Disclaimer: Todos y cada uno de los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto. A excepción del clan y familia de Sakura, eso ya es de mi jodida bolsa de imaginación.
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Impaciencia
—¡Es todo por hoy!
Antes que los polvillos colisionasen junto con las ramillas agrietadas de sequedad, la niña detuvo la bestial patada, destornillando en su entorno pequeñas lloviznas de hojas verde-amarillas teñidas de frívolos y apagados colores que anuncian la llegada del invierno.
Los exuberantes suspiros extenuantes y llenos de una agitación ferrosa decayeron en su tórax, la cual no paraba de inspirar y exhalar acompañado de bramidos y quejas de más, todos los días era un reto. El entrenar todas las horas con su padre se convirtió en una batalla de vida o muerte, tal vez aquellos términos mencionados sonarían exagerado; «vida o muerte»… Sin embargo esa metodología concordaba a la perfección con aquella vida que llevaba. Sino ¿por qué obligarla a esto? Ni ella misma lo sabía. A continuación, palpó uno de sus moretones que pasaba por una transición positiva, semejante a una leve mancha amarillenta, era algo muy bueno y uno de los pocos problemas que tendría que ir descartando de sus prioridades.
Pisadas distantes se perdían a lo lejos del refugio en el que se adentraron ella y el adulto. Sakumi no arrancó de su cabeza los recuerdos de los primeros días de entrenamiento, y como raíces al impregnarse más y más al suelo, una sensación de melancolía la estremeció. Vislumbró un tenue y cálido abrazo del hombre que, en su fuero interno creyó estar hueco y carecido de sentimientos y valores morales. La necesidad de un apoyo fraternal, ya sea mínimo, se conformaba con unos leves cumplidos. Pero aun así, estando muy cerca ambos terminaban distanciados.
Mientras su padre abandonaba el pasillo, por donde la había trasladado sin que ella misma se percatara, apreció fijamente el rincón de madera que poblaba el pabellón, vacío y frío como la noche solitaria de un desierto. Siquiera las brisas la acompañaron en su recorrido.
El menor de sus pensamientos e instintos pudo proveer que una voz, ajena de sus alertados sentidos, la zarandease por detrás:
—Sakumi… ¿no te tocaba hacer guardia afuera? —El pavor inquisitorial viajó ahogando su conciencia al caer en cuenta de la persona que formuló la pregunta. Hizo un inútil intento de sonar tranquila delante de la dama que enroscaba quisquillosa la fina manta azulada por toda la zona inferior de la cara, obstruyendo inclusive su nariz.
Los nervios no se hicieron esperar en cuanto debía dar una respuesta negativa ante la fémina. En breve giró una media vuelta sobre sí, encarando con sus asustados orbes de cristales, asimismo pensaba que todo sentimiento de coraje la traicionó mientras unos devoradores ojos castaños la asechaban como un chacal mirase hambriento a su presa.
—Ah, pero hace unos momentos terminó el entrenamiento de mi padre… —Cuyas últimas palabras conforme fueron susurradas aunque audibles a los oídos de la mujer, quien, comenzaba a distorsionar toda mueca relajada, adoptó una postura rabiosa e indigna por la respuesta de la infanta. La pequeña que notó el cambio brusco en los gestos trató de remediar la situación. —Escuche Jefa Kaede…
—¡No, mocosa! A tu edad ya deberías dominar el arte del ninjutsu y, para poner la cerecilla sobre el pastel, sigues estancada en las batallas cuerpo a cuerpo. —Desgranó Kaede irritada y a punto de hacer erupción en las mejillas que se dibujaban peligrosamente un tono carmesí— Te ordené que vigilases nuestros límites o… ¿Acaso quieres que, por mi propia cuenta, te dé clases particulares de taijutsu, Sakumi?
La niña sintió que cada extremidad superior e inferior se congelaba ante la mención de aquella simple petición. En definitiva, era mucho mejor vivir el infierno que su padre la hacía convivir cada día de su vida.
Luego de observar el aspecto atónito de Sakumi, la fémina mayor arrancó una carcajada forzada detrás del montón de sábanas que envolvían más de la mitad de su rostro, el miedo que infringía en ella hacía que un tenue regocijo adornara en las entrañas de Kaede. El misterioso velo azul profundo denotaba una sonrisa. Algo que Sakumi dedujo al instante, pues las arrugas a través del manto figuraban una mueca burlesca –era lo suficientemente obvia.
