VALENTINE'S DAY REPEATED
ENLACE AL FIC ORIGINAL: w-w-w-.-f-a-n-f-i-c-t-i-o-n-.-n-e-t-/-s-/-2-8-0-0-5-5-4-/-1-/Valentine-s-Day-Repeated
AUTOR: Bananacosmicgirl
PAGINA WEB DEL AUTOR:
CORREO DEL AUTOR: bananacosmicgirl
TRADUCCIÓN: Loth Prince
BETA: Meliza Malfoy & Bellatrix_2009
REDACCIÓN: Bellatrix_2009
DISCLAIMER: Harry Potter y todos sus personajes pertenecen a JK Rowling. No se ha ganado dinero ni se ha violado ningún copyright con este trabajo, la trama pertenece única y exclusivamente a Bananacosmicgirl, sólo la traducción es de nuestro grupo.
RESUMEN: Este no es un feliz día de San Valentín para Draco. No obstante, él podría tener la oportunidad de hacerlo por...
CAPITULO 2
Cuando Draco despertó, se sintió bien descansado. Preguntándose si siempre se sentiría así de bien al despertar después de humillar públicamente a uno de sus enemigos escolares. Si era así, ciertamente intentaría hacerlo más seguido. Se vistió, estaba arreglándose el cabello cuando sintió un toque en la puerta. El chico no tuvo tiempo de decirle a la persona que se largara, la puerta se abrió dejando pasar con ella a Pansy. Usaba la misma bata mal atada que dejaba ver la misma ropa interior roja que llevaba el día anterior.
— Draco – ronroneó en un tono que se parecía mucho al usado antes. – No sé qué vestido usar esta noche.
— Pansy, ¿qué carajos haces aquí de nuevo? Te lo dije ayer, no hay ninguna maldita posibilidad de que salgamos de nuevo. – le dijo arrastrando las palabras.
Las cejas de Pansy se unieron en confusión, mientras sus ojos brillaban por las lágrimas.
— ¿Ayer? ¿De qué hablas?
— ¡Ayer! ¡Cuando entraste luciendo exactamente cómo estás hoy! – dijo Draco, apuntando la falta de ropas adecuadas de la chica.
— Yo no… no sé de lo que hablas — respondió Pansy.
Irritado, Draco le habló bruscamente.
– Sólo vete de aquí, Parkinson.
Las lágrimas corrían por las mejillas de la chica.
— ¿Por qué siempre tienes que ser tan malo?
Draco meneó la cabeza al verla salir. Eso había sido algún tipo de Déjà Vu. Regresó al espejo y pasó una mano por su cabello.
— Te ves genial. – le dijo el espejo.
El rubio se le quedó mirando, preguntándose si el espejo también estaba atorado repitiendo lo que le había dicho el día anterior. No replicó.
El Vestíbulo seguía decorado por el día de San Valentín, notó Draco consternado. El Slytherin se preguntaba la razón sabiendo que los Elfos Domésticos eran usualmente buenos limpiando cualquier tipo de celebración, una vez ésta terminara.
— Lo hicieron muy bonito. – Dijo Goyle estúpidamente, mirando las nubes en forma de corazón del cielo encantado. Había dicho exactamente lo mismo la última vez, pero eso no era raro. Crabbe y Goyle no tenían la inteligencia de una rata incluso si se juntaban, así que el hecho de que pudieran unir juntos una oración era asombroso.
— No sé por qué aún no los quitan – resopló en respuesta.
— ¿Quitarlas? – preguntó Crabbe.
— Sí, viendo como el día de San Valentín fue ayer, parecería lo lógico, ¿no creen? – dijo chasqueándolos.
No le gustó como Grabbe y Goyle intercambiaron una mirada de entendimiento. No se suponía que fueran lo suficiente listos para hacer eso.
Entró al comedor. Una mirada al trío dorado reveló una escena que parecía copiada del día anterior. Potter se veía aburrido al lado de sus besucones mejores amigos. Era raro, pensó el rubio, Potter no se veía ni un poquito triste o aplastado. El moreno alzó la mirada encontrándose con la del rubio, sus ojos no mostraban nada que Draco pudiera leer. Se había esperado a un Potter furioso o llorón – algo. Pero Potter se veía como si ninguno de los eventos ocurridos el día anterior hubiese pasado.
Draco se sentó en su puesto y empezó a servirse el desayuno. Entonces, solo momentos después, lechuzas entraban a través de la ventana. Extrañamente, dieciséis de ellas aterrizaron frente a él.
