Si algo caracterizaba sobremanera a Keith es que era alguien de poca paciencia. Llevaba una hora buscando a sus amigos y nos los encontraba en ninguna parte del cuartel galáctico Garrison. Le había preguntado a varios oficiales y cadetes sobre ellos, pero ninguno pudo responderle. Incluso se topó con gente de la coalición y de la Espada de Marmora, pero nada. Ya iba a rendirse cuando vio a Pidge corriendo por el pasillo con algunos artefactos electrónicos en sus brazos, seguida por el robot Dizer. Arqueó una ceja, preguntándose qué clase de proyecto estaba haciendo la chica esta vez, pero también se alivió de al fin encontrar a uno de los paladines, así que la siguió.
Se sorprendió de ver qué Pidge y Dizer no se dirigían a uno de los talleres, sino a una de las salas de descanso. Entró y vio que en el lugar también estaban Lance y Hunk, pero haciendo cosas que nunca creyó verlos hacer, incluida Pidge: la chica estaba reparando o construyendo desde cero una cámara fotográfica. Lance estaba haciendo cerámica y Hunk bordando algo.
—¿Qué están haciendo? —preguntó Keith a sus amigos
—¡Oh, hola Keith! —saludó Pidge y siguió con lo suyo
—¿Qué te parece que estamos haciendo, greñudo? —preguntó Lance con sarcasmo sin mirar al chico
—¿Algún pasatiempo que no sabía que tenían?
—¡No! ¿Qué no sabes qué día es hoy?
—Uh… ¿viernes?
—Por amor de…
—Lo que Lance intenta decirte —interrumpió Hunk—, es que estamos haciéndole un regalo a nuestras madres. Hoy es Día de las Madres
Keith se sorprendió. Día de las Madres… él nunca lo había celebrado por obvias razones: nunca había tenido a su mamá a su lado hasta que la encontró en el espacio, así que ese día, para no sentirse mal por no tener mamá, se lo celebraba a su padre, además del Día del Padre.
—¿Qué? ¿No vas hacerle algo a tu mamá galra o es que ellos no lo celebran? —preguntó Lance, aún sin mirarlo
—No sé si ellos también lo celebran —contestó Keith—, pero nunca lo había celebrado. No conocí a mi madre sino hasta ahora que la encontré
Lance, Hunk y Pidge levantaron la mirada de sus regalos y miraron apenados a su líder. Habían olvidado de que, antes de volverse paladines de Voltron, habían creído que Keith era huérfano.
—Keith…
—No hables Lance —el chico se dio la vuelta con la intención de irse—. Los dejó terminar sus regalos —y salió de la sala
—Bien hecho, genio —reclamó Pidge
—¡Lo siento! ¡Lo olvide por completo!
—¿Creen que deberíamos ir a buscarlo y hablar con él? —sugirió Hunk
—Creo que no será suficiente con nosotros. —contestó Pidge. De pronto tuvo una idea—. Pero sé quién puede ayudarnos. La única persona a la que Keith escuchará sin problemas
Lance y Hunk le sonrieron a la chica, sabían exactamente de quién hablaba.
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—Entonces eso fue lo que pasó —dijo Shiro, después de escuchar a los paladines.
Antes de encontrarse a los chicos, Shiro había visto pasar a Keith de lejos y alcanzó a ver que en su rostro había una expresión de molestia, pero una que no había visto desde que el chico era un niño.
—Así que ¿nos ayudarás? —preguntó Pidge—. Tienes que reconocer que eres el único a quien Keith escucha…
—Y que no te dispara sino le dices lo que quiere escuchar —interrumpió Lance
Hunk le dio un codazo en sus costillas para callarlo. Shiro era la única persona que conocía bien a Keith desde que era un niño y eso fue gracias a que lo ayudó y apoyó cuando nadie más lo hizo y se quedó solo tras el fallecimiento de su padre. Así que era natural que los paladines le pidieran ese favor.
—Está bien, iré a hablar con Keith —los chicos se alegraron de escuchar eso del capitán de la Atlas—. Y después con Krolia
Eso último tomó por sorpresa a los paladines.
