Buenas.
Pido mil perdones por mi tardanza, lo siento, lo siento, lo siento. No tengo ninguna excusa para mi demora…
Los personajes pertenecen a J.K. Rowling
Dos figuras negras encapuchadas caminaban por el Callejón Knockturn con elegancia y superioridad. Una iba cargada con un baúl escolar nuevo, y, seguramente, caro.
-No me puedo creer que permitas que haga esto, mamá.- dijo una voz con un notable enojo.
- Es su decisión, Draco. No soy nadie para decirle que no lo haga. Y aunque no me guste que lo haga ella, tampoco creas que me siento bien sabiendo que te vas a arriesgar como ella.- dijo una segunda voz femenina.
-Pero Rachel lleva años con esto sin que nadie sospeche nada, no entiendo porque lo hace ahora.- dijo Draco.
- Draco, confía en ella. Ella está igual o más preparada que tú para hacer eso.- dijo Narcissa.
-Pero mamá… eres su madrina, tienes que poder hacer algo para evitarlo.- dijo él cabreado.
-Draco. A mi me gusta tanto como a ti que Rachel haga esto, pero no me queda otra opción que aceptarlo, tiene una edad y es capaz de tomar decisiones por si misma, es responsable, y te aseguro que me ha nombrado todo lo positivo y lo negativo de eso, así que sabe perfectamente lo que hace. Así que lo aceptas por las buenas o llegará el momento y te quedarás inmóvil, y te aseguro que eso no le va a gustar para nada a tu padre.- dijo ella firme.
-¡Pero es su nieta! No puede jugar con ella como si fuera un peón más. Y mamá, lo acepto, pero no me puedo creer que ni tu ni su padrino no podéis hacer nada para evitar que haga eso. Tenéis cierto poder sobre sus decisiones. – continuó Draco mirando a su madre.
-Ni Severus ni yo podemos hacer nada para cambiar eso, sabes que lo haría dijésemos lo que dijésemos, su abuelo también ha evitado que haga esto, pero ya sabes como es ella, si lo quiere hacer lo hará, y no importará para nada lo que opinamos… así que mejor dejarle hacer lo que quiere. Sabes que es buena en esto, si no hay ningún factor sorpresa, con ese ataque nos coronamos. Además, el hecho de que sea su madrina no va a cambiar nada; soy tu madre, y eso no ha influido en nada en que te convirtieras en mortífago.- dijo Narcissa mirando fijamente a su hijo.
-Pero mamá…- volvió a quejarse Draco, pero su madre le interrumpió.
-Cariño, sé que te preocupas por ella, al fin y al cabo es tu prima segunda. Pero no te preocupes, Rachel es mejor incluso que algunos mortífagos adultos, va a estar bien.- dijo Narcissa mirando con cariño a su hijo.
Draco suspiró y miró a su madre. Tenía razón. Rachel era buena, era una verdadera estupidez preocuparse por ella, era capaz de protegerse por si misma. Había estado filtrando información sobre los secretos de Howgarts que Dumbeldore le decía a Potter desde que cruzó las puertas de Howgarts por primera vez; había estado informando a Lucius –que informaba a la vez al señor Oscuro- sobre las escapadas de Potter y a Weasley; informaba de los artilugios –capa y mapa merodeador- a algún mortífago y explicaba las debilidades de los miembros de la Orden. Por algo llevaba el apellido Ryddle…
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Se acabó de atar la bamba y se levantó de la cama, dispuesta a ir al baño para cepillarse el pelo. Cruzó el largo pasillo y abrió con brusquedad la última puerta. Se acercó a un mueble que había debajo de la pica, abrió el primer cajón y sacó el cepillo. Se miró al espejo y empezó a peinarse.
Dentro de apenas dos horas se convertiría otra vez en Hermione Granger. Volvería a ser la misma sabelotodo sangre-sucia y tendría que volver a aguantar a los pesados de sus amigos. Había pasado el verano en la casa que tenía su abuelo en algún lugar de los Alpes suizos con su padrino, la familia Malfoy al completo y algún que otro mortífago. Todos la habían felicitado por el trabajo que había hecho el curso pasado, en quinto. Y, dijeran lo que dijeran, a ella no le había gustado para nada lo que había hecho. Por eso, ese año, quería lucirse, sin importarle que todos la descubrieran. Quería ser útil.
