Cap. 2 El Támesis y Desayuno Familiar
Desperté en un suelo, sucio y húmedo lleno de espinillas y restos de pescados. Me di cuenta que estaba en un mercado de pescado, en un puerto bajo una enorme puente. El lugar se veía oscuro y sucio, cuervos salían como un cementerio. Me di cuenta que no era Infratierra.
¡Estaba en el mundo de Alicia! ¡En Sobretierra! ¿Cómo llegué? No tengo ni la más mínima idea.
-¿Hola? ¡Hola! –llamaba pero nadie me escuchaba. Vi luz en un arco, al parecer una fogata, vi unas sombras que me causaron miedo y en ellas apareció un muchacho aterrorizado, tenso, tembloroso. Se acercó a mí -¡Huya, señor! ¡Ese tipo es un maldito! –me decía, vi que tenía una cortada alrededor de su cuello sangrándole -¡Ese tipo es un maldito! ¡Es un…!
El terror me llegó cuando a ese chico se le cayó la cabeza, rodeo al suelo hasta caer al mar.
-¡Santo Dios! –grité cuando se me iba a caer encima su cuerpo decapitado.
Era el río Támesis de Londres en donde yo estaba, y vi que en sus aguas estaban flotando cabezas, miles de cabezas, y no sólo cabezas humanas, había de caballos, perros, gatos, incluso de peces y pájaros, habían cuervos devorándose los restos, casi todo el río estaba lleno de cabezas.
Me desperté, fue un sueño. Nada más una pesadilla. Pero, ¿por qué la tuve? ¿Es una advertencia? Cada vez que sueño algo indica que algo va ocurrir; algo similar a la historia bíblica de José el Soñador, pero era la primera vez que soñé algo en Sobretierra… ¿Por qué?
-¿Qué tienes, Tarrant? –me preguntó papá, despertándose y acariciándome la cabeza -¿Otra vez tienes insomnio?
-Tuve una pesadilla –le dije.
-Ya me di cuenta, ya son las 3:33 de la mañana –dijo viendo un reloj que estaba en la mesita de noche. A veces cuando tengo insomnio o pesadillas, suelen pasar a esa hora: 3:33 de la mañana. Tal vez unos dirán que se me subió el muerto.
-¿Es cierto que a esa hora se te sube el muerto? -pregunté, mientras él me besaba la frente –Pues a mí me gustaría conocer al muertito que se te sube –dijo en forma de broma –Shh, shh, calma, estás con papi, nada te va pasar –me calmaba ayudándome a recuperar el sueño.
A la mañana siguiente…
Papá se sentó en la cama, parecía que había despertado de una cruda tras una buena borrachera; digo, él nunca se ha empedado, está en contra de las borracheras -Ay, buey. Odio los medicamentos –dijo torciendo la boca con mucho mareo -¿Tarrant? –volteó a verme si seguía dormido. No estaba en la cama, estaba haciendo un Saludo al Sol.
-¿Todavía haces la rutina de yoga? –dijo medio dormido y sonriéndome.
-De niño, me decías que debería hacer ejercicio para controlar el envenenamiento –le dije mientras hacía El Perro Mirando Hacia Abajo. Alcé mi pierna hacia arriba para luego hacer La Paloma.
-Y veo que Jaque te enseñó bien –dijo recordando que fue Jaque el Caballero Blanco quien me metió hacer yoga, mucho antes de que me enseñe a combatir y usar espada. Lo vi y ahogué una risa –¡Pareces que has estado en una peda!
-Esta cosa me da un chingo de mareo –dijo viendo la transfusión inyectada en su brazo.
-¡Buenos días! –llegó el doctor -¿Cómo amaneció, señor Hightopp?
-¿Cuál de los dos? –preguntó papá -¿El Chamaco? –me apuntó y luego a él mismo –O, ¿el Ruco? –volví ahogar una risa.
-Obvio que el Ruco –dijo en broma el doctor mientras lo revisaba, le daba risa el aspecto que tenía –Se sentirá mareado por unas horas, su nueva sangre se le estará acostumbrando en su cuerpo, eso sí, tendrá que controlarse en sentir mareos al oler la comida que le darán en el desayuno. Como cortesía de su majestad, le han preparado un desayuno para celebrar su regreso. Sólo la Familia Hightopp.
-¡Oh! ¡Un desayuno familiar! –dije sorprendido.
-Sólo que no nos vayan a dar semillitas y migajas de pan –dijo papá recordando lo que le daban de comer en la granja.
