Holi :) Tal y como le dije a mi querida y sensual Row, le voy a declarar la guerra a todas aquellas personas que han hecho de FF en lugar de anarquía xDDDD No mentira :B Simplemente no me gustan ciertas parejas, que a otras personas les encantan... Como en todo, siempre hay diferencias de opinión, pero igual, me vengo a hacer presente con la segunda parte y final de este fictirijillo xD Haré presión con mi pequeño taiora *-*


Aclaraciones: Digimon y sus personajes no me pertenecen, por la chucha! D: QUE RABIA! xD Más encima mañana levantarse temprano para ir a una entretenida clase de Agricultura de Precisión con Isaac... ¬¬ Si fuese Isaac Díaz por lo menos... Sáltame papi :L xDDDDDD


No me olvides


Segunda parte

Porque sin él en su vida, ya no tenía sentido vivir la suya...


—No lo entiendo.

El doctor torció sus labios y revisó una vez más el expediente de Tai, con los resultados de los exámenes aplicados en él. Los revisó una y otra vez, no encontrando nada raro en ellos.

Sora seguía viéndolo con preocupación.

¿Era posible que Tai, con aquel golpe que recibió en la cancha, haya perdido la memoria? Y si eso era cierto, ¿por cuánto tiempo se prolongaría esa situación?

Susumu no hacía más que oprimir sus labios e intentar no llorar mientras era abrazada y consolada por su esposo, igual de nervioso que ella.

El doctor les pidió esperar afuera mientras le realizaban nuevos exámenes al moreno que le ayudaran a determinar mejor su condición actual. El tiempo se les hizo eterno, pero no tanto como cuando se encontraba inconsciente. Les hizo saber que no encontró nada anormal en él, que se encontraba bien dentro de todo, que le había hecho unas cuantas preguntas y le había respondido con total normalidad. Dicho esto, les indicó que podían pasar a verlo.

—Hola… —saludó el moreno a sus padres. Yuuko lo vio con extrañeza, Sora había dicho que no la recordaba, pensó que quizás esa habría sido la primera impresión, luego de pasar dos días prácticamente durmiendo.

—Hola hijo. —saludó él.

—¿Cómo te encuentras?

—Un poco adolorido, pero bien, mamá, gracias.

Bien… Al menos reconocía a sus padres.

Sora se mantuvo callada, observando todas las reacciones del moreno, con miedo de que aún no la recuerde a ella, sin embargo, ya no dijo nada con respecto a eso, solo hablaba de que le dolía la cabeza, gracias al golpe con el arco y luego el taco que le había propinado el jugador del Nagoya, se preocupó de saber el resultado de aquel partido, se sintió más tranquilo y feliz cuando supo que finalmente lo habían ganado por cuatro goles a dos, permitiéndole asegurar un puesto en la segunda ronda del torneo local.

—Hola… —le habló Matt en un tono pausado cuando ingresó a la habitación de su amigo.

—No me hables como un loco.

—No te estoy hablando como un loco… —respondió con el mismo tono empleado anteriormente. —La gente cuerda le habla así a la gente loca. —acotó.

—Oye, si estoy aquí es porque el mastodonte ese del Nagoya me botó, no porque esté loco.

—Mmm… No me consta. Menos mal que despertaste, el papel de bello durmiente no se te da bien. —le dijo el rubio sentándose al borde de la camilla, entre bromas, causando que Tai riera.

Mimi al fin, luego de todo ese ajetreo que había sufrido, logró convencer a Sora de comer algo, dormir un poco y reponerse, después de todo, ya no tenía la excusa de que tenía que velar los sueños de Tai, él ya había despertado y se encontraba bien.

Así lo hizo. Se fue a su departamento, comió algo ligero, se duchó, y luego de un par de horas de sueño reponedor estaba lista para volver al hospital para cuidar de su novio.

Tocó la puerta de la habitación donde el moreno se encontraba.

—Adelante. —escuchó del otro lado. Era Matt, había permanecido todo el tiempo con su amigo. Los padres del moreno se habían marchado, no sin antes asegurar que volverían dentro de un rato, tan solo se encontraban ahora en la habitación el rubio y su novia.

Entró a la habitación y le otorgó una suave sonrisa a Tai, quien solo la miró sin expresión alguna.

—Hola amiga. —saludó alegre, como siempre, Mimi. —¿Ya estás mejor?

—Sí, tenías razón, gracias. —le sonrió.

—Oye, debo reconocer que tienes la cabeza bien dura, me imagino que los tubos del arco no deben ser muy débiles que digamos, ¡y tú los has superado! Ahora habrá que arreglar el arco porque lo más probable es que lo hayas abollado. —bromeó Matt, sonrió cuando Tai comenzó a hacer muecas. —Ya, en serio… Me alegra que estés bien.

—Iré por un café —anunció la castaña. —¿Me acompañas, Sora?

Luego de que ella asintiera, ambas salieron de la habitación, dejándolos a los dos chicos solos.

—Oye Matt… ¿puedo preguntarte algo?

—Ya lo estás haciendo, pero sí, ¿qué pasa?

—Esa pelirroja… ¿quién es?

Matt lo miró serio y luego comenzó a reír a carcajadas. —Sí Tai, muy buena esa… Ya me estaba asustando, en serio, lesionado y todo, con unas cuantas neuronas menos por el golpe, aún no pierdes el sentido del humor.

