Su piel era como seda sobre sus dedos, una sensación completamente afrodisiaca. Todos sus sentidos estaban centrados en la mujer que se encontraba a su lado. La miraba embelesada, con una adoración que nunca se imagino experimentar en su vida.

Irremediablemente, esa mujer con alma de niña se transformó en su todo; ¿Cómo pasó? Ni su diosa personal lo sabe, no hay respuesta coherente para el nuevo enigma que la invade. Pero, ¿Qué caso tiene encontrar una respuesta lógica a algo tan hermoso? ¿De verdad importa saber porque te enamoraste de una mujer? Obviamente, es un cambio increíble con respecto a la forma en la que ha sido criada; aún así, no es nadie para un sentimiento tan puro y, hasta se atrevería a mencionar, mágico. Pero sobre todo, que tanto necesitaba en su existir, casi como respirar.

Si, es probable que esté contradiciendo dos años de su vida. El hecho de llamarla con nombre despectivos, hacerla sentir mal consigo mismo, bromas pesadas y de mal gusto, palabras hirientes y envidias crueles. No entendía cómo es que su estilo había cambiado tan drásticamente, ¿Quién creería que Quinn Fabray se haya enamorado irremediablemente de Rachel Berry? Ni en sus sueños más bizarros lo hubiera llegado si quiera a considerar. Pero pasó.

Ante todos los pronósticos, ante todas las lógicas, sucedió y gracias ello, jamás se había sentido tan feliz y tan completa en toda su vida.

Sus ojos esmeraldas se perdían en esas lagunas de dulce chocolate, llenos de sueños y fantasías. Sentía que podía ver el alma de esa mujer, así como ella observaba todo su ser mediante sus pupilas. No iba a mentir, tenía miedo. Se había sentido vulnerable en muchas ocasiones y el hecho de que alguien más pudiese verla como si de cristal se tratase la aterraba. Sin embargo, sabía con certeza, en lo más profundo de su corazón, que mientras esa mujer la abrazara de la forma en la que lo hacía en ese preciso instante, estaría a salvo de todo y de todos; segura cada noche perdiéndose entre sus brazos.

-¿Qué tanto me miras?- Pegunta la más pequeña con algo de nerviosismo, provocado por la intensa mirada de la rubia.

-A ti…. Siempre a ti…- Responde serenamente, como si fuera lo más normal del mundo.

-Que estés aquí se me hace tan increíble… bueno, todas las noches a tu lado han sido fantásticas pero, tener a Quinn Fabray, besándote en tu cama, no es algo que si quiera me hubiera atrevido a imaginar.-

-Lo único fantástico que estoy observando en este preciso instante es a ti. Tú eres increíble. La mujer más maravillosa… y aún más místico, si quieres llamarlo así, es el hecho de que me hayas aceptado en tu vida después de todo lo que te he hecho… llámame dramática si quieres pero, aún no creo merecerlo…-

-Siempre, escúchame bien, siempre te he querido y te querré en mi vida… lo malo, es que a veces sueles ser un poco necia-

-Lo sé y tú lo eres igual. Todos estos años tratando de alejarme de ti pero definitivamente me fue imposible… no sé como soporte tanto tiempo sin tus labios- Diciendo esto último, levanta la mirada y comienza a acercarse a la boca de su amante – ¿qué orgullo me queda cada vez que pruebo tus besos?... me destrozas al tacto…- Comienza a besarla tiernamente, despacio, intentando que por medio de ese acto, Rachel entendiera de lo que hablaba.

-Eres tan cursi…-

-¿No te gusta?- La interrumpe y continúa besándola con mayor devoción.

-Me encanta-

Flash back

Jamás en su vida se había sentido tan nerviosa como en ese mismo instante. No sabía que esperarse de la rubia, bueno, en realidad sí. Tal vez una amenaza o dos, algún insulto o otra cosa que llegase a pasar por la mente de la ex animadora. Pero, aun así, no quería dar por hecho una situación desagradable. Imaginaba que al tratarse de su abuela y por como la describía su reacción seria otra. De todas formas, con todas las lógicas que pudiese maquinar, los nervios aun la invadían

-¡Mira Rachel ya llegó!- Dijo la abuela con felicidad sacando a la morena de su ensimismamiento.

