Muchísimas gracias por el apoyo que recibí en la adaptación "THE DUFF", fue realmente importante para mi, me alegra que haya gustado tanto, por eso me animé a realizar otra adaptación, aunque algo diferente. Espero que les guste ^^

Esta es una adaptación del libro "Una proposición peligrosa" por Fayrene Preston, los personajes de Harry Potter, no me pertenecer, sino son de la fantástica J.K Rowling.

Capítulo 2 - "Las cosas van a empeorar"

No tenía idea de cómo se había dado cuenta de que algo iba mal, pues ni siquiera ella lo había notado. Y tampoco sabía qué hacer con él. Pero eso no era cierto. Sabía exactamente lo que quería hacer: librarse de él lo antes posible.

—Has sido muy amable viniendo a comprobar qué tal estaba, pero te aseguro que no era necesario. De hecho, estaba a punto de ir a… —Hermione miró hacia la casa, pero no fue capaz de pensar en la palabra, de manera que se limitó a señalarla.

«Oh, no». Gimió silenciosamente. Las palabras la estaban abandonando… y eso sí era una mala señal.

Con mucho cuidado, se encaminó hacia la casa. Draco se puso de inmediato a su lado y la tomó por un codo, como tratando de sostenerla. Pero lo último que quería Hermione era su ayuda, o que supiera que algo iba mal.

Un poco más adelante el sendero se bifurcaba. La izquierda llevaba a la casa y la derecha a la salida, donde sin duda se hallaría aparcado el coche de Malfoy. Ese era el camino que él debía tomar.

—¿Para qué quieres entrar en casa? ¿Piensas ponerte a trabajar?

Hermione estuvo a punto de decirle que aquello no era asunto suyo, pero se contuvo. No quería dar pie a una de las mordaces respuestas de Draco que la obligarían a responder, y no estaba en condiciones de hacerlo.

—Ha sido un día muy largo. Lo más probable es que me vaya a la cama.

—Es una pena —dijo Draco.

Ella se volvió a mirarlo, sorprendida.

—¿Disculpa?

—Es una pena que una mujer tan guapa como tú esté a punto de irse a la cama sola.

Hermione dio un traspié y Draco la sostuvo con firmeza por el codo. Ella lo maldijo interiormente. Aquel hombre nunca hacía o decía lo que esperaba y quería que apartara de una vez la mano de su codo.

—A menos que tengas a Ron atrapado en tu dormitorio, por supuesto.

Ya estaba. Había vuelto a hacer uno de sus mordaces comentarios. Hermione tiró del codo para librarse de su mano y se volvió a mirarlo.

—Tú no… no sabes nada sobre Ron.

—En eso te equivocas. Sé mucho sobre Ron. Últimamente nos hemos hecho buenos amigos. Y también sé que no es el hombre que te conviene.

—Tú… —Hermione no fue capaz de pensar en una sola cosa que decir.

Para colmo, apenas podía ver todo el rostro de Draco. Su campo de visión se estaba reduciendo. No podía negarlo por más tiempo. Tenía problemas. Y las cosas iban a empeorar.

—Vete a casa, Draco. Ahora. Buenas noches —aceleró el paso para tratar de alejarse de él, pero las piernas no parecían funcionarle bien y volvió a dar un traspié.

Si Draco no la hubiera sujetado, se habría caído.

—Algo no va bien —dijo él, serio. El volumen de su voz resultó insoportable para los oídos de Hermione—. ¿Qué es?

Hermione apretó los dientes. Todo lo que necesitaba era llegar a su dormitorio.

—Déjame en paz. Yo…

Draco la tomó en brazos y se encaminó hacia la terraza trasera. Hermione no podía protestar más. Un penetrante dolor en la mitad izquierda de su cabeza se lo impedía. Cerró los ojos y trató de relajarse contra el pecho de Draco, pero este caminaba demasiado deprisa. El movimiento resultaba violento. Sintió unas intensas náuseas. No abrió los ojos hasta que cruzaron el umbral de la puerta.

—Déjame aquí —susurró.

Draco no respondió.

—¿Tu dormitorio está arriba o abajo?

—Por favor…

—No importa —como si hubiera adivinado la respuesta, Draco subió las escaleras de dos en dos hasta la planta superior.

Hermione gimió.

—Por favor… no vayas tan deprisa.

—¿Qué te pasa? —Murmuró Draco, reduciendo la marcha— Voy a llamar a urgencias en cuanto te deje en la cama.

—No. Hay medicinas… en el cajón.

—¿En el cajón?

—No grites —gimoteó Hermione.

—Nunca me has oído hablar con más suavidad que ahora mismo, querida. Y tampoco me has visto nunca tan preocupado como lo estoy en estos momentos.

¿Preocupado? ¿Estaba preocupado por ella? Hermione no quería que fuera así, pero fue incapaz de pensar en algo que decir para que se fuera de una vez.

Con los ojos nuevamente cerrados, sintió que entraban en su dormitorio. Allí, con una delicadeza que nunca habría esperado de él, Draco la dejó en la cama y colocó una almohada bajo su cabeza. Luego encendió la luz de la mesilla de noche y abrió el cajón de esta. Maldijo entre dientes.

Hermione sabía lo que había visto, pero ya no tenía ningún control sobre la situación. Sentía el escozor de las lágrimas en los ojos. La luz le estaba atravesando el cráneo. Alargó una mano para tomar otra almohada y se cubrió con ella los ojos.

