Sakura quería simplemente disparar al cabrón que estaba de pie cerca de cinco pasos a su izquierda. Sasori era una absoluta escoria, en su opinión. Resistió el impulso. No podía permitirse el lujo de perder su trabajo o ser arrestada cuando su tío se enterase de lo que había hecho.

Sakura tuvo que tomar una respiración profunda para calmar su temperamento hirviente mientras se agachaba junto a los restos de lo que solían ser cuatro perros. Miró a Sasori, negándose a mirar a otro lado.

"Vamos a cortar las gilipolleces, imbécil. Sabes que tu tío el alcalde no va a permitir que nadie te arreste tu estúpido culo así que puede ser que también quieras simplemente decirme la verdad. ¿Qué es lo que le hizo esto a tus perros aquí?"

"Te lo diría si lo supiera." soltó entre dientes.

Sakura se irguió sobre sus pies y deseó darle una patada directa en sus'nueces'.

"Volviste agresivos a estos pobres perros y los dejaste sueltos en tu propiedad para proteger tus plantas de marihuana, esas que todo el mundo aparenta que no están creciendo. ¿Qué más llegaste a hacer para ayudar a proteger tus cultivos? Algo mató a cuatro de tus mejores perros guardianes, Sasori. Está fuera de control, ¿no es así? ¿Es por eso que me llamaste para limpiar tu desastre? Soy de control de animales, pero esto..."

Hizo un gesto hacia los cuatro perros despedazados.

"Esto fue hecho por un animal grande. ¿Es un oso? ¿Un león? ¿Qué trajiste aquí?"

"¡No lo hice!" Gritó. "Acabo de traer a estos perros. No tengo ni idea de lo que hizo esto. ¿Crees que te llamaría si fuera mío? No quiero a nadie husmeando por mi casa. Podrían querer robarme mi plantas."

*La estupidez de este hombre me asombra*

"Plantar esto es ilegal. Por supuesto, probablemente podrías afirmar que asesinaste a alguien y tu tío no permitiría que nadie arrestara tu culo sin valor. ¿Ahora quieres que localice a cualquier que hizo esto y cuidar de este problema para ti?" levantó la mano y le mostró el dedo medio. "No estás de suerte."

Se dio la vuelta y se alejó.

"Maldita sea, Sakura. No puedes hacer esto. ¿Y si esto me mata a mí o alguno de mis amigos? ¿Cómo te sentirás entonces?"

Hizo una pausa junto a su SUV para encararse con él y le sostuvo la mirada con una sonrisa fría.

"Um... vamos a ver. Tú eres el tipo que toma lindos cachorros y los convierte en asesinos viciosos por el simple hecho de proteger tu operación ilegal de drogas. No derramaré ni una lágrima, Sasori. Ni una sola. Sí, esa es la manera de llegar a mí. Hazme reflexionar sobre el concepto de unos pocos capullos menos en el mundo." resopló ruidosamente. "Me voy de aquí."

"Voy a llamar a mi tío." amenazó el imbécil. "Si te marchas le pediré que te despida, incluso antes de llegar a la ciudad. Necesitas rastrear lo que hizo esto y matarlo."

La frustración se agitó a través de ella. Sabía que lo haría y que su tío iba a tirar de todos los hilos para conseguir su despido. Tenía el pago de la hipoteca de su casa y los empleos eran casi imposibles de encontrar a menos de cien kilómetros de Konoha. Eso es lo que consiguió por crecer en un pequeño pueblo en medio de una zona boscosa, tratar con gilipollas y un pésimo mercado laboral.

"¡Fuera de mi vista! Y dile a tus dos amigos perdedores que se mantengan fuera de mi camino también."

"No es problema. Nos iremos a fumar algunos porros y ver porno."

"Pervertido enfermo." murmuró.

Abrió la parte trasera de su vehículo y sacó su pistola de tranquilizantes, agarrando también la bolsa de dardos sedantes.

No estaba por la matanza de animales, esperando lanzarles un dardo, en lugar de eso, y reubicarlos donde estuvieran a salvo. Siempre era preferible llevarlos más adentro del bosque donde podrían prosperar.

Lo que había matado a estos perros, probablemente había sido arrinconado y luchó su camino para ser libre.

Tiró de su chaqueta cruzándosela, estudió el cielo, y tomó nota de que sólo restaban unas horas antes de la puesta de sol. Su padre la había criado solo y le había enseñado a ser una excelente rastreadora. La había arrastrado hacia el bosque cada fin de semana para cazar algo, dependiendo de la temporada.

A los dieciséis años por fin se había opuesto firmemente. Odiaba matar animales, en vez de eso había deseado protegerlos y salvarlos.

Sakura regresó a la escena del crimen, ampliando cuidadosamente la búsqueda de pistas de aquello que había matado a los perros. Sus gargantas habían sido cortadas, dejando crueles heridas profundas. Eso llegó como un shock cuando localizó un nuevo conjunto de huellas.

