#2.- Cuando todo cambia

Su hermano acababa de darle una idea para su próximo libro y, pese a que la idea se le hacía algo alocada y algo escrita por y para mujeres, acababa de aceptarla sin pensárselo dos veces únicamente con la finalidad de molestar a aquel armario andante que tenía por cuñado; su expresión de desagrado y como si quisiera asesinar allí mismo al menor de los italianos ante su hermano como testigo le había indicado a Lovino que de seguir adelante con tal idea sería algo divertido y, para que negarlo, de ser vendido algo para recordar el resto de su vida. Quizá exageraba un poco, pero podía ver al alemán fastidiado al ver un libro escrito por Lovino siendo vendido a millones de mujeres. Aquel par de 'invitados' parecían no tener mucha prisa por regresarse a su casa y de no haber sido porque el menor se ofreció a hacer la comida Lovino tenía toda intención de echarlos para empezar a escribir.

—Sabes dónde encontrar todo lo que necesites, yo me voy a duchar…

Ya era casi mediodía y no creía necesario estar vigilando todo el rato a sus invitados, confiaba en su hermano y tenía cierto voto de confianza en el alemán en que no rebuscaría entre los cajones.

Dejó que el agua fría cayera sobre su cuerpo desperezándole por completo, no había tenido siquiera de desayunar como era debido y seguía sintiendo las sábanas pegadas a su cuerpo pese a que ya hacía alguna hora que estaba despierto. Además, las altas temperaturas que empezaban a azotar el lugar no ayudaba demasiado a espabilar el cuerpo, sino todo lo contrario, o al menos en él quien no estaba acostumbrado a las temperaturas de aquella zona pese a ser clima mediterráneo.

[…] Daisy era una joven lista y hermosa, su belleza no era algo de envidiar para algunas jóvenes de aquel pueblo abandonado a la mano de Dios debido a las carreteras peligrosas que lo conectaban con el resto de civilización, sin embargo había algo que obligaba a la joven a rechazar cuanto joven se le acercara; sus padres eran los propietarios de casi todo aquel pueblo, su padre el alcalde. Ella buscaba el amor verdadero, un amor solo existente en los cuentos de hadas… pero su estatus le impedía encontrarlo, todo hombre que se acercaba a ella era por el interés de obtener las riquezas de sus padres una vez contrajeran matrimonio.

Deseaba buscar y luchar por su sueño, mas aquella cárcel en la que se encontraba le obligaba a regirse por las leyes impuestas por sus propios padres, además de impedirle hallar su propia felicidad. Había buscado consuelo en la única amiga que tenía, la única persona que se acercaba a ella por lo que era y no por lo que tenía, pero siempre recibía la misma respuesta; huye si es lo que deseas, aquí sentada no conseguirás nada. […]

—Y es por eso que no he vendido una mierda – espetó al recaer en la historia que redactaba mentalmente para luego escribirla en su ordenador.

Si iba a escribir una historia para mujeres, pues dudaba que hombres fueran a leer eso, debía pensar y escribir como una. Por ahora había conseguido algo pese a que se avergonzara de ello. Una vez se aseó salió de la ducha con una toalla que cubría de cintura para abajo y se dirigió hacia la mesita de noche donde tenía un block de notas para escribir un par de puntos que luego le ayudarían.

Fratello! ¡Tienes visita, corre baja! – escuchó a su hermano gritar desde abajo, pero no había escuchado el timbre.

Se arregló con unos pantalones tejanos y una camiseta sin mangas negra y bajó tras pasarse con cuidado la toalla por el cabello, dejando que algunas gotas frías cayeran sobre su hombro. Pronto dio con su nuevo invitado; Govert parecía buscar algo con la mirada sin inmutarse de la presencia del mayor de los italianos. El rubio holandés regresó a la puerta para tirar la ceniza de su cigarrillo a medio consumir al suelo, se apoyó en el marco y al fin clavó su mirada en el ítalo.

—Te traigo una buena y una mala noticia. ¿Cuál prefieres primero? – espetó sin más antes de darle una calada al cigarrillo.

