ESTA HISTORIA ESTA PUBLICADA EN FANFIC . ES POR SU AUTORA ORIGINAL MISFITS Y ELLA ME HIZO EL FAVOR DE PRESTÁRMELA PARA PUBLICARLA AQUÍ.

ESTA HISTORIA ESTA SIENDO PUBLICADA POR LO CUAL EL TIEMPO DE ACTULIZACION ES VARIABLE

Nota de Arika Yuy Uchiha: aquí está el capitulo dos nos vemos abajo para los rewie

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Encuentro con el Diablo

-Despierta –escuché como en un murmulló una voz angelical. Luego sentí una caricia fría sobre mi cabeza, nunca antes había experimentado algo así, creía que aun estaba soñando pero vaya que estaba equivocado.

-Shikamaru… –oí de nuevo esa voz que ahora se tornaba sensualmente adictiva. Me revolví en mis sábanas estremeciéndome y fue entonces que un escalofrío subió por mi espalada. ¿Había alguien en mi cama conmigo? No, no podía ser. Anoche no dormí con nadie y vivo solo, debo estar imaginando cosas me dije a mí mismo.

-Hola vago –sentí una tibia respiración en mi oído susurrándome esto y abrupta e impulsivamente me senté en la cama mirando mis sabanas.

Luego levante la mirada y por poco me muero del susto al ver una silueta sentada a los pies de mi cama, sus ojos verdes brillaban y juraría que estaba sonriendo. Ni gritar pude del pavor que sentí, solo salté fuera de mi lecho para correr hasta la perilla de la pared y prender la luz. Entonces la vi por primera vez, una hermosa mujer de cabello color rubio oscuro me miraba y ciertamente estaba sonriendo.

Llevaba un atuendo algo inusual para estos tiempos, vestía un kimono negro estampado con enredaderas ascendentes en tonos rojo sangre, donde debían ir las flores bordadas había pequeñas calaveras en plateado. Las mangas largas eran lisas y el final del kimono tapaba sus pies, esta singular prenda estaba sujeta por un obi color rojo con detalles en plateado. Al lado de mi cama, donde ella aun permanecía sentada tranquilamente se encontraba recostado contra la pared lo que parecía ser un abanico enorme.

-¿Qué pasa vago? Cuando eras pequeño te gustaba jugar con las sombras –comentó casi burlándose de mi miedo.

¿Cómo lo sabía? Y aun más importante ¡¿qué hacia esa mujer en mi casa?

-¿Quién eres? –me atreví a preguntar aun muy alterado.

-Eso es complicado de responder –me dijo cruzándose de piernas y debo reconocer que mis ojos se desviaron hacía las mismas. Sé que ella lo notó porque sonrió libidinosamente.

-¡¿A qué te refieres con difícil de responder? –Indagué molesto por la intromisión a esas horas de la noche– ¡Son las cuatro de la mañana y te metiste en mi departamento!

-Bueno… –me dijo con ese tono seductor con el que me había despertado mientras se acomodaba un mechón de cabello– dicen que al que madruga Dios lo ayuda… aunque no es ese tu caso –soltó entre risitas que lograron inquietarme.

-¿Qué… qué quieres decir? –hablé como pude.

-Dios no te ayuda, ni a ti ni a nadie. Se escuda detrás de esa mentira del libre albedrío para no tener que ver todas las estupideces que los mortales hacen –me explicó aunque yo cada vez entendía menos– ni siquiera los mira o escucha sus plegarías pero yo… yo soy otra historia –me dijo poniéndose de pie y tomando su abanico negro.

Me petrifique en ese instante, ella desapareció en una nube de humo rojo y reapareció detrás mío, jamás tuve tanto miedo en toda mi vida. Posó su mano en mi hombro y con delicadeza acercó sus carnosos labios a mí para susurrarme al oído– vamos a dar una vuelta mejor.

No sé lo que paso después. Fue tan solo un parpadeo pero cuando abrí los ojos me encontré en medio de un desierto. No hay desiertos en Japón así que estaba seguro de que estaba lejos de mi casa. El ambiente era frío por la noche, demasiado para estar vestido solo con unos bóxers negros y una camiseta verde. Pero mi sorpresa y desacierto era más grande que la influencia del clima sobre mi piel.

Entonces la escuche una vez más, su sensual voz provenía desde mis espaldas. Me giré rápidamente y entonces la vi sosteniendo el pesado abanico semi abierto mostrando un redondel purpura.

-¡¿Quién eres? –exigí esta vez. Ella cerró su abanico y se acercó un poco a mí.

-Tengo muchos nombres: Satanás, la Reina del Infierno, Diosa del Averno –comenzó a enumerar pero con cada uno de ellos, que salía de esos suaves labios, el terror me invadía más y más. Después de haber visto semejante despliegue de sus poderes no dudaba de la verdad en sus palabras– pero puedes decirme Temari –concluyó ella.

-Te… Temari –susurre horrorizado.

