Capítulo 2 – Gilbert Beilschmidt

Después de ver como todos los niños de primer curso pasaban por la ceremonia del sombrero seleccionador, que perfectamente podían hacer en privado en el tren en vez de atrasar la comida, Gilbert se percató de que no habían llamado a su hermano. Había estado tan pendiente de que la ceremonia terminase para ponerse a comer, que no se había fijado en que había habido tres alumnos que no habían atendido cuando se les llamaba. Y antes de que pudieran coger una sola pieza de la bandeja de la mesa, la directora Calliope envió a todos los alumnos a sus casas, prometiendo que mandaría comida con los elfos domésticos.

El albino miró de reojo a Antonio, prefecto de Gryffindor y uno de sus mejores amigos. Él le contaría todo después seguro, pero ¿y si todo aquello tenía que ver con Ludwig? Aquel pequeño idiota era su único hermano pequeño.

— Francis, tenemos que intentar escondernos antes de que nos manden a casa y nos dejen allí encerrados — dijo por lo bajo el chico a su otro mejor amigo —. Si esto tiene que ver con Ludwig mi padre me manda a cuidar de dementores en Azkaban.

Las palabras de Gilbert eran francamente despreocupadas, pero en su interior estaba sufriendo. Revivía el incidente de la piscina de hacía tres años, en el que por poco Ludwig muere y se pasó tres semanas ingresado en San Mungo.

— No sé, Gil — respondió el rubio, exagerando aquel acento francés que solo sacaba cuando quería frivolizar —. Nos castigarán si nos pillan, y ya está Antonio detrás de todo...

— No finjas que no sientes curiosidad, además mi hermano te gusta mucho — replicó el otro. Ludwig era realmente brillante y en varias ocasiones les había solucionado ejercicios complicados de los deberes de verano. Francis no podía no querer al tonto de Ludwig, por mucho que fingiera que no quería ponerse en problemas.

El albino le ignoró momentáneamente y se metió debajo de la mesa del gran comedor a medida que todos los alumnos se ponían en las filas que algunos prefectos y profesores coordinaban. Si aquel idiota no le hacía caso, genial por él, pero no pensaba dejar de lado la posibilidad de descubrir que había pasado con su hermano pequeño y tratar de ayudar.

— Está bien, pero solo porque Antonio nos puede cubrir diciendo que nos ha ordenado buscar a alumnos desperdigados por el colegio —. Imitando el gesto de Gilbert, Francis se puso bajo la mesa, con intención de ayudarle. No podía dejar solo a su amigo en el peligro si realmente estaba dispuesto a hacer aquella locura.

Se mantuvieron quietos, encogidos a cuatro patas debajo de la mesa, durante unos minutos. Calculaban el tiempo que tardarían en marcharse todos, mientras veían a otros alumnos que habían optado por hacer lo mismo fallar. El primero de todos ellos fue un Slytherin, Lovino Vargas, que aprovechó que le hubieran pillado para delatar a un par de compañeros que también estaban con él allí debajo.

A unos metros de ellos dos estaba Latula Pyrope, buscadora del equipo de quiddich de Gryffindor, parecía esperar a la seña de una chica de Ravenclaw que se situaba a su misma altura.

— Las van a pillar — dijo Gilbert fijándose en cómo uno de los profesores que había encontrado a Lovino pasaba justo al lado de donde estaba la chica de Ravenclaw. El Beilschmidt no la conocía especialmente, pero le sonaba de un curso por debajo, tal vez porque siempre iba con su uniforme azul al campo de quiddich, pero con una bufanda del equipo de la buscadora.

— Están juntas — dijo por lo bajo Francis —. Damara y ella, fingen que solo son amigas, pero ahora están aprovechando la confusión para enrollarse en algún lugar que nadie las vea.

— Eres un cotilla — susurró Gilbert a la par que veía como Damara gateaba en silencio para evitar ser descubierta. Así en silencio y tratando de contar los pasos hasta la salida del gran comedor esperaron durante algunos minutos —. Parece que van a salir, esperemos un poco más, no sea que estén esperando en la puerta a que alguien más salga de debajo de la mesa.

Los primeros en salir fueron unos chicos de Hufflepuff, Latula y Damara, seguidamente Gilbert y Francis idearon el lugar por el que saldrían a investigar dónde podía estar Ludwig.

El plan era colarse por la puerta que llevaba a las cocinas, en vez de la que llevaba al pasillo, pero al salir de debajo de la mesa el gran portón del salón comedor se abrió.

La reacción de ambos chicos fue tratar de meterse entre los bancos para evitar que fuera quien fuera les vieran, pero pronto se percataron de que quien entraba no era otro que Arthur seguido de Ludwig y otros dos niños.

— Mon Dieu Arthur casi me da un infarto — dijo Francis exagerando —. Deberías estar con el resto de prefectos, mandando niños a sus casas o contándonos qué ha pasado.