—Creo que la buena…

—Entonces… Enhorabuena, acabas de vender tu primer libro. – Ante aquella noticia la mirada de Lovino se ensanchó cuanto pudo, ignorando por completo a Feliciano que se le abalanzó en un abrazo felicitándolo. – La mala noticia es que van a vender tu libro con la condición de que el próximo sea mucho mejor, así que ya puedes ponerte las pilas y darme una nueva historia pronto.

Lovino no cabía en sí mismo de felicidad, acababan de darle una muy buena noticia de eso no había duda, pero aquella condición lo hizo volver rápido de pies al suelo.

—¿Que el próximo sea… mucho mejor? – dudó en repetirlo.

—Exacto. ¿Tienes ya alguna idea? – Lovino negó con la cabeza, la que le había dado su hermano no podía considerarse mucho mejor.

—¡Hace un rato le he dado una idea! Una bella mujer conoce a un chico en la playa durante un paseo nocturno, se ven seguido pero él le confiesa que es un tritón y por ello no pueden verse durante el día, que por la noche es cuando nadie le puede ver salir del agua. - No podía faltar Feliciano para estropear el momento

El incómodo silencio que se formó durante apenas un par de minutos puso nervioso a Lovino. Sabía que era una mala idea desde un principio pero lo había llevado hacia adelante, incluso ya tenía varios puntos anotados. Quería que el suelo se tragara a su hermano, o por lo menos que Govert dijera algo pronto.

—Está bien, parece una buena trama para vender entre las mujeres.

—¿Qué…?

¿Había escuchado bien? Parpadeó algo atónito al recibir la 'confirmación' de Govert, se veía alguien demasiado serio como para aceptar una trama tan fantasiosa. Tras un "simplemente no plagies a 'La Sirenita' y todo estará bien" se retiró a su casa bajo la excusa de que Emma estaba por llegar del trabajo. Él quería ir con Govert para seguir hablando sobre cómo había conseguido que vendieran su libro o sobre la nueva historia, cualquier excusa era válida para que la rubia al llegar de trabajar le invitara a comer. Ya se había mentalizado en que ella ya tenía pareja y no iba a entrometerse, pero como siempre es sabido algo podía terminar saliendo mal… Se abofeteó mentalmente para regresar de pies al suelo por segunda vez, tenía invitados que le impedían ir tras su vecino además de que no podía ir tras ella como un perrito faldero; tenía pareja y punto.

El resto del día Feliciano se la pasó dándole posibles ideas para su próximo libro, Ludwig contemplando la televisión como si las telenovelas fueran su mayor pasión y Lovino fingiendo interés en lo que su hermano le decía. Debía escribirla él mismo, no su hermano. Casi al anochecer Ludwig decidió que ya era hora de regresar a su respectiva casa y arrastró con él al menor de los italianos quien parecía no querer marcharse aún.

—Por fin un poco de paz… - se dijo a sí mismo Lovino cuando por fin su casa quedó vacía.

Se sirvió un plato de la gran olla de pasta que había preparado de pasta y subió al despacho que se había preparado, un lugar tranquilo que por más que pasaran coches cerca de su casa no iba a escucharlos pues la habitación daba al lado de la piscina.

[…] Decidió que esa misma noche iba a escapar, huir de sus cadenas que le mantenían presa en aquel pueblo. A escondidas había preparado su poco equipaje para una vez sus padres cayeran dormidos huir. Iba a extrañar esas tierras, quisiera o no sentía una presión en el pecho del solo pensar que dejaría atrás el pueblo en el que creció, su mejor amiga, sus padres… todo por un sueño que capaz nunca conseguiría.