Oyó que Draco entraba al baño y abría el grifo; unos momentos después el colchón se hundió bajo su peso.

—Hermione, querida, ¿puedes abrir los ojos? Tienes que mirarme un segundo.

Era lo último que ella quería hacer. La luz iba a resultar intolerable. Apartó la almohada de su rostro y abrió lentamente los ojos. Draco sostenía tres frascos de medicina en cada mano.

—¿Cuál necesitas?

Hermione señaló uno.

—¿Cuántas pastillas?

Hermione alzó un dedo.

Draco pasó un brazo por debajo de sus hombros y la hizo erguirse. Ella tomó la pastilla y dio un sorbo al vaso de agua que él le acercó a los labios.

Luego, con la cabeza de nuevo sobre la almohada, volvió a cerrar los ojos.

—La luz… —Draco apagó la lámpara antes de que terminara la frase. La única luz que iluminaba la habitación era la del baño, que Hermione solía dejar encendida— Gracias. Ahora ya puedes irte. Ya estoy mejor —dijo, aun sabiendo que si el dolor no remitía rápidamente tendría que intentar otra cosa.

—Me alegra que ya estés mejor pero, entretanto, creo que debería llamar al médico.

—No.

—No estoy ciego, Hermione. Sé que estás sufriendo un fuerte dolor. Tu médico debería saberlo.

—Lo sabe.

Draco suspiró.

—De acuerdo. Si veo que mejoras durante la próxima media hora, no lo llamaré. Pero voy a quedarme contigo.

—No —Hermione sabía que no iba a poder relajarse con él allí.

—Shh. No trates de discutir conmigo porque no te servirá de nada. Además, sería demasiado esfuerzo para ti.

Draco tenía razón en eso. Hermione giró levemente la cabeza en la almohada y trató de alcanzar con las manos las horquillas que sujetaban con firmeza su moño. Pero el movimiento le produjo náuseas y tuvo que desistir.

Draco le apartó las manos y se ocupó de quitárselas. Tras aflojarle el pelo en torno a la cabeza, tomó una de las manos de Hermione en la suya y le acarició el antebrazo. Ella no lo habría creído posible pero, sorprendentemente, aquello la alivió. No solía gustarle que la tocaran.

Trató de calcular las consecuencias de que Draco la hubiera visto en su estado más vulnerable, pero apenas podía pensar cuando le dolía tanto la cabeza. Permaneció muy quieta, rogando para que la medicina produjera cuanto antes su efecto.

—¿Y el vestido? —Oyó que preguntaba Draco—. ¿No estarías más cómoda con otra cosa?

Hermione pensó que sí, pero no se sentía con ánimos para cambiarse.

—Ahora no.

—Avísame cuando puedas moverte sin que te duela tanto.

Hermione trató de poner su mente en blanco, pero era demasiado consciente del dolor, demasiado consciente del hombre que le estaba acariciando el brazo.

Draco la observó, tratando de pensar qué otra cosa podía hacer por ella. Había reconocido el nombre de algunas de las medicinas. Se utilizaban para las migrañas. Conocía a varias personas que sufrían aquella enfermedad. ¿Cuánto tiempo haría que Hermione la padecía?

Por lo que había oído de las migrañas, era una candidata ideal para sufrirlas: una personalidad tipo A, una perfeccionista que trabajaba hasta la extenuación.

Aquella noche había sido un ejemplo perfecto. No había disfrutado de la fiesta. Había «trabajado» la fiesta. Y la conocía lo suficiente como para saber que él y otras cuantas personas habían sido invitados con el único fin de redondear el número de asistentes. En realidad, solo estaba interesada en dos o tres personas con las que quería hablar de negocios, aunque era toda una profesional en el arte de camuflar sus intenciones.

Deslizó la mirada por su cuerpo. Llevaba un vestido de seda de cuello alto y color marfil que contorneaba discretamente su cuerpo, dejando al descubierto tan solo los brazos. Era un vestido de un gusto perfecto, aunque en ella tenía un sutil toque sexy que podía llevar a un hombre al extremo de rogarle que le enseñara algo más. Pero Draco sabía que aquel no era el modo de llegar a Hermione, de manera que se había limitado a observarla.

Había algo en aquella mujer que lo alcanzó de lleno en cuanto la conoció. Era muy guapa, de una belleza clásica, con un precioso pelo castaño claro y unos ojos de color almendra. Se conocieron en una fiesta de beneficencia a la que también asistieron varias mujeres enjoyadas y con vestidos deslumbrantes. Pero, para Draco, ella sobresalía entre todas. No llevaba joyas y su vestido de terciopelo rojo, sin tirantes, era el más elegante de la fiesta. Aún recordaba el brillo de su piel a la luz de las velas.

De buenas a primeras, lo rechazó de un modo casi automático. Aquello divirtió a Draco. Evidentemente, rechazar a los hombres era algo instintivo en ella y, por ello, él se sintió retado.

Al principio, su atracción fue simple y básica, una necesidad ardiente y primaria que lo impulsaba a tomarla en brazos, llevarla al lugar más cercano en que pudieran estar solos y hacerle el amor hasta que ambos quedaran lo suficientemente cansados como para no hacer otra cosa más que dormir.

Si la adaptación es de tu agrado, y quieres que continué, hazlo saber :3

XO, Doppelganger94