"Y entonces escribí, escribí sólo para no morirme"

-Pablo Neruda

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Lo que pasó y lo que está pasando

Era temprano, demasiado temprano por la mañana. El Sol apenas comenzaba a entrar por el tragaluz del techo y la pesadez del sueño aún se negaba a abandonar sus párpados, pero eso no le impedía a una pequeña de largo cabello negro saltar sobre su cuerpo y llenar de besos su rostro.

-¡Raphie! ¡Raphie!- canturreó abrazándolo con fuerza -papi, ya es hora de despertarse-

El mutante se esforzó por mantener los ojos cerrados y así hacerle creer a la niña que seguía dormido, pero su cabello no tardó en hacerle cosquillas en las mejillas y sin poder evitarlo empezó a sonreír.

-Ya ves, sí estás despierto papi, ya levántate…- pidió golpeando con sus puñitos el caparazón de su papá, pero al no obtener respuesta, decidió pedir refuerzos -papi Casey, dile a papá Raphie que ya se despierte-

El aludido salió de la ducha frotando una toalla sobre su húmedo cabello y al ver la escena, cargó a la pequeña sin hacer ruido y fue con ella hasta el otro extremo de la habitación.

-Shhh, no despiertes a Raphie, ayer estuvo trabajando hasta muy tarde y no tiene mucho que se durmió- dijo en voz bajita y la pequeña lo imitó, cubriendo sus labios con su dedito

-Pero ya se hace tarde para la escuela- murmuró y tras pensárselo unos segundos, el mayor chocó su frente con la de ella

-Tienes razón, entonces ven, vamos a despertarlo- dijo con una sonrisa divertida y lanzó a la pequeña sobre su pareja, después él mismo cayó sobre él y comenzaron a hacerle cosquillas por todos lados

-¡No! ¡Déjenme dormir más!- gritó el de rojo abrazando a la pequeña y aplastándola a medias bajo su peso -¡déjenme, déjenme!-

-¡No papi!- gritó la chiquilla riendo también –¡ya te tienes que despertar, ya salió el solecito!- exclamó y sacando hábilmente sus manitas de debajo de su papá continuó haciéndole cosquillas hasta que vencido, el ninja tuvo que pedir tregua

-Ya… ya Hanni, ya me voy a levantar, anda, saca tu uniforme del armario y en un momento estaré contigo- indicó con una palmada a su espalda y feliz, la pequeña bajó a brinquitos de la amplia cama

-Sip, pero no te tardes ¿eh?- dijo y salió de la habitación con rumbo a la propia

El otrora vigilante nocturno terminó de secarse el cabello y lanzando descuidadamente la toalla a cualquier lugar se dejó caer pesadamente sobre el cuerpo de Raph, aprisionándolo contra las sábanas.

-Morning Sunshine- dijo besando fuertemente sus labios -¿cómo te fue anoche?- preguntó bajando por su cuello en húmedos besos y leves tirones a su piel

-Bien…- respondió con una sonrisa de placer mientras acariciaba su espada y caderas con especial dedicación a las líneas de sus músculos –hice la mitad de tu trabajo de la semana y sólo me tomó una noche, ¿impresionante no?-

El mayor río sarcásticamente.

-Claro, muy impresionante si además conseguiste raspones- dijo inclinándose para besar suavemente el pequeño parche blanco en su antebrazo -¿estás bien?-

-Claro que sí- contestó con suficiencia mientras entornaba los ojos. A veces su pareja podía ser muy aprensiva -¿Y tú?-

-Aghh, aburrido como siempre, no he tenido nada tan divertido como el robo al banco de la semana pasada-

Ante el puchero de fastidio del mayor el ninja no pudo evitar reír, definitivamente el puesto de policía seguía siendo demasiado pequeño para su vigilante.