Tiempo después…
Toda mi familia se ha reunido en aquel desayuno familiar. Todos estaban vestidos con camisones del servicio médico, mareados por los medicamentos, pero felices.
Papá todavía no ha llegado, ni yo. Él estaba en camino al desayuno, limpiándose la picadura de la jeringa mientras yo me fui a la casa a arreglarme y traer la sorpresa que les tenía preparado. Mientras iba en su camino, un golpe de recuerdos llegó a la mente de mi padre.
Flashback
(37 años antes)
Todavía no he llegado al mundo. Era una mañana en Witzend, mi padre aún era un joven comenzando con el oficio de la familia. Eran las seis de la mañana, casi nadie se había despertado aún o abierto sus puestos.
Papá se veía triste, nostálgico, mientras empezaba a preparar todo para el trabajo…hasta que alguien tocó la puerta. Él la abrió. Era mi madre, en ese tiempo era una joven doncella del castillo de Witzend, vestida con un vestido fino de cortesana y una túnica. Papá se sorprendió.
-¡Tyva! Pasa, ponte cómoda.
Mamá entró, papá no tardó en darse cuenta que tenía un golpe terrible en el lado izquierdo de su cabeza, le dejo una herida abierta en la ceja izquierda, sangrándole.
-¡Santo Dios! –dijo al ver el golpe -¿qué te…?
-No, no es nada –dijo mamá apartándose cuando él iba a tocar la herida. Rápidamente, papá trajo un tazón con agua y un trapo para limpiarle la herida.
-Fue Stayne, ¿cierto? –preguntó papá. Mamá insistió con la cabeza. Trébol Stayne, o como yo lo llamaba; El Viejo Stayne, el padre de Ilosovic Stayne, la golpeó –Ya me lo esperaba…más que su mamada –dijo mamá tratando de aguantar el dolor del golpe.
-¿Por qué lo hizo? ¿Estaba borracho?
-No…está enojado…él y mi madre.
-¿Por qué? -preguntaba más papá, hasta que él mismo encontró la respuesta –Le dijiste…que tú y yo…tuvimos…
-No, no les dije nada sobre…nosotros y… aquella noche –dijo mamá –Pero ya descubrieron que ya no soy…doncella.
-¿Cómo? –preguntaba más papá, confundido –Estás muy pálida, Tyva…¿Qué ocurre?
Mamá inhalo aire, algo ocurrió con ella –Zanik…tengo algo importante que decirte…quiero que lo sepas por mí antes que otra persona.
Papá trataba de estar más tranquilo ante la tensión que sentía. Mamá, con la mirada llena de preocupación soltó un suspiro.
-Estoy embarazada –le dijo –Voy a tener un bebé –miró a papá en los ojos –Tú eres el padre.
Papá quedó atónito…es padre de un bebé no esperado.
-¿Cuándo nacerá? –preguntaba tratando de estar tranquilo.
-Inicios de Octubre –dijo mamá empezando a llorar –Mi madre lo quiere dar en adopción, cuando vaya a nacer, en un pueblito de la Tierras Lejanas.
Papá se asustó al oír eso. El pueblo de la Tierras Lejanas era un lugar lleno de pobreza, hambre y enfermedad y que los niños no sobreviven ni en un segundo.
-Pero yo lo quiero tener –dijo entre lágrimas mamá –Todavía no saben que eres el padre.
Papá soltó un suspiró –Creo que…he cometido…el error más grande de mi vida –dijo con la cabeza hacia abajo –Pero debo decirte… que no me arrepiento en haberlo hecho –le dijo sonriéndole a mamá –Porque ese pequeño angelito que estás esperando, es la encarnación del amor que yo siento por ti. El amor que tanto te hacía falta.
-¿Quieres decir qué…?
-Sí, Tyva –le sonrió más a mamá –Yo también quiero a ese bebé.
Mamá lloró más, pero de felicidad, ella y papá se abrazaron –No te preocupes –le dijo papá mientras le acariciaba la cabeza –Buscaremos una forma para que nuestro bebé, nazca bien y que esté con nosotros, y no dejaré que tu madre lo lleve a ese horrible lugar sin mi autorización. Aún si tengo que revelarme ante ellos.
Y sí, aquel bebé, que llegó de sorpresa, era yo.
Regreso al Presente…
-¡Cielos, tío Zanik! Parece que has venido de una peda –dijo mi primo Pimlick al ver a papá con cara de crudo -¿Y tú qué? ¿No te viste en el espejo? –dijo en broma papá.