—¿Es amiga tuya?

—Si no fuera por ti, no sería amiga mía, pero sí. —dijo él, siguiéndole el juego a su amigo.

—¿Y qué hace aquí?, ¿La trajiste tú?

—Tai, esto ya no es gracioso…

Volteó hacia la puerta cuando ésta provocó un ruido al ser abierta, por ella entró un chico pelirrojo y uno moreno. Matt caminó hacia ellos rápidamente, posó su brazo alrededor de Izzy y lo indicó.

—Él… ¿sabes quién es?

—Matt, te dije que no estoy loco.

—Sólo dime, ¿cuál es su nombre?

—Izzy.

—¿Y el de él? —le preguntó ahora indicándole a Davis.

—Davis. —respondió él siguiendo la ridícula petición de su amigo.

—¿Qué pasa, se encuentra bien Tai?

—No recuerda a Sora. —explicó Matt al moreno.

Davis negó incrédulo. —No, eso es imposible. Tai la ama.

—No la recuerda.

—¿A quién no recuerdo?

—A Sora. —alzó la voz el rubio.

—¿Quién es Sora?

—Es tu novia, imbécil.

Tai rió con arrogancia y diversión. Matt últimamente salía con cada ridiculez.

—¿Sabes? Y te lo digo honestamente, si tuviese una novia, sería mucho más linda que ella… Es decir, conozco a muchas chicas, hermosas, que harían lo que fuera para estar conmigo.

—Bueno, ¿y qué te detiene entonces? —preguntó él, ya al borde del enojo, siguiéndole la corriente. Si quería hacer como si nada, bueno, cosa de él.

—Nada, soy un hombre libre, sin ataduras, si quiero algo con una chica, ya está. Hago lo que quiero. Soy todo un galanazo. —aseguró él, arrogante.

Todo un galanazo… Galanazo las bolas.

—No vengas con huevadas, ¿quieres? Sora es tu novia.

—Mira Matt… Si fuera cierto lo que dices, ¿no crees que si ella fuese "realmente" —hizo el gesto técnico de las comillas con sus dedos. —mi novia, la recordaría?

—¡Pero no lo haces!

Tanto Izzy como Davis observaban algo apartados la discusión que mantenían sus amigos.

Sabían de antemano que el rubio tenía toda la razón del mundo… Y que Tai, con su estúpida "amnesia selectiva", que lo hacía hablar mierda y más mierda, no hacía más que rebatirle lo indefendible.

El pelirrojo suspiró con frustración. Quería meterse, apoyar a su amigo con sus reclamos e intentar hacer que Tai entre en razón, pero también sabía lo obstinado que era el moreno, con o sin amnesia lo era, solo que sin ella, era un tonto obstinado que amaba por sobre todo a su novia, en cambio ahora, no hacía más que negarla y proclamarle al mundo su libertad y posición de macho alfa y hombre recio, que podía tener a cualquier mujer que se propusiese.

Idiota.

Optó por mantenerse al margen.


—No tengo mucho conocimiento de casos así, pero por los antecedentes que pudimos recopilar, su pérdida de memoria se deba al fuerte golpe que recibió en la cabeza.

—Pero doctor, —interrumpió Yuuko. —¿Es posible que haya olvidado solo a una persona?

Era más que obvio que se refería a ella.

—Bueno, por lo que nos hizo saber la señorita, el joven reaccionó en la ambulancia y la vio, como le repito, no se sabe mucho del asunto, pero posiblemente, al ser la última persona que vio antes de perder la conciencia, su mente la haya borrado de sus recuerdos. Le realizaremos nuevos estudios neurológicos para asegurarnos de que no hayan secuelas por el golpe, sin embargo, me atrevería a decir que su estado es pasajero… —dijo el doctor, para tranquilidad de los padres y más para la pelirroja. —Debería recuperar la memoria en unos días, o tal vez mucho antes.

Esperaba de todo corazón que el doctor tuviese razón… Aunque ella misma sabía que a veces la amnesia en las personas podía durar semanas, meses, incluso años.

Suspiró. —Doctor… ¿Puedo verlo?

El especialista asintió, indicándole que no había ningún problema y que el paciente podía recibir visitas a gusto.

Susumu y Yuuko dejaron que fuera sola, después de todo, era la novia de su hijo, la persona con quien vivía y amaba por sobre todas las cosas, aunque él no lo recordara, pero era así. Sora necesitaba estar con Tai, sin duda había resultado ser la persona más afectada con la situación, porque ella fue quien vio

Se detuvo frente a la puerta que separaba al pasillo de su habitación. Suspiró profundo, dándose ánimos a sí misma para entrar con su mejor y más creíble sonrisa.

Muy lento, y casi con miedo, abrió y asomó su cabeza al cuarto. —Hola… —saludó. No obtuvo respuesta alguna. Entró completamente a la habitación y se detuvo cerca de la camilla. —¿Cómo te sientes?

—¿En serio te importa?

Un nudo se formó en la garganta de la pelirroja.

Las ganas de llorar descontroladamente invadieron todo su cuerpo, pero se controlaría. Él no tenía porqué saber lo mal que le hacía sentir con sus duras y vacías palabras.

Instantes después entró una enfermera con un carro, portando una bandeja con el almuerzo del muchacho. Sora lo acercó hacia él, dispuesta a hacerse la loca ante el mal genio del moreno.

