Para cuando se encierran en el salón pequeño Robb no está seguro por dónde empezar a sorprenderse. Supone que debería ser con el hecho de estar vivo, pero lo malo de no recordar haber estado muerto es que le quita dramatismo al asunto. Si que recuerda el miedo y el dolor, pero no el físico en sí mismo. Si no ese dolor que le heló las venas y secó sus ojos al ver el cuerpo de Talissa mutilado a sus pies sin que él pudiese hacer nada para evitarlo. No pudo proteger a su familia, a ninguno de ellos. Y ahora los ve de nuevo, de pie frente a él. Le observan con curiosidad y algo de miedo y él se hace el desentendido mientras trata de ordenar las ideas. Come sin entusiasmo la sopa que le han servido y que está casi fría para acabársela en un par de sorbos.

Es entonces cuando les interrumpen, un hombre entra en la estancia pidiendo disculpas por meterse en aquella habitación donde los grandes se han refugiado. Es solo un soldado. Uno del que recuerda el rostro, pero no el nombre. Uno de tantos de aquellos que lucharon bajo su mandato, pero ahora está más viejo, más cansado. Uno que le mira y balbuceo pero que recobra rápidamente la compostura para dirige su saludo al rey en el Norte con las fórmulas de cortesía típicas y él, inconsciente, hace que sus rizos pelirrojos se muevan al devolver la reverencia. Pero no es él a quien se dirige. Es a Jon a quien le habla, de quien recibe las órdenes y quien le despacha retomando su lugar frente a la chimenea. Es él, el nuevo rey en el Norte, el hijo bastardo que ha resultado ser un primo legítimo. Y además de ello también el heredero de los siete reinos. Es Jon, su Jon. Quien le aguanta la mirada durante un segundo y después se aparta como si quemase, con los mismos gestos de cuando era niño. Y así se dedica a dejar vagar su mirada por el resto de los miembros de su familia.

Bran ha crecido de manera increíble y aterradora. Está seguro de que ya es más alto que él, aunque nunca se pueda poner en pie. Le mira con esos ojos vacíos que le dicen que ha visto mil muertes y otras cosas aún peores, pero no le habla, solo le contempla. A su lado Sansa se encuentra compartiendo murmullos con una mujer de cabello blanco que se muerde los labios al verle. Es la única de sus hermanos que parece evitar observarle directamente. Y él odia la sensación de estar distanciados, aunque lo entiende. La última vez que la vio era una niña caprichosa que se dirigía a la capital para convertirse en reina y ahora es una mujer norteña que desprende ese hálito de frialdad y respeto que tantas veces encontró en su padre.

Una copa de vino especiado y caliente le obliga a salir de sus pensamientos y a desviar la atención a la joven que se la ofrece. Incluso para sus recuerdos Arya sigue siendo sorprendentemente bajita. Ya no tiene tanta cara de niña y a juzgar por las armas que lleva a la cintura hace tiempo que dejó de ser una dama para ser un soldado. Sus movimientos son precisos y sus gestos estudiados pero sus ojos siguen delatando lo que oculta su fría expresión y a él no le da tiempo a reprimir el comentario.

- Deja de mirarme con esos ojos de lechuza. - La pide y ella escupe el vino que acababa de beberse atragantándose entre carcajadas.

- Lo siento. Es que es raro verte, aquí. Así. - Añade con gesto triste. - Estuve allí sabes. Escape de Desembarco y digamos que después de un viajecito el perro me llevó hasta la casa de los Frey. - Agita la copa y sus ojos se oscurecen. - Ya estabas muerto cuando llegue. Cosieron la cabeza de Viento Gris a tu cuello y te pasearon por toda la fortaleza. – Dice melancólicamente mientras sus pensamientos recuerdan con detalle cada color, cada rostro representado en aquella tétrica escena que fue obligada a ver sin poder hacer nada para arreglarlo. Solo una mera espectadora entre la corriente del tiempo que ni se detuvo ni le dio un respiro a ninguno de los jóvenes Stark.

Robb siente un escalofrío ante su relato y se bebe la copa de trago mientras busca con la mirada una nueva jarra para rellenarla, pero de nuevo es Arya quien le ofrece la solución mostrando otra, bien cargada de vino, que se encuentra a sus pies. Van a vaciarla entre los dos. Y puede que también vacíen un par más de ellas. Lo necesitarán. De hecho, todos los que allí están necesitarán algo más fuerte que ese vino pastoso.