-Ve no más qué pinches sabrosuras –le decía el tío Poomally mostrando el gran desayuno que le han hecho –Prueba este jugo –le dio un fresco jugo de naranja. Desafortunadamente hizo que mi padre vomitara. Como le dijo el doctor, la comida le dará un poco de asco –Esto requerirá tiempo –dijo parando de vomitar.
-¿Y Tarrant? –preguntó mi madre.
-Fue a prepararse para el desayuno –dijo papá.
-Ay, tu muchacho, Zanik –decía el tío Poomally –Hasta en la más sencilla reunión tiene que ir con sus mejores galas.
-O excentricidades –dijo Pimlick.
-Ya llegué –avisé entrando al comedor. Tenía puesto mi camisón para dormir y mi sombrero, llevaba unas cajas de regalos, Mally y Thackery llevaban otras cajas.
-Se los dije: Excentricidades –dijo en forma de broma Pimlick.
-¡Pim! –lo calló tía Bumalig.
-Tarrant, mi angelito –me recibió mi madre con un abrazo -¿Y ese camisón? –preguntó viendo puesto mi camisón –Ya pasó la hora de dormir.
-Bueno…todos ustedes tienen camisón… ¿por qué yo no? –les dije, haciendo que todos rieran, menos Bim quien andaba muy tenso del miedo.
-Miren qué les hice –les di a cada uno un paquete. Sombreros, les hice sombreros a mi familia como regalos de bienvenida -¡Oh, Tarrant, están preciosos! –dijo mi prima Paloo, observando el sombrero que le hice.
-¿Y bien, padre? ¿Qué te parece? –le pregunté a mi padre, mientras observaba detalladamente el sombrero que le hice; un sombrero de copa negro con un moño rojo. Él me observó con una sonrisa –Te quedó hermoso, mi niño. Te felicito, estoy orgulloso de ti –me dijo con mucho cariño.
-Mira, Bim, hice uno para ti –le dije a mi primito Bim, mostrándole un sombrero azul cielo, pero él se aferraba en los brazos de la tía Bumalig.
-¡Bim, tranquilo! –lo calmaba mi tía –Es tu primo Tarrant, ¿no te acuerdas de él?, ¿tu primo Tarrant? –él con mucho temor me observaba, como si fuese un monstruo de tres cabezas.
-Debemos tomarle tiempo –me dijo mi tía con una sonrisa, mientras yo le acariciaba la cabeza a Bim. Pobrecito, era apenas un pequeñito cuando se lo llevaron a esa espantosa prisión.
-Ven, Tarrant –me guío mi padre a una silla entre la suya y al de mi madre -¡Mira qué rico! ¡Panqueques! Cómo los que te gustaban cuando eras niño.
Me mostró un delicioso plato de panqueques con miel y moritas azules y de beber un jugo de naranja fresco.
-Buenos días –apareció el doctor -¿Cómo amaneció la familia feliz de los sombreros?
-Tarados por la anestesia, doctor, pero muy bien, muchas gracias –le contestó mi padre.
-Muy bien…entonces…ya cuando termine, señor Hightopp, debe de tomar este suero –le dio aquella botella con un suero, muy parecido al que solía darme para mi insomnio cuando era niño.
-¿Más medicamentos? –dijo mi padre observando el suero.
-Son vitaminas, le hace mucha falta a su cuerpo, debe tomar 2 gotas después de cada comida… ¡Ah! Y esto –sacó un cubrebocas –Para el joven Bim.
-¿Es necesario? –preguntó el tío Poomally tomando el cubrebocas.
-Son para los gérmenes y al rato, en su permiso, le pondremos una vacuna.
Vi de nuevo a Bim aferrándose más en mi tía cuando observaba al doctor.
-¿Alguna duda?
-Sí… ¿Cuándo nos van a dar de alta? –preguntó mi madre.
El doctor soltó un suspiro –Pues tras los años que pasaron cautivos, se puede decir que ustedes durarán una semana en atención médica. Y además, señor Hightopp, necesitará tomar una terapia –le dijo a mi padre.
-¿Terapia? –pregunté –Pero…¿para qué?
-Creo que ya sé para qué –contestó mi padre tomándome de la mano. Al parecer mi padre no estaba del todo sano, estaba enfermo del alma y no por el encierro, sino de lo que había pasado hace tiempo, cuando vivía con él. Al parecer la rígida forma en cómo me educaba lo hirió más a él que a mí.
