2. La otra Emy

- ¡OH DIOS MIO! – Se oyó una voz desde la cocina - ¿DÓNDE ESTÁ? ¿DÓNDE ESTÁ? – Preguntó saliendo disparado hacía el comedor

Por supuesto, todas las personas que estaban en el restaurante, que eran bastantes, miraban hacia la puerta para ver quién estaba allí. Harry hubiese deseado ponerse detrás de su padrino para que le tapara y la gente no viera que estaba rojo como un tomate. Emy, sin embargo, sonreía abiertamente y una vez la camarera hubo soltado la bandeja, encima del plato de un cliente, se fue a abrazarla.

La pobre mujer, en vez de parecer que se alegraba de verla, se comportaba como si se le hubiese muerto un familiar. Lloraba desconsolada en brazos de Emy mientras decía cosas inaudibles e indescifrables por los sollozos. Nada más soltarla, Emy fue atrapada por un hombre alto de gran peso y poco pelo. La dio una vuelta en el aire como si se tratara de una muñeca de papel, sin el más mínimo esfuerzo. Aquel hombre, bastante parecido a la mujer, no lloraba pero se le veía visiblemente emocionado. Una vez depositó a Emy en el suelo, la cual se estaba partiendo de la risa, el hombre se separó de ella para verla mejor.

- ¡Estás guapísima! Y ya eres toda una mujer... ¡Qué alegría verte!

- Te apuesto diez galeones a que son hermanos – dijo en voz baja Harry a Sirius

- Y yo digo que son marido y mujer, así que acepto la apuesta – Le contestó su padrino

- Ni de coña – Se burló Harry por la apreciación

- Lo mismo digo, Ángel, me reconforta ver que algunas cosas no han cambiado, esto sigue igual y vosotros... – Emy intentaba hablar en un tono bajo viendo que toda la sala estaba pendiente de aquel encuentro

- ¡También! – Dijo la mujer muerta de risa pero secando sus lágrimas

- Te quedas a comer sin discusión, comerás con nosotros, tenemos muchas cosas que contarte y que nos cuentes

- Cinco años es mucho tiempo y solo hemos recibido felicitaciones de Navidad en plan telegrama, así que no te escaparás sin ponernos al día

- Bueno, de momento mi intención era comer aquí...

- Evidente, es el mejor restaurante a muchos kilómetros a la redonda – Agregó Ángel muy orgulloso

- Comer aquí con mi familia – Terminó Emy señalando a los dos hombres que permanecía a pocos pasos de la puerta

- ¡FAMILIA! – Gritó la mujer - ¡ESO SÍ QUE ES UNA SORPRESA! – Se fue directa hacia ellos y les plantó un gran beso y un abrazo de bienvenida – Pasad, vamos a la cocina, allí tendremos más intimidad

Todos pasaron dentro para desilusión de los clientes, que estaban disfrutando de un poco de espectáculo. Una vez allí, Emy se adelantó y carraspeó como si fuese a decir algo importante.

- Él es Sirius, mi marido, y él es Harry

- ¿Harry, tu Harry? – Preguntó el hombretón

- Sí

Ángel se adelantó y dio la mano a Sirius.

- Hola, soy Ángel Masías, dueño de este local y amigo desde hace muchos años de tu mujer

- Encantado – Respondió Sirius con una sonrisa

Ángel se puso delante de Harry, lo miró detenidamente y dijo todo serio.

- Al parecer te hubiésemos criado mejor bajo mis cuidados y los de tu tía y no con esos malditos Dursley – Y le abrazó

Harry se quedó perplejo por el comentario del hombre y no supo qué decir. La mujer se fue hacia él, nuevamente llorando, le abrazó, le volvió a besar y agregó.

- Nosotros hicimos todo lo posible para que estuvieses aquí en España, con Emy, pero fue del todo imposible – Sacó un pañuelo del delantal, se sonó los mocos y dijo - ¡Te pareces tanto a ella!

- Bueno, sentimentalismos en otro momento – Emy sonrió – Sirius, Harry, ellos son Ángel y Lola, mis amigos de toda la vida, aquí en España

- Hola – pronunció por fin Harry

- ¿No deberíais atender a vuestros clientes? – Preguntó inocentemente Emy

- ¡Ah, sí, los clientes! – Exclamó Lola - ¿Podrías esperar una media hora para comer todos juntos?