- Y ahora que has vuelto, ¿se supone que vuelves a ser el rey en el norte? - Él la mira sorprendido y abre los ojos de par en par.

Es entonces que su mirada vaga por la habitación, escudriñando los rostros de los presentes y buscando de nuevo el de Jon entre ellos. Cuando le mira y le obliga a devolverle la mirada, cuando toda la sala se queda en silencio y ellos saben que necesitarán tener más de una conversación para ponerse al día. Y que probablemente no todo lo que se digan va a ser amable.

Se estudian y se reconocen con dificultad en el silencio que impone la situación. Hay demasiadas cosas que decir y que ocultar. Su última despedida estuvo cargada de sentimientos contradictorios, pero el saludo que deben darse ahora no parece demasiado entusiasta. Quizá sea porque a ambos les confunde el inesperado encuentro. O puede que sólo sea porque ya se dijeron todo lo que tenían que decirse, ocho años atrás, en ese mismo lugar.

La gente empieza a salir de la habitación brindándoles lo que parece ser una promesa de privacidad y solo la familia permanece junta. Ellos y Theon, por supuesto. Porque puede que traicionase a Robb en el pasado, pero en un tiempo aún anterior le siguió como su hombre más leal. Por eso se queda allí escondido entre las sombras sin atreverse a pronunciar palabra.

- Creí que los habías matado. - Dice el hijo primogénito y Theon traga saliva al saber que es a él a quien dirige esas palabras llenas de reproche. - Morí creyéndolo y ahora te veo aquí y a mi hermano vivo. Y aun así el sentimiento de rabia no se va. ¿Por qué me traicionaste Theon? - Pregunta y el otro tiembla ante sus palabras.

- Por orgullo. - Contesta al final y da un paso al frente para enfrentarse a su juicio.

- ¡Éramos tú familia! - Le chilla y el hombre del hierro tiembla lleno de miedo.

- No. - Le corrige Sansa. - No lo éramos. Fue nuestro rehén y le tratamos con dignidad, pero su familia le esperaba al otro lado del mar.

- ¿Y ahora tú, de entre todos nosotros, tú, le defiendes? - Cuestiona señalándola con el dedo.

- ¿Crees que todo es tan simple? ¿Qué es negro o blanco? Tú que rompiste tus promesas y te casaste con una desconocida, ¿te atreves a cuestionar a otros? - Grita ella con su rostro rojo de furia y Robb está seguro de que esa no es la hermana que él conoció. Su mente vaga entre las añejas memorias y recupera la imagen de una loba huargo con la asta de un ciervo clavada en las entrañas. Un animal herido capaz de sacrificarse por sus pequeños cachorros. Y no puede evitar realizar una comparación entre ellas.

- Sansa. - La llama, pero ella se gira para darle la espalda y no mostrarle las lágrimas que corren por su cara.

- No todos tuvimos tanta suerte Robb. No todos morimos. Hemos vivido cosas que jamás imaginarías.

- A las que no hubieses sobrevivido. - Añade Arya con una sonrisa cansada y le da un sorbo a su bebida. - Por la manada. - Brinda en alto y para su sorpresa uno a uno van repitiendo la frase.

Es Theon quien abraza a la mujer pelirroja y la consuela. Quien le envía una mirada de reproche que le hace entender sin palabras que ha sido más herida de lo que jamás sabrá. Pero es Jon con su voz calmada quien les devuelve al presente.

- No tiene sentido buscar culpables. -Declara agotado. - Todos los que estamos aquí hemos cometido errores y los hemos pagado. Así que es mejor aprovechar el tiempo que nos queda, porque no creo que este truco de magia vaya a convencerles de retirarse.

Escuchar a Jon es como volver al pasado, aunque hay algo raro en él. Si voz sigue teniendo ese tono melancólico que hace estremecerse a quien le oye y le hace sentirse infantil a la par. Es él quien como en tiempos pasados les obliga a marcharse a descansar y les despide con un beso en la frente, poniendo especial atención en la de Arya.

