Disclaimer: Los personajes de Harry Potter y Crepúsculo no me pertenecen, sino qe son propiedad de J.K. Rowling y Stephanie Meyer, respectivamente.

Las estacas se parecen a las varitas

Capítulo 1

Un fuerte ruido se oyó en la sala común de Griffindor cuando Harry Potter se cayó de la confortable butaca cercana a la chimenea aquella primera noche de curso escolar. El pergamino en el que había estado escribiendo su redacción sobre "Pociones misteriosas y secretas, tan secretas que casi no hay información sobre ellas" de diez mil palabras que Snape le había puesto a la casa del león de un día para otro como condición irrevocable para aprobar la asignatura -tarea que contrastaba notoriamente con la valoración de la materia de unas cinco líneas que los Slythern debían realizar- se deslizó silenciosamente bajo uno de los muebles cercanos.

A pesar del ajetreo el joven pelinegro continuó su desapacible sueño en el suelo enmoquetado. No había nadie en la estancia que pudiera alertarlo de su curiosa situación, pues la mayoría de alumnos habían decidido desde un principio que terminar el escrito a tiempo era un objetivo imposible de alcanzar, entre ellos se encontraba el propio Ron, y ahora dormían plácidamente en sus mullidas camas. Sólo Hermione y él se habían tomado la molestia de intentarlo, la primera con más éxito pues antes de la cena ya se encontraba leyendo un grueso libro sobre runas antiguas. La castaña había decidido que las dos de la madrugada era la hora máxima de desvelo que iba a soportar por ayudarlo, así que cuando el reloj marcaba treinta minutos más de lo pensado, se había ido a dormir dejándolo solo y con un cuarto de la redacción por realizar.

Pero si Harry se removía intranquilo entre sueños no era por la condenada tarea. Oh, no. La causa por la que Harry gruñía y daba manotazos al aire intentando alcanzar algo eran sus propios sueños. Su mente le mostraba imágenes de lo que parecían humanos saltando a alturas insospechadas, superando en velocidad al más rápido de los animales, arrancando con sus esbeltos brazos árboles del tamaño de Grawp sin realizar el menor esfuerzo… El viento chocaba contra sus cuerpos de mármol sin producirles ningún mal, haciéndoles ver salvajes… y libres. De repente, los individuos cesaron su carrera a contrarreloj. Se encontraban en un frondoso bosque, pero la luz de la luna era suficiente para iluminarlos. Todos ellos eran bellos, con formas perfectas y proporcionadas. Observaban un punto indeterminado en el horizonte con una mirada que nuestro protagonista descubrió orbe y parecían ocultar una infinita sabiduría bajo sus preciosas facciones. A Harry le llamó especialmente la atención el aspecto de uno de ellos: parecía tener la misma edad que él –como la mayoría de sus acompañantes, cabe añadir-. Su pelo, tan oscuro como la más negra de las noches, estaba completamente desordenado y, a pesar del fuerte viento que soplaba, Harry habría jurado que éste era su estado natural. Vestía unos desgastados tejanos y una camisa de cuadros un par de tallas mayor de lo que pertocaría abierta, dejando a la vista una camiseta blanca de tirantes. Había en él algo extrañamente familiar… Nuestro protagonista se fijó en la recta nariz del misterioso individuo y se sorprendió cuando vio que algo faltaba en ella. Debería estar sosteniendo unas gafas redondas que a su vez ocultarían unos ojos tan verdes como los de su madre… o los suyos propios. La realidad lo azotó como la cola de un colacuerno. ¡El muchacho era él mismo, Harry Potter!

El punto de vista desde el cual observaba la acción cambió tras tan repentina revelación. Ahora podía ver lo mismo que su réplica del sueño, moverse, ser dueño de sus acciones… Giró su rostro y posó su mirada ya no miope en uno de sus compañeros. De mis hermanos. Lo corrigió su propia mente. Un muchacho de pelo oscuro pero con destellos dorados le sonreía seguro. El desconocido movió ligeramente los labios, casi sin separarlos, y se lo quedó mirando esperando, al parecer, una respuesta. Harry estaba a punto de pedirle que repitiera el mensaje en voz más alta cuando se dio cuenta que había oído a la perfección las palabras de su interlocutor.

-¿Puedes seguirnos?

Como única respuesta, el niño-que-sobrevivió se encogió de hombros.

-Es normal.- respondió otro de los misteriosos jóvenes, esta vez rubio y unos pocos años mayor, con el mismo mínimo movimiento.- A todos los neófitos les cuesta dominar su cuerpo. Pronto te acostumbrarás.

