CAPITULO II

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Años atrás…

Siempre y desde que conoció a Hinata, le pareció que era una niña débil, oscura y rara, logrando sobresalir de entre sus compañeras de clase por su cabello corto hasta por debajo de sus oídos mientras que las demás niñas tenían el cabello largo, pero a pesar de esos aspectos tan raros a Naruto siempre le pareció que ella era una buena persona. Sus ojos solo podían ver a Hinata como una princesa, de esas que salían en los cuentos que le contaba su madre antes de dormir, y que eran salvadas por un príncipe fuerte que luchaba contra los malos para salvarla de la oscuridad, tal vez por esa razón siempre Hinata lucia triste, ella estaba bajo las garras de los malos y el la salvaría, la haría sonreír. Al menos eso pensó cuando tenía 10 años.

Recordaba que ese día había tomado del área de limpieza una escoba gastada, y para terminar su personificación de príncipe, tomo el tubo de cartón con el que anteriormente estaba jugando a las espadas con sus amigos y con la cual acabaría con todos las personas malas que hacían que Hinata estuviera triste.

Montado en su caballo blanco y con su espada en mano, Naruto se acercó galopando hacia aquel rincón oscuro del salón donde su compañera de grupo siempre estaba en la hora de los descansos, siempre con la misma posición abrazada a sus piernas y con la barbilla apoyada en sus rodillas sosteniendo entre sus mano su bentou y palillos. Acelero el paso, alzo el brazo que sostenía su espada, bajo su brazo rápidamente en cuanto estuvo delante de ella, dando un pequeño y doloroso golpe en la cabeza de la princesa quitándole el encantamiento con la que había sido hechizada esperando que eso fuera suficiente para devolverle su sonrisa, pero no fue así. Todos rieron.

Lo cierto es que con el golpe logro que su rara compañera lo mirara a la cara, el vio su extraño color de ojos pensando si era necesario blandir nuevamente su espada para regresarlos a la normalidad hasta que cayó en cuenta que de los ojos de Hinata comenzaba a salir agua, o no, la había hecho llorar.

-Ya no tienes que llorar - sonrió y la niña paro su intento de llanto- te he salvado de la oscuridad dattebayo- le extendió su mano esperando que ella la tomara.

Estaba claro que no le daría un beso para dar por terminada su hazaña así como en los cuentos, "fuchi" jamás haría eso con una niña, le bastaba con que ella aceptara jugar y sonriera como todos. Vio como los ojos de su compañera se abrían como platos, y las lágrimas caían de ellos hasta quedar secos nuevamente, "anda vamos a jugar" le había dicho y acerco su mano hacia ella nuevamente. Hinata lo miro dudosa y con temor, pero al final termino aceptando la invitación de su nuevo amigo a jugar, sonriendo tímidamente contagiada de la alegría de su compañero Naruto Namikaze, quien orgulloso de su logro sonrió más ampliamente.

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Su mente se había perdido por unos momentos en sus recuerdos, específicamente en aquellos recuerdos donde Hinata era la niña de nuevo ingreso, recordaba que a primera vista la había catalogado de débil, oscura y rara pero al final de las cosas Hinata solo era tímida e insegura y bueno para que negarlo seguía siendo un poquito rara en algunas ocaciones. Su personalidad no había cambiado demasiado en el tiempo que había convivido con ella en la Ciudad del Remolino, incluso llego a pensar que nunca cambiaría su actitud y que siempre seguiría como la conocía en esos momentos pero tremenda sorpresa se llevó cuando la volvió a ver ese día atendiendo las mesas de Ichiraku Ramen, su cadena de restaurantes favorito; desenvolviéndose con los clientes con naturalidad, muy segura de sí misma pero lo que más llamo su atención era la enorme sonrisa que les regalaba a los comensales cada vez que terminaba de tomar su orden. Pensó que ella era feliz.

La había reconocido al instante en que la vio ya que en todo ese tiempo no había conocido a ninguna chica con un color de ojos tan extraño y a la vez tan enigmático como los de ella, eran unos ojos realmente bonitos. Esa era una de los cosas que más le gustaban de Hinata, sus ojos, estos eran una puerta hacia el interior de su amiga que muy pocos se dedicaban a apreciar de ella y que por fortuna él, aun con todo y sus despistes logro notar. Su mirada siempre era dulce y temerosa como uno de esos perritos de la calle que temen a los humanos, porque con anterioridad ya habían sido lastimados por ellos ¿Quién habría lastimado a Hinata para que temiera de las personas? Se preguntó. Ella nunca le había hecho comentario alguno sobre ese asunto, y a él nunca le intereso averiguarlo, lo único importante cuando estaba con ella era verla sonreír ya que a Hinata le iban mejor las sonrisas que las lágrimas.