Dejó el cepillo encima de la pica y se fue de la habitación. Cruzó medio pasillo y abrió una puerta.
Dio a ver una habitación pequeña, y clara. Parecía la torre de control de un estudio de televisión. Ordenadores, impresoras y fotocopiadoras. Pantallas dónde se veían diferentes personas, la mayoría mortífagos, aunque también se veían ciertos objetivos y próximas víctimas de los mortífagos. Había dos personas sentadas, frente a las pantallas con unos cascos negros. A través de ellos oían las conversaciones de la gente que llevaba walkie-talkies. Delante de ellos había unos micrófonos, para hablar a los demás mortífagos.
- Hola, Matthew. Hola, Charlenne.- dijo Hermione saludando a las personas que se encontraban a la sala.
Matthew Holmes era Matthew Granger, el padre de Hermione. Uno de los mortífagos más desconocidos, aunque eficaces. Camuflado en el mundo muggle, se había hecho pasar por el padre de Hermione Granger, algo difícil, porque su abuelo quería compartir momentos con ella, así que habían dos Hermione Granger. Dos personas completamente iguales, salvo por una pequeña mancha en la cadera. Una se llamaba Rachel Ryddle, nieta de Lord Voldemort, y la otra Stephanie Bellonde, hija del mortífago más buscado en Francia y de una eficaz abogada mágica inglesa.
Charlenne Middelton era una mortífaga veterana, a pesar de su corta edad. Tenía apenas veinticinco años, y llevaba desde los trece en eso. Era realmente bella y lista, podía aspirar a otra cosa: modelo, abogada mágica, auror o incluso profesiones muggles. Se había metido en el mundo oscuro por venganza. Hace años, cuando ella tenía apenas once años, un auror mató a su madre por error. Después de eso, se prometió a si misma que se vengaría del Ministerio, que haría pagar a la persona que le arrebató a su madre y que hizo que su vida familiar se desmoronase por completo. Su hermano mayor se suicido al oír la noticia, y su padre estaba internado en el Psiquiátrico de St. Jules.
-Hola Rachel.- dijo Charlenne sonriendo mientras con una mano apartaba un mechón de su rubio pelo de la cara.
- ¿Cómo va todo¿Están todos en su posición?- preguntó Rachel mirando las pantallas.
-Si. Cissa y Draco están llegando a la tienda de los Borgin. Por lo demás está todo correcto.- dijo Matthew señalando una pantalla.
Rachel asintió con la cabeza, mientras observaba a su madrina y a Draco caminando mientras hablaban, aunque ella no podía oír nada.
- Han habido cambios de última hora.- dijo Charlenne
-¿Qué cambios?- preguntó Rachel desconfiada. No le gustaban los cambios.
- Tu abuelo ha cambiado un poco el plan. Quiere que llevéis los pendientes walkie-talkies desde el primer día, porque, según él, se podrá informar rápidamente de las acciones de los objetivos, y será mucho más fácil llevar el cabo el plan.- dijo Charlenne mientras miraba algo en el ordenador.
-Perfecto.- ironizó Rachel.
Charlenne sonrió. Le caía verdaderamente bien Rachel.
- Toma.- dijo Charlenne. Le dio una cajita negra. Rachel iba a preguntar que era, pero Charlenne se le adelantó.- Son tus pendientes-talkies.
Rachel le dirigió una mirada de confusión que, aunque Charlenne estuviera de espaldas a ella, la pudo notar.
-Es cosa de Parkinson.- dijo ella sonriendo como modo de explicación.
-Muy propio de Pansy.- dijo Rachel divertida mientras abría la cajita.
-Original¿eh?- dijo irónicamente mirando los pendientes. Eran unos diamantes rodeados de oro blanco.
Charlenne los miró y sonrió.
-Ya ves.- dijo ella sarcástica mientras que Hermione se los ponía.
- Supongo que no querrás saber lo que piensan Cissa y Draco de que lleves a cargo el plan.- dijo Matthew mirando la pantalla en la que se veían madre e hijo.
-Déjame adivinar. ¿Es demasiado arriesgado?- le preguntó Hermione cínicamente.
Matthew sonrió y asintió con la cabeza. Rachel iba a decir algo, pero Matthew levantó la mano intentando decir que no hablara y se puso la otra mano a la oreja haciendo presión a los cascos. Las chicas se miraron y guardaron silencio.
