Disclaimer: Derechos de sus autores Mizuki e Igarashi. Solo fines de entretenimiento
Abrir y cerrar
Hay días en la vida que marcan un cambio, esos días muchas veces no están planificados en nuestro calendario. Simplemente aparecen un martes por la mañana y te cambian todo lo que habías ideado.
Terry hace mucho había aprendido a lidiar o aceptar esos días…nunca imaginó que una noche de premios lo llevaría a liberarse de las cadenas invisibles que aún llevaba luego de tantos años de cumplir con una promesa hecha en una noche de invierno, y un año más después que los sucesos llegaran a su fin por respeto a una memoria que le imponía el mundo en que vivía, y que él en un último arrebato de honor había consentido en sobrellevar, como el último eslabón de aquella cadena.
La mañana llevaba una nueva esperanza, había despertado con la idea de hablar con Robert Hataway, director de la compañía Stratford y tomar un tiempo para poner sus asuntos en orden, en otras palabras buscar donde estaba su pecosa después de tantos años.
Se dirigió al teatro, los periódicos en las esquinas de Broadway ya hablaban de una actriz que había sido encontrada en una posición comprometedora en su camerino con un conocido político; no era que le deseara mal a la gente, pero al menos la noticia sobre su madre ya no ocupaba los titulares. Recorrió el paseo de las luces de Broadway recordando cuan ilusionado llegó a aquel lugar con 17 años, intentando labrarse un futuro por su cuenta y pensando en que Candy lo acompañaría. Había pronunciado su nombre en su mente, no pudo evitar detenerse y pronunciar:
- Candy…pecosa
Una gran sonrisa y una sensación de alivio se dibujó en el rostro de Terry.
Si pecosa, pensó. Te traeré nuevamente aquí o donde quiera que vaya, no puedo volver a dejarte ir si aún sientes algo por mí. Me temo que esa frase no me agrada, pero tampoco puedo ir e intentar separarte de la vida que hayas elegido si ya no tengo un lugar en ella.
Había llegado frente a la compañía de teatro, saludo y se dirigió a la oficina de Hataway. La invitación a entrar no se hizo esperar.
- Terry hijo, que bueno que vienes. Vaya forma de presentar a tu madre, eso es tener estilo. Ha sido un boom, y además mejor actor dramático a tu edad. Es increíble…esperemos que esto reflote a la compañía más de lo que ya has hecho. Y creo que se pondrá mejor con las noticias que te tengo.
- Dime Robert y luego te contaré algunas cosas que necesito hacer…replicó Terry ante el hecho de no haber podido detener el discurso del director.
- Bueno muchacho, nos ha llegado la invitación que espere por años, conoces la Royal Shakespeare Company? Le cuestionó Hataway
- Sí, la conozco._ la expresión de Terry como una persona acostumbrada a no reflejar emociones no dejaba ver más que un pequeño destello en sus ojos, sin embargo, las palabras del director comenzaban a inquietarlo. Todo lo que tuviese la palabra Royal y su pasado había quedado guardado en el puerto de Southampton, hace muchos años.
- - Pues, hemos recibido una invitación de su director para presentar Hamlet contigo y toda la compañía en Londres y Strafford Upon Avon, la tierra del Bardo.
- - Robert, no puedo ir a Inglaterra, que el suplente se encargue, no puedo ir a Inglaterra; le explicó Terry a borbotones, y la actitud fría que siempre lo acompañaba desapareció por ensalmo.
- - Terry cálmate, exclamó Hataway. Qué sucede contigo muchacho, parece que te fueran a perseguir en Inglaterra, o que no pudieras entrar al país.
El silencio que siguió a esta afirmación, fue la respuesta para Hataway que algo no iba bien para Terry en Inglaterra. La palidez de Terry y la angustia que vio en sus ojos le confirmó que no era un capricho del joven actor por no querer viajar, o hacer su voluntad.
Robert tomó una jarra de agua, le sirvió un vaso a Terry, y le indicó que se calmara.
- Hijo, si no me dices que sucede comenzaré a creer que asesinaste a alguien en Inglaterra, o que hay algún cargo u orden de restricción que no te permite salir del país. Y mira, que la imaginación me ayuda. – Sonrió el hombre mayor.
- Robert, tu sabes que más que el director de esta compañía te considero mi amigo, y lo que te diré en este momento no le he hablado en 6 años o más.
- No te preocupes…
- Tú sabes que mi madre es Eleanor Baker, pero no sabes quién es mi padre. Yo nací en América, pero fui criado en Inglaterra en un castillo cerca de Londres. Mi padre es el honorable duque de Grandchester.- Ya estaba lo había dicho, había mencionado sus orígenes.