-Lo importante es…que ustedes están en casa…sanos y salvos –nos dijo el doctor –Y todo se lo deben agradecer a Tarrant –dijo viéndome con una sonrisa.
-Lo sé –dijo mi madre sonriente –Mi bebé es muy valiente –me besa en la mejilla.
-Bueno…los dejaré para que sigan disfrutando su desayuno –dijo el doctor retirándose –Buen provecho.
-Gracias –decíamos yo y mi familia en diferentes tiempos.
Mientras estaba disfrutando los panqueques, mi padre dijo -¿No es ese…? –señaló mi sombrero, que antes era suyo y antes de él era de mi abuelo –Sí, es El Sombrero –ese sombrero ha pertenecido en varias generaciones del Clan Hightopp, con la tarjeta de 10/6, que, según nuestros antepasados, era nuestro precio de la buena suerte.
-¿No es esa mi…? –dijo mamá señalando el listón rosa de seda que adornaba mi sombrero –Sí, es tu pashmina –le dije. El listón era su pashmina de seda favorita y la mía también, desde pequeño cuando la usaba, me encantaba agarrarla y acariciarla con mis mejillas –Era lo único que encontré tras el ataque del día Horuvendush, lo que sobra de nuestro hogar –me quité el sombrero y se lo iba a dar a mi padre. Él me sonrió –No, hijo, quédatelo –me dijo con ternura –Ahora que eres un sombrerero digno del apellido Hightopp, te pertenece.
-Sí, y además, te ves más guapo con él –me dijo mi tía Bumalig.
-¡Ay, tía Bumalig, no me chivees! –le dije apenado a mi tía.
-Lo eres, Tarrant, siempre lo fuiste –dijo Pimlick.
-Y hablando de que estás más guapo que nunca –decía mi tío –Ya hay, por ahí, una chica con quien quieres dar el tropezón –dijo en forma de broma.
-¡Poomally! ¿Vas a empezar de nuevo? –dijo papá dándose un manotazo en la frente. El tío Poomally siempre fregando con darme ideas de conseguir mi media naranja, ya que cuando yo era más joven era muy tímido para relacionarme con las chicas, y mi padre no me dejaba salir con ninguna, y por una obvia razón -¿Quieres convertir a tu sobrino en un "Casanova"?
-No, no quiero que sea un "Casanova" –corrigió mi tío –Lo que quiero decir es que, como tiene aún conservado su carita de adonis y su ángel, debe aprovecharlo para que consiga su chica ideal.
-¡Sí, ya sé, porque mi pequeñito ya es un hombre maduro, guapo y bien desarrolladito! –dijo papá recordando aquellos tiempos en Witzend.
Yo reí al oír eso –Tío Poomally, pero yo no quiero a una chica que esté conmigo nada más por mi físico, esa mierda no me durará toda la vida, quiero una chica…especial…una chica…que me quiera como soy, quien soy…que me acepte siendo un…loco.
-Sí, pero tu chica ideal debería estar igual loca para estar contigo –dijo mi madre.
-En eso estoy de acuerdo –dije suspirando –Pero…no sé si algún día llegaré a tenerla.
-¿Y qué hay de tu amiga que te ayudó a buscarnos? –preguntó Paloo refiriéndose a Alicia.
-¿Alicia? Bueno pues… -empecé hablar de ella, mientras todos se ponían atentos –Ella, tiene su vida en Sobretierra.
-¿Ya está casada? –preguntó Pimlick.
-No…todavía no –dije soltando un suspiro –Ella es una capitana marítima.
-¿Capitana Marítima? –preguntó papá sorprendido -¡Cielos, cómo va cambiando las cosas! –dijo admirado.
-Sí, ella está trabajando en una compañía mercantil que era de su padre y que navega en una gran nave llamado El Maravilla, a tierras excéntricas, conoció gente maravillosa, costumbres y culturas diferentes, sombreros de todo tipo y…-empezaba a divagar.
-¡Tarrant! –me calmaron mientras se reían.
-Gracias, estoy bien… ¡Ah! y que se enfrentó con piratas.
-¿Piratas? –dijo papá asustado -¡Qué chica más valiente!
-Lo sé –dije recordando a mi Alicia con cariño, recordándola cuando era un linda e inocente pequeñita cuando la conocí y que ahora ya es una mujer fabulosa –Es su muchosidad.
-Disculpen –se oyó una voz, volteamos. Era Iracebeth, con una tímida mirada. Todos, menos yo, se levantaron y se inclinaron ante ella.