Había caído ya la noche y sus padres yacían dormidos plácidamente en su cama. Cubrió su cuerpo con una capa oscura, tomó su maleta de piel oscura y salió corriendo de su hogar, manteniéndose en los rincones menos alumbrados por la escasa luz de las farolas. Debía encontrar un modo de llegar al próximo pueblo más cercano, mas no poseía siquiera licencia para poder conducir el auto de su padre y temía el subir al coche de un desconocido. Por fortuna había tomado dinero de sobras, podría seguir la playa hasta llegar a algún puerto. Si debía descansar por el camino, dudaba encontrar nadie… era un pueblo que no aparecía en los mapas, ¿quién iba a atreverse a seguir la playa hacia la nada? Con aquella idea en mente se dirigió hacia la costa a paso veloz. No había luz que alumbrara la arena más que la luna, lo bueno de ser un pueblo perdido es que lucía un manto estrellado hermoso; el mar estaba calmado esa noche, podía verse el reflejo del cielo, tentando a la joven a adentrarse al agua hasta alcanzar la luna reflejada en el agua. Dejó su maleta en la arena y se deshizo de sus zapatos y capa para poder acercarse hasta que el mar acarició sus pies desnudos. Poco a poco y con temor, fue adentrándose al mar hasta que el agua cubrió hasta su cintura empapándola de cintura para abajo. Le era costoso seguir avanzando por culpa de la tela del vestido que era empujada por el agua que se mecía.

Es… hermosa – susurró cuando alcanzó el reflejo de aquella enorme luna llena.

Llenó sus manos del agua que reflejaba la luna, mas un gemido de dolor la espantó provocando que girara sobre sí misma algo costoso y buscara la procedencia de aquel sonido. Su mirada se había acostumbrado ya a la poca claridad, estaba asustada, no acostumbraba a ir sola por esos lares y menos de noche, ¿quién podría haber por ahí? Aún así, pese a que las piernas le temblaban y su mente le advertía de que huyera despavorida del lugar, salió cautelosa del agua tropezándose un par de veces y terminando completamente empapada.

¿Ho-hola…? – saludó al aire, esperando recibir respuesta de alguien.

No recibió un saludo como respuesta, más bien recibió otro sonido de dolor que parecía proceder de tras una gran roca. Podía haber alguien herido, parecía el tormento de una persona y no de un animal. Se acercó a paso demasiado lento hasta la roca con la intención de rodearla cuando de pronto… […]

El timbre sonó.

—Me cago en la… - blasfemó y dio un sorbo a su lata de refresco antes de levantarse a abrir la puerta.

Acababan de romper su momento de inspiración y más valía que fuera algo importante o iban a rodar cabezas. Empujó con el índice el puente de sus gafas, las cuales únicamente usaba cuando escribía pues al estar tantas horas pegadas al ordenador había terminado teniendo que forzar demasiado la vista, y bajó las escaleras blasfemando cuanto su diccionario mental le permitió. Al abrir la puerta se encontró de cara con Emma, quien le sonreía y traía consigo un tupperware cubierto con una servilleta de cocina.

—¡Felicidades, Lovino! Mi hermano me ha dicho que por fin has vendido tu primer libro, así que he preparado esto para ti~ - el ítalo no dudó en tomar el tupperware que le ofreció la belga, levantando un poco la servilleta para ver de qué se trataba. – No te los comas todos de golpe o te darán dolor de estómago, aún están algo calientes, puedes aprovechar para echarles algo delicioso encima.

Emma le guiñó el ojo y alzó el índice mientras explicaba lo último. La rubia le había hecho waffles especialmente para él y el que estaba encima del todo estaba cubierto con pedacitos de fresa y sirope de chocolate. Había cenado hacía poco, pero el solo olor a dulce y ver tan rica presentación del único que llevaba algo consigo consiguió que su estómago gruñera reclamándole que llevara uno a la boca. Se sonrojó levemente al escuchar la risa de la rubia por aquel vergonzoso sonido de su estómago y retrocedió un par de pasos para dejar que la joven entrara. Pasaron un par de horas charlando, más bien ella hablaba y él escuchaba mientras degustaba los dulces que le había traído la rubia.

—A todo esto… - cuando Emma pausó para buscar un nuevo tema del que hablar Lovino se animó a hablar. - ¿Qué piensa Govert de tu pareja? Si-simplemente es curiosidad, recuerdo que de pequeños siempre espantaba a todo chico que se te acercara… sin mencionar que incluso a mi me llegó a espantar.

Emma simplemente no respondió, cambió rápidamente de tema y en cuestión de media hora decidió marcharse. Se le hizo extraño al italiano, mas no hizo comentario alguno ya que en parte quería continuar con su historia hasta que el sueño le venciera.