Tai, con algunos conflictos, logró incorporarse para ingerir la poco apetitosa comida del hospital. Vio como Sora se sentaba en su camilla, posiblemente dispuesta a darle la comida en la boca… Simplemente prefirió ignorarla, haciendo un esfuerzo sobrehumano al ver que no lo dejaría comer tranquilo, ni solo.

—Odio la comida de los hospitales…

Y ya está.

Con ese simple comentario, que había sido más que para él que para ella, había conseguido que Sora llegara una hora más tarde con un sándwich y una soda para él.

—Mira lo que te traje. —le mostró con orgullo los alimentos. —Sé que el sándwich de jamón y queso es tu favorito. —sonrió. Sacó el pan de su envase y se lo extendió.

Tai mantuvo su expresión seria, mucho más que antes… Ya había pasado de la seriedad al enojo.

—¿Qué demonios crees que haces? —preguntó incorporándose, con algo de dolor y molestia.

—Ten cuidado.

—No, respóndeme. ¿Qué haces?

—Bueno, no te gusta la comida del hospital, y con justa razón, es sumamente desabrida, así que te traje un sándwich y una Coca-Cola, lo cual no es mucho, pero sé que te gusta y…

—No.

—¿No? Bueno, si quieres iré a comprarte otra cosa, ¿qué te gustaría? Tal vez unas galletas o…

—¡No! ¿Qué no entiendes? No sé qué mierda haces aquí, no tengo ni la más mínima idea de quien eres, no te conozco, no sé por qué insistes en venir, nosotros no somos amigos ni nada, no tienes porqué estar aquí acompañándome todo el tiempo, pero lo haces de todos modos. ¡Estoy harto! No te quiero ver más. Odio que estés todo el tiempo aquí, como si me conocieras, y no es así, no sé qué pretendes… No te quiero ver más aquí, vete de una puta vez y no vuelvas. —le gritó con frustración. —¡Te odio!


—¡No lo dijo!

—Lo dijo

—¡MALDITO HIJO DE…! No… Su dulce madre no tiene la culpa. —dijo controlándose la castaña. Observó a su amiga que se mantenía cabizbaja. Suspiró para luego abrazarla. —Amiga… Él no sabía lo que decía.

—Sí lo sabía… Si lo dijo es porque lo siente. —aseguró Sora.

—Sí, pero tú sabes como es Tai, no piensa lo que dice.

—Pero lo siente. —recalcó. —Si dijo que me odia es porque de verdad lo siente.

Y de solo pensarlo, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Apoyó sus brazos sobre sus rodillas y escondió su cabeza en ellos. Mimi no hacía más que mirarla, sin saber ya más que decir, la rodeó con su brazo derecho y acariciaba su cobrizo cabello con su mano libre, ese era su modo de tranquilizar en parte a su mejor amiga.

No supo cómo lo había hecho, pero había actuado como si las fuertes palabras de Tai no le afectaran en lo más mínimo. Simplemente le dejó el sándwich y la soda sobre la mesa móvil, y se retiró de la habitación, haciéndole caso. Una vez que cerró la puerta luego de salir, apoyó su espalda sobre la madera y comenzó a llorar sin control. Había escuchado de sus labios algo que nunca creyó que diría… La odiaba… Producto de su pérdida de memoria, o no, pero le había dicho que la odiaba, no solo lo había dicho, también lo había expresado en su mirada y en sus gestos…

La odiaba…

La castaña alzó la vista al escuchar el ruido que hacía la ventana corrediza, vio a su novio salir afuera y detenerse frente a ellas.

—Sora. —llamó él, haciendo que la aludida se limpiara rápidamente las lágrimas y lo viera. Matt se mantuvo frente a ellas, extendiéndole una cajetilla de cigarros.

—Sora, ¿qué haces? —preguntó alterada al ver que su amiga los recibía y la abría para sacar un cigarrillo y el encendedor de su interior.

—Mimi, no alegues. Cuando uno está triste, un cigarrillo ayuda a pensar y a tranquilizarte. —explicó Matt, sintiéndose como la persona más sabia del mundo. —El alcohol también. —agregó sentándose en el suelo, imitando a las chicas y dejando un sixpack de cervezas en el espacio entre los tres. —¿Quieres hablar de esto o prefieres que fumemos y bebamos en silencio? —preguntó comprensivo él mientras sacaba una lata y la abría para beber su contenido.

Sora exhaló, viendo como el rubio era ahora quien sacaba un cigarrillo y lo encendía. Mimi, para no ser menos, repitió las acciones de su amiga y su novio, no era que ella no fumara, de hecho, lo hacía de vez en cuando con su novio, una vez a las tantas. Luego, cuando cada quien tenía ambos vicios, la pelirroja se dispuso a romper el silencio.

—Tai me pidió que me casara con él…

Comentó ella, causando que la castaña casi se atorara con la cerveza.

—Fue el día del partido… Antes de irse. —explicó.

Él por su parte, sabiendo algo tan importante como eso, no entendía como podía ser posible que Tai, aún así, se diera el lujo de decir que la odiara. Sabía que él decía cosas sin pensar, lo conocía desde que eran niños, cuando era más tonto aún, sabía que él era muy claro con respecto a lo que sentía, pero sinceramente, dudaba que sintiera lo que le había dicho a la pelirroja. No podía ser.

¿Cuántas veces había acudido a él cuando se trataba de Sora?

Ella me gusta.

