"Amor, nos vamos al bosque un rato. Nos vemos en la cena. Besos, Katniss y Willow."
—Ya sabes, Willow. Si papá te pregunta dónde estuvimos, fuimos al bosque a sentarnos junto al lago un rato.
Mi niña asiente. De momento está cumpliendo su palabra. Tan pequeña que es y comprende perfectamente lo mucho que este secreto debe guardarse. No estoy acostumbrada a mentirle a Peeta, de hecho cada día que me invento lo que he hecho hace que sienta más remordimientos.
Afortunadamente las remodelaciones terminarán pronto.
Miro a la derecha y a la izquierda para asegurarme de que no hay nadie mirando y pasamos al local por la puerta trasera. Los cristales delanteros cubiertos de papel evitan las miradas indiscretas. Solo un puñado de personas sabemos de esto. El resto del Distrito piensa que las obras siguen siendo propiedad de una empresa externa.
—¿Qué vamos a hacer hoy, mamá? —pregunta Willow.
—Vamos a pintar el techo, por eso necesitamos que todo el suelo esté cubierto de papel de periódico y para eso... tenemos que deshojar muchos periódicos.
Mientras nos ponemos manos a la obra alguien llama a la puerta trasera, puntual como siempre.
—¡Buenos días Katniss! —dice Cherie—. Tienes que ver los bocetos que he estado haciendo.
Tras ella, Rory saca unas cuantas herramientas de su furgoneta.
Tras la elección de la presidenta Paylor, Rory se fue a vivir al Distrito 2 con el resto de la familia Hawthorne, luego se mudó él solo al Capitolio para asistir a la universidad. Ahí conoció a Cherie, una chica capitolina que estaba estudiando diseño y empezaron a salir. Cuando ambos terminaron la carrera, Rory volvió al Distrito 12 con ella. Él comenzó una pequeña empresa de construcción mientras que ella se dedicó al diseño de interiores. Los he contratado a ambos para que me ayuden en el local. Me anima tenerlos cerca y Willow los adora.
Mientras entramos, Cherie me pasa el dibujo que ha hecho. Su interpretación del resultado final. El techo está pintado de un naranja muy suave que se va degradando a blanco en las paredes. Enmedio de la pared blanca hay una línea horizontal amarilla y colgados aquí y allí, hay cuadros pintados por Peeta. El del arbusto de prímulas, el de la barca varada a orillas del mar, un bodegón y un sinsajo posado en una rama de árbol. Él no sabe que los he tomado de casa. Las sillas son de madera pintada de blanco con cojines de color pastel, las mesas van a juego con las sillas y tienen manteles a cuadros. Cherie incluso ha dibujado un jarrón con flores en cada mesa y comida en las vitrinas.
—Es hermoso —murmuro ensimismada.
—Los muebles llegarán esta noche de madrugada —dice Rory—. ¿Podrás venir? Me costó mucho convencerlos para que vinieran a una hora que no levantase sospechas.
—Claro —contesto, pensando en cómo voy a arreglármelas para salir de la casa de incógnito en mitad de la noche. Espero que Peeta no piense que tengo una aventura.
Pasamos el día pintando el techo. Haymitch nos ayuda y aunque he intentado pagarle no ha consentido tomar el dinero. Además, me preocupa que a su edad se ponga a subirse a una escalera con la brocha en la mano pero se ha ofendido cuando lo he mencionado.
Así más o menos pasan los días, mientras vamos poniendo en orden nuestros planes. Poco a poco, el local va tomando forma, venimos a primera hora de la mañana y nos vamos a las cinco, antes de que Peeta vuelva a casa desde el mercado. Entonces lavo la ropa y Willow y yo nos damos una ducha para quitarnos el olor a pintura y productos químicos.
Una noche en la que me desperté gritando tras una pesadilla, oí a Willow salir de su habitación e ir a la nuestra. Ella sabe que a veces me pasa y siente la tristeza que me causa, entonces viene a nuestra cama y se acurruca entre nosotros.
—¿Cuánto tiempo más tendremos que levantarnos temprano? —me susurra flojito para que su padre no nos oiga.
—Solo un par de semanas más, cielo —contesto.
—¿De qué hablan? —pregunta Peeta en la oscuridad.
—Ups... —dice Willow—. ¡Vete a dormir, papá! ¡Es un secreto!
—¿Qué es un secreto?
—El bosque. Ya sabes. Es nuestro lugar especial —digo, intentando salvar el momento. Willow aún no comprende que admitir que algo es un secreto es casi lo mismo que confesar dicho secreto.
Peeta no contesta aunque sé que sospecha algo. Él puede intuir estas cosas. Pero aunque esa sorpresa al final no resulte ser tan sorpresiva, tengo un as en la manga. Algo que aún no he dicho a nadie. Absolutamente a nadie.
Aquí la parte dos. Me alegra mucho que esta pequeña historia sin grandes dramas ni tensiones les haya gustado. Muchas gracias a todos por el apoyo.