El chico de ojos verdes casi se atraganta con su propia saliva al ver que era alguien como Francis quien se atrevía a corregirle. Como si no tuviera suficiente con llegar al salón comedor y darse cuenta de que debía haber optado por llevar a aquellos tres chicos ante la directora Calliope a su despacho, donde estaría llamando a las autoridades médicas pertinentes.

— Si no fuera por estos tres y por Wang Yao estaría ayudando con cosas más importantes — dijo completamente seco e irritado —. Pero no puedes saberlo porque...

— Arthur, al tema, ¿por qué nos hemos quedado sin cena? — le cortó Gilbert completamente tranquilo y relajado de ver a su hermano sano y salvo.

— Un tal profesor Vantas se ha caído de la torre — dijo el pequeño Feliciano desde detrás de Vriska tratando de acercarse al grupo de chicos más mayores.

El prefecto de Slytherin respiró hondo, si aquel crío hubiera tenido casa le hubiera quitado ya al menos veinte puntos.

Los ojos de Gilbert se movieron del acompañante de su hermano a Arthur, luego a su hermano pequeño que se mantenía serio, seguramente pensando en lo que había ocurrido. Mas de forma repentina tuvieron que moverse hacia la chica morena de ojos azules que iba con él por la magnitud de sus palabra.

— Es obvio que con el revuelo que está teniendo los profesores creen que no se ha caído de casualidad — dijo echándose el pelo hacia atrás y con cierta supremacía —.Tal vez alguien le empujase y no consideren seguro rondar por el castillo solo...

— Yo ya puedo decir a qué casas van estos tres — dijo de golpe Francis cortando la conversación, antes de que Arthur entrase en ira por las incursiones de aquellos dos enanos —. Ella irá a Slytherin porque no me parece de fíar, Ludwig vendrá a Gryffindor y tú chico no sé a qué casa, pero espero que lejos de Arthur porque te hará la vida imposible con su mal gusto y su envidia.

— Francis, creo que no, todos los Beilschmidt siempre van a Slytherin — comentó Gilbert fijándose en el pequeño que no abría la boca aún pensando en lo que aquella chica había dicho, seguramente —. Yo fui la excepción, tú también pareces una excepción, Francis.

Otra vez mientras discutían el portón del salón comedor se abrió y varios prefectos entraron en la sala.

— A-a-arthur estábamos bu-bu-buscándote — dijo un prefetco de Hufflepuff.

Era un chico normalucho, tirando a tonto, pero siempre que lo veía Gilbert sentía que su corazón se desbocaba y sentía la necesidad de hacer algo para llamar su atención o quedarse completamente callado para que no le mirase nunca. El tartamudo, tímido y tonto de Tavros Nitram, que no le dirigía la palabra y si lo hacía era tartamudeando el triple de lo que acababa de hacer con Arthur Kirkland, lo cual le resultaba patético y le gustaba a partes iguales. Había muchas chicas que iban detrás de él, era impresionante en todo lo que hacía y un genial cazador en quiddich, odiaba que le gustase aquel memo.

En aquel momento no pudo hacer otra cosa que quedarse en silencio y observar como se acercaba totalmente aterrado a al prefecto de Slytherin.

— Estaba llevando a estos tres con la directora Calliope — dijo Arthur hastiado de su tarea.

— La cosa es que creemos que los profesores se han deshecho de nosotros porque hay algo importante que no quieren contarnos — dijo Jane Crocker, prefecta de Ravenclaw —. Meulin estaba con el profesor Makara y nos ha dicho que creen que alguien empujó al profesor Vantas de la torre de astronomía, están casi seguros de que alguien lo ha hecho.

— Meulin, esa gata está con Makara — cotilleó Francis sin pensar en los problemas que acontecían —. No digo que saque buenas notas por eso, pero fijaos en como la mira él cada vez que tiene que hacer un hechizo.

— Yo creo que a lo mejor si que saca buenas notas por eso — añadió Arthur interesadísimo en aquel tema —. Que no es que me importe lo más mínimo lo que hagan los demás con su vida, pero...

— ¡Qué va! — negó Antonio con una risa dulce —. Lo que pasa es que es que ella me contó que era asistente suya para...

El suave carraspeó de la joven Jane interrumpió las palabras del prefecto de Gryffindor. No se podía creer que se pusieran a cotillear en medio de aquella situación.

— Estamos tratando un tema serio — dijo la chica —. Puede que a estas alturas el profesor Kankri Vantas esté muerto. No es momento de cotillear.

Gilbert se sintió incapaz de no decir nada en aquel momento, necesitaba decirlo.

— Bueno, menos horas interminables de astronomía, no es tan terrible si le llevan al hospital y para cuando me haya ido de la escuela vuelve.

Se había sentido genial al decirlo, pero al instante se sentía ligeramente cohibido, era la presencia de aquel Nitram. Después de tanto tiempo y aún no lidiaba con ello, tendría que solucionarlo de forma rápida y necesitaba trazar un plan para ello.

— Cierto, ya podía haberle ocurrido también a la profesora Aranea — dijo Tavros en voz muy baja. Le estaba dando la razón, no había sido un error. Gilbert se sentía el dueño del universo.