No seas ridículo, haz hablado solo una vez con ella.

Tai volteó hacia él, con una mirada de bobo enamorado. Alzó sus hombros sin saber qué más decir, o que otra explicación darle, cuando la realidad era que no había ninguna.

Tai, de lo único que hablaron fue de fútbol.

Lo sé. Tenemos tanto en común… —concluyó él.

Ay, sí, sin almas gemelas. —ironizó Matt. —Tai, cualquier otra chica te puede hablar de fútbol.

¡No! No conozco a ninguna que sepa realmente de fútbol. —encaró. —¿Acaso no la escuchaste cuando le dijo al idiota de Satochi que su equipo solo había ganado por el penal que inventó? Eso es cierto, porque en realidad el jugador se tiró solo, además, luego cuando ejecutó el penal, el arquero lo sacó de la línea, y el juez de línea lo cobró de todos modos, pese a que nunca ingresó al arco.

OK, no me interesa. —la verdad a él le aburría de sobre manera cuando Tai empezaba con sus tonteritas sobre el fútbol. No quería aburrirse, más. Ya bastante tenía con los problemas amorosos que el moreno creía tener con una chica que apenas conocía. Y que, cabía destacar, no tenían nada en común, salvo su interés por aquel deporte.

Tai suspiró, aún manteniendo su ridícula sonrisa. —Me enamoré.

Muchas…

Encaró al moreno con una ceja en alto.

Si estaba ahí, era única y exclusivamente para hablar de Sora.

Suspiró. —Pasa. —indicó haciéndose a un lado. Cerró la puerta luego de que su amigo entrara a la estancia y se sentó junto a él. —¿Qué cagada te mandaste?

¿Por qué asumes que fui yo?

No lo sé. Tampoco sabía si realmente habías hecho algo malo o no, pero te delataste solo, así que habla.

Tai suspiró y luego comenzó a relatarle su drama a su amigo.

Sintió que el moreno habló como por dos horas sin parar, tal vez era una exageración de su parte, pero él lo sentía así. Finalmente, luego de todo lo que le pudo decir Tai, sacó un par de conclusiones…

Eres un tonto. —Tai bajó la cabeza ante esa aclaración. —Y si quieres demostrarle a Sora que realmente lo sientes, haz algo único… Algo que nadie haya hecho por ella jamás. Demuéstrale cuan importante es para ti.

¿Y cómo?

Ah, no sé, ahí ve tú. No tengo porqué solucionarte la vida siempre, pon algo de tu parte también. Piensa un poco para variar…

—No lo creo…

—¿Estás insinuando que Sora es una mentirosa?

—No, claro que no. —respondió él al ataque de su novia. —Si no fuera Sora la que lo dice, no lo creería. Es que… Es Tai de quien estamos hablando, el que está baboso por ti.

—No, ahora es Tai… el que me odia. —habló ella con la voz quebradiza.

En cualquier momento el llanto volvería, y él, más que nadie, odiaba ver a las mujeres llorar, por mucha costumbre que tuviera de ello, pues su emotiva novia lloraba prácticamente día por medio, pero aún así… No le gustaba.

—No te puede odiar, Sora… Lo sé.

—Matt, él mismo lo dijo. —refutó la pelirroja.

Él negó una vez más, su frustración crecía conforme a las negativas de Sora se hacían más constantes, y pese a que tenía motivos para pensar así, él no lo podía permitir. —Aunque sea a golpes haré que ese huevón recapacite. Le sacaré la cresta si es necesario, pero ese imbécil te recordará y te pedirá disculpas por todo el daño que te está haciendo.

Y realmente lo creía capaz de hacerlo. Aunque consideraba que no sería necesario… Ni a golpes, Matt lograría que Tai recuperara la memoria… Que la recordara…


Habían pasado unos días desde que había salido de hospital.

Por precaución, sus padres consideraron que lo mejor sería que se quedara en su casa por unos días, así, si le pasaba algo producto del golpe que había recibido, si se presentaba cualquier malestar, ellos estarían cerca para afrontar la emergencia.

—Hijo… —habló su padre. —Ya han pasado dos semanas desde que saliste del hospital, ¿no crees que es tiempo de irte a tu departamento?

—Se nota que me quieres, papá, me quieres tanto que estás echándome. ¿Y si me pasa algo? Pesará en tu conciencia.

—No es eso, es que no puedes dejar a Sora sola.

—¿Qué Sora?

—Tu novia. —respondió Susumu como si fuese más que obvio. Taichi suspiró con cansancio.

Ya estaba harto de lo mismo.

¿Por qué todo el mundo insistía con lo mismo? Él NO tenía NOVIA.

¡Hasta cuándo con lo mismo!

—… ¿Quieres ser mi esposa?

¿Qué?

Eso… ¿Me concederías el honor de convertirte en la futura esposa del gran y talentoso Taichi Yagami que está profundamente enamorado de ti, que no puede vivir sin ti y que no se imagina una vida sin ti?

Cerró sus ojos con fuerza y llevó su mano izquierda a su frente, cubriendo sus ojos también.

La cabeza le dolía, y mucho.

Él le había pedido matrimonio… La pregunta ahora era ¿A quién?

¿Quién podía ser tan importante para él como para haber hecho una declaración tan cursi y romántica, para querer pasar toda una vida juntos, para decirle que estaba profundamente enamorado de ella?

¿Quién?

