Harry Potter es de J. K. Rowling.
Creciendo juntos.
Capítulo 1. Mismo inicio, diferente resultado.
Después de que ellos recogiesen dinero de la bóveda de los Potter, de la que en ocasiones tomaban préstamos, comprasen los libros y alguna que otra chuchería para que comiesen; Sirius dejó sola a Hatty con la excusa de que tenía algo más qué hacer, dirigiéndose hacia alguna parte del Callejón Diagon, así que la muchacha entró sola en "Madam Malkin, túnicas para todas las ocasiones". Era la primera vez que se encontraba ahí así que más nerviosa no podía estar.
Solo caminó un par de pasos para la bruja se diese cuenta de su presencia, quien la saludó. Al entrar vio a un muchacho rubio, se subió en el escabel de al lado mientras que la bruja comenzaba a poner alfileres en su túnica, claramente midiéndola. Él decidió iniciar conversación cuando le preguntó si iría a Hogwarts, a lo que ella respondió.
—Sí —dijo—. ¿Vuelas? —preguntó entusiasmada.
—Exactamente, aunque no podré estar en el equipo éste año —respondió arrastrando las palabras, además de tener voz de aburrido—. Tal vez convenza a mi padre de que compre una escoba propia y —el niño se auto interrumpió recordando que, hasta saber a qué casa iría, debía ser medio cortés con ella; al menos, así le enseñó su madre. Por ende, prefirió cambiar el rumbo de la conversación—... ¿a dónde crees que te sortearían?
—No lo sé —respondió calmada, él frunció el ceño antes de continuar.
—Yo iré a Slytherin, toda mi familia ha estado ahí... —de nuevo, se detuvo antes de decir algo que, probablemente, ofendiese a Hatty.
—Fantástico —murmuró sin saber qué más decir, hasta que pensó en el por qué estaba solo—. ¿Y tus padres dónde están?
—Padre comprando mis libros y madre está unas tiendas más abajo —se limitó a responder—, ¿los tuyos?
—Murieron.
—Oh, lo lamento. ¿Eran una bruja y un mago, cierto?
—Sí —contestó sintiéndose extraña por la consulta, lo dejó pasar.
—Mira a ése hombre de ahí —señaló, con sus ojos, a Sirius. Hatty sonrió contenta, al final sí sabía algo que él otro no.
—Es Sirius Black, mi padrino.
El muchacho abrió los ojos, impactado. Jamás esperó que esa niña tuviese conexión con el jefe de la casa noble y ancestral de los Black; ahora sí, agradeció haber moderado lo que decía, no quería ni imaginar lo que hubiera pasado si le hubiese dicho que pensaba introducir la escoba de contrabando, o algún comentario despectivo sobre las demás casas de Hogwarts. Su padre le comentó que Sirius estaba en contra de la pureza de sangre, creyéndolo una ridiculez, y que por eso fue a parar a Gryffindor —o eso dedujo ya que tenía sin cuidado ése tema—. ¡Un momento!... ¿si esa niña era ahijada de Sirius Black... significaba que era Hatty Potter? Se sorprendió más.
—Soy Draco Malfoy —se presentó, para no parecer desconsiderado con la Niña-Que-Vivió, que ella fuese su amiga sería muy prestigioso para su familia.
—Yo me llamo Hatty Potter —contestó sonriendo—. Nos vemos pronto —añadió cuando Malkin le dijo que había terminado.
El otro simplemente asintió, observando como se marchaba del lugar. Se apuntó en su mente contarle de su breve encuentro con Potter a sus padres. Minutos después de Hatty y Sirius se alejaran de su vista, entró una pareja: un hombre rubio y una mujer castaña con unos mechones amarillos; se pusieron al lado de su hijo mientras recibían la noticia de que ya no tenían que hacerle más reparaciones a la ropa del niño. Mientras la bruja se iba a buscar una caja para meter la túnica les comentó lo que sucedió.
—Conocí a Hatty Potter cuando vino a hacerse la túnica que usaría —empezó—, le agrado. Además, me dijo que va a Hogwarts, así que la veré allá —terminó.
Su padre alzó una ceja, interesado. Su madre dijo.