[…] Quiso rodear la roca pero una cabeza asomó por sobre esta, parecía como si aquella persona tratara de escalar la piedra.

¡Waah! ¡No esperaba encontrar a nadie por aquí! – exclamó aquel desconocido, que por el tono de voz y lo que alcanzaba a ver por la luz de la luna era un chico.

¿E-estás bien…? – cuestionó la joven tratando de acercarse, mas el chico la detuvo.

Esto… T-te agradecería que no rodearas la roca. – Rió algo nervioso mirando hacia todos lados. – Ehm… e-es que no traigo ropas. Je, ya sabes.

Daisy se sonrojó notablemente al escuchar que aquel joven estaba completamente desnudo y por inercia giró sobre su propia persona para darle la espalda. Entonces recayó en la capa que había cargado consigo y fue a recogerla, extendiéndosela por sobre la roca. Al parecer el chico entendió y se cubrió de cintura para abajo, arrodillando sus piernas para poder cubrirse mejor y se apoyó de espalda a la roca, avisándole de que ya se había cubierto y que no vería nada.

¿Cómo te llamas? – cuestionó la chica sin apartar la vista de la arena una vez tomó asiento cerca del chico.[…]

—Necesito un maldito nombre…

Rebuscó por internet algunos nombres para hombre de su agrado, no quería poner el suyo propio pues se vería algo demasiado egocéntrico.

[…]—¿Hm? Alejandro – respondió sonriendo.

Daisy alzó entonces la mirada para poder contemplar al chico con el que hablaba. No osó preguntar si era nuevo o simplemente estaba de paso, simplemente trató de conversar y dejar que la respuesta se diera por sí sola. Su piel brillaba ante la luna, su sonrisa deslumbraba y podía apreciar un tono verdoso en sus orbes, además aquel cabello ondulado y mal peinado impidieron que la joven castaña apartara su mirada de él, hasta que el mismo Alejandro llamó su atención. […]

Observó la hora y al ver que ya eran casi las tres de la madrugada decidió retirarse a dormir tras asegurarse de guardar su avance. Podría continuar al día siguiente y sus párpados empezaban a pesar demasiado como para mantenerse en pie mucho más rato.

Apenas cerró sus ojos pudo escuchar un sonido lejano que le impedía conciliar el sueño, gruñó y trató de cubrirse con la almohada para poder dormir, mas la otra persona insistía tocando una y otra vez el timbre.

—FRATELLO! – aquella voz chillona… ¿qué demonios quería a esas horas?

Al momento en el que alzó la cabeza para lanzar cuantos insultos pudiera a su hermano por atreverse a ir a su casa a las tantas de la madruga recayó en… que ya era de día. Parpadeó algo atónito, podía notar el mal sabor de buena mañana en su boca pero sentía el cuerpo igual de pesado que el momento en el que se había acostado. Buscó el teléfono móvil en la mesita y vio que había sonado una alarma y estaba a la espera de volver a sonar en cinco minutos, por el mensaje que tenía dicha alarma estaba seguro de que se la había puesto su hermano; Levanta que hoy es el gran día. ¿Gran día de qué?

—¡Vamos, Lovino, no seas perezoso! – escuchó la voz de Emma también.

Merda…

Dejó caer pesadamente la cabeza contra la almohada, se había olvidado por completo que Emma le había dicho de quedar ese día para ir a la playa, que ya empezaba a hacer calor y así podrían pasar un día como antaño cuando eran pequeños, con la diferencia de que ahora Feliciano sí iba a participar y con él, Ludwig. Se levantó perezosamente de la cama y se asomó por la ventana para poder avisarles de que se había dormido por completo y que iba a estar listo en unos minutos. Emma libraba de su trabajo ese día y le había pedido que invitara a su hermano, él como bobo lo había hecho por teléfono, pero bien rápido se había olvidado de ellos.