- Si, Lucius. Vale. Si, lo he entendido. Vale. Nos vemos luego.- dijo Matthew a apenas cinco centímetros del micrófono.
Colgó la conversación, y las chicas lo miraron impacientes.
- Tendrás que llevar un arma siempre, por seguridad.- dijo Matthew mirándola.
- Pues voy a poner mis armas en la maleta y me voy a poner, no se como, mi Hardballer y…- dijo Rachel, pero Matthew le interrumpió.
-No. Dice que lleves siempre otra arma que no sea la oficial, que te la guardes para el día del plan.- dijo Matthew.
Hermione suspiró y se miró a si misma, preguntándose donde coño llevaría el arma sin que no se viera.
- ¿Draco, Blaise y Pansy lo saben?- preguntó Rachel mirando las cámaras dónde estaban ellos.
-No lo sé. Charlenne, tu tienes a Blaise y Pansy¿se los puedes decir?- preguntó Matthew mirándola.
Ella asintió con la cabeza, tocó unas teclas del ordenador y se acercó al micrófono.
- ¿Blaise¿Pansy? Tenéis que ir armados en todo momento, pero con armas auxiliares. Si, me acaban de informar. Vale.- dijo Charlenne, y cortó la conversación.
-No lo sabían.- dijo Charlenne mirando a Rachel.
- Bueno, llamad a Draco e informarle. Yo voy a hacer la maleta con las armas y los "pendientes-talkies".- dijo Rachel poniendo énfasis en la última palabra.
Charlenne sonrió negando con la cabeza mientras que Rachel abandonaba la sala.
Rachel cruzó el pasillo hasta llegar a su habitación. Al entrar, abrió un armario de madera, dónde vio ropa. Se agachó y quitó una tabla de madera. Debajo de la tabla, había un maletín de metal vacío. Dejó el maletín encima de la cama y cogió lo que había debajo de él. Pistolas y otras armas de fuego, entre ellas, su pistola más querida, su Harballer. Cogió las pistolas como si nada y las guardó en el maletín, menos una, que sería la que llevaría siempre. Esa la dejó encima de la mesita de noche. Cerró el maletín, que ya estaba equipado con las armas y las balas. Abrió su baúl escolar y quitó el uniforme. Cogió la falda y, dentro de ella, puso una funda para el arma y una tela para que se la pudiera poner en el muslo. Volvió al armario y cogió otra funda y otra tela para ponerse el arma en el tronco. Cargó el arma, se la puso en la funda y fue a cerrar el baúl, pero no antes de guardar el maletín dentro.
Se miró en el espejo y suspiró. Veía a una chica vestida con el pelo algo enmarañado atado en una cola; un tejano normal y corriente y una camiseta de mangas cortas de color verde aceituna. Encima de ella, unas gomas negras con una pistola enfundada en la goma izquierda. No podía ir así a King Cross. Volvió a mirar dentro del armario y sacó una chaqueta de chándal de color marrón oscuro. Se la puso encima y se abrochó solo hasta la mitad, lo justo para que no se viera el arma ni las gomas.
-¿Cómo estás, Rachel? –preguntó Draco por el pendiente-talkie.
- ¿Draco¿Tengo conexión contigo?- preguntó Rachel sorprendida.
-Si, de hecho tienes conexión con todos.- dijo él.
-Vaya…- dijo ella.- ¿Ya has conseguido armarte?- preguntó divertida.
-Yo sí, y me he pasado media hora pensando dónde podría llevar la pistola. Es realmente complicado.- dijo él.
- Yo ya lo tengo solucionado.- dijo Rachel dando vueltas por la habitación.
- Bueno, tengo que cortar, quedan apenas tres cuartos de hora para coger el tren, y aún tengo que ir a buscar las maletas.- dijo Draco.
-Vale, te veo luego.- dijo Rachel, y cortó.
Cogió el baúl y bajó escaleras abajo con él. Fue a la sala y se sentó al sofá, al lado de otra persona.
-Hola, Anne.- dijo Rachel cansada de cargar el baúl.
-Hola, Rachel. ¿Nos vamos ya?- preguntó Anne mirándola.
Anne Hallmton era Anne Granger, la supuesta madre de Hermione. Importante mortífaga, estaba inactiva por seguridad. Hija de una de las manos derechas de Voldemort, él no tubo ninguna duda en asignar a ella como madre de su nieta. Iba vestida con un traje de chaqueta falda rosa con una textura de flores. La falda le llegaba hasta la rodilla, lo cual era muy práctico para sacar el arma en caso de emergencia.