—En ese caso, podemos hacerle una invitación al Lord Black para que vaya a nuestra mansión —parló—, ¿cierto Lucius? Sería beneficioso para nuestra familia ser aliado de los Black.
—Me agrada la proposición —intercedió a favor de la idea de Narcissa—. Hagamos los preparativos —mencionó dejando la tienda.
En otro sitio, exactamente en Grimmuld Place, cuatro horas después Hatty decidió leer, estando en su habitación, el único libro que le regaló su padrino: Quidditch a través de los tiempos. Gracias a eso, sabía bastante de ése deporte mágico, de lo que seguramente su padre se hubiera sentido orgulloso; por otra parte, Sirius estaba en el comedor pensando en lo mucho que se divertiría su ahijada en Hogwarts, para ella sería su segundo hogar. Lo contrario que fue para él, no quisiera ni imaginarse a Hatty sufriendo; de improvisto, una lechuza negruzca entró volando por el ventanal.
Le dio dinero al ave, tomó la carta y la leyó.
Estimado Lord Sirius Black.
Cordialmente tenemos el placer de invitarlo a usted y a su ahijada, la señorita Hatty Potter, a que vengan a la mansión Malfoy. Tenemos un asunto imperativo que tratarlo con usted, además que será de provecho en un futuro.
Atentamente,
Lucius y Narcissa Malfoy.
Sirius sonrió divertido, ¿quién lo diría? Su prima lo terminó invitando a ir a su castillo. Al principio pensó en declinar la oferta, ya que sabía a qué clase de "provecho" le sacarían los Malfoy a su alianza; sin embargo, recordó que Lucius era un aliado de Voldemort así que, ¿por qué no hacerlo? Se terminaría enterando de sus más profundos, oscuros secretos conforme transcurriera el tiempo. Sin olvidar mencionar que los Aurores estarían encantados de saber por qué nunca encontraba ningún artilugio de magia oscura cuando hacían redadas. Sí, era importante.
Procedió a avisarle a Hatty de la situación, quien lució extasiada.
—Así que volveré a verlo.
Vale, eso no se lo esperaba: los dos niños se conocían. Una parte quiso decirle que se alejara de él, otra recordó a Lily y sabía que ella lo había permitido, aun sabiendo que a James no le hubiera encantado nada; dio un largo suspiró dejando pasar el tema, aunque más le valía a Malfoy junior no herir a su ahijada, porque sí se parecía a su madre eso significaba que, quizá, también sacó su temperamento volátil. Sonrió al tiempo que se imaginaba la escena, de esas cuestiones permitiría que se hiciese cargo Hatty.
Para disgusto de la niña, Sirius hechizó uno de sus atuendos para que se viese elegante. No le simpatizaba ponerse vestidos, listones, clips, ni ninguna de esas cosas; pero igualmente se vistió así, entendía la situación a la perfección, no podía darse el lujo de aparecerse con su típica —y querida— ropa deportiva. En el fondo, Sirius se hallaba tan inconforme con vestirse con esos estropajos que Walburga lo obligó a usar cuando era niño.
"Lo vale, lo vale" pensó intentando auto convencerse.
Estando ya preparados se encaminaron hacia la chimenea, tomaron los polvos floo mientras exclamaban, cada uno en su debido turno "¡Mansión Malfoy!"; se transportaron hasta llegar a un sitio decorado con las más refinadas obras de arte mágicas, telas de tonalidad verde y plata, alguno que otro retrato colgado por aquí y por allá. Sobraba añadir que Hatty miraba todo fascinada.
—Quisiera tener ocho ojos más —susurró, Sirius la oyó.
—¿Y dónde sacarías lentes para tantos ojos? —la niña le miró mal, dado que interpretó bien que esa fue una broma. Hatty tuvo que heredar la ceguera de su padre— Anímate quitando esa cara de amargada.
—Lo que tú digas, padrino.
El joven Black sonrió jocoso.
Se encontraron con un elfo doméstico, llamado Dobby. Él les guió hasta el gigantesco comedor y se fue prontamente luego de disculparse, algo que confundió a Potter pero no inquirió al respecto; lo que le costó, ya que era muy curiosa. Narcissa, Lucius y Draco llegaron segundos después, cada uno con su túnica elegante y bien colocada. La mesa quedó con las siguientes posiciones: los señores Malfoy enfrente de Sirius, al igual que los niños.