—Sólo era una pregunta retórica, niñata —gruñó ella dándole la espalda, decidida a salir del pasillo. —Recuerda examinar los terrenos como si tu vida dependiera de ello, o sino… reconsiderare mi petición.
Sakumi estaba por liberar una ligera exhalación de alivio, hasta que el repentino acento grave de Kaede recayó de nuevo en sus oídos, desgracia que subió debido a la cercanía con la que susurró.
—Estas advertida Sa-ku-ra —Canturreó en un tono melódico y apacible, mientras se distanciaba de la niña.
La tarde abrumadora despojaba una calurosa y delicada ventisca, que ululando en los rincones apartados del clan Tsuyuki, lideraba la paz y armonía en cada uno de los habitantes del pequeño poblado granjero.
Una hermosa mujer que llevaba encima un glorioso cabello recogido, resaltado por el crepúsculo su castaña y brillantes hebras que sobresalían de su peinado, caminaba charlando animadamente con un anciano campesino. Quien a su vez recitaba las mejorías tras las siembras de los meses pasados. La pálida mujer que albergaba en su iris unos relucientes ojos marinos, turquesas-celestes como el océano congelado en los ambiguos meses del invierno, sonreía con gentileza a la información brindada por el anciano.
A cierta distancia, Sakumi contemplaba presa de una obsesión que carcomía en su interior. Obsesión que creció hace tres meses atrás. Ya que, la adulta charlatana que tanto entusiasmo pegaba en sus labios, fue la culpable que un conocimiento ajeno a la razón la obligase, tomando el impulso automático de espiar a la mujer.
Un ligero sonrojo iluminó los pómulos infantiles y pequeños de Sakumi.
—Es hermosa, a que sí. —Irrumpió una voz femenina y chillona por detrás de ella.
Sakumi dio un giro rápidamente, buscando signos de peligro en la persona que la descubrió espiando a los granjeros. Entonces posicionó sus brazos semiflexionados, cubriendo con la primera la zona de las costillas y la otra, la parte del rostro.
—Tranquila, Sakura. Soy yo —retrocedió la otra niña con gestos atemorizados debido a la acción de defensa en respuesta al micro susto de Sakumi. —Soy Natsuki, tu hermana mayor por sí se te olvidaba, boba.
La primera relajó sus brazos flexionados en totalidad, bajándolos lenta y veloz, olvidó que la chica que estaba enfrente su nariz pertenecía al pueblo, donde vivían los mismos granjeros y, de la misma descendencia de aquella fémina que curioseaba. Perpleja, miró a la muchacha y estudió cada parte juvenil que comenzaba a entrar en la adolescencia, en sí estaba desalineada pero hermosa…
De repente la angustia y la carga de conciencia reinaron en su mente.
—Lo siento Natsuki… —Sus arrepentidos ojos bajaron, nublados de pena, sin despegar los pies descalzos de su hermana mayor. Retornó su vista a la chica, mirándola con un rastro de entusiasmo en sus facciones, que no abandonaron del cien por ciento la vergüenza tras casi atacarla. —Dime ¿cómo está Yukiko?
La aludida saltó sorprendida, dando unos pasos atrás, los ojos claros como el agua revolotearon por encima de los árboles y toda vida silvestre que la rodease le causó cierta repulsión, agitada y sumamente desconfiada del lugar donde se encontraba.
No de nuevo, se repetía Sakumi, viendo el brusco comportamiento y la ofuscación que salían de las expresiones faciales de su hermana.
—¡Natsuki!
—¿Ah? —Soltó asustada, arrugó los parpados irritados; haciendo un intento de reconocerla. Como si de la nada olvidase su existencia.— ¿Por mamá? —Agitó ella disimulada la muñeca, parpadeando exhausta sus órbitas. —Bueno…
—¿Qué sucede, hermano? —Inquirió dubitativo el más pequeño de los Uchiha, inmutándose del creciente remolino de extrañeza que transmitía el mayor, al mismo tiempo que el segundo no parpadeaba, pegando su vista a un punto incongruente de un raído y casi muerto árbol de cerezo, que en sus enmarañadas y retraídas ramificaciones surcaban algunos que otros pétalos marchitados, a punto de colapsar en su ciclo final.
La pregunta fue ignorada inconscientemente. Pues el aludido muchacho aún buscaba alguna pista que hubiera dejado una huella en medio de la zona donde había encontrado a la niña.