- Vamos a tener que tallar una nueva frase en el escudo familiar. - Dice ella y él la mira sin entender. - Ya sabes algo solemne del estilo "mátame y el señor de luz me resucitará" y podemos adoptar a Dondarrion. - Ríe y Jon no puede evitar estrecharla entre sus brazos antes de dejarla marchar.

En la puerta Gendry espera. Hay más armas que seres vivos y no tiene sentido mantener el fuego de las fraguas caliente. El dios de la bruja roja les ha dado una noche de más y ellos se han ganado el poder disfrutarla y no desperdiciarla pensando en que esta noche no es nada más que un cruel paréntesis de irrealidad.

Jon cierra la puerta despidiéndose silenciosamente de la reina dragón que le espera en la penumbra del final de un pasillo mil veces recorrido. Podría abandonar aquel el lugar y retozar por última vez bajo las sábanas con ella, pero eso no sería lo correcto y él, como su hermano, siempre procuran hacer lo correcto. Tal y como les enseñó su padre. Tal y por lo que murieron los tres. Respira hondo un par de veces antes de encararle y prepararse para enfrentarse a un fantasma llegado del pasado.

- ¿Cómo te encuentras? - Es una tontería de pregunta, pero a Robb se le escapa una risita y eso alivia el ambiente.

- De muerte. - Contesta con burla. - Los pequeños han cambiado mucho. Me es difícil reconocer a mis hermanos. Así que eso debería darme una idea del tiempo que ha pasado desde … que me fui. – Puede que la frase en sí misma sea un eufemismo, pero se siente mejor si la palabra muerte no aparece en u vocabulario. Y Jon lo entiende, porque ya ha pasado por eso. – Sansa parece muy unida a Theon ahora. Es gracioso, porque el último recuerdo que tengo de ellos juntos es de estar ignorándose mutuamente.

Se mueven por la habitación casi en círculos, sin atreverse a acercarse demasiado ninguno de los dos. Esperando el momento adecuado, como si pensasen que el otro no es más que un cervatillo asustado y que en cualquier momento, ante el más mínimo ruido, podría salir corriendo de aquella estancia.

- Sufrieron juntos. -Contesta Jon, pero la sonrisa cínica de Robb le hace saber que esa información ya se la imaginaba. Así que con un suspiro se ofrece a compartir lo poco que conoce de la historia. – Cuando padre, Ned. – Se corrige con dolor. – Fue asesinado a Sansa la retuvieron en la corte como bien sabes.

- Si. – Contesta secamente. – Se que Joffrey la hizo cosas horribles. – Y a Jon se le escapa una mueca parecida a una sonrisa.

- Él no fue el peor. Huyo de allí y del matrimonio que los Lannister la obligaron a concertar con Tyrion. Meñique la trajo al norte y permitió que la casaran con Ramsey Bolton.

- ¡Con el hijo de mi asesino! ¿Es una broma? – Grita furioso y el otro se pasa la mano por el pelo apaciguando su propio odio.

- Eran tiempos convulsos. – Responde mientras busca las palabras adecuadas.

- ¿Tiempos convulsos? – Brama. - ¿Qué mierda es esas? Tus hermanas desaparecidas, Sansa casada con un monstruo y ¿tú que estabas haciendo Jon?, ¿Jugando a los soldados con la guardia de la noche? – Es ahí cuando el antiguo bastardo de Invernalia pierde los papeles y todo su auto control se esfuma como un sueño al despertar.

- ¡Estaba muerto! – Clama a gritos y le mantiene los ojos fijos en él para aguantarle la mirada. Para hacerle entender que nada de eso es un juego. – Yo estaba muerto, como tú. Y morí por lo mismo que tú. Por no poder mantener la polla dentro de los calzones. Así que si tanto te molesta toda esta situación y necesitas un puto culpable porque no te miras al espejo. Porque Sansa tiene razón, si te hubieses casado con la muchacha Frey quizás hubieses podido protegerlas.