De repente tuvo una terrorífica idea. Las cosas se parecían demasiado al día anterior.
— Bulstrode – se dirigió justo a la chica que se encontraba frente suyo — ¿Qué día es hoy?
Millicent Bulstrode parecía sorprendida de que el chico, de hecho, se dirigiera a ella en público, incluso con una pregunta tan estúpida como esa. Para ella lo era.
– Catorce de Febrero – dijo – Ya sabes, día de San Valentín.
El corazón de Draco, se hundió hasta las botas. Se supone que era quince de Febrero, ciertamente no se suponía que fuera San Valentín. ¡Ya había vivido esto!
¿O había sido un sueño? La escena completa con Potter, y todas las clases, ¿se había imaginado todo eso? Pero entonces, los eventos de hoy estaban pasando exactamente como los recordaba del día anterior. ¿Había tenido un sueño profético? Y en ese caso, ¿sabría que Potter estaba detrás de los regalos anónimos que había estado recibiendo? Tal vez y era solo una pesadilla que había tenido.
Para mantenerse ocupado, Draco abrió las cartas y tarjetas que había recibido. Había una de Mandy Brocklehurst, una de Lisa Turpin y tres más de Ravenclaw, ocho tarjetas de diferentes Hufflepuff y tres de conocidos que había hecho fuera de las paredes de Hogwarts.
Estaban tal y como las recordaba. Dos collares de plata, y un dragón plateado.
Draco tragó en seco. Ya había vivido éste día, pero nadie más parecía recordarlo. En cualquier minuto, una última lechuza atravesaría el salón llevando una sencilla y brillante rosa roja.
Los estudiantes jadearon cuando ésta voló sobre ellos hasta aterrizar frente a un pálido Malfoy.
— ¿De quién es? – Preguntó Millicent.
Draco ni siquiera se mofó de la chica. Tomó la rosa del pico del ave y salió del salón.
El rubio corrió hacia el baño de hombres, sosteniendo la hermosa rosa en sus manos.
Ya había vivido esto una vez. Ya sabía lo que éste día le traería.
Podía ir a clases, McGonagall haría su lectura sobre convertir cosas vivientes en otras cosas vivientes, y Snape los haría hacer el Juroserum, entonces podrían mirar largamente una bola de cristal en clases de Adivinación y trabajar con irritantes y pesados números en Aritmancia, y al final del día, abriría la caja de chocolates.
Respiraba rápidamente. Había escuchado de personas atrapadas en el tiempo antes, pero siempre había una razón para eso, y generalmente era porque la magia se descontrolaba. Draco no había hecho nada extremo, y tampoco había sido golpeado por ningún hechizo extraño tampoco.
Tal vez, solo debería pasar el día y entones cuando despertara en la mañana, sería realmente mañana. Parecía una buena idea – tal vez era solo – un hipo mágico.
Draco asintió para sí mismo. Eso era lo que era. Se iba a resolver por sí solo, y mañana sería realmente mañana.
Aunque aún quedaba la interrogante de Potter. Aplastar a Potter una vez había sido divertido, pero, ¿debería hacerlo de nuevo? Había tomado algo de Draco que no lo había hecho sentir tan bien. La imagen del rostro de Potter aplastado se quedó en la mente del rubio. Odiaba a Potter, por supuesto, pero hacer que alguien más pasara por tanto dolor, de hecho le parecía un poco demasiado cruel.
Indeciso sobre qué hacer con Potter, Draco abandonó el baño de hombres, y se apuró a su primera clase.
Draco lo hizo un poco diferente desde la primera vez que lo había vivido. La lectura de McGonagall era incluso más aburrida ahora, que cuando la escuchó la primera vez. Cuando lo forzó a tratar el hechizo, sin embargo, le fue un poco mejor que la vez pasada. Esta vez, el tamaño del ratón cambió al igual que su piel.
McGonagall le dio la misma mirada que él recordaba le había dado antes.
– Supongo que tendrá que escuchar con más atención, señor Malfoy.
Draco no respondió. En vez de eso, miró hacia el asiento de Potter. Como esperaba, Potter no le lanzaba miradas asesinas tampoco esa vez. Lo observaba más contemplativamente, mirándolo de un modo que parecía hasta contento. Cuando notó a Draco mirando, Harry intentó arreglar su expresión facial, pero no resultó.