Volvió a tener esa misma opinión desde que la encontró encogida en una esquina de la angosta cabina telefónica en la que se resguardaba de la lluvia, se veía tan frágil y pequeña en esa posición que no se detuvo ni un segundo en bajar de su auto y correr a su encuentro. Abrió la puerta con brusquedad, preocupado por saber que era lo que había pasado con ella para llegar a ese punto en donde sus enigmáticos ojos perdían el brillo alegre que poseían y que terminaba desbordándose de ellos en forma de incesantes lágrimas. Ella despego su cabeza de sus rodillas topándose con Naruto, sus ojos se abrieron cual grandes eran, estaba sorprendida. El rubio se preguntó interiormente si ella estaría sorprendida por su presencia o por la expresión extraña que habría puesto al encontrarla en ese estado.

-Vámonos. Salgamos de aquí- ordeno extendiendo su mano hacia la joven. Ella solo asintió tomando su mano. Esta vez no hubo ninguna sonrisa para su salvador.

Caminaron en silencio hacia donde se encontraba el auto de Naruto ya para ese entonces la lluvia había cesado convirtiéndose en una fría brisa de otoño. Miro hacia su costado izquierdo fijando su vista en sus manos entrelazadas con las de su amiga, estaba fría y como no estarlo si Hinata estaba empapada de pies a cabeza, de su ropa caían gotas de agua y ella comenzaba a temblar de frio por lo que como buen caballero que era, se sacó su abrigo de encima entregándoselo a la joven a su lado.

-Toma, póntelo. Podrías enfermar si sigues con ese abrigo mojado- ella asintió acatando la orden. No hablaba tan solo se limitaba a llorar y secar sus lágrimas en un intento en vano de detenerlas.

Al rubio sintió un vacío en su pecho al encontrarla en ese estado, ¿A dónde había ido la Hinata con la que tomo un café esa tarde? ¿Qué había pasado con su alegría y timidez? ¿Quién se las había arrebatado? Tenía más preguntas que deseaba hacerle pero sabía que ese no era el momento idóneo para hacerlas y daba gracias al cielo porque su sentido común no tomara un descanso en esos momentos de lo contrario desde hace mucho que ya lo habría arruinado.

A pesar de ir conduciendo no podía despegar los ojos de Hinata, quien ya lucia más tranquila, al menos ya no lloraba pero por el semblante que tenía cualquiera se podría dar cuenta que la tristeza aún seguía habitando en su mirada y su corazón. No le había preguntado sobre su dirección para llevarla a su casa, ni mucho menos si deseaba que la llevara a un lugar en particular, el solo se había dedicado a dar vueltas por la ciudad esperando que ella le dirigiera la palabra pero eso nunca pasó por lo que tomo la decisión de llevarla a su departamento, suponía que por el momento y debido a que ya era tarde esa sería la mejor opción.

No tardaron mucho en llegar a su departamento, la zona era bonita, con calles iluminas por una luz tenue que no dejaba un rincón de oscuridad en esa calle. Cuando el auto se detuvo Hinata rompió la burbuja en donde sus pensamientos la tenían presa para poder darse cuenta que el auto había dejado de moverse, su mirada perlada se posó en los zafiros de su acompañante haciendo una pregunta muda.

-Estamos en mi departamento. No sabía a donde llevarte y el que tú no hablaras ni me miraras no ayudaba- comento de manera dolida por ser ignorado.

-L-lo siento, Naruto-kun- pidió disculpas manteniendo la mirada en el suelo- … muchas gracias por traerme aquí. No tengo deseos de regresar a mi casa, al menos no por esta noche.- el joven anfitrión la miro pensativo durante un momento. En su mente solo podía repetirse la misma pregunta ¿Quién había lastimado a Hinata?

-Por eso no te preocupes, puedes quedarte aquí el tiempo que desees.