- Por supuesto – Respondió amablemente Sirius

- Si el chaval tiene hambre ya le doy yo algo de picar – Dijo Ángel pasando sus grandes brazos por los ahora insignificantes hombros de Harry

Lola salió y entró unas cuantas veces en la cocina, al cabo de media hora larga, se sentó en una silla, visiblemente cansada y anunció que ya estaban solos y que había cerrado el local. Se dispuso una mesa para cinco personas con cantidad de platos de cocina italiana, no sólo pizza sino más cosas de pasta y carnes que hacían a Harry relamerse solo con el olor. Los cincos se sentaron a la mesa, Ángel, Lola y Emy visiblemente emocionados de volver a estar juntos y Sirius y Harry con gran curiosidad por las conversaciones que saldrían de allí.

Harry siempre había pensado de su tía que era una persona con gran capacidad de conversación, en fin se podía hablar con ella de todo y siempre contestaba desde el punto de vista de una mujer experimentada pero prácticamente no solía contar nada de su pasado, ni daba nombres ni lugares. Eran muy contadas las ocasiones en que Emy había narrado parte de su historia y, si lo había hecho, era para esclarecer puntos de información para entender el pasado, presente y futuro de Harry con respecto a Voldemort. Hermione le había dicho que le costó mucho hablar de Sirius en sus reuniones de mujeres y que casi lo había hecho obligada por las circunstancias. Lo que Harry no sabía es que Sirius estaba en la misma situación que él, apenas conocía el pasado de Emy y cómo había sido realmente ella, aquella era una buena oportunidad para saberlo.

- Cinco años es mucho tiempo y veo que tu vida a dado un buen giro – Decía Lola mientras servía la comida en los platos

- Ni que lo digas – Emy seguía sonriendo feliz de haberse encontrado con amigos que no la miraran de forma peculiar por sus asombrosos poderes – Pero contarme vosotros primero ¿Qué tal vuestro matrimonio?

- Bien, tenemos nuestros más y nuestros menos pero la mayoría del tiempo es por el negocio – Contestó Lola

- De todas formas me considero el hombre más afortunado del mundo por tener a este desastre de la naturaleza conmigo – Bromeó Ángel dando un beso a su mujer

Harry miró a Sirius dándole a entender que él había perdido la apuesta, lo cual hizo que Sirius se riese aún más.

- Aquí todo ha estado más o menos como siempre, después de lo ocurrido hubo bastante revuelo con los policías haciendo preguntas por el pueblo... ya sabes pero al cabo de tres meses todo volvió a la normalidad – Por primera vez se veía el rostro de Ángel serio

- Nos dejaste de piedra, Emy, sabíamos que eras una persona fuerte pero no imaginábamos cuanto – Lola le miraba cariñosamente para suavizar el comentario – La casa ha permanecido tal como la dejaste la última vez, así que ahora debe estar hecha un desastre, te puedo ayudar a limpiarla

- No será necesario – Emy miraba al infinito mientras respondía - Llegamos hace tres días y la hemos estado aderezando un poco, aunque también hemos disfrutado del paisaje y la playa, nos le voy a hacer trabajar duro nada más llegar – Terminó sonriendo para no dar a entender su cambio de humor

- Si necesitas cualquier cosa, no dudes en pedírmelo ¿también te has metido con el jardín? – Preguntó Lola

- No, sólo hemos recogido las malas hierbas, no haremos nada más. Pasaremos unas semanas aquí y luego volveremos a Inglaterra

- Tengo unas macetas con flores de muchos colores en el patio de atrás, si quieres puedes llevártelas, siempre te han encantado las flores

- No, en serio, Ángel, no es necesario, me vería obligada a cuidarlas y no vamos a tener mucho tiempo

- ¿Ya empiezas como siempre?

- No, no es eso

- ¿No os parece que el día, para Emily, debería durar 48 horas? Así le daría tiempo a hacer todo lo que le gusta ¿Sigues bailando, cantando, boxeando y practicando artes marciales? – Preguntó Lola

Emy levantó la mirada de sus espaguetis, sabía que aquella pregunta, en principio inocua, le iba a traer consecuencias.

