Capítulo II
Durante el recorrido al estudio de Elsa parecía hacer más frío, aunque los vientos helados ya habían cesado y el sol brillaba en lo alto del cielo. Kristoff avanzaba a paso ligero mientras veía todo el movimiento a su alrededor. Decenas de criados se movían de aquí a allá constantemente mientras hacían su trabajo y hablaban entre ellos lo que parecía algún nuevo cotilleo sobre un tal Hugor, aunque no le dio importancia al asunto. Además vio a varios soldados montando guardia en distintos lugares y unos cuantos más que se preparaban para lo que parecía una patrulla en la ciudad. Mientras los observaba, Kristoff pensaba lo extraño que sería para él si es que alguna vez llegase a tener una vida en un lugar tan concurrido y con tanto ajetreo. Sinceramente él prefería la soledad que encontraba en las montañas cada vez que iba a recolectar hielo, aunque incluso allí también había personas. Pero estas eran más de su agrado ya que la mayoría, como él, gustaban del silencio y el trabajo duro que les ofrecía aquel paraje helado. Y así mientras divagaba en sus pensamiento fue que llegó sin darse cuenta al estudio de la platinada y se quedó parado allí. La puerta estaba enfrente, seguro con Elsa esperándolo detrás de ella, pero no podía entrar. Por alguna razón sentía un nerviosismo de lo que pasaría allí dentro ya que, aunque nadie se lo había dicho, tenía un presentimiento de lo que le esperaba del otro lado de la puerta.
La perspectiva de una charla entre él y Elsa sobre su relación con Anna no le incomodaba en lo absoluto, ya que sabía que tarde o temprano debía pasar. Era su hermana después de todo, además de la princesa de Arendelle, y entendía su preocupación acerca de la felicidad de su hermana. Aunque aún así le hubiese gustado tener algo más de tiempo para prepararse y saber que decirle. Respiró hondamente y exhaló con un rostro de resignación. «Solo debo ser sincero con ella y decirle lo que Anna significa para mí» se dijo para sí mismo mientras comenzaba a sentirse más seguro «Sí, solo debo hacer eso y si me pregunta...»
- Adelante Kristoff - le cortó una voz que venía del interior de la habitación.
«Maldición» pensó mientras un escalofrío recorría su cuerpo erizándole la piel por completo. Lentamente su mano cogió el pomo de la puerta y lo giró. Debía controlarse, no quería que Elsa pensará que él estaba nervioso por una simple conversación.
- Buenos días Elsa - saludó inclinando ligeramente la cabeza al entrar y verla sentada detrás de su escritorio.
- Buen día Kristoff - respondió ella con un tono afable - toma asiento por favor.
Luego de sentarse un silencio incómodo inundó el ambiente. Era obvio que no tenía idea de que decir o que hacer en ese momento y el hecho de que la platinada estuviese escribiendo sin prestarle atención no hacia sino incomodarlo más. Luego de varios minutos que se le hicieron eternos, Elsa por fin dejó de escribir y lo miró fijamente.
- Sabes, si alguien escuchara desde atrás de la puerta pensaría que estoy sola - dijo ella dirigiéndole una sonrisa.
Kristoff tan solo puedo devolverle una mueca.
- No tienes por porque estar nervioso - continuó ella - sé que eres una buena persona y jamás se te ocurriría hacerle daño a Anna. Sin embargo, aún así me gustaría escuchar de ti las intenciones que tienes con ella.
Aquello último hizo que varias ideas se cruzaran en la cabeza de Kristoff. Él sabia claramente cuáles eran sus intenciones con ella desde hace ya un buen tiempo, por eso respondió sin titubear.
- Elsa, yo amo a Anna y sé que se merece lo mejor. Sé que no tengo riquezas ni títulos para ofrecerle, pero estoy dispuesto a dar todo lo que tenga para hacerla feliz todos los días.
La seriedad con la que soltó eso último sorprendió a Elsa. Ella sabía que Kristoff amaba a su hermana, realmente solo quería tener esta conversación para ver si él era capaz de decírselo en la cara, y aprobaba la relación de estos. Ella los veía realmente enamorados el uno del otro y no podía evitar sentirse tranquila al saber que Anna había encontrado a la persona ideal. Aún así, ella hubiera esperado que Kristoff se mostrase un poco más reacio a la hora de expresar sus sentimientos.
- Kristoff - dijo finalmente Elsa - nosotros nos conocimos hace varios meses cuando acompañaste a Anna a buscarme a la montaña del norte y la primera impresión que tuve cuando te vi no fue buena. - Y no, no es que me hubieses parecido una mala persona - se apresuró al decir al ver la expresión que había tomado su rostro - fue porque hacia tan solo unas horas otro hombre que la acompañaba ya la estaba seduciendo para que se casase con él. Creo que ya sabes de quien hablo.
- Hans - respondió Kristoff mientras apretaba los puños.
- Sí - dijo Elsa tras dar una pausa - aquel día era la primera vez en muchos años que tanto yo como Anna habríamos las puertas del castillo, y aunque en todo ese tiempo casi nunca nos habíamos visto yo siempre estaba al pendiente de ella. Por eso tenía una idea de como se sentía; feliz y emocionada pero al mismo tiempo con un gran vació en su corazón. Y yo tuve la culpa de eso.
- Elsa tú no...