—¿Por qué? —preguntó Lance
—Dicen que tienen una sorpresa para sus madres ¿no? ¿Cómo le dijiste Lance? "Sorpresa Paladín" y me parece que lo correcto es que todos participen, a pesar de que Keith no sabe y es su primera celebración del Día de las Madres y también de Krolia. También así ella aprende una de las costumbres de la tierra
—Ahora que lo dices, tienes razón —dijo Pidge
—Entonces haré algunos cambios en el pastel y la comida de la fiesta —dijo Hunk
—Solo espero que esto no termine mal —comentó Lance
Shiro le sonrió a los chicos y salió del centro de mando de la Atlas a buscar a su mano derecha.
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Keith estaba recostado sobre el hocico del León Negro mirando al cielo y con Cosmo dormitando junto a él. No podía dejar de pensar en la fecha que era y después de ver a sus amigos hacerles regalos a sus respectivas madres lo dejaron con varias preguntas: ¿Debería hacerle algo a Krolia? ¿Qué acostumbran los galras a recibir de regalo? ¿Ellos también tienen días festivos? ¿Qué podría gustarle a su mamá? Esa última pregunta tenía a su cerebro trabajando más; a pesar de haber pasado dos años con su madre en el Abismo Cuántico y usaron ese tiempo para conocerse, sentía que no había sido suficiente y que le falta más por conocer de Krolia.
—Quien no te conozca nunca sabría dónde encontrarte
Keith se incorporó al reconocer esa voz y volteó hacia su izquierda, sonriéndole al recién llegado.
—Me alegra mucho saber que me conoces muy bien, Shiro
El mayor le sonrió al azabache y se sentó junto a él, mirando hacia el paisaje que tenían enfrente.
—Eres importante para mí, Keith. Por eso es que te conozco bien —dijo Shiro, mirando al chico a los ojos
Keith sintió que sus mejillas se sonrojaban levemente, por lo que desvió la mirada para que el otro no lo notara.
—¿Por qué me estabas buscando?
—Los muchachos me contaron lo que pasó hace rato que los encontraste ocupados con sus regalos
—Oh… Eso
—Keith, sé que este día te pone incómodo porque no tenías a quien celebrarle. Y ahora que la tienes te preocupa no hacerlo bien
Keith soltó una pequeña risa antes de hablar.
—A veces me asusta que me conozcas tan bien. Me hace pensar que lees mi mente o algo así, que no puedo ocultarte nada
—Y eso me ayuda a poder apoyarte en todo lo que pueda. Keith —tomó la mano del chico con su prótesis, haciendo que el azabache lo mirara—, sé que no es fácil para ti exteriorizar tus emociones y más a la gente que acabas de conocer. Me dijiste que Krolia te reconoció cuando se encontraron y te dijo que nunca te olvidó. Así que no te preocupes con darle un gran regalo o hacerle una fiesta, aprovecha este día para demostrarle lo mucho que la amas, a pesar de que hace poco regreso a tu vida, y qué harías cualquier cosa por recuperar ese tiempo perdido.
El chico miró fijamente al mayor. Esa era una de las cosas por las cuales quería a Shiro: ya fuera en combate o cosas triviales de la vida, el hombre siempre sabía exactamente qué decir y el hecho de tenderle la mano a quien lo necesita sin esperar nada a cambio.
«Por eso te amo, Shiro. Aunque este no sea el lugar ni el momento para hacértelo saber» pensó Keith con una sonrisa
Soltó su mano del agarre del mayor. El capital de la Atlas le tomó por sorpresa ese gesto del menor, pero se tranquilizó al sentir los brazos del azabache abrazarlo por la cintura. Shiro le correspondió el gesto abrazándolo del mismo modo.
«Eres la persona que más amo en este mundo, Keith. Así que siempre estaré a tu lado, aún si algún día encuentras la felicidad en compañía de otra persona que no sea yo» pensó Shiro
Ambos líderes no supieron cuánto tiempo estuvieron abrazados, pero ese momento se cortó cuando Cosmo se interpuso entre ellos. Shiro y Keith se rieron al ver los intentos del lobo cósmico que obviamente exigía la atención de los dos hombres.
—Gracias, Shiro —dijo Keith, acariciando a Cosmo detrás de las orejas
—De nada, Keith —contestó Shiro, acariciando el lomo del lobo
—Creo que ya sé que haré
—Entonces date prisa. Los muchachos les harán una fiesta a sus madres en la noche y sería bueno que tú y Krolia fuera
—¿Aún si no ayude en nada?