- No, ahora estoy en la enseñanza y eso no deja mucho tiempo para tantos deportes – Sonrió inocentemente y miró a su sobrino y a su prometido que la miraban atónitos - Suelo correr, el resto lo práctico de cuando en cuando; un poco de boxeo con un saco, algo de yoga y algunos movimientos para mantener en forma mi combate pero nada más

- ¿Haces boxeo? – Exclamó Harry perplejo

- Creo que nuestra Emy no ha cambiado mucho – dijo Lola a Ángel – Sigue hablando por los codos de todo menos de ella

- No te equivocas – Agregó Sirius

- ¿Voy a estar sometida a alguna clase de juicio? Lo digo para prepararme

- ¿Por qué no vienes esta noche al local y das un pequeño recital? Los chicos están aquí y les encantará verte

- Ni pensarlo – Respondió Emy ruborizada

Harry se fijó en una de las paredes, estaba cubierta con unas cortinas, tipo telón, se imaginó por un momento a su tía ahí subida, sus pensamientos se evadieron cuando oyó preguntar a Sirius.

- ¿Has sido cantante?

- Yo no diría tanto

- Por que ella no quiso, tiene una voz increíble y es una gran compositora

- Me gustaría oírte

- No te preocupes, ya te daré algunos gritos en privado – Le contestó Emy al ver que no le defendía sino que metía más el dedo en la yaga

- A mí también me gustaría oírte – Agregó Harry aún con la mirada en el escenario

- ¿Cómo es posible que tus dos chicos no te hayan oído cantar?

- Sí que me han oído, me paso medio día cantando

- Con la radio, eso no vale – Se quejó Harry

- Cambiemos de tema ¿De acuerdo?

- Está bien – Dijo Lola que no quería ver a su amiga enfadada – Espero que hayas recibido todos los ingresos, a principio de año, de los beneficios del restaurante. Se lo pregunté a Olga pero me dijo que ella, personalmente, sólo estaba al corriente de la administración del orfanato y no he vuelto a saber nada más de ella

- Pues yo tampoco estoy al tanto – Emy miró a Sirius y a Harry, debería haberles dicho muchas cosas pero como no las daba importancia, se le había olvidado advertirles de sus actividades en España – Sé que parece, en estos momentos, que soy una completa desconocida, es que... bueno que... por descuido no os he dicho unas pocas cosas

- Ya nos damos cuenta, cariño – Respondió Sirius con mirada seria

- ¡Ah! Casi se me olvida, hubo un problema el año pasado con la casa de la abuela – Dijo Ángel mientras engullía el postre

- ¿Qué problema? – Preguntó Emy extrañada por el comentario

- Vino una familia inglesa preguntado por una vieja adivina

- ¿Una vieja adivina? – Repitió Sirius como corroborando por dónde iban los tiros

- Sí, dijeron que ella era una tía abuela suya, que había venido hace muchos años a vivir a España. Ellos creían que se había acomodado aquí en el norte, la describieron como alta, delgada, rubia y con los ojos verdes... Por la descripción parecía tu abuela, pero después la llamaron la Señora Ryddle...

A Emy le cambió la cara por completo y casi se atraganta con lo que estaba comiendo.

- ¿Qué les dijiste?

- Bueno les contesté que hace muchos años había vivido aquí una mujer mayor que solía echar las cartas a cierta gente pero que no encajaba exactamente con su descripción. Después preguntaron por su casa, les dije que ya no le pertenecía a ella sino a su nieta, les indique dónde podrían encontrar la gran casa de piedra junto al acantilado y que no existía camino para llegar en coche pero volvieron sin encontrarla ¿Extraño verdad? – Terminó diciendo Ángel

- Sí, muy raro, quizá se equivocaron de camino – Dijo Emy intentando disimular

- La verdad es que eran personas muy desagradables, así que no les contamos nada más, y yo me inventé que quizás la casa la habían tirado ya, porque llevaba vacía más de diez años – Agregó Lola

- ¿Cómo eran? – Preguntó Sirius al ver la cara de preocupación de Emy

- Pues eran ingleses, una pareja con su hijo, más o memos de la edad de Harry. Cara de estirados, ropas y joyas caras, hablaban arrastrando las palabras y todos eran de tez clara y muy rubios – Describió la mujer

- ¡Los Malfoy! – Exclamó Harry

- No sé cómo se llamaban pero si sé que al chaval le llamaban algo así como Draco

- ¿Te dijeron algo más? ¿Para qué venían? ¿Qué buscaban? ¿Estáis seguros que no encontraron la casa? – Emy estaba muy nerviosa

- No dijeron nada más, sólo venían a buscar a la señora y preguntaron por la casa. Sé que no la encontraron porque cuando les volvimos a ver, parecían furiosos por no haberla hallado y dijeron que seguirían buscando por otros pueblos