¿Era un neófito? ¿Un principiante? ¿En qué era un novato? En realidad no sabría el significado de tal palabra si no hubiera sido por el gusto que sentía la profesora McGonagall cuando usaba términos complejos para decir cosas simples y el inconmensurable placer que le producía a Hermione explicarles el significado de los mismos.

Harry se puso la mano en el pecho intentado serenarse. Probablemente su corazón latiría desmesuradamente rápido, cosa lógica teniendo en cuenta que se encontraba en un bosque, de noche y rodeado de unos desconocidos capaces de matarlo sólo con tocarlo. Aunque parecían amigables… Un momento. ¿Había dicho que su corazón latía rápido? Si hubiera podido, Harry se habría puesto pálido. Su corazón no latía. Estaba muerto.

Fue entonces cuando la luna se puso a gritar su nombre.

-¡Harry! ¡Harry!- lo llamaba. Tenía una voz sorprendentemente parecida a la de Hermione.- ¡Harry! ¡Despierta!

El joven cerró los ojos y, cuando los abrió de nuevo tras unos segundos, la cara preocupada de Hermione se presentó ante él. Se incorporó súbitamente, buscando a los misteriosos seres que lo habían acompañado. No obstante, ya no se encontraba entre la frondosa vegetación del que, sospechaba, era el bosque prohibido, sino que estaba en la sala común. La cálida pero también aburrida sala común.

-¿Dónde?...

-¿Te encuentras bien?- Hermione resopló.- Cuando he bajado y te he visto tumbado en el suelo he pensado que el cansancio me estaba haciendo alucinar. Luego me he dado cuenta de que cuando se trata de ti cualquier cosa es posible.

-No sé como tomarme eso.- La sonrisa pícara de la muchacha no mejoró la situación.- ¡Ei!- suspiró.- En todo caso, lo siento. Supongo que me quedé dormido mientras trabajaba en…

¡La redacción! El pelinegro abandonó la conversación y empezó una búsqueda frenética por toda la estancia. Miró entre los cojines de la mullida butaca en la que había estado sentado en un primer momento, levantó la alfombra roja –y de paso descubrió que la edad del polvo que se ocultaba bajo ésta era similar a la del castillo- e incluso inspeccionó los restos de ceniza de la chimenea, indicios de una ya apagada hoguera. Sabía que sólo se trataba de un folio, de un maldito folio, pero aquel documento podría arruinar cualquier proyecto de hacerse auror en el futuro si no lo encontraba.

-Supongo que buscas esto.- la castaña estaba ante él con el dichoso pergamino en la mano y una sonrisa de autosuficiencia adornándole el rostro. Ante la desconcertada expresión del ojiverde, su sonrisa se ensanchó más.- Pillé a Crooshkans cuando estaba a punto de hacerlo añicos. Al parecer lo encontró bajo la mesa.

-Ups.

-Mejor ve a arreglarte, anda. Yo guardaré tus cosas.

-Eres la mejor.- Harry acercó sus labios a la mejilla derecha de la chica, en un gesto decidido nada propio de él. Precisamente, la acción resultó tan extraña para Hermione que se giró a mirarlo, logrando un inesperado resultado: sus bocas estuvieron tan cerca de tocarse que ambos pudieron sentir su aliento. Por suerte –o por desgracia- reaccionaron a tiempo. Permanecieron unos instantes nerviosos, mirándose desconcertados, sin saber qué decir o pensar. Aquello era…

-¡Chicos!- la nunca más indeseada presencia de Ronald Weasley apareció por las escaleras. El pelirrojo detuvo su avance para observar la curiosa situación de sus dos mejores amigos.- ¿Se puede saber qué hacéis?- la más mínima reacción.- Bueno, Herms. Sé que el aspecto de Harry nada más levantarse no es la imagen más bella que existe, pero…- el cojín que dio de pleno en su pecosa cara terminó con lo que iba a ser una pesada broma.- Imbécil.- murmuró.


Comentario de la autora:

¡Ei! Aquí está mi nuevo proyecto, que desenvoluparé a la par que Hocus Pocus. Intentaré combinar el estilo de Harry Potter y de Crepúsculo -la primera persona será desde el punto de vista de Bella, en caso contrario lo indicaré.- He de informaros que dudaba si debía publicar la historia en el apartado de Harry Potter o Twilight, por lo que finalmente he decidido hacerlo en ambos.

¡Por cierto! Las reliquias de la muerte y Amanecer no existen.

Reviews, por favor. ¡Un beso!