Y le deja allí plantado. Helado hasta los huesos con el balde de agua fría verbal que acaba de lanzarle. Por que así es el pequeño Nieve y así será para siempre en la mente del antiguo rey del norte. Un muchacho capaz de decir las palabras que nadie se atreve siempre y cuando crea necesario que la otra persona las escuche. Y a él la verdad es que le hacía falta una buena dosis de realidad. Pero es que resulta terriblemente complicado ver que el tiempo ha pasado sin él. Que sus hermanas ahora son dos mujeres heridas y a la vez duras y fuertes. Que su hermano es un hombre extraño más parecido a un loco que a un guardián del norte y que el más pequeño de ellos es difícil de recordar ya que se ha paso más tiempo huyendo o cautivo con su propia familia.

Para él, que estaba destinado a heredar esa gran casa, es una carga imposible de comprender. Rickon ya no está y nunca volverá a escuchar sus risas infantiles llenando las alcobas. Al igual que no oirá la voz grave de su padre llamando al orden, ni la de su madre con dulces reprimendas al olvidar sus deberes. Las piedras son las mismas, la fría roca que guarda en su interior las historias pasadas. Pero ahora estás no son del todo alegres. A penas esta percibiendo un atisbo de la realidad que se le cae encima, pero sabe que si Sansa ocupa ahora las estancias de sus padres no es porque sea la gran señora de la casa, si no porque hay algo en las suyas propias que la da más miedo que el propio ejercito de muertos que al parecer les espera fuera.

Camina por los angostos corredores dejando que sus pasos le pierdan y le guían al lugar que necesita ir, pero nunca fue bueno siguiendo sus instintos y por eso cuando acaba frente a la puerta del antiguo cuarto de Jon no duda en dejar que su cuerpo tomo ventaja de su mente. Sus nudillos golpean la maciza madera de arcino y espera hasta escuchar los pasos que le dicen que hay alguien en su interior. Y solo cuando la puerta se da cuenta de que ese no es el muchacho al que está buscando.

Sansa entra en la habitación que una vez fue de sus padres llorando en silencio y tras ella Theon cierra la puerta. Sabe que no debería quedarse allí, de noche, con una dama. Al menos ahora que ha recuperado su hombría, pero también sabe que a estas alturas a ella las habladurías la importan bien poco. Ambos comparten algo más que nadie en su casa ha vivido y espera que nunca tengan que hacerlo, porque sobrevivir a Ramsey fue realmente traumático.

Hasta hace unas horas ambos tenían partes de su anatomía mutiladas y desolladas. Theon ha vuelto de los muertos recuperando gran parte de lo que le fue arrebatado, pero ella no ha tenido tanta suerte. A ella jamás se la curaran del todo las cicatrices que atraviesan sus pechos. Ni el emblema del huargo que lleva grabado a fuego en la cadera. Un generoso regalo de su segundo esposo después de una noche nada indulgente. Ambos saben lo que es ser tomados a la fuerza por un ser que disfrutaba más del dolor ajeno que de cualquier placer carnal. Ambos saben lo que es ser engañados por aquellos ojos azules que disimulaban su locura con perfecta eficacia. Aquel ser que les dio esperanzas para después quebrarlos. Al menos en lo referente a él, porque ella siguió allí de pie, luchando contra quien la hería. Haciéndose más fuerte, más lista, más valiente. Por eso ahora se le rompe el alma al verla desecha ante el regreso de su hermano.

- Es como un espíritu. – Comienza ella y él guarda silencio. – Como un eco del pasado. Es como si los dioses antiguos y nuevos quisieran reírse de nosotros. – Se gira y le encara con los ojos enrojecidos por las lágrimas. - ¿Por qué le han traído de regreso ahora?

- No lo sé. – Contesta sincero. – Quizás sea culpa mía. Yo le traicione, a lo mejor le han enviado para que pueda vengarse.

- No digas tonterías. – Murmulla ella exasperada. – Es solo que es tan extraño. Es Robb, y a la vez no lo es. La última vez que le vi era más joven, más niño. Rezaba cada noche por su victoria. Porque las huestes con emblemas de lobo atravesarán las puertas de la ciudadela y su espada acabara con la vida de Joffrey. Pero fue al revés y acabo pereciendo en esa estúpida boda de pantomima. Si no se hubiese casado los Frey le habrían apoyado, lo Bolton le habrían seguido y yo, tú, nosotros nunca hubiésemos conocido de verdad a … Ramsay. – Pronuncia su nombre con miedo y Theon la entiendo, porque parece como si ese ser endemoniado podría volver de nuevo a atormentarlos. Y después de lo visto en las últimas horas quizás pueda ser así.