No iban a ser los únicos en aprovechar el día caluroso que azotaba el lugar, al parecer muchos adultos — pues los niños seguramente estarían en el colegio por no ser aún fin de curso — habían tomado ya sus sitios en la arena, todos cerca del agua pese a que parecía que ninguno se estaba bañando aún. Lovino sintió un escalofrío al quitarse sus chanclas y pisar la arena, hacía mucho que no iba a una playa y a la última que había la arena parecía estar hecha de cristales en vez de eso. Llevaba su camisa blanca sin mangas abierta y de abajo solo vestía un bañador rojo sangre con algunos trivials blancos dibujados. Feliciano había optado por uno con la bandera italiana, ya no llevaba su camiseta al igual que Ludwig quien llevaba un bañador con la bandera alemana. Lovino juraría que 'eso' había sido una estúpida idea de su hermano… Govert no parecía tener mucha intención de bañarse pues llevaba unos pantalones cortos tejanos y una camiseta blanca; su cigarrillo en la boca no podía faltar, y mientras los demás se avanzaban por la arena él se quedó cerca de un cenicero enorme que había. Emma llevaba un vestido de verano blanco con una frase que el italiano no pudo entender, y un sombrero de paja.

—¡Vamos cerca del agua! – exclamó correteando de un lado a otro Feliciano, cargando consigo una colchoneta hinchable de color verde.

—¡Yo quiero ir más hacia donde está la red para poder jugar a voleibol! – Ante aquella petición de la rubia, los demás buscaron dicha red y al encontrarla caminaron hasta quedar cerca, al igual que Govert aunque él seguía manteniéndose en el muro que limitaba la playa con el 'paseo'.

—¡Playa, playa, playa! – exclamaba una y otra vez el menor de los italianos.

—¡Ya estamos aquí, deja de joder! – vociferó Lovino colocándose bien sus gafas de sol, las cuales cayeron directas al suelo al momento en el que el ítalo recibió un balonazo. - ¡¿Quién demonios ha sido?! – Ahora sí estaba molesto, observó a los posibles culpables pero pronto descartó a la rubia pues estaba algo apartada despojándose de su vestido.

—He sido yo, y te daré otro balonazo como no apartes tu mirada de ella – espetó Govert, quien se había acercado a ellos tras terminar su cigarro.

—¡¿Pero qué crees que haces, pelo pincho?!

—¿Qué me has llamado…?

Al ver que aquellos dos empezaban una absurda disputa Ludwig se dedicó a dejar sus pertenencias en un lugar 'seguro' y pidió a Feliciano que le ayudara para que no corriera despavorido al agua. El rubio tenía sus costumbres hacia Feliciano, y una de ellas era que no podía bañarse después de comer… debía pasar mínimo una hora para bajar la comida, luego que hiciera lo que quisiera, y aún faltaba unos diez minutos para que hiciera la hora exacta desde que había desayunado por segunda vez. Además, desde el día en el que el italiano terminó completamente rojo por haberse dormido a pleno sol se aseguraba de que se bronceara adecuadamente; Feliciano lo había pasado muy mal durante casi una semana entre el dolor por la quemada y luego la piel que cambiaba, al igual Ludwig lo había pasado mal, se olvidaba seguido de que estaba quemado y con cualquier roce el italiano gritaba como si fuera el fin del mundo. Sin duda alguna, no quería arriesgarse nuevamente a ello.

Una vez la pelea terminó y los demás se arreglaban para un largo y divertido día en la playa sin consecuencias, a excepción de Lovino que estiró su toalla negra y blanca de cualquier manera sobre la arena, el mayor de los italianos se deshizo de su camisa y sin pensárselo dos veces se acercó hacia el agua. No había nadie bañándose, hasta donde su vista alcanzaba estaban todos tumbados tomando el sol tranquilamente o jugando a pasarse la pelota. Supuso que ya deberían haberse bañado y ahora estarían 'descansando' por lo que al ver que, sin vacilar, corrió hasta que el agua le cubrió hasta la cintura, momento en el que se detuvo en seco encogiendo los brazos a los lados del pecho, no queriendo que el agua tocara estos.

—¡La madre que me…! ¡Estúpida agua, me cago en todo lo movible y más! ¡Está helada! – exclamó tiritando en su lugar del frío.

