Capítulo 2: El Ranma-Note.

-Nabiki, Nabiki, despierta, por favor.

La muchacha escuchó entre sueños una voz masculina que le interpelaba y se sorprendió. La situación no dejaba de ser extraña. Eran, según sus cálculos, más de las tres de la mañana. Demasiado tarde para recibir la reprimenda por alguna estafa realizada durante el día anterior, demasiado pronto para que le molestaran con tareas del día por venir. Al final, Nabiki entreabrió un ojo.

-Te has equivocado de habitación, cuñadito. Si quieres sorprender a una Tendo semidesnuda y vulnerable…

-¿Qué…qué dices….? –tartamudeó Ranma-. Si estás perfectamente vestida.

-Eso puede arreglarse, si es lo que quieres –repuso Nabiki, haciendo el ademán de levantarse el camisón-. Te costará…

-¡Nabiki!

-¡Vale! ¡Vale! ¿Qué quieres?

Ranma miró a ambos lados con cara de preocupación y luego susurró:

-Tengo un problema. Ya te darás cuenta mañana de qué se trata. Sé que cuando te enteres de su existencia, no pararas hasta hacerte con él y chantajearme. Por eso acudo antes, para minimizar el daño. Y para decirte que tú ganas, que haré o te daré lo que sea a cambio de que lo destruyas...sobre todo, Akane no debe enterarse.

¿Yo gano? –pensó Nabiki- ¿Así de fácil? Sin siquiera saber de qué se trata. ¿Qué demonios ocurre? ¿Tan mal negociante es Ranma?

El joven se alejó unos pasos hasta la puerta.

-¿Me lo prometes?

-Ya veremos. Ahora déjame descansar.

Nabiki se durmió envuelta en estos y otros interrogantes y llegando a la conclusión de que algo muy singular ocurría. Algo que obligaba a Ranma a rendirse en lugar de luchar, es decir, algo que amenazaba su área más sensible: su privacidad.


Al día siguiente, la mediana de las hermanas Tendo se despertó más temprano que de costumbre con sed de manipulación, bajó las escalerillas que daban a la puerta de entrada en un santiamén y enfiló hacia el comedor.

¡Perfecto! Akane recién comienza a entrenar en el Dojo y Kasumi se dirige a la cocina a preparar el desayuno. Es mi oportunidad de interrogarle a solas.

Con ese plan en mente, Nabiki ingresó finalmente en el comedor, donde le esperaba una escena grotesca.

-Tarde o temprano tendrás que hablar, hijo.

Genma estaba sentado junto a Soun. Ambos esbozaban una expresión de satisfacción galopante. La forma de hender la comisura de los labios y la manera en que se arqueaban las cejas no dejaban lugar a dudas: se trataba de un gesto entre triunfal y arrogante, un gesto que solo podía nacer de la seguridad total de tener acorralada a su presa.

Por el momento observaré –pensó Nabiki-. Esto será pan comido.

Genma sostenía bajó su brazo derecho una libretita negra y delgada. Y su hijo, el valiente y combativo Ranma, no le quitaba los ojos de encima ni se animaba a atacarle.

-Sabes que el que calla otorga, hijo. Desembucha de una vez: ¿te casarás con la hija de mi amigo o no?

-¿Con esa bruta que me pega cada dos por tres? Nunca.

Ranma pronunció aquellas palabras a gran velocidad y sin poder contenerse. A continuación intentó llevarse las manos a la boca pero ya era tarde. La libretita, un artefacto en realidad, comenzó a procesar los datos a continuación hasta que emitió un silbido penetrante.

-Beeep. Sí, me casaré con ella. Por favor, obligadme a hacerlo.

¿Lo ves, hijo? Si no es tan difícil decir la verdad. A ella la quieres y a mi, aunque no lo quieras reconocer, me lo agradeces.

Ranma se acercó un poco. Ni la mirada revelaba la actitud desafiante de siempre ni los movimientos parecían los de un animal agazapado a punto de saltar sobre su enemigo.

-Akane no se lo creerá.

Genma sonrió.

-Beeep. Akane se lo cree todo. Una de sus mejores cualidades es la ingenuidad.

Solo entonces, Nabiki puso su mano en el hombro de Ranma.

-Tranquilo, cuñadito. De esto me encargo yo –le dijo y se dirigió a Soun-. Padre, ¿podrías, por favor, prestarme eso? ¿O prefieres que le cuente a Kasumi lo que ocurrió el 13 de septiembre del año pasado?

Soun dejó escapar un silbido de desdén.

-¡No serás capaz!

-¡HERMANA!

Kasumi se asomó desde la cocina.

-Tranquila, Nabiki, el desayuno estará listo en un momento.

A Soun se le pusieron los pelos de punta. No mucho pero lo suficiente para que Nabiki adivinará que su padre ya no sería un obstáculo.

-Ahora tú, Genma, solo tengo tres palabras para ti: "18 de agosto".


Media hora después Nabiki apresaba entre sus manos el librito en su habitación mientras Ranma farfullaba:

-Muchas gracias. De verdad.

-¡Genial! Has hablado. Esto va a ser muy divertido.

-Beeeeep. Esto va a costarme más dinero del que tendré jamás.

-Pues sí. Has dado en el clavo, cuñadito.

Fin del capítulo 2