¿Quién dijo que sería fácil? Ah, cierto, yo.
Todos estábamos en el gran salón de piedra y mármol. Aro, Marco y Cayo estaban sentados en sus antiguos tronos, siempre siendo espectadores. La "pequeña" Jane se encontraba a la izquierda de Cayo, también sentada, y a su lado, de pie, su gemelo Alec. Yo me encontraba a la derecha de Marco, en una silla igual a la de Jane, a juego con los grandes tronos. Al igual que Alec, Demetri se encontraba de pie a mi lado, y los demás integrantes de la guardia a cada lado de nosotros.
Frente a Aro, a unos diez metros de distancia, exactamente en el centro del salón, sobre los detalles más delicados del fino mármol se encontraba una asustada neófita. Sus ojos rojos parecían estar en un juego de tenis, moviéndose de un lado a otro, de derecha a izquierda, analizando en milésimas de segundos las posibles escapatorias y los inevitables ataques. Pero, claramente se veía que estaba desorientada, sin tener alguna idea de lo que era, ni mucho menos de lo que le esperaba.
Aquel pensamiento, inmediatamente me transportó a mi primer día como inmortal, hace ya cien años.
Miraba una y otra vez aquel extraño espejo, donde la imagen de esa hermosa mujer imitaba cada uno de mis movimientos. ¿Acaso era posible? No, era completamente imposible que esa mujer fuera yo. Lo era, ¿verdad?
Vamos Bella, no seas tonta. Claro que eres tú. Me dijo una vocecita dentro de mi cabeza. ¿Qué me pasaba? Ya estaba completamente loa, esa era la explicación más factible.
El concepto que tenía sobre mí misma era totalmente incompatible con el reflejo que el espejo me devolvía. Una profunda voz me distrajo.
-El proceso debe de haber terminado, ¿por qué no vamos?- pronunció.
-No seas tonto Demetri, debemos esperar a Aro. ¿Qué tienes con esa humana?- le contestó otra voz aun más grave y profunda, parecía filosa.
-¡Mira qué dices Felix! Puras tonterías. Además, obviamente, ya no es humana, ¿o acaso escuchas su corazón?
Ambas voces se silenciaron para prestar atención a mi corazón. Pero ni siquiera yo podía oírlo.
Aguarden. ¿Proceso? ¿Humana? ¿Corazón? Oh Dios. Una lluvia de recuerdos invadió mi mente, que ahora parecía increíblemente más amplia.
Rene. Charlie. Jacob. Vulturis. Quemazón. Todo cobró sentido gracias a esos recuerdos, los cuales parecían borrosos, como si una fina capa negra cubriera la imagen y tuviera que entrecerrar los ojos para ver. En realidad era muy incómodo.
Volviendo a lo importante. La molesta voz en mi cabeza tenía razón. Era yo la del espejo. Ya no era esa torpe, desagraciada, simple y frágil humana. Sino que, por lo contrario, era fuerte, ágil, y hasta hermosa. Wow. Suena bien.
Pero aun así, ¿de qué me sirve todo esto? Definitivamente, la suerte juega en contra mío. ¿De qué me sirve la inmortalidad sin él? ¿De qué me sirve vivir por siempre sin su amor?
Yo no quería esto, no sin él. No elegí esto.
El sonido de tres tipos de pasos diferentes me sacó de mis cavilaciones melancólicas. Esos pasos eran suaves, casi no se notaban. Parecían flotar.
Silencio. Sólo silencio se sentía. ¿Qué pasaba? ¿Y los hombres de voces graves dónde estaban?
Sentí la presencia de 3 nuevos vampiros del otro lado de mi puerta. Era impresionante el olfato que tenía.
Interpreté que estaban esperándome, así que me precipité a salir.
Y así era. Los tres vampiros mayores, los líderes del mundo del que yo había sido expulsada hacía sólo unos meses y al que hoy pertenecía estaban frente a mí.
-Bienvenida, querida joven- dijo Aro con su voz digna de reyes- ¿Cómo te sientes?- preguntó, obviamente, aparentando interés.
Deprimida. Ahogada. Enojada. Desconfiada. Estúpida.
-Bien- dije, esperando que el rubor ponga en evidencia mi mentira. Pero nunca llegó. Al menos, una ventaja.
-Excelente, pero, no te sientes algo, ¿sedienta?- dijo Aro, y al decir la última palabra, mi garganta comenzó a arder en llamas, como en los últimos días.
Los tres vampiros notaron el cambio, y Cayo levantó solo una mano, y al segundo los dos guardias de voces graves aparecieron.
-Ésta recién nacida necesita cazar. Encárguense- dijo con un tono arrogante. ¿Cuál era su problema?