Después de esa breve conversación Hinata no volvió a pronunciar más palabras que no fueran un agradecimiento o en su caso una disculpa, la joven se encontraba ida, encerrada en un su propio mundo de pesadillas. Naruto la invito a que tomara una ducha de agua caliente advirtiendo que su ofrecimiento no tenía ninguna doble intención y solo lo decía para que de ese modo su cuerpo obtuviera un poco de calor, le presto una de sus pijamas y su habitación para que pudiera descansar esa noche o las que le siguieran, mientras tanto el dormiría en el sillón de la sala, después de todo era un lugar cómodo.

Una vez que su inquilina se quedó dormida Naruto tuvo la oportunidad de tomar una ducha y reflexionar sobre lo acontecido en esa noche y las palabras dichas por Hinata en cuanto recibió su llamada "Yo acepto tu propuesta Naruto-kun… yo… por esta ocasión… Quiero ser egoísta" ¿es decir que ella aceptaba todas las consecuencias que vendrían al casarse con él? Llegados a ese punto, el sufrimiento que pudiera causarle a los demás e incluso a ella misma ya no importaba, había decidido meterse a la boca del lobo por voluntad propia con una convicción no mostrada con anterioridad, el rubio no sabía si alegrarse por la suerte que había tenido al que ella aceptara o preocuparse por el sacrificio que estaba haciendo, de cualquier forma, la decisión que ella había tomado terminaba beneficiándolo a él y eso era lo que debería de importarle.

Sabía que sería muy fantasioso de su parte pensar que su propuesta sería beneficiosa para los dos pero lo cierto era que como en cualquier negocio alguien tendría una ganancia o una perdida y el por el momento no deseaba sufrir ninguna pérdida total. Le estaba apostando todo a este matrimonio ficticio, tendría asegurado su futuro con la pequeña herencia que le daría su abuela si él se casaba, tal y como le había puesto de condición. Respecto a su vida amorosa, no le importaba formalizar con nadie que caso tenia , si con la que de verdad deseaba formalizar no correspondía sus sentimientos así que por ese lado ya no había nada masa que perder, aunque no podía negar que ese hecho no le causara dolor pero había a prendido a asimilarlo y minimizar el daño que le causaba esa realidad, llenaba el vacío de esa pérdida con sus noches de fiesta y con una que otra mujer que aceptara recibir su calor por una noche, pero nunca había una novia formal solo buenas amigas.

Al terminar su ducha y adoptar un pantalón deportivo como pijama dejando su pecho al descubierto solo en lo que secaba su cabello, Naruto se dirigió al sillón negro de piel que se convertiría en su cama por esa noche. Demasiadas emociones por ese día lo tenían agotado mentalmente, por lo que no tardó mucho en ponerse una camiseta y acostarse en aquel sillón, dejando que el sueño lo venciera casi al instante en el que se arropo.

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El cielo de esa mañana se encontraba nublado y con bajas temperaturas a causa de la lluvia nocturna, cualquiera que viera el cielo podría diagnosticar que pronto volvería a llover por lo que las personas que tenían que salir lo mejor era fueran bien abrigados para la ocasión, mientras que aquellos suertudos que no tenían ninguna actividad en esa mañana bien podrían permanecer abrigados en sus camas sin ninguna preocupación. Disfrutando de esa calidez que solo las mantas nos pueden brindar, arrullándonos e invitándonos a dormir mas de la cuenta, olvidándonos de nuestra propia realidad y enfocándonos completamente en nuestros sueños, donde la mayoría de las veces los sucesos que experimentamos son agradables, lejos del dolor y la tristeza.

Eran las 10:30 de la mañana cuando Hinata comenzó abrir sus adoloridos e hinchados ojos perla, trato de enfocar y ver su habitación pero no lo logro, logro moverse de entre las mantas hasta colocarse boca arriba volviendo hacer el intento de enfocar algún punto del techo de la habitación en esta ocasión solo logro ver algo borroso, seguramente su visión era mala por haber estado llorando durante la mayor parte de la noche hasta que el cansancio la venció.

Conforme iba despertando el aroma varonil que desprendía la habitación iba invadiendo sus fosas nasales haciendo que su atención y pensamientos se centraran en el dueño de dicha habitación, llenando de un poco de paz a su mente que amenazaba con convertirse en un mar de pensamientos negativos que al final de todo terminarían por hundirla en las profundidades de su dolor, tal y como había pasado la noche anterior. Había tocado fondo y lo sabía, si hubiera sido en otro momento de su vida quizás no hubiera hecho ningún esfuerzo por volver a la superficie pero en esta ocasión no se quedó con los brazos cruzados.