-Que… que bueno Grettel… me da mucho gusto…-

-Oh mira a mi niña… cada día está más hermosa…-

La curiosidad es uno de los atributos más fuertes de la humanidad, y debido a ello, la pequeña diva no pudo evitar que sus pies la dirigieran hacia la pequeña ventaba que daba pista al estacionamiento de la casa de descanso.

Y ahí se encontraba la razón de su actual stress. Descendía del auto con una blusa blanca y jeans ajustados resaltando sus torneadas piernas. Utilizaba zapatos negros y su cabello corto suelto y algo desordenado. Nunca la había visto así, no es que se viera mal, pero se veía tan tranquila, tan rejalada, nada que ver con la cruel porrista o dura compañera del Glee Club; ¿esa era la verdadera Quinn?

Definitivamente, la pequeña diva no era alguien a la que le encantara resaltar los atributos de los demás. No sabía si era consciente o inconscientemente pero la rubia siempre lograba eso de ella, aún en los momentos más difíciles y dolorosos que ha pasado juntas. Trataba de no darle más importancia de la que tenía, pero por más que quisiera, no podía negar que esa mujer se veía hermosa ese día.

-¡Lucy! Mi niña… ¡estas hermosa…!- Dijo su abuela con alegría inmensa. Tenía mucho que no veía a su nieta favorita.

-Abuela… perdona por no haber venido antes, la escuela y el coro no me habían dado la oportunidad y aparte tu sabes… eso de tener empleo no es algo que te de tiempo libre…

Ambas se abrazan casi al momento en que entro a la habitación, dejando un poco de lado a la nerviosa morena que observaba atentamente la escena. Trataba de ser lo menos notable que pudiese, aunque pareciese raro viniendo de ella.

-No te preocupes hija, entiendo… de todas formas procura venir más seguido ¿quieres? Así también podrías pasar tiempo con Rachel…-

Al decir esto último, provoca que Quinn rompa lentamente el abrazo. Gracias a esas palabras recordó el otro propósito que la traía al lugar. No quería reírse, pero podría jurar que Rachel la miraba con algo de miedo aunque trataba de no hacerlo tan notable, era demasiado gracioso para ella pero no lo mostraría. Aun debía de mantener algo del poco orgullo que le quedaba con ella.

-Oh… Rachel… claro… -

-Hola Quinn, ¿cómo te has estado?

-Bien… gracias… amm ¿y tú?-

-También… estar con tu abuela es algo genial... nos divertimos mucho juntas- No había dejado de lado el hecho de que la llamara "Rachel", tal vez se debía a la presencia de su abuela o que a lo mejor y por fin había llegado el momento en el que se pudieran llevar bien. Tenía que darle el beneficio de la duda.

-Sí, mi abuela es maravillosa ¿o no es así?- Dice mirándola tiernamente. No iba a mentir, adoraba a esa adorable ancianita que se encontraba a su lado. Fue la única que le apoyo aun cuando todos le dieron la espalda, siempre estaría en deuda con esa gran mujer.

-Oh linda pero sabes que tu lo eres aun mas ¿cierto?-

-Por favor… no quiero hablar de eso ahora ¿sí?-

-Entiendo… pero sabes que tenemos que platicar Quinnie…-

-Si abuela pero, sino te molesta, me gustaría platicar con Rachel primero a solas… no tardaremos mucho lo prometo- Dice para mirar a la morena a los ojos, acto que o sirvió de mucho para calmar los inexplicables nervios de la otra.

-Parece ser que te urge mucho… está bien, vayan, platiquen de lo que sea pero no tarden ¿sí?-

-No será mucho tiempo, lo prometo-

Rachel siguió a Quinn hacia la salida del geriátrico. Ya ni siquiera quería preguntar que quería hablar con ella, era obvio que se trataba de su presencia en el lugar. Por más que trataba no podía descifrar que era lo que le esperaría. Sabía perfectamente que no era del agrado de la rubia pero, ¿le molestaría demasiado el hecho de cuidar a alguien de su familia? ¿Tanto era su desagrado hacia ella que no quería tener absolutamente nada relacionado con ella?

La ex animadora se encontraba sumergida en sus pensamientos. Desde el momento en que se enteró de que su abuela era cuidada por la morena sabía perfectamente que eso le traería problemas. Su vida ya no era tan fácil y tan placentera como antes, ahora había más carencias que antes, tenía que trabajar, ayudar a su madre con los quehaceres de la casa, mejorar aún más sus calificaciones y todavía, todo se complicaba aun más cuando su abuela le dijo que Rachel Berry la visitaba todos los días.