—Todos entienden la razón por la que no le tomaste importancia a este día, así que quisieron ayudarte
—¿Hasta Lance?
—Hasta Lance
Keith soltó una risita al imaginarse la cara de resignación que debió de haber puesto el moreno al terminar accediendo hacer algo por él. Ambos hombres se pusieron de pie, Cosmo se puso entre ellos haciendo que sus manos quedarán sobre su lomo. Antes de que alguno de los dos se diera cuenta, Cosmo los teletransportó del hocico del León Negro a estar a unos metros de las patas delanteras del león.
—Creo que Cosmo notó tu ánimo y quiso ayudarte a empezar
—Así parece
Salieron del muelle del León Negro y Keith empezó a buscar en la base a la única persona que podía hablarle más a fondo sobre su madre. Llegó a un punto en el que comenzó a correr por los pasillos y a no fijarse por dónde iba, tanto así que al llegar a una esquina chocó con alguien y terminó en el suelo.
—Lo siento…
—¿Keith?
El chico levantó la mirada y se alegró de ver que se topó con quien buscaba.
—¡Kolivan! —el azabache se levantó y estaba por hablar cuando vio aparecer detrás del galra a quien menos se lo esperaba—. ¡Mamá!
—Keith ¿todo está bien? —preguntó preocupada Krolia
El chico se puso de pie e hizo lo posible por no mostrarse tenso.
«¿¡Ahora cómo rayos hablo con Kolivan sin que mamá se entere!?»
—Yo, uh… necesito hablar con Kolivan, es todo
—¿Es algo sobre la Espada o algo más importante? Porque igual lo puedes hablar conmigo
—Uh… no es eso. Es algo más…
«¡Soy pésimo en esto! ¡Me va a descubrir!»
—Krolia
Los tres marmorianos voltearon al llamado y Keith tuvo que contener una sonrisa al ver quien era.
«¡Salvado! ¡Gracias, Shiro!»
—Aquí estás, te estaba buscando —dijo el hombre—. Necesito hablar contigo ¿tienes un momento?
—Sí, claro. Keith, Kolivan. Enseguida regreso —dijo la mujer y se fue con Shiro
En cuanto perdió de vista a su mamá y a Shiro, Keith suspiró aliviado llamando la atención del galra por esa reacción. El chico miró a su alrededor asegurándose de que no hubiera moros en la costa y le pidió a Kolivan hablar en privado. Ambos galras entraron a una oficina desocupada y, con la mayor vergüenza que Keith nunca creyó que podría sentir, le contó todo sobre la costumbre terrestre de celebrar a las madres ese día y le pidió que le hablara más sobre Krolia para así saber que hacerle ese día.
Cuando terminó de hablar, el azabache no se sorprendió de ver la confusión en el rostro del líder de la Espada de Marmora ante semejante petición y situación. Lo que no notó en el rostro de su superior fue la comprensión.
Kolivan ya sabía, desde antes de conocerlo, que Keith era hijo de Krolia. Ella misma se lo contó todo cuando se reportó al cuartel de la Espada después de varios años sin saber nada de ella: como terminó varada en la tierra, el descubrimiento del León Azul en ese planeta, su pareja terrícola, su hijo, la razón por la que tuvo que irse y porque no los trajo con ella a la base. Gracias a esa información pudo reconocer a Keith la primera vez que se vieron y más cuando vio que tenía el cuchillo de su segunda al mando; él mismo se lo entregó a Krolia cuando entró a las filas de la Espada de Marmora. No le había dicho nada al chico en cuanto esté entró a la base junto con Shiro porque, además de ser el único de los marmorianos que conocía su origen, era la primera vez que se veían por lo que supuso que Keith no le hubiera creído.
Keith esperaba a que Kolivan le dijera algo, pero el galra seguía en silencio y eso lo ponía nervioso.
—Eh… ¿Kolivan?
—¿Uh? Lo siento, Keith. Entonces ¿qué quieres saber sobre Krolia? Creí que ya se habían conocido lo suficiente mientras estuvieron en el Abismo Cuántico
—¿Cómo…?
—Ella me lo dijo después de que me rescataron y ambos fuimos a buscar a los que quedaban de la Espada de Marmora
—Ah, era obvio. ¿Entonces?
