Lo decidió una semana atrás.

Como todo lo demás en la vida, no fue sencillo. ¿Llegar a la conclusión de que necesitaba volver? Fue una de las cosas más difíciles que había tenido que hacer. Tardó más de lo que había imaginado al principio, aunque al mismo tiempo sintió que no se había distanciado lo suficiente; sin embargo, sabía muy bien que nunca estaría lista del todo, siempre habría algo reteniéndola y ya no quería ser esclava de sus miedos.

Estaba terminando su turno cuando Felicity entró al establecimiento en el que trabajaba; se encontraba vacío para aquellas horas con excepción de unas pocas personas, apenas anochecía y los clientes llegaban paulatinamente después de días duros. Sus pasos eran ligeros, como siempre, y se sentó con gracilidad en un taburete en frente de ella.

—Hola —la saludó la recién llegada con una sonrisa, acomodándose y colocando su bolso en la barra con una confianza que la había acompañado desde el anuncio de su compromiso. Caitlin le sonrió de regreso; su entusiasmo era contagioso, y no podía sentirse culpable por compartir la alegría de su amiga—. ¿Aún estás disponible para la noche de chicas?

—Como siempre, sí. —Colocó un vaso en la barra a un hombre que había estado atendiendo antes y asintió en su dirección, para darle su atención a su amiga—. He estado esperando las últimas dos semanas para que me digas qué más necesitas.

—Bien. Eso me alegra. —Su sonrisa contenía una disculpa implícita—. No sé qué haría sin tu ayuda.

Caitlin alzó una ceja en su dirección, una de las comisuras de sus labios se había elevado ligeramente, aunque solo lo suficiente para notarlo. Le entregó una de sus bebidas favoritas.

—Estoy segura de que podrías manejar cualquier cosa. Después de todo, tienes un enorme poder sobre Oliver Queen, y eso ya es decir mucho.

Felicity soltó una risita, aceptando la copa que le fue ofrecida.

—¿Cuando estoy detrás de la computadora? Sí, soy tu chica, pero si hablamos de elegir qué colores combinan, tipos de vino, sabor de pastel, comida, vestidos... Hey, no estoy tan segura. Preferiría ir a las calles con Oliver y combatir el crimen desde ahí.

Caitlin inclinó la cabeza y arrugó su nariz ante la idea.

—¿Es así de malo?

—No contigo. —Estiró sus manos sobre la superficie de madera que las estaba separando, y tomó las de Caitlin, dándole después un suave apretón. La diferencia de temperatura entre sus cuerpos no la molestó: ya había llegado a acostumbrarse con el paso del tiempo—. Gracias por ayudarme. Estaría perdida si no fuera por ti.

—Me da gusto ser tu esclava. —Le sonrió de lado, advirtiéndole que la conversación iba a ponerlas a llorar a las dos y sería mejor que se desviaran del tema—. No puedo imaginarme el desastre que serías en una misión. Probablemente le causarías un infarto a tu prometido y aquello se convertiría en tu primera hazaña.

—¡Hey! —Felicity apartó sus manos de las de ella, tratando de sonar ofendida, pero estaba demasiado feliz por todo que no pudo tomárselo en serio—. Me gusta mi lugar detrás de una computadora, muchas gracias.

Caitlin dejó escapar un suspiro lleno de anhelo, girándose para limpiar algunos vasos. Su amiga la entendía mejor que nadie en ese aspecto. Al fin y al cabo, también había tenido que alejarse un poco de su trabajo después de enfrentarse a la Liga y vencer a los asesinos —aunque no se marchó por completo—, y de todos modos lo extrañó. Después de romper el compromiso con Oliver, antes de la muerte de Laurel, había abandonado todo sin mirar atrás, creyendo que podía regresar a la vida que tenía antes. La verdad era que eso era imposible, y ambas lo sabían. Felicity se inclinó en su dirección, colocando sus codos sobre la mesa, mirándola con atención.

—Si quieres regresar, solo hazlo. Estoy segura de que todos van a estar muy felices de verte, te han extrañado mucho. Cisco va a enloquecer en cuanto te vea, y oh, nuestro pobre Barry... —Se detuvo antes de decir otra palabra, siendo consciente de su error cuando vio el ligero cambio de café a azul en la mirada de la doctora. Por suerte, lo controló con facilidad después de haber apretado la mandíbula y cerrado los ojos para controlar la tormenta que había en su mente.