Respondio a las ofensas, humillaciones y recriminaciones que su padre había proferido hacia su persona, si, toco el fondo del mar pero salió de el convertida en un fuerte tsunami que amenazaba con darle fin a todo lo que se encontrara a su alcance. Sacando fuerzas y valor de quien sabe de qué lugar de su corazón, había lanzado palabras cargadas de enojo y dolor hacia su padre, por un momento se había convertido en un animalito que a sabiendas que perdería la contienda no le dejaría las cosas sencillas a su adversario. Sabía que su arranque de rebelión hacia su padre no había sido un acto para sentirse orgullosa pero la frialdad y maldad con la que su padre había actuado para darle una lección la habían molestado de sobremanera, haciendo que el resentimiento que tenía guardando hacia su padre explotara. Jamás le perdonaría lo que le había hecho a Mina-chan y sus gatitos, ¿que habían hecho de malo para que terminara por arrojarlos a la calle sin tener piedad de ellos?

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Después de salir de su casa había ido buscando por las calles a la adorable gatita y sus crías para resguardarlas de la lluvia que se avecinaba, no sabía a ciencia cierta hacia qué lugar irían pero lo mejor era estar juntas ya después se preocuparía por lo demás. Había buscado por cada una de las calles y basureros de su vecindario pero no la encontraba, hasta que se le había ocurrido ir al parque guardando en ella la esperanza de encontrarla en ese lugar y ayudarla.

Corrió lo más rápido que sus cansadas piernas le permitieron pues había empezado a llover, y no era bueno que unos gatitos con poco tiempo de haber nacido estuvieran mojándose, por lo que comenzó a buscar entre los arbustos esperanzada de que al menos su padre los hubiera dejado en una caja cartón que los protegiera de la lluvia. No paso mucho tiempo hasta que escucho unos débiles y chillones maullidos que llamaron su atención, los había encontrado.

El escenario que encontró siguiendo el sonido de los maullidos de los gatitos no fue nada agradable, al contrario era de lo más doloroso y horrible que había visto. Mina estaba mal herida, tenía mordidas en todos lados suponía que había peleado con un algún perro callejero mientas que los bebes, la mayoría están muertos solo dos de sus gatitos habían sobrevivido. Se cuestionó internamente si era verdad lo que está viviendo y no se trataba de alguna pesadilla. Sentía que su cuerpo se había convertido en piedra puesto que por más que lo deseaba le era imposible moverse con libertad, sus manos temblaban y su llanto se hizo presente.

-T-tranquila Mina-chan… - susurraba tratando de hacerle saber a la gatita que ella estaba a su lado- To-todo e-estará bien, tu… tú vas a estar bien…- con sus manos temblorosas tomo el cuerpo de la gatita quien comenzaba tener problemas para respirar-resiste Mina-chan, tus bebes te necesitan- corrió hacia donde se encontraba la caja de cartón para depositar el cuerpo de la gatita junto con los dos gatitos sobrevivientes.

Sentía la adrenalina y la angustia invadir su cuerpo como si fuera el bombeo constante de sangre, su cuerpo temblaba y sus manos se encontraban adormecidas sentía que con cualquier ráfaga de viento la dejaría caer. Miro hacia todas las direcciones pensando que dirección tomar para poder llegar hacia alguna clínica veterinaria, llegando como un chispazo a su mente el recuerdo de haber visto una clínica cerca del parque la cual quedaba a varias cuadras y corrió, corrió como si su vida dependiera de ello, cruzaba las calles sin fijarse realmente si era seguro pasar, no le importaba el único pensamiento que ocupaba su mente en esos momentos era salvar la vida de la felina malherida.

El pitido de un auto, seguido por el rechinar de los frenos al ser detenido violentamente el vehículo fue lo que hizo volver a la realidad a la joven, viéndose parada a mitad de la calle siendo alumbrada por las luces de un auto color negro. Vio que desde la ventana del conductor una persona asomo su cabeza.

-¡Oye niña fíjate al cruzar la calle! ¿Que no ves que puedes causar un accidente?- grito molesto el conducto pero a Hinata poco le importo, camino a prisa hacia el pidiendo su ayuda.