Por algo respetaba a su abuela, por algo la amaba tanto, por algo, la relación que tiene con ella es tan abierta, llena de confianza y de amor. Es la única que sabe ese maldito secreto que la ha atormentado casi todos los días de su vida y no es porque ella lo haya querido así. Resulta ser que su abuela la conoce demasiado bien, puede leerle igual o más fácil que un libro abierto y no pudo ocultar sus sentimientos más, al menos con ella. Pero debía de dejar de pensar en tantas cosas y solo venir a hacer lo que su conciencia le dictaba en ese mismo instante muy a pesar de su terco orgullo.

-Así que es cierto… ¿has pasado las vacaciones con mi abuela?-

-Si… quise… venir a prestar un servicio y me asignaron con ella… aunque… en un principio yo no sabía que ella era… pues… tu pariente…- Le molestaba esa actitud en sí misma, difícilmente se intimidaba con alguien, es más, con nadie. Pero siempre existen las excepciones en este mundo.

-¿Por qué hablas así? ¿Te pasa algo?- Pregunta Quinn confundida por la actitud de su compañera de canto.

-No… es que… solo…-Estaba fastidiada, debía parar esos nervios de inmediato.-Oye, de verdad lo siento, no sabía que era tu abuela, aunque bueno, debí de saberlo antes dado por el apellido pero no se me vino a la mente hasta que me enseño una foto tuya cuando eras pequeña y de verdad no era mi intención hacerte molestar o algo así yo solo…-

-Dios Berry… ¿aun sabes cómo respirar?-

-Lo siento yo… es que yo suelo…-

-Y deja de disculparte que nos has hecho nada malo… solo te traje aquí para darte las gracias por estar con ella mientras yo y mi mamá no.-

"Las gracias" eso si nunca lo vio venir. Tal vez un reclamo un insulto pero jamás algo cordial. Siempre quiso mantener expuesta la posibilidad de que Quinn tuviera una actitud violenta o agresiva hacia ella y se sentía mal solo por pensarlo, pero aun así, no dejaba de sorprenderle.

-Oh… es que, yo pensaba que te molestaría o algo así- Dijo con sinceridad mirando los cerios ojos de la rubia, siempre le habían llamado la atención.

-Digo, no es que seas la persona que me encantaría que estuviera con mi abuela cada día pero… no lo sé… supongo que tengo que agradecerte ese esfuerzo y no es que me agrade, mi conciencia me lo exige. Así que no me digas que no tengo que hacerlo porque sabes que es así…-

-Es que es la verdad Quinn… no tienes nada que agradecer…-

-¿Por qué nunca haces caso a lo que te dicen? Te lo dije, no me digas eso, ya bastante me cuesta decirte "gracias" como para que no las aceptes solo por ser cordial.- La volvió a interrumpir un poco más alterada que antes, siempre que estaba a solas con esa mujer no lo podía evitar, pensando que definitivamente no era su culpa.

-Es la verdad… -Iba a agregar más pero la mirada fría de la rubia hiso que se detuviera. De nuevo, hacia otra cosa que no estaba acorde con ella.- Ok… acepto tus gratitudes aunque sigo insistiendo que no es necesario, es genial estar con ella…-

-Te entiendo… no aparenta su edad cada vez que te habla. Aun no entiendo como Russel es como es.- Se escuchaba un dejo de rencor y desprecio en sus últimas palabras. Ese señor, como a ella le gustaba llamarle, no había hecho otra cosa más que complicarle la vida y abandonarle cuando más le necesitaba, no se merecía el mote de padre jamás.

-Debí imaginarlo… por el apellido… si solo me hubiera dado su nombre juraría que estaba relacionada con tu madre y no con… bueno…-

-Si la vida es rara a veces… ok, creo que ya fue mucho tiempo contigo, ya hice lo que debía de hacer y ahora regresaré con mi abuela.-

-¿Quieres que me marche? Así podrán estar más tranquilas…-

-Sería lo mejor Berry…-

De vuelta a la habitación, la abuela las recibió con una dulce sonrisa. Intentaba que sus planes no fueran tan obvios para las dos jóvenes pero aun así debía intentarlo. Quién no arriesga no gana ¿verdad?