—Esas cosas nunca lo ha pensado Krolia. Casi toda su vida la ha dedicado a la Espada y a la guerra, por lo que eso que dices que son comunes en las madres terrestres nunca le ha mostrado interés o que llegará siquiera a pensarlo. —Keith bajó la cabeza decepcionado por la información—, pero lo único que nunca se cansa de repetir, es que lamenta haberse perdido parte de tu vida y que, si ella pudiera, regresaría en el tiempo para poder estar a tu lado y de tu padre.
Keith sonrió́. Desde niño siempre había deseado que su madre estuviera con él; había anhelado el amor de una madre e incluso le preguntó una vez a su padre si tendría una nueva mamá.
—Tu madre fue, es y será́ la única mujer a quien amo—era la respuesta que siempre le daba su padre
Tenía excelentes recuerdos de él y fotografías... Eso último hizo que el paladín rojo tuviera una idea.
—¡Ya sé hacer! —exclamó emocionado Keith y dejándose llevar por sus emociones, abrazó a Kolivan —. ¡Gracias!
El galra se quedó́ inmóvil ante la repentina acción del chico. No lo apartó, pero tampoco le correspondió́ el gesto, era la primera vez que alguien lo abrazaba. Unos segundos después, Keith se dio cuenta de lo que estaba haciendo; se sonrojó de golpe y se apartó́ de Kolivan, temiendo que este le fuera hacer o decir algo ante semejante acción.
—Yo... ¡lo siento! No sé qué me paso...
—Tranquilo, no fue nada
—Yo... creo que mejor me voy. Gracias otra vez por tu ayuda, Kolivan
—De nada, Keith
El chico salió́ rápido de la oficina sin darse cuenta de que Kolivan le había sonreído por el abrazo.
—Krolia en verdad tiene suerte de tener un hijo como tú, Keith
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Si usar la aero-moto del Cuartel le provocó nostalgia, ahora regresar a la vieja choza donde estuvo viviendo después de ser expulsado, hizo que los recuerdos se agolparan en su mente. Se quitó́ los googles y bajó del vehículo.
Observó el lugar, estaba en mal estado debido a su abandono. Keith caminó hacia la choza, acercó una mano a la puerta, teniendo cuidado ya que se podría caer debido a su mal estado, la abrió. El polvo acumulado y la tierra que se filtró por las ventanas abiertas se sintió en el aire. Keith tosió, sacó de su bolsillo un paliacate, se lo ató al rostro cubriéndose la mitad del rostro y entró a la choza.
Si no mal recordaba cómo había dejado todo en ese lugar, antes de irse con Shiro y los demás a buscar el origen de una extraña energía en el desierto (la cual resultó ser el León Azul), encontraría lo que buscaba rápidamente. Entró a lo que fue su habitación; el polvo cubría todo lo que había en el lugar. Presionó el interruptor de la luz que estaba junto a la puerta, pero está no encendió y no era para menos. Sacó del bolsillo de su pantalón una linterna y la encendió. Iluminó el lugar y vio que en el suelo había un par de escorpiones, debía tener cuidado. Sacó el cuchillo de la Espada y con este quitó a los bichos de su camino. Fue al armario y abrió la puerta. Revisó el suelo con la luz de la linterna, al ver que no había más escorpiones, se hincó frente a la caja que estaba en el suelo. La abrió con el cuchillo y revisó su contenido con la linterna, al ver que no había nada peligroso, guardó el cuchillo y con esa mano libre buscó dentro de esta.
Como supuso, no le tomó mucho tiempo encontrar lo que buscaba. Lo recargó en una de sus rodillas y lo abrió para asegurarse de que aún estuviera en buenas condiciones, sonrió al ver que así era. Cerró la caja, se puso de pie, cerró el armario y salió de la choza hacia la aero-moto. Guardó con cuidado lo que encontró dentro de un compartimiento debajo del asiento; tendría que arreglarlo un poco antes de dárselo a su madre. Subió al vehículo y regresó al cuartel galáctico.