—Nos satisface que hayan aceptado nuestra invitación, Lord Black —dijo solemnemente Narcissa.
—Lo mismo digo, Lady Malfoy —añadió Sirius con el mismo tono.
—Les presento a mi hijo, Draco Malfoy —miró al aludido, le indicaba que hablara
—Es un placer —atinó a decir.
—Ella es mi ahijada, Hatty Potter —imitó el gesto. Ella asintió en su dirección—. ¿Cuál es el asunto imperativo que desean tratar?
—Una alianza entre los Black y Malfoy —respondió Lucius fríamente, siendo ese su habitual tono de voz, al menos, cuando hacían negocios—, ¿qué opina?
—Que es una estupenda sugerencia —dijo Sirius, para el deleite de los señores Malfoy.
Las semanas pasaron hasta que llegó septiembre, en todo ese tiempo Hatty tachaba los días esperando con ansiedad el uno del antes nombrado mes. Luego de que aceptó la proposición procedieron a legalizarlo, fue una impresionante noticia para el mundo mágico que aquellas familias formasen una alianza; otras personas no se sorprendieron tanto; a otro buen número no le interesó y pasó de página con solo ver el encabezado.
Sirius llevaba a Hatty hacia el andén nueve y tres cuartos, donde quizá se encontrarían con los Malfoy. Honestamente, no estaba tan seguro, además, esperaba ver a alguna familia que no creyese en la supremacía de los sangre limpia o que fueron Mortífagos —él no se tragaría el cuento de que a Lucius lo obligaron a unirse, por medio del Maleficio Controlador—. Atravesaron la barrera sin percatarse de una familia enteramente conformada por pelirrojos se acercaban a ellos: una mujer, un niño de diez años, una de once, y dos gemelas de trece años de edad. El niño quiso entrar pero no pudo, la niña fue la última en cruzar la barrera.
—Diviértete en Hogwarts —le dijo a su ahijada cuando ella subió al tren, tuvo que hacer un gran esfuerzo en todos esos años para no desestimar a cierta casa, o meterle ideas equivocadas en la cabeza. No fue sencillo pero se sentía orgulloso de lo que, hasta el momento, había conseguido.
—Lo haré —se despidió moviendo su mano, arrastró su valija hasta uno de las habitaciones desocupadas; ingresó en ella y trató de subir su maleta por su propia cuenta, descubriendo en el proceso de que no tenía tanta fuerza como ella creyó. ¿Lo que pasó? Que se cayera al suelo, golpeando uno de sus pies.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó una chica pelirroja. Al decir Hatty que sí, lo que salió más como un jadeo, ella gritó— ¡Eh, Frida! ¡Ven a ayudar!
Otra joven apareció, Potter descubrió que era su gemela. Con su colaboración, lograron subir el equipaje de la niña; una vez terminaron con la labor, con cierto cuidado se quitó el pelo de sus ojos ya que no quería que montaran un escándalo cuando vieran su cicatriz; las gemelas se despidieron y se fueron cuando su madre las llamó, se sentó en el litera que estaba enfrente de una ventana y se dedicó a ver a la nada. De haber prestado más atención hubiese escuchado la conversación de la familia de las adolescentes; vio pasar a una chica con una llameante cabellera rubí pero siguió su camino, sin siquiera verla. Alzándose de hombros esperó a que el tren marchase. No podía estar más ansiosa.
Al cabo de un rato pasó una señora vendiendo botanas, ella compró una buenísima cantidad y le pagó; poco a poco se lo empezó a comer. Su vista volvió a enfocarse en la ventana, era un bello paisaje; antes que fuera a decir alguna variante de la frase: "¡Qué aburrido!", entró un muchacho castaño, de su misma edad. Parecía que buscaba algo.
—¿Has visto un sapo? —preguntó con voz demandante— Lo ha perdido un chico —miró a cada lado.
—No, no ha pasado por aquí —respondió.
—Si lo ves, avísame —dijo, se fue de la habitación.
Hatty dio un largo suspiro, de nuevo se quedó sola. O eso creyó hasta que ingresó Draco junto con dos jóvenes, extrañada los invitó a que se sentaran junto con ella.