- No - le cortó ella - si yo hubiese estado junto a Anna cuando ella más me necesitó nunca habría tenido ese vacío. Y Hans jamás se hubiera aprovechado de eso. Ella estaba necesitada de amor y por esa razón aceptó de inmediato el casarse con alguien a quien recién conocía pero decía quererla. Anna no notó nada raro por supuesto, pero yo tuve mis sospechas cuando ambos me dijeron que planeaban casarse. Por eso me negué a bendecir su boda y bueno, al final todo pasó como pasó. Por eso cuando te vi con Anna pensé que tú también buscabas algo de ella y desconfié de ti, aunque después me demostraste todo lo contrario. No solo volviste a ella cuando sabías que aún quería a Hans, sino que te adentraste en medio de la tormenta para buscarla y tratar de salvarla. La cuidaste cuando más lo necesitaba y por eso sé que estando contigo ella siempre estará segura. ¿Entiendes lo que trato de decir con todo esto?
- Sí - respondió Kristoff tras unos segundos - o al menos creo que sí.
- Oficialmente apruebo tu relación con Anna - dijo Elsa dirigiéndole una sonrisa -. Y por eso estoy enviando esto - continuó señalándole el papel en donde hacía un rato estaba escribiendo - como una respuesta oficial a todos aquellos reinos que hasta hoy nos ofrecían casar a sus príncipes con Anna.
- No sabía que varios príncipes tenían intenciones de casarse con ella - respondió Kristoff con cierto tono de celos en sus palabras.
- Pues sí los hay, aunque sus motivos tienen que ver más con política que con amor - suspiró hondo -. Ellos buscan afianzar relaciones entre ambos reinos mediante matrimonio para que así estos tengan en común algo más que un papel y una promesa. Por eso son comunes estos matrimonios entre la nobleza aunque los resultados no suelen ser los mejores. Sí, hay una alianza de por medio y ahora la sangre une a los reinos pero a veces las nuevas parejas no se llevan bien el uno con el otro o directamente se odian y terminan ocurriendo desgracias. Por eso es que en Arendelle ya no se practica esa costumbre desde hace más de cien años y varios reinos han seguido nuestro ejemplo.
- Entiendo lo que dices, ¿Pero no te preocupa que tal vez tomen tu rechazo como un insulto?
- ¿Preferirías entonces que comprometa a Anna con alguna de esos extraños?
- Claro que no - se apresuró a responder causando una pequeña risa en la reina.
- Entonces - dijo ella - creo que con esto hemos dejado sanjado el asunto. Lo siento si esta conversación te haya puesto nervioso, pero...
- Pero era necesaria - terminó de decir el rubio.
- Sí - dijo ella mientras miraba divertida la expresión de alivio que acababa de tener el rubio - pero ahora con esto terminado tengo otra cosa más de la que hablar contigo.
El rubio se encontró sorprendido al escucharla y se inclinó ligeramente en su asiento para oírla mejor.
- El cumpleaños de Anna es en un mes y planeo organizarle una gran fiesta - dijo ella -. Vendrán representantes de todos los reinos vecinos, incluyendo a nuestra prima del reino de Corona. Y voy a necesitar tu ayuda para los preparativos de la fiesta pero sobre todo para que evites que Anna descubra la sorpresa, ¿Podrás hacerlo?
- Por supuesto - respondió Kristoff.
- Perfecto, ahora tengo mucho que hacer - dijo Elsa mientras la emoción que sentía la hacía hablar cada vez más rápido -. Debo enviar las invitaciones, preparan el castillo, las decoraciones...
- Elsa, tómalo con calma - dijo Kristoff riendo mientras se levantaba para despedirse - todo saldrá bien.
- Oh, casi lo olvidaba. Hay una última cosa que tengo que decirte antes de que te vayas Kristoff - le avisó Elsa poniéndose de pie también - como la pareja de Anna deberás estar presente junto a los demás invitados, además tú deberás ser el primero que baile con ella. ¿No hay problema con ello?
Kristoff se quedó de pie sin decir nada unos segundos. No le molestaba la idea de una fiesta por el cumpleaños de Anna, pero no le hacia tanta gracia el tener que bailar con ella frente a toda esa gente importante y refinaba. Él, a diferencia de la mayoría de ellos, no se sentía acostumbrado a ser el centro de atención ni quería serlo tampoco. Iba a negarse, pero luego la imagen de Anna cruzó su mente. A ella la haría muy feliz el hecho de que él estuviera presente y bailara con ella, así que intentaría hacerlo. Por Anna.
- Kristoff - le dijo Elsa al ver que no contestaba - no quiero que te sientas obligado a hacer algo que no deseas. Si no quieres, puedo ser yo quien...
- No, esta bien. Tranquila Elsa, estaré listo para ese día.
- ¡Perfecto!, y no te olvides. Ni una palabra a Anna. Cuento contigo Kristoff.
- Si - le dijo el rubio dirigiéndole una sonrisa mientras caminaba hacia la puerta -. Cuenta conmigo - y dicho esto cerró la puerta tras él y se dirigió al gran salón a esperar a Anna.
[Capítulo ya actualizado]
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Alexander Maldrik
Pdta: Un agradecimiento especial a Anna P. Rojas por toda la ayuda que me dio en su momento y a todos aquellos quienes me dejaron sus comentarios, realmente no saben lo feliz que me sentí al saber que les estaba gustando lo que escribía.