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—Si se supone que es una sorpresa ¿por qué me lo dices? —preguntó Krolia
—Porque como es la primera vez que celebrarás una festividad terrestre, y no la conoces, es para que no te exaltes pensando que se trata de otra cosa —explicó Shiro
Ambos estaban conversando en la oficina del segundo. El ex-paladín había seguido a Keith en su búsqueda por todo el cuartel; cuando vio que estaba teniendo problemas para encontrar una excusa para hablar a solas con Kolivan, fue que decidió "ayudarle" a alejar a Krolia de ahí y pudiera conversar con el garla sin problemas. Eso también le ayudó porque tenía la intención de hablar con ella y explicarle un poco más sobre la costumbre terrestre del Día de las Madres.
—¿También me dirás que es lo que planea hacer Keith para… celebrarme ese Día de las Madres?
—No, porque no tengo idea de qué está planeando. Solo me dijo que se le ocurrió algo, pero no la compartió
—Entiendo
A pesar de tener una expresión seria, Shiro pudo darse cuenta del brillo en los ojos de Krolia. La mujer estaba feliz de saber que su hijo estaba pensando hacer algo que le demostrara que la amaba, a pesar de llevar poco tiempo de reencontrarse después de todo ese tiempo.
El capitán de la Atlas iba a decir algo, pero de repente se escuchó que alguien tocaba a la puerta. Shiro dio permiso de pasar y vio asomarse a la paladín verde.
—Hola Pidge ¿qué sucede?
—Hola Shiro, nosotros… —entonces la chica se percató de la presencia de la galra y se tensó— uh… solo… quería…
—Tranquila, Pidge —dijo Krolia con una sonrisa—. Sé lo de la fiesta y ya estoy al corriente sobre eso del Día de las Madres
—¡Oh! ¿Le contaste? ¡Shiro, arruinaste la sorpresa! ¡Y eso es algo típico de Lance!
—Lo siento, Pidge
—Olvídalo. Bueno, entonces vamos
La chica salió de la oficina, pero sin cerrar la puerta. Shiro y Krolia fueron detrás de ella, pero al salir se sorprendieron de ver que Pidge ya no estaba. En el camino se encontraron con las mamás de Pidge, Lance y Hunk; ellas les dijeron que sus hijos les pidieron que fueran a la sala de estar principal, pero no les dijeron para qué. Shiro y Krolia se sonrieron, sabiendo que estaban tramando los paladines, pero ellos tampoco dijeron nada, solo les pidieron que los siguieran.
Llegaron al lugar de la reunión. Colleen abrió la puerta y vieron que el lugar estaba a oscuras. Las mujeres entraron y Shiro detrás de ellas, una vez dentro se escucharon unos pequeños cohetes y las luces se encendieron.
—¡Feliz Día de las Madres!
Una vez pasado el susto, los adultos miraron el lugar y vieron a los paladines sonreírles y con un regalo en las manos, pero también se dieron cuenta de que no estaban solos. Las familias de los tres paladines estaban presentes. Pidge, Lance y Hunk se acercaron a sus madres, las abrazaron, felicitaron y entregaron sus regalos seguidos por los demás miembros de sus respectivas familias.
Krolia buscó entre la gente a Keith, pero no lo encontró. Shiro al ver la expresión de preocupación de la galra también buscó con la mirada al chico, pero nada.
—Keith ¿dónde estás? —se preguntó Shiro en voz alta
El chico estaba corriendo por los pasillos del cuartel galáctico. Había ido a la sala donde encontró a sus amigos haciendo los regalos para pedirles ayuda para arreglar el suyo, pero se frustró al ver que ya no estaban, así que lo hizo él mismo esperando que no le quedara mal. En cuanto terminó, salió corriendo otra vez a buscar donde sería la fiesta; había olvidado preguntarle eso a Shiro.
—Con todas estas vueltas estoy seguro de que ya conozco el cuartel —comentó Keith para sí mismo
Miró por el pasillo de su derecha al pasar, se detuvo de golpe y regresó sobre sus pasos. Vio a Shiro con su mamá y las de sus amigos entrar a la sala de estar principal y escuchó el grito de «¡Feliz Día de las Madres!». Gruñó molesto porque estaba llegando tarde y reanudó su andar. Ya iba a llegar, pero de pronto sintió que pisaba algo resbaladizo, perdió el equilibrio y patinó por el pasillo.