La primera vez que Caitlin habló con ella, le había pedido que no le dijera a nadie de su ubicación —hey, era Felicity Smoak, al fin y al cabo, y era consciente de que la encontraría tarde o temprano si ella se lo proponía. A cambio, la rubia le había pedido que se mantuviera en contacto con ella, y la última y débil petición de Caitlin había sido que no hablaran de Barry. Nada que tuviera que ver con él podía entrar en sus oídos. A menos de que alguien resultara herido o algo realmente malo le pasara al equipo, no iba a volver por su cuenta. Se conocía muy bien a sí misma y sabía que regresaría a Central City sin pensarlo dos veces si su amiga empezaba a hablar de él, y por eso terminaba evitándolo.

(No tenía nada que ver con el hecho de que oyendo su nombre Killer Frost se volvía más fuerte con su inestabilidad. Claro que no.)

Sabía que él estaba felizmente casado con Iris para ese momento —antes de marcharse de la ciudad que había sido su hogar durante tanto tiempo, vio la invitación a su boda en cuanto entró al departamento para empacar—, y era consciente que no haber asistido al evento lo habría herido demasiado, profundizando las heridas que se habían hecho durante el último año. Su corazón dolía solo de imaginar la cara de felicidad de Barry solo para detenerse a mitad de una sonrisa al encontrarse con su asiento vacío.

Había necesitado tiempo para descifrar quién era; sí, eso era cierto; mas ella ya lo había logrado meses atrás. Felicity lo sabía, habiéndole ofrecido ir a visitarla dos veces al mes siempre que las cosas estuvieran tranquilas, llamándole cada tercer día. Esa era la razón por la que hablaba de ello cada vez que tenía la oportunidad e intentaba convencerla de volver, aún sabiendo que sus intentos serían inútiles hasta que ella de verdad hubiera sanado del todo. Pese a todo, Caitlin apreciaba el esfuerzo incluso si no creía que aquello fuera a pasar alguna vez.

No había querido decirle el motivo por el que seguía escondiéndose. No quería que la viera de manera diferente, mas sabía que tenía que hacerlo en algún punto si de verdad quería llamarla amiga. Ya le ocultaba muchas cosas de antemano, y estaba harta de los secretos.

Estaba contenta porque Barry había conseguido su final feliz. De verdad, lo estaba; sin embargo, su corazón —tonto, masoquista, estúpido y supuestamente frío corazón— la había traicionado, haciéndola sentir cosas que no debería por su mejor amigo, por la persona que más la comprendía. El velocista, el héroe, el hombre con la brillante sonrisa y la cálida presencia que se llevaba lejos todos sus miedos, preocupaciones y el dolor. El hombre que había estado enamorado de la misma persona durante años, y al que por fin le eran correspondidos esos sentimientos después de tanta espera.

(Su corazón no era el único estúpido ahí, eso lo sabía. ¿En qué había estado pensando cuando habló con Iris tantos años atrás, antes de que Zoom la secuestrara, empujándola en la dirección del velocista?

Oh, sí, claro que conocía la respuesta: la felicidad de Barry siempre iba primero en sus prioridades, pfff.)

(Pero ¿dónde quedaba la suya? Después de todo lo que le había pasado, merecía un poco de estabilidad, de cariño, y no encontró eso en los brazos de Hunter ni en las sonrisas de Julian. Sabiendo lo que quería sin poder conseguirlo complicaba las cosas incluso más.)

—Lo siento —la rubia dijo, y Caitlin se dio cuenta solo entonces que se había quedado callada por mucho tiempo, perdida en sus pensamientos. Suspiró y la miró con tristeza, mordiendo su labio—. Sé que no quieres hablar sobre él. No entiendo la razón, pero si supieras que él...

—No. —Su voz era firme, fría y calmada, la dureza de Frost estaba presente, pero había un ligero temblor que le pertenecía a la amable bio-ingeniera. Todo aspecto amistoso en ella se desvaneció de repente, su fachada desvaneciéndose y permitiendo que todos pudieran ver lo cansada y rota que de verdad se encontraba—. Por favor, no... Es más fácil si no hablamos de él. Te lo he dicho antes. —Negó con la cabeza y cerró los ojos un momento, antes de dejar escapar un suspiro lleno de miedos y dudas. Cuando sus ojos se abrieron una vez más para mirar a su amiga, trató de sonreír. El intento fallido fue interrumpido por la vibración de su teléfono en uno de sus bolsillos, señalando que su turno había terminado—. Iré a cambiarme, no tardaré. ¿Nos encontramos arriba?