-Entonces- lo jaló bruscamente de cuello y lo besó con rudeza -¿qué te parece sí…?-

-¡Raphie!- gritó una pequeña voz y ambos chicos no pudieron aguantar la risa al verse interrumpidos de esa manera

-¡Ya voy!- gritó el ninja y besó una vez más al mayor antes de empujarlo de encima suyo –luego terminamos esto ¿eh?-

-Rapha- llamó el antes vigilante y el menor volteó ágilmente, provocando que las ahora más raídas tiras de su bandana se agitaran en el aire -¿Entonces a la una en el callejón de siempre?- preguntó con lo que él calificaba como "mirada irresistible" y el de rojo no pudo evitar reír

-Es una cita Jones- respondió con una media sonrisa confiada y fue a la habitación de su hija donde al entrar, la vio atorada entre los botones de la blusa con ambos brazos arriba

-Auxilio…-

El de rojo rió burlonamente ante tan exagerada petición y de un fuerte tirón la ayudó a encajar correctamente dentro de la prenda.

-Tan torpe- dijo con un suave pellizco a su mejilla –te dije que me esperaras para ponértelo-

-No es cierto- replicó ella con un mohín de enojo –dijiste que vendrías pronto, pero tú y papá se estaban tardando mucho en sus besos… eres un tonto-

El ninja se sentó en el piso y sujetándola de los costados la acomodó entre sus brazos como si fuera un bebé.

-No por mucho que bese a tu papá los besos para ti se me van a acabar- declaró en su tono firme y algo arrogante de siempre y la pequeña alzó la mirada –yo te quiero mucho, y lo que siento por ti nunca se va a acabar-

Hanabi se mordisqueó el meñique.

-¿Me lo juras?-

-Por el universo- le dio un beso en la frente –tú eres mi persona más importante y siempre te voy a querer, no importa en dónde estés tú o yo-

Hanabi le esquivó la mirada y tras un pequeño puchero rodó en los brazos de su papá para ocultar el rostro en su tibio plastrón.

-Dile a papá que te de menos besos-

-Tonta- murmuró Raph y la abrazó más fuerte –pero te entiendo, yo también era muy celoso de ti cuando eras más bebé-

-¿Y cuánto tiempo durará eso?-

-Un par de horas Rapha, ya sabes, Hanni es muy linda y seguro que todos en el trabajo se mueren por ella- explicó Casey guardando en su mochila un par de biberones más –además mi jefe quiere conocerla y también las chicas del café- extendió los brazos para que Raphael le entregara a la bebé pero los segundos corrieron y el pequeño bulto llorón no caía en sus brazos –Raphie…-

El aludido esquivó la mirada y se hizo el desentendido.

-Rapha…-

El menor gruñó molesto y finalmente le entregó a Hanabi.

-Que no la toquen mucho, me voy de patrulla- dijo y salió rápidamente por el tragaluz

Una vez arriba sintió el viento golpear sus mejillas y ondear su bandana, así como el Sol de la mañana entibiar su piel. Maldijo por lo bajo y se sentó en la orilla del edificio, pues definitivamente no podría ir de patrulla y por lo tanto, nada para distraerse de que Hanabi no estaba.

Vio a Casey caminar por la acera y sintió su corazón estrujarse a cada paso que daba. Pero contrario a lo que él había querido pensar, no era porque no quisiera compartirla, sino porque iba a extrañarla.

Su olor, su piel, la sensación de sus costillitas bajo sus dedos cuando la cargaba; todo eso se lo iba a quitar Casey por un par de horas y él naturalmente no podía hacer nada para evitarlo. Casey también era su padre y sabía que aunque a veces fuera torpe y se pusiera nervioso con facilidad, él sabría cuidarla bien. Pero el problema no era ese, sino que iba a estar sin ella una gran cantidad de tiempo, quizá todo el día, y él ya estaba acostumbrado a estar con ella todo el día.

Comer, jugar, dormir, hacer la limpieza, ver televisión… con ella compartía todo su día. Con ella las horas pasaban más rápido y la frase "querer a alguien" obtuvo un nuevo significado, uno que por más que trataba de poner en palabras simplemente no podía. Así que en vez de confundirse por palabras complicadas fue fiel a sí mismo y lo expresó como mejor sabía: con acciones.