- Me estás diciendo Terry, que el hijo de un noble inglés es la estrella de mi compañía y ha vivido en un pequeño departamento sin sirvientes por mucho tiempo y estuvo prometido por honor con una mujer que deduzco nunca supo su origen.
- Así es… Susana nunca supo mi origen, solo dedujo que era inglés por mi acento y nunca pregunto más. Yo tampoco explique mucho, pues no quería que se hiciese la idea que iríamos a Inglaterra a conocer a mi padre. Yo renuncié a mi apellido desde el momento que deje Londres y me convertí en actor. La sangre de los Grandchester no admitía un bastardo en la familia, pero menos un actor teatral.
- Y cuál es tu nacionalidad en este momento?
- Soy inglés, legalmente. Pero tengo documentos americanos que compre cuando llegué al país como todos los inmigrantes. No quería saber nada más del apellido Grandchester.
- Dime Terry, tu padre supo que te ibas de Inglaterra, renunciabas a su apellido y supongo que a alguna clase de título para convertirte en actor.
- No, no me despedí, la última vez que lo vi, él jugaba al cricket, y yo le suplicaba que ayudara a una chica que había sido injustamente expulsada del colegio donde estudiábamos por haberla encontrado conmigo en los establos del colegio por la noche. El me negó la ayuda, y para salvarla decidí irme yo, sin ver atrás. Vendí mi automóvil, mi yegua Teodora, un par de los eternos relojes que mi padre me daba cada cumpleaños, y eso junto con mis ahorros me trajo aquí. Soy su primogénito…
- Bueno, hijo, te diré que como padre el tuyo no gana el premio del año, sin embargo, creo inferir algunas cosas de tu relato.
Uno, ahora comprendo algunas cosas, tienes una educación muy buena, ahora comprendo el porte, la esgrima, los idiomas, el acento y el gusto por la equitación.
Dos, creo que te adelantaste a los hechos de creer que con decir me voy renunciabas a tu aristocrática familia. Si fueses mi hijo no aceptaría tu cambio de apellido sin haber entendido tus motivos, y aunque tu padre suene como un hombre muy estricto, no creo que los títulos en Inglaterra se quiten con quitar un pasaporte.
Tercero, la señorita de la que hablas imagino es la señorita Andley, y si ella renunció a ti por el bien de Susana, no creo que le gustaría que perdieses la oportunidad de arreglar las cosas con tu padre, al menos, para despedirse de la manera correcta, lo quieras o no es tu padre.
Cuarto, no puedes saber si tu nacionalidad sigue vigente o no, sino estás legalmente registrado como ciudadano americano, y nunca informaste a la embajada de tu renuncia legal a tu nacionalidad y apellido. Eso se confirma con enviar al abogado de la compañía o a tu abogado a la embajada de Reino Unido a verificarlo.
Quinto, la invitación llego porque Terruce Graham tiene un prestigio ganado como el rey de Broadway, y se consideró que podía estar en un escenario donde Shakespeare es venerado. Tú crees que la invitación seguiría vigente si actúa tu suplente.
- Lo entiendo Robert, y creo que tus observaciones son válidas, pero hay otro motivo.
Terry le contó su liberación la mañana posterior a la entrega de premios de las Marlowe, en la que descubrió el chantaje emocional para que la señora Marlowe tuviese solvencia económica a través de él. Pero también su decisión de buscar a la señorita Andley ahora que al fin era libre, una gira a Inglaterra no le facilitaría las cosas.
Robert, no le contestó inmediatamente, caminó rumbo a la ventana de su oficina y se detuvo a contemplar a los transeúntes fuera del edificio. Luego volvió a sentarse frente a Terry.
- Terruce,- continuo Hataway. - Sé que lo que voy a decirte, puede que me haga perder al mejor actor de su generación que ha pisado este escenario, sin embargo, aunque te considero un buen muchacho y un amigo, no puedo dejar de ser también un hombre de negocios responsable de todas las personas que trabajan aquí. Tú sabes que aunque la prensa te llama, el rey de Broadway o el príncipe de las marquesinas, la fama es algo etéreo, y yo debo ver por toda la compañía. Sé que te quedan años siendo una estrella y llenando los teatros, pero el mundo está cambiando.
- A qué te refieres Robert?
- A que Broadway se esta llenando de musicales y obras contemporáneas, que van opacando cada vez más al teatro clásico, aún eres joven y puedes adaptarte pero yo no. No me imagino aprendiendo a bailar y cantar a mi edad, ni te imagino a ti saltando por el escenario. Sin embargo, podrías tener con tu talento y apariencia cabida en el nuevo arte del cine o en el teatro de autores contemporáneos.