-¿No vas a decirme nada? –me preguntó como si la situación fuese algo normal.

-Tú eres… mujer.

-Vaya Gaara tenía razón eres todo un estratega ¿cierto? –me dijo con sarcasmo, nombrando a alguien que yo no conocía.

-Es solo que creí que eras…

-Macho, como de dos metros y medio, color rojo, con cuernos y cola –detalló ella con voz perezosa como si me lo hubiese repetido muchas veces.

-Si… –es todo lo que pude decir y luego mi mente se calmo por un instante y note que ese abanico era en realidad un arma– ¿tampoco usas tridente?

Ella suspiró cansada y luego señaló– el diablo usa UNA vez un tridente para torturar a un par de personas mientras desata la santa inquisición y de inmediato este se convierte en su arma oficial. Los humanos son tan limitados –resolvió insultando nuestra capacidad de deducción.

-¿Qué… qué quieres de mí? –inquirí con temor por la posibles respuestas que mi mente ideaba. Ella sonrió y entonces creí sentir que la arena del suelo se movía por el pavor que yo experimentaba, pero entonces vi una nube de arena dirigiéndose a nosotros a toda prisa. El suelo de verdad se movía, no era mi mente jugando con mi razón.

-¡Por Dios! –grité aterrado al ver que cuando la nube de arena se disipó tenía frente a mí a una criatura gigantesca con forma de mapache o perro, no sé bien. Su cuerpo parecía constituido enteramente de arena y sus ojos amarillos traspasaban mi alma.

-Dios no tiene anda que ver en esto –me dijo ella acertadamente y después se dirigió a la bestia que se encontraba ante nuestros ojos– Llegas tarde…

-Es que me distraje un poquito –se excusó el grandulón bajándolo las orejas y retrayendo sus garras que estaban manchadas con algo rojo y espeso.

-Este demonio… tiene una inmensa cola… podrá ser… ¿Ichibi? –pregunté atónito, la situación me superaba.

Había oído leyendas sobre un demonio de arena con forma de mapache y una gigantesca cola. De hecho, conocía las nueve historias similares sobre este tipo de demonios pero para ser franco, siempre creía que era una táctica de los padres para que los niños coman las verduras, hagan la tarea y se vayan a dormir temprano.

-Ichibi es el nombre los humanos le dan –me contestó ella, casi molesta por mi ignorancia– se basan en su número de colas para catalogarlos y nombrarlos pero no son esos los nombres que yo les di cuando los cree.

-¡¿Tú… los creaste? –pregunté como un tonto, estaba frente al mismísimo Satanás, por supuesto que ella los había creado.

-Sí, ese fue un siglo agitado –dijo mientras acariciaba la cabeza del demonio de una cola– su nombre real es Shukaku –lo presentó mientras rascaba su oreja.

-Entonces ¿este es? ¿Este es Shikamaru Nara? –preguntó Shukaku una vez que los mimos cesaron. Temari asintió con la cabeza y el demonio de arena me miro fijamente, directo a los ojos.

-Pues no parece la gran cosa –opinó acercando su rostro al mío para observarme mejor.

Casi como volviendo en mi mismo, logre calmar mi respiración y normalizar mi pulso y una vez más le pregunté a la princesa de las tinieblas– ¿qué quieren de mí?

-Eres un hombre fascinante Shikamaru –acotó mientras abría su abanico mostrando el primero circulo al que ella denominaba luna– ahora que has aceptado tu condición y entiendes quien soy podemos hablar en un lugar más agradable para ti –me concedió y tras estas palabras me vi envuelto nuevamente en una nube de humo rojo para caer sobre mi cama.

Me di vuelta en ella cual tortuga sobre su espalda para poder sentarme derecho y observar mi habitación. Ella se encontraba recostada en el marco de la ventana con una versión en miniatura de Ichibi, cuya tamaño no era muy superior al de un gato, entre los brazos.

-¿Qué le paso a Shukaku? –indagué mientras ella apartaba la vista de la noche para mirarme a los ojos.

-Esto es lo que ustedes lo japoneses llaman la versión Chibi, tuve que reducir su tamaño o él no hubiese cabido en tu cuarto –explicó y luego chasqueó los dedos y de la nada apareció una insólita silla con calaveras en los apoya brazos. Tomó asiento y colocó a Shukaku en su falda, parecía ser la perfecta mascota de la Reina del Averno. Me miro jocosamente y acotó– ahora discutiremos los términos del contrato.

-Yo no pedí hacer un contrato –le respondí esperando que se hubiese equivocado de mortal.

-Lo que quise decir es que alguien ha hecho un contrato en tu nombre, mejor dicho una apuesta –reveló mientras yo maldecía mi suerte– estoy aquí como árbitro de la misma.

-¿Qué tipo de apuesta? –inquirí esperando lo peor. La situación se había vuelto más problemática y yo ni lo había notado.

