Hakutoku no entendía y la verdad, hace ya varios minutos que había dejado de escuchar todo lo que Hakuren le decía. No, no es que fuera un mal padre que se dedicaba a ignorar las palabras que cualquiera de sus hijos profiriese. El problema estaba, una vez más —según palabras de Hakuren— en la cercanía abrumadora que Kouen y Hakuryū estaban mostrando en el último mes.

Todo de lo que hablaba Hakuren era mil vueltas que siempre quedaban en el mismo lugar: Kouen y Hakuryū.

Koumei era quien más tiempo pasaba con el segundo de sus hijos, y no se imaginaba como el segundo hijo de su hermano hacia para tenerle tanta paciencia a su —uno de estos dias— futuro esposo. Hakuren podía ser complicado y abrumador si se lo proponía. Casi insoportable si se trataba sobre la seguridad de Hakuryū.

Hakutoku pensó que ser el menor de los hermanos traía desventajas como esas. Seguro y Hakuryū lo tenía complicado cuando Hakuren le daba una de esas largas charlas de interminables horas sobre la protección contra individuos que podían toquetearle y hacerle cosas indebidas.

Por suerte Hakuyū no desprendía esa extrema preocupación y sobreprotección que Hakuren poseía.

Los minutos pasaron, Hakuren seguía parloteando, Hakutoku trataba de revisar con tranquilidad y concentración unos documentos.. Simplemente no podía, no con Hakuren aturdiendo su pobre cabeza ¿Dónde estaba su sobrino Koumei para ayudarle en situaciones como esta?

Ah, esperen. Le había mandado a que regresase a su aposento y se tomase una siesta. El pobre muchacho se quedó dormido un par de veces mientras le ayudaba con los deberes del imperio.

— Hijo ¿No has pensado en adquirir un pasatiempo? —"uno que no incluya el espiar a Hakuryū y a Kouen", pensó

— ¡No! —la negativa fue inmediata, claro esta— Alguien debe de vigilar el bienestar de mi hermano..

— Silencio

— ¿Padre?

— Hakuren, ya es suficiente

— ¡Pero..!

— Suficiente

— Pe..

— No —suspira, se queda en silencio por un minuto y vuelve a suspirar— Se que Hakuryū es el más joven de mis hijos, el menor de tus hermanos, y que, por eso va a ser difícil dejarle ir —Hakuren quiere protestar, de verdad; pero la seriedad que su padre y emperador muestra le obliga a mantener la boca cerrada— Todavía recuerdo cuando se escondía entre tú y Hakuyū, negándose a hablar con sus primos, fue mucho tiempo para que dejase parte de esa timidez —Hakuryū, su pequeño, el más dulce de todos— Pero como padre, sé cuando debo dejarle ir ¿No opinas que él ya sabe lo que hace?

— Ha crecido..

— Lo estas entendiendo

— Se ira a los brazos de otro.. —Hakutoku asiente— ¡A la cama de otro! —el emperador duda en asentir, como que la idea no le esta agradando. Demonios, Hakuryū aún es el más pequeño de todos.

— Pero mira a Kouen de la misma forma en que miras a Koumei —dice, resignado.

Hakuren se desploma contra una silla. Lo sabe, maldicion. Y también sabe que sin importar lo que le diga a Hakuryū, él no va a dejar de acercarse a Kouen sin importarle lo mucho que termine por destrozarle los nervios. Esta seguro de ello, pues él tampoco se alejaría de Koumei ¿Cómo podría dejarle? Era imposible, le amaba demasiado.

Tras la puerta del despacho.

Kouen le sostiene con fuerza de la cadera y Hakuryū se inclina hacia atrás, juntando su espalda al pecho del mayor. Lo han escuchado todo. La voz de su padre y de su hermano ha traspasado la puerta justo cuando ambos iban a pedir permiso para ingresar. Puede sonreír, tranquilo, conociendo ya parte de lo que su progenitor piensa respecto al amor que le tiene a Kouen. Las cosas van en un buen rumbo y quizás, porque no, puede pensar a hacerse a la idea de un compromiso en el futuro.

Kouen le quiere, se lo demuestra con acciones que ocurren en privado y que no tienden a acabar en la cama. Comprende que los pensamientos son ridículos, que lo que tienen entre ellos algunas veces puede presenciarse como algo extraño. Pero cuando le sujeta la mano y entrelazan los dedos.. Es estúpidamente suficiente para ellos.

— Al menos ya asume el hecho de que voy a arrebatarle a su pequeño y adorable hermano

Hakuryū le pisa el pie con toda la intención. Kouen gruñe. Dios, ese hombre si que sabe como arruinar algunos momentos.