—Tai, ¿estás bien? —preguntó ella llena de preocupación al ver como el moreno se afirmaba la cabeza, quejándose de un fuerte dolor.

¿Por qué mierda esa tal Sora, según todo el mundo, tenía que ser importante para él?

—Hijo, estás temblando. ¡Yuuko, llama a una ambulancia!

—No mamá, estoy bien. No te preocupes.

—Pero…

—Tranquila mamá… En serio, estoy bien.

Dijo él, intentando ya no alarmar más a su madre, ya que, conociéndola, era capaz de ir ella misma, con él a rastras, para llevarlo al médico y que se sintiera mejor. Hacía lo que fuera por sus bebés, como ella los llamada a él y a Kari.

Por lo mismo, y para no ocasionarle más problemas a ella y a su papá, decidió hacerle caso a este último y volver a su departamento, aunque no con su novia, pues él no tenía una, pese a ser altamente irresistible para todas las mujeres, no tenía novia, no quería amarrarse en una sola relación, cuando podía estar con cualquier chica guapa. Atarse a una sola mujer no era lo suyo, y menos con alguien como aquella insoportable de la que todos sus cercanos le hablaban. ¿Por qué ella?

¿Por qué cada vez que la mencionaban, le dolía la cabeza y se le venían visiones extrañas a la mente?

No la había visto desde que lo habían dado de alta, y la verdad, le alegraba mucho… En verdad…

No entendía nada.


Como ya no estaba en el hospital, ni de vago en la casa de sus padres, tenía que ponerse al día con su rutina diaria, porque quizás estaría fuera de las canchas por unas cuantas fechas más, pero eso no quería decir que no haría nada todo el día, eso ya no iba con él.

Se levantaba a las 6:00, se ponía ropa cómoda e iba a trotar a un parque cercano por media hora, a veces una, dependiendo de sus ganas y su ánimo, luego volvía al departamento, se duchaba, desayunaba y se alistaba para ir a los entrenamientos. Ahora haría todo eso, pero sin entrenamientos al final. Usaría aquel tiempo libre para hacer algunas cosas distintas… Podría salir, ir a bares, fiestas… Cosas que hace mucho había dejado de hacer por su trabajo.

Se estiró, aún acostado en su cama, dándose ánimos a sí mismo para levantarse y comenzar con sus acciones matutinas. Estiró las tapas hacia un costado para liberarse por sin de ella, al hacerlo escuchó un sonido extraño, como de un papel, sentado en la cama, miró hacia el suelo y lo vio, una pequeña nota doblada a la mitad.

Curioso, como él solo, la tomó y la abrió.

"Sube a la azotea cuando despiertes… Te estaré esperando."


Vio la hora en su celular. Suspiró al ver que ya se acercaba el momento clave.

Así que prácticamente, te trató de lesbiana. —Sora asintió. —Que imbécil. —concluyó la castaña. Ambas le dieron un nuevo sorbo a sus licores.

La pelirroja había aprovechado que sus padres no estarían en casa durante todo el fin de semana pasa hacer una de las fiestas del siglo.

Se encontraban ella y su mejor amiga Mimi, y en su intento de buscar un lugar un poco apartado de todo el bullicio que tenían sus compañeros en la sala, en la cocina, en el balcón y posiblemente en las habitaciones también, se habían ido a hablar al pasillo, mientras disfrutaban de sus mezclas de Ron y Coca-Cola, además de sus cigarrillos.

Supongo que después de eso no le hablaste más, ¿o sí?

No… ¿Estás loca? Después de eso… No entiendo cómo me puede gustar alguien tan… tan… idiota como él.

La castaña torció sus labios, compadeciendo a su amiga en cierta medida.

¡Sora!

Sora guió su mirada hacia donde provenía el grito, Mimi abrió sus ojos como platos, ella sabía perfectamente quien era, y también era evidente el estado en el que estaba… EBRIO.

¡Sora Takenouchi, ven inmediatamente! —ordenó entre gritos nuevamente él.

Acudió al grito que provenía de la cocina, cuando atravesó el arco lo vio, parado sobre el mesón situado en medio de la cocina gritando como si no hubiese un mañana.

Bájate. —dijo firme pero con simpleza. Prefirió eso a tener que darle un sermón, habían quedado en que no le volvería a dirigir la palabra, ¿ahora también faltaba a sus promesas?

No, no me voy a bajar de aquí hasta que me escuches.

No te quiero escuchar, ni ver, ni mucho menos estar en el mismo lugar que tú. No sé qué haces aquí, yo no te invité, y te lo pido por favor, vete.

¡No!

Sora se cruzó de brazos y miró de reojo hacia su derecha, si en la cocina antes había un número moderado de personas, ahora, y únicamente gracias a los gritos del moreno, se había llenado de curiosos o, más bien, morbosos, que deseaban escuchar lo que él tenía que decirle a la pelirroja.

Sora —empezó él. —, soy un tonto… todo el mundo lo sabe. —La primera en asentir fue ella, sin embargo, de igual forma escuchó su discurso… Luego lo echaría. —No pienso las cosas antes de decirlas, y la mayoría de las veces no me doy cuenta si hiero a la gente, pero cuando lo hago, no es con intensión, créeme.

