Claim: Kise Ryouta/Kuroko Tetsuya.
Notas: Post-series.
Rating: T.
Género: Romance.
Tabla de retos: Básica.
Tema: 18. Reloj.


Final Alternativo.
Un reloj detenido.

El ambiente a su alrededor resulta demasiado vistoso, con colores brillantes que hieren sus pupilas, a tal punto que comienza a lagrimear. Sin embargo, nadie en la pequeña cafetería se da cuenta de este hecho y el mundo sigue moviéndose mientras él degusta su malteada de vainilla, como si todos aquellos rostros sonrientes en la mesa de enfrente, los demacrados de los ejecutivos en la barra de comida rápida y los perezosos de las camareras, ignoraran su presencia totalmente, reducido como siempre a su estatus de sombra.

No es que en realidad le importe, incluso resulta mejor pensando en el hecho de que está prohibido entrar con alimentos, sobre todo si son de otra compañía. Pero también siente un extraño malestar que no puede explicar, en ese mundo de vistosos colores donde todo se mueve salvo él y su sombra. Sin embargo, la sensación remite un poco cuando Kise aparece pidiendo disculpas por la puerta de entrada, enfundado en una chaqueta negra y pantalones de mezclilla, que realzan su porte delgado, tan mencionado en las revistas del corazón.

Han quedado de verse por teléfono y el motivo no ha sido develado, por lo cual todo tiene un aire de misterio, que en cierta medida, podría explicar la sensación, casi imperceptible, pero latente que lo abruma, que lo hace parpadear en más de una ocasión para deshacerse de las lágrimas pegadas a sus pestañas, totalmente inapropiadas e inexplicables dado el contexto de la reunión. Una reunión entre amigos, después de un tiempo de separación.

—¡Lo siento, Kurokocchi! —dice, cuando por fin está frente a él y uniendo las manos en un gesto de expiación—. Tuve que escaparme. Los vigilantes son muy malos, ¿sabes? Ya me tienen en la mira. ¿Te hice esperar demasiado?

—No —responde él y la sensación de irrealidad no lo abandona—. Está bien, hoy es mi día libre, Kise-kun.

—¿Por qué lloras? —inquiere el rubio, dejando a un lado su chaqueta negra para dar paso a una camisa blanca, que se ciñe a su cuerpo con la soltura de alguien que acostumbra usar ropa fina y además cuidarla—. Sólo vengo a pedirte un favor —continúa, al ver que Kuroko es incapaz de abrir los labios, las lágrimas producto quizá del polvo o la brillantez del ambiente, no cesan de salir—. ¿Querrás ser el padrino en mi boda? ¡Hana-chan y yo nos vamos a casar!

Kuroko sabe muy bien que su respuesta es rápida y acorde a las circunstancias, puede recordarla como un deja vu muy extraño "¡Felicidades, Kise-kun! Será un honor ser el padrino en tu boda, prometo no causar muchos inconvenientes", pero por alguna extraña razón, las palabras no acuden a sus labios y se queda ahí plantado, llorando; las lágrimas escurriendo por sus manos, ahuecadas alrededor del vaso de malteada, hasta alcanzar la superficie de color lima de la mesa, con todo el mundo festivo a su alrededor. El único que parece darse cuenta, en parte, del estado en el que se encuentra, es Kise, cuya voz resuena en su cabeza como una letanía, el eco de su propia pregunta.

¿Por qué lloras? ¿Kurokocchi? Me voy a casar, ¿por qué lloras?

La pesadilla termina tras lo que parece una eternidad de ser asediado por dichas preguntas, pero sus remanentes quizá son lo más terrorífico de todo. Porque las lágrimas son reales en sus mejillas y han humedecido la almohada, ante la cual abre los ojos en la semi-oscuridad. El corazón le palpita deprisa, siente su golpeteo en los oídos y su respiración agitada corresponde a la de un hombre que ha corrido un maratón, aunque no puede afirmarse del todo que él no ha tratado de huir de su pesadilla, el hecho decisivo que tuvo lugar apenas unos cuantos meses atrás y que lo hizo comprender, demasiado tarde, sus verdaderos sentimientos por Kise.

Pero, ¿qué podía hacer? Aomine-kun ya lo había vaticinado en aquella concurrida y tórrida fiesta e incluso ahí tuvo una oportunidad. Pero confesar algo que ni él supo hasta ese preciso momento, en respuesta a una petición tan simple y tan franca, habría resultado en desastre y en remordimiento. No es que no lo sienta en esos momentos, cuando se levanta de la cama para ir en busca de un vaso con agua, mera excusa para desprenderse de las sábanas, que parecen apresarlo en su pesadilla. Pero la clase de remordimiento que tiene, es todavía tolerable al de destruir una relación, una amistad y rivalidad, que han trascendido años.

Duele, pero tiene que aprender a vivir con ello. De manera tal que el día de la boda (faltan tres meses, según su calendario y como Kise no deja de recordar a cualquiera que esté dispuesto a escucharlo), lo único que salga de sus labios sea una felicitación, una sonrisa y en ella, una silenciosa despedida.