La besaba, abrazaba, acariciaba… sonreía, todo el cariño físico que nunca había expresado a sus hermanos, padre o pareja ahora lo tenía ella, y aunque se sentía ajeno a sí mismo al ser tan cariñoso y feliz todo el día, la verdad es que así es como se sentía, y así es como iba a ser con ella.

No iba a negarlo, cuando supo que ella estaba en su interior no la quiso, creyó que se trataba de un increíblemente grande error y por un momento pensó en hacer lo posible para no tenerla. Pero los meses pasaron, ella creció y cuando finalmente la tuvo en sus manos no pudo seguir negando que la amaba más de lo que nunca había amado a alguien en su vida, sólo que el miedo a lo desconocido le había hecho ocultarlo.

Después tuvo que aprender por instinto todo lo que debía hacer para cuidarla bien. Cómo darle de comer, bañarla, dormirla, cargarla; todas esas cosas que pudo haberle preguntado a Sensei las aprendió junto con Casey, internet y ella. Su paciencia se acabó, el cansancio fue demasiado y sólo quería comer y dormir a sus horas, pero cuando ella le sonreía o besaba, todo, sin importar cuán malo era, se le olvidaba al instante. También, pronto se descubrió teniendo cada vez menos ganas de que llegara la noche para salir de patrulla.

Y por eso cuando la puerta volvió a abrirse para dar paso a Casey y Hanabi, estuvo más que feliz de volver a la rutina que hasta el día de ayer le había resultado tediosa, pues en ella convivía con esa chica que aunque la ataba a un horario ajeno y le quitaba la libertad que hasta entonces había tenido, era la que más amaba en el mundo. Y por la manera en que ella se abrazó de su pecho cuando se quedó dormida, descubrió que ella también lo había extrañado mucho.

-No estoy celosa- contestó Hanabi molesta –es sólo que ustedes se dan muchos besos-

Raph sonrió ante tan orgulloso comentario y simplemente se inclinó para llenarla de todos los besos que cupieron en sus lindas mejillas.

-Lo sé, y por eso te daré todos los del mundo-

Siguió besándola hasta que la pequeña comenzó a reír por las cosquillas que el cálido aliento de su papi provocaba en su cuello y finalmente mostró su rostro.

-Ya ya, me ahogas…-

-Ahógate- repitió con un último beso y le dio un pequeño puñetazo en el hombro –ahora ve a comer, o tu padre se comerá tu desayuno-

La pequeña le regresó el golpe.

-Le diré que se coma el tuyo- contestó y salió de la habitación dando saltitos felices

Al verse solo, el mutante entornó los ojos con una sonrisa y comenzó tender la cama de la pequeña, pero al retirar las sábanas un conejito color crema cayó al piso y presuroso se agachó a recogerlo. Acarició las suaves y largas orejas del peludo animal y lo colocó con cuidado sobre el alfeizar de la ventana, allí donde su hija solía ponerlo para que la esperara de la escuela, e inevitablemente una sonrisa triste apareció en su rostro al recordar quién se lo había dado y en qué circunstancias.

-Ten Raphael- había dicho Slash entregando el muñeco de felpa dentro de un sencillo envoltorio de celofán dorado –una niña como tu hija de seguro va a necesitar esto, espero que le guste-

El ninja tomó el regalo y se aferró a él como si de una tabla de seguridad se tratase, lo estrechó contra su pecho y aún sin comprender completamente a lo que se refería el más alto, sonrío tratando de aguantar las lágrimas.

-Gracias Slash, esto…- su voz se rompió al fracasar miserablemente en su intento de mantenerse fuerte y su visión se nubló rápidamente –significa todo para mí-

Pronto unos grandes y tibios brazos lo rodearon por completo y lo alzaron varios centímetros del suelo, dejando así frente a él el hombro del mutante para que pudiera llorar a gusto.