Unos cuantos tipos se reían y burlaban de lo ridículo que había resultado ser Taichi Yagami, el mamón y cursi capitán del equipo de fútbol de la preparatoria. En cambio, las chicas lo miraban con añoranza de encontrar algún día algún hombre que les dedicara las mismas palabras que él ahora le dedicaba a Sora.

Tú me gustas, Sora… De verdad me gustas, y… siento haber sido tan tonto como para perderte por no poder pensar las cosas antes de decirlas, o simplemente cerrar la boca, así me evitaría muchos problemas, pero no puedo… es parte de mi, y lo siento, en serio… —notó como la mirada de Sora se había ablandado, ya no era la mirada de asesina en serie que tenía cuando comenzó a gritar, ahora hasta le parecía enternecida. Le extendió su mano. —Sube.

¿Qué?

Sube aquí conmigo… Parezco un tonto aquí solo, sube conmigo y dime que me quieres.

Estás loco…

Lo sé. —afirmó.

Sintió todas las miradas sobre ella, eso la ponía incómoda.

Tai seguía con su mano estirada hacia ella, esperando ser tomada. La mirada de la pelirroja se alternaba entre los ojos del moreno y su mano, pero no hacía nada, ni siquiera algún ademán de tomarla o irse indignada, no sabía qué mierda pasaba por la mente de Sora en ese momento. Tragó saliva nervioso, viendo como su plan de hacerse el romántico y hacer algo único por ella había fracasado rotundamente. Justo en ese momento, sintió una suave y delicada mano aferrándose a la de él, Sora, con su ayuda, se subió a una silla y luego al mesón, frente a él. Le sonrió nerviosa.

No puedo creer que esté haciendo esto…

Tai le devolvió la sonrisa y tomó sus manos, entrelazando sus dedos con los de ella. —¿Y bien? —Sora le sonrió, sin dejar de mirarlo ni un instante.

Te quiero…

No despegó su vista de ella ni un segundo, cuando le dijo aquellas palabras que él tanto ansiaba, le sonrió. Tomó su rostro entre sus manos, acarició sus mejillas con ambos pulgares, y bajó su cabeza hasta encontrar los suaves labios de la pelirroja.

Aún tenía tiempo para un último cigarrillo.


La verdad era que él no era de los que les hacían caso a las notas anónimas que decían que subiera a la azotea cuando despertase, mucho menos cuando no sabía quien lo podría estar esperando tan temprano arriba.

Sentía curiosidad, su mente le decía que simplemente lo ignorara, pero su corazón le indicaba y le insistía en que podía ser importante. Y él, como siempre, hizo caso a su corazón.

Llegó hasta lo más alto que podía en el ascensor, al piso Nº 17, luego caminó hacia la puerta que lo llevaba a las escaleras, subió un piso más, abrió aquella puerta y entrecerró sus ojos ante el golpe de los primeros rayos del sol. Caminó hacia la izquierda, por instinto más que anda, hacia donde se encontraba la piscina además de unas cuantas bancas y plantas que adornaban el lugar, aquel que siempre le había gustado, desde que llegó a vivir ahí.

Llevó su mano derecha hasta su rostro para evitar encandilarse con el sol de la mañana, fue entonces cuando su atención fue llamada por una silueta sobre el barandal.

Se acercó más, casi corriendo, y ahora la silueta tenía nombre y rostro, reconocibles para él.

—¿Qué haces ahí? Bájate. —ordeno.

—No… No me bajaré hasta que me escuches.

No supo por qué, pero aquellas palabras le habían resultado extrañamente familiares.

—Si me quieres decir algo, lo puedes hacer perfectamente desde aquí.

—Entonces no tendría gracia… —le respondió ella con una irónica sonrisa. —Tai… No puedo con todo esto…

Torció el ceño y endureció su mirada. En primer lugar no sabía porqué, precisamente ella, le había pedido que se encontraran en aquel lugar siendo que no tenía nada que hablar con la pelirroja, viéndolo así, podía irse perfectamente, ignorarla como había intentado aquellos días, pero no le era indiferente, le habría gritado que la detestaba, que lo hartaba, que la odiaba… Pero aún así, provocaba intensos sentimientos en él. Suspiró. —Bájate. —le pidió nuevamente. Sora se negó.

—Yo no… no puedo seguir así, si no me dejas ser parte de tu vida, entonces ya no tiene sentido vivir la mía… —hablaba Sora, con lágrimas en sus ojos. Quizás bastaban solo unas palabras de Tai y ella no pensaría dos veces en tirarse de lo alto, y él no sabía por qué, pero la creía capaz de eso. —Di que no me quieres y desapareceré para siempre de tu vida.

—Te puede pasar algo, por favor, bájate de ahí.

—Te preocupas por mi…

—No, yo no he dicho eso.

—No, pero el que pienses que me pueda pasar algo significa que te preocupaste, o sea que todavía sientes algo por mi…

—Yo no…

—Aún me quieres…

—No dije eso.

Suspiró una vez más y negó con la cabeza. Esa mujer no entendería nunca que no quería saber más nada de ella.

—Bueno, entonces sé claro y dime que ya no me quieres. —dijo Sora con firmeza.

De vez en cuando, le temblaban las piernas, por miedo, por nerviosismo, por intentar hacer equilibrio en el barandal.

—Bájate. —le ordenó una vez más el moreno al ver como otra vez temblaban sus piernas.

—Dilo y no me verás más.

—Bájate.

—Sólo dilo.