- Está bien, muchas gracias por decírmelo – Terminó Emy

- Es extraño, desde que se murieron los Figg, no he ido ni una sola vez hasta allí – Comentó Ángel

- Ni yo – Agregó la mujer

- Es mejor que no vayáis, está todo muy deteriorado y no me gusta que la gente ande por allí, ya sabéis como era la abuela

Emy intentó quitarles la idea de la cabeza a ellos y parece que lo consiguió pero no se dio cuenta que Harry había adivinado que en donde se alojaban, no era en realidad la casa de la abuela como él pensaba, sino de los Figg y que la casa de enfrente, con la que había soñado, era en realidad de su bisabuela... Se moría de ganas por visitarla.

- ¿Qué es eso del orfanato? – Preguntó Sirius para cambiar de tema

- ¿Tampoco les has dicho nada de eso? Emy, no tienes remedio... Ellos saben de ti en el presente y nosotros sabemos de ti en el pasado – Exclamó Lola, luego se levantó y se marchó de la sala

- Creo que hubiese sido mejor que se quedaran las cosas como siempre – A Emy no le parecía muy bien que se cambiara información sobre su vida

- Cuando la anciana falleció, por causas desconocidas, ya que su cuerpo no fue hallado – Explicó Ángel con voz misteriosa – Todo pasó a manos de Emy que lo vendió, a excepción de la casa de la abuela y la de los Figg. Ella lo invirtió en la bolsa con unos buenos beneficios, se le dan bien esas cosas e hizo una pequeña fortuna. Sin embargo, no se gastó ni un céntimo, todo lo contrario, lo que hizo fue dejarnos el dinero, de momento, para montar el local y ponerse a trabajar para nosotros como cualquier socio asalariado más. Una vez le devolvimos el dinero, el negocio nos va muy bien, ya os dije que era un buen restaurante, lo retornó a la fortuna, que seguía creciendo y vivió solamente de su pequeño salario de los fines de semana y festivos que era cuando trabajaba como camarera

- Pensé que dirías como cantante – Bromeó Sirius

- Eso vino después. A los dos años de oírla cantar en la cocina, me llegó a la mente una idea renovadora e inusual aquí en la zona. Un night club, un lugar en donde, por las noches, cenaras mientras oías cantar a la gente

- A mí me pareció una idea soberbia - Dijo Emy sonriendo mientras recordaba viejos tiempos

- Y lo pusimos en práctica, ampliamos un poco el local quitando espacio al patio y montamos un escenario. Luego buscamos a músicos que estuvieran dispuestos a poner su talento y sus instrumentos, a cambio nosotros le dábamos unas comisiones por noche. Al poco tiempo de abrir con la reforma, ya teníamos la fama y desde entonces no paramos ni una noche, excepto los lunes por descanso, con actuaciones y cenas siempre con el comedor completo

- Como ya habréis podido comprobar su comida es muy buena y cuando se mezcla con un poco de música las noches se vuelven... mágicas – Dijo Emy dando un beso en la mejilla a Ángel

- ¡Ya he vuelto! – Regresó Lola con dos grandes álbum en las manos – Harry toma esto, llévatelo y lo echas un vistazo, son fotos de tu tía y de nuestra pandilla cuando éramos mas o menos de tu edad, aquí descubrirás cosas de ella que nunca se atrevería a contarte

- ¡LOLA, NO LE DES ESO!

- ES ASUNTO MIO – Respondió mientras se los entrega a Harry

- Estoy impaciento por verlos – Contestó él agradecido

- Bueno, es hora de que nos vayamos

- Oh no, quedaros a cenar

- No, hoy no, pero me reservas mesa para tres el viernes y el sábado, sé de buena tinta que son las mejores actuaciones

- Eso está hecho

- Bueno, Ángel – Sirius dio la mano al buen hombre – Me tienes que terminar de contar ¿Vale?

- Cuenta con ello

Los tres se despidieron del matrimonio con muchos besos y achuchones, allí la gente era muy expresiva, a Harry le chocaba mucho que un desconocido se comportara así con él pero lo agradecía, se veía a la legua que los dos eran magnificas personas que querían a Emy desde hace mucho tiempo. Harry colocó los álbumes en la parte de atrás de su vieja bici. Un montón de pensamientos le venían ahora a la cabeza, todos eran preguntas sin respuestas. Las había intentado encajar en el paseo en bici de vuelta pero Emy se había negado a responder hasta que no llegaran a casa. Cuando lo hicieron ya pasaban las seis y media de la tarde. Dejaron las bicicletas en el trastero, Harry llevó los álbumes a su dormitorio y volvió a la cocina en donde sólo estaba Sirius.