-Llora Raph- susurró Slash y el menor así lo hizo, abrazó más fuerte a su amigo y pronto llenó su hombro y cuello de tibias lágrimas –sé que no quieres oírlo, que nunca te gustó, pero yo ya sabía que iba a pasar. Ellos no te quieren, no como yo lo hago- acarició la parte posterior de su cabeza y cargándolo como si fuera un niño pequeño, lo abrazó un poco más fuerte y depositó un suave beso en su sien –aun así, la verdad es que jamás creí que fueran a hacerte eso-

Entre sollozos Raphael escuchó las palabras de su amigo y no pudo más que asentir enérgicamente, al fin alguien además de Casey coincidía en que lo que había ocurrido era increíble, y justo como ellos dos, también mencionaba eso como "eso", porque aún no lograban ponerle algún nombre que englobara todo lo que había ocurrido.

Leo descubriendo que él y Casey se estaban besando en su habitación, Splinter gritándole a Casey entre puñetazos y empujones que nunca jamás volviera a la alcantarilla, él en el dojo pidiéndole que no usara la katana que con su filo acariciaba mortalmente su plastrón y garganta. Leo y Donnie observando la escena impasibles y después la piedad de Splinter al sólo medio matarlo a golpes y abandonarlo a las afueras de la alcantarilla. Leo aguantando coléricas lágrimas con ayuda de sus puños apretados y Donnie negando con la cabeza una y otra vez; ambos furiosos e indignados de tener, no, más bien de haber tenido un hermano gay para finalmente dar media vuelta e irse.

Casey llevándolo a su departamento para curar sus heridas y él dejando de hablar por tres días. Más tarde, ambos buscando un mejor lugar donde vivir. Gastos, problemas, ira y dolor atrapado, luego el embarazo. De nuevo el rechazo de los Hamato y miedo a lo desconocido, a la muerte. Y entonces apareció Slash.

-Así que es cierto- dijo el más alto observando el abultado vientre del menor –bueno, pues felicidades- dijo con una media sonrisa y Raphael sintió que sus rodillas se doblaban

Una felicitación. Una felicitación y no palabras de odio como las que había obtenido de su familia. Una felicitación, una palmadita en su mejilla seguida de una amigable caricia a su estómago y después, una pequeña lata de duraznos en almíbar.

-He oído que los antojos suelen ser sobre cosas dulces- explicó ante la atónita mirada del ninja –apuesto que Casey está muy feliz- notó la sombra oscura en la mirada de su antiguo amo y ahogó un suspiro -tú también debes estarlo hermano-

-Lo estoy- respondió tras unos segundos de pausa que usó para recomponerse de la palabra "hermano" –es una niña, aún no sé qué nombre le pondré- añadió con una risita divertida y esto relajó profundamente al más alto

-Aún tienes tiempo para pensarlo- dijo y le extendió la mano –ten Raphael-

Y le entregó el conejito que ahora tenía por nombre Tremy.

-Te extraño Slash- dijo acomodando la última almohada –espero que puedas venir pronto- suspiró y salió de la habitación, deseando que la labor que su amigo se había encomendado de vigilar Nueva York y cuidar aunque sea un poco a sus hermanos estuviera saliendo bien, y sobre todo, que él estuviera bien

Llegó a la cocina y también se sentó a la mesa, pero en vez de tomar café, huevos y tocino como Casey, sólo se sirvió medio vaso de leche y un par de trozos de fruta.

Ante esto, el mayor lo miró extrañado y el otro le contestó con un leve golpecito a la larga cicatriz de su plastrón. La confusión en la mirada de Casey se transformó rápidamente en preocupación y con un suspiro ahogado en el interior de su café perdió su mirada en la ventana de vidrios polarizados que tenía la habitación.

"Se acerca invierno" pensó el ahora policía mirando las ramas casi desnudas del árbol de afuera, volvió a mirar a Raphael y sonrió un poco al verlo platicar tranquilamente con la chiquilla. Tomó un poco de tocino con el tenedor y lo masticó lentamente, cubriéndose la boca con su mano apoyada en la mesa mientras en su mente conjuraba aquella frase que le ofrecía un poco de alivio cada que su pequeño no se sentía bien.