Inhaló, llenando sus pulmones de aquel aire limpio que podía respirar desde tan alto y lo botó con lentitud. Apoyó ambas manos, una a cada lado de su cadera.

Se sentía como el rey del mundo… Viendo la ciudad desde el punto más alto que el departamento le otorgaba, el barandal de la azotea. Miró hacia su costado derecho, viendo como Sora, en puntillas, a penas lograba ver una pequeña parte de la vista tan privilegiada que él tenía.

¿Por qué no subes conmigo?

¡¿Estás loco!? Me da vértigo de sólo pensarlo. Aquí estoy bien.

Vamos… —pidió él, extendiéndole la mano. —Yo te protejo, no te pasará nada… Y si te caes, bueno… yo me caeré contigo, porque sin ti entonces mi vida ya no tendría sentido.

Fue recién entonces cuando Sora le sonrió, conmovida… Se acercó y tomó la mano del moreno, alzó una pierna para subir a la banca y luego la otra para subirse al barandal con el amor de su vida.

No mires hacia abajo —le dijo él, sabiendo que, por inercia, ella lo haría. —, sólo mírame a mi…

Sora respiró nerviosa.

Abrazándola por la cintura podía sentir como su cuerpo temblaba de nervios. Él le sonrió una vez más para darle tranquilidad y seguridad, sonrisa que le fue devuelta, de manera media torcida y dudosa, pero devuelta al fin y al cabo.

Bienvenida a una vida juntos, Sora…

La sonrisa de la joven ya no era torcida, ahora era completa, plena. Pegó su frente con la de ella, mirando con anhelo sus ojos. Anhelo que apenas comenzaba… Su deseo era permanecer con ella para toda la vida, porque lo sabía… Su destino era Sora.

Te amo… ¿Escuchaste? —le susurró. Se separó de ella y alzó su rostro para gritarle a los cuatro vientos. —¡TE AMOOOOOOOOOOO! —gritó Tai, provocando la risa de la pelirroja. Volvió a mirarla a los ojos —Te amo… Sora Takenouchi. —susurró nuevamente.

Tai miró hacia abajo, suspiró y volvió su vista hasta encontrarse con los ojos ámbares de la pelirroja. —No te quiero…

Sora titubeaba, sin saber qué decir o qué hacer…

Nunca creyó que escucharía aquellas palabras tan duras de los labios de Tai. Siendo así, ya no tenía nada más que hacer. Miró hacia el cielo mientras intentaba ahogar un sollozo e impedir que las lágrimas brotaras descontroladas. Oprimió sus labios y vio hacia abajo por un costado.

No tenía nada porque luchar.

—Sino mucho más que eso…

Volteó hacia él y luego llevó su vista hacia su mano, que ahora era tomada por la de él. Lo vio subir junto a ella y volver a verla de manera especial, como añoraba hace días que lo hiciera.

—Te amo Sora. —le dijo tomando su rostro entre sus manos. —Si vas a saltar, entonces yo saltaré contigo… porque sin ti mi vida ya no tendría sentido, ¿recuerdas?

De pronto, ya los intentos por evitar el llanto fueron inútiles. Tai abrazó el frágil cuerpo de su Sora y lo aferró a él mientras ella se desahogaba. Arrugaba cada vez con más fuerza la camiseta que llevaba el moreno, mientras él la estrechaba, al mismo tiempo que acariciaba su cabello.

Permanecieron así varios minutos, él abrazándola, y ella llorando entre sus brazos.

—¿No tienes miedo? —preguntó en un susurro él cuando sus sollozos cesaron en gran medida.

—Mucho… —le respondió ella en medio de las lágrimas. —Pero por ti, soy capaz de hacer cualquier cosa. —Tai sonrió.

Primero bajó él, sin soltarla en ningún momento, para poder ayudarla a bajar luego, y, sintiéndose ella más segura que parada sobre el barandal, la tomó entre sus brazos y la besó con toda la pasión y el amor que sentía por ella, y que habían estado escondidos en su subconsciente, dormido todo ese tiempo.

Al separarse, se quedó viéndola, registrando cada una de sus finas facciones en su mente.

Había vivido muchos momentos hermosos con ella, la había olvidado, y ahora que la había recordado nuevamente, quería registrar nuevos recuerdos de ella en su mente, quería grabar cada momento con ella en su memoria, para no olvidarlos nunca más.

No se lo permitiría nuevamente.

—Tai… —llamó ella, sacándolo de sus más profundos pensamientos. El moreno alzó sus cejas, indicándole que tenía toda su atención. —No me olvides… Por favor, no otra vez. —pidió ella. —No lo soportaría una vez más.

Él sonrió con compasión. Sabía lo que estuvo apunto de hacer, si no la hubiese recordado en ese preciso momento, quien sabe qué cosa hubiese sido capaz de hacer la pelirroja… Y sólo por él.

—No lo haré… Nunca más. —aseguró. —Te lo prometo.

—Te amo, Tai.

Sonrió de lado. —Yo te amo más. —contestó.

Ella negó con suavidad, acariciando el contorno de su rostro con su mano derecha. —No creo que eso sea posible.

Volvió a sonreírle una vez más y completamente. Escuchar de sus labios lo mismo que él le decía siempre era gracioso e irónico.

Ya no estaba seguro de poder rebatirle aquella afirmación.

Él mismo le había gritado una vez mientras estaba hospitalizado que la odiaba. ¿Cómo mierda pudo haberlo hecho?