Felicity juntó los labios en una línea delgada, queriendo decir algo más, pero arrepintiéndose a último minuto. Asintió, tomó sus cosas y se marchó en la misma dirección de siempre.

Una pequeña multitud se estaba reuniendo a su alrededor pidiendo atención, y Caitlin los ahuyentó de su órbita cuando varios de sus compañeros aparecieron de la nada para sustituirla y a una compañera. Fue a una de las habitaciones a cambiar su atuendo de siempre —unos jeans y una camisa azul con manga de tres cuartos y un escote discreto— por un vestido que había comprado con Felicity semanas atrás. Era un cambio notorio en su guardarropa; antes, siempre vistió cosas recatadas, y la prenda que se puso encima no encajaba en esa descripción. No en la manera que le habría gustado en el pasado.

Había cambiado, sin embargo, y con ella sus gustos. Se sentía más cómoda con su cuerpo, más segura de sí misma. En gran parte eso se le debía a su amiga de Star City, y su habilidad para saber qué necesitaba una persona. Luego de haberse colocado el vestido azul marino, retocó su maquillaje y soltó su cabello de la coleta en la que lo había tenido todo el día para volver a salir, notando que había algo distinto en la atmósfera.

Cuando vio la cabellera rubia de su amiga, se dirigió hacia aquella dirección con pasos firmes, sintiéndose un poco más ligera después de la lamentable conversación que acababan de tener. Sin embargo, el alivio le duró muy poco, luego de escuchar lo que tenía que decir.

—¿Has visto esto? —preguntó, levantando la mano con una sonrisa, señalando el objeto rojo que colgaba de uno de sus dedos—. ¿No estás interesada en saber qué es? Ya investigué y yo no creo en esta clase de cosas, pero es lo más extraño que me ha pasado en mucho tiempo, así que pensé...

—Sé lo que es —la joven de cabello castaño la interrumpió. Había aparecido en su dedo también, mientras se cambiaba de atuendo; de pequeña había sido una soñadora entusiasta que creía en todos esos cuentos del amor verdadero.

La tensión entre las dos era palpable después de que Felicity sacara a colación el tema prohibido, no importaba cuántas personas hubiera en la habitación en la que se hallaban. La rubia decidió que era mejor cortar la incomodidad como se debía: enfrentándolo, no escondiéndose de este.

—¿Por qué, Caitlin? —Supo a lo que se refería, estaba intentando reanudar su conversación: preguntando el motivo por el que ella le había hecho aquella absurda petición de no mencionar al velocista bajo ninguna circunstancia. La mencionada se le quedó viendo por un buen rato, tratando de advertirle que no pisara terreno desconocido y peligroso. El único sonido acompañándolas era el de la música y las conversaciones a su alrededor. Felicity suspiró, recargándose más en su asiento—. Bien, no tienes que decírmelo, pero una cuestión más seria es si has considerado volver a Central City.

—Lo he hecho —confesó. «Es solo que estoy asustada», quiso decir también, pero las palabras no dejaron su boca. Felicity tal vez era su amiga, pero no la conocía tan bien como para leerla. No todavía, y definitivamente era algo que no iba a pasar en el futuro cercano. No mientras tuviera el talento de ser fría cuando podía. Cisco tampoco podía descifrarla; ni siquiera Ronnie había llegado a hacerlo.

Un amargo pensamiento se abrió paso en su mente cuando se dio cuenta de que se lo habría dicho a Barry. O quizás no, pero él habría leído entre palabras, gestos y la situación que se le presentaba.

Con el paso de los años, había comenzado a sentirse culpable por ello. Incluso antes de la explosión del Acelerador de Partículas, nunca dejó entrar a nadie para ver sus sentimientos con tanta transparencia; no después de la muerte de su padre. Ni siquiera con el hombre con el que llegó a casarse.

Y, entonces, Barry se abrió paso sin siquiera saberlo. Cambió su vida —sus vidas, Caitlin se recordó a sí misma, porque Cisco cambió también— y corrió hacia ellos a velocidad inhumana haciéndolo parecer la cosa más natural en el mundo. Fue la primera persona en entender su dolor con tanta facilidad, y el solo hecho de tenerlo cerca le permitió respirar con más facilidad.