-Por favor… -suplico entre lágrimas- ¿P-podría llevarnos a la clínica veterinaria que está aquí cerca?, es una emergencia… por favor- sollozo.

-¿Oye que te pasa?- pregunto extrañado el conductor.

-Por favor…- suplico nuevamente- E-esta gatita… está muy mal herida…- sus ojos se posaron en la mina quien para ese entonces solo podía lanzar suspiros, la vida se le estaba escapando- por favor, ella se está muriendo.- Hinata en un acto por compadecer a la persona le mostro el interior de la caja. El conducto suspiro.

- Está bien, sube.

No tardaron mucho en llegar a la clínica, la joven Hyuga bajo rápidamente del auto acompañada del joven conductor pero para ese entonces ya no había nada que hacer por la pequeña felina, ya que una vez que llegaron Mina solo su último aliento, siendo Hinata testigo de ello. Desde un principio y como aspirante a médico veterinario, sabía que no había mucho que hacer por ella, la pérdida de sangre era bastante y las heridas eran profundas pero aun así quiso creer que aquel panorama tan lamentable podría convertirse en uno mejor en donde estos momentos fueran parte de un mal recuerdo, ahora creía que su padre tenía razón cuando la llamaba débil e ilusa. Era una completa tonta.

No fue hasta que el medico convirtió su realidad en palabras que ella se dio cuenta que todo su esfuerzo había sido en vano, al final de todo ella también le había fallado a Mina, no la había protegido del sufrimiento y de la muerte, no era más que una inútil.

Su realidad la golpeo de forma cruel y despiadada, desahogándose en un llanto escandaloso como si fuera una niña nuevamente. Busco la salida de aquel consultorio, escucho que el doctor y el dueño del auto que la llevo ahí le gritaban pero ella no les hizo caso, nuevamente se echó a correr como si su vida dependiera de ello, la lluvia le daba en la cara causándole dolor pero eso ya no importaba, después de todo ella ya estaba acostumbrada al dolor, con ponerse a correr quería dejar atrás su realidad, esa realidad que la atormentaba y que solo le recalcaba lo inútil que podía ser.

De nada había servido ser obediente a las reglas que imponía su padre nunca obtendría su reconocimiento, ser una persona noble era una muestra de debilidad ante sus ojos, para él la fortaleza era medida en cuanto a ser una persona fría, calculadora y egoísta, ahora es que lo comprendía, todo eso era lo contrario a ella.

Si era débil, torpe e inútil pero eso cambiaria, no por obtener la aprobación de su progenitor si no por su bien, para protegerse de volver a sufrir a causa de otras personas, ella debía ser egoísta para poder sobrevivir en el mundo donde se desenvolvía y así lo haría.

Sus pasos la llevaron a esa pequeña y solitaria cabina telefónica, entrando en ella con rapidez como si aquel lugar tan angosto fuera su bote salvavidas.

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Se levantó de la cama puesto que no quería seguir pensando es cosas tristes, su vista recorrió cada uno de los rincones que la habitación, cada uno de los objetos personales que se encontraban a la vista captaron su atención tratando de conocer un poco más del dueño.

La habitación era espaciosa pintada en su mayoría de color blanco haciendo resaltar la pared donde se encontraba la cabecera de la cama la cual tenía un color negro, los muebles tenían el mismo color que esa pared resaltando de entre la blancura de las paredes sobrantes. La habitación tenia lo necesario para un hombre soltero, nada sobre salía más que otra, todo armonizaba dando un ambiente varonil, elegante y oscuro. Casi podría decir que aquella habitación no parecía ser la de Naruto. Su amigo no era oscuro, él había sido una persona demasiado colorido, era como un arcoíris después de la lluvia.

Se sentía incomoda estando inspeccionando la pieza, por lo que se apresuró a salir de allí. Al abrir la puerta se tomó de lleno con el dulce olor de un jugo de naranja recién preparado, relamió sus labios resecos tratando de hidratarlos pero la realidad era que esa acción no sirvió de nada y aun después de aquel fallido intento seguía muriendo de sed, camino con pasos dudosos hacia donde provenía aquel dulce olor, no tardo casi nada en llegar a la cocina, encontrándose con su amigo de la infancia quien desayunaba tranquilamente en la isla.

-Buenos días Hinata. ¿Dormiste bien?- saludo el rubio sin llegar a verla puesto que tenía su atención puesta en su desayuno.