Oh oh. ¿Cazar? ¿Cómo que cazar?
-Esperen. Cazar, ¿humanos?-dije, provocando risitas en Aro y los dos guardias. Ya que Cayo parecía no gozar de mi presencia, y Marco mostraba un gran aburrimiento.
-Por supuesto querida, por lo que dijiste en el bosque, creí que ya sabías demasiado- dijo Aro.
-Y lo sé. Pero no quiero cazar humanos. No seré una asesina.
-Lo lamento, en verdad, pero no tienes opción. ¿O acaso quieres un menú especial?- Cayo y su ácida personalidad. Me estaba irritando.
-Honestamente, sí. Aro, conocí a un clan que vivía a base de animales, y yo viviré igual.
En realidad, no sabía ni de lo que hablaba. Según lo que él me contó, nunca te saciabas del todo. Pero respetaba mucho a Carlisle como para convertirme en un monstruo. NO había elegido esto, y no lo sería.
-¿Te crees capaz?- me desafió Cayo.
-Soy capaz. Y seré capaz de más, si me permiten.
-Sabemos que sí, querida, créeme, lo sabemos. Es tu decisión, pero puedes cambiarla cuando desees. Felix, Demetri, escóltenla. –Finalizó Aro.
Bien, eso definitivamente fue raro.
Ambos guardias me llevaron a cazar, y no fue tan difícil. No hablaron en todo el camino, pero se mostraron amables, al menos uno e ellos, que reconocí como Demetri.
Vivir aquí no sería fácil.
¿Bella?- preguntó Aro. Lo que rápidamente me volvió a la realidad.
-¿Si Aro?- respondí. No le gustaba que lo llamara amo, señor, o cosas así. Lo raro, es que sólo a mi me lo permitía.
Me sorprendí cuando vi que el juicio había finalizado. Sí que me había metido en mis pensamientos.
-Necesito tu ayuda para un evento.
-¿Evento?-pregunté con una sonrisa. ¿Desde cuándo organizábamos eventos?
-Si querida, como lo escuchas-respondió con una pequeña sonrisa- hemos decidido que los clanes que consideramos más poderosos nos hagan una visita. Es mejor si sabemos a qué podemos enfrentarnos algún día, ¿verdad?
Eso definitivamente era cierto. Había demasiados clanes poderosos que podían volverse en nuestra contra.
-Definitivamente, cuente conmigo Aro-dije. Estar al servicio de ellos era casi como un instinto de todo miembro de la guardia- ¿Qué debo hacer?
-Bien, querida, sabes que tengo un gran aprecio por ti, eres mi más prodigiosa hija-así solía llamarnos a todos, hijos.-Así que deseo que te encargues de recibirlos, mostrarles sus habitaciones, actividades, su entretenimiento, y cosas como esas. Quiero que seas la imagen de nuestra hospitalidad.
Si hubiese sido humana, me hubiese ruborizado durante toda la conversación. Odiaba cuando me "halagaba".
-Claro Aro, ¿puedo saber qué clanes nos visitaran?- pregunté intrigada.
-Primero, he convocado al clan de un viejo y querido amigo. Seguramente desconozcas todos estos clanes, ya que se formaron mucho antes de tu nacimiento, pero aun así, debes conocerlos para dar una buena impresión-me sonrió.
-Claro-le dije- será un placer- le dediqué una sonrisa para que prosiguiera.
-Ellos son los Cullen, pero ya habrá tiempo para hablar de ellos. Por el momento quiero que te encargues de entrenar a algunos de nuestros neófitos. Ellos tienen una integrante algo… especial. No quiero problemas. Luego seguimos hija, ve a hacer tus labores.
Y se fue. Arrojó la bomba y huyó. Cullen. Ese apellido que creí no volver a escucha nunca más, debía "aprenderlo". ¿Cómo si no supiera muchas más cosas?
¿Y qué es eso de invitada especial? Mira en qué piensas tonta. Esa invitada no debe importarte, quien debe importarte es Edward.
Lo hizo. Esa estúpida voz lo nombró. Rompió mis barreras. El dolor volvió a su sitio habitual, y sólo tuve que nombrarlo. Si esto me pasaba cuando lo pensaba, qué quedaría para cuando lo viera una vez más.
Cuando lo volviera a ver. ¿Cómo estaría? Claro que igual de hermoso. ¿Qué haría la verme? ¿Se asustaría? ¿Le daría igual?
Ya deja de pensar en él, y piensa mejor en ti. Por primera vez en cien años esa tonta voz tenía razón.
¿Qué haré cuando vuelva a ver a Edward?