Barry no había matado a Ronnie en el primer intento que hizo para salvar a su madre. Ronnie no fue culpable por su propia muerte, tampoco, aunque hubiese sido su decisión querer ser el héroe... La responsable era ella. Caitlin, que no quiso marcharse de Central City cuando él se lo pidió; que no había estado completamente segura cuando recitó sus votos afuera de los laboratorios; que había esperado ser feliz cuando dijera «Sí, acepto», pero que solo se sintió vacía y melancólica. La misma persona que seguía anhelando el recuerdo de un beso que le había obsequiado un hombre que vestía el rostro que ella quería. La mujer que había estado preocupada de manera equitativa por la seguridad de Ronnie y Barry cuando fueron directo hacia la anomalía en el cielo. Todo era su culpa. De Caitlin Snow, no de Frost.

Al no elaborar más su respuesta, otra vez perdida en su mente, Felicity comenzó a removerse incómoda en su lugar.

—Lo siento, no debí pregun... —la rubia empezó, pero se interrumpió a sí misma cuando vio que su teléfono estaba sonando. Caitlin lo tomó como su escape cuando echó un vistazo al número en la pantalla.

—Iré por más bebidas —anunció, levantándose de su asiento—. Toma esa llamada. Preferiría que tu prometido no me disparara antes de la boda; sería una pésima dama de honor si ese fuera el caso.

Se marchó luego que su amiga asintiera en su dirección, sin poner atención a lo que había dejado escapar: la confirmación de su asistencia a uno de los eventos más importantes para su familia. Trató de distraerse del pensamiento más constante en su mente: ojos verdes, pies rápidos y cabello desordenado.

Aún estaba pensando en aquello cuando regresó con los vasos a su mesa y chocó contra alguien. Miró hacia abajo para verificar que no hubiera derramado líquido sobre su vestido, y luego regresó su atención a la persona que se hallaba frente a ella. La disculpa que estaba en la punta de su lengua, no logró dejar sus labios cuando vio de quién se trataba.

Eran los mismos ojos verdes que había estado tratando de olvidar los últimos meses. Los mismos que la perseguían en sueños, y que eran el fin del camino en cada línea de pensamiento. Logró ver varias expresiones en el rostro del velocista, que también se había congelado en cuanto la vio; la miraba como si estuviera en un sueño del que no quisiera escapar.

—¿Barry? —ella preguntó, sintiendo cómo su voz se alzaba con la incredulidad—. ¿Qué estás haciendo aquí?

No quiso sonar brusca, y en cambio su tono de voz fue cansado, como si no quisiera lidiar con él ese día. Tal vez porque era así; aún no estaba del todo lista, aunque comenzara a hacerse a la idea de enfrentársele. Barry no se movió de su lugar, solo se quedó mirándola por lo que parecieron horas. Pudo ver el ligero temblor en su cuerpo, y se preguntó si estaba luchando por mantener el control sobre sus poderes o si quería marcharse de ahí aunque sus pies desearan lo contrario.

—Estaba buscándote.

Había tanto sufrimiento en su voz que tuvo que contenerse para no lanzarse a abrazarlo.

Ella suspiró, e inclinó la cabeza hacia un lado sin dejar de mirarlo, tratando de descifrar lo que pasaba por su mente. La expresión en blanco que había tenido desde que puso sus ojos en él desapareció, y Caitlin pudo ver su lado vulnerable una vez más.

—Pensé que le había dicho a Felicity que no... —comenzó ella, sonando algo molesta. ¿Estaba cuestionando sus desiciones porque había traído a Barry hasta su lugar de encuentro?

—¿Ella sabe que estás aquí? —él inquirió, interrumpiéndola mientras alzaba una ceja con sorpresa.

Lo conocía —o lo conoció— lo suficiente como para saber que la pregunta había salido sin su permiso.

—Ella no te lo dijo —Caitlin afirmó, sin necesidad de preguntar, mirando por encima del hombro de Barry antes de volver a dedicarle toda su atención—. Entonces, ¿cómo fue que...?

Barry levantó su mano con una sonrisa triste, haciendo que se tensara. Había estado hablando de ello con Felicity solo unos minutos atrás, pero ¿cómo el hilo rojo lo había llevado a ella? Tal vez se encontraba decepcionado de lo que había encontrado en el otro extremo. ¿La verdad? Ella no lo quería saber.