-sí, gracias por tu hospitalidad.- agradeció dando una reverencia, solo en esos momentos Naruto la miro.

-No hay nada que agradecer, después de todo eres mi prometida ¿no es así?- pregunto tanteando el terreno que pisaba.

Ella abrió sus ojos sorprendida y sonrojada, había olvidado completamente que en un momento de debilidad había aceptado el trato que el joven delante de ella le propuso. Sintió vergüenza, inseguridad y miedo a la vez, solo ahora es que lograba entender la magnitud de su decisión y lo que conllevaba pero era un paso ya dado, no podía hacerle eso a su amigo él no tenía culpa sobre los hechos que la orillaron a darle esa respuesta, ella ya acepto la propuesta y llegaría hasta el final de las consecuencias haciendo a un lado el susurro que la alertaba del peligro.

-No me digas que era mentira lo que me dijiste ayer.-comento Naruto al ver la sorpresa reflejada en su rostro mientras ingería otro pedazo de fruta de su plato.

-P-Por supuesto que es verdad lo que dije, yo….-Pauso inhalando un poco de aire y valor. Naruto la miraba dudoso, seguramente no creía en que seguiría adelante con este compromiso falso- ¡Acepto casarme contigo, prometo que no te arrepentirás de tenerme como tu esposa! ¡Seré la mejor esposa que pudiste conseguir!-las mejillas tanto de Hinata como de Naruto se pintaron de carmín ante tales palabras. Siendo a este último tan impactante sus palabras que había dejado caer el tenedor de su mano.

Quedo estupefacto ante la sinceridad y devoción con la que su amiga expreso el compromiso hecho con él, por un momento se sintió traspasado por sus palabras provocándole un ligero escalofrió que le recorrió la espalda de arriba hacia abajo, aquello no parecía un compromiso por conveniencia, más bien parecía como si se tratara de una confesión de amor. Se sintió avergonzado por confundirse y salirse de la realidad, estaba actuando como cualquier jovencito de 14 años que recibía su primera confesión de amor, era patético puesto que él no era un inocente, a sus 23 años ya contaba con la suficiente experiencia como para saber cómo es que una mujer termina embarazada, pero la sinceridad de su ahora prometida paralizo todo su ser. Hinata no hablaba de amor, y eso estaba claro, ella solo estaba dejando al descubierto que tan entregada estaba para que esa farsa fuera creíble para los demás, por lo tanto el no debería darle otro significado a sus palabras. Él lo único que debía hacer era enfocarse en que la mentira que estaba creando fuera real para sus conocidos, mas no para el mismo. Ese era el trato.

-Me…-carraspeo- me alegra escuchar eso de tu parte, por un momento cruzo por mi cabeza que tu respuesta había sido producto de un impulso, pero ya veo que no.

-Estoy dispuesta a seguir adelante con nuestro acuerdo. Acepte ayudarte y no pienso retractarme de mis palabras.

-Me parece perfecto.- el joven rubio se levantó de su asiento para acercarse a la encimera y ofrecerle su desayuno- Espero te guste.

- Gracias por la comida. - sonrió conforme tomaba el plato en sus manos e ingería el primer bocado.

-Sobre lo de nuestro compromiso…-Naruto comenzó dudoso su plática, quizás no era el mejor momento para hablar de su matrimonio falso pero necesitaba ver si esto podría funcionar y entre más pronto mejor-tengo pensado presentarte a un buen amigo mío y hacerle saber sobre nuestros planes de casarnos- Hinata lo miro apenada.

-¿Le dirás que sobre la falsedad de nuestro compromiso?- pregunto dejando su desayuno a medio terminar.

-No, todo lo contrario. Quiero poner a prueba lo que dijiste anteriormente. Eso de que tu serias la mejor esposa que pude conseguir- Hinata se ruborizo, agacho la cabeza y comenzó a jugar con sus manos por debajo de la mesa- No me malentiendas, la prueba no es para ti, es más bien para ver si es bueno seguir adelante con esta farsa o mejor desistir de ella.-Suspiro- Mi amigo es sumamente observador, además me conoce lo suficientemente bien como para saber que estoy planeando algo como un esto para poder seguir gozando de la vida que llevo, por lo tanto si llego a presentarte con él estará a la defensiva y con mirada de halcón tratando de hallar la verdad sobre este matrimonio.-su inquilina escuchaba atentamente cada una de sus palabras, tratando inútilmente de mantener en calma sus emociones ya que con cada palabra dicha por su amigo hacia que su miedo y nerviosismo aumentara, después de todo ella nunca había soportado ser el blanco de las miradas de las personas. Comenzaba a dudar sobre sus palabras. – Es ahí donde debes de cumplir lo que dijiste. Demuéstrale que eres mi novia, que nos amamos y por eso deseamos casarnos.