El rubio se dio la vuelta, ya había escuchado a McGonagall seguir con la lectura, y le permitió a su mente soñar. Desde la primera vez que se enteró de que Potter era su admirador secreto, se encontró a si mismo preguntándose cómo había ocurrido. Con toda la historia entre ellos dos, ciertamente no era una respuesta "normal" que el Chico Dorado se enamorara de alguien como Draco.
Draco ni siquiera sabía que Potter era gay. Claro que, suponía que era algo que alguien como El-Niño-Que-Vivió mantendría guardado. A los periódicos, les gustaba la idea de un héroe hetero, sentando cabeza casándose con una linda chica, una vez lograr el propósito de matar al Señor Oscuro. Ellos – Los periódicos, el mundo – no les gustaría que a Potter le gustaran los chicos en vez de las chicas. Después de todo, la homosexualidad seguía siendo mal vista. Los mismos ligues de Draco con el mismo sexo, habían estado un poco más escondidos que sus encuentros con las chicas.
Entonces, el rubio se preguntó por qué pensaba en Potter, forzando fuera de su mente, todo pensamiento de él.
Al final del día, Draco estaba increíblemente aburrido. No le gustaba hacer el mismo trabajo que había hecho bien la primera vez. Su Juroserum había resultado tan perfecto como la primera vez, la envasó en una botella y se la dio a Snape, con una mueca de satisfacción. La comadreja había hecho el mismo error que antes, y una vez más, se ganó la detención por la explosión causada.
Potter había mirado a Malfoy también esta vez, y cuando Draco no respondió su mirada con completo disgusto, pudo ver la esperanza creciendo en el de ojos verdes. Draco rápidamente resopló y volteó la mirada.
Ya que era una repetición exacta del día anterior, la comida servida en el almuerzo era la misma que antes, papas con carne mechada. A Draco le gustaba, pero ya no era tan bueno al segundo día.
— ¡Mira, Draco! – dijo Pansy apuntando a las ventanas. – Te llegaron más lechuzas.
Draco quería responder, que recibiría cuatro de ellas, y que una de esas era de Harry Potter, pero no lo hizo. Le tomaría demasiado explicar y para empezar, hablar con Parkinson no era interesante.
Cuatro lechuzas aterrizaron frente a él. Una de ellas tenía el paquete cuadrado, envuelto en papel rojo, que Draco sabía, contenían los chocolates de Potter. Lo puso todo en sus bolsillos.
— ¿No los abrirás? – Preguntó Pansy.
— ¿Para qué? – Respondió el rubio – Son todas tarjetas estúpidas de Hufflepuff, ¿o me mandaste algo?
Agregó lo último arrastrando las palabras.
Las mejillas de Pansy se colorearon. Draco sabía que ella quería mandarle una tarjeta, pero no se atrevía. Sería ridiculizada por toda su casa si lo hacía.
— No – Se sorbió la nariz. – Claro que no.
— Entonces, ¿por qué estás tan molesta con quien me envió tarjetas y quién no? – Preguntó el rubio.
Pansy le lanzó una mirada dolida y se dio la vuelta. Draco regresó a su carne mechada.
De vuelta en su habitación, Draco abrió la mesa de noche al lado de su cama y encontró los objetos que Potter le había mandado, las cosas que había tirado lejos el día anterior. Posadas en perfecto orden. El rubio cerró el cajón de la mesa y se sentó con sus regalos. Esta vez, el Slytherin ni siquiera se molestó en abrir las tarjetas de los Hufflepuff. Sabía lo que decían y las fotos tontas en ellas. También sabía que no tenía ningún interés en quienes los enviaban.
Esto le hacía preguntarse, si tenía interés en Potter. Mientras abría las solapas del papel de regalo alrededor de la caja de chocolates, pensó que por supuesto tenía un interés en el moreno. Estaba muy interesado en herirlo y matarlo, si hiciera ambas, seguramente, haría muy orgullosos a su padre y al Señor Oscuro. Complacer a esos dos era crucial para su supervivencia. Temía el fin de año, cuando regresaría a casa a ser iniciado.
Así que sí, claro que tenía un interés en Potter.
Abrió la caja. Los chocolates en forma de corazón reposaban dentro, luciendo tan deliciosos como lo habían hecho el día anterior. Tomó un respiro profundo y eligió uno de ellos.
El jalón del traslador fue inmediato, y en cuestión de segundos, aterrizaba en una vieja aula de clases. Lucía tal y como el día anterior, con cientos de velas alrededor del salón. Sabiendo que Potter estaba tras todo el asunto, no se molestó en ponerse en guardia con su varita.