-¿Cómo…andan…gozando su desayuno? –dijo un poco apenada.
-Bien, majestad, gracias por preguntar –le dijo amablemente mi padre. Yo quedé sorprendido. Ella fue la perra que destruyó nuestro hogar, los tenía encerrados por muchos años, sin ver la luz del día y ellos se comportan con ella amablemente.
-Hola, Tarrant –me saludó, yo ni volteé a verla.
-Tarrant –me llamaba la atención mi padre –La Reina Roja te está saludando.
-No…no, señor Hightopp, no importa… ¿Le importaría si…? –ya noté dónde quería llegar.
-No hay lugar –dije en tono frío.
-¡Tarrant! –reaccionó mi madre, como si yo hubiese dicho una grosería.
-Tarrant, no seas grosero con la Reina –me dijo mi padre un poco indignado. Azoté mi brazos de la mesa y me levanté –Muchas gracias, Inmensa Cabezota –le dije a Iracebeth con una falsa amabilidad –Me arruinó el desayuno.
Me retiré, sin previo aviso.
-¡Tarrant! ¡Espera! –me llamaba mi padre siguiéndome.
-Tiene razón –dijo Iracebeth triste –Le arruiné todo.
-No, majestad –dijo amablemente mi madre –Sólo hay que darle tiempo.
Mientras en el pasillo…
-¿Tarrant? ¡Tarrant, espera! –me seguía mi padre, hasta que logró detenerme.
-¿Qué? ¿Otra vez me vas a regañar? ¿Te sigo decepcionando? –dije un poco indignado.
-Tarrant, por favor –dijo con tranquilidad –No seas tan duro con la Reina Roja.
-¿Qué no sea tan duro con…? –decía sorprendido dándome un manotazo en la frente –Bueno…no sé si el Upelkuchen que te di te borró la memoria…pero, ¿no te acuerdas que esa perra cabezona, fue quien no separó hace años? Padre, ella mandó al Jabberwocky a destruir nuestro pueblo, tú, mamá y los demás fueron sus prisioneros, por su culpa están enfermos, miles de Infraterrestres sufrieron durante su reinado de terror…incluyéndome –decía recordando aquel acontecimiento que viví en Salazem Grum -¿Y ustedes la tratan con amabilidad como si ella no nos hubiese hecho nada? –le dije.
-Mira –me dijo más tranquilo –Sé que todo esto que sufrimos, fue causa suya…pero ella no era tan malvada como ustedes creen.
-¿Por qué dices eso?
-Porque yo conviví con ella más que otro Infraterrestre, a través de esa granja de hormigas donde me tenía encerrado, notaba algo más en ella que odio, rencor y maldad. Se sentía sola, indefensa, rechazada, sentía el mismo rechazo y negación que tú creíste que yo te daba…hasta el joven Stayne, quien era su amante, la despreciaba.
Yo calmé un poco mi rencor –Sí, pero, no por eso se tenía que desquitar con nosotros ni con nadie más, decapitando a cualquier desgraciado que se le cruzaba en su camino.
-Entiendo que es muy difícil perdonarla por el daño que nos ha hecho, pero dale tiempo…hay que darle una oportunidad, la pobre quiere rehacer su vida…si su hermana la perdonó, hazlo tú igual, como lo estás haciendo conmigo…ella fue tu amiga de la infancia…¿no puede volver a ser tu amiga de nuevo? Además, ella es tu…
-¡No! Ella no es nada mío –le dije.
-Como sea, sólo dale una oportunidad…todos no estamos dando una oportunidad para rehacer nuestras vidas –Yo bajé la cabeza cuando lo oí decir eso –Ven aquí –me abraza. Pude sentir su amor de padre en ese abrazo. –Todo será diferente ya que estemos juntos –me dijo con mucha seguridad y me da un beso en la frente.
-¿Vas a volver al desayuno? –me preguntó.
-No –le dije –Vendrán la Morsa y el Carpintero a casa. Me van ayudar a aumentarla para que ustedes vengan a vivir en ella.
-Oh, muy bien…pues… te veré al rato –dijo sonriente.
-Sí… bien, saluda a mamá y a los demás de mi parte y no olvides a tomar tus vitaminas.
-Sí, lo sé…pinches medicamentos –dijo en broma haciéndome reír. Ya cuando me iba, me detuvo sosteniéndome la mano -¡Espera!
-¿Qué ocurre?
Él me sonrió –Te amo –me dijo besándome la mano. Yo le sonreí.
-Igual yo, padre –le dije.
