Capítulo 2.- Cuando todo comenzó.
Caminaba en silencio, erguido como de costumbre, imponente, con la mirada ambarina perdida en la lejanía, hacia el horizonte. "Ese maldito de Naraku" pensó, "el muy cobarde sigue oculto, y por lo que veo ni el tonto de Inuyasha tiene alguna pista. Es mejor seguirlo a una distancia prudente hasta que ese bastardo decida salir de donde esté". En ese momento, una tierna voz lo alejó de sus pensamientos.
Creo que tengo hambre Señor Sesshōmaru, — dijo Lin mientras su estómago lanzaba un gruñido — y Kohaku también.
El aludido iba a contestar "No es verdad…" cuando su estómago también emitió el mismo gruñido de hambre.
Busquen su comida en un lugar cercano. — respondió Sesshōmaru sin siquiera voltear a verlos — Jaken, ya sabes lo que debes hacer.
Si amo bonito — contestó Jaken.
"Malditos chamacos" pensó este mientras los acompañaba a un cercano arroyo, atravesando los matorrales, para que pescaran. "Si por mi fuera ninguno de ellos vendría con nosotros. Todavía me pregunto que pretende el amo."
No había nada que temer. Ningún peligro. Regresó a sus pensamientos mientras se volvía para sentarse sobre una roca junto al sendero por el que habían llegado hasta ahí. Nunca caminaba por sendas humanas. "Naraku, maldito bastardo…", y sin saber por qué, sólo para estar seguro, miró de soslayo con sus inexpresivos ojos ámbar el lugar por el cual sus acompañantes se habían dirigido al arroyo, y escuchaba muy atentamente la vocecita de Lin, en medio del sonido del chapotear en el agua:
¡Kohaku, atrápalo! — se reía — ¡No lo deje escapar señor Jaken!
¡Lo tengo! — gritó Jaken con voz triunfal — ¡Oh no! ¡Se escapa!
¡Lo atrapé! — respondió Kohaku en un último intento de escape del pez.
¡Que bien! — agregó Lin — ¡Ahora ya podremos comer! Volvamos con el Señor Sesshōmaru y luego lo cocinamos.
Regresaron por el mismo camino. Sesshōmaru continuaba sentado en la roca, con su indiferencia habitual, sin percatarse de su llegada, como si no estuvieran allí.
Señor Sesshōmaru ya trajimos de comer. — le dijo Lin mientras se acercaba a donde se él encontraba — ¿Tenemos tiempo para cocinarlo?
Haz lo que quieras — fue la respuesta indiferente, sin pizca de emoción.
¡Sí! — respondió ella, con la felicidad dibujada en su pequeño rostro — ¿Me ayudas Kohaku? Señor Jaken, usted también.
¿¡Yo! — Jaken casi le grita mientras Kohaku asentía con la cabeza — ¿oye crees que soy…? — la gélida mirada que Sesshōmaru le dirigió hizo que se callara.
Muy bien señor Jaken, acompáñeme a buscar ramitas; — dijo Kohaku — no muy lejos de aquí hay unos arbustos secos que podemos utilizar.
Se fueron mientras Lin juntaba también unas hojitas para poder hacer fuego y cocinar el pescado.
El Daiyōkai parecía nuevamente sumido en sus pensamientos. Pero en realidad miraba a la pequeña de soslayo. Sólo a ella. ¿Por qué? Ni el mismo se lo explicaba, todavía. ¿Realmente era… imprimación? Hace meses se lo venía preguntando… y recordó como empezó.
Muchos meses atrás…
"¿Cómo diablos pudo ese descastado? ¿Por qué? Me confié demasiado. Afortunadamente… estoy vivo aún". Sesshōmaru se encontraba herido en un tupido bosque, Tenseiga lo había transportado hasta ese lugar. Era ya tarde, el sol se ocultaba en el poniente. "Maldito Inuyasha, ya verás en cuanto me recupere. Te arrepentirás de haber tratado así a tu gran hermano". No sabía exactamente donde se encontraba. Lo que recordaba es que Inuyasha le había lanzado directamente el Kaze no Kizu de Tessaiga y, si no fuera porque el resplandor desprendido de Tenseiga lo envolvió protectoramente, ese habría sido su fin.
De pronto sintió que algo se acercaba. En ese espeso bosque cualquier criatura podría estar oculta. Se encontraba débil, pero no permitiría que se atrevieran a lastimarlo más sin dar batalla. Ni tardo ni perezoso se incorporó adoptando una pose intimidante pero… sólo se trataba de una humana. Se recuperó. " ¿Qué hace en este bosque una humana? Tal parece que Tenseiga me transportó cerca de una aldea de humanos. Seres débiles e inferiores".
Era una niña pequeña, vestida de una manera muy pobre; tenía largos y alborotados cabellos negros y unos lindos ojos marrones de mirada profunda. La niña pareció asustarse cuando él se levantó, pero después, muy decidida, se acercó con paso firme y… le echó agua en la cara.