"Mil veces malditos sean Hamato, los odio, los odio demasiado" gruñó frunciendo el ceño y su apetito despareció instantáneamente al llenarse su mente de todos aquellos recuerdos de esa… gente a la que tanto odiaba.

-Por favor Donatello, te lo suplico- rogó de nuevo el vigilante sosteniendo el cuerpo inerte de Raphael entre sus brazos –Donnie, ¡se está muriendo!-

El de morado entorno los ojos con molestia y posó ambas manos en sus caderas.

-Yo les dije que eso no iba a funcionar, tú lo mataste Jones, no yo- le contestó con odio y empezó a cerrar la puerta –por lo que sé quizá ya lo está-

El vigilante sintió sus ojos arder por la furia que amenazaba en derramarse a través de sus lágrimas y arrastrando a Raphael consigo volvió a abrir la puerta de una patada.

-Está temblando, temblando entre mis brazos y lo oigo gemir de dolor porque el bebé no puede salir. Así que no me digas que está muerto porque a pesar de que nos tienes mendigando por tu ayuda yo aún lo siento sujetar mi chaqueta- dijo furioso pero firme mientras veía como más y más nieve caía sobre el abultado estómago de Raphael que se agitaba en largas y dolorosas ondulaciones –por favor Donatello, haré lo que me pidas pero no me dejes sin él- bajó el rostro y sin poder evitarlo un gimoteo escapó de su garganta –si ustedes ya no lo quieren yo sí, y no puedo soportar la idea de perderlo, no puedo…- apoyó la frente en la de Raphael y lloró, sintiendo como la nieve ya estaba empezando a congelar sus rodillas -no quiero… Donnie…-

¿Por qué? ¿Por qué aquellos que consideró su familia ahora eran tan crueles con él y sobre todo con Rapha? Sus palabras hirientes, su insistencia en maldecir sus nombres cada que se topaban en patrulla y las muecas de asco. Dios, cómo las odiaba, sobre todo por la sombría mirada que causaban en ese niño de ojos verdes que era su adoración. Y sus palabras tras enterarse del futuro nacimiento de su bebé "sería mejor que muriera… un bebé con ustedes como sus padres… estaría mejor muerto".

De inmediato, intensas llamas de dolor eclipsando en ráfagas de furia ciega y la frenética pelea contra sus antes hermanos y amigos del alma. Sangre y armas rotas por todo el edificio. Grandes y feos hematomas en el plastrón de Raphael aun cuando este no tenía sangre corriendo a través de su estructura. Intenso dolor por semanas y más odio a los Hamato.

Sintió el cuerpo de Raphael temblar una vez más y observó como la hemorragia que surgía de entre sus piernas reaparecía con nuevos bríos haciendo crecer aún más el charco rojo y coagulado. Su corazón se encogió todavía más. ¿Por qué eran tan desgraciados al punto de no dejarles entrar a la casa mientras Donnie y los demás decidían si ayudarlos o no? ¿Por qué no tenían empacho de dejar morir a su hermano en la fría nieve cuando hace menos de un año habrían dado la vida por él?

-Entra de una vez- escuchó de una voz sumamente fastidiada y abrió los ojos de golpe, sintiendo que de alguna manera su cadena de odio había funcionado –ensucias de sangre mi jardín-

Agradecido pero humillado, el vigilante golpeó con el puño la nieve y a como pudo volvió a cargar a Raphael para ingresarlo a la casa. Ignoró olímpicamente a April y su también abultado vientre y deteniéndose apenas para mirar con odio a Splinter y Leo depositó con todo el cuidado que le fue posible a su pareja sobre la fría plancha del laboratorio.