La mirada de ella se quedó en su mano por más tiempo del necesario antes de pasar su atención a su rostro, a su cuerpo. Se veía ligeramente más delgado que la última vez que lo vio y había sombras debajo de sus ojos. Sintió sus labios curvándose hacia abajo en una clara mueca de desaprobación a la que ya no estaba acostumbrada.

Él aún estaba quieto sin decir una palabra, cuando Caitlin vio a Felicity aproximándose hacia ellos. Colocó una mano en el hombro del velocista y miró entre los dos.

—¿Acaso le pediste venir? Pensé que habías dicho...

Caitlin sacudió la cabeza para que no hablara más. Era bueno que supiera cuándo era el momento para detenerse. Le rogó en silencio con sus ojos que los dejara solos.

—¿Podemos hablar? —preguntó Barry, de manera tímida, cuando se encontraron solos una vez más. Una de sus manos fue a dar en uno de los bolsillos de su pantalón y la otra estaba frotando la parte posterior de su cuello casi de manera inconsciente.

Ella no dijo nada, solo asintió; se dio la vuelta y caminó, sintiendo el calor que su amigo producía a su lado. Sintió el peso de la mirada de alguien en su espalda mientras bajaban las escaleras y casi pudo imaginarse la expresión de curiosidad en el rostro de su amiga. Salieron del establecimiento y un escalofrío la recorrió. No supo si era la presencia que la acompañaba o el frío de la noche contra su piel. Percibió un movimiento leve antes de enfrentarse con el velocista cara a cara con un suspiro.

—¿Por qué?

Necesitaba saber aunque no sabía qué le estaba pidiendo, lo conocía lo suficiente para estar segura de ello. ¿La razón por la que no había sido capaz de encontrala antes? La respuesta era una rubia que se hallaba en su lugar de trabajo mientras hablaban. ¿La razón por la que se hallaba ahí? No estaba segura de quisiera saberla.

—Quería verte otra vez —confesó él, desviando la mirada hacia el suelo—. Después de que te fuiste...

—Barry —ella comenzó, cansada—, ya lo sé. —Era la verdad. Lo conocía bien; tal vez mejor de lo que él se conocía a sí mismo. Dejó escapar un suspiro—. Sé que es difícil para ti decir que no puedes perdonarme por lo que le hice al equipo hace un año. Y lo siento. Así como lamento también no haber ido a tu boda, y...

—¿De qué estás hablando? ¿Qué boda? —Barry preguntó, su ceño frunciéndose con algo parecido a la confusión.

Ella imitó su ceño fruncido con el mismo sentimiento.

—La tuya con Iris. ¿Cuál más?

—¿Felicity no te lo dijo? —preguntó él, sonando sorprendido.

Decir que estaba confundida sería una tontería. Estaba más allá de esa palabra.

—¿Qué cosa?

—Rompimos el compromiso.

Caitlin se abrazó a sí misma para protegerse. No tenía idea de lo que estaba pasando.

—¿Así que están tomando las cosas con calma...? Ya no le haces honor a tu nombre, Flash.

Barry trató de contener una sonrisa ante su comentario, pero terminó riéndose. La atmósfera que los rodeaba terminó convirtiéndose en algo cómodo; incluso aunque aquella risa sonara rota y ronca, como si hace años que no la usara. Cuando se calmó, la miró con calma antes de contestar.

—No, ya no estamos juntos.

Había confusión e incredulidad en su cara, en sus gestos —su ceño fruncido y sus ojos enormes mirándolo con atención—, y en su postura, podía asegurarlo porque era lo último que había esperado escuchar aquella noche. No preguntó por qué, no estando segura de querer saber.

—Oh, Barry, lo lamento.

—No lo hagas —dijo él, encogiéndose de hombros—. No iba a funcionar de todos modos.

Ella inclinó la cabeza hacia un lado, tratando de descifrar qué estaba pasando por su cabeza. Trató de ocultar su sorpresa, mas estaba segura de que ya se mostraba en su rostro.

Porque, en serio, el hombre que se encontraba frente a ella no era el mismo Barry Allen que estuvo desanimado por semanas después de que Iris no le dijera nada cuando le confesó lo que sentía por ella, que no dejó de sentirse culpable por no decirle sobre Flash. No era el mismo chico sonriente que despertó de un coma solo para descubrir que tenía poderes y, por ende, una manera de ayudar a la gente.

