CALLE
Cada vez que pasaba por esa angostada callecita recordaba como desde lo alto de aquel edificio la veía durante horas, sin que ella se diera cuenta. Siempre tan absorta y distraída, pensando en otras cosas, sentada en ese banco.
Pero, aunque jamás lo diría en voz alta adoraba ese callejón, ese trozo de tierra donde siempre la veía, tan dulce y tierna, tan ella. Siempre desde lejos, pero pronto eso iba a cambiar, ya que de una manera u otra sabía que aquella hermosa peliazul acabaría siendo suya, lo había decidido y él se encargaría que sí que ocurriera.