Aquellos que estaban tumbados en la arena cerca de donde estaba el italiano no pudieron evitar reírse por su reacción, ni siquiera sus acompañantes que le habían seguido con la mirada expectantes, aguardando por saber cómo estaba el agua. Feliciano observó por enésima vez el reloj de muñeca del alemán antes de salir corriendo con su colchoneta hinchable e, imitando a su hermano, salto sin dudarlo al agua usando la colchoneta como flotador para no hundirse por completo. Con lo que no contó el menor, es que al tirarse de forma brusca había salpicado a su hermano y la colchoneta había terminado por empaparle.

—Uy, lo siento… - Rió nerviosamente al ver como el mayor lo asesinaba cruelmente con la mirada mientras temblaba de frío en su lugar.

Para cuando ambos se acostumbraron al clima del agua, el mayor salió corriendo dificultosamente por el agua hacia su hermano, quien no dudó en correr en contra dirección para escapar de él gritando entre risas.

—Parece que al menos ellos se lo pasan bien – espetó el alemán escondiendo bien su reloj en la bolsa con sus demás pertenencias.

—Voy a bañarme un poco yo también. – Emma se levantó de su toalla dejando a ver un trikini blanco con bordes dorados. Se recogió el cabello en dos pequeñas coletas y corrió hasta el borde del agua, adentrándose cuando el agua retrocedía y corriendo hacia atrás cuando las olas se acercaban.

—¿Te vas a meter o no? – cuestionó su hermano lo suficientemente alto para que la escuchara.

En cuestión de media hora, todos habían terminado zambulléndose en el agua para refrescarse y regresaron a sus respectivas toallas a tomar el sol, menos Lovino que se hizo un ovillo con su toalla y ocupó la mitad de la de Feliciano. El mayor de los italianos observó a su alrededor tratando de quedarse con aquel ambiente, podría usarlo para su libro más aún al recaer en la zona de las piedras, podría editar un poco la escena del encuentro y basarla en ese escenario. Comieron en uno de los restaurantes del paseo y volvieron a su sitio; pasaron la tarde tomando el sol, jugando al voleibol o simplemente pasando el rato charlando. No era algo que tenía por costumbre hacer Lovino, por lo que según pasaban las horas se iba sintiendo cada vez más incómodo en aquel ambiente.

Regresaron a sus respectivas casas casi al anochecer. Lovino se encontraba exhausto, la noche anterior no había conseguido dormir bien y se había agotado en la playa por lo que no bien se dio una ducha cayó rendido en su cama sin preocuparse en ponerse siquiera la ropa interior. Los días fueron pasando y el libro iba avanzando a un ritmo bastante lento, no se le ocurría como avanzar y cuando lo hacía terminaba eliminando parte de la historia para volver a escribirla, y así hasta que sintió que de seguir eliminando escenas terminaría con un libro en blanco.

Debía buscar algo que le inspirara, algo que lograra que su libro avanzara y no que retrocediera y aquel día en la playa había encontrado el sitio perfecto. Tomó lo necesario y partió con el coche hacia la playa, había visto por la ventana que a lo lejos se acercaba una tormenta y lo último que quería en ese día era tener que correr desde la costa hasta su casa cayendo tremenda tormenta. Utilizó la capucha de su camiseta para guardar el block de notas, un lápiz en la boca y así poder llevar las manos en el bolsillo hasta que se le ocurriera alguna buena idea una vez consiguió aparcar y andar hasta la zona de las piedras que había visto aquel día. Quedó parado observando cada una de las enormes piedras que formaban aquella pared y en cuestión de segundos consiguió visualizar la escena del encuentro entre aquella 'pareja', con la diferencia de que en ellos había una sola roca y no toda una pared.

—Tormenta… - murmuró tomando el lápiz de su boca. El aire era cada vez más fuerte y podían verse los rayos de la tormenta aproximándose desde el horizonte. Iba a ser una bastante fuerte al parecer, suerte que había recordado cerrar las ventanas por si acaso. – Eso podría ser una buena forma de- - sus palabras quedaron mudas al visualizar algo dentro del agua. No pudo distinguir a simple vista qué era, pero creyó que sería simple basura que había arrastrado la tormenta. De seguro el mar debía estar rabioso teniendo en cuenta como azotaban con fuerza las olas, por lo que no sería de extrañar que hubiera conseguido arrancar algo del puerto. - ¡¿Pero qué demonios…?!