Caitlin supuso que los eventos del año anterior los harían más inseparables que nunca. Las palabras que salían de su boca no tenían sentido, ponían a prueba todo lo que ella había creído durante los últimos años. No había tristeza en sus palabras. Y en su rostro... bueno, el aire de melancolía lo llevaba consigo desde que ella lo miró, así que no estaba segura del motivo detrás de aquello.

—Si estás tan seguro al respecto —ella comenzó, caminando hasta que estuvieron más cerca, entrecerrando los ojos en su dirección. Barry no se movió—. Entonces, ¿por qué estás descuidándote tanto? Se nota que no has dormido bien, Barry. —Colocó el dedo índice en el pecho del científico forense, fingiendo no notar la manera en la que tragó saliva con dificultad y pareció temblar bajo su toque. Era el frío, ¿verdad? Incluso si era un velocista, sus poderes le afectaban de cierta manera—. No puedes dejar que... No te ahogues, incluso si es por una chica que has amado por años.

Le sonrió con tristeza, como si ocultara un secreto.

—Creo que tienes razón.

—¿Tú crees que tengo razón? ¿Qué tienes...? No, ¿sabes qué? No importa. Necesitas cuidar de ti mismo. Incluso si es por Iris, no deberías...

—Esto... —Se señaló a sí mismo con un gesto de su mano, suspirando sin ganas—. Esto no es por Iris.

Caitlin alzó una ceja, desafiándolo a mentirle.

—Entonces, si no es por Iris, ¿qué te ha pasado?

—Tú —él contestó en un susurro nada más, mas ella lo escuchó con claridad. La mano que ella tenía en el pecho de él (solo había sido un dedo segundos atrás, ¿cuándo había llegado ahí?) sintió la vibración de su respiración cuando habló, y ella no pudo hacer otra cosa además de quedarse quieta al escuchar la palabra—. Tú solo... te marchaste. Me... nos dejaste, Cait, y ni siquiera volteaste hacia atrás. No te culpo por ello, en serio, pero no llamaste, no diste señales de que te encontrabas bien. No pasó un día en el que yo no me preguntara lo que hacías, cómo estabas. Cisco también estaba preocupado por ti. Somos amigos, Cait.

Ella hizo un sonido extraño, entre una tos y una risa sin humor.

—Hace mucho tiempo que no somos amigos —respondió ella, dejando caer a su costado la mano que había estado en contacto con él. La tristeza en su voz era innegable, casi tangible.

Barry se veía herido y perdido cuando dio un paso hacia atrás.

—Tienes razón —él suspiró, viéndose igual de cansado que cuando se enfrentaban a un metahumano y no encontraban una solución al problema—. No me he merecido ese título en un buen rato.

—Barry...

—Caitlin. —Tomó un suspiro tembloroso, como si le doliera decir su nombre—. Yo...

Pero ella sabía lo que iba a decir. Siempre lo había sabido, así que le ganó antes de que soltara una palabra.

—No necesitas disculparte por nada, ¿está claro?

Sus hombros se hundieron con el peso de los últimos años.

—Necesito hacerlo.

—Bueno, entonces te perdono.

—Cait, no puedes...

—¿Qué? ¿No puedo perdonarte? —Se pasó una mano por el cabello y luego lo miró, dejando escapar un suspiro. De pronto se sentía cansada, como si hubiera regresado en el tiempo, y no supo si era porque él había usado su apodo una vez más. Lo miró, inclinando la cabeza a un lado—. Barry, ¿por qué estás aquí?

—He estado buscándote desde que te fuiste —confesó, antes de empezar a soltar todo lo que tenía atorado en el pecho, necesitando decir todas las cosas que había mantenido para sí mismo los últimos meses, palabras que no había podido decir porque no estaba la persona a la que iban dirigidas—. Y lo siento. Por todo. Para empezar, por meterte en mi desastre; por Snart y Rory; por Grodd y Zoom... Y, demonios, Caitlin, no podría disculparme lo suficiente por lo que pasó con Ronnie... Y, sí, ya sé que tú piensas que es tu culpa, pero no lo es, es mía. Todo es mi culpa, nunca debí haber considerado viajar en el tiempo, y...