— ¿No me darás la bienvenida? – Se mofó a la aparentemente habitación abierta.
Se volteó a la puerta, donde sabía que Potter se escondía de alguna manera. De nuevo, escuchó el murmullo de un Finite Incantatem, y ahora vio a Potter aparecer, primero una parte visible y luego completamente. Una capa de Invisibilidad que Draco no había notado la vez anterior, yacía a sus pies.
Fingiendo sorpresa, Draco dijo.
— ¿Tú eres mi admirador secreto?
Se sorprendía de cómo habían cambiado sus sentimientos por la situación. Sabiendo cuánto podía herir a Potter si quería a este punto, lo hacía extrañamente nada atractivo de hacer, de hecho. Al mismo tiempo, las palabras de su padre sobre matar a Potter si alguna vez se le presentaba la oportunidad resonaban en sus oídos.
— Oh, hola. – dijo Potter, como había dicho el día anterior.
El silencio se extendió entre ambos. Sabiendo lo que había hecho, Draco encontró muy duro decir algo espontáneo, o lo que sea que no sonora simplemente aburrido.
— ¿Te gustaron los regalos? – Preguntó el Gryffindor después de un minuto de silencio incómodo.
Draco reprimió un suspiro.
— ¿Por qué me los enviaste a mi?
Harry miró sorprendido el tono de aburrimiento pero no desagradable de Draco. El chico también estaba sorprendido.
— Yo… — comenzó Potter dudoso – Los vi y pensé en ti.
Habló calmadamente, su cabello caía por el rostro mientras miraba sus pies. No era la primera vez que Draco pensaba que si no hubiese sido El-Chico-Que-Vivió, entonces ciertamente el moreno podría haber sido sexy. En serio, Potter se veía bastante bien, si alguna vez pudiera controlar la apariencia de ese cabello, y tenía buen cuerpo. Si su historia hubiera sido diferente, Potter ya estaría en la lista de conquistas del rubio.
Se preguntaba qué pensaría Potter de eso. ¿Qué pensaría de Draco llevándolo a la cama, joderlo durante una noche, y luego abandonándolo en el frío? Posiblemente, humillaría a Potter incluso más de lo que había hecho el día anterior. Sobre todo, le daría al rubio un poco de placer.
De hecho, la idea tenía cierto mérito.
— ¿Para qué? – preguntó Draco, bajando su voz y dando un paso hacia el Gryffindor.
Potter tragó saliva visiblemente, pero esta vez, no era por la misma razón que la anterior. Draco sonrió maliciosamente. Esto podía ponerse divertido.
— Yo… yo supongo que… — Potter tartamudeó mientras Draco daba otro paso.
— ¿Qué supones? – Preguntó Malfoy.
— Yo… Mmm… Me gustas. – respondió el moreno rápidamente.
Draco enarcó una ceja.
— ¿Te gusto?
Draco se acercó aún más a él, y corrió una mano sobre el pecho del otro. Se sentía sorpresivamente duro contra los dedos del rubio. Obviamente, Potter se ejercitaba algo.
Harry tragó en seco de nuevo.
— ¿Qué… qué haces?
Draco sonrió maliciosamente hacia él. ¿Qué crees que hago? ¿La luz de las velas, y un lugar donde estamos solos, Potter? Parece que esto es exactamente lo que tenías en mente.
Se inclinó contra Potter, dejándolo sin aliento. Draco sonrió depredadoramente. Esto en serio sería divertido.
— ¿Alguna vez lo hiciste en un salón de clases, Potter? – ronroneó Draco.
Potter parecía incapaz de hablar, mientras Draco se frotaba contra él. Al rubio le gustó la sensación del cuerpo de Harry, estaba hecho justo como le gustaban a Draco sus amantes masculinos; la misma altura que él, sin grasa en el cuerpo, y con músculos bien definidos sin exagerar.
Potter gruñó bajo en su garganta y Draco encontró su boca capturada en un agudo beso. El Slytherin sintió crecer la dureza en los pantalones de su Némesis contra sus muslos, y su propio cuerpo se calentó de una sola vez. Esta sería una buena corrida, y el pensamiento de terminarlo todo con un frío rechazo, hacía todo el asunto aún más atractivo. Esto no era algo que duraría para siempre.
Esa tarde, Draco no tomó su cena, así como ciertamente tampoco lo hizo Harry Potter. En vez de eso, Draco se quedó dormido en una vieja sala en desuso.