¡¿Eso había sido una cabeza moviéndose?! Tiró su lápiz a un lado y corrió hacia la orilla sin atreverse a acercarse demasiado. En el rato que había estado ahí su mirada se había acostumbrado a la escasa luz por lo que pudo distinguir de aquella 'basura' una cabeza. Tragó saliva de forma seca al imaginarse que la tormenta podría haber volcado algún barco y que eso podría ser un miembro de dicho barco muerto. Empezó a moverse exasperado, sentía que en cualquier momento entraría en un estado de pánico y seguramente saldría corriendo despavorido de allí. Miró hacia el paseo con la esperanza de encontrar algo de ayuda, mas solo vio como el último establecimiento cerraba sus puertas dejando aquellas calles vacías. No era verano pese al calor por lo que no habían turistas y al ver la tormenta acercarse los comercios habían decidido cerrar puertas antes de que el tiempo empeorara.

Cuando el cuerpo estuvo a una distancia prudente con la que no temer por ser arrastrado por la corriente hacia el interior, se adentró para tomar el cuerpo muerto por debajo los hombros y arrastrarlo hasta la orilla. Pesaba. Mucho. Cerró los ojos para poder ejercer fuerza y arrastrarlo completamente hasta la orilla, donde ninguno de los dos corriera peligro alguno.

—¿Y-y ahora que ha- - de nuevo sus palabras enmudecieron al abrir sus ojos. - ¡UN MONSTRUO, JODER!

Quiso retroceder, mas la arena fue su peor enemigo en ese momento haciéndole caer de sentada en el suelo.

¿Qué acababa de socorrer? Quienes fueran sus padres, habían cometido una brutal atrocidad en contra de la naturaleza. Sin duda, ese muerto no era un humano.


Y ahora, estimada persona que haya leído hasta aquí, olvide todo lo que leyó sobre la historia de Lovino. Si consigue vender este libro ha de ser sorpresa para los demás (?). Just kidding.

Este es el capítulo más cortito hasta el momento, era más largo que el primero pero hice como Lovino: editar, eliminar, eliminar, eliminar, editar, hasta quedarme con un libro en blanco (?).

Ahora, respondiendo reviews~ [ Me hubiera gustado responderlos por privado, pero suelo no enterarme cuando me envían privados si es que me responern Uu ]

pekebella: ¡Feliz año nuevo atrasado! El termino 'sireno', además de no sonar bien, no se adecua a Antonio... él no es una falsa sirena [ si no sabes a lo que me refiero, te aconsejo mires en internet pues yo soy pésima explicando ], por lo que creí más adecuado ponerle directamente 'tritón'... aunque en un principio esa palabra me recordaba más al Dios del mar que no a los varones de las sirenas. Era lo malo de que en Griego y Latín hubiera más mitología e historia que idioma. Me alegra que te guste la historia y como escribo 3

alguienquemira: Nu-uh! ¡No fue chantaje! Fue solo una forma para saber si gustaba y como dije si gusta no la pienso abandonar, realmente me divierto bastante escribiendo esta historia. Húmedo no se, pero que haber lemon habrá como dije en el cap. anterior y es más, en el próximo ya hay [ I'm a pervert~ (?) ]. And don't worry, Emma ya tiene pareja así que sola no va a quedar, simplemente no sabía quién pero ya sí...

BlackButterfly34: Cuando termine la historia, hablamos sobre mi futuro pokemon (?). Dulce ironía, right? Entiendo el punto del USAUK, no he entrado a ver cuántas historias hay de ellos... así que deberé confiar en lo que dices. La variedad es lo bonito de las historias. En cuanto a lo otro, don't worry~ Como he dicho anteriormente si gusta no tengo ningún plan en abandonar esta historia, en verdad me divierte bastante. Gracias por tu aporte a pareja de Emma :)

Y sin nada más que decir, me despido. Cualquier cosa, review... que como he dicho no me entero de los privados.

See you!