II
Envuelta en la cálida colcha purpura que cubre mi cama y la vista fija en la oscuridad de mi cuarto estaba esperando lo que todas las noches llega: el frío que me hace estremecer. No un frío desagradable que penetra los huesos y no te deja mover como el del bosque húmedo sino el que hace que cada una de mis terminaciones nerviosas cobren vida y que el felino que está dentro de mi despierte listo para saltar…
La colcha se levantó de una manera tan sutil que si no supiera lo que lo provoca pensaría que solo la meció el viento, el frío inundó la cama y se hundió con el peso del causante, enredó mi cintura con su gélido brazo y sentí su respiración en mi oído, me quedé congelada en mi posición, como si me diera miedo lo que pudiera pasar, tratando de reprimir toda la "emoción" que sentía en el momento. El hecho de que mi novio entre a hurtadillas a mi cuarto en la noche hace que mi imaginación vuele a niveles inconcebibles, no soy muy imaginativa y menos en aspectos que no he vivido, hasta entonces; cuando mi libido se había posesionado de mí. Entonces escuché su voz profunda que me hizo estremecer:
-Bella…
-¿sí?- susurré y mi piel se erizó al escuchar mi nombre en sus labios.
-¿cuál es el coseno de pi sextos?
Me enfrié como si estuviera en el bosque -un medio de la raíz cuadrada de tres- respondí con la voz más controlada que pude y no dije más.
-Muy bien- dijo Edward echándose para atrás en la cama y soltándome de su abrazo –que bueno que has puesto atención, tienes que salir muy bien en este examen para subir tus notas…- prosiguió aparentemente indiferente a que yo me quedara congelada en mi posición sin responder-… hasta Charlie se sentirá más tranquilo al notar que dan frutos las clases personales…- seguí escuchando su monólogo hasta que me calmé del cambio de temperatura corporal, tomé una fuerte bocanada de aire y al soltarla me incorporé para sentarme a su lado, tomé su mano, lo miré fijamente, asentí en donde me parecía pertinente de su plática de las notas y las universidades… y traté de no pensar en él, la cama y yo…
Después platicamos de todo lo demás en la misma posición: Edward recostado en lo largo de mi cama apoyando su espalda en la cabecera jugando con los mechones sueltos de mi cabello y yo sentada a su lado, a la altura de su cintura pasando mis dedos en los pliegues de tela de su pantalón.
-Y bueno…- soltó de repente.
-¿qué?- pregunté algo confundida.
-¿qué tipo de cosas, tuyas y mías, te distrajeron en la cocina?- dijo tranquilamente, como quien no quiere la cosa.
-¡Ah! Eso…- por un momento se me olvidó lo de esa tarde-…bueno, nada extraordinario… -un calor nada parecido al de minutos antes hizo que me pusiera roja, un calor de vergüenza y arrepentimiento por prometerle que se lo contaría -… de hecho no tiene importancia, así que olvídalo…
-No voy a olvidar algo que te pone tan nerviosa- noté que observaba mis mejillas.
-Aunque te lo dijera, no tiene caso- levanté un poco la mirada de mis manos sudorosas, él levantó una ceja -no me vas a dar otra respuesta a la acostumbrada- dije con resignación y lo vi fijamente a los ojos.
-Inténtalo.
Abrí tanto los ojos a esa palabra que no pudo evitar sonreír.
Me quedé unos segundos mirándolo y pensando en su respuesta conseguí el valor: me incliné un poco más a Edward para darle un beso suave y rápido en los labios, mis manos se engancharon en su camisa, levanté mi pierna unos centímetros de la cama y la pasé por su cintura quedándome sentada un poco más arriba de su cadera, él observó mis movimientos con suma precaución y, para mi sorpresa, puso sus manos en mi cintura. Nos quedamos viendo fijamente, nerviosos, en esa posición.
-Así que de esto se trata- dijo finalmente, previendo su rechazo quise defenderme
-Edward, yo…- y con su dedo en mis labios me interrumpió.
Me analizó con la mirada, separó su dedo de mis labios y lo enredó en los mechones de mi cabello, jugó con ellos un minuto y luego lo pasó por mi frente, delineó mi nariz y mis labios suavemente, su tacto frío me estremeció de nuevo haciendo que cerrara los ojos instintivamente pero me quedé callada, esperando el siguiente movimiento. Sentí el frío en mi barbilla y luego en mi cuello, al notar que bajaba abrí de nuevo los ojos y se detuvo justamente debajo de mi clavícula, vi perpleja su dedo y luego a Edward, él me observó con precaución unos segundos que se me hicieron una eternidad como esperando que hiciera o dijera algo, no lo hice, así que siguió. Bajó más lento su dedo encima de mi sudadera roída, provocando que mis pechos se marcaran en la tela, sentí mis mejillas arder, su dedo siguió su camino por mi cintura rodeando más despacio mi ombligo no se detuvo hasta que llegó a mi vientre, contuve la respiración esperando que algo pasara, entonces la otra mano, que seguía en mi cintura, bajó un poco y el dedo se paseó por mi pelvis hasta mi muslo, ambas manos, sincronizadas, recorrieron mis piernas sin prisa, mi cuerpo entero se invadió del ardor de mis mejillas sentí algo parecido a la ansiedad pero me contuve tratando de disfrutar aquel inusual momento.
-Eres hermosa- su voz hizo que saliera de mi trance de éxtasis, lo miré perpleja- y tan suave- colocó sus manos en mi espalda y me acercó a él, mis manos soltaron su camisa y envolvieron su torso, nos besamos como nunca antes lo habíamos hecho.
Terminé encima de mi brazo izquierdo con la colcha cubriéndome y enredada en sus brazos.
-Descansa- me besó la frente.
Me quedé dormida en segundos.