"¿Qué demonios le pasa a esta estúpida niña?" se sorprendió Sesshōmaru en cuanto recibió el chorro de agua en pleno rostro. "¿Cree que yo necesito su ayuda?". La pequeña empezó a limpiar sus heridas. El Daiyōkai no decía nada. De hecho no hablaba. Pero si le extrañó en sobremanera que la chiquilla hiciera eso. Ella lo limpió lo mejor que pudo, y después se retiró por donde había llegado, dedicándole una última mirada de sus ojos cafés. Sesshōmaru la vio irse, pero no le preguntó nada.
"Bueno" pensó nuevamente en cuanto la pequeña se alejó, "no se cual haya sido la intención de Tenseiga al traerme aquí, pero en cuanto pueda me largo… humanos, todos son repugnantes. Espero que el inútil de Jaken no haya perdido mi rastro." Y sintió que le pesaban los párpados, algo raro en él, casi nunca dormía (en realidad no lo hemos visto dormir). Cerró los ambarinos ojos para descansar. Sabía que ya no había peligro, nada que temer. Pero… el olor de la niña flotaba en el aire, ese olor no lo olvidaría.
Ella regresó al día siguiente, nuevamente por el mismo camino, llevándole comida. Él sólo la miró de soslayo cuando llegó cerca de donde se encontraba, con la "comida" (pescado asado y hongos) en una gran hoja, a modo de bandeja. "¿Piensa que yo me alimento con lo que ellos llaman "comida"? Qué asqueroso. Nada de eso es digno de mí". Y haciendo gala de una gran indiferencia e insensibilidad, el Daiyōkai tiró de un manotazo la bandeja con comida. La pequeña sólo se quedó ahí, mirando con la cabeza gacha, como la "comida" caía al suelo. Dejó en el suelo un recipiente con agua y después se fue. "Menos mal. No soportaría que llorara; así de débiles son los humanos, tan sensibles por todo" pensó Sesshōmaru. "Tal vez no regrese, es mejor", y cambiando esos pensamientos por otros se olvidó de la niña. O eso es lo que creía.
Pero otra vez estaba allí, como el día anterior. "Insiste en traer esas porquerías. Los humanos no entienden nada". Sin embargo, esta vez tenía en su carita algo diferente, algo que llamó su atención, por lo que nuevamente la miró de soslayo y le dijo:
¿Quién te hizo eso en el rostro?
La niña abrió sus achocolatados ojos un poco más. ¿Acaso no esperaba una palabra hacia ella por el gran yōkai? No. Porque la chiquilla sabía que era un yōkai diferente de los pocos que había visto alguna vez. Se sintió alegre al oír su profunda y grave voz. Para ella era un ser espectacular. ¿Quién le habría causado tanto daño a ese perfecto demonio? Y le sonrió feliz por haberlo escuchado.
¿Por qué sonríes? Sólo te pregunte cómo estabas — continuo diciendo el Daiyōkai mientras giraba su rostro para mirarla directamente, por primera vez.
Los ambarinos ojos de Sesshōmaru la observaron fijamente. "Es una humana tan simple, sonreír solamente por unas palabras. Sin embargo… entre ellos se hieren. Es una niña indefensa". Y exploró rápidamente el pequeño rostro, el cual mostraba huellas de violencia. Quien quiera que haya sido el que lo hizo la había lastimado físicamente; pero al parecer eso a ella no le importaba. Sólo sonreía. Y esa sonrisa… le provocó al gran demonio una extraña sensación. Después, la chiquilla se fue muy contenta por el mismo camino.
"Los humanos son seres extraños" pensó Sesshōmaru al verla alejarse, "se acabaran matando entre ellos… no quieren ni a sus propias crías." Se levantó nuevamente cuando oyó una voz conocida y percibió un olor familiar acercándose.
¡Amo bonito! — era Jaken, por fin llegaba — Señor Sesshōmaru lo he buscado desesperadamente. Pensé que…
Vámonos ya. — le espetó Sesshōmaru pero sin mostrar cambio alguno en su expresión de estatua griega. — Te tardaste bastante.
Se alejaron de ese lugar, era mejor no estar cerca de humanos. Además de que un olor más repugnante se acercaba también… lobos demoniacos. Seguramente los atacarían y devorarían. Cuanto más lejos estuviera de ahí mejor… pero algo lo hizo detenerse. Volvió instintivamente sobre sus pasos. Jaken, a su lado, lo miraba absorto y extrañado por el repentino cambio de dirección. "¿Qué estoy haciendo?" se preguntó. "No es más que una simple humana. ¿Por qué tengo que volver?" Aún así no dejó de caminar. El olor de la pequeña había inundado el ambiente, su ambiente, y también el olor a muerte. Los lobos la han atacado, la han matado, le han arrebatado la vida.
