Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Shirai-sensei, a excepción de los Oc's, que son míos. Yo sólo uso a sus bebés para emparejarlos y hacer historias cursis.
Nota: tardé en hacerlo porque me la pasé hundiendo mi alma en exámenes.
Lo Apruebo
II
Hay contacto visual. Esa es la primera cosa que nota Norman al abrir los ojos en esa tranquila mañana de un amigable martes. Y ese mismo contacto visual es con unos lindos ojos verdes.
Y en serio no tienen idea de cómo le gustaría que fueran los de Emma, pero lastimosamente son los de Ray —lo cual es una vil puñalada a su soñador y enamorado corazón infantil, qué decepción—. Así que la alegría no es tanta, quizá ni siquiera hay alegría. Lo hubiera quizás sido si el pelinegro no tuviese en ese momento una expresión un tanto maniática.
Anotado; un trauma más a la lista de Norman.
—Ray... ¿Acaso quieres provocarme depresión y luego un infarto? —pregunta el niño con dulzura y una bella sonrisa acompañando sus terribles palabras. Es como si un ángel te estuviese mandando al mismísimo infierno.
Ray borra su cara de psicópata pirómano y le mira raro, para después levantarlo agarrando de su piyama y obligarlo a sentarse sobre el colchón. Está emocionado, de alguna extraña forma. Norman solamente bosteza y sigue mirándole con tristeza y amargura, unas emociones repentinas que su amigo no entiende para nada y contrastan bastante con él.
—¿Por qué esa cara de que alguien se murió? —inquiere, ligeramente preocupado por la salud mental de su compañero.
—No eres Emma. —Es su única contestación, a la par que su mirada se mantiene sin vida alguna y en la total nada.
—Eso ya lo sé, pero-
—No eres Emma. —Repite con el mismo tono de muerto.
El de ojos verdes hace una cara de miedo, y prefiere no decir alguna otra cosa al respecto, más porque sería un argumento inútil teniendo en cuenta que Norman es así como es (en especial a esas horas de la mañana), y la respuesta sería la misma, cual fuera el mismísimo secreto del maldito universo. Al notar ese hecho, no puede evitar tampoco hacer una mueca de hastío.
—Tienes un problema.
—Sí, porque no soy Emma.
—¡Ya entendí! ¡Emma lo es todo! —Exclama, harto de la situación y de las respuestas del niño. Respira profundo para calmarse y volver a ser tan cool como siempre, y después observa fijamente al albino, mostrando esta vez una sonrisa sospechosa—. Pero tengo una idea para que finalmente puedas conseguir estar a su lado y que te haga caso.
—¿Ah, sí? —una expresión de curiosidad y extrañeza surca sus infantiles facciones. Finalmente ha logrado despertarlo por completo.
—Sí. Aunque mejor te lo digo de camino a la escuela.
—Sí, es mejor —asiente, sonriente, luego su sonrisa se borra y mira curioso al azabache—. Por cierto, ¿cómo entraste a mi cuarto?
—La ventana estaba abierta. —Informa con desdén, apuntando hacia el ventanal totalmente abierto de par en par que dejaba entrar la brisa fresca de la mañana.
Y con brisa fresca de la mañana se refiere a la contaminación ambiental de la ciudad, pero no hay que entrar en detalles.
Norman prefiere no preguntar a Ray por qué no solamente entró a la casa por la puerta principal. Sentía que no había caso y que lo que diría sonaría más estúpido que Don tratando de superar a Emma en las carreras.
«Ah... Emma...» suspira con tono enamorado en su interior al recordar a la niña zanahoria.
—Por cierto, aún no saludé al señor Minerva. —Recuerda Ray de repente, despertando a Norman de su ensoñación.
—Ah, papá ha de estar haciendo el desayuno —comenta el albino, bajándose rápidamente de la cama—. Vayamos a desayunar. Luego le explicamos cómo entraste cual secuestrador a mi cuarto sin activar las alarmas que puso en el jardín.
—Algún día seré un gran ninja... —murmura Ray, orgulloso de sí mismo.
Su mejor amigo rueda los ojos.
. . .
—Bien. ¿Qué es lo que tienes? —Pregunta curioso, mirando con mucha emoción a su compañero—. ¿Cuál es esa gran idea para que logre estar con Emma?
Ray sonríe, altivo como sólo él puede. Ambos se detienen frente a la entrada de la institución.
—Pues vamos a cambiar esto. —Declara, señalando con los brazos a Norman.
El albino borra un poquito su sonrisa de emoción soñadora, y con sus ojitos azules demuestra una expresión que denota su total confusión de la solución que ha soltado el azabache. Es bastante raro, porque no comprende del todo. Y eso que siempre ha sido muy listo y es de admirar su gran entendimiento y pensamiento veloz en todo momento. Pero esta vez de verdad que no ha captado ni jota de lo que ha dicho Ray.
—¿Qué? —inquiere, sin borrar su sonrisa amable.
—Que tendremos que cambiar esto.
—Ray, acabas de señalarme completo.
—Exactamente —afirma con orgullo. La sonrisa amable de Norman titubea peligrosamente—. Sabes que Emma es una chica atlética y sociable, que ama a los niños y siempre está brillando como el maldito sol. Tú, por el contrario, eres un nerd escuálido y frágil que apenas y sales de tú casa, y la mayoría de veces sólo es para mirarla como si fueras un repugnante acosador.
—Cállate si no quieres que deje de pasarte las respuestas del examen. —Advierte con voz dulce, pero los ojos brillando en maldad. Es una imagen macabra.
—Lo que intento decir es... —Ray ni se inmuta en la amenaza ni la expresión de su amigo—, que tendremos que empezar con unos pequeños cambios, para que así puedas llamar la atención de Emma sin parecer un total idiota.
—Lo siento, no puedo. —Alega el albino, dándose vuelta rápidamente, con la intención de huir cual rata cobarde.
—¡Oye! ¿Y por qué no? —pregunta, medio molesto por el rechazo a su (ridícula) brillante idea.
—Es que... —se detiene de su patético escape, y gira la cabeza. Ray hace una cara sorprendida al ver las lágrimas que suelta su compañero como si sus ojos fueran cascadas en miniatura. Da lástima—... yo no soy Emma.
La cara sorprendida de Ray desaparece, y se convierte en fastidio.
—¿Qué acaso Emma es lo único importante para ti?
—Lo es —afirma con severidad, limpiándose las lágrimas con su camisa blanca y encarando de vuelta al de ojos verdes—. Emma es lo más preciado en el universo. Todo lo demás es basura para mí.
—Pero eso significa que tú también eres basura. —Comenta el azabache tratando de hacer entrar en razón al niño.
Norman sonríe de manera perversa.
—Exactamente. Yo también soy basura comparado a Emma. —Declara con el tono más orgulloso y feliz que haya escuchado Ray antes.
—¡Estás llevando esto demasiado lejos! ¡Ya deja de parecer un loco!
Continuará.