—Barry... —ella intentó interrumpirlo, sabiendo que no quería escuchar lo que tenía que decir. Ella lo conocía lo suficientemente bien como para saber que él lamentaba cada cosa que salía mal a su alrededor, incluso si no hubiese podido evitarlo.

—También lo siento por Flashpoint; por haberte decepcionado tantas veces el último año que estuviste con nosotros, por no tratar tanto como debí para traerte de vuelta cuando estabas con Savitar...

—Barry...

—... y entiendo por qué te fuiste, ¿está bien? Lo entiendo. Y no te culpo por ello, incluso si todos los días desde que te marchaste deseo haberte detenido aquella mañana. Sé que no pude haberlo evitado, pero... También me habría gustado comprenderlo mientras caminabas para alejarte...

—¡Barry! —ella exclamó, cansada de tratar de llamar su atención y no obtener nada a cambio.

Suspiró cuando vio cuán perdido se hallaba él, e inclinó la cabeza hacia un lado sin dejar de mirarlo, como si estuviera tratando de descifrar lo que pasaba por su mente. Él dejó ir la tensión en sus hombros que había estado haciéndole compañía en su ausencia, y se permitió exponer su lado vulnerable una vez más... solo porque se trataba de ella.

—¿Podemos hablar? —preguntó Barry, de manera tímida. Incómodo en su propia piel. Una de sus manos fue a dar en uno de los bolsillos de su pantalón y la otra estaba frotando la parte posterior de su cuello casi de manera inconsciente. Se preguntó cuándo cambiaron las cosas entre ellos; él nunca se había sentido de esa manera en su presencia. Entonces fue cuando se dio cuenta de que ese no era el caso, solo estaba asustado de que ella le pidiera que se marchara.

—Creí que eso era lo que estábamos haciendo —contestó Caitlin en un tono de voz tan bajo que creyó que había imaginado las palabras.

—¿Planeabas volver alguna vez? —El velocista metió las manos en sus bolsillos, luciendo preparado para lo peor.

Ella no dijo nada, solo asintió, y aquello hizo que dejara escapar el aliento que no sabía que estaba reteniendo.

—¿Cuándo?

—Yo... —Gesticuló hacia el establecimiento del que habían salido, encogiéndose de hombros—. Estaba planeando hablar de ello con Felicity esta noche, hasta que apareciste. Pensaba volver en un par de semanas, luego de arreglar lo que tengo pendiente por acá.

—¿Podría ayudarte con ello? —él inquirió, viéndose tímido y esperanzado al mismo tiempo.

—Barry...

—¿Por favor?

Ella dejó escapar un suspiro lleno de cansancio y exasperación. ¿Cuándo había sido ella capaz de negarle algo a Barry cuando estaba mirándola así? Y la pregunta la estaba llevando a lugares a los que no quería ir. No cuando estar afuera le hacía notar que el hilo rojo de Barry estaba ligado a ella, no cuando todas las esperanzas que tenía podían irse a la basura en cualquier momento, con cualquier palabra.

—Bien, solo tengo que decir una cosa, antes que nada... —Él inclinó la cabeza y sus cejas se fruncieron, instándola a continuar; ella sintió —. Barry, lo siento tanto.

La situación cambió de tensa a incómoda en un segundo.

—¿Por qué?

«¿Por qué?» ¿Estás hablando en serio? —ella preguntó, no sabiendo si era todo un juego o no. La expresión de Barry lo decía todo: él no creía que hubiera algo por lo que ella debiera disculparse. Cerró la distancia que los separaba y lo miró desafiante por debajo de sus pestañas, manteniendo la cabeza en alto y dejando que su olor le diera la bienvenida, permitiendo que sus ojos la consumieran y que cada respiro que daba le diera en el rostro—. ¿Por qué no gritaste en cuanto me viste? ¿Por qué no estás molesto conmigo? Maldita sea, Barry, ¿por qué no me odias por todo lo que hice?

Estaban tan cerca. Tan, tan cerca, que lo único que ella podía pensar en ese momento era en cuán fácil sería besarlo. La intensidad con la que él la estaba mirando... estaba haciéndola sentir todas las cosas que ella había querido enterrar en un rincón de su corazón cuando volviera. En ese momento supo que no había manera de esconderse. Tal vez durante un tiempo, pero no de la manera experta que había usado durante los últimos años. No podría volver a eso.