-Grettel tengo que irme, pero nos veremos a la misma hora mañana ¿si?-

-¿Por qué no te quedas? ¿No quieres pasar tiempo con nosotras? ¿Se pelearon o…?- Eso definitivamente no estaba en sus planes, sabía que su nieta complicaría algo las cosas pero no a tal grado.

-No, para nada Grettel te lo aseguro, pero creo que es lo mejor. Ustedes dos necesitan hablar y no quiero incomodarlas.- Decía esto mientras miraba a Quinn quien le respondía con una mirada indiferente.

-¡Pero no causaras problemas! Dile Quinnie, que se quede ¿verdad que no incomodara a nadie?-

Estaba consciente de que se estaba comportando igual que una niña de 10 años pero esa arma nunca fallaba y menos con su nieta. Ese lazo que las une había lograda que ninguna de las dos se pudiese negar ante las peticiones de la otra.

Mientras tanto Quinn quería decirle que no, necesitaba decirle que no. La presencia de Rachel la tenia incomoda, y estaba segura de que si se quedaba y era testigo de la conversación que tendría con su abuela demasiados secretos de su vida saldrían a la luz. Pero le era imposible negarse.

-Rachel… si quieres puedes quedarte… supongo que a mi abuela le haría mucha ilusión tenerte un rato más aquí…- No podía creer que su abuela le hiciera eso, de pronto todo tuvo sentido. Estaba jugando la carta de la anciana tierna y necesitada de compañía. No la malinterpreten, amaba a esa dulce ancianita, pero después de todo es una Fabray y como tal sabe cómo jugar sus cartas.

-¿De verdad?- Le tenía impresionada como Quinn podía cambiar tan rápido de parecer, aunque estaba segura de que la abuela tenía que ver en ello, la sorpresa seguía allí.

-Sí… digo… sino tienes nada que hacer sería bueno que te quedaras...-Después de que Rachel se fuera tendría una seria conversación con su abuela.

-Entonces si no es mucha molestia para ustedes… me quedo.- Responde con una sonrisa hacia Quinn quien solo giro su cabeza y se dirigió hacia la silla más cercana a Grettel, mientras la morena tomaba asiento en la cama, dispuesta a guardar silencio y a no parecer tan incómoda como se sentía en ese momento.

-Perfecto, ya que todo está arreglado. Hija… el hecho de que Rachel esté aquí no es sólo un capricho mío…- Claro que lo sabía, era su sangre, se conocían demasiado bien.

-¿Necesario para qué? ¿A qué te refieres abuela?-Una especie de nerviosismo comenzó a invadir su cuerpo, nada bueno proviene de los planes de adorada abuela. Algo estaba tramando y tenía una leve corazonada.

-Puede ser que viva encerrada en este lugar todos los días, pero no por eso dejo de saber qué es lo que hacer linda. Me he enterado de varias cosas y me encantaría que platicáramos sobre eso y que ella sea nuestro testigo.- ¿Para qué quería un testigo? ¿De qué se había enterado? Había hecho tantas cosas en el pasado año escolar que no sabía cual le habrían contado. ¿Habrá sido Rachel?

-¿Pero qué? ¿Quién te ha hablado de mí? ¡¿Ella te ha dicho algo?- Comienza a mostrarse su frustración. Detestaba cuando no tenía el control de la situación y se sentía todavía más amenazada por la presencia de la morena. ¿Qué tanto le habrá contado Rachel a su abuela todo el tiempo que han estado juntas?

Pero ella no era la única confundía. Rachel lo estaba aun más. Ok, sería testigo de la enigmática conversación entre abuela y nieta pero aun no veía el propósito de ello. No quería meterse en problemas con la rubia sólo porque alguien había ido de informativo con Grettel.

-No, ella no ha dicho absolutamente nada. Sin embargo, se que inevitablemente pasan tiempo juntas y por ende ella ha de conocerte y no te dejara mentir.-

-¡Ella no me conoce abuela! ¡Nadie me conoce!- Estaba a punto de llegar a su límite.

-Yo sí y por eso estoy tratando de hablar sobre estos temas contigo de la forma más tranquila y civilizada posible. Así que te vas tranquilizando y dejas de gritar que aquí nadie esta alzando la voz Lucy- Utilizó a "Lucy". Y la rubia no podía hacer nada en contra de ella.

-Lo lamento abuela…- Trato de tranquilizarse antes de que cometiera alguna otra tontería. Verse tan vulnerable en presencia de otra persona era una sensación de incertidumbre que la invadía por completo.