-Vas a estar bien Raphie, lo prometo- dijo con un dulce beso a sus labios que no duró mucho al ser cortado bruscamente por el empujón de Donnie

-Honestamente lo dudo mucho Jones- dijo el científico antes de inyectar un poderoso sedante en el brazo de Raph y empezar a limpiar su vientre –te digo, lo mataste al embarazarlo con tu hijo-

"Es una niña" contestó mentalmente el pelinegro escuchando con horror el sonido del motor de la pequeña esmeriladora, pero sabía que ahora no debía pelear, sino rezar para que Rapha ni la bebé murieran, así que se limitó a gruñir y contestar parcamente un:

Sólo sálvalos-

Pero todo sucedió como predijo Donnie, o casi igual, pues el embarazo y otras complicaciones que para él tenían por inicial "H" habían causado daño interno a varios órganos y paredes abdominales, tanto que Raphael no logró despertar hasta después de varios días y cuando lo hizo, estaba terriblemente débil y adolorido.

-Váyanse- ordenó Splinter mirándolo con severidad –ha sido bastante que hayan arruinado las vacaciones de mi familia como para que además debamos soportar su presencia más tiempo. Raphael ya despertó ¿no? entonces ya no necesitan de mi hijo- dijo señalando a Donnie con la mirada –adiós Casey Jones- finalizó y apretando los puños, el vigilante cargó a su pequeña hija en la espalda y ayudó a Raphael a llegar a la puerta, suplicándole en suaves murmullos y pequeños besos que no llorara del dolor

-Vamos Raphie, pronto llegaremos a casa y te pediré algo de pizza ¿sí?-

-No…- respondió apenas con aliento el ninja –lo quiero es que me la chupes hasta que te llenes Casey-

El mayor no pudo evitar reír ante el deseo de su amado y sin importarle nada le dio un largo beso en los labios, cargó con él hasta el automóvil y lo llevo sano, salvo y cálido hasta la mullida cama que compartían.

Y aunque todo empezó a mejorar después de eso, aún quedaban ciertas secuelas de su complicado embarazo que incluso ahora, cuatro años después todavía afectaban su día con día. Por ejemplo, esa incapacidad que a veces tenía su cuerpo de dejarle comer más allá de diminutas porciones de comida pues de hacerlo, minutos después estaría hecho un ovillo en la cama presa de un dolor de estómago infernal.

Suspiró. Su chico ya no era capaz de comer más de dos rebanadas de pizza so pena de sufrir hasta las lágrimas por esos gramos de más en las porciones, y había días en que su plastrón dolía horriblemente por la herida de su cesárea.

Y no podía hacer nada para remediarlo.

Con un mohín de preocupación soltó su tenedor dejando su desayuno por la paz, se inclinó a medias sobre su asiento y sujetando suavemente su barbilla con el pulgar e índice lo besó lenta y dulcemente.

-Te amo Rapha- susurró observando detenidamente los hermosos ojos color esmeralda frente a él –te amo demasiado, no sé qué haría sin ti-

Con una amplia sonrisa el ninja asintió levemente, y posó sus manos sobre la del mayor que descansaba gentilmente sobre su estómago.

-Eres un maldito cursi Casey Jones- dijo riendo mientras se acercaba para unir sus labios con los de él una vez más –pero yo también te amo, y tampoco sé que haría sin ti-

El vigilante subió su mano por su mejilla y la acarició suavemente con el pulgar. Después sujetó su rostro a dos manos y estaba a punto de besarlo apasionadamente cuando una mejilla regordeta y suave se atravesó en su camino.

-Yo también quería un beso- confesó Hanabi sonriendo ante el cariño doble que estaba recibiendo –y pensé que así nos ahorrábamos tiempo-

Congelados en los extremos de su sumamente cursi escena vuelta todavía más cursi por su amada hija, los aún adolescentes rompieron en risotadas divertidas y llenaron de pequeños y suaves besos las mejillas de la pequeña.

-Qué chica tan lista- señaló Casey revolviéndole el fleco –eres igual a tu papá Casey- dijo con orgullo y la pequeña rió

-Papi Raphie dice que eres un idiota- dijo abrazando del cuello al de rojo que no paraba de reír ante lo dicho por la pequeña –y un imbécil y un tonto y…- al ver el mohín de tristeza en el rostro de su papá más alto, acortó la lista de adjetivos y sólo dijo eso que su papi Raph repetía más que cualquier otra cosa –y el mejor de todos-

Raphael paró de reír en seco, Casey apartó el dorso de su muñeca que reposaba dramáticamente sobre su frente y honestamente conmovido sujetó cariñosamente de las mejillas a su hija.