Sabía que no era correcto estar pensando en esas cosas, aunque el hecho de que no lo hubiese visto durante tanto tiempo le hacía dudar. La manera agitada en la que él comenzó a respirar debido a su cercanía le hizo preguntarse si lo estaba afectando también. Si lo que ella había preguntado se había perdido en el viento.

Él estiró una de sus manos para acariciar su cabello. La miró detenidamente antes de contestar; sus ojos concentrándose en cada parte de su rostro. Frente, ojos, nariz, mejillas... labios.

—No estoy molesto contigo, y no creo que sea capaz de odiarte, Cait —él murmuró con una sonrisa triste, no soltando el mechón de cabello que estaba entre sus dedos. La intensidad de sus ojos verdes le hizo quedarse en su lugar aunque cada parte de ella quería huir tan pronto como pudiera—. No importa lo que hagas, no importa quién seas... No puedo odiarte. Ni siquiera quiero tratar. Y todo lo que pasó... todo lo que hiciste, fue más mi culpa que tuya. Yo fui el que creyó Flashpoint, yo fui el que no estuvo ahí para ti cuando más me necesitabas aunque tú lo hiciste por mí. Y por todo eso yo lo lamento. Tú no tienes que disculparte por nada. No eras tú.

—Era yo.

—Ambos sabemos que no es así —Barry contestó, negando con la cabeza un poco, con la misma sonrisa que había estado en su rostro desde hace un buen rato—. Era tu rostro, eran tus recuerdos, pero no eras tú.

—Barry... —se lamentó ella, pero su intento por hacerlo retractarse fue demasiado débil como para ser convincente.

—Caitlin —él replicó de manera firme, interrumpiendo el argumento que se venía—. No eras tú.

Ella suspiró antes de asentir sin mucha convicción, y Barry notó cómo toda la fuerza que tenía se transformaba en cansancio. Ya tendría más tiempo —al menos, eso esperaba— para convencerla de esa verdad.

El velocista colocó sus brazos alrededor de ella, cerrando los ojos y disfrutando su presencia, respirando el usual olor a vainilla que siempre la acompañaba. La esencia era familiar, y le hacía sentirse en su hogar, que era más de lo que podía decir sobre STAR Labs aquellos días. Sin la sonrisa de Caitlin, sin sus regaños, sin su voz... se sentía vacío, y sabía que él no era el único que lo creía así.

La sintió relajarse contra su pecho, y solo entonces se permitió depositar un beso en su frente, susurrando las palabras que había estado muriendo por pronunciar desde que la vio por primera vez aquella noche.

—Dios, no tienes idea de cuánto te extrañé.

Los brazos de Caitlin lo aferraron más fuerte de la cintura cuando lo escuchó.

—Te he extrañado también —musitó en respuesta, tratando de contener las lágrimas, sabiendo que ese perdón significaba algo para ambos.

Cuando regresaron adentro, buscando a Felicity para encontrarla minutos después hablando con Oliver, Barry tomó la mano de Caitlin y ella por fin logró sentir algo de seguridad de regreso en su vida después de tanto miedo.

Y más tarde, cuando él besó una de las comisuras de su boca, no pudo evitar pensar que no se había sentido tan feliz en años.

FIN

Oh, Dios, ¡por fin! Terminé de editar esto y volví, hey. Sé que probablemente esperaban un beso y, si es así, siento decepcionarlos, pero ninguno de los dos son del tipo de persona que acelera las cosas, así que... bueno, son bienvenidos a imaginar lo que pasaría después de este encuentro. La verdad yo estoy contenta con el resultado, aunque estoy segura de que luego pasaré a editar otra vez porque así es como soy xD El relato nunca tuvo la intención de ser algo romántico —bueno, la idea pasó por mi mente, pero nunca la concreté porque pensé que después de todo lo que habían pasado merecían algo más en donde pudieran perdonarse entre ellos después de todo lo que pasaron.

Espero que les haya gustado, que lo disfrutaran. Yo... no sé qué pasó aquí, ¿está bien? No sé, de verdad. ¿Cómo puede ser que un relato que no iba a tener más de 3k palabras terminó teniendo casi 10k? ¡Ah!, ya quisiera saberlo yo...

Ahhh, muchísimas gracias por leer. Y a aquellos que esperaron por esta actualización desde la primera parte... gracias por su paciencia también.