fue más bien su forma de enmascarar un suspiro.
Tocó la puerta un par de veces, y ésta se abrió de repente. Sin embargo, fuera de lo que esperaba, no había nadie recibiéndolo. Asomó la cara dentro del lugar, y descubrió que las luces estaban apagadas. No sabía si todo aquello era una broma, pero al no percibir a nadie, encendió la luz muy dudoso.
Cuando la estancia se iluminó, no sólo se dio cuenta que no había nadie —¡qué descuido el dejar la puerta abierta!— sino que la casa estaba llena de arreglos florales de rosas rojas.
Sí, claro, en esa casa vivían tres mujeres, esos arreglos podrían ser un acumulo de regalos entre ellas, o bien, eran de una sola… Y sí eran de una sola ¿de quién serían? No iba a quedarse con la duda, y al notar una tarjeta en el arreglo más cercano, procedió a leerla.
Para Karin:
Porque tres veces es muy poco para lo que te mereces.*
El pequeño trozo de papel se arrugó entre sus dedos, y es que Sasuke sólo podía pensar que Karin había dado otro honmeichoco a alguien más, y el muy idiota le había ganado la idea pero con cientos de rosas. ¿Cómo era posible que aun cuando toda la aldea se había enterado de su escena de celos, existiera alguien que se atreviera a interferir entre él y Karin? ¿Quién diablos era el atrevido? El muy imbécil no había firmado la estúpida tarjeta, y a Uchiha no le cruzaba idea de quién podría ser.
—¿Sasuke? —Oyó la voz de la pelirroja— ¿Qué haces a…? —Notó todos los arreglos de flores— ¿Qué es todo esto? —Sasuke no contestó, ni siquiera sabía qué decir. Sin embargo, Karin advirtió la pequeña tarjeta en su mano y lo miró con enfado— ¿Qué es eso?
Aventó la bola de papel a su dueña, y aunque el varón estuvo a punto de irse definitivamente, recordó a lo que verdaderamente había ido a buscarla.
—Vámonos, nos están esperando.
Había dado media vuelta para ocultar su rostro de enojo, aunque sabía a la perfección que ella podía sentir su flujo de chakra. Se estaba impacientando más al no recibir respuesta, pero era que ella estaba leyendo el arrugado recado.
—La próxima vez, abstente de leer mi correspondencia —musitó Karin molesta haciendo una pausa— Y ¿quién se supone que está esperando?
—La Hokage.
—¿La Hokage? Acabo de dejar la Torre Hokage —dijo con reproche, pues creía que él le estaba tomando el pelo.
¿Acababa de estar con ella? ¡Maldito Naruto! Tan empeñado estaba en que él fuera a ver a Karin que le había tendido una trampa, y lo peor de todo es que cayó en ella, con todo y el obsequio, de no ser que Ino le interrumpió en su plan.
—Olvídalo —musitó molesto para salir de la casa.
Uchiha sacaba humo por las orejas, un tanto por las estupideces de Naruto, y otro tanto por el imbécil que había dado un regalo y una carta tan cursi a Karin. Y lo peor de todo, es que estuvo a punto de cometer una estupidez —porque él consideraba como tal a todo lo impulsivo— al hacerle la invitación a Karin, sólo por su enojo por las rosas, pero no lo hizo ¿y por qué? Porque se sintió patético al no tenerle un presente.
Poco le faltaba para hacer temblar la tierra al caminar, pero antes de poder doblar la esquina…
—¡Sasuke!
Él se volvió al llamado, más por inercia que por voluntad, y cuando menos se dio cuenta, Karin se le había lanzado encima abrazándolo. La acción no lo molestaba, pero no entendía la razón.
—¿Qué haces?
—Si no te hubiese encontrado en la casa no lo habría creído —decía ella con entusiasmo— Jamás creí que tuvieras un lado tan romántico.
—¿De qué hablas? —cuestionó confundido.
—No te hagas el idiota, que ya encontré la otra nota. Sé que fuiste tú quien me trajo todas esas flores —decía sonriente— Siendo honesta, creí que no me darías nada, pero sí que me has sorprendido —depositó un beso en la mejilla de él, quien se encontraba confundido— Y claro que quiero salir a cenar contigo, pero será otro día, me toca guardia en el hospital.
La pelirroja dio otro beso en el lado opuesto para despedirse. Él estaba tan confundido que ya no mencionó nada, y al llegar al departamento, Naruto se confesó culpable. Claro, esa noche Sasuke correteó al rubio por toda Konoha, pues aunque por su culpa, ahora tenía una imagen de hombre romántico, jamás le diría lo agradecido que estaba con él, pues aquella confusión, seguida de su bromita, había sido el primer paso para formar su familia.
FIN
Nota: En el Día Blanco se acostumbra que el obsequio que dé el varón, debe de costar tres veces del valor que él recibió, a eso la nota.