- A qué punto quieres llegar Robert?- inquirió Terry ya un poco incómodo con esta larga conversación.
A que cuando eras un jovencito inexperto esta compañía te abrió las puertas, cuando tiraste todo y te perdiste luego del accidente de Susana tuve que resarcir a los inversores y seguir con un suplente. Luego, cuando volviste tuviste que comenzar de nuevo, sin embargo, en contra de todo lo que me aconsejaron te di la oportunidad de que volvieses a los protagónicos. Ahora, yo tengo la oportunidad de llevar mi trabajo a Inglaterra, la tierra de Shakespeare, donde aún No tengo que ponerle canciones a Hamlet para que sea apreciado. Así que si decides no asistir a la gira por Europa, a menos que exista un impedimento legal para que salgas del país, lamento informarte que no podré ofrecerte un puesto cuando la compañía regrese a América.
Los ojos de Terry fueron una mezcla de ira y desconcierto, sintió que Robert estaba de alguna manera chantajeándolo para que cediera. Como si hubiese leído sus pensamientos el hombre mayor continuó:
- No quiero que tomes esto como un chantaje mi joven actor, sino una decisión bien tomada, pues la vida del artista debe estar comprometida con su familia, pero también con su trabajo. Tendrás que tomar una decisión, deja de huir de las cosas Terry. Si debes enfrentar a tu padre hazlo, si debes dejar todo por lo que luchaste e ir por la señorita Andley sin saber dónde la encontrarás también hazlo. Pero no puedo parar el mundo por ti, yo también tengo un sueño Terry y ese está en una gira por Inglaterra. Si tengo que negociar llevar un sustituto lo haré llevándolo como el actor principal, no como el sustituto del Terruce Graham. Esto es parte de madurar mi joven colega.
La primera reacción de Terry era tirar la puerta, e irse a Chicago esperando encontrar a Candy en la mansión de los Andley. Sin embargo, que pasaría si la encontraba y ella lo aceptaba; que iba a ofrecerle, a un actor que perdió la oportunidad de triunfar al más alto nivel en su profesión y que tendría que ir como muchos de sus colegas a probar suerte en Hollywood. O a un hombre reconciliado sino con su vida anterior, al menos con el suficiente valor para enfrentar sus fantasmas.
Candy se merecía a un hombre completo, tendría un par de semanas antes de irse y en ese tiempo podría averiguar dónde estaba y escribirle pidiéndole, no sabía aún como decirle, pidiéndole una oportunidad, una entrevista, lo que fuera.
Terry miró a Hataway con reconocimiento que aunque la decisión que iba a tomar no era fácil, debía hacerlo. Por Robert, que le había dado más de una oportunidad, por Candy que debía sentirse orgullosa de él, y por un futuro juntos fuese donde fuese.
- Enviaré mi pasaporte mañana a la embajada y veremos qué pasa, si soy aún ciudadano británico, podré ir sin problemas, y si no, solicitaré un permiso como todos. Solo te pido ausentarme esta semana para arreglar mis cosas.
- Así será Terry…la troupe no sería lo mismo sin ti.
Terry salió de la oficina esperando haber tomado la decisión que le permitiría seguir adelante, cuando llegó a su departamento tomo papel y tinta para escribir.
Sr. William Albert Andley
Mi estimado amigo Albert,
El compromiso al que por honor me vi obligado a llegado a su fin, incluso guardando las normas sociales del luto y respeto. Ahora soy un hombre libre y necesito saber dónde está mi Candy, tu hija adoptiva. Sé amigo mío que es muy petulante de mi parte ser tan directo, sin embargo debo marchar a Inglaterra por mi trabajo durante 2 meses y no quiero hacerlo sin poder saber cómo esta ella.
Tu amigo,
Terry Grandchester
Puso la carta en un sobre esperando que las empresas Andley en Chicago fuese un buen lugar al que enviar la carta. La puso en el correo y suspiró con resignación. Con esa carta y ese viaje se cerraba una puerta o se abría una más. Abrir y cerrar… era hora de cerrar las puertas de su pasado con su padre, de una manera civilizada al menos si existía la oportunidad; y abrir para Candy un futuro sólido. Robert tenía razón, los musicales en Broadway estaban ya desplazando al teatro clásico y el cine se estaba convirtiendo en un nuevo frente de entretenimiento para las masas, sería una ironía que su futuro estuviese volviendo a Inglaterra.
Candy… volveré con un apellido que darte, y seré el mejor hombre para ti pecosa…lo prometo.
Continuará…
Próximamente el reencuentro. Ella también lo espera...