-Si.- dijo Rachel mientras asentía con la cabeza.- ¿Vas armada?
Anne se levantó del sofá y se subió la falda hasta el muslo, dando a ver una goma como la que había guardado Hermione en la maleta y una pistola enfundada. Rachel se levantó del sofá y se desabrochó la chaqueta rápidamente. Al ver que Anne había visto su arma, se volvió a abrochar la chaqueta. Anne se acercó a un ropero pequeño y sacó un bolso a conjunto del traje.
Anne abrió la puerta y ayudó a Rachel con el baúl. La familia "Granger" vivía en el tranquilo barrio de Notting Hill. En una casa blanca como la nieve, alejada del ruido del centro. Tenían el coche delante de la casa. Una Fiat Linea 1.3 Multijet verde oscuro. Abrió el maletero y puso el baúl dentro mientras que Rachel se sentaba delante. Cerró el maletero y entró al coche. Encendió el motor y empezó a conducir.
-¿Llevas el audiófono? – preguntó Anne si apartar la vista de la carretera.
-Si.- dijo Rachel. Miró la oreja de Anne. Llevaba unos pendientes algo largos, de oro blanco y diamantes.- Veo que tú también los llevas.
-Todos los llevamos.- dijo ella dibujando el amago de una sonrisa.
- ¿Crees que eso va a funcionar?- le preguntó Rachel.
-Claro que si.- respondió Anne sabiendo que no se refería a los pendientes-talkies.
-¿No crees que es muy arriesgado por mi parte?- le preguntó Rachel mirándola.
-Eres fuerte, y lista. No tiene para que ser arriesgado si no se presenta un factor sorpresa, y dudo que haya alguno. Llevas años con ese plan, has estudiado cada uno de los movimientos de las víctimas, sabes las debilidades de los miembros de la Orden, y con la muerte de Black, la Orden está más susceptible y al ser informados del ataque, se cegarán por la ira o se derrumbarán, sólo hay esas dos opciones, porque no conseguirán mantener la calma.- dijo Anne sin alterarse.
Rachel la miró. La admiraba. Si, a solas era fría y distante con ella, pero, en el fondo, adoraba a Rachel. Siempre decía las cosas como las pensaba, sin importarle los sentimientos de los demás, porque sabía que o encajaban las cosas como venían o nunca llegarían lejos. Y aunque de vista parecía una persona inocente, dulce y sociable, era todo lo contrario. De inocente no tenía nada, o sino que le preguntaran a las familias de los ciento tres personas que se había cargado. Lo de dulce se podría debatir, y lo de sociable… bueno, era fría y distante con todos, menos cuando hacía de madre de Hermione Granger. Siempre había sido estricta con ella, aún sabiendo que era la nieta de su señor. Nunca se dejaba cegar por el odio o por la tristeza, era implacable. Hacía un trabajo limpio. Lo daba todo por la misión, todo por conseguir el éxito, sin importarle a cuantas personas tuviera que dañar, era toda una Femme Fatale.
Detuvo el coche en la estación de tren. Quitó el baúl del maletero mientras que Rachel salía del coche. Cerró el maletero y las dos empezaron a caminar hacia dentro de la estación.
-Ya estamos en la estación.- dijo Anne por los pendientes-talkies.
-Perfecto. Ahora informo a Lucius.- dijo Charlenne por el otro lado de los pendientes-talkies.
Y cortó la conversación. Las dos vieron a la familia Weasley a lo lejos de la estación. Anne y Rachel se miraron y sonrieron. Giraron la vista hacia el otro lado del andén. Vieron a Cissa y a Draco con el baúl. Cruzaron las miradas y los cuatro se sonrieron. Volvieron la vista hacia el andén dónde estaban los Weasley, pero miraron un poco más a la izquierda. Vieron a un hombre vestido como un muggle normal y corriente que leía el periódico apoyado en la columna. Los tres se miraron, y Rachel asintió con la cabeza. Giraron la cabeza hacia en dirección a los Malfoy, pero sin mirarlos a ellos. Vieron a una adolescente vestida con una muggle que esperaba el tren. Esa chica giró la cara hacia ellas y las tres cruzaron las miradas. Rachel volvió a mirar a cada uno de los presentes rápidamente.