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La rueda de prensa es todo un suplicio para alguien tan poco acostumbrado a la atención pública. Por supuesto, cuando era jugador tanto en Seirin como en Teikou, Kuroko estaba acostumbrado a la atención de miles de ojos sobre él, pero la estrella siempre resultaba ser su Luz en ese momento y no él, ahora objetivo de los reflectores y las cámaras. Se siente orgulloso de lo que ha logrado, su tercer libro, su tercer publicación entre el best-seller mundial, traducido a un sinfín de idiomas según rezan las portadas con su tímida fotografía adherida a ellos, pero desearía no obtener tanta atención.

—El libro es lo que importa —es su escueta respuesta cuando alguien le hace una pregunta personal, casi nunca referidas a su abandonado trabajo como profesor en el jardín de infantes, sino más bien avocadas a ¿De dónde surgen estas ideas? ¿Es que hay alguien especial en su vida? Cosas que, es muy obvio, no puede contestar.

No porque resulten secretos, últimamente su vida ya no es un secreto aunque le gustaría, sino más bien, porque no hay nada qué contestar. Todos creen que la brillante protagonista de sus novelas está inspirada en alguna chica oculta, un amor secreto quizás, una amante. Pero nada puede estar más lejos de la realidad que dicha asunción, porque Kuroko nunca ha conocido a una ninfa de cabellos negros y si lo hiciera, probablemente no estaría interesado. Sus gustos, como los llamaba su madre cuando todavía no podía aceptarlo, han estado definidos desde su adolescencia más temprana y una chica, por más bonita o inteligente que sea, no puede cambiarlos. Pero hay otro personaje... Y le sorprende darse cuenta de que alguien más lo ha notado, aunque, gracias al cielo, no de una manera que pueda llegar a comprometerlo.

—Sensei —lo llama un hombre en la fiesta de celebración, muy parecida a la que Kise dio cuando tuvo su debut en televisión hace ya unos cuantos años y que sólo ha conseguido tal estatus de excentricidad y lujo por la fama que ha alcanzado el nombre de Kuroko Tetsuya a nivel internacional—. Sensei, ¿puedo hacerle una pregunta? —es un reportero joven, por el aire de extravío que exuda, la camisa desfajada, el sudor perlando su frente y mejillas.

—Ya la has hecho, pero tienes derecho a una más —sonríe Kuroko, sin poder quitarse los hábitos que se le han hecho tras varios años de enseñanza, una carrera que extraña y que le gustaría poder retomar, sino fuese porque su fama llama a personas de todo tipo a su alrededor, impidiéndole enseñar como debe a los niños a su cuidado.

—Lo siento —se disculpa su interlocutor, pero es su entusiasmo el que convence a Kuroko de darle la oportunidad—. Es sobre su personaje, Shuuta, de "El jardín de colores". Ha aparecido en cada una de sus entregas y, aunque no demerito su capacidad para escribir, me parece el personaje mejor explorado de todos los que ha hecho, incluída Mika, a quien todos parecen amar. Usted parece inclinarse por Shuuta, sensei. ¿Se ha inspirado en alguien para crearlo? Porque lo retrata, cada gesto, palabra o pensamiento, con una realidad que me parece magistral.

El joven se detiene en medio de su siguiente oración, una mezcla de alabanzas al trabajo y preguntas que sin duda saldrán en algún reportaje al día siguiente, al sentir la mirada penetrante de Kuroko, que sopesa las consecuencias que podría tener su respuesta. Nunca se le ha dado bien mentir, ser honesto en cualquier cosa es como su lema de vida y por eso, se impulsó a salir de Teikou cuando llegó su momento, rechazó a Kise cuando no sentía nada por él y dejó a Kagami ir cuando éste lo decidió, pero algo que ha descubierto con los años y no es que realmente sea grande, pues apenas roza la treintena, es que viejos hábitos no tardan mucho en morir, contrario a la creencia popular. Caen como hojas marchitas ante las nuevas circunstancias de la vida y para él, mentir, ya no resulta tan pésima opción.

—No —responde y se alegra de aún poder mantener un rostro inexpresivo al decir una mentira, porque la verdad, justo como ese día en que se enteró de que Kise se casaría, resultaría más perjudicial que cualquier otra cosa. Sobre todo para un hombre que lleva tres años establecido con su esposa y cuya primera hija tiene dos meses de nacida, Ayami, a la que no le faltará nada pues su padre acaba de incursionar en el mundo del cine internacional.

Antes de que el chico pueda seguir llenándolo de preguntas, Kuroko se da la vuelta para llegar a la mesa en donde tiene su pequeño asiento y en donde personas de todo tipo van a pedirle un autógrafo, así como también algunas palabras o avances de sus próximos libros. Es su única manera de distanciarse de los recuerdos que de pronto lo han asaltado y que sólo tendrán campo abierto cuando se vaya a dormir por la noche, en lo que espera que algún día deje de ser una pesadilla.

Quizá por eso comenzó a escribir, piensa, mientras firma un ejemplar tras otro, con manos de trazos cada vez menos firmes conforme lucha contra sus sentimientos. Porque la pesadilla nunca se irá por sí misma, porque tiene que transformarla en algo que pueda tolerar y Tomohisa Shuuta es su único escape en ese sentido. Un Kise Ryouta de su imaginación vertido en un papel, apresado entre sueños que, desgraciadamente, ya no pueden ser, salvo en el mundo de la ficción.

FIN.