"Por aquí es por donde ella siempre volvía". Siguiendo el sendero llegó. Los lobos estaban a punto de devorarla. Casi destrozaban su pequeño cuerpo, ahora inerte como una marioneta. Los ojos cafés estaban como vacíos, habían perdido su hermoso brillo. El gran demonio observó detenidamente la escena, sus ojos ambarinos no parecían expresar nada. Los lobos gruñeron, como si quisieran atacarlo para alejarlo de su presa. Sólo con levantar una ceja, las sanguinarias bestias huyeron. Por su puesto, es un Daiyōkai intimidante.
¡Que gran hazaña, amo bonito, con una sola mirada! — "El lambiscón de Jaken" —Señor Sesshōmaru, ¿quiere algo con esta humana?, — Jaken vio a la niña — está muerta.
La expresión de Sesshōmaru no cambio.
No — contestó el Daiyōkai, y le dio la espalda al cuerpecito sin vida mientras se alejaba con paso solemne. Jaken se retrasó un poco observando a la pequeña muerta.
En su pensamiento, frente a sus ojos, le pareció ver nuevamente a la niña sonreír cuando le preguntó quién la había lastimado. Esa sonrisa tan… ¿dulce? "¿Qué me pasa? No es más que una humana" se repitió nuevamente. Pero volvió nuevamente sobre sus pasos, se acercó a ella y… sacó a Tenseiga. La espada palpitó.
Ahora, pondremos a prueba el poder de Tenseiga — dijo Sesshōmaru.
Y en ese instante, entrecerrando los ambarinos ojos, observó como los seres del otro mundo rodeaban el cadáver. Un rápido movimiento de su brazo (¡ZAS!) y esos seres fueron cortados por Tenseiga. Jaken miraba sorprendido a su amo. Se encontraba en shock, y más cuando su Señor levantó un poco a esa niña. Casi se desmaya.
¿Una prueba? — le había dicho antes de que su amo blandiera la espada.
¿Escuchó bien? ¿Su amo mencionó "una prueba"?
El Daiyōkai se agachó un poco y tomó con su único brazo, delicadamente, el cuerpo inanimado de la pequeña niña. "¿Qué estoy sintiendo? Se ve tan frágil. Aún no debe morir" pensó. Y esperó el retorno de su joven vida. Escuchó nuevamente el latir de su corazón. Se sorprendió y… ¿alegró? Nunca se había planteado utilizar a Tenseiga de esa forma. No tenía ninguna necesidad de devolver la vida a los que murieron, menos a los débiles e insignificantes humanos. Sin embargo, aquella pequeña niña no debía morir aún. Ella abrió sus ojos, esos grandes ojos cafés, y miró a su salvador. Él la miró también, directamente a sus pupilas, con su ambarina y profunda mirada. Se levantó lentamente, mientras ella se enderezaba, sin que ambos dejaran de mirarse a los ojos. Después, también lentamente, se marchó por donde había llegado, sin percatarse de que su sirviente aún se encontraba en shock, con los grandes ojos más abiertos que de costumbre y el pico casi hasta el suelo.
Y la chiquilla… lo siguió. "Pobre niña" pensó Sesshōmaru "seguramente esta sola en este mundo. Pero ¿por qué la traje de vuelta?, ella no significa nada para mí". Se sonrió un poco. "¡Mph! Tenseiga, ¿acaso quieres otorgarme el don para ayudar a los humanos?" Escuchó detrás de él los pequeños pasos de ella. Se iba con ellos, y no se lo impidió. Llegaron a donde Ah – Uh se había quedado, en un claro del bosque, rodeado por la verde yerba. Jaken se acercó también, jadeando porque tuvo que correr para alcanzarlos.
¿Cuál es tu nombre? — dijo el gran demonio sin mirarla siquiera otra vez. "¿Hablará?" se preguntó internamente.
Lin — contestó ella — Todos me llaman Lin. Gracias.
¿Lin?
Si, ¿puedo quedarme con usted Señor Sesshōmaru? No tengo a nadie más.
Haz lo que quieras… — le contestó indiferente — Jaken, andando.
El pequeño demonio verde sólo atinó a decir "¿EH?" sin dejar de ver a la niña, y recibió un golpe directo a la cabeza.
¡Si! Vámonos. — sonrió ella nuevamente y empezó a caminar con ellos. A su lado.
Nota de la autora: Puede que esto tenga algo de Drabble, pues son los pensamientos de Sesshōmaru al recordar varias de las cosas vividas con la pequeña Lin y su dulce compañía. Y véanlo bien, insensible puede parecer por fuera, pero su padre (o sea yo) sabía perfectamente que, muy adentro de su hijo mayor, había algo que le haría ver las cosas de forma distinta y así… poder superarlo. Puede que cambie un poco lo que en realidad pasa dentro de la serie, es mi versión personal sin querer apoderarme de los personajes. Sayonara.