-¿En serio tu papi dice eso?- preguntó mirando a los dos seres más importantes de su vida alternadamente -¿me lo juras Hanni?-

-Sí, pero también dice que no lo diga, porque le da mucha pena que tú sepas-

Al verse descubierto y acosado por la intensa mirada del mayor, Raphael no pudo evitar sonrojarse y tratando de salvar un poco de su honor, lo empujó poniendo su índice sobre su frente y se levantó rápidamente de la mesa para huir, aunque sin mucho éxito pues el pelinegro lo abrazó fuertemente por la espalda y no lo dejó caminar más.

-Raphie…-

-Ya oíste a la dama, es cierto y déjame en paz- exclamó con el ceño fruncido mientras Hanabi trataba de aguantar la risa –ahora ya vete a trabajar Jones, que tú y yo tenemos una cita esta noche-

El mayor besó lenta y sonoramente su mejilla y finamente lo liberó, le indicó con la mirada a Hanabi que fuera por su mochila y volvió a abrazarlo más suavemente, pensando que haría lo posible por cancelar la cita para que su pequeño no fuera a patrullar esa noche y se quedara a descansar esa noche junto a él.

-Está bien, adiós Raphie- dijo y antes de que pudiera soltarlo, el menor tomó sus manos y volvió a afianzar el agarre

-Quiero ir a patrullar contigo Andy, no quiero que me convenzas de quedarnos a dormir o alguna otra tontería- dijo y tras una pequeña pausa, continuó –te extraño, de verdad extraño patrullar contigo y… anda, déjame ganar esta-

El vigilante suspiró vencido y girándolo entre sus brazos lo besó apasionadamente.

-Ni hablar, lo que Rapha quiere Rapha lo obtiene- dijo con una media sonrisa y lo soltó

El ninja aceptó silenciosamente el segundo beso en la mejilla que le dio el mayor, escuchó vagamente a Hanabi contestar afirmativamente que se había lavado los dientes y la despidió con el habitual beso a su mejilla antes de que se fuera a la escuela. Escuchó la puerta cerrarse y pasos bajar las escaleras, después, se recostó en el sofá de la sala y cerró los ojos pensando en lo que había dicho Casey.

"Lo que Rapha quiere Rapha lo obtiene"

¿De verdad era cierto? ¿Todo lo que quería caía en sus manos?

Quizá no, porque desde hace cuatro años había perdido a su familia, su ciudad y prácticamente toda la base de su vida. Había tenido dolor, miedo, heridas de todo tipo y pocos momentos en que pudiera decir "todo está bien, estoy tranquilo". Pero quizá sí, porque ahora que volteaba atrás se daba cuenta de que todo lo que había deseado recuperar tras su expulsión de la alcantarilla lo tenía otra vez y mucho mejor, pues lo que estaba pasando era honesto e incondicional, no susceptible y limitado como lo que había sido.

Ahora tenía su propia familia que lo amaba profundamente, al mejor tipo de entre todos como su pareja y la más hermosa, dulce, adorable y genial niña como su hija. Era suya, eran suyos. Y él era de ellos.

Sonrió. Casey definitivamente había dicho la verdad. Y era un tipo muy listo.

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"He guardado polvo de tus alas pequeñas/ en una cajita colorida de sorpresas/ para abrirla de vez en cuando/ y que salten algunas chispas de tu alegría./ Ya no quiero recordar tu tristeza/ ni la tragedia de tu nombre,/ yo prefiero olvidar tu dolor/ y que lo padezcan los que te hicieron daño./ Lo que yo quiero, pequeño huérfano,/ es que tus fotos se conserven inmaculadas,/ intactas como aquella inocencia/ que nunca te debió ser arrebatada".

-Dante Guerra