No eran de un animal, sino más bien adivinó que eran de una bota alrededor de talla 49. Por el tamaño de las botas, asumió que tenía que ser un hombre enorme. Los surcos eran profundos en la tierra blanda, haciéndole saber que aquella persona pesaba más de noventa kilos. Esto puso un nuevo giro en la situación.

"¡Maldición!"

Pensó en volver al SUV, pero la sangre en el suelo parecía fresca. Supuso que esto había pasado menos de una hora antes.

Una exploración más visual de la zona reveló una gran huella de mano con sangre en el tronco de un árbol a unos tres metros de distancia. Lo que había matado a los perros parecía haber sido un animal con dientes afilados, pero las pistas no estaban sumando nada más. Había pasado de rastrear algo con cuatro patas a algo sobre dos.

Los agentes de la DEA podrían querer ver esto, si los rumores sobre Sasori eran ciertos. Ese concepto la dejó con una fría sensación.

Tal vez uno de ellos había llegado a las tierras de Sasori para echar un vistazo. Tenía mucho sentido. Un residente local sabría evitar la propiedad de Sasori. Tendría que ser un extraño, alguien que no tenía conocimiento de cómo de loco podría estar Sasori, o del peligro de ser desgarrado en pedazos por sus feroces perros guardianes.

Aceleró su ritmo, con ganas de encontrar rápidamente a esa persona. Necesitaría atención médica y ayudarle a escapar de la zona. Sasori era tan estúpido como para matar a un agente para evadir el arresto, ya que su tío no podía controlar a la DEA. Perdió el rastro de la sangre cuando llegó a un pesado arbusto, pero vio una gota de algo rojo en la dirección del río. Podía oír el agua corriendo y calculó que simplemente sería lógico para una persona herida dejarse caer allí.

La valla de Sasori bloqueó su camino hacia el agua. La estudió.

La sangre manchaba la rama baja del árbol a ese lado de la barrera metálica y no había más en aquellos otros árboles que se extendían más allá, lo que indicaba cómo había salido de la propiedad aquel hombre.

Se subió al árbol también, y se dejó caer aquel metro y medio hasta el suelo, hasta que dejó la valla atrás. Las huellas de botas estaban sólo a pocos centímetros de las suyas propias, donde aterrizó. Jiraiya Johnson era ciego y era más viejo que la propia tierra. No dispararía contra los intrusos. Eso significaba que no tenía que preocuparse por notificarle que había tenido que hacer una entrada inesperada en sus tierras.

La persona a la que rastreaba había seguido hacia el río. Una exploración visual del otro lado de la orilla le reveló por dónde había salido. Algunos de los arbustos tenían sus ramas quebradas. Eso significaba que tendría que cruzar para poder seguirle.

Quedaba menos de una hora de luz por delante. Él podría morir durante la noche si no conseguía atención médica. Sacó una gran bolsa de plástico hermético para pruebas de su cinturón de herramientas, y empujó sus zapatos, calcetines y cinturón dentro.

Sakura se despojó de su sujetador y bragas, rodó su ropa en una bola apretada, las comprimió en la bolsa, y la selló herméticamente. No deseaba sufrir las molestias de la ropa empapada por la noche.

Una cadena de maldiciones silbó entre sus labios cuando el agua helada golpeó su carne desnuda. La persona a la que rastreaba sería mejor que estuviese muy herido y fuese de la DEA. De lo contrario estaría cabreadísima por pasar por todos estos problemas.

Caminó más profundamente entre la rápida corriente y sostuvo la pistola tranquilizante sobre su cabeza en una mano y la bolsa con la otra.

La corriente desgarró su cuerpo, sacándola fuera de sus pies. Nadó y se las arregló para mantener un apretón de muerte en la pistola y la flotante bolsa sellada. Pasó a través del río, pero jadeó sin aliento mientras obligaba a sus miembros cansados a arrastrarse por el terraplén sobre el espeso musgo entre dos grandes arbustos.

Se dejó caer sobre su trasero y jadeó, tratando de recobrar el aliento mientras desenrollaba la correa de su muñeca. Sacudió la inútil pistola tranquilizante a unos pocos palmos de distancia para vaciar el cañón de agua aprovechando la inclinación del terraplén.

Sakura se estremeció con fuerza, abrazó su cuerpo, e ignoró la forma en que sus dientes castañeteaban. Finalmente se recuperó lo suficiente para ponerse de pie y agacharse para recoger su ropa del interior de la bolsa para pruebas.Parecían secas.El cierre hermético se había mantenido.

Un gruñido bajo sonó detrás de ella mientras se encaraba al río. El miedo la sacudió.Un perro feroz acababa de gruñir, si sus oídos no la engañaban.

Estaba muy cerca. También supuso que era un perro grande.

Su cinturón de herramientas y sus armas estaban enterrados en el fondo de la bolsa donde su mano se apoyaba.

De ninguna manera podía agarrar el Taser o incluso el aerosol Mace a tiempo si fuese atacada. Sus ropas se interpondrían en su camino.

*Simplemente, hoy no es mi día.*