En la sala, todos escucharon el grito. Krolia, al ser la que estaba más cerca de la puerta, se asomó a ver qué pasaba. Justo cuando la abrió vio pasar a Keith, pero siguiéndose de largo y en seguida se escuchó un fuerte golpe. Salió de la sala y vio a su hijo contra la pared y cayendo de sentón.
—¡Keith! —exclamó preocupada la galra y fue a ayudarlo
Shiro también salió a ver si el chico estaba bien. Keith se acomodó en el suelo y se llevó una mano a la espalda, donde sintió peor el golpe.
—Keith ¿estás bien? ¿No te lastimaste?
—Tranquila, mamá. Estoy bien —contestó el chico
—Oigan ¿que no se supone que lo del resbalón era cosa de altéanos ancianos? —comentó con burla Lance desde la puerta
Pidge y Hunk le dieron un codazo cada uno para que el moreno se callara. La chica revisó el piso y vio un largo rastro de aceite y del otro lado del pasillo a Slav disculpándose, además hacer sus acostumbradas teorías de realidades alternas.
Krolia ayudó a su hijo a levantarse y Shiro recogió el regalo de Keith, asegurándose de que estuviera bien. Se lo dio al chico, quien se sonrojándose leventemente, se lo quitó a Shiro y lo ocultó tras su espalda por la pena, a lo cual el mayor sonrió enternecido por la actitud.
Todavía apenado, Keith mostró el regalo y se lo dio a su mamá. Era un paquete rectangular, del tamaño de un libro, envuelto en papel morado oscuro con un lazo azul marino, los colores de la Espada de Marmora.
—Feliz Día de las Madres, mamá —deseo Keith
Krolia sonrió. Acepto el regalo y abrazó a su hijo.
—Gracias Keith
El chico sonrió y respondió el gesto. Después de unos minutos se soltaron y entraron a la sala para comenzar la fiesta. Unos minutos después de que la fiesta empezó llegaron Allura y Coran, ambos con fotografías de sus respectivas madres. Lance les había contado sobre esa costumbre terrestre y también los invitó para que en ese día recordarán a sus mamás. Del bolsillo de su pantalón, Keith sacó una vieja fotografía de Shiro con sus padres. El capitán de la Atlas iba a preguntarle qué de dónde lo había sacado y el chico se le adelantó contestándole que había pasado a su habitación antes de ir a buscar el regalo para Krolia.
Llegó el momento de que las mamás abrieran sus regalos. Las familias se agruparon en diferentes partes de la sala. Krolia, Keith y Shiro se apartaron un poco de los demás. La galra abrió su regalo, era un viejo álbum de fotografías que en la portada decía "Familia Kogane".
—Querías saber un poco más de mi vida y de papá así que… esto fue lo mejor que se me ocurrió
—Muchas gracias Keith, de verdad
Krolia lo abrió y empezó a ver las fotografías. Shiro también se acercó y al verlo Keith se apenó. Una cosa era que el hombre lo conociera desde niño, pero otra muy diferente es que conociera cosas de cuando era más pequeño y que me daba vergüenza que supiera, porque en el álbum había fotos que consideraba sumamente vergonzosas y con las risas de ambos adultos lo comprobó.
Solo pudieron ver cinco páginas ya que la fiesta continuó, así que Krolia vería las demás fotos con Keith más tarde.
—Es un gesto muy lindo de tu parte Keith. Me gustó mucho
—Me alegra oírlo mamá
—Aunque había otra cosa que me hubiera gustado recibir
Eso sorprendió a Keith ¿no le había dicho Kolivan que no?
—¿Cómo qué?
—Que me hubieras dicho que tú y Shiro ya eran pareja o algo así.
Ambos hombres se pusieron rojos a más no poder por las palabras de la galra.
—¡Mamá! —exclamó avergonzado Keith, llamando la atención de los presentes y la risa de Krolia.
Lance iba a preguntar, pero Allura se lo impidió tapándole la boca con una mano. Pidge y Hunk se miraron y se rieron, al ver las caras de ambos líderes tuvieron una idea de que pudo haberles dicho Krolia y también lo pensaron por cómo se trataban Keith y Shiro mutuamente. Y en cuanto a los aludidos… era algo que mejor lo conversarían más tarde y en total privacidad.
Con todo lo que pasaron ese día, y después de mucho tiempo de estar en el espacio y de ser los paladines de Voltron, había sido un gran Día de las Madres.