- No digas eso. – La exhorta él. – No fue culpa de tu hermano como sucedieron las cosas. El norte era un territorio perfecto para la dominación. Tenía recursos y gentes oscas que preferirían ver a un traidor gobernándoles antes que a un sureño. Por eso mi padre me envió. – Suspira y toma aliento para continuar. – Él y nosotros éramos niños del verano. Creíamos que el mundo era lo que habíamos oído en las fantasías y en los cuentos de la vieja tata, pero tuvimos que descubrir que no era así. ¿Recuerdas como solías pasarte horas frente al espejo preocupándote por tu aspecto?

- Jane y yo nos pasábamos el día cepillándonos el cabello entre nosotras y hablando de los lores que conoceríamos y los príncipes con los que nos casaríamos. – Sonríe con nostalgia. – Y ahora ella esta muerta y yo he sido esposa en dos ocasiones.

- Y yo eunuco. – Las palabras le salen sin pensar y la risa de ambos se escapa entre las piedras de las paredes, es fresca y bienvenida tras un día tan agotador.

- Dioses si que es el fin del mundo después de todo. – Y él la mira sin comprender. – Robb vuelve de entre los muertos. Arya tiene pareja y tu aún no has dicho ninguna grosería sexual, aunque has recuperado tu verga. – Dice ella y la risa del él se redobla.

- La noche es joven, dame un par de horas y verás como meto la pata. – Se encoje de hombros y ella sonríe feliz.

- Gracias Theon. Por salvarme de él. Por volver para morir junto a nosotros.

- No podía perderlo todo en esta vida, ¿no crees? Honor, valor, hombría. Al menos tenía que intentar recuperar a mi familia.

Esta vez no hay risas ni palabras, solo la cercanía de los cuerpos. Es Sansa quien invade su espacio vital y le besa con torpeza y pasión, mientras él trata de separarse de ella de manera cuidadosa. Ella es la mujer más hermosa que ha conocido, pero también la más herida y no piensa permitir que nadie más la dañe, ni siquiera él mismo. Por eso la susurra al oído palabras de cariño y de consuelo, pero pronto sus pantalones han caído por los tobillos y ella se esta desatando el corpiño que cubre sus cicatrices.

- Creo que me lo he ganado Theon. – Dice ella dominantemente. – Me han violado, torturado y humillado. Creo que me he ganado el derecho a saber lo que es el placer antes de morir. Así que … quítate los putos pantalones. – Y el obedece porque cuando a un miembro de la familia Stark se le mete algo en la cabeza es más fácil dárselo que hacerle cambiar de opinión.

Y el hijo del kraken cumple con la petición. Lo hace despacio, disfrutando a cada paso que da porque quiere hacer que ella grite su nombre. Que olvide cualquier realidad pasada y su mente solo recuerde si nombre. Sus manos ascienden por sus caderas de manera estudiada. Sus besos dejan regueros de amor por su piel y sus dientes muerden porque, aunque ella no lo diga el maldito bastardo que robo su virginidad también la hizo aprender a disfrutar de los dolores menores. Por eso Theon utiliza sus dedos regenerados tras su resurrección y la acaricia, la lame y la penetra. La hace disfrutar y la enseña por primera vez lo que se ha estado perdiendo.

Solo después cuando están agotados y abrazados se permiten dar muestras de vergüenza. De esconder el rostro bajo las pieles de osos mientras se dan suaves besos en los labios y se niegan a levantarse. Mañana serán parte del ejército de los muertos, pero al menos esta noche se han sentido más vivos que en los últimos años.

La puerta se abre de golpe sorprendiendo a los dos amantes y Arya Stark sonrie de medio lado.

- Sir Davos ha venido a buscarme. Melisandre ha despertado y llama por ti. – Se quedo un segundo de más mirando. – Y si te preguntas porque no ha venido el en persona te diré que tus gemidos se escuchaban desde la otra punta del pasillo. Felicidades hermana. – Y riéndose vuelve a cerrar la puerta dejando a los otros completamente sonrojados por su comentario.

Esto iba a ser algo cortito primer capítulo un poco largo y segundo de cierre. Pero se me ido la olla completamente quien sabe, igual hasta llega para escribir el cuatro.