-Eso no puedo decirlo porque Shukaku y yo nos perderíamos de toda la diversión –me reveló sínicamente.

-¿Entonces a qué has venido? –pregunté molesto por la liviandad con la que ella me tomaba.

-Eres un hombre sumamente interesante, toda tu vida te abocaste a un único pecado, la pereza –manifestó con una sonrisa tenebrosa– pero este último año la lujuria ha entrado a tu vida logrando ponerse a la par de tu primer pecado.

Era verdad que siempre fui vago y perezoso, y también es cierto que este ultimo año he estado frecuentando muchas mujeres sin poder sentirme completamente atraído por ninguna de ellas. Pero el Demonio me acusaba de pecador, y nadie sabía más del tema que ella. Así que trague saliva y la deje continuar.

-En las siguientes dos semanas te presentaré tres mujeres distintas y tu labor será enamorarlas –manifestó firmemente.

-¿Tres mujeres? –repetí intentando imaginar cómo serían.

-Sí, las tomare de los lugares que frecuentas y exaltare un pocos sus… personalidades –reveló aunque yo intuía que había algo que Temari no me decía.

-¿Por qué habría de acceder?

-Porque si logras conquistar a las tres te daré un deseo sin restricciones… solo imagina las posibilidades –señaló medio convenciéndome– y si por el contrario, eres tu quien se enamora de alguna de ellas, te permitiré conservarla.

-Hablas sobre ellas como si fueran objetos.

-¿Y te molesta? Tú también las tratas como objetos, la diferencia entre nosotros es que para mí, todos los mortales son objetos, vago –me replicó y de algún modo no me sorprendí, comenzaba a entender cómo funciona la mente del endemoniado ser.

-Suena como un trato muy conveniente para mí se mire desde donde se mire, ¿dónde está el truco? –pregunté con incertidumbre.

-No hay truco, esto solo hago para que la apuesta que se realizó en el infierno tenga más picante –indicó tratándome como un peón en su juego de ajedrez.

-Entonces aceptó –dije confiado. La verdad es que acepte pensando que mejor tener al demonio de aliado que de enemigo.

-¡Esto será muy emocionante! –Soltó emocionado el demonio de arena que me contemplaba con esa mirada aterradoramente despiadada y feliz sonrisa– ¡Ya no puedo esperar!

Ella se levanto de su peculiar asiento aun con Shukaku entre los brazos y se acercó a mí. No sentí miedo, el diablo quería divertirse y yo era su juguete, no me dañaría mientras le sea útil. Tocó con su dedo índice mi derecho mi hombro y sentí un millón de llamas quemándome. Me movía hacia atrás impulsivamente y me frote el hombro por sobre mi camiseta la cual no mostraba signos de haber sido alcanzada por las llamas pero mi piel ardía, adía mucho. Levanté la manga y note un extraño tatuaje que nunca antes había estado allí. El rostro de Shukaku de tamaño no mayor a una moneda estaba impreso en mi piel, Temari había sellado nuestro trato en mi cuerpo.

Ni siquiera note cuando se alejo de mí para volver a su silla. Me miró con esa sonrisa triunfante y me dijo– hoy es viernes así que tomate el fin de semana, el lunes volveré y empezaremos con la primer chica.

-Oh… de acuerdo –le respondí no muy seguro.

-Una cosita más…–me dijo como recordando un ínfimo detalle– si lo que quieres es el deseo sin restricciones, te conviene conquistar a las chicas en el menor tiempo posible –sugirió mientras una nube de humo negro ascendía desde la base de la silla– la personalidad de las chicas se acentúa con el correr de las horas.

Entonces el humo la cubrió y tanto ella como Shukaku desaparecieron. Me quede unos segundo tieso intentando reaccionar cuando finalmente lo hice mire el reloj despertador de mi alcoba el cual marcaba las cuatro y cinco de la mañana. No podía creer que una charla de dos horas con el diablo durara cinco minutos según aquel despertador, aunque debo confesar que me contentó el saber que aun podía dormir tres horas antes de ir a trabajar.

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Bueno bueno es el segundo cap y empezamos con lo rewies heee kurama vive conmigo lo que significa que prácticamente contestare sola a menos que quieran que traiga al insoportable del mapache para que me ayude digan que opinan

Venus in arms: te puedo asegurar que cada cap se pone mejor yo he leído hasta el cap que acaba de publicar y a cada cap esta mejor misfits es una gran escritora de hecho este es el segundo fic de ella que público el primero se llama diplomacia y algo mas búscalo lo recomiendo

Mitchel0420: se cual será tu voto pero deja a los demás votar y aquí está la continuación nos vemos luego

Nonahere: gracias tú sabes que misfits es una gran escritora y su trabajo merece ser divulgado la prueba está en que también lo estás leyendo aquí

Pochyy: la historia es muyyyyy buena la apuesta implicara a muchas personas y no sé que pasara con ustedes pero a mí un cap en particular me dejo en shock así que esperen un poco