- ¿Por qué crees que no quiere hablar?

- Pues no lo sé ¿Dónde está? – preguntó Harry

- Ha decidido darse un baño relajante, si no la conociera, te juro que pensaría que se está preparando qué decirnos

- Yo creo que lo está haciendo

- ¿De verdad?

- Sí, en menos de una tarde me he enterado que quiso venir a por mí antes, cosa que yo no sabía; que practica todo tipo de deportes para combate; que canta y baila, eso sí lo sabía pero no hasta el punto de subirse en un escenario; que la pasó algo hace cinco años, que debió ser un trauma para ella tan grande, que no ha vuelto hasta ahora y quizás lo esté haciendo forzada porque desde que está aquí está muy rara. También desconocía que esta no fuese la casa de la abuela y que es la de la extraña visión que tuvimos anoche, esto creo que tú sí lo sabías.

- Sí pero solo sé eso, que esta es la casa de los abuelos de Arabella y que la de la abuela es la de enfrente, no ha querido decirme más ¿Y qué es eso del orfanato?

- No tengo ni idea porque cuando nos lo estaba explicando Ángel, se ha cortado la conversación y me da que intencionadamente, porque podríamos habernos quedado perfectamente hasta la noche, no teníamos planes para esta tarde y yo estaba de maravilla allí, incluso no he pensado en nada, solo escuchaba atentamente

- Tienes razón parece que ha huido de allí, quizás no quería que supiésemos algo – Dijo Sirius

- Nos hemos ido porque ya he tenido suficiente por hoy – Emy estaba en el umbral de la puerta de la cocina con el albornoz puesto y el pelo mojado

- Cariño – Sirius se asustó al oírla por detrás, luego sonrió irónicamente - ¿Quién es la Emy que ha vivido aquí? Ni Harry ni yo sabemos nada de ella, al parecer

- Es la otra Emy, la que intentaba ser normal, la que trabajo para conseguir lo que quería, la que se apoyó en sus amigos para poder olvidar las atrocidades que había visto, la que escapó cuando... – No tenía muy claro querer explicar toda su vida esa noche - No es otra Emy, es parte de mí, yo no sé toda vuestra vida, tampoco creí necesario que supieseis la mía – Se dio la vuelta y se marchó

- Creo que tienes razón, Harry, comienzo a pensar que el venir aquí ha sido más una obligación que una satisfacción para ella

Salieron al porche donde estuvieron callados un rato hasta que vino ella. Llevaba puesto un camisón de algodón blanco de tirantes que hacía resaltar su piel morena. Se sentó en su mecedora y comenzó a balancearse.

- Debo pediros perdón, es que no estaba preparada para afrontar tantas cuestiones en un solo día. Os lo iré contando todo poco a poco, sois las dos únicas personas a las que nos les ocultaría nada. Sólo es cuestión de tiempo, por favor

- Está bien, tienes todo mi tiempo, de hecho, tienes toda mi vida – Le contestó Sirius guiñándole un ojo y tirándole un beso

- Claro, no ha problema... pero necesito saber si Sirius te dijo lo que vimos anoche

- Sí me lo dijo

- ¿Y?

- Y ese es el tema principal que pido, por favor, no se toque – Su tono cordial se iba perdiendo

- Pero fue muy extraño ¿No deberíamos...?

- No

- Pero siendo la casa de la abuela...

- No quiero hablar de ese tema, por favor – Emy se puso en pie furiosa, luego se llevó las manos a la cara – Perdón, no quiero que se hable de este tema, ni que te acerques allí, por favor ¿Me lo prometes?

- Pasó algo muy extraño tía y deberíamos saber si hay alguien allí

- Me lo prometes ¿sí o no?

- ¿Quieres que te prometa que no voy a hablar de ello y que no me voy a acercar a la casa?

- Exactamente eso ¿Me lo prometes?

- De acuerdo, prometido – Harry lo dijo con muy pocas ganas

- ¿Y tú? – Preguntó Emy a Sirius

- ¿Yo también?

- Tú sobre todo

- Prometido