Sabía que ahora no podía discutirle sobre quien amaba más a quien, tenía que ser ella, pues lo amaba tanto que incluso lo había perdonado por haber dicho semejante barbaridad, pero sí sabía que él, aunque se lo hubiese dicho, viéndola a los ojos y gritándolo, no podía odiarla.

Sí, odiaba el hecho de tenerla frente a él y no poder recordar quien era, saber que era una persona importante en su vida y no saber la razón. Odió no poder recordarla, que su mente no le diera un indicio de su importancia para él. Pero no a ella.

¿Cómo poder odiar a la persona que más amaba en el universo?

Si de algo estaba seguro, era que no permitiría que se alejara de su vida…

Nunca más volvería a olvidarla…

Nunca más.


Bueno, y esto ha sido el final xD

A todo esto, tengo que agradecerle a la Jell, aunque ella no lo sepa, pero me ayudó a terminar el fic xD Es que la Vale me rayó con una canción, Stop Crying Your Heart Out de Oasis, como que le viene perfecto a la parte cuando están en la azotea Tai y Sora :3 O al menos a mi me calza perfect ;D xDDD No sé a ustedes :B En fin... Así que gracias Vale :D

No es mío si no es un taiora con final feliz :D

Saluditos y agradecimientos a Kahia-chan Ya salí de los exámeneeeees :D Así que como niña buena que soy, actualicé de inmediato ;D Merezco un premio e_e Ok, no xD Genee~ Bueno, en este capítulo no hay nada de fútbol xD pero sí mucho de taiora :B y sabes qué es lo peor de todo? que ni siquiera termino un fic y ya viene otro a mi mente xD Creo que ya te lo había contado, el del secuestro :B Creo que comenzaré a escribirlo desde ya xD Espero también que no te haya matado la curiosidad, no te puedes morir, todavía necesito saber como seguirá Castillo de Cristal :D Está muy bueno xDDD Súper interesada xD No mentira :B Me caes muy bien :D Menyyyyyyys :D Amnesia Primitiva x'DDDDDDDDDDDD Me acuerdo del puro título, ni siquiera me acuerdo de qué se trataba... Parece que era de Inuyasha, o no? D: Mi memoria es la de una vieja culiá xD Awww *-* Que linda que me tengas fe, espero no haberte decepcionado :) Señor/a Anónimo por favor no muera de angustia por mi culpa D: (Siento que cuando dejan RR's anónimos y yo respondo, hablo con el Señor Invisible Mudo xD Las personas que hayan visto 31 Minutos me comprenderán :B) Jell *-* Aww, cómo te voy a odiar? :D Cómo vas a dar vergüenza? NOOO! Me dio mucha risa tu RR :D puteando a todo el estúpido mundo xDDDD Pucha que te echo de menos :( Me tienes que invitar a conocer la nueva casa ;D Creo que me invitaré sola :B HikariCaelum Bueno, con respecto a lo de los papás xD Sería mostrar a la mamá llorando todo el rato por su hijo y a su papá consolándola, principalmente quería enfocarme en Sora y en lo que verás en este capítulo de aquella parte horrible que hasta a mi me dio pena escribir D: Aunque luego de que leí tu RR, volví a leer el capítulo y tienes razón xD Pareciera como si los papás no estuvieran ni ahí con su hijo :B Pero en nuestras mentes sabremos que no es así... espero e_e xD Y lo de los recuerdos, bueno, aquí hay muchos :D Y por último y no menos importante, mi FrancaisBaiser~ Mi Pía linda... Mención honrosa para la Pía que por fin ha aprendido a sintetizar *aplausos* Ayer, 22 de Abril del 2013 ha ocurrido algo sumamente histórico e importante, mi querida amiga Pía no dejó dos RR's como suele hacerlo, sino que UNO! Y fea la weá más encima, estaba feliz leyéndolo, hasta que llegué a una parte donde decía algo de "Cantemos todos de Arica a Magallanes por ($%& ($%& EJEMPLO DE VALOR"... Sí po... Súper valeroso ir al entrenamiento de su equipo y cantarles "Que se vayan todos" xDDDDD Bueno, decía eso y un montón de mierda más que no vale la pena mencionar xD Bueno, destacaré tus frases célebres como siempre :B "ESA WEÁ ES PENAL POOOOOOOOO! ÁRBITRO CONCHESUMADRE! COBRA LAS WEÁS! xD OOOOOH Pía en el estadio OOOH! OOOOOOOOH Pía en el estadio, puteando al arbitrooooo xD" xDDDDDD Esa frase la tengo textual en mi mente, cuando te invité a un partido de los incoloros xD y gritaste exactamente lo mismo :B "Ay, Tai! Washito rico, obvio que sí! Sáltame papi todo el rato! Sáltame todo lo que quieras, papi, soy tuya, ay sí xDDDD Así debió haberle dicho Sora e_e" Caliente culiá, la cagaste, GOBIÉRNATE POR FAVOR! xD "Imagínatelo en un carrete xD El weón debe fumar más que maricón celoso xDDDDD" No me lo imaginé precisamente en un carrete... Me lo imaginé literalmente como un gay D: y celoso... Yaoi iughwejdoi!

Bueno, eso :D Muchas gracias por sus comentarios. Esto termina aquí :)

Nos leemos en otro fic por ahí, sí, vendrán muchos más xD

Cuídense :D


*Len~