Podía verla allí; tiesa y provista de una paz genuina, se la imaginaba todavía reposando en el antaño planto, al cabo que buscaba cada pieza que encajase en su mente, la tersa piel del hombro que había tocado con tanta delicadeza –no cabía en su mente que cada niña y/o mujer fuese a primera vista demasiado rompible, tal es el caso que la comparó con el rosal muerto días de haber empezado la temporada otoñal, inclusive si la arrancaba tampoco garantizaba a que sobreviviera sin el resto de la planta y la demás rosas- y que con tan minuciosa paciencia él se limitó a esperar algún signo de despertar de aquel largo letargo, o el resplandor que sacudieron los iridiscentes gemas céfiros al alejarla del sueño que oscilaba en jamás despertar. Su mente reflejó una deducción de lo que pasaría si no la hubiese despertado; el resultado de que un miserable y asqueroso hombre viniera con otras intensiones a la niña hizo que un escalofrío transite por cada parte de su piel, el asco y la aberración de que existiesen personas así mantuvo en él un gesto cólera.
—¡Hermano!
Entonces el mayor salió de su razonamiento y rotó su cabeza hacia su pequeño hermano, continuaba el doble de preocupado por la distracción de su rara selección en rememorar tal cual el anterior acontecimiento.
—Perdón, de verdad —conjeturó él, recuperando el habla después del galopante camino que inundó sus pensamientos.
—Actúas demasiado extraño hoy ¿papá te estuvo regañando ayer? —Insistió el niño con más ímpetu en llegar a la raíz del problema que abordaba su hermano.
El mayor regresó la vista de vuelta al viejo y agonizante árbol, y de un momento a otro el entrecejo se retrajo negativamente, manifestando algo que no analizó con detenimiento.
El recuerdo de la pequeña niña desconocida formando la postura de combate, con precisión llevando la colocación correcta del cuerpo para cubrirse o atacar al menor instante de distracción, sumado al cambio drástico de expresión en cuanto despertó. "Seguro debe de ser una kunoichi" —pensó, debido que desde el principio, la infanta parecía indefensa y para nada amenazante, pero que, al verlo reaccionó como todo ninja debe defenderse y actuar cuando aparece un extraño. No obstante, a la vez era raro toparse con mujeres ninjas –y más si eran más muy jóvenes-, ya que en su caso son muy escasas, aunque a la vez muy mortíferas a la hora de pelear. Sí, lo mismo con su madre, que en su tiempo lideró en corto período al clan. Tal idea de integrar a las féminas al combate, le parecía muy pobre y poco innovador, pues la fragilidad con la cuan se quiebran las hacen ver muy débiles, tal como pensó al encontrar desprevenida y dormida a la chiquilla. "Absurdo" —terció desinteresado.
—¡Madara! —Repitió su pequeño hermano enfadado.
—No es nada, Izuna. Sólo estaba recordado algo que no tiene importancia. —Terminó dándose la vuelta por completo, quedando a espaldas del planto y continuó el recorrido con el infante al lado, que aún seguía confundido en el comportamiento del mayor. Atravesaron juntos el camino de tumultos espinados que rodeaban las plantas y arboladas salvajes.
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Contestación: Ruby; Hola y gracias, muchas gracias por haberme leído ;~; de verdad, recibir estos reviews me levantan mucho los ánimos :) Y por lo de Madara y Sakura en el anterior encuentro y conforme avance, sí, están en su etapa de niños xD. Por los moretones es debido al excesivo entrenamiento con su padre. Rezo porque los deberes no obstaculicen mis tiempos libres.
Susimuffin; Holis chica :D gracias por tu apoyo! Lo que sí, voy a conseguir en tener una cierta constancia en ir actualizando más seguido y a la larga no decepcionar.
N/A: La tardanza fue algo larga xD, sepan disculpar a mi abominable mente de caracol. Respecto al que subí es para conocer el entorno en el que se encuentra Sakura (que a mi parecer, en esta época, sería como una anterior reencarnación de Sakura Haruno). Puede que quizás en el próximo aparezca Hashirama C':
Agradezco los favoritos y los follows babus :') También gracias por los reviews de Ruby, Yami no Emi, Susimuffin y Maryn90.
Bueno y por lo del Gaiden de esta semana... a mi no me jodan Suigetsu la cagó con el ADN xD.
Antes de irme a la puta, ¿qué les pareció? :B
¡Gracias por leer!
¡Saludoxx!