-Disculpa aceptada… ahora explícame, ¿Qué tantos problemas tuviste con las porristas esas que tienen nombre de cereal?- No le gustaba ser dura con su pequeña pero a veces era tan terca que solo de esa forma doblegaría su terquedad. Y por ver feliz a su niña sería capaz de muchas cosas.

-Son "Cheerios" abuela… y sí, tuve algunos problemas pero nada que no pudiera solucionar…-

-¿Qué fue lo que pasó?-

-Nada importante… solo que la entrenadora nos puso a elegir entre quedarse con las animadoras o renuncia por estar en el Glee Club. Yo elegí quedarme con ellos al igual que Santana y Brittany.-

-Ya sabía yo que tus amigas no eran tan tontas como tu padre decía… ¿Quién te convenció? Porque estoy segura de que alguien tuvo que intervenir en tu decisión ¿o me equivoco?- Tenía que presionarla aun más, adoraba a su nieta, de verdad lo hacía. Pero a veces era tan testaruda.

-Fue Finn abuela…- No le gustaba que su abuela llevara su conversación por ese camino. Tenía un leve presentimiento de que todo esto tenía un propósito y definitivamente no sería bueno para ella, o para sus nervios.

-Oh… no me digas que sigues con él por favor… -

-No, lo intentamos de nuevo pero él esta enamorado de alguien más y en cuanto a mí ya no me interesa.- Estaba consciente de que el muchacho nunca ha sido del agrado de su abuela, y ni siquiera ella le importaba mucho que no se notase.

-Vaya… no sabes cuánto me alegro Quinnie. Ese niño es demasiado tonto y terco, te mereces algo mejor que so linda… recuerdo que era muy egoísta y bastante voluble, le encantaba hacerse la víctima y patear sillas ¿cierto?- Como siempre decía, en sus años de experiencia, todo absolutamente todo tiene una razón.

-Abuela… por favor…-

-¿Aún te importa? Pero si me acabas de decir que no…-

-No lo digo por mí… pero bueno… no es información que me compete a mí divulgar…-

Y supo que era su momento de entrar en la conversación de esas dos enigmáticas mujeres. Tenía que hablar de Finn y no era un tema que le agradase mucho. Sí, habían quedado en buenos términos al terminar el año pero, aun no había nada formal entre ellos.

-No te preocupes Quinn… Grettel, lo que pasa es que… bueno… no es oficial pero, ahora yo salgo con él…- En definitiva, este es el día más incomodo y bizarro que ha tenido que vivir.

-¿De verdad? Rachel cariño lo siento mucho... aunque, tengo que ser honesta contigo, pensé que tenias mejores gustos…- Claro que sabía que ahora el chico patea-sillas salía con ella. Su fuente de información nunca le dejaba detalles sueltos.

-Abuela por favor… es decisión de Rachel sobre con quien sale o no, no tienes porque meterse en sus decisiones…-

-No de verdad, no hay problema… se que él no es perfecto y que a veces suele ser bastante ruidoso, quejumbroso y sin tacto pero… no lo sé, espero que algún día se le pase…-

-No lo hará-

Dijeron las dos Fabray al mismo tiempo. Rachel encontró ese comportamiento muy extraño y también, aunque quisiera negarlo, sabía que tenían razón. Ya había superado su cuota de eventos raros por lo que decidió que ya era tiempo de irse.

-Creo que ya me tengo que ir… mis padres me esperan para la comida…-

-¿No te puedes quedar un rato más hija?-

-Me encantaría Grettel, de verdad pero ya es algo tarde… mañana regresare y seguiremos platicando ¿te parece?-

-De acuerdo hija, salúdame a tus padres-

-Con gusto, nos vemos mañana… adiós Quinn.-

-Adiós Rachel…-

Sentía que prácticamente estaba huyendo porque tal vez eso era lo que hacía pero ya debía dejar a esas dos solas, se notaba que debían hablar muy seriamente y ya no quería formar parte de eso; a lo mejor y mañana el día estaría tranquilo.

-No puedo creer que hayas hecho eso abuela…-

-No me dejas otra alternativa Quinnie…-

Lamento el retraso, la universidad es algo nuevo y me trae loca.

Gracias por los comentarios espero ir mejorando con forme pasa el tiempo, saludos.