—Él es Crabbe y éste Goyle —indicó señalando primero al de la derecha, luego al de la izquierda. Ambos observaron fijamente a la niña—, ella es Hatty Potter.
—Encantada de conocerlos —musitó contenta, ¿serían los nuevos amigos de Draco?, quizá—, espero que nos llevemos bien.
—Dame —prácticamente exigió Goyle en cuanto notó la enorme pila de dulces que tenía.
—Eh... claro, tomen —supuso que también Crabbe debía de estar hambriento, cuyo pensamiento le fue confirmado cuando comenzaron a devorar las botanas.
"¿No pueden hacer algo más que no sea comer?" pensó el niño rubio resistiendo el impulso de llevarse una mano a la cara.
Cuando el tren paró todos los estudiantes bajaron con sus túnicas ya puestas, un semi gigante llamó a todos los de primer año —además de preguntarle a alguien que si ese era su sapo—; los cuatro se sentaron en el mismo barco junto con otra joven, cada uno expresó su emoción a su manera. Hatty no pudo evitar describir cómo era su alrededor. Al detenerse entraron al castillo siendo guiados por una bruja con quien pensó que era mejor no tener problemas, les dio un breve discurso sobre las instalaciones y les dijo que esperaran pacientes hasta que entraran al Gran Comedor. Ni bien pasó unos segundos desde que se fue cuando todos comenzaron a susurrarse algo, de lejos vio al mismo niño mover rápidamente los labios, le dio la impresión de que estaba recitando lo que, tal vez, leyó antes.
—Así que sólo tenía que probarme el sombrero —murmuró alguien, se le notaba enfadada—. Mataré a Frida.
Optó por ignorarlo, no era de su incumbencia al fin y al cabo. La bruja regresó y se los llevó, los nombró alfabéticamente, al pasar y sentarse en el taburete el viejo sombrero les seleccionaba para alguna de las cuatro casa de Hogwarts: Ravenclaw, Gryffindor, Slytherin o Hufflepuff; con algunos se demoraba más, otros con sólo tocar su cabeza les decía su casa.
"Es un poco raro" aseguró Hatty.
—¡Potter, Hatty! —escuchó que dijo su nombre McGonagall, sin poder evitar más la incertidumbre corrió lo más rápido que pudo hasta ahí, se colocó el objeto.
—Llena de valor, lo veo. Tampoco la mente es mala —se sobresaltó cuando lo oyó hablar, eso tampoco lo vio venir—... sin embargo desempeñarías un excelentísimo papel en... ¡SLYTHERIN! —gritó, inmediatamente todos aplaudieron, sobre todo la nueva casa de Hatty.
—Bienvenida —le dijo Draco una vez que ella se sentó a su costado—, lo pasarás bien aquí.
—Ojalá —comentó centrándose más en el resto de la selección. Dumbledore terminó de dar su discurso de forma poco ortodoxa lo que la hizo preguntarle—. ¿Siempre es así?
—Hasta donde sé, sí —respondió una tercera persona, voltearon a verlo. Castaño de ojos azules, alto, de quinto año—. Soy Adrian Pucey —añadió medio cambiando de tema, ladeó la cabeza sin dejar su buen humor—, no te pierdas por los pasillos y mira bien el piso si es que hay escalones, la escalinata cambia de lugar constantemente —lo último lo dijo recordando una agria experiencia con ése artefacto: él dando un paso, se pasó a otro sitio la escalera, él en la enfermería. Fin de la historia.
—Lo tendré presente, Pucey.
—Adrian. Llámame Adrian —contradijo el joven.
"Eres tan oportuno, Pucey. Sobre todo cuando solicitamos tú presencia" pensó Draco volviendo a poner su semblante frío.
—Acompáñenme los de primer año —interpeló una joven con una insignia de prefecta, de sexto año.
Comentarios:
Sí, lo que sucedió porque Malfoy no habló mal de nadie xD
Frida es Fred Weasley, al igual que el resto de su familia —con excepción de sus padres— fueron cambiados de género.
Él que entró en el vagón de Hatty es male Hermione, cuyo nombre no apareció.
Sirius no ha hecho tan mal trabajo con su ahijada, ¿cierto? Hasta ahora sigue siendo la misma persona que conocemos... adiós.