-Yo no sé si pueda hacerle creer a tu amigo que somos una pareja de novios.-susurro.

-Tienes que hacerlo, después de todo ya lo prometiste.-sentencio- además yo estaré a tu lado para ayudarte, por si ese idiota duda de la veracidad de nuestra relación.- dijo molesto, temiendo que no funcionara.

-¿Y cuándo conoceré a tu amigo?

-Hoy en la tarde. En Ichiraku Ramen.

-¿Eh? Pero hoy tengo que trabajar.-exclamo.

-Por eso lo conocerás en ese lugar. Él debe de conocerte tal y como eres; no me lo tomes a mal pero difieres mucho de las amigas con las que salgo pienso que eso nos dará puntos a favor, o eso espero.

Naruto siguió hablando sobre los demás puntos importantes para el encuentro que tendría aquella tarde, también llego a mencionar aquello que podría arruinar el plan pero para Hinata eso dejo de importar lo único que podía resonar en los oídos de Hinata era el acelerado palpitar de su corazón producto de la adrenalina que comenzaba a recorrer su cuerpo, aun y con esas incomodidades seguiría adelante, dando el cien por ciento para no fallarle a su amigo.

El primer paso ya estaba dado por lo que dar el segundo ya no sería un problema, debía aprender a caminar con naturalidad por aquel sendero lleno de mentiras por el que había decidido andar, no importaban los problemas que se vinieran encima, ella los tomaría como una prueba más para convertirse en la persona fuerte que anhelaba ser, por lo tanto debía ignoran los escalofríos que le recorrían la espalda y transformar las señales de alarma que desde que encontró a Naruto no dejaban de sonar con intensidad en relajantes canticos de aves. Había dado a su palabra, no daría un paso atrás o dejaba de llamarse Hinata Hyuga.

Continuara…

Comentarios finales:

Pido disculpas por el enorme retraso en publicar pero debo decirles que tuve problemas a la hora de armar los sucesos que escribí en este capítulo, no sabía como describirlas u_u lo siento. Para recobrar un poco de inspiración tuve que (sacrificarme XD) a escuchar el ost de Shigatsu wa Kimi no uso *3* Alguien ha visto ese anime? O escuchado el ost? Si no es asi, se los recomiendo. Deben verlo!

Por otro lado, en este capítulo quise explicar un poco del pasado que tienen en común Hinata y Naruto así como ese estira y afloje emocional que tiene Naruto hacia su relación con nuestra adorada princesa Hyuuga, es que ella es tan adorable que pocos se resisten a su encanto*/* sino pregúntenle a Narutin jaja

Sufrí bastante cuando escribí la parte en la que minina muere, la verdad es que para poder escribir esa parte tuve que remover entre mis recuerdos, solo que en mi caso fue mi perrito el que murió de eso ya hace 3 años, murió de torsión de estómago esa madrugada fue una total agonía tanto para el como para mí, ya que llamamos a varios veterinarios y ninguno quiso ayudarnos por lo que mi perrito murió en mis brazos. En ningún momento lo deje solo así como él nunca me abondo, fui testigo de su último aliento… por eso en esa parte de la historia está plasmado un poco de mi persona en Hinatita y su negación ante la muerte inminente de Mina-chan ;w; (canción con la que me inspire en esa parte fue con Love's sorrow y Otouto Mitai na Sonzai del OST de Shigatsu wa Kimi no uso, por si alguien desea escucharla mientras lee)

En fin, ya para finalizar les comento que esta historia ya comienza a avanzar y ya tengo la idea para el próximo capítulo asi que ahora si espero no tardar más del mes en actualizar.

Tienen idea de quién es el amigo de Narutin? Creo que si di pistas sobre el, aunque quien sabe… esperemos que a Hinata le vaya bien y actué a la perfección su papel de Novia *3*con beso y arrumaco y todo lo que conlleva ser la novia de Naruto!

¡Hasta la próxima!