-Todo en orden.- dijo Rachel por los pendientes-talkies.
-Perfecto.- dijo Charlenne.
-¡Hermione!- gritó una voz delante suyo.
De repente, sintió como una ola de calor le venía al cuerpo. Ginny Weasley la estaba abrazando con efusividad.
-¡Gin!- dijo ella rodeándola con los brazos.
-Te hemos echado de menos.- dijo ella con voz dulce mientras se separaba de Hermione.
-Yo también, pero tenía que ir con mis padres a Austria.- dijo Hermione mirando a Ginny.
-Bueno, yo os dejo, chicas. Ginny, dale recuerdos a tus padres de mi parte, es que tengo una visita a las once y media.- dijo Anne antes de darse media vuelta e ir hacia la puerta de la estación.
-Vamos, Herms. Los chicos están impacientes por verte.- dijo la pelirroja arrastrando a su amiga.
Hermione se fue con Ginny bajo la atenta mirada de cuatro pares de ojos, dos grises, uno verde y otro negro.
Anne Hallmton caminaba elegantemente hacia la salida de la estación mientras agitaba su pequeño bolso beig con suavidad. Sus finos tacones de aguja sonaban como una tranquila calma entre el ruido de los trenes y los pasos nerviosos de los primeros estudiantes de Howgarts. Sonreía con arrogancia y superioridad, sabiendo lo que se avecinaba. Se detuvo un momento para abrir su bolso y sacar unas finas y elegantes gafas de sol. Se acomodó la chaqueta con suavidad y elegancia y volvió a caminar. Abrió la puerta con fuerza y caminó hacia el coche con superioridad. Al estar dentro, antes de encender el coche, miró por el retrovisor. Vio a un chico de unos treinta años, moreno de ojos oscuros, muy oscuros. Iba vestido con un tejano y una camisa verde oscura y una americana marrón. El chico se quitó las gafas de sol que llevaba y asintió con la cabeza, sabiendo que Anne lo estaba mirando. Anne sonrió con arrogancia y volvió a poner a lugar el retrovisor. Antes de encender el motor, entreabrió los labios para decir:
-Empieza la pesadilla.
¿Os ha gustado? Tengo que confesar que tenía otro principio escrito, pero no me gustó y lo borré, después escribí otro, pero tampoco me acabó de convencer y lo volví a borrar, hasta que al final me quedé con este.
Mery: ¡Hola! Bienvenida al fic. Aunque no te lo esperases, espero que te haya gustado. Besos.
Amyvamp: Buenas! Bienvenida! Siento no haber actualizado antes, pero es que me bloqueé. Espero que la espera haya valido la pena… cuídate.
kattarina: Holis! Lo sé, no tienen nada que ver. Pero las utilizan porque los medimagos no tienen conocimiento de heridas a lo estilo muggle. Espero que sea una buena razón para utilizar armas muggles. Cuídate.
Amaia: Me alegro que te guste. Y se que he tardado un poco en actualizar, pero espero que haya valido la pena. Abrazos.
Celestana: Hello! Aunque te parezca diferente, espero que te guste. Aquí tienes otro capítulo, así que juzga por ti misma. Cuídate.
SAAN: Gracias, espero que te haya gustado ese capítulo. Quizá me equivoqué al copiar la web, pero me alegra saber que has podido ver las imágenes en el google. Y bueno, el fic ¿Qué es lo más difícil del mundo? Es un oneshoot o como se llame, aunque quizá haré una continuación. Espero que hayas quedado contenta con ese cap. Besos.
Travesurarealizada: mi amor, espero que te haya gustado ese capítulo. Lo siento, se que dije que actualizaría antes, pero la ola de inspiración no llegó hasta ahora… sorry. Y lo demás ya lo hemos hablado por el msn, y sabes que te quiero muchísimo. tQ.
S. Okita: Buenas, espero que ese capítulo te haya gustado. Cuídate.
Andeli: Holas, muy pronto no le he continuado, pero he intentado escribir lo más rápido posible, pero, creo yo, que vale más esperar y tener un buen capítulo, que actualice rápido y el capítulo sea una mierda. Abrazos.
Mis agradecimientos especiales a :
Mery, Amyvamp, kattarina, amaia, Celestana, SAAN, Travesurarealizada, S. Okita, Andeli.
Att.
ECDP
